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Los refugiados y otros migrantes forzados son uno de los grandes retos contemporáneos a los que se enfrenta el mundo. En todo el planeta, las personas abandonan sus países de origen para escapar de la guerra, los desastres naturales y la opresión cultural y política. Desgraciadamente, la comunidad internacional todavía lucha por brindar adecuada respuesta a esta enorme población necesitada. Esta breve introducción abarca un amplio abanico de cuestiones en torno a las causas y el impacto de la crisis contemporánea de los refugiados, tanto para los estados y sociedades de acogida como para el orden mundial y los propios refugiados y otros migrantes forzados. Gil Loescher analiza la identidad de los refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos y en qué se diferencian de otros migrantes forzados. También investiga la larga historia del fenómeno de los refugiados y cómo estos se convirtieron en una preocupación central de la comunidad internacional durante los siglos XX y XXI, además de considerar las respuestas a sus necesidades proporcionadas por los gobiernos y las organizaciones internacionales de ayuda. El autor concluye centrándose en la necesidad de que estos organismos comprendan las realidades de la situación contemporánea de los refugiados para responder mejor a sus desafíos actuales y futuros.
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Seitenzahl: 187
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Refugiados. Una breve introducción se publicó originalmente en inglés en el año 2021. Esta traducción es publicada en acuerdo con Oxford University Press. Ediciones UC es responsable de la traducción de la obra original y Oxford University Press no es responsable por ningún error, omisión, imprecisión o ambigüedad en esta traducción o por cualquier daño causado por la dependencia al respecto.
EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile
ediciones.uc.cl
REFUGIADOS
Una breve introducción
Gil Loescher
© Oxford University Press
Derechos reservados
Noviembre 2023
ISBN 978-956-14-3197-3
ISBN digital 978-956-14-3198-0
Traducción: English UC Language Center
Ilustración de portada: Margot Irarrázaval
Diseño y diagramación: versión productora gráfica SpA
CIP – Pontificia Universidad Católica de Chile
Loescher, Gil, autor.
Refugiados : una breve introducción / Gil Loescher ; traducción: Lorena Melissa Chávez Argandoña.
Incluye bibliografía.
1. Refugiados.
I. t.
2023 305.906914 + DDC23 RDA
La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
CONTENIDO
Prólogo
Lista de acrónimos
Capítulo 1:¿Quiénes son los refugiados y otros migrantes forzados?
Capítulo 2:Una breve historia sobre los refugiados
Capítulo 3:Causas de los movimientos de refugiados
Capítulo 4:Respuesta a los movimientos de refugiados
Capítulo 5:Percepciones e ideas erróneas sobre los refugiados
Capítulo 6:La sociedad civil, las ONG y los refugiados
Capítulo 7:Los desafíos del futuro
Lista de ilustraciones
Lecturas complementarias
PRÓLOGO
Esta es una obra muy especial porque es el último libro que escribió Gil Loescher. En sus casi 40 años de trayectoria, el autor se reunió con cientos de refugiados y personas que trabajan en la primera línea en todo el mundo y publicó algunas de las obras más influyentes y transformadoras sobre los refugiados y las migraciones forzadas.
Gil Loescher murió el 28 de abril de 2020 mientras terminaba el manuscrito de este libro, una de sus obras más importantes a su parecer.
Antes de que leas este libro, es importante que sepas quién lo escribió y por qué era tan importante para él.
Gil era una figura importante en su área de estudios. Sus escritos sobre refugiados y política mundial fueron pioneros y perduran como piedra angular de la disciplina. Por ejemplo, el libro que publicó en 1993, bajo el título Beyond Charity: International Cooperation and the Global Refugee Crisis, sigue siendo una referencia crítica sobre cómo se puede movilizar a la comunidad internacional para garantizar la protección y las soluciones duraderas con y para los refugiados.
