Relación de Michoacán - Jerónimo de Alcalá - E-Book

Relación de Michoacán E-Book

Jerónimo de Alcalá

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Beschreibung

El manuscrito original de la Relación de Michoacán se conserva en la Biblioteca de El Escorial y constaba de tres partes. - En la primera, de la que sólo se conserva un folio, se describían los dioses purépechas, nombrados tarascos por los españoles, y las fiestas que se hacían en su honor; - en la segunda se relata la vida del héroe legendario Tariacuri, - en la tercera parte se describen las costumbres de los tarascos y se narra cómo fue conquistado el reino por los españoles.Algunos investigadores consideran que la primera parte la destruyeron las autoridades españolas, quienes en 1557 prohibieron estrictamente el estudio de las creencias de los indios. Según se aprecia en el manuscrito, el autor se considera un intérprete de las referencias aquí contenidas y todo indica que dominaba la lengua purépecha. Es probablemente obra del franciscano fray Jerónimo de Alcalá, conocedor de las tradiciones indígenas. Se cree que a petición del primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, con la información que proporcionaron viejos sacerdotes indígenas. La Relación de Michoacán es una de las obras más completas sobre el origen y las tradiciones del pueblo purépecha. Por la riqueza de su contenido la Relación de Michoacán es una fuente indispensable para los estudios sobre los tarascos y los primeros años del Michoacán colonial.

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Seitenzahl: 435

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Jerónimo de Alcalá

Relación de Michoacán Edición de Leoncio Cabrero Fernández

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: Relación de Michoacán.

© 2024, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-444-2.

ISBN tapa dura: 978-84-9816-698-9.

ISBN ebook: 978-84-9897-541-3.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 11

La vida 11

Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán 13

Hecha al ilustrísimo señor don Antonio de Mendoza, virrey y gobernador desta Nueva España por su majestad 13

Prólogo 13

Primera parte 19

Segunda parte 23

I 23

II. De cómo empezaron a poblar los antecesores del cazonci 25

III. De cómo mataron en este lugar sus cuñados a este señor llamado Ticátame 31

IV. Cómo en tiempo destos dos señores postreros tuvo su cu Xarátanga en Uayameo cómo se dividieron todos por un agüero 34

V. De cómo los dos hermanos señores de los chichimecas hícieron su vivienda cerca de Pátzcuaro, y tomaron una hija de un pescador y se casó uno dellos con ella 37

VI. Cómo los señores de la laguna supieron de la mujer que llevaron los chichimecas, y cómo les dieron sus hijas por mujeres 42

VII. Cómo hallaron el lugar deputado para sus cúes y cómo pelearon con los de Curínguaro, y los desafiaron 45

VIII. Cómo enviaron los de Curínguaro una vieja con engaño a saber si murieron de las heridas los señores de los chichimecas, y cómo los quisieron matar por engaño los de Curínguaro en una celada 47

IX. Cómo los de Curínguaro quisieron matar a los señores de los chichimecas en una celada, y se libraron della y después murieron en otra celada 50

X. Cómo le avisaban y enseñaban los sacerdotes susodichos a Taríacuri (Taríacuri), y cómo puso flechas en los términos de sus enemigos 55

XI. Cómo el señor de la isla, llamado Caricaten, pidió socorro a otro señor llamado Zurumban contra Taríacuri, que le tenía cercado en su isla, y fue enviado un sacerdote llamado Naca a hacer gente de guerra 59

XII. Cómo Quarácuri avisó a Taríacuri y fue tomado el sacerdote Naca en una celada 62

XIII. Cómo Taríacuri mandó cocer a Naca y le dio a comer a sus enemigos 68

XIV. Cómo Zurumban hizo deshacer las casas a los de Taríacuri, y cómo fueron flechados dos señores primos de Taríacuri y sacrificadas sus hermanas 71

XV. Cómo se casó Taríacuri con una hija del señor de Curínguaro y fue mala mujer 76

XVI. Cómo vinieron los amigos desta mujer y cómo se emborracharon con ella y de la falsedad que levantaron a Taríacuri 81

XVII. Cómo Taríacuri sintió mucho, cómo no le guardaba lealtad su mujer, y cómo se casó con otra por consejo de una su tía 85

XVIII. Cómo se sintió afrentado el suegro primero de Taríacuri porque dejó su hija, y le tomó un cu y fueron sacrificados los enemigos de Taríacuri 93

XIX. Cómo los cuñados de Taríacuri de la mujer primera de Curínguaro le enviaron a pedir plumajes ricos, y oro, plata, y otras cosas, y de la respuesta que dio a los mensajeros 97

XX. Cómo Taríacurí buscaba sus sobrinos Hirípan y Tangáxoan que se habían ido a otra parte, y de la pobreza que tenía su madre con ellos 100

XXI. Cómo Taríacuri envió a llamar su hijo Curátame de Curínguaro y de las diferencias que tuvo con él 108

XXII. Cómo Taríacuri avisó a sus sobrinos y les dijo cómo habían de ser señores y cómo había de ser todo un señorío y un reino por el poco servicio que hacían a los dioses los otros pueblos y por los agüeros que habían tenido 113

XXIII. Cómo los isleños enviaron un principal llamado Zapiuátame a ponerse debajo del mando de Taríacuri y fue preso, y cómo andaban paciendo saltos Hirípan y Tangáxoau con su gente 122

XXIV. Cómo Curátame envió por Hirípan y Tangáxoan que hacían penitencia en una cueva y de la respuesta que dieron 127

XXV. Cómo Taríacuri dio a su sobrinos e hijo una parte de su Dios Curicaueri, y cómo los quiso flechar, por unos cúes que hicieron, y de la costumbre que tenían los señores entre sí, antes que muriesen 131

XXVI. Cómo Taríacuri mandó matar su hijo Curátame, a Hirípan y Tangáxoan, porque se emborrachaba: y le mataron después de borracho 136

XXVII. Cómo aparecieron entre sueños el Dios Curicaueri a Hirípan, y la diosa Xaratanga a Tangáxoan y les dijeron que habían de ser señores 139

XXVIII. Cómo los del pueblo de Itziparamucu pidieron ayuda a los de Curínguaro y del agüero que tuvieron los de ltziparámucu 143

XXIX. Cómo Taríacuri envió sus sobrinos amonestar y avisar un cuñado suyo, que no se emborrachase, y cómo los recibió mal, y a la vuelta lo que le aconteció a Hirípan con un árbol en el monte 147

XXX. Cómo Taríacuri mostró a sus sobrinos e hijo la manera que habían de tener en la guerra y cómo les señaló tres señoríos y cómo destruyeron el pueblo a aquel señor llamado Hiuacha 152

