Pura lujuria - Mary Daly - E-Book

Pura lujuria E-Book

Mary Daly

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"Pura lujuria" es una de las obras mayores de Mary Daly (1928-2010), pensadora feminista radical y una de las primeras doctoras en teología católica que ha enseñado en una facultad de teología como el Boston College. Autora profundamente crítica con una civilización patriarcal caracterizada por la violencia y el odio a la Naturaleza, en el título mismo de esta obra se manifiesta el nexo que se establece entre la biofilia y la lujuria "pura" en el sentido de energía fecunda y creadora (aspecto ecofeminista) opuesta a la concepción fálica de la lujuria. Trabajando la etimología de las palabras, creando términos que transforman la percepción de la realidad, desmontando símbolos inadecuados, recuperando la memoria de las diosas y las madres y superando los presupuestos de género tradicionales, Daly busca otro futuro posible en lo salvaje de la conciencia. De ahí la importancia de su metapatriarcal metáfora de la "bruja": embrujar sería evocar la risa "inapropiada", dejar fluir las lágrimas, provocar sensaciones y conexiones "ginestéticas", inspirar virtudes volcánicas y animar a emprender la aventura de vivir.

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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Mary Daly

Pura lujuria

Filosofía feminista elemental

Traducción y edición de Antonina Wozna

Introducción

ANTONINA WOZNA

Antes de adentrarnos en la lectura de Pura lujuria, obra clásica de Mary Daly (1928-2010), quien fuera pionera en filosofía y teología feministas radicales, quisiera proponer un breve esbozo biográfico sobre la autora, acompañarlo de las claves para su lectura y concluir con unas pinceladas sobre la originalidad de su obra. Dicha originalidad la hace merecedora de un estudio profundo y exhaustivo por —al menos— dos motivos. En primer lugar, por su relevancia en el pensamiento feminista, aún por descubrir en el ámbito hispanoparlante, y en segundo lugar, por el alcance de su obra, que puede servir de orientación a los feminismos, y cuya energía se dispersa en diferentes ámbitos, llevándolos hacia unos principios y facilitando el establecimiento de alianzas sociales.

Comenzaré presentando brevemente los puntos clave de Pura lujuria: su estructura, los ejes del contenido y su valor filosófico y teológico, con el fin de facilitar la lectura de una obra nada fácil de interpretar, sea en su idioma original (inglés), sea en versiones traducidas. La peculiar metodología de Daly, que ella llama «metodoclasia» —es decir, romper con las reglas académicas y de discurso—, junto a la complejidad del texto, multiplica la dificultad de una traducción fluida. Al encontrarnos con neologismos y juegos de palabras que no suenan igual en castellano que en inglés, se requiere un aparato crítico que hace más ardua la lectura. La cantidad de palabras acuñadas o reinventadas por Daly es tan significativa que ella misma se da cuenta de que no se trata de una mera adaptación lingüística o de un cambio de interpretación de una tradición hegemónica patriarcal del discurso, sino que el feminismo necesita unas estructuras de pensamiento y experiencias que se articulan en palabras nuevas.

Esta intuición convirtió a Daly en autora del primer diccionario feminista, que titula Websters’ First New Intergalactic Wickedary of English Language. La obra, en «confabulación» con Jane Caputi (profesora de la Universidad de Nuevo México a la que Daly conoció cuando impartía conferencias en Albuquerque), se va gestando desde junio de 1984 y se publica en 1987, mientras Daly escribe otro libro, como ella misma comenta en Outercourse (1992).

El Wickedario es una obra inaudita. De hecho, hasta ahora no ha habido otro intento de plasmar de forma sistemática un lenguaje feminista propio que testimonie y recoja las tradiciones epistemológicas antiguas capaces de rescatar los sentidos profundos de muchas palabras del lenguaje ordinario, poniendo de manifiesto la tergiversación patriarcal y demostrando que el patriarcado no ha existido desde siempre.

Ahora bien, acuñar nuevas palabras está siendo una tradición propia de las estudiosas y feministas (no solo poetas) para facilitar y vehicular la experiencia que hasta ahora ha sido silenciada o invisibilizada por el lenguaje académico. El objetivo de la autora es que pueda ofrecer algo distinto, a diferencia de otros «diccionarios», que irónicamente llama «dick-cionarios» (dick en inglés significa «falo»). De hecho, la obra pertenece al nuevo tiempo, el tiempo de «pecar a lo grande». El nombre Websters’ Wickedary evoca el reconocido diccionario decimonónico de la familia Webster, pero Daly encuentra la conexión con el mundo feminista, ya que etimológicamente la palabra webster tiene origen en weaver, que significa «tejedor», y tejer es la tarea de las spinsters, las «solteronas» que crean las redes, y su acción, spinning, «saltar, dar volteretas», es esencialmente pecar, sinning.

El diccionario está destinado a las wicked, mujeres malvadas. La raíz de wicked es la misma que la de wiccen, que significa «bruja». Wickedary es la única obra de Daly que incorpora imágenes (dibujos confeccionados por Sudie Rakusin) que ayudan a entender la realidad. Son una especie de jeroglíficos que a menudo representan lo que Daly llama el foreground, lo superficial, lo captado a primer golpe de vista (lo patriarcal), mientras que en el fondo de la imagen está lo oculto por desvelar, el background, el sentido profundo, original y arcaico de las palabras.

La semántica o la construcción del significado, siguiendo el Wickedary, se efectúa en tres fases y por medio de tres-cuatro redes. La primera fase es formal: explica la historia de la palabra y esclarece la morfología (spelling) y su relación con la etimología de la palabra spell, «conjurar» (según Webster’s Dictionary). Cada palabra tiene poder y capacidad para inspirar e incita a la práctica.

Los juegos de palabras dificultan la traducción, y —a su vez— la raigambre tomista y el uso de su estructura lógica en el texto de Daly exigen un conocimiento específico de la metafísica y su tradición, cuya actualización debe quedar patente en la obra.

Nos encontramos ante el segundo intento de traducción de Pure Lust, esta vez al castellano, tras el éxito de la versión alemana de 19861. El reto consiste en plasmar en castellano —desde la inmersión lingüística en la mentalidad hispanoparlante— lo que Daly actualizó del tomismo en un contexto de aggiornamiento de la metafísica en el entorno anglosajón estadounidense, con su sesgo protestante, teniendo en cuenta la influencia fenomenológica heideggeriana y la hermenéutica de Ricoeur, pero desde la óptica crítica feminista radical.

APUNTES BIOGRÁFICOS

Esta breve presentación sobre la autora amplía el esbozo biográfico recopilado en varias publicaciones2 y en su propio libro Outercourse3, que, más que una autobiografía, expone su perspectiva filosófica contextualizada.

Mary Daly nació, de padres irlandeses estadounidenses de clase trabajadora, en Schenectady, Nueva York, donde creció. Su padre, Frank Daly, era comercial y su madre, Anna Catherine Daly, sería un apoyo y una amiga de por vida para Mary, su única hija.

Daly se educó en escuelas católicas, se licenció en inglés en el St. Rose College de Albany, Nueva York, en 1950 y obtuvo un máster en inglés en la Universidad Católica de América en 1952. Ingresó en el College de Notre Dame, Indiana, en 1954, en una época en que las mujeres no eran bienvenidas en la mayoría de los programas de doctorado en Teología de Estados Unidos. Tras unos años de docencia, complementó su primer doctorado con otros dos en 1963, uno en Filosofía y otro en Teología Sagrada en la Universidad de Friburgo (Suiza). En Friburgo, muchos de sus estudios fueron en latín, así que adquirió una habilidad lingüística que le sirvió para sus posteriores esfuerzos creativos. Su capacidad para articular nuevas ideas, acuñar neologismos y redefinir vocablos siempre se caracterizó por una atención cuidadosa y crítica a la etimología.

Daly pasó los años sesenta del siglo XX en Europa estudiando y enseñando. En una serie de postales dirigidas a su madre, describió su emoción por estar en Roma con ocasión del Concilio Vaticano II. Era una joven estudiante de posgrado, y se encontraba llena de energía intelectual. Daly le dijo a su madre que no se preocupara si no regresaba a Friburgo el día señalado, ya que se lo estaba pasando muy bien en la Ciudad Eterna4.