Su trabajo inspiró a generaciones de investigadores, legisladores y profesionales comprometidos con ayudar a los refugiados. Pero más importante que su trabajo es quién era como persona. Gil era humilde, empático, pensativo, curioso y amable. Se preocupaba por la gente y estaba más interesado en conocer el trabajo y las ideas de los demás que en promover el suyo.
Para él era particularmente importante comprender las opiniones y vivencias de las personas más cercanas al mundo de los refugiados. Gil solía decir que nunca quiso ser un “académico de sillón”. En los agradecimientos de su libro de 2001, The UNHCR and World Politics: A Perilous Path, escribió: “Durante las últimas dos décadas, me ha tocado numerosos campos de refugiados en África, Asia y América Central, al igual que centros de retención y detención de refugiados en Europa y América del Norte... [y] entrevistar o conversar con cientos de funcionarios, trabajadores de agencias de derechos humanos y ayuda humanitaria, investigadores, refugiados y solicitantes de asilo en todos los continentes”. Este fue un rasgo que definió el trabajo de Gil.
Siempre se sintió conmovido e inspirado por el coraje y la resiliencia de los refugiados. En el capítulo 5, Gil cuenta la historia de su visita a Tailandia en 2006, tres años después de quedar gravemente herido y le amputaran las piernas tras el atentado contra la sede de la ONU en Bagdad. En aquella ocasión, Gil visitaría un centro de rehabilitación para refugiados discapacitados ubicado en un remoto campo de refugiados en la frontera entre Tailandia y Myanmar. Sin embargo, el centro estaba en un camino empinado y resbaladizo y la única forma de llegar a él era que un grupo de seis refugiados, también amputados, lo cargaran en su silla de ruedas. Para él esta acción fue uno de los ejemplos más poderosos de la fuerza y la determinación de las personas desplazadas.
Sin embargo, a Gil le preocupaban profundamente los acontecimientos mundiales de los últimos años, especialmente cómo el auge de las políticas populistas y excluyentes y la desinformación han contribuido a la ruptura de la cooperación internacional y la acción colectiva. Esto quedó en evidencia de forma muy dolorosa en 2015, cuando la Unión Europea, una de las comunidades políticas más prósperas y poderosas del planeta, decidió abstenerse de cooperar y dar una respuesta eficaz y basada en los derechos a las peticiones de cerca de un millón de solicitantes de asilo, quienes constituyen apenas el 1 % de la población europea.
Como escribió su familia en el homenaje que le hicieron tras su muerte: “El éxodo mundial de refugiados y el auge de la extrema derecha en los últimos años preocuparon mucho a Gil y contribuyeron al deterioro de su salud. En sus últimos años tenía insuficiencia cardíaca y problemas para escuchar y ver. A medida que su entorno inmediato fue gradualmente desapareciendo con su pérdida sensorial, sus cuatro nietos siguieron siendo una gran alegría para él, aunque le preocupaba el mundo en el que crecerían”.
La esperanza de Gil era que este libro lo leyeran personas que quisieran comprender las complejidades de los movimientos de refugiados y adoptar por sí mismas posiciones informadas sobre el tema.
Pasé tres días con Gil en febrero de 2020 trabajando en el manuscrito de este libro, discutiendo ideas y ayudando con correcciones y revisiones. Habíamos colaborado en varios proyectos desde 2001 y nuestro trabajo conjunto durante ese lapso de tiempo fue como volver a los viejos tiempos. Fue la última vez que vi a Gil, y siempre atesoraré ese tiempo que compartimos. Era un gran y querido amigo.
Cuando Gil murió, su familia me pidió que hiciera las últimas revisiones del manuscrito que dejó sin terminar. Si bien apoyé durante el proceso de publicación, estas son las palabras que Gil pensó y escribió de manera deliberada. Estas son las palabras de un gran erudito y un gran ser humano que se preocupaba profundamente por estos temas y se dedicaba a entenderlos y explicarlos a cualquiera que quisiera escucharlo.
Gil quería que leyeras este libro y nadie podría haberlo dicho mejor que él.