XXXI. Cómo Hirípan y Tangáxoan e Hiquíngare conquistaron toda la provincia con los isleños, y cómo la repartieron entre sí y de lo que ordenaron 155

XXXII. De la plática y razonamiento que hacía el sacerdote mayor a todos los señores y gente de la provincia, acabando esta historia pasada, diciendo la vida que habían tenido sus antepasados 160

XXXIII. De un hijo de Taríacuri llamado Tamapu checa que cautivaron y cómo lo mandó matar su padre 163

XXXIV. De cómo fue muerto un señor de Curínguaro por una hija de Taríacuri 165

XXXV. De los señores que hubo después de muertos Hirípan y Tangáxoan e Hiquíngare 169

Tercera parte 173

I. De la gobernación que tenía y tiene esta gente entre sí 173

II. En los cúes había estos sacerdotes siguientes 179

III. De los oficios de dentro de su casa del cazonci 181

IV. De las entradas que hacían en los pueblos de sus enemigos 184

V. Cómo destruían o combatían los pueblos 187

VI. Cuando metían alguna población a fuego y sangre 194

VII. De los que morían era la guerra 195

VIII. De la justicia que hacía el cazonci 196

IX. De la muerte de los caciques y cómo se ponían otros 197

X. De la manera que se casaban los señores 202

XI. Los señores entre sí, se casaban desta manera 204

XII. De la manera que se casaba, la gente baja 207

XIII. Síguese más del casamiento destos infieles en su tiempo 208

XIV. De los que se casaban por amores 208

XV. Del repudio 210

XVI. Cómo moría el cazonci y las ceremonias con que le enterraban 212

XVII. Cómo hacían otro señor y los parlamentos que hacían 216

XVIII. Razonamiento del Papa y sacerdote mayor y del presente que traían al cazonci nuevo 219

XIX. De los agüeros que tuvo esta gente y sueños, antes que viniesen los españoles a esta provincia 223

XX. De la venida de los españoles a esta provincia, según me lo contó don Pedro, que es ahora gobernador, y se halló en todo, y como Moctezuma, señor de México, envió a pedir socorro al cazonci Zuangua, padre del que murió ahora 230

XXI. Cómo echaban sus juicios, quién era la gente que venía y los venados que traían según su manera de decir 234

XXII. Cómo volvieron los nautlatos que habían ido a México y las nuevas que trajeron, y cómo murió luego Zuangua de las viruelas y sarampión 236

XXIII. Cómo alzaron otro rey y vinieron tres españoles a Michoacán y cómo los recibieron 239

XXIV. Cómo oyeron decir de la venida de los españoles, y cómo mandó hacer gente de guerra el cazonci, y cómo fue tomado don Pedro que la iba a hacer a Taximaroa 242

XXV. Cómo el cazonci con otros señores se querían ahogar en la laguna de miedo de los españoles por persuación de unos principales y se lo estorbó don Pedro 246

XXVI. Del tesoro grande que tenía el cazonci, y dónde lo tenía repartido; y cómo llevó don Pedro al marqués docientas cargas de oro y plata, y de cómo mandó matar el cazonci unos principales porque le habían querido matar 250

XXVII. De lo que decían los indios luego que vinieron españoles y religiosos y de lo que trataban entre sí 260

XXVIII. Cómo fue preso el cazonci y del oro y plata que dio a Nuño de Guzmán. Esta relación es de don Pedro Gobernador 263

XXIX. Cómo vino Nuño de Guzmán a conquistar a Jalisco y [ilegible] hizo quemar el cazonci 268

Libros a la carta 277

Brevísima presentación

La vida

El manuscrito original de la Relación de Michoacán se conserva en la Biblioteca de El Escorial, se cree que el autor era un fraile franciscano conocedor de las tradiciones indígenas. Según se aprecia, el autor se considera un intérprete de las numerosas referencias aquí contenidas y todo indica que dominaba la lengua purépecha.

En nuestros tiempos los investigadores atribuyen la autoría del texto a fray Jerónimo de Alcalá, aunque aún existen ciertas dudas al respecto; se cree que Jerónimo nació en Vizcaya, alrededor de 1508 y que murió hacia 1545. Se sabe con certeza que llegó a la Nueva España en 1530 y es muy posible que, tras aprender la lengua autóctona, recibiese el encargo del virrey Mendoza de redactar la Relación de Michoacán, uno de los libros más completos sobre el origen y las tradiciones del pueblo purépecha.

Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán

Hecha al ilustrísimo señor don Antonio de Mendoza, virrey y gobernador desta Nueva España por su majestad

Prólogo

Es un dicho muy común que dice: que naturalmente desean todos saber, y para adquirir esta ciencia se consumen muchos años revolviendo libros, y quemándose las cejas y andando muchas provincias, y deprendiendo muchas lenguas por inquirir y saber, como hicieron muchos gentiles, como lo relata y cuenta más por extenso el bienaventurado San Jerónimo en el prólogo de la Biblia. Vínome pues un deseo natural como a los otros, de querer investigar entre estos nuevos cristianos, qué era la vida que tenían en su infidelidad, qué era su creencia, cuáles eran sus costumbres y su gobernación, de dónde vinieron, y muchas veces lo pensé entre mí de preguntallo e inquirillo, y no me hallaba idóneo para ello, ni había medios para venir al fin e intento que yo deseaba; lo uno por la dificultad grande que era, en que esta gente no tenía libros; lo otro de carecer de personas antiguas y que desto tenían noticia; lo otro por el trabajo grande que era y desasosiego que traen estas cosas consigo, porque los religiosos tenemos otro intento, que es plantar la fe de Cristo y pulir y adornar esta gente con nuevas costumbres y tornallos a fundir si posible fuese, para hacellos hombres de razón después de Dios. Ya yo tenía perdida la esperanza deste mi deseo, si no fuera animado por las palabras de Vuestra Señoría Ilustrísima que viniendo la primera vez a visitar esta provincia de Michoacán, me dijo dos o tres veces, que por qué no sacaba algo de la gobernación desta gente. Después que vi a Vuestra Señoría inclinado a lo mismo que yo, concebí en mí, que Vuestra Ilustrísima Señoría daría favor a mi deseo, y por hacelle algún servicio, aunque balbuciendo de poner la mano para escribir algo por relación de los más viejos y antiguos desta provincia, por mostrar a Vuestra Señoría, como en dechado, las costumbres desta gente de Michoacán para que Vuestra Señoría las favorezca rigiéndolos por lo bueno que en su tiempo tenían, y apartándoles lo malo que tenían y apenas se verá, en toda esta escritura, una virtud moral, mas ceremonias e idolatrías y borracheras y muertes y guerras.