En Roma vio de cerca el funcionamiento de una organización patriarcal. Poco a poco la realidad del sexismo institucional se hizo dolorosamente obvia y, finalmente, insoportable. Como mujer, de hecho, como una mujer católica con mejor formación teológica que muchos de los obispos y cardenales reunidos que tenían derecho a voto cuando ella ni siquiera tenía voz, Mary Daly simplemente no tenía cabida en la Iglesia Católica Romana.

Intentó permanecer en la Iglesia antes de abandonarla. Tras aceptar un puesto de profesora en el Boston College en 1966, publicó su primer libro importante, La Iglesia y el segundo sexo, en 1968. Este esfuerzo reformista, que señalaba los problemas del legado sexista de la Iglesia, le valió cierta atención académica positiva y la hostilidad abierta de sus colegas académicos del Boston College. El intento de estos últimos de rescindir su contrato suscitó las protestas de los académicos, de sus propios alumnos y de los defensores de la libertad académica, lo que condujo a su reivindicación y a su permanencia en la universidad.

No obstante, se dio cuenta de que ser una reformista era, para ella, ineficaz. A partir de esa experiencia, y de sus viajes por el mundo, optó por exponer y cambiar el puesto inferior que ocupaban la mayoría de las mujeres en el mundo. Poco a poco, su alcance se amplió para incluir una preocupación especial por los animales y la Tierra, por la erradicación de la guerra y el fin de la pobreza. Pero fue su insistencia en el bienestar de las mujeres lo que la llevó, junto con otras colegas pioneras, a crear las teologías feministas que hoy se dan por sentadas.

Mary Daly podría definirse como escritora y profesora. Sus escritos hablan por sí mismos, empezando por sus disertaciones y terminando con su clarificador llamamiento a «pecar a lo grande». Su público era el mundo, no la academia. Impartió muchas conferencias y habló a menudo en congresos, librerías, seminarios e incluso en un restaurante. Se puede decir que es una de las pocas profesoras de filosofía/teología con una entrevista publicada en el New Yorker y una aparición en el programa de televisión de Roseanne Barr.

Este enfoque popular no la ayudó a convertirse en profesora titular del Boston College. Su solicitud fue rechazada en 1975. El decano de la Facultad de Artes y Ciencias expuso el problema de Daly: «Sin embargo, al llegar a la determinación de un nivel apropiado de excelencia en sus publicaciones, el Comité reconoció el contraste entre sus trabajos y los estándares de metodología académica en las publicaciones por las que se juzga a los candidatos a la promoción a profesor»5. Efectivamente, el contraste era y sigue siendo muy vivo, pero no en la forma en que el decano lo había formulado. La academia no recompensa necesariamente a sus mejores y más brillantes miembros.

Daly consideraba que sus libros eran su legado. Más allá del Dios Padre (1973) sigue figurando en los programas de muchos cursos de estudios feministas sobre la religión, e incluso en muchas introducciones generales a la religión y a los estudios sobre la mujer. Esta obra sigue siendo fresca y provocativa, a pesar de los esfuerzos realizados durante décadas por muchas feministas para erradicar los problemas que Mary Daly señaló en las religiones patriarcales. El uso exclusivo del lenguaje masculino y las metáforas de lo divino no eran más que la punta del iceberg patriarcal.

Las controversias suscitadas por Gyn/Ecology (1978) continúan formando parte del debate feminista contemporáneo. Los factores de raza, clase y nacionalidad siguen sin resolverse, al igual que las posturas sobre los transexuales. Pocos colegas en el ámbito de la religión ejercieron un alcance tan amplio y diverso a través de las disciplinas y de los grupos de activistas. Su trabajo ciertamente tuvo una enorme trascendencia en el mundo.

Daly era en el fondo una maestra. Durante sus décadas como profesora en la Facultad del Boston College (1967-1999), demostró su amor por la docencia y el alumnado. Aunque se ha hablado mucho de su decisión de enseñar a los hombres por separado, poca gente sabe que en los primeros años en el Boston College sus alumnos eran casi todos hombres. Algunos de ellos la recuerdan con mucho cariño, incluido un joven de color que fue acosado con saña por unos compañeros de clase racistas. No confió su situación a sus profesores jesuitas, sino a Mary Daly, que se dio cuenta de su angustia, escuchó y comprendió su opresión debido a la suya propia y le apoyó mientras recuperaba su equilibrio académico y emocional. No se puede afirmar que a Daly le disgustaran los hombres.

Mary Daly asistió a múltiples congresos. Decía que iba a las reuniones de la Academia Americana de Religión (AAR) para ver a sus amigos. Formó parte del grupo que inició la búsqueda feminista de esa organización. Participó activamente en la Sección de Mujeres y Religión de la AAR. Siempre le gustaba tener un panel sobre su última publicación, aunque criticaba la «academencia» como lugar de trabajo intelectual.

Mary Daly adoptó una postura controvertida en su vida y sigue manteniéndola después de su muerte. Desafió los supuestos básicos sobre cómo debería ser el mundo. No pidió perdón a nadie por intentar hacerlo diferente, especialmente en lo que respecta a las mujeres. Sus métodos no fueron universalmente apreciados, incluso por muchos que estaban de acuerdo con sus objetivos. Pero cambió el mundo al abrir las difíciles cuestiones filosóficas del ser y del pecado, al plantear la importancia de todas las mujeres, incluidas las lesbianas y las brujas, al desenmascarar el patriarcado en sus múltiples disfraces, al insistir en compartir la «energía vital (ginergía)» con todos los seres sin excepción.

Murió en Gardner, Massachusetts, el 3 de enero de 2010, a la edad de ochenta y un años, tras un largo período de deterioro de su salud. Está enterrada en el cementerio de Mount Auburn, en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos.

SOBRE MARY DALY (1928-2010), PROFESORA Y ESCRITORA, CON SUS PROPIAS PALABRAS

Para conocer un poco más el contexto personal y universitario, ofrecemos la traducción de la entrevista de The Heights donde en tres artículos (años 1974, 1989 y 1999) se describen los cambios, los avances y los retrocesos en su percepción vital como teóloga, investigadora y pensadora, y también desde su posición de profesora en el Boston College.

Daly asistió a escuelas católicas desde el primer grado hasta conseguir tres doctorados y siete grados. Recibió una maestría en inglés en la Universidad Católica de América y obtuvo un doctorado en Teología en el St. Mary’s College, Notre Dame, Indiana (Estados Unidos). La joven quería obtener un doctorado canónico en Teología que era considerado el grado más alto posible en el mundo. El título solo estaba disponible en América a través de la Universidad Católica, donde se le negó la admisión porque era mujer. Entonces se trasladó a la Universidad de Friburgo y obtuvo el título de doctora en Filosofía. En 1966, Daly comenzó a enseñar en el Boston College.

Para entonces ya había publicado dos libros: Amazon Grace. Re-calling the Courage to Sin Big, que trataba sobre la filosofía de Jacques Maritain6, y La Iglesia y el segundo sexo7, ambos muy bien documentados e impecables en términos de investigación académica. Realmente fue un intento de tratar de exponer todos los elementos de la misoginia cristiana. Sin embargo, aún era un libro bastante optimista (se publicó en 1968), lo cual era comprensible al estar a la luz del Vaticano II.

En ese momento Daly solo enseñaba a los varones, porque a las mujeres aún no se les permitía asistir a la institución. Ellos fueron sus principales partidarios en 1969 cuando el Boston College le ofreció a Daly un contrato no renovable de un año después de haber solicitado el puesto de profesora asociada. Mil quinientos estudiantes protestaron y dos mil quinientos firmaron una petición para que Daly consiguiera el puesto de profesora asociada, y la petición prosperó.

