¿Qué es un movimiento social? - Hank Johnston - E-Book

¿Qué es un movimiento social? E-Book

Hank Johnston

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Como catalizadores de inquietudes e intereses colectivos, los movimientos sociales fueron una de las herramientas que crearon el estado moderno y desempeñan hoy en día un papel fundamental a la hora de señalar el objetivo y la dirección de los cambios sociales independientemente de la inmediatez o no de su éxito. El movimiento Occupy Wall Street, las revueltas de la Primavera Árabe, el 15-M, el movimiento zapatista y tantos otros son o han sido expresión de malestar o inquietud sociales y, aun desapareciendo, mantienen un latente potencial de erupción. En este libro claro y abarcador, completo y riguroso, por supuesto interesante, Hank Johnston ofrece una panorámica que permite entender de manera rápida qué es un movimiento social, saber qué lo diferencia de los grupos de interés, cuáles son sus técnicas y los debates más interesantes con ellos relacionados, así como el decisivo papel que en su seno desempeñan las ideologías y cómo materializan sus ideas por medio de actos de protesta.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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Hank Johnston

¿Qué es un movimiento social?

Índice

1. ¿Qué es un movimiento social?

2. El estudio de los movimientos sociales

3. ¿Qué es un movimiento político?

4. ¿Qué es un movimiento cultural?

5. ¿Qué hace un movimiento social?

6. ¿A dónde se dirigen los movimientos sociales?

Referencias bibliográficas

Créditos

1. ¿Qué es un movimiento social?

Los movimientos sociales son fuerzas decisivas del cambio social en el mundo moderno. Si bien es cierto que no todo cambio deriva de ellos, pues también la innovación tecnológica, el cambio climático, los desastres naturales y las guerras son causas de transformación social, su originalidad consiste en estar dotados de una finalidad y una estrategia que les ha impreso la gente que los protagoniza. Otra característica distintiva es que sus movilizaciones y actuaciones tienen lugar fundamentalmente al margen de los canales políticos e institucionales establecidos. Esto plantea al científico social interesantísimos interrogantes acerca de su origen y su desarrollo. Hay movimientos sociales que expresan los esfuerzos de un conjunto de ciudadanos por crear de modo colectivo un mundo más justo y equitativo. Otros movimientos tienen origen en lacerantes agravios que impulsan a sus participantes a actuar al margen de las rutinas cotidianas. Es común que los movimientos sociales choquen con la resistencia de fuerzas que apoyan el statu quo, lo que insufla a las acciones del movimiento un carácter fundamentalmente contencioso. Pero lo que define a todos los movimientos, grandes o pequeños, es que hacen avanzar la historia, a veces de manera muy significativa. El conocimiento de lo que son y del estudio que de ellos realizan las ciencias sociales es una importante tarea a cumplir si se quiere comprender la sociedad contemporánea y hacia dónde se dirige.

En 2011, la revista Time seleccionó al «manifestante» como su personaje del año. Eso se debió en parte a la explosión de movimientos de oposición a los regímenes represivos en África del Norte y Oriente Medio que había tenido lugar ese año. Tanto en Egipto como en Túnez, el régimen de Mubarak y el de Ben Alí fueron derrocados por masivos e inesperados movimientos de oposición política. En Siria, un movimiento similar de oposición adoptó otro curso, pues se convirtió en una guerra civil con más de 100.000 bajas y una corriente de refugiados de cerca de un millón y medio de personas. Muchos movimientos sociales encarnan amplias demandas de cambio político; en los ejemplos que se acaba de dar, esas demandas eran el derrocamiento del antiguo régimen y la instauración de un nuevo orden social más democrático.

También ese año se produjo otra ola de protestas en varios países occidentales, como el movimiento «Occupy» en Estados Unidos, el 15-M (15 de mayo) en España y amplias protestas contra la política de austeridad en el Reino Unido, Irlanda y Grecia. Estas protestas tenían en común temas que emergían del colapso económico global, la complicidad de las élites políticas y sus fracasos en materia de política económica. Estos movimientos no tuvieron tanto éxito en el logro de sus objetivos inmediatos, pero crearon redes de activistas conectados por los nuevos medios sociales de comunicación, base de un activismo por el cambio social permanente. Además, desarrollaron nuevas tácticas de ocupación de plazas y espacios céntricos, así como de democracia participativa radical, todo lo cual produciría efectos estratégicos en movimientos futuros.