Yo no he hallado otra virtud, entre esta gente, si no es la liberalidad; que, en su tiempo, los señores tenían por afrenta ser escasos; y digo, que apenas hay otra virtud entre ellos, porque aun nombre propio para ninguna de las virtudes tienen, donde parece que no las obraban, porque para decir castidad, se ha de decir por rodeo en su lengua, y así de otras virtudes como es templanza, caridad, justicia, que aunque tengan algunos nombres, no las entienden, como carecía esta gente de libros. Y en muchas cosas acertaran, si se rigieran según el dictamen de la razón; mas como la tienen todos tan afoscada con sus idolatrías y vicios, casi por yerro hacían alguna buena obra. Y permite Nuestro Señor que como les provee de religiosos, que dejando en Castilla sus enterramientos y sosiego espiritual, les inspira que pasen a estas partes y se abajen, no solamente a predicalles según su capacidad, mas aun de enseñarles las primeras letras, y no solamente esto, mas aun abajarse a su poquedad de ellos y hacerse a todos todas las cosas, como dice el apóstol San Pablo de sí; así les provee cada día quien les muestre las virtudes morales, como proveyó en Vuestra Ilustrísima Señoría para la administración y gobernación y regimiento desde Nuevo Mundo; y esto digo, sin saber de aplacer a los oídos, porque no conviene a religiosos tener tal intento, y lo que es notorio a todos, y la verdad no se ha de encubrir, porque Vuestra Señoría parece ser electo de Dios para la gobernación desta tierra, para tener a todos en paz, para mantener a todos en justicia, para oír a chicos y grandes, para desagraviar a los agraviados; y bien está la prueba clara, pues el aposento de Vuestra Señoría, está patente a chicos y a grandes, y todos se llegan con tanta confianza a la presencia de Vuestra Señoría, que quitando sus recreaciones y pasatiempos de señor, da audiencia todo el día hasta la noche, a unos y a otros, que aun hasta los religiosos estamos casi admirados de la constancia de Vuestra Señoría y podemos decir de Vuestra Señoría, que hace más en sustentar y conservar lo conquistado, que fue en conquistallo de nuevo, porque en lo primero fue trabajo de algunos días, y en esto, trabajo de muchos años: en el primero se alaba la animosidad del corazón, en Vuestra Señoría se alaba la benignidad para con todos, el gran talento que Vuestra Señoría tiene para regir, la prudencia en todas las cosas, la afabilidad para con todos, no perdiendo la autoridad y gravedad que el oficio requiere, el celo para que se plante en esta gente nuestra religión cristiana, por lo cual permite Nuestro Señor que corresponda esta gente con amor y temor y reverencia que todos tienen a Vuestra Señoría en esta provincia y en todas las otras desta Nueva España, que aun solas las palabras de Vuestra Señoría tienen por mandamientos, viendo cómo Vuestra Señoría los trata, y cómo los conserva y tiene a todos en tanta paz y tranquilidad. Lo cual no así tan fácilmente se hacía en su infidelidad, porque por la menor desobediencia que tenían a sus señores, les costaban las vidas y eran sacrificados, y lo que no podían acabar con tanta rigurosidad que les fuesen obedientes, alcanza ahora Vuestra Señoría Ilustrísima con tanta mansedumbre, por lo cual es de dar gracias a Nuestro Señor y admirarnos del gran ánimo de Vuestra Señoría, el cual el Espíritu Santo alumbra y reparte sus dones, tan a la clara y palpablemente, que chicos y grandes lo sienten. Pues Ilustrísimo Señor, esta escritura y relación presentan a Vuestra Señoría los viejos desta ciudad de Michoacán, y yo también en su nombre, no como autor, sino como intérprete dellos, en la cual Vuestra Señoría verá que las sentencias van sacadas al propio de su estilo de hablar, y yo pienso de ser notado mucho en esto, mas como fiel intérprete no he querido mudar de su manera de decir, por no corromper sus sentencias; y en toda esta interpretación, he guardado esto, sino ha sido algunas sentencias y muy pocas que quedarían faltas y diminutas si no se añadiese algo, y otras sentencias van declaradas, porque las entiendan mejor los lectores, como es esta manera de decir: no cuche he pu hucarixacan, que quiere decir en nuestro romance, al pie de la letra: no tenemos cabezas con nosotros; y no lo toman ellos en el sentido que nosotros, mas entendían en su tiempo, cuando estaban en alguna aflicción, o pensaban ser cautivados de sus enemigos, y que les cortarían las cabezas, y las pondrían en unos varales, juzgábanse que ya las tenían cortadas, y por eso decían, que no tenían cabezas consigo. En la manera del rodar las sentencias hay que notar que no llevan tantos vocables equívocos en tanta abundancia como en nuestra lengua. A esto digo que yo sirvo de intérprete de estos viejos, y haga cuenta que ellos lo cuentan a Vuestra Señoría Ilustrísima y lectores, dando relación de su vida y ceremonias y gobernación y tierra. Illustrísimo Señor, Vuestra Señoría me dijo que escribiese de la esta provincia, yo porque aprovechase a los religiosos que entienden en su conversión, saqué también dónde vinieron sus dioses más principales y las fiestas que les hacían, lo cual puse en la primera parte; en la segunda parte puse cómo poblaron y conquistaron esta provincia los antepasados del Cazonci, y en la tercera la gobernación que tenían entre sí, hasta que vinieron los españoles a esta provincia y hace fin en la muerte del Cazonci (hay dos medias líneas borradas).

Vuestra Señoría haga pues enmendar y corregir y favorezca esta escritura, pues se empezó en su nombre y por su mandamiento, porque esta lengua y estilo parezca bien a los lectores y no echen al rincón lo que con mucho trabajo se tradujo en la nuestra castellana. Lo que aviso más a los lectores, que usen los interrogantes que llevare esta escritura y relación, y se hagan a la manera de hablar desta gente, si quieren entender su manera de decir, porque por la mayor parte hablan por interrogante, en lo que hablan por negación.

Primera parte

El siguiente día después de la fiesta, llegábanse todas las mujeres del pueblo cerca del fuego que estaba allí, y tostaban maíz y hacían cacalote, y lo comían allí todas emborrachándose, y tomaban aquel maíz tostado y echabanlo en miel, y entraban luego unos que bailaban un baile llamado parácata uaraqua, y bailaban el dicho baile en el patio que estaba cercado de tablas, o en las casas de los papas, y el sacerdote desta diosa bailaba allí ceñido una culebra hechiza con una mariposa hecha de papel.