El movimiento de mujeres en ese momento estaba en auge y las clases masculinas se volvieron predominantemente femeninas. Entre los múltiples motivos del fenómeno, destaca el hecho de que las mujeres fueran admitidas en la Facultad de las Artes y Ciencias, y que el Instituto Teológico de Boston, fundado en 1969, atrajera a muchos estudiantes graduados, en su mayoría mujeres, de lugares como la Escuela de la Divinidad de Harvard.

Otros factores del cambio fueron el crecimiento del movimiento de mujeres a finales de los sesenta y principios de los setenta y el aumento del interés por parte de estas en el logro académico y la búsqueda del propio pensamiento creativo. Este hecho permitió desarrollar el propio pensamiento de la teóloga, como parte de esa experiencia, y como una reflexión sobre el movimiento de mujeres en general, de modo que su papel como profesora cambió. Aunque antes había sido un exponente muy competente de las teologías y filosofías de los hombres y estaba interesada en criticarlas, esta no era una crítica específicamente feminista, sino más bien lo que llamaríamos «una crítica católica radical».

Las mujeres en sus clases se sentían inmersas en una atmósfera de mayor confianza y posiblemente desplegaban una actividad intelectual más vigorosa si no estaban presentes los varones. También hubo casos en que los hombres acudían donde estaban ellas solo para crear problemas. En estos casos, las mujeres trataron de persuadirlos de que eso sería contraproducente. La solución más creativa para evitar enfrentamientos era dividir la clase. Naturalmente, nunca se le negó a nadie la oportunidad de estudiar, pero cuando las mujeres presionaron para tener las clases aparte, parecía aconsejable enseñar a los varones por separado. Esto a veces derivaba en una especie de tutoría privada, pero era la manera de lograr los objetivos académicos e intelectuales de la clase.

Los problemas específicos que afrontaban las mujeres en el mundo académico de su momento derivaban de una mayor sofisticación por parte de los administradores misóginos, que ahora empezaban a aprender «el arte del tokenismo», es decir, la inclusión simbólica que consiste en hacer pequeñas —y superficiales— concesiones a grupos minoritarios para evitar acusaciones de prejuicio y discriminación8.

Conforme el movimiento progresa, las mujeres se vuelven más conscientes de la forma en que están siendo oprimidas, y de hecho se da el caso de un profesor de contabilidad del Boston College que sostuvo que las mujeres no podían aprender contabilidad. A pesar de ello, la actividad intelectual es el camino: hay que aprender de lo que tiene valor en la cultura patriarcal y luego seguir adelante, por lo cual realmente hay una doble tarea. Se trata de la necesidad de la «cerebración lúdica», no de la celebración. Es un trabajo duro y necesario para las mujeres, y debería ser lúdico en el sentido de que realmente es entretenido, resulta emocionante y no supone una repetición estéril.

El libro Beyond God the Father es resultado de la reflexión sobre la necesidad de reformar la institución eclesial. Comenzó siendo una compilación de artículos donde se muestra cómo los mitos de «dios padre» funcionan para legitimar a todos los padres que no se limitan a la Iglesia Católica. Hay padres en todas las profesiones. Basta con mirar el sadismo que tiene lugar en los servicios médicos, concretamente en la atención ginecológica. El mero hecho de que los ginecólogos sean todos varones (en 1974 en Estados Unidos) dice mucho sobre la sociedad. Hay padrinos de los medios de comunicación y de la psiquiatría. El exorcismo de los padres-dioses tiene mucho que ver con el exorcismo del mito de «dios padre» que se ha internalizado debido a la estructura de la familia nuclear.

El Movimiento de Mujeres, según Daly, es una revolución muy espiritual. Las mujeres están comenzando a entrar en contacto con lo que es auténtico. Aunque puede haber oposición entre el Movimiento de Mujeres y la religión institucional, el Movimiento de Mujeres es más radicalmente religioso que esta. Los estudios de género son interdisciplinares, no convencionales, en el sentido de que son mucho más extenuantes, mucho más exigentes. No son solo filosofía, ni literatura. El hecho de que los estudios de mujeres estén trivializados por algunos académicos es una indicación de su opinión sobre las mujeres dejando de lado la existencia y el pensamiento de más de la mitad de la especie humana. También es un mecanismo de defensa de lo que de modo visceral se percibe como una amenaza. El significado real de los estudios ginocéntricos es el replanteamiento total, el cambio de nombre de nosotros mismos, del cosmos y de la realidad última.

Tras la entrevista de 1974 que recuerda sus dificultades para permanecer en la facultad como profesora, en 1989 se le vuelve a negar la cátedra completa en el Boston College por la controversia en torno a sus ideas feministas radicales.

Daly se implicó en la lucha por el cambio del papel de las mujeres en nuestra sociedad. Una carta a Daly del reverendo Robert Barth indica que el comité de promoción de seis miembros se opuso a la plaza de Daly por la supuesta falta de artículos en revistas académicas y la «cuestionable erudición de trabajos recientes». La carta también decía que Daly no «destacaba en ningún área, incluidas la enseñanza y la publicación». Muchos estudiosos quedaron conmocionados y disgustados por la negativa del Boston College a concederle el puesto de catedrática. Cientos de miembros de la AAR firmaron una petición apoyando a Daly, y académicos de todo el mundo enviaron cartas alabando su trabajo. Daly llevaba enseñando en el Boston College desde 1966 y por aquel entonces ya había publicado cinco libros. «Es difícil imaginar dónde estaría hoy todo el campo de los estudios religiosos y teológicos si no fuera por las contribuciones que ha hecho», dijo Harvey Cox. «Ella es simplemente una de las mentes más brillantes y extraordinarias de nuestro tiempo», afirmó Sallie McFague, profesora de Teología en la Universidad de Vanderbilt. «Que una erudita feminista líder sea discriminada descaradamente por su punto de vista religioso es una mancha en la educación superior», dijo John B. Cobb Jr., profesor de Teología de la Clarement School of Theology. Daly afirmaba que la despidieron cuando solo enseñaba a varones, en la época en que el Boston College solo admitía a los hombres, y le negaron la cátedra en 1975, cuando daba clases mixtas9.

Es importante recalcar que las inquietudes de la teóloga parten tanto de su interés teológico-científico, en cuanto pensadora, como de su situación existencial de pionera: una de las primeras mujeres doctoras en Teología católica, una de las primeras profesoras en una facultad de Teología del Boston College (actualmente, la institución tiene una decana, Catherine Cornille, un hecho que marca un progreso por lo que respecta a la presencia femenina en la cúpula de la autoridad universitaria).

El hecho de que la historia de su actividad académica se inicie en el entorno del Concilio Vaticano II, y a finales de los años sesenta del siglo XX en Estados Unidos, en el contexto de las luchas por el reconocimiento de diferentes grupos sociales, ha marcado su biografía en general y, en particular, su forma de hacer teología, su manera de vivir el movimiento feminista y la coherencia vital que confiere a su pensamiento e investigación, tratando de conciliar la teoría con la práctica y su visión con la vivencia de fe. Los condicionamientos existenciales y la experiencia (geográfica, sociológica, humana, teológica, cristiana y en cuanto mujer) son claves para comprender su contexto y su aportación.

Finalmente, la entrevista de 1999 muestra que la política poco convencional de Daly de mantener clases para mujeres, conocida desde hacía tiempo por la comunidad del Boston College, se convirtió en el centro de atención nacional y acabaría con el despido definitivo de la profesora. Las políticas en el aula de Daly fueron tema de debate entre los administradores, los estudiantes, los medios de comunicación nacionales y los tribunales. El primer desafío a la política de mujeres de Daly se produjo un año después de su inicio. El padre Francis Paris y dos estudiantes graduados de la Escuela de Medicina de Harvard se matricularon en la clase de graduados de Daly a través de la inscripción cruzada. Debido a su enfoque femenino de la enseñanza, a los hombres se les negó un lugar en su lista de clases. Sin embargo, la universidad intervino, alegando que Daly incurría en la violación de su contrato, y la obligó a aceptar a los estudiantes en su clase. A las tres semanas se retiraron, citando la falta de valor educativo. En el mismo año, otro estudiante, Martin Ford, intentó asistir a la clase de Daly. Después de que Daly le reiterara su política de solo mujeres, Ford desistió. Él, sin embargo, informó a la universidad, y Daly fue amonestada.

