Putas antifascistas - Matteo Dalena - E-Book

Putas antifascistas E-Book

Matteo Dalena

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Beschreibung

27 prostitutas italianas, catalogadas como mujeres de sentimientos antifascistas en el «Registro de Antecedentes Político Central», son las protagonistas indiscutibles del libro Putas antifascistas. Historias desde el margen, del reconocido escritor italiano Matteo Dalena. Las vidas de Agnese, Emilia, Palmira, Filomena, Maria, Celestina, Giuseppa, perseguidas durante el régimen fascista desde 1927 hasta 1942, resurgen gracias a esta apasionante investigación histórica.
Subversivas, amantes de anarquistas, o simplemente criminales, según el fascismo, convirtieron sus cuerpos en instrumentos de resistencia.

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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Le Pecore Nere

Narrativa breve

Dalena, Matteo

Putas antifascistas: historias desde el margen / Matteo Dalena. - 1a ed. - Rosario: Le Pecore Nere, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

Traducción de: Regina Cellino.

ISBN 978-987-47219-9-0

1. Historia de Europa. 2. Fascismo. 3. Prostitución. I. Cellino, Regina, trad. II. Título.

CDD 940

© Matteo Dalena, 2017

© Regina Cellino (por la traducción), 2019

© Le Pecore Nere, 2019

Publicado por Editorial LE PECORE NERE

Juan Manuel de Rosas 2254 “1”-2000- Rosario-Argentina

Tel.: (549) 341-353-1825

http://www.pecorenereeditorial.com/

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en Argentina

Prohibida al reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento sin permiso escrito de la editorial.

Diseño de tapa: Mariafrancesca Capoderosa

Corrección: Marilina Negri

Prólogo

La primera puta que conocí era rubia. Usaba shorts ajustados y remeras escotadas, y se sentaba a fumar en el umbral de su casa mientras cuidaba a su hija. Nosotras jugábamos en la vereda de enfrente y repetíamos, mirándola de reojo: «Es puta, es puta». Decían que trabajaba en la zona de Mitre y Gaboto. Cada vez que pasaba por ahí, yo me asomaba del auto o colectivo buscándola entre mujeres que alimentaban mi curiosidad sobre las relaciones sexuales y humanas. Pero nunca pasó. Nunca la vi. Una vez, sí, la escuché. A lo mejor fueron más, pero recuerdo una. Yo tenía ocho, nueve, diez años. Era una tarde de sol y creo que me había golpeado o tropezado jugando en la vereda. Ella se me acercó. No me acuerdo de lo que me dijo, pero sí que me sorprendió: la puta rubia tenía voz y palabras de mamá.

No sé quién fue la segunda puta que conocí. Tampoco las conté. De a poco fueron apareciendo. Travestis y mujeres cis, pobres y no tanto, y otro montón de mujeres que se cruzaron en mi vida caminando por ese margen de la moral en secreto, disfrazadas de vecinas, mamás, administrativas, niñeras, estudiantes universitarias. Antes de que fueran mis compañeras, las únicas putas sobre las que había escuchado eran las romantizadas: las putas refugio, putas piernas, putas que huelen, putas que cambian vidas, putas que van y vuelven de la cárcel pataleando en silencio. Nunca trabajadoras. Nunca sindicalizadas. Nunca convencidas. Nunca madres. Nunca agotadas. Mucho menos, putas mujeres.

Las trabajadoras sexuales pueden contarse cuando se las nombra como tales: trabajadoras sexuales, mujeres que eligen, protagonistas del escándalo social sólo por cuestionar el orden moral y sexual establecido. Son Palmira, Georgina, Giovannina, Sofía, Cunegonda, Florencia. Son las que tuvieron que salir a la esquina para mantener a su familia, las que hacen webcam cansadas de sólo cuidar chicos, las que no consiguieron trabajo en este siglo ni en el anterior por estar enfermas de sífilis, de vih, por tener antecedentes penales o simplemente por la actitud de mujer al borde de la norma.

Matteo Dalena es un periodista italiano que habla de prostitutas. Podría hablar de mujeres, de chicas pobres, de antifascistas. Hasta podría hablar de la policía. Pero no. Se zambulle en la hemeroteca de la ciudad de Cosenza y en los registros del Archivo del Estado y el de Antecedentes buscándolas por lo que son: putas. Y así las relata. Sin prejuicio ni cuestionamientos. Parece simple, pero lo cambia todo: las historias desde el margen de Dalena le ponen nombre y apellido a las registradas como subversivas, maleducadas, sifilíticas. A las que se perdieron en cárceles o manicomios, a las que cambiaron sus nombres escapándose de una ley que siempre, aquí y allá, las quiso afuera de la familia, la iglesia y el goce. Alcanzan menos de setenta páginas para que sus caras tengan rasgos, sus gestos, relieve, y sus insultos al duce resuenen años, años y años y lleguen hasta hoy.