SICUINDIRO

Cinco días de esta fiesta, se llegaban los sacerdotes de los pueblos susodichos, con sus dioses, y venían a la fiesta, y entraban en las casas de los papas los bailadores llamados cesquárecha, y otros dos sacerdotes llamados hauripitzípecha, y ayunaban hasta el día de la fiesta, y la víspera de la fiesta, señalaban en los pechos los sacerdotes dos esclavos o delincuentes que habían de sacrificar el día de la fiesta, y el día de la fiesta bailaban los dichos bailadores con sus rodelas de plata a las espaldas y lunetas de oro al cuello, y venían dos principales a aquel baile, y éstos representaban las nubes blanca y amarilla, colorada y negra, disfrazándose para representar cada nube destas, habiendo de representar la nube negra, vestíanse de negro, y así de las otras, bailaban éstos allí con los otros, y otros cuatro sacerdotes que representaban otros dioses que estaban con la dicha Cuerauáperi y sacrificaban los dichos esclavos, y en sacando los corazones, hacían sus ceremonias con ellos, y así calientes como estaban, los llevaban a las fuentes calientes del pueblo de Araró desde el pueblo de Zinapéquaro, y echábanlos en una fuente caliente pequeña, y atapábanlos con tablas, y echaban sangre en todas las otras fuentes que están en el dicho pueblo, que eran dedicadas a otros dioses que estaban allí; y aquellas fuentes echan baho de sí, y decían que de allí salían las nubes para llover, y que las tenía en cargo esta dicha diosa Cuerauáperi, y que ella las enviaba de Oriente, donde estaba, y por este respeto echaban aquella sangre en las dichas fuentes. Después de hecho el sacrificio; salían aquellos dos, llamados hauripitzípecha, que quiere decir quitadores de cabellos, y andaban tras la gente, hombres y mujeres, y cortábanles los cabellos con unas navajas de la tierra, y éstos andaban todos embixados de colorado, y unas mantas delgadas en las cabezas, y tomaban de aquellos cabellos que habían quitado, y metíanlos en la sangre de los que habían sacrificado y echábanlos en el fuego, y después el siguiente día bailaban vestidos con los pellejos de los esclavos sacrificados, y emborrachábanse cinco días, y por el mes de charapu tzpai, llevaban ofrendas por los dichos sacrificados, y en otra fiesta, llamada Caheri uapánsquaro bailaban con unas cañas de maíz a las espaldas. Iba esta diosa en dos fiestas con sus sacerdotes a la ciudad de Michoacán, por la fiesta de Cuingo y Curíndaro y allí le daban dos esclavos en ofrenda, para su sacrificio.

Asimismo esta diosa Cuerauáperi se revestía en alguno de improviso y caíase amortecido, y después íbase él mismo a que le sacrificasen, y dábanle a beber mucha sangre, y bebíala, y entraba en hombres y mujeres y éstos que así tomaba de dos o tres pueblos, de tarde en tarde, se los sacrificaban diciendo que ella misma los había escogido para su sacrificio. Era tenida en mucho en toda esta provincia, y nombrada en todas sus fábulas y oraciones, y decían que era madre de todos los dioses de la tierra y que ella los envió a morar a las tierras, dándoles mieses y semillas que trajesen, como se ha contado en sus fábulas. Tenía sus cúes en el pueblo de Araró y otros pueblos, y su ídolo principal en un cu, que está en el pueblo de Zinapéquaro, encima de un cerro, donde parece hoy en día derribado, y decía la gente que esta diosa enviaba las hambres a la tierra.

Segunda parte

Síguese la historia. Cómo fueron señores el cazonci y sus antepasados en esta provincia de Michoacán. De la justicia general que se hacía

I

Había una fiesta llamada Equataconsquaro que quiere decir de las flechas. Luego el siguiente día después de la fiesta, hacíase justicia de los malhechores que habían sido rebeldes o desobedientes y echábanlos a todos presos en una cárcel grande, y había un carcelero diputado para guardallos, y eran éstos los que cuatro veces habían dejado de traer leña para los fogones. Cuando el cazonci enviaba mandamiento general por toda la provincia que trajesen leña, a quien la dejaba de traer le echaban preso.

Y eran éstos los espías de la guerra; los que no habían ido a la guerra o se volvían della sin licencia; los malhechores, los médicos que habían muerto alguno; las malas mujeres; los hechiceros; los que se iban de sus pueblos y andaban vagamundos; los que habían dejado perder las sementeras del cazonci por no deshierballas, que eran para las guerras; los que quebraban los maguéis; y a los pacientes en el vicio contra natura. A todos estos echaban presos en aquella cárcel, que fuesen vecinos de la ciudad y de todos los otros pueblos y a otros esclavos desobedientes, que no querían servir a sus amos, y a los esclavos que dejaban de sacrificar en sus fiestas. A todos estos susodichos llamaban úazcata y si cuatro veces habían hecho delitos, los sacrificaban. Y cada día hacían justicia de los malhechores, mas una hacían general, este dicho día, veinte días antes de la fiesta, hoy uno, mañana otro, hasta que se cumplían los veinte días borrado Y el marido que tomaba a su mujer con otro, les hendía las orejas a entrambos, a ella y al adúltero, en señal que los había tomado en adulterio. Y les quitaba las mantas y se venían a quejar, y las mostraba al que tenía cargo de hacer justicia, y era creído, con aquella señal que traía. Si era hechicero traían la cuenta de los que había hechizado y muerto, y si alguno había muerto, su pariente del muerto, cortábale un dedo de la mano y traíale revuelto en algodón y veníase a quejar. Si había arrancado el maíz verde uno a otro, traía de aquellas cañas para ser creídos y los ladrones que dicen los médicos que habían visto los hurtos en una escudilla de agua o en un espejo: de todos éstos, se hacía justicia, la cual hacía el sacerdote mayor por mandado del cazonci. Pues venido el día desta justicia general, venía aquel sacerdote mayor llamado Petámuti, y componíase. Vestíase una camiseta llamada ucata tararénguequa negra, y poníase al cuello unas tenazillas de oro y una guirnalda de hilo en la cabeza, y un plumaje en un tranzado que tenía como mujer, y una calabaza a las espaldas, engastonada en turquesas, y un bordón o lanza al hombro, e iba gobernador del cazonci, y asentábase en su silleta, que ellos usan, y venían allí todos los que tenían oficios del cazonci, y todos sus mayordomos que tenían puestos sobre las sementeras de maíz y frísoles y axi y otras semillas, y el capitán general de la guerra, que lo era algunas veces aquel su gobernador, llamado Angatácuri, y todos los caciques, y todos los que se habían querellado, y traían al patio todos los delincuentes, unos atadas las manos atrás, otros unas cañas al pescuezo. Y estaba en el patio muy gran número de gente, y traían allí una porra, y estaba allí el carcelero, y como se asentase en su silla, aquel sacerdote mayor llamado Petámuti, oye las causas de aquellos delincuentes, desde por la mañana, hasta mediodía, y consideraba si era mentira lo que se decía de aquellos que estaban allí presos, y si dos o tres veces hallaba que habían caído en aquellos pecados susodichos, perdonábalos, y dábalos a sus parientes; y si eran cuatro veces, condenábalos a muerte. Y desta manera estaba oyendo causas todos aquellos veinte días, hasta el día que había de hacer justicia él y otro sacerdote que estaba en otra parte. Si era alguna cosa grande, remetíanlo al cazonci, y hacíanselo saber. Y como se llegase el día de la fiesta, y estuviesen todos aquellos malhechores en el patio con todos los caciques de la provincia, y principales, y mucho gran número de gente, levantábase en pie aquel sacerdote mayor, y tomaba su bordón o lanza, y contábales allí toda la historia de sus antepasados: cómo vinieron a esta provincia y las guerras que tuvieron, al servicio de sus dioses; y duraba hasta la noche borrado que no comían, ni bebían él, ni ninguno de los que estaban en el patio. Y porque no engendre hastío la repartiré en sus capítulos, e iré declarando algunas sentencias, lo más al propio de su lengua, y que se pueda entender. Esta historia sabía aquel al patio del cazonci así compuesto, con mucha gente de la ciudad y de los pueblos de la provincia; e iba con él el sacerdote mayor y enviaba otros sacerdotes menores por la provincia, para que la dijesen por los pueblos, y dábanles mantas los caciques. Después de acabada de recontar, se hacía justicia de todos aquellos malhechores.

