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Después de haber explorado el estilo Black Mirror en su obra Realidades siniestras, el autor se sumerge aún más en este universo con nuevos relatos sobre el uso distorsionado de la tecnología y sus consecuencias irreversibles. Lo que comenzó como una advertencia en esta entrega se transforma en una provocación sin concesiones. Aquí no se busca consuelo ni redención. Cada historia está diseñada para perturbar, para dejar esa sensación incómoda que persiste incluso después de cerrar el libro. El objetivo es claro: ir más allá de los límites conocidos y mostrar el costado más inhumano de la humanidad. Tené cuidado. Estos relatos no se detienen en lo inquietante: cruzan la línea de lo soportable y se adentran en el territorio de lo desagradable, donde el reflejo de nuestra propia realidad resulta más aterrador que cualquier ficción. El autor te invita a adentrarte en el espejo negro que todo lo ve.
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Seitenzahl: 80
Veröffentlichungsjahr: 2025
Producción editorial Tinta Libre Ediciones
Coordinación editorial Gastón Barrionuevo
Diseño de interior Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Diseño de tapa Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones
Dopazo, Gonzalo Nahuel
Realidades más oscuras : homenaje a la famosa serie Black Mirror / Gonzalo Nahuel Dopazo. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2025. 92 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-631-306-966-8
1. Cuentos. 2. Cuentos de Ciencia Ficción. I. Título.CDD A860
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2025. Dopazo, Gonzalo Nahuel© 2025. Tinta Libre Ediciones
Gonzalo Dopazo
¿Puede una serie de ciencia ficción enseñarnos algo?
En lo personal, creo que sí. La serie en la que inspiro este nuevo libro me ha enseñado mucho, incluso me animo a decir que me ha educado. Black Mirror siempre me ha parecido una serie fascinante desde que la descubrí hace más de 10 años, por consiguiente mantengo mis respetos hacia el creador de dicha producción. Charlie Brooker logró anticipar, en relación al comportamiento humano y la tecnología, muchos de los hechos que podemos observar en nuestro día a día.
Black Mirror es una serie donde se nos advierte cómo, la sociedad sumergida en el poder ilimitado de la tecnología, destina la misma hacia un pozo del cual es muy difícil salir. Plantea la idea de que la tecnología es como una droga y, si no se usa con prudencia y moderación, nos vuelve dependientes de ella, como lo sería una botella de ron para un sujeto con problemas de bebida.
De este modo, la historia nos indica que, antes de avanzar con la tecnología, debemos también avanzar nosotros como personas para que la misma no se termine apoderando de nuestra forma de vivir y, por ende, consumiéndonos con el paso del tiempo. Encontramos cierta verdad: en la sociedad, cada vez somos más bombardeados de estímulos placenteros que nos quitan estabilidad psíquica mediante la satisfacción inmediata que nos provee el mundo de las pantallas. Black mirror es en realidad un primado negativo, esto quiere decir que se trata de una posible realidad disfrazada de ficción, donde lo que creemos falso o inverosímil puede no serlo del todo.
Por esta razón, les entrego a ustedes, los lectores, esta nueva serie de historias en forma de antología. Espero que la disfruten y, simultáneamente, tomen conciencia de lo que considero que el futuro nos depara (si es que no lo estamos viviendo todavía). Ojalá puedan entender el mensaje que esconde cada uno de estos 24 relatos y analicen que les quiero transmitir con ellos.
El primer día, éramos doce. Recuerdo las caras de los desconocidos, algunas relajadas, otras tensas, como si esperaran algo que aún no comprendíamos. El silencio incómodo se rompió de vez en cuando con conversaciones triviales, otros, al igual que yo, no decían nada. El ambiente, aunque cómodo, resultaba extraño, como si algo antinatural rondara en el ambiente, un aura desagradable que se paseaba por el aire que inhalábamos. La casa era más grande de lo que imaginé, con habitaciones para todos y un salón central donde nos reuníamos. Al principio, nadie parecía demasiado preocupado por lo que ocurriría allí.
Las primeras noches transcurrieron con relativa calma. Nos asignaron tareas domésticas, algo que parecía más para mantenernos ocupados que por verdadera necesidad. Nadie hablaba de por qué estábamos allí, como si todos hubiéramos aceptado de antemano que preguntar no llevaría a ninguna respuesta. El día se resumía en hacer lo que se tenía que hacer sin chistar, éramos robots programados para diversas funciones, al menos eso parecía, hasta la primera desaparición. Nadie lo notó de inmediato, fue durante un desayuno, cuando alguien mencionó su nombre, que tras mirar alrededor, comprendimos que no estaba. No dejó sus cosas ni señales de haber salido. Simplemente, ya no estaba.