Por otro lado, tanto en Estados Unidos como en Europa se está produciendo una gran transformación cultural, aunque de contornos más difusos, desencadenada, también ella, por un movimiento social. Me refiero al movimiento por los derechos de los homosexuales, red de organizaciones y grupos no tan destacados en los titulares de prensa como los de los dos ejemplos anteriores, pero que llevan décadas luchando contra la discriminación y promoviendo la igualdad, junto con el cambio de actitud respecto de la homosexualidad y el matrimonio. Solo veinte años antes, durante la administración Clinton, se promulgaba en Estados Unidos, con escasa oposición parlamentaria, la Ley de Protección del Matrimonio, que prohibía el matrimonio homosexual en el ámbito federal. En la actualidad, la mayoría de los ciudadanos norteamericanos acepta el matrimonio gay. Tanto el expresidente Clinton como su mujer (más adelante candidata presidencial) afirmaron públicamente que la Ley de Protección del Matrimonio era un error. Aunque el matrimonio gay sigue siendo tema de polémica, es justo decir que este cambio en la opinión pública habría sido imposible sin las diversas campañas del movimiento por los derechos de los homosexuales.

Hay diferentes tipos de movimientos. Los que formaron parte de la Primavera Árabe eran ostensiblemente políticos y sus participantes corrían importantes riesgos por oponerse a Estados represores. En ámbitos políticos democráticos como los de España y Estados Unidos, los movimientos sociales son bastante comunes, al punto de que en cualquier momento el analista puede encontrar múltiples movimientos que actúan en una amplia variedad de problemas y con demandas de muy diversos tipos. Son parte importante de un paisaje político en el que diferentes grupos y organizaciones defienden sus intereses, sostienen reivindicaciones y expresan sus aspiraciones de cambio. El movimiento por los derechos de los homosexuales tiene dimensiones políticas en la medida en que lucha por la igualdad matrimonial, lo que implica luchar contra una legislación como la de la Ley de Protección del Matrimonio y contra la Proposición 8 de mi Estado natal, California. Pero también tiene una dimensión cultural, pues implica un cambio en las ideas relativas al matrimonio, la sexualidad y los comportamientos de género, tal vez menos visibles, pero no menos importantes en el horizonte del cambio social. Muchos grupos y organizaciones del movimiento LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) han contribuido de distinta manera a este esfuerzo a lo largo de años.

Abordar en toda su complejidad estos elementos políticos, culturales y organizacionales en un proyecto de investigación es una tarea inmensa, de modo que el analista está obligado a tomar decisiones acerca de por dónde empezar, qué grupos incluir y cuáles no, dónde enfocar la atención y qué dejar de lado. Por otra parte, todo investigador social sabe que es esencial definir con precisión los términos de los que se sirve. Una buena manera de comenzar este libro es aclarar las decisiones a tomar sobre la manera de acceder al conocimiento de un movimiento social y sus límites en lo que respecta a grupos, ideas y acciones en él incluidos o no.

El estudio de los movimientos sociales

Para mi estudio de los movimientos sociales me baso en la observación de Charles Tilly (1978: 8-9), según la cual las dimensiones analíticas básicas del campo correspondiente son: 1) los grupos y las organizaciones que protagonizan una acción colectiva; 2) los eventos que forman parte del repertorio de acciones, y 3) las ideas que unifican los grupos y orientan sus protestas. Tilly insistió en que, cuando estudiamos los movimientos sociales, tendemos a centrarnos solo en una esfera de este trío, que, a su vez, nos introduce en áreas de las otras dos esferas con ella relacionadas. Por ejemplo, si nos interesa estudiar una protesta –digamos, una gran protesta antibélica en una gran ciudad– nos veremos indefectiblemente arrastrados a ocuparnos de los grupos que la organizaron y, a continuación, de las ideas que motivaron tales acciones. Muchas cosas han cambiado en el dominio de la investigación de los movimientos sociales desde que Tilly expuso estas ideas, de modo que es posible refinarlas a fin de reflejar mejor todo lo que se ha avanzado en este terreno, pero sin variar un ápice la convicción de que el hecho de fijar el foco en uno de los elementos mencionados lleva invariablemente al analista a reconocer la pertinencia de los otros.

En primer lugar, hay un vasto cuerpo de investigación que muestra que los grupos y las organizaciones movilizados no están solos, sino más bien unidos en estructuras reticulares a través de pertenencias parcialmente superpuestas, interrelaciones de sus miembros y contactos entre líderes (Diani, 1992; Diani y McAdam, 2003; della Porta y Diani, 2006). Si se toma en cuenta la estructura en red de un movimiento que vincula diversas organizaciones de distinta magnitud y diferentes grados de formalidad, resulta más preciso hablar de la esfera estructural de un movimiento, concepto de mayor amplitud. Esta fórmula capta las relaciones reticulares relativamente fijas entre grupos, organizaciones y partícipes individuales que caracterizan tanto a los grandes movimientos sociales como a los pequeños. El de la esfera estructural es un foco decisivo porque es precisamente mediante las interrelaciones entre organizaciones como se hacen efectivos los recursos para la movilización, esto es, como se consigue llevar gente a las calles y presionar a los políticos. Estas relaciones son también la estructura básica de la unidad y la continuidad de un movimiento. Puede ocurrir que unos grupos se disuelvan y que las organizaciones se dividan, pero el movimiento general se distingue por su persistencia temporal más allá de la suerte de un grupo en particular.