II. De cómo empezaron a poblar los antecesores del cazonci

Empezaba así aquel sacerdote mayor: «Vosotros los del linaje de nuestro Dios Curicaueri, que habéis venido, los que os llamáis Eneani y Tzacapu hireti, y los reyes llamados Uanacaze, todos los que tenéis este apellido, ya nos habemos juntado aquí en uno, donde nuestro Dios Tirípeme Curicaueri se quiere quejar de vosotros, y ha lástima de sí. El empezó su señorío, donde llegó al monte llamado Uringuaran pexo, monte cerca del pueblo de Tzacaputacanendan. Pues pasándose algunos días como llegó aquel monte, supiéronlo los señores llamados zizambanecha. Estos que aquí nombro, eran señores de un pueblo llamado Naranjan cerca desta ciudad. También es de borrado saber, que lo que va aquí contando en todo su razonamiento este papa, todas las guerras y hechos atribuía a su Dios Curicaueri que lo hacía, y no va contando más de los señores, y casi las más veces nombra los señores, qué decían, o hacían, y no nombra la gente, ni los lugares, dónde hacían su asiento y vivienda y lo que se colige desta historia es que los antecesores del cazonci vinieron, a la postre, a conquistar esta tierra y fueron señores della. Extendieron su señorío, y conquistaron esta provincia, que estaba primero poblada de gente mexicana, naguatatos y de su misma lengua, que parece que otros señores vinieron primero y había en cada pueblo su cacique con su gente y sus dioses por sí. Y como la conquistaron, hicieron un reino de todo, desde el bisabuelo del cazonci pasado, que fue señor en Michoacán, como se dirá en otra parte».

Dice pues la historia: Sabiendo pues el señor de aquel pueblo de Naranjan, llamado Ziranzirancamaro que era venido a aquel monte susodicho Hireti ticátame y que había traído allí a Curicaueri su Dios en Uringuaran pexo, dijeron a este señor de Naranja: «Hiretiticátame trae leña para los fogones de Curicaueri». Todo el día y la noche ponen incienso en los braseros o piras los sacerdotes y hacen la ceremonia de la guerra y van a los dioses de los montes.

