Renuncio - Eliana Bracciaforte - E-Book

Renuncio E-Book

Eliana Bracciaforte

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Beschreibung

Según cálculos optimistas, dedicaremos una gran parte de nuestra vida a trabajar. ¿Cómo invertimos ese tiempo vital? ¿Qué significado les damos a las incontables horas y días dedicados al trabajo? Este libro nace de una premisa fundamental: transformar el trabajo en un motor de bienestar y realización personal. La idea de un trabajo gratificante suele percibirse como un privilegio reservado a unos pocos. Si bien esto es posible, no debe suceder necesariamente así, ya que el poder de transformar esa percepción está en nosotros. Por eso, este libro es a la vez una guía y una invitación a la acción: a reclamar las oportunidades, a tomar decisiones audaces, a atreverse a poner fin a contextos laborales tóxicos y abusivos, y a diseñar una trayectoria profesional que, con determinación, te lleve al trabajo que te haga sentir reconocido y motivado. Combinando la solidez de su trayectoria en el mundo laboral con la riqueza de su propia vivencia, Eliana Bracciaforte ha creado una hoja de ruta concreta y organizada para quienes anhelan un trabajo que trascienda la simple obligación, un trabajo integrado al resto de nuestra vida, que nos potencie, que nos complemente y que nos ayude a vivir como queremos.

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Seitenzahl: 188

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Eliana, Bracciaforte

Renuncio / Bracciaforte Eliana. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-631-6632-54-8

1. Ambiente Laboral. I. Título.

CDD 306.363

©2025, Eliana Bracciaforte

©2025, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.

ISBN 978-631-6632-54-8

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diseño de interior: Cerúleo

Foto de contratapa: Catalina Bartolomé

Primera edición en formato digital

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

PRÓLOGOS

PRIMERA PARTE

Introducción

Nos tocó más difícil

Transición laboral

El costo de no ser nosotros

Buscando autonomía y libertad en el trabajo

Todo no está en vos

SEGUNDA PARTE

Vas a perder todo

Nueve preguntas antes de empezar

Preparando el cambio

Haciendo el cambio

¡Ahora sí!

Vas a ser vos y va a estar todo bien

AGRADECIMIENTOS

Lista de páginas

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Puntos de referencia

Portada

Portadilla

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Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

PRÓLOGOS

Por Patricia Jebsen

Conocí a Eliana a través de las redes sociales, puntualmente en TikTok. Desde el primer video que vi, sentí algo difícil de explicar: una mezcla de empatía, cercanía y admiración profunda. Hay personas que tienen la capacidad de hablarle directo al alma, incluso desde una pantalla. Eliana es una de ellas.

Después leí este libro. Y entendí que lo que me había generado en redes era apenas la punta del iceberg.

Este libro no trata solo sobre decisiones laborales. Es un recorrido honesto, valiente y profundamente humano sobre lo que implica animarse a cambiar cuando el cuerpo ya no resiste lo mismo, cuando la cabeza pide otra cosa y cuando el corazón grita por ser escuchado.

Eliana no escribe desde la teoría, escribe desde la vida. Y eso se nota. Cada página tiene la fuerza de alguien que se animó a romper con lo esperado para construirse de nuevo, más libre, más entera, más ella. Y, en ese camino, nos invita a revisar nuestros propios mandatos, nuestras excusas, nuestros miedos.

Este libro no viene a darte fórmulas mágicas, viene a formularte preguntas incómodas. Y, sobre todo, viene a recordarte algo muy simple pero poderoso: merecés trabajar de un modo que no te rompa por dentro.

No importa si estás por cambiar de trabajo, si te estás replanteando todo o si simplemente necesitás una voz que te diga que no estás sola/o. Este libro está para eso. Y para acompañarte, paso a paso, a que te animes a elegirte.

Por Sofía Mom von Kotsch

Este no es un libro más sobre trabajo. Es una invitación a observar lo que somos cuando trabajamos. A dejar de movernos por mandatos y empezar a hacerlo por deseo.

Tal vez llegaste a estas páginas con una pregunta que no se formula en voz alta: ¿Esto es todo? ¿Hay otra forma de vivir lo laboral? ¿Y si encontrar un mejor lugar fuera posible?

Si alguna vez una de estas preguntas merodeó por tu cabeza, te doy la bienvenida a conectar con la idea de que el tiempo es relativo y de que tu pensamiento puede invitarte a hacer algo que te sacuda.