Como se ve claramente, en el panorama de los veinticinco años que separan los tres artículos internos de la facultad, podemos ver cómo la realidad ha contribuido al desarrollo del pensamiento de Daly y a su vez ha generado controversia y múltiples dificultades con la recepción de su trabajo, incluso en el ámbito teológico feminista.

SOBRE LA OBRA DE MARY DALY

Se requiere una buena dosis de imaginación para darse cuenta de que el feminismo es la causa final y por lo tanto la primera, y que este movimiento es el movimiento para la humanidad. Darse cuenta de esto es ya el comienzo de un salto cualitativo en el ser [...]. Pero la causa final que es el movimiento está en nuestro ser imaginativo-cerebral-emocional-activo-creativo10.

Los escritos de Mary Daly resultaron ser una continua «dosis de imaginación»11 para sus lectoras y lectores perspicaces. Intuyendo que la revolución femenina necesitaba un enfoque filosófico para persistir, trabajó incansablemente para proporcionárselo. Desde el núcleo del lenguaje hasta la creatividad política, desde el análisis de los horrores del patriarcado hasta la celebración de las comunidades de mujeres, Daly sintetizó el movimiento femenino en el pensamiento, incluso mientras lo vivía. Es un legado que merece la pena celebrar y reflexionar, cuestionar y buscar.

Tras sus dos obras de juventud, ya mencionadas con sus sugerentes títulos: The Church and the Second Sex (La Iglesia y el segundo sexo) y Beyond God the Father (Más allá del Dios Padre), las principales obras de madurez, Gyn/Ecology y Pura lujuria, marcaron la plena aparición de los neologismos y juegos de palabras característicos de Daly como parte de su creación y descubrimiento de los reinos más allá del patriarcado.

La fuerte articulación de sus ideas provocó reacciones y desacuerdos igualmente fuertes, sobre todo dentro de la comunidad feminista. Las mujeres del Tercer Mundo, las mujeres de color y las personas transgénero tuvieron desacuerdos públicos con Daly, algunos de los cuales dieron lugar a la ruptura permanente de conexiones y conversaciones.

El desarrollo idiosincrásico, pero muy resonante, del lenguaje de Daly culminó con la publicación del Primer Wickedario Intergaláctico de la Lengua Inglesa (en colaboración con Jane Caputi) en 1987. Este libro incluye un ensayo sobre las palabras y el lenguaje, pero consiste en gran medida en definiciones y etimologías de las palabras que Daly desarrolló para su filosofía.

Los tres últimos libros de Daly —Outercourse, Quintessence y Amazon Grace— suponen, para su lectura, la familiaridad con el lenguaje filosófico de Daly. El libro autobiográfico Outercourse ofrece muchas pistas contextuales sobre la vida de Daly. Sus dos últimos libros, dedicados al colapso medioambiental, están más centrados en este tema, pero también se enfocan en un mundo pospatriarcal. Los extractos de estos últimos textos ilustran la continuidad del pensamiento de Daly y sacan a la luz algunas joyas ocultas de perspicacia.

Mary Daly no solo insistió en que las mujeres pensaran de forma creativa y autónoma «fuera de la caja», sino que también cuestionaba quién estableció la caja y por qué. Pensadora sistemática, Daly practicaba una hermenéutica de la sospecha que impulsaba su indignación ética ante el trato que recibían las mujeres, aunque siempre se preocupaba por equilibrar esa indignación con una visión esperanzadora.

La personalidad de Mary Daly era similar a su obra: entusiasta, sumamente segura de sí misma, generosa, brillante, a menudo simpática, incluso encantadora, pero igualmente irónica y burlona. Sus alumnos la veneraban, la querían y la desafiaban. Daly era capaz de una increíble amabilidad: llevaba a sus alumnos a cenar y creaba oportunidades académicas para ellos.

También era capaz de un desprecio fulminante. Muy intuitiva, pero también acostumbrada al trabajo solitario de la filosofía, podía ser impaciente. Como ha observado Mary Hunt, ninguno de los que la querían dijo que su trato con ella fuera fácil12. No podemos decir que no exacerbara algunas de las famosas disputas en las que se vio envuelta. Sin embargo, Daly no fue la única personalidad fuerte y segura de sí misma en el movimiento de liberación de la mujer; ninguno de los encarnizados debates de la época puede dejar al margen a las personalidades que los impulsaron. Mary Daly tenía una sonrisa deliciosa y coqueta que complementaba su gran carcajada. Se deleitaba en su condición de vieja nadando en el lago que había detrás de su vivienda hasta pasados los setenta años y conversando con los patos y gansos que la sobrevolaban. Vivía con numerosos familiares felinos (que aparecen en sus escritos). Su conexión con los animales y su amor por la naturaleza eran encantadoramente personales, íntimos pero cósmicos.

CRONOLOGÍA DE LA OBRA ESCRITA DE DALY

La obra publicada de Daly se compone de ocho grandes títulos de los cuales los dos primeros libros son escritos de juventud. En The Church and the Second Sex (1968) hace una dura crítica de la eclesiología tradicional, denuncia la antropología patriarcal en la estructura eclesial y pone de manifiesto la relación entre el sexismo y la Iglesia, haciendo hincapié en los problemas vigentes tras el Concilio Vaticano II.

Beyond God the Father (1973) presenta la crítica del método teológico tradicional, desvelando sus presupuestos. El libro recoge también las propuestas de cambio desde la perspectiva de la autora. Han pasado más de cuarenta años desde la publicación de Más allá del Dios Padre. El impacto de esta obra en el pensamiento feminista, la teología y la filosofía todavía resuena, debido a la hábil combinación de indignación ética, perspicacia ontológica y cambio del imaginario sobre la divinidad. En efecto, en la tradición aristotélica, la teología (natural) comprendía la idea del ser como «ente» (en griego: ontos), sustantivo (Dios), con sus atributos de diferente grado de perfección. Dios reunía todos los atributos de omnipotencia, plenitud, inmutabilidad, etc., considerados como de máximo grado de perfección. La antropología sigue la idea de la imitación de Dios.

El giro fenomenológico de Heidegger reinterpreta el concepto del «ser» pasando de una idea de la cosa (el ser que equivale al ente como sustantivo estático) al verbo «ser» en su aspecto dinámico de acción. La antropología que deriva de este giro incide en la responsabilidad y la ética.

Daly encuentra en este giro la oportunidad de conectar la idea cristiana/tomista del Logos-Verbo (referido a Jesucristo) con la crítica de la sexualización de la buena noticia de la salvación. Descubre que en sánscrito «ser» se pronuncia «sin», que significa en inglés «pecado». El juego de palabras la lleva a la conclusión lapidaria de que, según la moral esquizofrénica cristiana, el ser de las mujeres las obliga a pecar (a lo grande)13, y su ser consiste en transgredir las normas del patriarcado14. La mayor parte de los escritos de su vida se desarrollaron a partir de esa visión, creciendo junto al movimiento feminista de finales del siglo XX.

Daly participó activamente en controversias como la crisis medioambiental, el movimiento antinuclear, la persistencia del racismo en Estados Unidos, la aparición de la política transgénero y el movimiento por los derechos de las lesbianas y los gais. Sus posturas sobre algunos de estos temas pueden parecer anticuadas, incluso ofensivas, para los lectores contemporáneos, pero surgieron de circunstancias específicas, tanto históricas como personales.

Dos obras siguientes serían los escritos de madurez, donde Daly ya no pretende hacer una crítica, sino ensayar su propio método y orientarlo a las feministas. En el subtítulo de Gyn/Ecology (1978) encontramos el objeto de la obra: ensayar la metaética del feminismo radical. Junto a la denuncia de los ocho pecados de los «padres» y la descripción detallada interdisciplinar de los cinco testimonios del funcionamiento de estos mitos en la vida real de las mujeres, encontramos las claves de la filosofía práctica feminista.