En segundo lugar, las ideas que alimentan un movimiento, lo orientan y le infunden unidad, comprenden las nociones de ideología, objetivos, valores e intereses, ya probadas en el tiempo y ampliamente estudiadas. Sin embargo, en los últimos años los investigadores han sondeado el concepto de identidad colectiva como elemento ideacional clave de cohesión de los individuos y los grupos en el seno de un movimiento. Además, una importante perspectiva teórica de la que se ha hecho amplio uso en la investigación del movimiento social es el concepto de marcos de acción colectiva. Se trata de esquemas cognitivos que orientan la interpretación que los integrantes de los movimientos, el público espectador y las élites políticas hacen de los acontecimientos y que se diferencian tanto de una ideología sistemática como de valores y normas culturales vagamente definidos. La investigación ha destacado que tanto la identidad colectiva como los marcos de interpretación son elaboraciones colectivas en curso que hunden sus raíces en situaciones de interacción. Este hallazgo abandona la investigación sobre estas dimensiones ideacionales en libros, tratados ideológicos y manifiestos en los que se expresan los objetivos y las demandas del movimiento, para trasladarla a las interacciones orales de sus miembros. Por eso emplearé la expresión esfera interpretativo-ideacional en referencia a un movimiento social, con el propósito de abarcar la ampliación de la que el enfoque analítico de las ideas de un movimiento ha sido objeto en los últimos años.

En tercer lugar, amplío el foco que Tilly centra en los eventos para incluir todos los elementos del repertorio de un movimiento, las maneras de llevarlos a la práctica y las reacciones a ellos. Tilly ha prestado un gran servicio con su desarrollo de un enfoque performativo de los movimientos sociales sobre la base de su concepto de repertorio del movimiento social moderno (1995, 2005, 2008). Del enfoque básico de la acción social como teatro que sostiene la sociología cultural se desprende también el énfasis en las performances de un movimiento antes que en sus eventos de protesta. Destaco la metáfora de la performance porque, lo mismo que en otras formas de comportamiento social, las performances típicas de un movimiento –protestas callejeras, manifestaciones, huelgas, marchas, etc.– encierran un poderoso simbolismo en el sentido de dar lugar a juicios que trascienden el contenido de sus cánticos, canciones, pancartas y discursos. Además, todas son performances porque siempre tienen un público espectador que interpreta lo que ve, actúa de acuerdo con sus interpretaciones e influye con su presencia en el desarrollo de la performance. La consideración de un movimiento social de protesta como una performance sitúa a sus participantes en pleno contexto de actores ante diversas audiencias y amplía nuestra manera de estudiar los movimientos sociales al poder insertarlos en relaciones dinámicas.

La figura 1.1 representa gráficamente un modelo general de la manera en que los sociocientíficos abordan el estudio de los movimientos sociales. Los círculos representan las tres esferas analíticas en sentido amplio: estructura social, ideaciones/interpretaciones culturales y performances de la vida cotidiana. El núcleo de la figura representa la convergencia de los elementos característicos de los movimientos sociales. En términos simples, el núcleo concentra (1) los grupos y las organizaciones interconectados que (2) son portadores y difusores de elementos ideacional-representativos, como las identidades, las ideologías y los marcos, que a su vez (3) se reflejan y se manifiestan en las performances colectivas que reconocemos como parte del repertorio del movimiento social moderno. Es en esta región donde el analista de los movimientos sociales centra la atención. Aunque originariamente hubiese fijado el interés tan solo en una de esas tres esferas –la ideología de un grupo en particular, por ejemplo–, el investigador se siente indefectiblemente atraído (a través de los vínculos de la red) por otros grupos que comparten ideas similares, así como por la manera en que traducen sus ideas en acción. Va implícita la existencia de una relación iterativa y de refuerzo recíproco entre las tres esferas. La figura muestra también tres áreas entrecruzadas que brotan del núcleo y en las que solo se solapan dos esferas. Estas áreas captan el interés de determinados grupos, ideas y acciones relacionados, que pese a no formar en rigor parte del movimiento, pueden resultar interesantes para el investigador debido a que ocupan un terreno intermedio que, aunque menos alejado de las relaciones sociales ordinarias e institucionalizadas, también es soporte de cambio social. Por ejemplo, una variedad de grupos –oenegés, organizaciones de apoyo a distintas causas y grupos de interés, todos los cuales analizaré brevemente– se subsumirían en esta categoría y se los situaría en el área superior izquierda de las tres secundarias.