Dijo a los suyos: «Mirad que muy altamente ha sido engendrado Curicaueri y con gran poder ha de conquistar la tierra. Aquí tenemos una hermana; llevádsela y ésta no la damos a Hireti ticátame, mas a Curicaueri y a él le decimos lo que dijéramos a Hireti ticátame, y hará mantas para Curicaueri y mantas para abrigalle y mazamorras y comida para que ofrezcan a Curicaueri e Hireti ticátame, que trairá leña del monte para los fogones: tomarále el cincho y el petate que se pone a las espaldas y la hacha con que corta la leña, porque de contino anda con los dioses de los montes, llamados Angamucuracha, para hacer flechas para andar a caza. Y tomarále el arco cuando venga de caza, y después que hubiere hecho mantas y ofrenda a Curicaueri, hará mantas y de comer para su marido Ticátame, para que se ponga a dormir al lado de Curicaueri, y le aparte el frío y le haga de comer, después de hechas las ofrendas, porque tenga fuerza para llegarse a los dioses de los montes llamados Angamu curacha Esto diréis al señor Hireti ticátame porque ha de conquistar la tierra Curicaueri. Y como fueron los mensajeros, llevaron aquella señora a Ticátame, y díjoles: “¿A qué venís, hermanos?”. Dijéronle ellos: “Tus hermanos llamados Zizambanecha nos envían a ti, y te traemos esta señora que es su hermana”». Y contáronle todo lo que decíen, y respondió él: «Esto que dicen mis hermanos, todo es muy bien: seáis bienvenidos». Y pusieron allí la señora y díjoles: «Muy liberalmente lo dicen mis hermanos: he aquí esta señora que habéis traído, y esto que me habéis venido a decir, no lo decís a mí, mas a Curicaueri, que está aquí, al cual habéis dicho todo esto, que a él ha de hacer mantas y ofrendas, y después me las hará a mí, para que le ataje el frío puesto a su lado y de comer, para que tenga fuerza para ir a los dioses de los montes llamados Angamu curacha, como decís. Asentaos y daros han de comer». Y como les diesen de comer, metieron la señora, y después de haber comido, pidieron licencia los mensajeros y dijeron: «Señor, ya habemos comido: danos licencia que nos queremos tornar». Respondió Ticátame: «Esperaos, sacarános algunas mantas». Y despidiólos y díjoles a la partida: «Una cosa os quiero decir, que digáis a vuestros señores, y es que ya saben cómo yo con mi gente ando en los montes trayendo leña para los cúes, y hago flechas y ando al campo por dar de comer al Sol y a los dioses celestes, y de las cuatro partes del mundo, y a la madre Cuerauáperi, con los venados que flechamos, y yo hago la salva a los dioses con vino, y después bebemos nosotros en su nombre, y acontece algunas veces, que flechamos algunos venados sobre tarde, y seguímoslos y así los dejamos y por ser de noche, ponemos alguna señal por no perder el rastro, y atamos algunas matas. Mirá que no toméis aquellos venados que yo he flechado, porque yo no los tomo para mí, mas para dar de comer a los dioses. Juntaos todos y avisaos unos a otros desto que os digo, y mirad que no me los toméis, ni llevéis, porque sobre esto ternemos rencillas y reñiremos. No lleguéis a ellos, mas en topando algunos destos venados heridos, cobrildos con algunas ramas, y bien que comeréis la carne y haréis la salva a los dioses, mas no llevéis los pellejos, y los en buen hora». Pasados algunos días que moraba en aquel monte Hiretiticátame, tuvo un hijo en aquella señora, llamado Sicuirancha, y yendo un día a caza Ticátame, flechó un venado en aquel dicho monte de Uringuaran pexo y no le acertando bien, fuése herido y siguióle y como fuese de noche ató unas matas por señal y vínose a su casa y fuése a las casas de los papas, a velar aquella noche, y a la mañana andaba aparejando para tornarse a buscar su venado herido, y como la anduviese buscando por el rastro, no le hallaba, porque se fue a una sementera de Queréquaro a morir, lugar cerca de Tzacapu. Y era por la fiesta de Uapánsquaro a 25 de octubre y salieron a coger mazorcas de maíz las mujeres para la fiesta, y dieron sobre él y viéronle que estaba muerto en aquella sementera, y entrando en su casa las que lo vieron, dijeron: «Andad acá; vamos, que está un venado muerto en la sementera». E hiciéronlo saber a su cacique, llamado Zizamban y fue toda su casa y asieron el venado y metiéronle en su casa, y como anduviese en el rastro del venado Hireti ticátame por el rastro, y viese unas aves como milanos que andaban en torno de donde había estado el venado, que iba buscando por rastro; y así de improviso llegó a donde había estado el venado, que estaba todo aquel lugar ensangriento, y dijo: «Ay, que me han tomado el venado; aquí cayó; ¿dónde le llevaron?». E iba mirando por donde llevaron el venado, y llegó de improviso donde le estaban desollando, y no le sabían desollar, que hacían pedazos el pellejo; y llegando a ellos, díjoles: «¿Qué habéis hecho, cuñados? ¿Por qué habéis llegado a mi venado, que ya os avisé dello, que no me tocásedes a los venados que yo flechase, con mi gente? Y no se me diera nada que os comiérades la carne, que no era mucho; empero más lo he por el pellejo, porque le habéis rompido todo, que no es pellejo, ni sirve de pellejo, sino de mantas, porque los corrimos y ablandamos y envolvemos en ellos a nuestro Dios Curicaueri». Respondieron los otros señores: «¿Qué decís, señor? Cómo ¿no tenemos nosotros arcos y flechas, y las traemos con nosotros para matar venados?». Díjoles Hireti ti cátame: «¿Qué decís? He aquí mis flechas, que yo las conozco». Y fuése al venado y sacóle una flecha que tenía en el cuerpo, y díjoles: «Mira esta flecha que yo la hice». Y los otros enojándose de oír aquello, empujáronle y dieron con él en el suelo, y Ticátame, como quien era águila Uacúsecha, enojóse y sacó una flecha de su aljaba, armó su arco y tirósela a un cuñado suyo de aquéllos, e hirióle en las espaldas, y luego a otro y tornóse a su casa. Y saludóle su mujer y díjole: «Seáis bienvenido, señor padre de Sicuirancha». Y él, asimismo, la saludó y díjole: «Toma tu hato, y vete a tu casa, a tus hermanos, y no lleves a mi hijo Sicuirancha, que yo le tengo de llevar conmigo, que me quiero mudar a un lugar llamado Zichaxúquaro, y llevaré allí a Curicaueri: Vete a tu casa». Respondióle su mujer y dijo: «¿Qué decís, señor? ¿Por qué me tengo de ir?». Y díjole Ticátame: «No, sino que te has de ir, porque he flechado a tus hermanos». Díjole ella: «¿Qué dices? ¿Por qué los flechaste? ¿Qué te hicieron?». Díjole Ticátame: «¿Qué me habían de hacer? No fue más, de que me llegaron a un venado que les había avisado en blanco que no me tocasen a los venados que yo flechase. Sube en la trox y entra dentro y saca a Curicaueri, que le quiero llevar». Díjole su mujer: «Señor, yo no me quiero ir a mis hermanos, mas contigo me tengo de ir. ¿Cómo no se hará hombre mi hijo Sicuirancha y quizá me flechará con los míos?». Y díjole Ticátame: «Sí, anda acá, vámonos». Y sacando el arca donde estaba Curicaueri, lióla y echósela a las espaldas. Y su mujer tomó el hijo a cuestas y así se partieron y abajaron del monte, y llegando a un lugar llamado Queréquaro, díjole su mujer: «Señor, tú llevas a Curicaueri en tu favor y ayuda, ¿pues, qué será de mí? En mi casa está un Dios llamado Uazoríquare: ¿no te esperaríes aquí un poco y subiré hacia el monte, y tomaría siquiera alguna manta de mi Dios, y la pondría en el arca para tener por Dios y guardalla?». Díjole Ticátame: «Sea así como dices: ve que también ese Dios que dices es muy liberal y da de comer a los hombres». Y como fuese la mujer, subió por un recuesto y llegó al lugar donde estaba aquel Dios, y no solamente tomó, como ella dijo, una manta, mas tomó el ídolo y envolvióle en la manta y trájole a donde estaba Ticátame, el cual le dijo: «Seas bienvenida, madre de Sicuirancha». Y ella asimismo le saludó y díjole Ticátame: «¿Traes la manta por que fuiste?». Dijo ella: «Sí, y traigo también al Dios Uazoríquare». Y díjole Ticátame: «Tráigale en buen hora: muy hermoso es; estén aquí juntos él y Curicaueri». Y púsole en el arquilla que iba Caricaueri, y así moraron en uno y llegaron al lugar donde iba, llamado Zichaxúquaro, donde hicieron sus casas y un cu que está hoy en día derribado.