James Milner
Ottawa, Canadá
LISTA DE ACRÓNIMOS
CRRC Campaña de Reasentamiento de Refugiados de Cambridge
CRRF Marco de Respuesta Integral para los Refugiados
DFID Departamento de Desarrollo Internacional, Reino Unido
PD persona desplazada
RDC República Democrática del Congo
ExCom Comité Ejecutivo del Programa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
MGF mutilación genital femenina
GCR Pacto Mundial sobre los Refugiados
GRN Red Mundial Liderada por refugiados
HIAS Sociedad Hebrea
CICR Comité Internacional de la Cruz Roja
OIT Organización Internacional del Trabajo
OIM Organización Internacional para las Migraciones
IRC Comité Internacional de Rescate
OIR Organización Internacional de Refugiados
LGBTI lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales
MSF Médicos sin Fronteras
ONG organización no gubernamental
PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
ACNUR Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
UNRRA Administración de las Naciones Unidas para el Auxilio y la Rehabilitación
OOPS Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente
USAID Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
WRY Año Mundial de los Refugiados
CAPÍTULO 1
¿QUIÉNES SON LOS REFUGIADOSY OTROS MIGRANTES FORZADOS?
En la actualidad, el desplazamiento forzado, a nivel mundial, llega al nivel más alto del que se tenga constancia en el último tiempo. A finales de 2019, había 79,5 millones de personas desplazadas en el mundo como consecuencia de varias situaciones. La mayoría son refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos que huyen de la violencia, los conflictos, la discriminación religiosa o étnica y la persecución. En los últimos años, cada vez más personas se han visto obligadas a huir a causa de crisis medioambientales y desastres naturales cada vez más frecuentes e intensas, entre ellos terremotos, huracanes, inundaciones, sequías y otras catástrofes que destruyen sus hogares y fuentes de trabajo. Al mismo tiempo, un número cada vez mayor de personas huye de Estados fallidos que ya no pueden proporcionar a sus ciudadanos medios de subsistencia, tales como seguridad física, empleo, alimentación o atención médica. También, son cada vez más los migrantes que buscan una vida mejor y más segura para sí mismos y sus familias.
Historias de refugiados y migrantes
¿Por qué estas personas huyen o abandonan sus países de origen? ¿Quiénes reciben protección y asistencia internacional y quiénes no? Estas son algunas historias ficticias para empezar a responder estas preguntas.
Cuando estalló la guerra en Siria en 2011, Mohammad y Fátima iban a casarse y vivían en la provincia de Homs. Su ciudad fue atacada por las fuerzas sirias y huyeron al sur del país. Poco después, los servicios secretos sirios detuvieron a Mohammad, a su padre, quien se había pronunciado contra el régimen de Assad, a dos de sus cuñados y a su primo. Los llevaron a la prisión de Homs, donde los golpearon y torturaron durante varios meses.
Cuando Mohammad salió de la cárcel, las fuerzas de seguridad siguieron acosándolo y pronto huyó al otro lado de la frontera, al Líbano, donde finalmente se reunió con Fátima. En el Líbano, su arrendador los maltrataba, engañaba y amenazaba con desalojarlos. También, se sentían inseguros porque la población local se burlaba de ellos y los atacaba.
Después de tres años, a Mohammad y Fátima los seleccionaron para reubicarse en Canadá. Con el apoyo de un grupo patrocinador de la comunidad migrante en Canadá, pudieron mejorar sus conocimientos de inglés y su comprensión de la sociedad canadiense. Cuando llevaban un año en el país, abrieron un restaurante de cocina tradicional siria. El restaurante ha sido un gran éxito y ahora da empleo a cinco canadienses.
Ayesha es una musulmana rohinyá que ha vivido toda su vida en el norte del estado de Rakhine, en Myanmar (antigua Birmania). Aunque los musulmanes rohinyás llevan más de un siglo residiendo en el país, la política del gobierno birmano los ha convertido en personas apátridas, ha reprimido sistemáticamente sus aspiraciones culturales, religiosas y étnicas y les ha negado la ciudadanía y los derechos básicos. Son la mayor población de apátridas del mundo.