Figura 1.1. Dimensiones del análisis de los movimientos sociales

Cada una de las esferas mayores representa una dimensión fundamental de la vida social, con amplia distribución de una diversidad de formas y focos, pero los que interesan al analista de los movimientos sociales son los que tienden a cuajar en el centro por su manera de desafiar el statu quo mediante acciones extraordinarias, no institucionales. Echemos una mirada más detenida a los elementos que se concentran en el núcleo y a la definición que aportan de lo que es un movimiento social.

La estructura de los movimientos sociales

En el estudio de los movimientos sociales, la esfera estructural –esto es, las relaciones relativamente fijas y duraderas entre los actores sociales– puede concebirse básicamente de dos maneras. En primer lugar, los movimientos sociales están compuestos por grupos y organizaciones de distinta magnitud, contenciosos y no contenciosos, que integran, con diferentes grados de participación, miembros individuales a los que mueven a la acción. Es cierto que son las unidades básicas de la estructura del movimiento, pero –como ya he dicho– también es preciso tener en cuenta otros grupos relacionados –grupos de apoyo, grupos de interés y oenegés–, así que nos vemos obligados a diferenciar entre ellos en tanto focos de estudio. En segundo lugar, los movimientos sociales son estructuras en red. Dada la complejidad ideológica, táctica y organizativa de los movimientos sociales, una organización reticular interconecta esta complejidad, vincula unos con otros a sus componentes e infunde cohesión al todo. De la misma manera en que ciertos participantes del movimiento tienen múltiple membresía, así también hay organizaciones que atraen a más miembros y ocupan posiciones más importantes en la red del movimiento interconectado.

Organizaciones del movimiento social

Un error común entre los estudiantes sin experiencia es confundir las organizaciones de un movimiento determinado con el movimiento mismo. En el caso del movimiento medioambiental, Greenpeace, Friends of the Earth o Earth Liberation Front son organizaciones del movimiento social, o, más simplemente, OMS. Se trata de grupos de distinto tamaño y con diferencias de complejidad y de estructura formal que montan los ciudadanos para perseguir sus demandas cuando los políticos se muestran insensibles o cuando un problema parece particularmente urgente. A veces las OMS tienen un alto grado de formalización y llegan a ser muy grandes y manejar vastos recursos, como Greenpeace o Nature Conservancy. Pero dedicar el estudio solo a las grandes OMS equivaldría a dejar de lado la amplitud y la complejidad del movimiento medioambiental. Además de grandes e importantes actores, el movimiento social tiene en su seno pequeños grupos, algunos muy informales, que tal vez tiendan a objetivos algo diferentes, pero que, por encima de todo, responden al mismo ethos medioambiental. Por ejemplo, es posible que grupos de amigos y de conocidos cultiven jardines en espacios urbanos, o alienten el uso de bicicletas en lugar de coches y camiones devoradores de gasolina. En general, los movimientos sociales son conjuntos complejos de distintos tipos de grupos y de individuos. Las bases estructurales y organizativas de los movimientos sociales, considerados en su conjunto, son normalmente distintas y complejas, pero siempre se interrelacionan mediante una red de conexiones de diferentes OMS, grupos informales, observadores todavía no plenamente comprometidos con el movimiento e individuos que ven el movimiento con simpatía, pero que aún no han actuado.

El lugar central que ocupan las OMS en el estudio de los movimientos sociales fue destacado por primera vez por John McCarthy y Mayer Zald (1973, 1977). Estos autores observaron que los movimientos modernos presentaban una tendencia a contar con OMS cada vez mayores, más formalizadas y profesionalizadas. Emplearon la expresión organización profesional del movimiento social, con lo que a menudo aludían a personal asalariado con dedicación exclusiva. Por tanto, no debería sorprender que algunas de las principales figuras de esta disciplina social sean también especialistas en el análisis de organizaciones complejas. La tendencia a la profesionalización contrasta con las organizaciones populares, que pueden surgir de una población agraviada de modo más espontáneo e informal. Las grandes organizaciones orientadas al cambio pueden ver incrementada su eficiencia en materia de planificación y de recaudación financiera y, en consecuencia, aumentar su disposición de recursos con miras a los fines del movimiento, pero se ven limitadas en la incorporación de nuevos miembros y en la toma democrática de decisiones. Además, el estudio clásico de Piven y Cloward (1977) mostró la escasa probabilidad de que las grandes organizaciones condujeran campañas de agitación, táctica que para los grupos con pocos recursos es la más eficaz. A pesar de la proclividad de las OMS profesionales a suavizar el repertorio táctico del movimiento, en general la influencia en los movimientos sociales tiende a crecer, lo que significa que están en condiciones de atraer cada vez más recursos e influencia, así como de crecer y profesionalizarse de manera incesante. Este proceso tiende a marginar a los grupos más pequeños incluidos en el movimiento.