Roseanne Barr, la famosa comediante, ha dicho que la lectura de Gyn/Ecology con su hermana y otras feministas la ayudó a encontrar su voz como cómica y le dio la fuerza para perseguir ese objetivo. Independientemente del juicio que la historia pueda hacer de Mary Daly, la importancia que su pensamiento tuvo para las mujeres de aquel momento es fundamental para comprender con claridad ese período. Eran tiempos embriagadores, y los escritos de Daly hicieron soñar a muchas feministas. El movimiento feminista consiguió despertar emociones de libertad; se caracterizó, en su expresión académica, por el rigor y la seriedad intelectuales y contó con el contexto histórico y singular de cada mujer. Daly fue clave a la hora de desarrollar las bases filosóficas y éticas sobre las que discurría este movimiento.

Recordemos que cuando Daly escribía Más allá del Dios Padre, las mujeres rara vez podían mantenerse económicamente, obtener créditos a su nombre o incluso imaginarse por encima del techo de cristal15.

En Pura lujuria (1984) se presentan los elementos fundamentales de la filosofía feminista, los presupuestos hermenéuticos y los principios éticos y se hace una relectura de las virtudes cardinales y una propuesta del nuevo lenguaje feminista.

El primer diccionario feminista, Websters’ First New Intergalactic Wickedary of English Language (1987), es la culminación de la sistematización lingüística de la propuesta hermenéutica de Daly. Una obra sin par en la historia feminista en la que las palabras y el lenguaje se abordan desde la etimología, el uso patriarcal y el sentido original.

Las dos últimas obras son el reflejo de la utopía feminista, Quintessence (1998), y la actualización política desde el siglo XXI de los presupuestos teóricos y principios prácticos feministas, Amazon Grace (2006).

ORIGINALIDAD Y NOVEDAD DE LA OBRA DE MARY DALY

Los textos de Mary Daly, salvo pequeñas partes de sus obras de juventud, no han sido traducidos aún al castellano, y en el entorno hispanoparlante hasta el año 2018 no se han defendido tesis doctorales sobre la que es precursora del feminismo radical y una de las primeras mujeres doctoras en Teología (católica).

Desde el año 1992 (no hay noticias sobre las tesis anteriores), se escribieron siete tesis doctorales, cuatro de teología, dos de filosofía y una de humanidades: una en la Universidad de Sudáfrica, dos en los Países Bajos, en la Universidad Católica de Nijmegen y en la Universidad de Tilburg, y dos en Canadá (Universidades de Toronto y Ottawa). Recientemente, una en España y otra en Italia.

Las traducciones de las obras de Daly al castellano corresponden solo a dos capítulos de su primer libro dentro de la antología feminista de Mary Judy Ress Del cielo a la Tierra. Una antología de teología feminista, Santiago de Chile, Sello Azul, 1997 (1.ª ed., 1994). La traducción del original inglés es de Elena Olivos.

El resto de sus textos no están disponibles en el mercado español, ni siquiera en su versión original, y la recopilación de su obra supone la búsqueda en Inglaterra, en Estados Unidos y algún título en italiano o alemán. Se consiguen mejores resultados en los motores de búsqueda por internet que en las librerías. Incluso en las bibliotecas especializadas es difícil encontrar sus libros.

La mayor parte de las monografías dedicadas a la obra de Daly se encuentran en el ámbito estadounidense e italiano, en particular cuando se produce su cese como docente en la universidad y con ocasión de su muerte, y se centran preferentemente en el campo feminista, no tanto metodológico, de la producción de la autora: E. Culpepper, «Special Edition in Memory of Mary Daly», Journal of Feminist Studies in Religion, 28, 2 (2012); L. Tommassone (ed.), Un vulcano nel vulcano. Mary Daly e gli spostamenti della teologia (sui generis), Cantalupa, Effata, 2012, y C. Riswold, «Two Reformers: Martin Luther and Mary Daly as Political Theologians?», Political Theology, 7 (2006).

Se menciona a Daly en R. Gibellini, La teología del siglo xx (1998), y en La mística de la feminidad de Betty Friedan (1963) y Política sexual de Kate Millet (1969), como articuladora de la respuesta católica a Simone de Beauvoir y su obra.

La antología de A. Loades, Teología feminista, Bilbao, DDB, 1997, le dedica once páginas, y L. Russel, Dizionario di Teologie Femministe, Turín, Claudiana, 2009, ofrece muy escasa información sobre la autora.

Incluso en el estudio feminista de Isabel Gómez Acebo, «Dios en la teología feminista. Estado de la cuestión», Estudios Eclesiásticos, 78, 304 (2003), la recepción de la autora ha sido como teóloga «radical y poscristiana», lo que ha limitado los cauces de su estudio.

Esto se debe a que la segunda ola del feminismo en Estados Unidos surgió plenamente del activismo de izquierdas de los años sesenta, incluidos los movimientos contra la guerra, por la libertad de expresión, por los trabajadores agrícolas y por los derechos civiles. Las mujeres participaban en estos movimientos, pero a menudo se veían relegadas a un estatus de segunda clase, preparando café, mecanografiando folletos, manejando máquinas mimeográficas y limpiando la sala después de una reunión, de modo que se las pasaba por alto como autoras u oradoras. La misma lógica que llevó a reclamar la igualdad de derechos por encima de raza y clase fue extrapolada al género. Sin embargo, desde el legado de izquierdas, las cuestiones de religión fueron a menudo ignoradas o tratadas como ejemplos de «falsa conciencia» .

Para entender la relación de Daly con el feminismo de la segunda ola, se deben tener en cuenta las particularidades de su situación: su énfasis en el trabajo intelectual, su preocupación por el imaginario religioso (tanto en sus usos destructivos como constructivos) y un profundo compromiso con el movimiento de liberación de la mujer, pero siempre con la sensación de que había llegado a ese movimiento con una agenda distinta a la de sus fundadoras. Su herencia católica significa que Daly podría ser una de las pocas pensadoras importantes que llegó al feminismo desde un bastión conservador y no desde la izquierda (aunque Daly se caracterizaría ciertamente por ser una católica progresista de la década de 1960)16.

El orden cronológico de las obras mayores de Mary Daly sería el siguiente: The Church and the Second Sex, 1968; Beyond God the Father, 1973; Gyn/Ecology. The Metaethics of Radical Feminism, 1978; Pure Lust. Elemental Feminist Philosophy, 1984; Websters’ First New Intergalactic Wickedary of the English Language, 1987; Outercourse. The Be-dazzling Voyage, 1991; Quintessence... Realizing the Archaic Future. A Radical Elemental Feminist Manifesto, 1996, y Amazon Grace. Re-calling the Courage to Sin Big, 2006, en sus varias ediciones (hasta tres en cada caso).

Las primeras obras se centran más en el aspecto eclesiológico y doctrinal, mientras que en Gyn/Ecology, Pura lujuria y Quintessence, que son sus obras de madurez, se descubre el diálogo con algunas partes de la Suma teológica de Tomás de Aquino y con algunas obras de Paul Tillich y, a la vez, se esclarece su propio método teológico. Las dos obras finales son ensayos prácticos en torno a la aplicación de su método.

La dificultad en la traducción estriba en los juegos de palabras y en los términos que acuña Mary Daly, lo que en su conjunto requiere gran destreza en la lengua inglesa y el conocimiento de la filosofía tomista, dado que la estructura de sus obras, sobre todo de Gyn/Ecology, Pura lujuria y Wickedary, corresponde a menudo a la conceptualización de la Summa Theologiae de Tomás de Aquino.

La proyección al futuro es un punto distintivo de Daly y cierra el círculo completo de la narrativa de la teóloga, dotándola de un estatuto de obra completa. La autora empieza por la fase de deconstrucción y crítica (en sus dos primeras obras), pasa por la fase del análisis creativo y la propuesta de una ontología y ética nuevas y culmina con la etapa reconstructiva, donde hallamos las propuestas políticas y sociales de aplicación de sus principios y también una proyección al futuro, una especie de escatología donde recapitula en su proyecto la totalidad de las preocupaciones de las múltiples ramas del feminismo (liberal, radical, socialista, del cuidado, existencial).