El ambiente cambió desde ese momento, el silencio se fue estableciendo como un invitado desagradable que no sabe que ya sobrepasó el límite de estadía. Sin embargo, al no hablar podíamos seguir ignorando lo extraño de la situación. Cada uno se mantenía más apartado, evitando cualquier contacto demasiado cercano. Los días pasaron, y otros comenzaron a desaparecer sin dejar rastro. El vacío se apoderaba lentamente de nuestro entorno. La tensión crecía, algunos de los que quedábamos empezamos a mirar a los demás con desconfianza. Nadie sabía qué pensar, ni cómo reaccionar. Nadie preguntó, pero todos nos planteábamos lo mismo: ¿quién sería el siguiente?
Cuando encontraba algo de tiempo, caminaba a mis alrededores. No podía recorrer mucho, tan solo el espacio que me permitía el terreno de la casa. Hacía un calor sofocante, al menos en ese momento, ya que las temperaturas cambiaban abruptamente, de frío a templado y de templado a calor a lo largo de la semana. Por suerte, contábamos con una pileta enorme, por lo que me sumergí en ella para ver si al menos podía aclararme las ideas.
En la noche cuando nos juntamos a cenar, notamos que faltaba un integrante más, ahora solo éramos seis personas. El platillo que nos sirvieron era abundante y deleitante, un bife con salsa barbacoa y papas a la mostaza, acompañado de un costoso vino internacional que no se conseguía con mucha facilidad. Sin duda una comida que en toda mi existencia y, a juzgar por la cara de sorpresa en mis compañeros, nunca habíamos soñado con comer.
Quería ser el primero en preguntar lo que estaba pasando en el lugar, “¿qué fue lo que ocurrió con los demás?”, pensé y no por primera vez. No obstante, antes de que pudiera pronunciar las palabras, el miedo a desentrañar la verdad me selló la boca por completo, así que me limité a disfrutar del banquete.
Inevitablemente llegó la mañana en la que mis ojos se cruzaron con los de alguien más, viéndonos… no, mirándonos con atención por primera vez. Supimos de inmediato que éramos los últimos que quedábamos. Un escalofrío sacudió todo mi cuerpo, la cara del otro perdió color y estaba seguro de que la mía era un reflejo de la suya.
Entonces, una voz se escuchó.
—Atención: la gente ya ha votado y por consiguiente decidido quién será el ganador de los dos.
Nos miramos de nuevo con expresión de extrañeza, la voz grave que al parecer provenía desde el techo de la casa empezaba a emitir sonidos perturbadores. Pude notar algo raro en uno de los ángulos de la pared que daba con el techo. Me acerqué para ver mejor y pude distinguir lo que manifestaba ser el lente de una cámara de grabación.
—¡El ganador es George!
Dijo mi nombre y quedé estupefacto, pero entonces el otro integrante corrió asustado hacia afuera de la casa en el instante en que observó que un cartel digital apareció en los vidrios de las ventanas que daban al jardín. Todo pasó muy rápido, un extraño dispositivo descendió del techo y disparó un láser rojo que voló su cabeza en pedazos. La sangre y los restos de su cabeza aterrizaron en la ventana, y yo pude entender a la perfección de qué se trataba todo. Lo pude confirmar al observar con detenimiento lo que decía el cartel que Alertó a mí compañero:
Peter serás eliminado.Una vez que todo terminó, llegaron los lujos: un departamento de cinco ambientes; el salario que hubiera ganado con un año de trabajo en la cuenta bancaria; y descuentos y beneficios vip en mis compras. Me hubiera gustado decir que condenarme a prisión fue lo mejor que la sociedad había hecho por mí, si no, nunca hubiera podido ser un concursante. Pero las secuelas de esa semana todavía me persiguen.
Qué irónico que los mismos que me habían sentenciado, fueran los organizadores de aquella matanza. Sin duda, los eventos de streaming televisivo habían evolucionado de una manera demasiado morbosa.
La galería estaba casi en completo silencio. Varias personas se habían reunido frente a una pantalla negra inmensa, suspendida en el centro de la sala. En la parte inferior, una frase en letras blancas resaltaba:
El monstruo más despiadado del mundo.Nadie hablaba, solo observaban con expectación. Algunos miraban de reojo, como si esperaran que algo apareciera en cualquier momento. Yo también me acerqué, intrigado, esperando descubrir qué se ocultaba tras esa ominosa frase. No obstante no lograba ver nada, el supuesto monstruo no se dignaba a aparecer y lo único que se podía apreciar era ese televisor enorme y lo único que se podía oír era el murmullo de decepción del público a mí alrededor.
Ocurrió lo que siempre ocurre cuando una multitud está aburrida: los comentarios negativos crecieron en volumen, la calidad de la exhibición fue cuestionada y algún que otro pretencioso explicaba el simbolismo como si entendiera la obra. Algunos empezaron a inquietarse y mirar sus alrededores, como si la respuesta pudiera estar oculta en las caras de los demás. Unos pocos se acercaron aún más, inclinándose para ver si podían percibir algún cambio. La espera se volvía insoportable, pero todos seguían mirando, como hipnotizados por un oscuro panorama que nada nuevo les aportaba. Hasta que se quedaron sin nada para criticar.