Entre las mayores OMS, la mercadotecnia se ha convertido en una parte importante de la tendencia a la profesionalización. Personalmente, recibo con regularidad vistosas solicitudes personalizadas de colaboración de Sierra Club, Amnesty International, Nature Conservancy y otras poderosas organizaciones de movimientos sociales. Estos envíos son caros y obligan a comprar listas de destinatarios a otras organizaciones, que es la manera en que he llegado a sus listas, es decir, gracias a que hace unos años mi mujer se había asociado a Sierra Club. La recaudación de fondos crea su propia dinámica debido al elevado coste de este tipo de promoción y de las campañas de proselitismo. Todas estas cosas exigen un plantel especializado para diseñarlas y gestionarlas, lo que obliga a distraer una parte del personal de los objetivos directamente orientados al cambio. Las grandes OMS tienen una organización más burocrática, con miembros de su personal a los que corresponden claros ámbitos de autoridad y responsabilidad, uno de los cuales es la mercadotecnia personalizada. Otra tendencia lleva a que, debido a su alcance, OMS de mayor envergadura se vayan convirtiendo en trasnacionales. En ocasiones se trata de organizaciones gigantescas, como es el caso de Greenpeace y Friends of the Earth International. Las OMS trasnacionales (OMST) varían en su grado de centralización y de coordinación. Friends of the Earth es una organización descentralizada, pero otras OMS profesionalizadas son más burocráticas y jerárquicas, como Greenpeace, Worldwide Fund for Wildlife, Oxfam o Amnistía Internacional. Estas OMS tienen sus sedes centrales en Washington D. C. o en Londres, y cuentan con filiales en otras ciudades del mundo. El personal remunerado está formado por profesionales que han de contar con estudios, habilidades sociales y lingüísticas, además de capacidad técnica, en sus respectivos campos de activismo. Lahusen (2005) ha rastreado el círculo social que frecuentan los miembros del personal de los grupos de defensa del medioambiente o de derechos humanos en Bruselas y Ginebra con el fin de tratar de ejercer influencia en los máximos responsables políticos.

A menudo, no resulta nada clara la línea divisoria entre las grandes OMS y los grupos de interés en busca de contactos más institucionales para influir en la gestión política. Los grupos de interés son fuentes decisivas de influencia política en las democracias occidentales contemporáneas. Son primos hermanos de las OMS en la medida en que presionan a los políticos y tienen su hábitat en las márgenes de los partidos políticos establecidos, pero no se diferencian tanto de las actividades establecidas como para ser calificados de extrainstitucionales en el mismo sentido que aquellas. En las democracias modernas hay grupos de interés por doquier (Knoke, 1986; Clemens, 1997). Los sindicatos, grupos etnoculturales como la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (siglas en inglés, NAACP) y el Mexican-American Legal Defense and Educational Fund, al igual que grupos industriales, como la National Association of Manufacturers, la US Chamber of Commerce y la National Mining Association, son tan solo unos pocos ejemplos de grandes y complejas organizaciones formales que representan los intereses de grupos económicos y sociales. En el interminable debate acerca de la tenencia de armas en los Estados Unidos, la National Riffle Association es un grupo de interés con un poder y una influencia enormes.

Suelen emplearse expresiones como organizaciones no gubernamentales y organizaciones de apoyo para referirse a grupos formales que persiguen objetivos sobre la base de determinados valores y orientados al cambio en cuestiones específicas, como los derechos humanos, la paz, las minas antipersona o el tráfico de seres humanos. Amnistía Internacional (AI) es una gigantesca organización internacional que persigue iniciativas en múltiples frentes sobre derechos humanos, como la defensa de presos políticos, la difusión de la persecución de activistas de la oposición y la vigilancia de la tortura y la desaparición de activistas políticos. Pero si el analista toma distancia para encuadrar el «movimiento de derechos humanos», AI ocupa sin duda un lugar prominente en tanto OMS (o OMST, dado su alcance trasnacional) altamente profesionalizada y eficaz. Pero también es una organización no gubernamental internacional (ONGI), o, desde otro punto de vista, podría considerársela parte de una red de apoyo trasnacional (RAT) en materia de derechos humanos. Esta sopa de letras nos recuerda la observación fundamental según la cual en gran parte la decisión depende de la perspectiva con que el analista elija abordar el fenómeno estudiado. En sentido estricto, ninguna de estas etiquetas es incorrecta y bien podría decirse que cada una refleja el punto de partida que haya escogido el analista en la figura 1.1.