La preocupación ecológica le permite desprenderse de las perspectivas no solo androcéntricas, sino también antropocéntricas, criticar la lógica que infravalora a las mujeres y la naturaleza al oponerlas a la cultura y al mundo público y masculino y construir un discurso que tenga incidencias prácticas en el ámbito del cuidado del planeta e interpele sobre el reparto de los recursos naturales y su uso responsable.

En los años transcurridos desde el fallecimiento de Daly, la importancia que sigue teniendo su obra, por razones tanto sustanciales como controvertidas, ha quedado patente. La noción de que el patriarcado es la religión predominante en todo el planeta sigue siendo demasiado real, tanto si se observa la violencia terrorista como la restricción del acceso a la atención sanitaria reproductiva o a la educación de las mujeres.

La originalidad de Daly surge de su combinación de la ética feminista, la experiencia espiritual trascendente, el dinamismo filosófico y el encanto lingüístico, todo ello cocinado a fuego lento en una imaginación formada por el catolicismo que ha liberado a la teología de sus limitaciones institucionales y bíblicas.

MÉTODO DE DALY

Podríamos enumerar varios puntos clave del método de la pensadora:

—la lectura contextualizada de los textos fundacionales del cristianismo y su crítica desde la hermenéutica interpretativa;

—las fuentes metodológicas ya mencionadas: Paul Tillich, Tomás de Aquino y la hermenéutica lingüística;

—la interdisciplinariedad, narratividad y análisis crítico de los mitos fundacionales de las tradiciones y culturas, de las imágenes de Dios y de los roles antropológicos y de género;

—«la metodoclasia» como respuesta a «la academencia»17;

—el uso de los modelos éticos que conectan la representación con la praxis;

—la hermenéutica de la sospecha ante las formas del dualismo del pensamiento, tanto teológico como cientificista;

—el uso de las categorías de la experiencia, de las construcciones teológicas, las metáforas y las analogías, las teorías del lenguaje;

—el manejo de las reivindicaciones políticas feministas.

El conocimiento, por parte de la teóloga, de la literatura, la filosofía y la lengua (en las cuales obtuvo también doctorados, como en teología), la sociología, la teoría de la organización, la economía, la politología, la epistemología y la analogía le permite conjugar sus aspectos más avanzados con la fenomenología, las hermenéuticas modernas y las teorías del lenguaje, lo que obliga a su somera presentación en esta investigación con el fin de encontrar los puntos donde Mary Daly consigue la innovación más allá de los límites de estas disciplinas cuando se ponen al servicio de la teología.

Es crucial destacar que tanto Mary Daly como varios autores contemporáneos perciben estos métodos como incompletos y les atribuyen un estatus de limitación o inacabamiento, lo que abre paso a las teorías más globales, universales y completas, orgánicas y holísticas, que conectan las diferentes disciplinas y métodos.

Daly utiliza la filosofía como el punto de partida para su propuesta de actualización del discurso teológico, basándose en el concepto del Ser (contra la nada), ampliándolo con la intuición fenomenológica del Ser como Verbo (actuar), reduciendo el posible dualismo teológico entre la ciencia especulativa (Tomás) y práctica, remarcando que un discurso teológico conlleva una práctica teológica. De ahí la importante consecuencia ética de la teología fundamental: tal como percibamos a Dios, y según las representaciones y narraciones que tengamos, así haremos la teología. La antropología claramente afecta a la teología, y la teología, a la praxis ética.

La autora cuestiona la metodología científica que legitima ciertas partes del discurso teológico que, partiendo de presupuestos como universalización u objetividad, eliminan algunas experiencias y particularizan otras, neutralizando la alteridad y la concepción de la diferencia que entraña la realidad. Por consiguiente, la teología tradicional ha quedado empobrecida al despreciar la experiencia de la mitad de la humanidad.

Se apoya en un análisis lingüístico muy novedoso y sofisticado, ya que a menudo ofrece sentidos arcaicos o alternativos de las palabras que modifican y transforman su significado actual y facilitan un marco de comprensión diferente del vocabulario.

La facilidad de Daly para los juegos de palabras impresiona a la mayoría de los lectores, pero su compromiso con la integridad y con las raíces profundas del lenguaje no se capta tan fácilmente como su agilidad lingüística. A menudo declaró que a las mujeres se nos ha robado el poder de expresión, ya sea de describir nuestras propias experiencias, ya sea de señalar a los autores de la violencia contra nosotras. Las palabras y sus etimologías se convirtieron para Daly en un vínculo vivo con los tiempos prepatriarcales. Las palabras irradian conocimiento de una época antigua y nos hacen saber que son tesoros que intentan ser liberados. Su uso de las palabras creó un vocabulario que resultaba desagradable para algunos lectores pero que servía a otros como puerta de entrada para pensar más allá de lo dado, creando neologismos que se ajustaban no solo a la experiencia del feminismo, sino a sus aspiraciones aún no realizadas. Daly consideraba que cada uno de sus libros cumplía una función dialéctica similar. Su intelecto, sin embargo, le proporcionó un santuario en los ámbitos de la filosofía, la teología y la academia.

Daly rescata también el tratado de angelología de Tomás de Aquino (muy poco desarrollado actualmente), que le permite hacer una reflexión muy acertada y actual sobre los conceptos de la igualdad y la diferencia. De esta manera, estructura una ontología que no pierde de vista la «causa final», la teleología del acto y la potencia y otras facultades del alma, y fundamenta una base sólida de la teología más holística e inclusiva, capaz de dialogar con las filosofías actuales, las ciencias sociales y otras disciplinas teológicas, y arraigada a su vez en un discurso tradicional católico.

En cuanto a la interdisciplinariedad de su propuesta, el alcance ético de su planteamiento se refleja sobre todo en la reflexión sobre la justicia, y su aportación resulta novedosa en cuanto al lenguaje y el cuestionamiento metodológico del discurso teológico tradicional.

Sin embargo, allí mismo descubrimos los mayores problemas de su propuesta:

a)La misma aportación ética conlleva sus dificultades.

b)Los neologismos constantes crean un efecto profético, poético e inspirador, que puede ser mistificador.

c)Uno de estos límites aparece en los análisis históricos de Daly: la pensadora podría tender a reducir la complejidad de los hechos históricos al aspecto ejemplarizante que satisface su teoría.

FUENTES DE INSPIRACIÓN: SUMATEOLÓGICA DE TOMÁS DE AQUINO Y TEOLOGÍASISTEMÁTICA DE PAUL TILLICH

El contexto del método de Daly se sitúa en la teología estadounidense de los años sesenta-setenta del siglo XX y recupera las mejores intuiciones metodológicas del tomismo para renovar y actualizar la teología (Lonergan, Tillich). La influencia de Tomás de Aquino y de la fenomenología de Heidegger es muy clara en la obra, y su articulación da lugar a una original propuesta de la ética feminista que, sin perder raíces realistas, y con las mejores tradiciones de la filosofía práctica, consigue aportar coordenadas de teoría y praxis liberadoras e inspiradoras.

Daly, en este sentido, aporta una perspectiva novedosa que permite una aplicación directa de los presupuestos hermenéuticos a las prácticas teológicas, éticas y sociopolíticas poniendo de relieve la necesidad de una orientación provisional y experiencial, sin que este matiz le reste seriedad, rigurosidad y aspecto holístico a la teología en cuanto ciencia. La hermenéutica de Daly muestra la teología como una ciencia no solo especulativa, sino también práctica.

Su perspectiva feminista, con un claro carácter aperturista, experiencial y humanizador, no solo aporta el concepto crítico del método científico, sino que mantiene la tensión histórica entre los orígenes, la arqueología y la escatología. Haciendo de la teología feminista un cuerpo de conocimiento con su estatuto epistemológico propio, fundamenta unas bases para la teología interdisciplinar, incluye la historia y las ciencias afines y la hace capaz de interpelar, representar y dinamizar el cambio en sentido evangélico de transformación de las praxis. A la vez, se enraíza en la tradición de pensamiento representada por el método tomista, recuperando sobre todo los aspectos que permiten conectarla con el esfuerzo de renovación acorde con los avances de la teología y la hermenéutica.