Las putas antifascistas de Dalena no difieren tanto de las putas feministas de la Argentina del siglo xxi. De puta antifascista a puta antiyuta, del burdel al porno mainstream, de la esquina porteña a la del barrio de Santa Lucía: el poder, anclado a la familia y al prostíbulo (que sí, aunque las leyes lo prohíban, sigue existiendo), siempre las va a contar como escandalosas, protagonistas del disenso político y el conflicto social. Las putas antifascistas de Dalena no difieren tanto de las putas feministas de la Argentina porque ni una ni otras son otra cosa que mujeres comunes, catalogadas como proxenetas, antifascistas, provocadoras, violentas, etcétera, pero nunca como trabajadoras ni como sujeto de derecho. Ni allá ni acá importa si eligen su trabajo o si corren de la pobreza. Sea el año que sea, van a ser siempre las sin dignidad porque escapan a todos los mandatos establecidos: maternidad, matrimonio, familia, hogar y amor romántico.

No es casual que Putas antifascistas se traduzca, edite e imprima en Rosario, la Chicago Argentina. Desde las polacas, croatas y rusas que llegaron a Pichincha, hasta Rita La Salvaje y Sandra Cabrera, las prostitutas marcaron el pulso y la historia de la ciudad. Más allá del romanticismo impregnado de putas de los poemas y las canciones locales, el trabajo sexual estuvo siempre en el ojo de la escena política y social. Pasó de estar reglamentado a fines del siglo xix a ser perseguido por la Moralidad Pública, y en 2004 se cobró la vida de la secretaria general del sindicato de las meretrices (ammar), Sandra Cabrera.

Las páginas de este libro saltan el charco para aterrizar en una ciudad donde no existe la posibilidad de habilitar prostíbulos, whiskerías o cabarets, ni la diferencia entre trata de personas y trabajo sexual. Las putas en Rosario son empujadas al abismo del estigma y la clandestinidad. Sin embargo, en esas mismas calles nace la resistencia. Tan vox populi como que existe la prostitución al alcance de todas las manos es que esas trabajadoras independientes tejen redes de compañía, seguridad y empoderamiento. Y a la luz brotan, cada vez más, las que se ponen la camiseta de las Putas Feministas, las que abrazan a las que siguen al margen, las que llenan los espacios donde se le da un micrófono a la que tiene el coraje de mostrarse como es: mujer, puta, trabajadora, con nombre, apellido, piel, voz.

Los relatos con nombre y apellido, datos y sin suspicacias son indispensables. Tanto como que aparezca un periodismo que escriba sobre mujeres de carne y hueso, sobre cómo se las nombró y nombra, sobre qué dicen, piensan, desean y a quién insultan cada vez que el patrullero o el militar se las quiere llevar. Son tal vez los trabajos más sencillos y de los que menos se encuentran. Y esto, sin ánimos de quitarle valor al trabajo de Dalena. Todo lo contrario: enaltece su rol como periodista. Es que es tan fácil a veces el oficio: alcanza con un poco de voluntad, escarbar un poquito, parar el oído, reconocer a la otra. Cambiar las palabras a la hora de contar, dar voz, poner nombres y apellidos, reconocer fuentes y cuidarlas, tomar aire, respirar profundo e ir por todos los frentes sin vacilar.

Laura Hintze

Periodista

Rosario, Octubre de 2018

Prólogo a la edición italiana

La relación entre la experiencia femenina y la historia —y las reconstrucciones institucionales de los hechos— es un vínculo históricamente controversial y jugado sobre la oposición crítica. De un lado, la historia institucional relega a la mujer a un espacio de confinamiento; del otro lado, existen historias diversas, calladas, que persisten a través de las sombras y que aparecen a pedazos, de manera discontinua, en narraciones y representaciones ambivalentes. Son espacios, a menudo, colmados por el silencio; son lugares cerrados, que forman parte del ámbito privado, de lo doméstico, del cuidado. Estas culturas están ligadas a los ritos diarios que habitan los márgenes, los actos que faltan, los olvidos de las representaciones masculinas. Constituidas por un lenguaje que no se confía sólo de las palabras sino de otros sistemas de comunicación: el cuerpo, el movimiento, el gesto, el canto.