Este libro nace del deseo profundo de hacer algo diferente. De ayudarte a entender qué te está faltando para ese salto que sabés que querés dar, pero que a veces se siente tan lejano. Quizás no sea solo miedo, sino un conjunto de variables que te mantienen quieto.

Este libro te propone algo valiente: duelar tu identidad laboral, cuestionar lo que parecía asegurado, revisar los privilegios y abrazar la incomodidad de lo nuevo. También te cuenta la historia de Eli, porque así —y solo así— vas a conectar con que, cuando tenés las riendas de tus decisiones, suceden cosas que no imaginás pero que hoy tienen mucho sentido. Todo fue parte del camino.

Porque transformar no es fácil. Pero es posible.

En estas hojas hay preguntas, herramientas y, sobre todo, algunas certezas: podés integrar el trabajo como una parte saludable de tu vida, no hace falta resignar tu deseo genuino; sí, también podés rediseñar tu puesto de trabajo ideal. Uno que se conecte con vos y que te refleje.

¿Podemos conocernos desde otro lugar para conseguir un trabajo que cambie nuestra vida? Este libro cree que sí, que todo se trata de observar y construir.

Así que seguí leyendo. Y no dejes de moverte.

Quizás, al final de este camino, puedas mirarte al espejo y decir: “Vas a encontrar tu lugar, en el que seas vos y en el que ser vos esté bien”.

Para ellas, que viven en nosotras.

PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN

¿Por qué escribí este libro?

De todos mis pensamientos existenciales, uno de los más importantes (y bastante intrusivo) es cómo pasamos el tiempo que trabajamos. Y como me gusta compartir, quiero que este pensamiento también se vuelva tuyo. Quiero que pienses lo siguiente: haciendo una estimación muy conservadora, vamos a dedicarle aproximadamente 40 años o unas 85.000 horas a trabajar, lo que equivaldría a trabajar diez años sin parar (ni siquiera para dormir). Durante ese tiempo, el trabajo representará, como mínimo, un tercio de nuestras vidas.

Este pensamiento existencial-intrusivo no termina ahí. Otro tercio de nuestras vidas lo pasaremos durmiendo, por lo que nos queda solo un tercio “para nosotros”. Sin embargo, no es tan simple. Si le dedicamos al menos una hora al día a ir y volver del trabajo, y unas tres horas a tareas no remuneradas (como quehaceres domésticos, cuidar a otros, etc.), ya nos queda solamente 1/6 de nuestro día libre (cuatro horas diarias). Este pensamiento podría seguir extendiéndose si consideramos otras ocupaciones que “debemos” hacer: citas médicas, compromisos, comer, otros tiempos de viaje, etc. Sí, claro, tenemos que sumar los fines de semana, así que imaginemos que en promedio tenemos cuatro horas diarias “para nosotros” aproximadamente.

Si vivimos unos 90 años (siendo optimistas), tendremos alrededor de 4.680 semanas en total.(1) De esas, unas 2.100 ocurrirán durante nuestra vida laboral activa. Esto significa que en casi la mitad de las semanas que viviremos el trabajo será la actividad que más tiempo ocupe durante nuestras horas despiertas. Cómo pasamos esas horas, qué hacemos con ese tiempo y cómo esas semanas contribuyen a nuestra vida y a la de los demás me parece no solo importante, sino esencial. De ahí mi obsesión con el trabajo y con cómo convertirlo en una parte integral y positiva de nuestras vidas.

Elegir con libertad

Creo que mi necesidad nace de algo muy profundo. Cuando crecía, dejé de lado una parte importante de mí para encajar mejor en la sociedad. Renunciar a una parte de mi identidad me llevó a no querer dejar atrás otras partes de mí en cada territorio al que la vida me conducía.

Si llegaste a este libro sin saber mucho de mí (y no te tomaste el tiempo de leer la solapa con mi mini biografía)(2), te resumo: soy una mujer, emprendedora, casada, con dos hijos, especializada en negocios, tecnología y liderazgo y nerd hasta el cansancio. Ah, y también soy trans. Hasta hace pocos años, nadie sabía esto último. Escondí esa parte de mi identidad durante más de treinta y siete años. Jamás le dije a un ser humano que no me identificaba con el sexo asignado al nacer hasta una noche de agosto de 2019.

Siempre pensé que podría guardar esta parte de mí hasta la muerte. Mi vida iba a ser infinitamente más fácil si lo hacía. Parece hasta tonto haberlo hecho. Todo indicaba que revelar la verdad desencadenaría una catástrofe tal que mi vida, como la conocía, llegaría a su fin.(3) Iba a perder absolutamente todo, y cuanto más esperaba, más tenía por perder. Era mejor continuar guardando esa parte de mí, aprovechar que la vida había sido generosa y disfrutar de lo que tenía.