Daly propone el método utilizado por Tomás de Aquino en ciertas partes de la Suma teológica, sobre todo la analogía, para descubrir un método válido para la teología que, sin descuidar la experiencia, mantenga su rigor racional y su capacidad de transmitir el mensaje de Jesucristo dirigido a toda la humanidad.

Aplica el mismo método de Tomás, que mostraba los argumentos tradicionales e inmediatamente «los refutaba» empleando un surtido abanico de herramientas lógicas, que Daly amplía con las herramientas lingüísticas, políticas e históricas y siempre en referencia a la praxis (ética).

Tenemos en cuenta la dificultad que supone presentar la metodología tomista, dadas su envergadura y amplitud. Con el fin de no excedernos y no desvirtuar la obra del Doctor Angélico, solamente mencionamos que Daly comparte con Tomás de Aquino su metodología, principalmente inspirada en la parte de la moral de la Suma teológica, cuyo contenido le sirve de contraste con su propia interpretación.

Para asegurar una adecuada contextualización del concepto de la experiencia y evitar caer en el dualismo entre la teología especulativa y práctica, se remite a la parte de la Suma teológica que trata de las potencias y pasiones, donde desarrolla la mayor crítica del método tomista (sobre todo en lo referente a la virtud de la justicia), pero a su vez recupera la virtud del «coraje» articulándola con el concepto acuñado por Paul Tillich del «coraje del ser».

Con Tillich comparte la preocupación lingüística de que la palabra vehicula el pensamiento a nivel simbólico e informativo, y a la vez ratifica y perpetúa las prácticas sociales.

La idea de Tillich del «Dios más allá de Dios»18, God over God, resuena en el título del segundo libro de Daly: Más allá del Dios Padre: Beyond God the Father, y la cuestión de la experiencia recoge dos reflexiones: sobre la experiencia humana de la trascendencia y sobre la extralimitación de esta, que es de la que Daly hace mención cuando trata de la experiencia de las mujeres.

Respecto a los límites de la propuesta ética de Daly, debemos destacar que al parecer la autora escoge los textos de Tomás de Aquino y Tillich de forma fragmentaria: los que concuerdan con su forma de pensar. ¿Debemos concluir que lo demás no sirve y Daly hace una teología a la carta? Tomás de Aquino tampoco escoge la totalidad de la filosofía aristotélica. Es selectivo, pero tampoco abandona las acertadas intuiciones platónicas cuando refuerzan su discurso. Es evidente que Daly no se proponía hacer un tratado como la Suma teológica, sino más bien —enriqueciéndola con la fenomenología y la lingüística— construir su propia ontología.

Allí puede estar otro problema de su propuesta: Daly hace, propiamente hablando, una filosofía más que una teología. Tomás también en este caso es su modelo. Su obra es en gran medida una filosofía. Sin embargo, a diferencia de Tomás, Daly consigue engarzar el aspecto de la experiencia para buscar el modo de formular una teología más abierta, integral, inclusiva, sin perder su rigor lógico, propio de la filosofía, y evitando los «callejones sin salida» del método científico actual, que sacrifica, en aras de la objetividad y la neutralidad, una parte importante de experiencia de fe, en este caso, de las mujeres, que deben esforzarse por hacer la doble lectura de los discursos teológicos: los que son fruto de la experiencia común de la humanidad y los que son fruto de una representación y método teológicos patriarcales.

A pesar de estos aspectos críticos, Daly muestra que es posible una actualización de los textos manteniendo la fidelidad a la tradición y los avances de las ciencias.

La forma de escribir de Daly es un desafío para los lectores porque utiliza la metodología (véase págs. 102-103) que entraña una doble metáfora. En primer lugar, se trata de la metáfora de espiral19, que Daly explica en el Prefacio (pág. 65), y desarrolla en los capítulos 5 y 11.

En segundo lugar, el libro se desarrolla bajo la metáfora de un viaje, como describiremos en el siguiente apartado consagrado a la estructura del libro. «Pura lujuria deambula en tres reinos en forma de esferas. Cada dominio se alcanza atravesando un Pórtico»20. Se trata de un movimiento comparable a un lanzamiento del cohete espacial, pero narrado en clave más ecológica: la preparación del lanzamiento sería la etapa de las arquiesferas (el Primer Reino), la explosión del volcán (las piroesferas) sería el momento del lanzamiento y la etapa de las metamorfoesferas sería el avance del movimiento. Lo único que no sería un movimiento líneal ni circular.

La introducción y los primeros capítulos trazan un mapa conceptual que es comparable a una serie de coordenadas, ya que se trata de un viaje a lo desconocido, de exploración de los reinos que no se han descubierto.

El vocabulario arcaico empleado sirve de palanca, como si fuera un antiguo mapa del tesoro que existe pero del que se desconocen las claves para descifrarlo. Los neologismos surgen como coordenadas nuevas, o claves que inventa Daly, proporcionando una síntesis perfecta entre la tradición (mitológica y lingüística) y la innovación e imaginación de un mundo orgánico nuevo.

Su lectura requiere paciencia y una gran apertura mental para descubrir el placer intelectual de jugar a la investigación arqueológica y la exploración del espacio, de inventar sentidos nuevos de las palabras y tradiciones ancestrales, en las que se fundamenta el rigor del discurso de Daly, y, a su vez, ensayar palabras y realidades nuevas que no caben en los corsés de estas tradiciones insuficientes y no se dejan articular en las semánticas existentes, sesgadas patriarcalmente.

Daly buscaba el máximo rigor académico y su texto tiene la estructura minuciosamente elaborada propia de las obras académicas del ámbito anglosajón. Este rigor tiene un componente que proviene de la disciplina filosófico-teológica. No olvidemos que hasta los tardíos años setenta del siglo XX, hasta que la nueva generación de los académicos de teología católica posconciliar no ocuparan sus cátedras, los teólogos de la generación de Daly eran más bien filósofos aristotélicos (en su versión tomista cristiana), lo que marca una lógica y estructura de pensamiento muy depuradas. La disrupción de nuestra autora consiste en lograr traspasar los límites de esta lógica, sin abandonarlos, incorporando la innovación fenomenológica y lingüística a su método.

A la hora de la lectura, este contexto presenta un doble desafío: primero, dejarse llevar, al inicio del itinerario del libro, a ciegas por los entramados del viaje en espiral entre los bosques de conceptos nuevos y antiguos que se mezclan y abruman, hasta que el intelecto se ajuste a la altura de la autora, que —no por casualidad— expone su genio de forma casi inaccesible a los que no conozcan a Aristóteles, Tomás de Aquino y Heidegger.

El segundo desafío, más pronunciado en el mundo latino, que solía ordenar el pensamiento académico teológico en forma de silogismo (el razonamiento que está formado por dos premisas y una conclusión, el resultado lógico que se deduce de las premisas), consiste en que la autora no sigue esta vía (que también sería clásica) en su discurso porque es demasiado simplista y reductora como para abarcar la complejidad de su sistema.

Al estar las bases de la ciencia y la teología sesgadas patriarcalmente, cae en el dualismo y la generalización que denuncia en sus libros de juventud21. Daly encuentra en la idea de la espiral (no línea ni círculo, como sugerirían los griegos) un recurso metodológico capaz de partir de un pensamiento, propósito, concepto o realidad e ir recogiendo de los alrededores y periferias ubicados horizontalmente los conceptos, realidades, ideas y vocabularios afines en un movimiento orientado verticalmente hacia arriba. Este movimiento de pensamiento y palabra ejercido simultáneamente en horizontal y vertical no presenta las dificultades que podría acarrear el método griego, de encerrarse en un círculo, sino que permite recuperar las tradiciones y las palabras antiguas y darles la vuelta, refrescarlas, «remembrarlas» (en el sentido de recopilar sus tradiciones desmembradas) y proyectarlas para que designen las realidades inauditas y desconocidas.