Una noche a finales de agosto de 2017, Ayesha estaba cenando con sus cuñadas en Tami, un pueblo en el municipio de Buthidaung, en Myanmar, cuando tropas del ejército birmano atacaron la aldea. Los soldados entraron a su casa por la fuerza y las obligaron a ir a una habitación contigua. Ayesha cuenta que le arrancaron a su bebé de los brazos y lo patearon “como si fuera un balón de fútbol”. Los soldados desnudaron a las mujeres, les pusieron un cuchillo en la garganta y las violaron en grupo.
Cuando se fueron, Ayesha recogió a su bebé y huyó con sus cuñadas al país vecino, Bangladés. Durante su peligroso viaje en busca de un lugar seguro, sus dos cuñadas que habían sido violadas murieron. Hoy, Ayesha vive como refugiada en un campo sobrepoblado cerca de Bazar de Cox, en Bangladés.
Cuando Tigish tenía 18 años, abandonó Etiopía para buscar trabajo en Sudáfrica con el propósito de enviar dinero para mantener a su familia. De camino a Sudáfrica, pasó un mes en Kenia y Tanzania, pero fue detenido en Malawi antes de llegar a Sudáfrica. La policía fronteriza lo arrestó por haber entrado ilegalmente al país. Durante los siguientes ocho meses, Tigish estuvo encarcelado en Malawi antes de que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) lo ayudara a regresar a su hogar en Etiopía.
Tigish afirma que no volvería a emigrar de manera ilegal porque fue testigo de los numerosos riesgos que enfrentan otros migrantes irregulares, tales como hambre, abusos físicos e incluso la muerte, en algunos casos. Como migrante, no pudo obtener el estatus de refugiado, pero sí pudo recibir asistencia de la OIM, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y otras organizaciones internacionales.
A finales de 2018, Arianna, su esposo y sus dos hijos se enfrentaron a una situación difícil y potencialmente peligrosa en su país de origen, Venezuela. Durante muchos años, los dirigentes del país han aplicado estrategias políticas y económicas fracasadas que han empobrecido a la población. La hiperinflación acabó con los ahorros de Arianna y su marido. La economía del país estaba en caída libre a causa de la mala gestión y la corrupción generalizadas. La grave escasez de alimentos y medicinas creó cifras récords de niños y adultos desnutridos. Miles de personas murieron de hambre y de enfermedades no tratadas. Además, el crimen organizado y el narcotráfico ponían en peligro la vida cotidiana de casi todos los ciudadanos venezolanos. Como resultado, en los últimos años, más de 4 millones de venezolanos desesperados han huido a países cercanos tales como Colombia, Ecuador, Brasil y otros más lejanos en el Caribe, Norteamérica y Europa en busca de seguridad y una mejor vida.
Arianna y su familia se vieron obligados a buscar seguridad en Colombia y ahora se les llama “migrantes de supervivencia”. Actualmente, no pueden optar al estatus de refugiados en virtud de la Convención de la ONU sobre los Refugiados de 1951. Sin embargo, la ACNUR sí proporciona ayuda fundamental a los venezolanos más necesitados que se han refugiado en los países vecinos. Además, ellos reciben protección en virtud de la Declaración de Cartagena de 1984, la que amplió la cobertura de la Convención de la ONU sobre los Refugiados a principios de la década de 1980 a aquellas personas que huyen de la violencia generalizada y de las graves violaciones de los derechos humanos en Sudamérica y Centroamérica.