No funcionó. A mis 34 años había cumplido casi todos mis sueños. Trabajaba en lo que siempre quise, había emprendido en tecnología en una empresa que crecía y estaba cambiando el mundo del trabajo. Me había casado con una mujer increíble que era mi mejor amiga y me hacía reír y disfrutar todos los días. Con ella había tenido dos hijos hermosos que también me hacían reír y sonreír cada día. Me había vuelto referente de la industria tecnológica y del mundo emprendedor. Tenía amigos a los que les confiaría la vida más de una vez. Y tenía ingresos suficientes para llevar el estilo de vida que mi pareja y yo queríamos.

Pero no bastó para tapar eso que yo quería ocultar. Porque no era completamente yo quien disfrutaba de todo lo que había logrado. Era un personaje que había creado para satisfacer al resto, a la sociedad. Me había puesto una máscara y, como el mejor actor de método, jamás rompía personaje. Siempre estaba haciendo de él. Ya no lo soportaba más.

Esa parte de mí que, pensaba, iba a esconder para siempre ya no quería esconderse. Siempre estuvo presente, siempre estuvo conmigo y, hasta entonces, siempre supo su lugar en mi vida. Era mi mayor secreto, ese que no se podía decir. Un día se desató una rebelión y como dictador arrepentido empecé a ceder a sus demandas.

Todo empezó a desmoronarse en abril de 2015. Con mi mujer, desde hacía varios años, disfrutábamos viendo el reality show Keeping up with the Kardashians,(4) que seguía la vida de la familia Kardashian-Jenner. Ese abril de 2015, Caitlyn Jenner, quién era “el marido” de la matriarca Kris Jenner, anunció que estaba haciendo su transición de género y apareció por primera vez en una entrevista y en la portada de una revista, tras haber pasado por meses de hormonización, tratamientos estéticos y cirugías. Caitlyn hizo su transición a los 65 años. Cuando me enteré de la noticia, además de sentir una profunda envidia, solo podía pensar: ¿sería yo capaz de esperar hasta esa edad para hacer mi transición? ¿Sería un buen momento esperar hasta que mis hijos fueran mayores? Así evitaría traumatizarlos, ¿no? Y de paso podría darle a mi mujer algunos años más con el hombre que se había casado. Pero algo me taladraba el cerebro: ya había perdido casi la mitad de mi vida no siendo yo. Tantos momentos de no poder ser yo, de no poder vestirme como realmente quería, de no mostrarme al mundo completa. ¿Esperaría treinta años más? Ese pensamiento no se desvaneció. Algo se había prendido nuevamente dentro de mí y esta vez no iba a parar. Quería hacer mi transición, pero no tenía idea de cómo evitar destruir mi vida en el proceso.

Para mis 34 años ya había vivido más de 1.700 semanas de las 4.680 que podría llegar a tener si viviera hasta los 90 años. Estaba sacrificando una parte integral de mi persona. Todo lo que vivía cada día tenía, aunque estuviera lleno de belleza, menos color y sabor debido a eso. Este proceso interno me hizo dar cuenta de ese sacrificio y me gustaría que este libro pueda ayudarte a identificar si estás en una situación similar en tu vida, en tu trabajo, y a entender cómo cambiarlo.

Cada semana cuenta, y renunciar a una parte de nosotros mismos para conformar al resto es un sacrificio que nadie debería tener que hacer. Siempre digo que, en el caso de las personas trans, lo que dejamos de lado es más visible porque está conectado a nuestra expresión de género. Cambiar literalmente cómo nos mostramos al mundo es un acto de rebeldía y valentía único. Pero ese acto de rebeldía es, en esencia, un ejercicio de libertad. Elegir con libertad es algo que todos podemos hacer, no es exclusivo de las minorías. De hecho, a veces resulta más difícil vivir de acuerdo con nuestros deseos cuando la vida nos ha dado muchos privilegios.(5)

Vender tiempo

Este libro apunta a que encontremos la rebeldía suficiente para elegir con libertad. Una libertad que, seguramente, sea limitada, pues si estás leyendo este libro, casi con seguridad necesitás trabajar para sobrevivir. Tal vez gozamos de ciertos privilegios en nuestras vidas, pero la gran mayoría de las personas en este planeta necesitan vender su tiempo para generar un ingreso que les permita sostenerse.