Redes del movimiento social

Hace ya bastante tiempo que los investigadores han reconocido que las redes desempeñan un papel decisivo en los procesos de reclutamiento, organización y coordinación de los movimientos sociales (Gerlach y Hine, 1970; Diani, 1992; Diani y McAdam, 2003; della Porta y Diani, 2006). Quisiera subrayar por ahora el hecho de que el soporte básico de una estructura en red imprime integridad y unidad sin rigidez a la agitada y rumorosa confusión de la complejidad organizativa e ideológica imperante en los grandes movimientos. Las redes son más o menos permanentes, pero permiten la coordinación flexible entre individuos y grupos que, en caso contrario, quedarían limitados a su entorno particular y perseguirían sus objetivos específicos en relación con el movimiento. Gracias a los contactos informales, las afiliaciones parcialmente superpuestas y las interconexiones formalizadas, características de ciertas organizaciones globales, como la Rainforest Action Network o la Peoples’ Global Action, las redes hacen posible la autonomía de los grupos locales que forman parte de la red a la vez que proporcionan el fundamento para el intercambio informativo y la coordinación. Es posible caracterizar un movimiento por la densidad y el número de las conexiones que lo constituyen, que pueden ser vigorosas o débiles y cuya centralización puede variar en una diversidad de individuos, grupos y organizaciones clave. No solo los individuos están incorporados a las redes, sino que también es posible analizar los grupos y las organizaciones de acuerdo con la cantidad y la calidad de sus conexiones.

Figura 1.2. Red de OMS medioambientales en Brístol, Reino Unido.

Fuente: Diani, 2011

La figura 1.2 muestra la red de organizaciones, no de individuos, que constituían el movimiento medioambiental en la ciudad de Brístol, Gran Bretaña. Diversas organizaciones se interconectan, ya se las mida por las informaciones sobre contactos, ya por las pertenencias interconectadas. El grupo local de Friends of the Earth (FoE) ocupa un lugar auténticamente nuclear de la red, lo que sugiere que sus miembros han de influir en otros grupos. Algunos grupos son atípicos, se conectan una vez por semana, y en el rincón inferior izquierdo de la red observamos dos grupos conectados entre sí, pero sin vínculos con ningún otro. Si esto corresponde tan solo a una ciudad, imagine por un momento el lector la complejidad de los vínculos que pueden darse en una red de OMS medioambientales de otras ciudades y pueblos, así como las interconexiones existentes entre diferentes localidades, y tendrá una idea de la expansión y la interconectividad inherentes a las redes de movimientos sociales; en este caso, el movimiento medioambiental del Reino Unido.

Movimientos de ideas

En este libro adopto la posición según la cual los movimientos sociales se caracterizan por grandes ideas orientadas al cambio, ideas que los orientan y les infunden unidad. En los movimientos que podríamos considerar de máxima trascendencia, es decir, las grandes revoluciones sociales de la historia, los objetivos son gigantescos y tienden a alterar la propia organización social, política y económica de la sociedad, mientras que sus respectivas ideologías, de vasto alcance, proponen nuevas maneras de concebir las relaciones humanas y la propia naturaleza humana. Ejemplos de esto son la Revolución francesa, la Revolución rusa y la Revolución iraní. El estudio de las revoluciones tiene una larga tradición en sociología y en politología; de hecho, hay sinergia entre el desarrollo de situaciones revolucionarias y la movilización social. Si bien es cierto que, en lo que respecta al alcance del cambio, la mayor parte de los movimientos sociales se encuentra en un nivel más bajo de la escala, permítaseme una aclaración: defino los movimientos sociales como tendencias inspiradas en grandes ideas, como el medioambientalismo, el feminismo, la igualdad racial y la igualdad de género, esto es, las ideas más generales de la historia contemporánea. Los movimientos del pasado respondían a ideas generales similares, como la concesión del voto a los católicos en Gran Bretaña en el siglo XIX o el voto a las mujeres en los Estados Unidos en el siglo XX.

Los investigadores estudian también muchos movimientos situados en un nivel muy inferior de la escala; por ejemplo, los que se centran en problemas específicos de política, como el llamado movimiento Townsend a favor de las jubilaciones en Estados Unidos (Amenta y Zylan, 1991), o el movimiento contra la energía nuclear (Gamson, 1989, 1992a). También estas, aunque de alcance ligeramente menor en cuanto a visiones de futuro, son grandes ideas que aparecen de modo característico en muchos movimientos sociales «menores», por lo que es justo decir que el campo de interés de la disciplina en los últimos años, a juzgar por los temas de investigación aparecidos en su revista más importante, Mobilization, se ha centrado predominantemente en este tipo de movimientos. Sin embargo, esta distinción entre grandes y pequeñas ideas significa que, al escoger un objeto de investigación, el estudioso de los movimientos sociales ha de ser consciente de hasta dónde es posible descender en la escala y poder mantener la etiqueta de «movimiento social» sin tener que recurrir a otros conceptos más extendidos, como «campañas de protesta», «grupos contestatarios» o «eventos de protesta». Tratemos de examinar algunas de estas opciones léxicas.