Satina vive en la pequeña isla de Tuvalu, en el Pacífico Sur. Trabaja en una pequeña plantación de cocos, principal producto de exportación de la isla. A lo largo de los años, el nivel del mar alrededor de Tuvalu sigue subiendo. El agua salada ha empezado a contaminar el suelo de la plantación, haciendo que los cultivos sean cada vez menos abundantes. Las fuertes tormentas han agudizado este problema y han provocado la pérdida de más tierras agrícolas. Con la pérdida de su fuente de trabajo, Satina se encuentra sin medios para subsistir. Decide juntar sus últimos ahorros y huir a Nueva Zelanda, donde solicita asilo. Sin embargo, su solicitud es rechazada porque Nueva Zelanda no reconoce el cambio climático como motivo para ser refugiado. Satina espera en el limbo mientras su caso sigue avanzando en los tribunales neozelandeses.
A diferencia de los desplazados por la guerra, la violencia sistémica o la persecución, las personas que, como Satina, se ven obligadas a abandonar su país de origen como consecuencia del cambio climático, rara vez son reconocidas como refugiadas cuando cruzan las fronteras en busca de seguridad. Hay millones de personas desesperadas en todo el mundo. Algunas estimaciones prevén que para el año 2050 habrá 200 millones de personas que se verán obligadas a abandonar sus hogares debido al cambio climático.
¿Cómo se define a los refugiados?
Refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos: ¿Cuál es la diferencia? Según la Convención de las Naciones Unidas sobre los Refugiados de 1951, el término refugiado se aplica a toda persona que, “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social (...) se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o (...) quiera acogerse a la protección de tal país”. Un solicitante de asilo es alguien que ha huido de su país de origen y busca protección frente a la persecución o el conflicto en otro lugar como refugiado reconocido. Los Estados tienen la obligación jurídica internacional de estudiar las solicitudes de asilo y no devolver inmediatamente a los solicitantes al país del que han huido.
En resumen, las personas reconocidas como refugiadas son individuos que han huido de la persecución y el conflicto en su país de origen y ya no gozan de la protección legal que se le otorga a los ciudadanos de un Estado. En consecuencia, la Convención sobre los Refugiados de 1951 estipula que los refugiados deben ser protegidos y deben tener acceso a los tribunales nacionales, derecho al empleo y a la educación, y a los mismos derechos sociales, económicos y civiles que los ciudadanos del país de acogida. Además, la convención reconoce el derecho de no devolución: el derecho a no ser repatriado involuntariamente a un país donde exista riesgo de persecución. Este principio es ahora parte del derecho internacional consuetudinario. Lo más importante es que la mayoría de los refugiados tienen derecho a la protección de la ACNUR.
Además de los refugiados bajo la protección de la ACNUR, hay más de 5,5 millones de refugiados palestinos viviendo en más de 60 campamentos repartidos por Oriente Medio y la Franja de Gaza, los que están bajo la autoridad del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS), una agencia independiente de la ONU. Los palestinos de los países en los que trabaja el OOPS están excluidos del mandato de la ACNUR y no están cubiertos por la Convención de Refugiados de 1951, ya que los Estados árabes querían que el tema de los refugiados palestinos se tratara por separado. Sin embargo, a diferencia de la ACNUR, el OOPS no tiene la misión de proteger a los refugiados palestinos. Su función principal es apoyar las actividades de educación, asistencia sanitaria y servicios públicos para los refugiados palestinos en el Líbano, Jordania, Siria, la Franja de Gaza y los territorios ocupados de Israel.
Desde la creación del OOPS, Estados Unidos ha sido su mayor financiador. Sin embargo, eso cambió en 2018 cuando la administración de Trump detuvo todo el financiamiento para los palestinos, quienes ahora se enfrentan a un futuro aún más incierto. Los conflictos no resueltos y las graves necesidades insatisfechas, especialmente en Cisjordania, Gaza y Siria están creando una importante crisis humanitaria. Hoy en día, algunos palestinos, quienes son incluso la cuarta generación de refugiados, han estado en el exilio desde 1948 y todavía esperan volver a su tierra natal. Los palestinos son el grupo de refugiados más antiguo y grande del mundo.