III. De cómo mataron en este lugar sus cuñados a este señor llamado Ticátame

Pues como Ticátame llegase a Zichaxúquaro, un lugar poco más de 3 leguas de la ciudad de Michoacán, pasándose algunos días que era ya hombre Sicuirancha hijo de Ticátame, sus cuñados, acordándose de la injuria recibida, tomaron un collar de oro y unos plumajes verdes, y trajéronles a Oresta, señor de Cumanchen, para que se pusiese su Dios llamado Tares upeme, y pidieron ayuda para ir contra Ticátame y juntáronse sus cuñados con los de Cumanchen, e hicieron un escuadrón y en amaneciendo estaban todos en celada, puestos cabe un agua que está junto allí en el pueblo; y pusieron allí una señal de guerra, un madero todo emplumado, para que la viesen los de Ticátame y saliesen a pelear. Y como fuese muy de mañana, fue por un cántaro de agua, la mujer de Ticátame, y sus hermanos que estaban allí saludáronla en su lengua, que eran serranos, dijéronla: «¿Eres tú por ventura la madre de Sicuirancha?». Respondió ella: «Yo soy. ¿Quién sois vosotros que lo preguntáis?». Dijeron ellos: «Nosotros somos tus hermanos; ¿qué es de Ticátame, tu marido?». Respondió ella: «En casa está. ¿Por qué lo decís?». Respondieron ellos: «Bien está; venimos a probarnos con él, porque flechó a nuestros hermanos». Y la mujer, como oyó aquello, empezó a llorar muy fuertemente y arrojó allí el cántaro y fuése y entróse en su casa llorando. Díjole Ticátame: «¿Quién te ha hecho mal, madre de Sicuirancha? ¿Por qué vienes así llorando?». Respondió ella: «Vienen mis hermanos los que se llaman Zizambanecha y los de Cumanchen». Díjole Ticátame: «¿A qué vienen?». Respondió ella: «Dicen que a probarse contigo, porque flechaste sus hermanos». Dijo él: «Bien está: vengan y probarán mis flechas, las que se llaman hurespondi, que tienen los pedernales negros y las que tienen los pedarnales blancos y colorados y marillos. Estas cuatro maneras tengo de flechas, probarán una destas, a ver a qué saben, y yo también probaré sus varas que pelean, a ver a qué saben». Y viniendo sus cuñados, cercáronle la casa y Ticátame sacó unas arcas hacia fuera, y abriólas a priesa, que tenía de todas maneras de flechas en aquellas arcas guardadas, y como quisiesen entrar todos a una por la puerta, ataparon la puerta y Ticátame armaba su arco y tiraba de dos en dos las flechas y enclavaba a uno, y la otra pasaba alante a otro flechó a muchos y mató los que estaban allí tendidos, y siendo ya mediodía, acabó las flechas, no tenía con que tirar y traía su arco al hombro y dábales de palos con él, ellos arremetieron todos a una y enclavábanle con aquellas varas y sacáronle de su casa, arrastrando muerto, y pusieron fuego a su casa y quemáronle la casa, que el humo que andaba dentro había cerrado la entrada, y tomaron a Curicaueri, y llévaronselo y fuéronse, y no estaba allí Sicuirancha, que había subido al monte a cazar, y como vino su mujer y vido el fuego, empezó a dar gritos y andaba alrededor de los que estaban allí muertos y vido a su marido que estaba en el portal verdinegro de las heridas que le habían dado con las varas, y vino Sicuirancha, su hijo, y dijo: «Ay madre, ¿quién ha hecho esto?». Respondió la madre: «¿Quién había de hacer esto, hijo, sino tu tío y tu abuelo? Ellos son los que lo hicieron». Y dijo Sicuirancha: «Bien, bien, ¿pues qué es de Curicaueri, nuestro Dios?, ¿llévanle quizá?». Respondió ella: «Hijo, allá le llevan». Dijo él: «Bien está; quiero ir allá también, y que me maten. ¿A quién tengo que ver aquí?». Y fuese tras dellos. Iba dando voces, y Curicaueri dióles enfermedades a los que le llevaban, correncia y embriaguez y dolor de costado y estropeciamiento, de la manera que suele vengar sus injurias; y como les diese estas enfermedades, cayeron todos en el suelo, y estaban todos embriagados. Y llegó Sicuirancha donde estaba Curicaueri, que estaba en su caja, cabe el pie de una encina, y como vio la caja, dijo: «Aquí estaba Curicaueri, quizá le llevan». Y abrió el arca y sacóle y dijo: «Aquí está». Y llevaron una soga como sueltas, con que ataban los sativos para el sacrificio, y habían quitado de allí una argolla de oro y una soga, como sueltas que le dieron en el cielo, sus padres, y lleváronselo y dijo Sicuirancha: «Llévenselo, ¿para qué lo quieren? A quién han de dar de comer con ello? Ellos lo trairán algún día». Y tornó a su casa a Curicaueri, y vínose con toda su gente a Uayameo, lugar cerca de Santa Fe, la de la ciudad de Michoacán. Y fue señor allí e hizo un cu Sicuirancha, e hizo las casas de los papas y los fogones y hacía traer leña para los fogones, y entendía en las guerras de Curicaueri, y murió Sicuirancha, y enterráronle al pie del cu. Este Sicuirancha dejó un hijo llamado Pauácume, y fue señor allí, en Uayameo, y Pauácume engendró a Uápeni, y fue señor después de la muerte de su padre Pauácume, y tuvo un hijo llamado Curátame, y fue allí señor, en aquel mismo lugar, y andaba a caza con su gente, en un lugar llamado Pumeo, y en otro llamado Uirícaran y Pechátaro e Hirámuco, y llegaron hasta un monte llamado Pareo, y llegaron a otros lugares cazando, llamados Izti parazicuyo Changeyo Itziparazicuyo y hasta llegar a otro lugar llamado Curinguaro. Todos estos lugares son obra de una legua de la ciudad, o poco más.

Y como se tornasen a juntar todos en el pueblo que tenían sus cúes, llamado Uayameo, dijeron unos a otros: «Toda es muy buena tierra, donde habemos andado cazando: allí habíamos de tener nuestras casas» Y los otros que habían ido por la otra parte del monte, dijeron que era toda muy buena tierra. Y murió Curátame y fue enterrado al pie del cu. Cuatro señores fueron en Uayameo: Sicuirancha y Curátame, y Pauácume y Uápeani.