Daly, la gran conocedora de las mitologías europeas (no solo de la griega), es consciente de que a menudo somos presos de las ideas del mito platónico de la caverna, que consiste en intuir lo que desconocemos por las sombras que percibimos. Daly nos lanza, desde la primera página del libro, a un mundo de conceptos desconocidos, en parte porque las tradiciones de las que proceden se han ocultado en la sociedad patriarcal, en parte porque —elevados por el movimiento en espiral— adquieren nuevas cualidades y evocan las realidades que las mujeres se deben imaginar, pero no pueden a causa del mencionado silenciamiento y ocultamiento patriarcal de las tradiciones emancipadoras existentes en la filosofía, la teología y las mitologías. Los motivos son dos:

— Por falta de costumbre a la hora de diseñar e imaginar las realidades que permanecen constreñidas en los modelos sociales y morales impuestos.

— El reto intelectual que conlleva la avalancha de los mitos consiste en despertar la mente de quien lee, incluso el estilo del bombardeo de información que recibimos por los medios de comunicación, televisión, redes, favoreciendo —en cierto modo— la inquietud por buscar las fuentes, valorar su posicionamiento, evaluar sus intenciones y sus consecuencias y proyectar sus sentidos.

La lectura reposada del libro desafía a los lectores, los reta, los hace aptos para una crítica constructiva de lo que los rodea (una de las capacidades filosóficas por excelencia) y les permite asombrarse (zeutomene aristotélico) y cuestionarse como Sócrates.

Daly presupone capaces a los destinatarios del libro, principalmente a las mujeres, de diseñar sus propias tradiciones sin tener que romper totalmente con su pasado, que también ha forjado su identidad. La autora confía en que el trauma de soportar un mundo de doble moral (véase el capítulo ocho) donde los conceptos tradicionales filosóficos y teológicos no son suficientemente inspiradores para articular el proceso creativo de las mujeres no implique una ruptura con el mundo, sino que permita un gran avance de la humanidad, como si de una especie de viaje espacial se tratara.

— La expedición es compleja en su preparación minuciosa, que sería, por analogía, la introducción del libro: desenredar las dicotomías semánticas, descubrir o remembrar los conceptos y tradiciones nuevas.

— El lanzamiento resulta duro y hasta doloroso por la presión del despegue, y por analogía, la mente de quien lee se adentra en las esferas desconocidas que arden (piroesferas) y requieren superar la resistencia de las fuerzas gravitatorias que se oponen al movimiento intelectual.

— El tránsito hacia arriba es inexplicable en su proceso de reducción al absurdo de las coordenadas de tiempo y espacio.

— El fin del viaje es inexplorado e incierto, pero mueve tanto la esperanza y la imaginación que merece la pena atreverse y sufrir todos los obstáculos para emprendelo.

Su lectura será, para muchas y muchos, esa auténtica Katharsis, sea intelectual o afectiva.

Daly quizás no sea tan explícita en lo referente a comparar su itinerario y el movimiento del libro con un viaje cósmico, pero no es descabellado presumir que la metáfora del viaje en espiral a lo desconocido pueda tener un trasfondo estelar. Observemos alguna frase célebre del libro, donde usa algunas palabras prestadas del campo semántico de la astronomía: por ejemplo, cuando afirma que: «la situación de las mujeres, tanto la opresión como las aspiraciones auténticas y asombrosas, está inefablemente fuera de la órbita de las disputas paternales»22. El capítulo segundo lo finaliza con esta rotunda afirmación cósmica: «Nuestros viajes estelares más allá del encarcelamiento en los corrales patriarcales requieren trascender las encarnaciones autorizadas: las palabras deformadas, los textos retorcidos y la civilización torturada que son productos de la sublimación fálica»23.

Es significativo que en su libro de 1996, Outercourse. The Be-dazzling Voyage, utilice la misma metáfora para explicar su vida intelectual en clave de viaje.

Resumiendo: la metodología del libro correspondería a un movimiento en espiral en cuyo inicio se proponen en sobreabundancia las coordenadas de unos mapas antiguos desconocidos que permiten descifrar, pero no de manera certera, todos los senderos disponibles para lograr un fin aún por descubrir.

Es decir, se debe tener presente siempre la metodología cartográfica e itinerante de Daly: la metáfora del viaje cósmico en espiral y las analogías que establece entre los arquetipos, los tópicos, las ideas y las realidades para transformar sus sentidos con el fin de que sean inspiradores para las mujeres. Nos facilita muchos conceptos, a modo de tapiz de múltiples hilos, para que podamos ensayar y probar qué ideas, itinerarios y senderos se adaptan mejor al camino singular de cada uno. La raíz teológica, la matriz de procedencia biofílica es común; el destino, único y singular.

La sensación de incertidumbre, ignorancia, ingravidez y falta de referencia debe acompañar la lectura a lo largo del itinerario, porque este es singular y único. La autora logra combinar el rigor académico con la mayéutica digna del mismo Sócrates para que las y los lectores no solo lean un libro, sino que hagan la trayectoria, tengan la experiencia de apertura total a unas realidades nuevas, sea para abrir su mente ante los convencionalismos patriarcales, sea para liberar la capacidad creativa de diseñar un mundo nuevo.

Pura lujuria es un libro que trasciende su propósito de una lectura didáctica. Es una experiencia que brinda la posibilidad de cambiar de perspectiva, aprender a ir a ciegas (dar saltos de esperanza24) sin miedo a perderse y perder la compostura e interrogarse, sobre todo. La sensación de debilidad y de estar abrumado al leer invita a pararse, reflexionar, para que las palabras calen, cuestionen, evoquen realidades, dejando volar la imaginación para que abandone los marcos preestablecidos.

No es un libro nada fácil de leer, ni en su versión original en inglés ni en su traducción al alemán25. Sobre todo, al inicio, hay que reconocer que la autora no lo pone nada fácil. Pero el placer de la lectura surge de dejarse envolver en la magnitud de la trama del texto, la envergadura de la estructura colosal, que parece inalcanzable, la multitud de hilos semánticos entretejidos, la complejidad del propósito transformador de la obra, la grandeza de la imaginación humana y de la memoria de la propia autora. El texto es un tesoro humanista/feminista por descubrir, y es un atrevimiento pretender traducir toda esta riqueza, por lo que —quizás— sería más fructífero cesar en el intento. Aunque, siguiendo el carácter lúdico y travieso de la propia autora, sería inadecuado no intentar compartir su sello intelectual irónico y su sentido del humor, que añade a la construcción monumental de su obra como la chispa sin la cual tal vez esta obra no existiría: se trata de la actitud del humor original, elemental, que se burla de la pseudorrealidad patriarcal y trasciende los tabúes26. Daly incluso aborda la virtud de reírse a carcajadas (véase Introducción de la autora27).

ESTRUCTURA DEL LIBRO PURALUJURIA

El libro, en su edición londinense de 2001, se inicia con el prefacio y una breve introducción de la autora.

El cuerpo del texto se compone de tres partes, llamadas «reinos» o dominios (realms): las arquiesferas, las piroesferas y las metamorfoesferas (neologismos de la autora), que a su vez se subdividen en cuatro capítulos, salvo en la tercera parte, que incluye uno, llamado «no-capítulo», a modo de conclusión. El vocablo acuñado señala los puntos de referencia de una serie de coordenadas del itinerario (recordemos que estamos en un proceso que se explica por medio de la metáfora del viaje espacial) que conectan el pasado, el presente y el futuro. Las arquiesferas hacen referencia a los orígenes, según el arche griego, donde a quien esté leyendo le corresponde una labor arqueológica. Posteriormente, nos encontramos con las piroesferas, segundo estadio del viaje, y nos situamos en el presente, que debe purificarse por medio del exorcismo del fuego. El símbolo que acompaña esta etapa es el volcán, que representa la fuerza de la naturaleza y su furia y evoca el período de la caza de brujas durante el cual muchas mujeres murieron en la hoguera y cuya historia precede el proceso de transformación. La tercera etapa se presenta como el espacio de las metamorfoesferas. La alteración del orden espaciotemporal se muestra con acierto en este período de transformación, que, sin tener asignado un límite cronológico, discurre en otra realidad.