En los últimos años, la historiografía ha comenzado a interesarse por identificar la especificidad y la alteridad de la experiencia de las mujeres, evitando cristalizarlas de manera ambigua en los estereotipos de la ausencia de la historia, de la extrañeza inmodificable. Tanto las que fueron aprovechadas para los grandes eventos y fenómenos o las protagonistas de la vida cotidiana, «las mujeres son visibles en cada punto de la historia, siempre y cuando se tengan los instrumentos para distinguirlas […] la herencia de las mujeres del pasado no es la que se recibe: es necesario ir a buscarlas, volverse destinatarias» (Bravo, 2001, p. X). Asomarse sobre la escena pública de sus voces produce un deslizamiento hacia la «microhistoria», y desde aquí el campo de investigación se enriquece de palabras, pensamientos, cuerpos, sentimientos, relaciones, sensualidad, deseos. En el 2003 se publicó un pequeño libro que tuvo un gran significado para la historiografía italiana, A che punto è la Storia delle Donne in Italia. Las palabras de su compiladora, Anna Rossi Doria, son actuales: «De un lado, la fase de la legitimación y autolegitimación científica de la historia de las mujeres está totalmente cerrada; por el otro, está todo aquello que ha logrado el consenso de la comunidad académica respecto a las mujeres y a la integración de éstas en el corpus de la historiografía italiana» (Rossi Doria, 2003, p. 10).

Es en estas trayectorias teóricas, metodológicas y políticas en las que se mueve Matteo Dalena con su precisa y apasionante narración de la resistencia de 27 mujeres, putas antifascistas. Mujeres excéntricas e incómodas, astutas y escandalosas, que ponen en discusión nuestra misma definición de ultraje: van más allá de los límites consentidos por la moral común, por el comportamiento aceptable, los espacios concebidos y prohibidos. Las fronteras «privadas» del prostíbulo no las contienen: recorren los espacios públicos, toman la palabra y distorsionan los roles impuestos. No es casualidad que aún hoy en el lenguaje diario, una «mujer pública» equivalga a prostituta: durante siglos a las mujeres se les ha negado el derecho de «actuar en público», es decir, se le ha negado su libertad política, han sido dejadas de lado durante mucho tiempo del verdadero espacio político (cfr. Arendt, 1995). Su misma presencia en los territorios habitualmente habitados por hombres constituía un factor de escándalo. Un temor simbólico —que las mujeres no sean más que imágenes especulares y subalternas del hombre— que se entrevé en las cartas procesales, en las descripciones de sus cuerpos, en el ansia de control de la autoridad. Las putas antifascistas como mapas tornasolados que manifiestan las transformaciones en marcha pero también las resistencias a la cultura y a las prácticas dominantes. Mujeres enjauladas en estereotipos feroces que atraviesan su subalteridad y nos interrogan sobre nuestros propios prejuicios.

Y es por esto que para estudiar la resistencia, Matteo Dalena advierte sobre la necesidad de desplazarse hacia los bordes, hacia las periferias teóricas y metodológicas, en los inciertos fractales de las experiencias humanas. Busca en los pliegues de la historia y de los documentos, en las relecturas de los cuerpos y de las emociones, no sólo lo contado, sino los espacios intersticiales, las microhistorias subterráneas, los pequeños dramas sin público. En este sentido, retoma una de las lecciones del feminismo: el relato como un momento de intercambio de experiencia y denuncia social, que es al mismo tiempo resistencia, que despedaza el interior del discurso oficial al aceptar las voces de las oprimidas.

En los pliegues de las historias de Francesca, Agnese, Emilia, Palmira, Filomena, Maria, Celestina, Giuseppa, Emilia, Francesca, Romana, Michelina, Giovannina, Francesca, Paolina, Grazia, Annunziata, Irma, Vittoria, Adele, Maria, Cecilia, Candida, Cunegonda, Teresa, Italia, Libera, es donde se desata la existencia humana. Y sobre sus pieles se delimitan miles de formas de la disciplina que construyen y reconstruyen los cuerpos de la bruja, la histérica, la puta.

El relato de estas historias femeninas que han estado en las sombras no significa exaltar lo marginal o marginalizado, sino, especialmente, develar todas las disonancias que la historiografía ha ocultado, y también proponer ángulos discontinuos y discrepantes dentro de la misma narración de la Resistencia. Este libro es una reconstrucción no aplanada por la abstracción que da valor y reconocimiento a los sujetos que no superan el filtro de la visibilidad. Las mujeres descritas por Dalena, consideradas residuos de la sociedad, recorren la cresta de la diferencia, encontrando espacios políticos excéntricos, fuera de la norma; contra toda apariencia de sobriedad artificiosa, el autor va más allá de la simple respuesta de resistencia a la opresión y a los abusos. El cuerpo de la prostituta, buscado y rechazado, enfermo y vital, acogedor y subversivo, en sus infinitos lenguajes de la existencia se observa en la foto del archivo de sospechosos. «Para muchas de estas mujeres podría haber sido la primera vez delante de una cámara», nos sugiere Dalena, entregándonos la inquietud de la alteridad y la extrañeza. La mirada y el cuerpo de las putas, manipulado por la lengua de los científicos y de la autoridad, interroga nuestras abstracciones, los límites de nuestras descripciones, la «normalidad» anestesiada de nuestros tiempos.

Giovanna Vingelli

Centro de Women’s Studies “Milly Villa”

Universidad de Calabria

Cosenza, Agosto de 2017

Introducción del autor