Cerca de mi universidad, los arrendadores de inmuebles comenzaron a comprar casas antiguas y a dividirlas en «minidormitorios» para albergar a cuatro o cinco estudiantes, y a veces más. Esto produjo una creciente congestión del tráfico y problemas de aparcamiento, por no hablar de las quejas por perturbación de la tranquilidad los fines de semana. Para combatir esta tendencia, los vecinos organizaron un grupo que reclamaba al ayuntamiento la aprobación de una resolución que impidiera nuevas divisiones de las casas del barrio. Henos aquí ante un tipo de acción colectiva popular de menor dimensión y más informal, a la que a veces de llama movimiento NIMBY (‘no en el patio trasero de mi casa’). Estas demandas específicas contrastan abiertamente con las amplias tendencias al cambio social que encarnan el medioambientalismo y el feminismo, por ejemplo. La denominación «movimiento NIMBY» no es afortunada, en realidad, porque lo que tenemos aquí no es un movimiento en sentido estricto, sino un grupo –y bastante reducido– que persigue sus intereses concretos. A la mayor parte de sus miembros les es indiferente su expansión ideacional en lo que respecta al cambio social. El concepto de ideología, en tanto cuerpo de pensamiento sistemático y con coherencia interna, resultaría inadecuado en este caso. La mayoría de este tipo de acciones carece de dimensión estructural. En este caso, solo hay un grupo. Por último, es limitado su repertorio de actuaciones, que, en el caso que nos ocupa, tenía por objetivo ejercer presión sobre el ayuntamiento mediante el envío de cartas y la asistencia a reuniones municipales. El grupo, conocido como Allied Gardens Citizens against Minidorms, era un grupo de interés o un grupo contestatario, como prefiera el analista, pero no un movimiento social expansivo. Pese a la condición extrainstitucional de su formación y a tratarse de una acción claramente colectiva, a la hora de definirlo no alcanza el umbral de «movimiento social».

Esto no implica que el estudio de los grupos como NIMBY no pueda aportar contribuciones a la disciplina. Es típico que, en lo concerniente al alcance del cambio, los movimientos situados en niveles superiores de la escala incluyan diversos grupos contestatarios, a veces muy pequeños. La comprensión de los procesos que culminan en acciones colectivas exitosas con un único grupo puede generalizarse a otros escenarios. Además, los grupos centrados en intereses específicos pueden ramificarse y constituir redes con grupos similares en otros sitios. Pienso en las iniciativas ciudadanas contra las cadenas de grandes almacenes del tipo Wal-Mart, Costco y Sam’s Club (Halebsky, 2006). Las demandas de los barrios contra estas tiendas presentan cierto paralelismo con la iniciativa contra los minidormitorios de San Diego (aumento del tráfico, pérdida de valor de las propiedades, pérdida de cohesión barrial y problemas en la calidad de vida de los residentes). La diferencia está en que las campañas contra los grandes supermercados tienen lugar en muchas comunidades de Estados Unidos y de Gran Bretaña. En el primero de estos países se ha desarrollado una creciente red de estas iniciativas con el fin de intercambiar información y comparar propuestas estratégicas, lo que imprime una organización más expansiva a la dimensión estructural del fenómeno.

En el plano ideológico-interpretativo, esto facilita el desarrollo de una crítica fundamental a estos grandes minoristas, crítica que, aun con variaciones entre los distintos grupos en cuanto a su elaboración, lleva la configuración de sus objetivos, metas y justificaciones un paso más allá de la mera defensa de intereses particulares. La crítica ideológica discurre más o menos así: los planes expansivos de estas grandes cadenas de supermercados reflejan, en su incesante búsqueda de beneficios, la manera en que el gran capital privado de inversión deteriora la calidad de vida de barrios viejos y a veces pobres. Esto crea un nuevo y más amplio marco de interpretación para la amenaza, que de esta manera trasciende la demanda basada en el mero interés particular, típica de los miembros de NIMBY. Los participantes también hacen suyas tácticas del repertorio de los movimientos sociales, como manifestaciones ante otras tiendas, presentación de peticiones y otras formas de presión más institucionales (cartas dirigidas al concejo municipal y a las autoridades de planificación, por ejemplo). Es posible que estas movilizaciones contra los supermercados no tengan el alcance del medioambientalismo o del feminismo, ni desafíen los modelos culturales e institucionales establecidos de la misma manera que lo hace el movimiento LGTB, pero si el analista se detiene a contemplarlo en sus dimensiones más amplias, puede defender el uso de la categoría de movimiento social en lo que se refiere a su estructura en red, a la amplitud de su crítica ideacional-interpretativa y a sus performances en el marco del repertorio del movimiento moderno.