El concepto de vender nuestro tiempo cuando trabajamos implica una reducción de libertad y autonomía. Al trabajar, permitimos que alguien decida (con mayor o menor grado) cómo vamos a utilizar nuestro tiempo para el beneficio de esa empresa o persona. Esto impacta directamente en la libertad de elección y de ser de la que veníamos conversando.

En la novela Momo,(6) Michael Ende traza una alegoría sobre cómo las exigencias de la sociedad moderna nos pueden hacer perder la noción de lo importante en nuestras vidas. Leí Momo cuando tenía catorce años y siempre me encontré volviendo a los mensajes que contenía. La historia sigue a Momo, una niña con el don de escuchar, mientras lucha contra los Hombres Grises, quienes roban el tiempo de las personas. Es una alegoría sobre el tiempo, el trabajo y el significado de la vida.(7)

Esta novela infantil (que, claro, no lo es casi nada) nos habla de lo que perdemos cuando nos enfocamos en el hacer y no en el ser. Nos muestra cómo dejamos de disfrutar las pequeñas cosas de la vida y cómo, a veces, priorizamos optimizar el tiempo y ser más productivos (para “ganar tiempo”), pero sin reflexionar sobre qué hacemos con él. La vida que llevamos nos empuja justamente hacia las críticas que Momo dirige a la sociedad. Es casi inevitable: necesitamos trabajar, vamos a consumir, nos estresamos por el futuro y perdemos de vista la importancia del presente y de lo que realmente vale la pena.

Momo nos recuerda que el tiempo es más valioso por cómo lo vivimos, no por cuánto ahorramos o producimos. En la sociedad de los Hombres Grises, vemos un reflejo de nuestras propias vidas: vendemos tiempo, buscamos optimizar cada minuto, pero a menudo olvidamos preguntarnos para qué.

A veces pensamos en sacrificar tiempo en un trabajo para vivir mejor el resto de nuestra vida. Soy fiel creyente de que eso en casi ningún caso vale la pena. Si no disfrutamos del tiempo en el que trabajamos, el sacrificio termina siendo demasiado alto. Sí, es un privilegio tener bienestar en el trabajo e integrarlo a nuestras vidas, pero también creo que no debería serlo. No sé si cada persona que lea este libro lo logrará, pero mi objetivo es que estas páginas sean casi un camino para acercarnos a ello y, por qué no, muchas veces, conseguirlo.

1. Tim Urban hace una excelente analogía sobre las semanas que tenemos para vivir en el post de su blog Wait but Why titulado “Your Life in Weeks” (Tu vida en semanas), que publicó en 2014.

2. No soy rencorosa, pero me resulta raro que empieces un libro sin saber nada de la autora. Para charlar en terapia, diría.

3. La vida tal y como la conocía sí terminó, pero no de la manera fatal que imaginaba.

4. Si amar este reality no era una gran señal de que soy LGBT, no sé qué lo era.

5. Mi demora en dejarme ser también tuvo que ver con los privilegios, pero ya les contaré más de eso.

6. Novela publicada en 1973 por el autor alemán Michael Ende, quien también escribió La historia interminable (popularmente conocida por la película La historia sin fin).

7. Claramente desde chiquita ya tenía preocupaciones existenciales sobre cómo vivir y aprovechar mi vida.

NOS TOCÓ MÁS DIFÍCIL

Millennials y Gen Z(8) crecimos con la promesa de que, si seguíamos las reglas, nos iría bien. Nos dijeron que estudiáramos, que nos esforzáramos y que encontraríamos trabajos bien remunerados, una vida estable. Si todo iba bien, incluso podríamos comprar una casa y ahorrar para el futuro. No fue así.

Comparado con las generaciones anteriores, el mundo laboral que heredamos no se parece en nada a lo que nos dijeron que sería. En los tiempos de nuestros padres y abuelos, conseguir un empleo estable significaba que podías construir una vida alrededor de eso: comprar una casa, formar una familia y planear unas vacaciones cada año.

Recuerdo muy claramente una conversación que tuve con mi padre en la que él me contaba que mi generación tenía obligaciones muy diferentes a la suya. Me decía que, en “su época”, bastaba con terminar la escuela secundaria para contar con oportunidades suficientes y proyectar una vida. Que varios de sus compañeros de colegio, al graduarse, no eligieron seguir estudiando una carrera universitaria, sino ponerse un pequeño local de fotocopias o algo similar. Con ese ingreso les alcanzaba para tener auto, casa y proveer a su familia. Mi papá, en dicha conversación, tenía clarísimo que ese no iba a ser el caso de mi generación. Aprovechó para marcar la importancia de estudiar una carrera universitaria, que no la íbamos a tener tan fácil y que si queríamos tener oportunidades suficientes como para poder proyectar una vida era casi inevitable.