En las últimas siete décadas, el uso del término “refugiado” se ha ampliado más allá de la definición legal de la Convención sobre los Refugiados de 1951 para abarcar a personas que, en diversas circunstancias, necesitan asistencia y protección. Por ejemplo, en 1969, la Organización de la Unidad Africana adoptó un instrumento regional que incluye como refugiados a las personas que huyen tanto de la persecución individual como de la “agresión externa, la lucha civil interna o los acontecimientos que perturban gravemente el orden público” en los países africanos. Además, la Declaración de Cartagena de 1984, la que abarca a los refugiados de América Central y del Sur, también amplía el uso de este término con respecto a la Convención de Refugiados de 1951 al incluir a “las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”.
Desde la firma de la Convención sobre los Refugiados de 1951 y la creación de la ACNUR, las circunstancias que configuran el desplazamiento han cambiado progresivamente. Los nuevos factores de desplazamiento, tales como la violencia descontrolada de pandillas, la disponibilidad generalizada de armas letales, el cambio climático, los desastres naturales y la inseguridad alimentaria, están muy extendidos en gran parte del sur global. Como consecuencia, y en respuesta a la naturaleza y conducta cambiantes de la guerra y a los crecientes riesgos causados por las presiones ambientales y demográficas durante las últimas décadas, la ACNUR ha aumentado sus actividades operativas y de protección, pasando de asistir y proteger únicamente a los refugiados a incluir a las poblaciones apátridas y a los desplazados internos.
Además, aunque la ACNUR no reconoce como refugiados de la convención a las víctimas de catástrofes naturales, Estados fallidos, o migrantes en peligro, en los últimos años también ha expresado su creciente preocupación por estos grupos de desplazados forzosos. Por lo mismo, la ACNUR ahora ofrece asistencia a las víctimas de huracanes, terremotos, tsunamis, inundaciones y otros desastres naturales en muchas circunstancias. Como se comenta más adelante, esta protección se amplió en enero de 2020 cuando el Comité de Derechos Humanos de la ONU declaró que las disposiciones de no devolución se extienden ahora a las personas que huyen de sus países debido a “condiciones inducidas por el cambio climático que violan el derecho a la vida”.
Muchos gobiernos, especialmente los del norte global, se han resistido firmemente a esta ampliación pragmática de la definición de refugiado. En los países occidentales, los Estados utilizan la definición contenida en la Convención sobre los Refugiados de 1951, centrada en los individuos y en la persecución, para determinar si admiten a los refugiados en sus territorios. Los gobiernos tienen un gran interés en mantener la definición de refugiado limitada debido a las obligaciones que tienen con ellos en virtud de la convención. La posibilidad de ampliar la definición de refugiado preocupa a los estados, ya que esto podría implicar una mayor responsabilidad hacia un mayor número de personas. Sin embargo, los grupos de personas que corren el riesgo de morir o de sufrir graves daños por la violencia si se les devuelve prematuramente a su país suelen recibir protección temporal. Esto significa que no se les obliga a volver a sus países, pero tampoco gozan de los mismos derechos que los refugiados reconocidos.
A diferencia de los refugiados, los desplazados internos no cruzan las fronteras para buscar protección y asistencia en el extranjero. A pesar de temer la persecución y la violencia, permanecen en el territorio de su Estado de origen. Si a finales de 2019 había unos 24 millones de refugiados en el mundo, los desplazados internos superaban los 45 millones.
Estas personas permanecen bajo la jurisdicción de su propio gobierno, incluso en los casos en que las fuerzas o autoridades gubernamentales suelen ser las responsables de su desplazamiento. La soberanía de los Estados impide que la comunidad internacional intervenga sin el permiso del país de origen, a menos que el Consejo de Seguridad de la ONU autorice dicha acción en virtud del Capítulo VII de la Carta de la ONU. De ahí que las agencias de la ONU y otros actores internacionales deban pedir permiso a las autoridades nacionales y, a lo sumo, desempeñar un papel subsidiario de apoyo a la acción gubernamental, incluso en situaciones en las que un gobierno haya retirado su presencia de las zonas de desplazamiento y sus ciudadanos estén atrapados y en riesgo en las zonas de conflicto.