IV. Cómo en tiempo destos dos señores postreros tuvo su cu Xarátanga en Uayameo cómo se dividieron todos por un agüero

Muerto este señor pasado, dejó dos hijos que se llamaron de su nombre Uápeani y Pauácume. En este tiempo tenía ya su cu Xarátanga en Michoacán, y sus sacerdotes y señor llamado Taríaran, iban por leña a Tamataho, lugar cerca de Santa Fe, y sus sacerdotes, llamados Uatarecha, llevaban ofrenda de esta leña, algunas veces a Curicaueri, y había allí un camino y los chichimecas que tenían a Curicaueri, viendo esto, iban a un barrio de Michoacán, llamado Yauaro, y de camino llevaban esta leña a Xarátanga, en ofrenda a Michoacán. Y la leña que traían los unos y llevaban los otros, se encontraba en el camino. Y un día el señor que tenía a Xarátanga, con sus sacerdotes, bebiendo una vez mucho vino en una fiesta desta su diosa Xarátanga, empezaron a escoger de las mieses que había traído Xarátanga a la tierra, axí colorado y verde y amarillo, y de todas estas maneras de axí hicieron una guirnalda como la que solía ponerse el sacerdote de Xarátanga. Escogeron asimismo de los frísoles colorados y negros, y ensartáronlos unos con otros, y pusiéronselos en las muñecas, diciendo que eran las mieses de Xarátanga, que su sacerdote se solía poner. Y sus hermanas llamadas Patzim uaue y Zucur aue, escogieron destas dichas mieses, el maíz colorado y lo pintado, y ensartáronlo y pusiéronselo en las muñecas diciendo, que eran otras cuentas de Xarátanga. También escogeron de otras maneras de maíz, de lo blanco y de lo entreverado, y ensartáronlo y pusiéronselo al cuello, diciendo que eran sartales de Xarátanga. Y desplaciendo esto a la diosa, no se les pegó el vino que todo lo echaron y gomitaron y levantándose y tornando algo en sí, dijeron a sus hermanas: «¿Qué haremos, hermanas, que no se nos pegó el vino? Muy malos nos sentimos; id, si quisiéredes, a pescar algunos pececillos para comer y quitar la embriaguez de nosotros». Y como no tuviesen red para pescar, tomaron una cesta, y la una andaba con ella a la ribera, y la otra ojeaba el pescado: y las pobres ¿cómo habían de tomar pescado, que se lo había ya escondido Xarátanga, que era tan gran diosa? Y después de haber trabajado mucho en buscar pescado, toparon con una culebra grande, y alzáronla en la mano, en un lugar llamado Uncucepu y lleváronla a su casa con mucho regocijo. Y los sacerdotes llamados Uatarecha de Xarátanga, uno que se llamaba Quahuen y su hermano menor llamado Camexan, y sus hermanas llamadas Patzim uaue y Zucur aue, las saludaron y dijeron: «Seáis bienvenidas, hermanas. ¿Traéis siquiera algunos pececillos?». Respondieron ellas: «Señores, no habemos tomado nada, mas no sabemos qué es esto que traemos aquí». Respondieron ellos: «También es pescado eso, y es de comer; chamuscadla en el fuego, para quitar el pellejo y hacé unas poleadas, y este pescado cortaldo en pedazos y echaldo en la olla, y ponelda al fuego para quitar la embriaguez» Y haciendo aquella comida a mediodía, asentáronse en su casa a comer aquella culebra cocida con maíz, y ya que era puesto el Sol, empezáronse a rascar y arañar el cuerpo, que se querían tornar culebras. Y siendo ya hacia la media noche, tiniendo los pies juntos, que se les habían tornado cola de culebra, empezaron a verter lágrimas y estando ya verdinegros de color de las culebras, estaban así dentro de su casa todos cuatro. Y saliendo de mañana, entraron en la laguna una tras otra e iban derechas hacia Uayameo, cabe Santa Fe, e iban echando espuma hacia arriba, y haciendo olas hacia donde estaban los chichimecas, llamados hiyocan y diéronles voces, y ellas dieron la vuelta, y volvieron hacia un monte de la ciudad, llamado Tariacaherio, y, entráronse allí en la tierra todas cuatro. Y donde entraron se llama Quahuen ynchatzéquaro, del nombre de aquellos que se tornaron culebras, y así desaparecieron. Y viendo esto los chichimecas llamados uacúsecha, tuviéronlo por agüero. Un señor llamado Tarépecha chanshori con su gente se fue, y tomó a Hurendequauécara su Dios, e hizo su asiento en un lugar llamado Curínguaro achurin. Otro señor llamado Ipinchuani, tomó consigo a su Dios Tirípeme xungápeti, y llevólo a un lugar llamado Pechátaro e hizo allí su asiento, y como se sufriese algunos días, el señor Tarepupanguaran, en fin, tomó su Dios llamado Tirípeme turupten y llevóle a un lugar llamado Irámuco. Otro señor llamado Mahícuri tomó su Dios llamado Tirípeme caheri, y llevóle a un lugar llamado Pareo y quedaron los dos hermanos Uápeani y Pauácume y tomaron a Curicaueri, y llevándole por cabe la laguna, de la parte de Santa Fe, pusiéronle en el peñol que está allí, cabe la laguna, llamado Capacurío y después en otro lugar, llamado Patamu angacaraho. Todos estos dioses que se han contado eran hermanos de Curicauri, y allí se dividieron todos como se ha contado, y quedó solo Curicaueri. Después llevaron a Curicaueri, a otro lugar llamado Uatzeo tzarauacuyo y pusiéronle al lado de aquel monte, y llevándole de allí, trajéronle a otro lugar llamado Xénguaran y en otro llamado Honchéquaro, y allí estuvo algunos días; asimismo tuvieron agüero de lo que había acontecido, y los sacerdotes de Xarátanga llamados Cuyúpuri y Hoatamanáquare, tomaron a su diosa y lleváronla a un lado del monte llamado Tariacaherio, donde entraron las culebras, y de allí la llevaron a Sipixo cabe la laguna e hiciéronle allí sus cúes y un baño y un juego de pelota y estuvo allí algunos años. Y quitándola de allí, Ileváronla a Uricho y de allí a Uiramangaro, y después a Uacapu, donde está ahora edificado Santangen y de allí lleváronla a Taríaran a Cuezitan, Harócatin. Y los señores de los chichimecas, como tuvieran allí a Curicaueri iban a caza a un lugar llamado Aranarán nacaraho y a Echuén, que está cerca de Pátzcuaro y a otro lugar llamado Charimangueo, y subían a Uiritzéquaro, y pasaron a Xaramu y Thiuapu y a Tupen, un monte desde do vieron la isla de Xaráquaro en la laguna.

V. De cómo los dos hermanos señores de los chichimecas hícieron su vivienda cerca de Pátzcuaro, y tomaron una hija de un pescador y se casó uno dellos con ella