Las ideas que apuntan a nuevos ordenamientos sociales, nuevas posibilidades, nuevas políticas y nuevos alineamientos políticos dan forma a los movimientos sociales y les infunden dinamismo. La dimensión ideacional-interpretativa comprende ideologías, intereses, objetivos, identidades, valores, creencias, actitudes, marcos de interpretación y normas de conducta, incluso repertorios de acción compartidos, como tácticas específicas, canciones, eslóganes, etc. De todas estas cosas, son cuatro las que se destacan como básicas a la hora de definir un movimiento social y, en consecuencia, como focos de estudio del mismo: las ideologías, los marcos de acción colectiva, los intereses colectivos y las identidades colectivas. Estos son los principales elementos constitutivos de la dimensión ideacional-interpretativa del movimiento social y es tradicional ver en ellos los componentes decisivos de su cultura.

Ideologías

Un concepto fundamental del análisis de los movimientos sociales es el de ideología. Las ideologías se centran en ideas, en su recíproca relación sistemática y en sus implicaciones para la acción política y social sobre la base de compromisos acerca de valores. Las ideologías enuncian los objetivos de un movimiento, aquello a lo que aspiran. Una definición simple diría que una ideología es «un sistema de ideas que articula afirmaciones y teorías acerca de la naturaleza de la vida social con valores y normas relativas a fines que promocionan el cambio social o se resisten a él» (Oliver y Johnston, 2005: 192). En esta definición, la referencia a valores pone de relieve los elementos morales y éticos de las ideologías, mientras que el énfasis normativo se refiere a patrones de conducta, en particular a los comportamientos orientados por objetivos de cambio social y que trabajan por estimular un sentimiento de identidad común entre los miembros del movimiento. Además, a menudo las ideologías contienen afirmaciones relativas al funcionamiento de la sociedad y a la naturaleza humana. Los analistas señalan, pese a sus declaraciones de índole moral, que las ideologías también son reflejo de intereses colectivos. Por ejemplo, la ideología neoliberal contiene afirmaciones morales relativas a los beneficios económicos del comercio libre a escala global, pero una crítica común a ella es que los beneficios terminan acumulándose sobre todo en las élites económicas. A la inversa, la ideología de la democracia social desafía los privilegios de las élites económicas y políticas a favor de las clases trabajadores y las clases medias.

Algunas ideologías son complejas, integrales y de elaborada codificación, como el marxismo-leninismo para los bolcheviques en la Revolución Rusa, el maoísmo durante la Revolución China o, desde un punto de vista contemporáneo, el fundamentalismo del islam salafista. Otras ideologías cuentan con una adhesión mucho menos rigurosa y, en consecuencia, cada tanto tiempo se producen en ellas desacuerdos que ofrecen a los participantes espacios para diferentes interpretaciones. Ejemplos de esto serían las variedades de anarquismo entre ciertos grupos que participan en las protestas antineoliberales, o la convergencia de ideas acerca de igualdad, derechos y diferencia de género entre distintos actores del movimiento de gais y lesbianas. Estas ideologías, y las ideas interrelacionadas que ellas comprenden, son el aglomerante que contribuye a que la gente se una en los grupos, las organizaciones y las redes de la esfera cultural. Las ideologías con elevada codificación brindan patrones de interpretación de los acontecimientos a los participantes, lo que fortalece la unión de estos, al punto de que en los casos extremos llegan a convertirse en cultos políticos y religiosos que dejan poco espacio a la disensión.

Sean generales o específicas, las ideologías constituyen el componente ideacional-interpretativo de la organización sobre el que se fundamentan los objetivos compartidos, el discurso común, el contacto interpersonal con base en la red, la identidad compartida y la coordinación. Pero es necesario ser muy claros: aun cuando el analista se refiera a ellas en términos relativamente concretos, lo cierto es que las ideologías cambian constantemente en la medida en que son representadas en el discurso y en acciones, están sujetas a debate y análisis, y sufren alteraciones con el desarrollo del movimiento. Algunos analistas han sugerido que lo que mejor capta esta cualidad emergente son los conceptos de marco y de encuadre en tanto realización ideacional-interpretativa.

Marcos de acción colectiva

A partir de finales de los años ochenta del siglo pasado, un gran cuerpo de investigaciones elaboró la dimensión ideacional-interpretativa de los movimientos sociales en términos de marcos de acción colectiva. La introducción de esta idea en los estudios de la protesta tenía el propósito de crear un instrumento conceptual que permitiera entender por qué vías la gente rompe las barreras de la inacción y el conformismo para redefinir una situación de tal manera que se vea forzada a tomar posición (Gamson, Fireman y Rytina, 1982). Puesto que los movimientos sociales no son instituciones establecidas, sino que han surgido recientemente para desafiar el statu quo, resulta básica la tarea de descubrir la chispa ideacional que subyace a su surgimiento.