Eso hicimos los millennials, somos la generación más educada de la historia(9) (aunque se espera que la Gen Z supere esta métrica), pero acumulamos menos riqueza que todas las generaciones anteriores (y se espera que la Gen Z la tenga peor incluso que los millennials). Según un estudio, los millennials tienen un 30 % menos de ingresos a los 35 años comparados con los baby boomers.(10)

Quienes estudiaron en la universidad tienen mejores oportunidades, pero incluso con esa ventaja las condiciones no son las mejores. En varias áreas el costo de vida aumentó considerablemente por encima de los salarios: vivienda, criar hijos, salud, etc.

Tomemos el ejemplo de la compra de una vivienda. El costo relativo de comprar una casa o apartamento versus el ingreso medio de las personas está totalmente disociado. Esto ocurre en todas las economías occidentales, pero usaremos el caso de Estados Unidos. Una casa costaba en mediana(11) unos $78 mil dólares en los años ochenta versus unos $22 mil dólares de ingreso promedio al año de un hogar. Eso era 3,5 veces el ingreso anual de esa familia. Hoy ese ingreso promedio es de alrededor de $75 mil dólares y comprar una casa cuesta, en mediana, unos $435 mil dólares, una diferencia de seis veces entre ingresos y costo de esa vivienda.(12) En Argentina no es diferente. En la ciudad de Buenos Aires son necesarios entre 20 y 25 salarios promedios anuales para comprar una vivienda (datos del 2021).

Este contexto ha llevado a los millennials y a la Gen Z a una crisis de confianza en el sistema. ¿Para qué dedicarnos a trabajos que no nos satisfacen si, a pesar de todo el esfuerzo, no podemos asegurar el estilo de vida que nuestras familias alcanzaron? Cada vez es más común ver a personas de nuestra generación preguntarse si vale la pena sacrificar tanto tiempo en empleos que nos desgastan sin la garantía de estabilidad a largo plazo. Ni hablar de la crisis del sistema jubilatorio que tendremos en algunos años.

Esta situación nos invita a disociar completamente el trabajo del resto de nuestras vidas. Nuestros pensamientos son algo por el estilo: “Páguenme lo mejor posible, voy a dar lo que crea que se merece ese ingreso y no esperen más de mi parte”. Y seguramente sumamos algo como: “No esperen lealtad (porque las empresas no la tienen conmigo). Si quieren darme más responsabilidades, me tendrán que mejorar mi ingreso considerablemente y no creo en ascensos hasta que no sean efectivos”.

Tampoco queremos formar un lazo con el trabajo más allá de algo transaccional: “Trabajo para poder pagarme el estilo de vida que quiero. No me encariño con la empresa, mis colegas o el propósito (aunque no pienso trabajar en una empresa que no se alinee con mis principios)”. Y existe también la búsqueda de libertad y el bienestar por encima de lo que se espera de uno en el trabajo. “Si al mediodía quiero tomarme dos horas para ir al gimnasio y luego almorzar, es parte de la flexibilidad que me prometieron en esta empresa”.(13)

Separación

En la serie Severance (Separación), se explora qué pasaría si la disociación que generamos entre el trabajo y el resto de nuestra vida se llevara al extremo, literalmente. La premisa de esta serie de Apple TV es: ¿qué sucedería si pudiéramos separar nuestra identidad en dos, una para el trabajo y otra para la vida personal? En la serie, los empleados de Lumon Industries se someten a un procedimiento que les permite “dividirse” mentalmente, de modo que su yo en el trabajo (el “innie”) no tiene recuerdos de su vida personal, y su yo fuera del trabajo (el “outie”) no sabe nada de lo que ocurre en la oficina. Así, la empresa mantiene el control absoluto sobre el “innie”, mientras que el “outie” conserva su vida personal intacta.(14) Sin embargo, las ocho horas que un empleado pasa trabajando desaparecen por completo de su memoria y son inaccesibles para esa versión de sí mismo.

Aunque parece una idea extrema, la serie toca un nervio sensible en la realidad laboral actual. En muchas empresas, se espera que dejemos nuestra vida personal en la puerta y nos convirtamos en empleados que viven y respiran para la compañía, casi como si no fuéramos la misma persona. Nos piden que ignoremos el estrés, los problemas de salud mental, las responsabilidades familiares o cualquier situación fuera del trabajo que pueda “interferir” en nuestra productividad.