Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Mi intención con este libro es contribuir al pensamiento de un momento crítico para el país, partiendo de mi experiencia como funcionario y legislador, como emprendedor y como vicepresidente de relaciones internacionales de uno de los clubes más importantes del país, River Plate. Es decir, desde mi experiencia en la política, la economía y el deporte. Hoy más que nunca, nuestra acción necesita reflexión. Nuestro camino sigue siendo el del cambio, y este libro es un aporte para trazar ese futuro.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 113
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Alex Campbell
Campbell, Alex
Retomar el camino / Alex Campbell. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2023.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descargaISBN 978-950-556-946-5
1. Ensayo Político. I. Título
CDD 320.01
©2023, Alex Campbell
©2023, RCP S.A.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.
Diseño de interior: Pablo Alarcón | Cerúleo
Diseño de tapa: Pia Tobías
Fotografía de tapa: Marcelo Espinoza
Digitalización: Proyecto451
A mi mujer Mel y a mi hijo Isidro
que me acompañan y motivan todos los días
En 2023 cumplimos cuarenta años de democracia y es necesario que la política vuelva a reencontrarse con valores como la coherencia y la autenticidad, que abandone el cortoplacismo y se esfuerce para estar a la altura de acompañar a los argentinos que luchan por salir adelante cada día.
Estamos frente a un momento clave, que seguramente será recordado por la historia. Ojalá como el tiempo en el que, de una vez y para siempre, logremos juntos cambiar el rumbo de nuestro país hacia uno que nos lleve al futuro que siempre soñamos.
Conozco a Alex desde hace mucho tiempo, sé de su vocación de servicio, de su amor por la provincia de Buenos Aires y la pasión con la que enfrenta cada desafío. Sé también que, como él, somos muchos los que vemos el enorme potencial que tenemos y los que entendemos que es la política la que debe dar el ejemplo para llevar las respuestas que los vecinos esperan hace años.
En Buenos Aires demostramos que es posible hacer lo imposible cuando luchamos contra las mafias, cuando realizamos obras que antes eran impensadas en los 135 municipios, cuando implementamos el SAME, cuando fuimos capaces de dar los debates en materia de educación y cuando llevamos adelante el reclamo histórico de los fondos que le correspondían por derecho a los bonaerenses. Entendimos que se podía estar mejor si nos centrábamos en la gestión porque no gobernábamos para un sector, sino para todos los vecinos.
Este libro, además de realizar un aporte a través de la experiencia sobre la gobernación de la provincia más grande del país, ofrece una mirada sobre la visión que tenemos al momento de gestionar los recursos públicos y la importancia que tiene el equipo que lleva adelante esa tarea. Porque estamos convencidos de que no hay un líder mesiánico que logre el verdadero cambio, sino que se necesita la fuerza y el empuje de todos. Juntos, tenemos que saldar la deuda que tiene hace décadas nuestro país y que nos deja hoy a más de un 39 % de la población viviendo en condiciones de desigualdad y bajo la línea de la pobreza.
Después de recorrer más de sesenta mil kilómetros, siento que la ciudadanía espera otra cosa de quienes tenemos roles de representación. No es tiempo de mezquindades, egos ni individualismos porque detrás hay millones de argentinos que no pueden esperar más. Tenemos que cambiar el modelo de Estado que sigue mirando para otro lado por un Estado presente, que da respuesta y que impulsa al que lo necesita.
Debemos estar cerca y acompañar a quienes siguen apostando por nuestro país, emprendiendo, generando empleo genuino, invirtiendo en nuevas tecnologías y produciendo a pesar de que continuamente el gobierno les cambia las reglas de juego. Porque es ahí donde tenemos que aunar esfuerzos para saldar la verdadera grieta, la que existe entre los argentinos que se esfuerzan y la política.
Hay una forma distinta de hacer las cosas, y Alex representa ese espíritu de cambio que necesitamos porque pertenece a una generación de jóvenes con compromiso social, experiencia y en formación constante para poner en valor la función pública al servicio de nuestros vecinos.
Cuando me convocó para formar parte de este libro lo hice sin dudarlo porque no solo representa un recorrido compartido y una forma de ver la realidad, sino también porque da voz a los que nunca se dan por vencidos, a los que siguen confiando y creyendo en el potencial que tenemos.
Nuestro desafío es generar una propuesta superadora, capaz de poner en marcha una Argentina con más diálogo, con la verdad sobre la mesa, con un esquema de prioridades en educación, seguridad, empleo y salud. Una Argentina con honestidad, reglas claras, que ordene las cuentas y con una política fiscal responsable que acompañe a las pymes.
Hay un camino. Emprendamos el desafío de hacerlo realidad.
Fue la noche del 8 de junio, a una semana del cierre de lista para las elecciones que marcarían un punto de inflexión en mi vida y en el país: las PASO de 2019. Mi esposa, Melina, y yo estábamos en Pilar en el cumpleaños de Federico Salvai, que en ese entonces era jefe de gabinete de María Eugenia Vidal. Melina estaba embarazada de casi nueve meses.
Eran días de mucho movimiento: de ir de aquí para allá, de San Fernando a Capital, de Capital a La Plata, para poder reunirme con todos los dirigentes de la provincia de Buenos Aires y armar las listas de concejales e intendentes para las elecciones que se venían. Si bien vivíamos en San Fernando, habíamos decidido que el parto sería en el Mater Dei de Palermo, un lugar al que podría volver rápidamente de cualquier reunión en esos primeros días luego del nacimiento.
Pero ahora estábamos en Pilar, más o menos cerca de casa y relajados con la tertulia del cumpleaños. En eso, la suegra de Federico se queda mirando a Melina y le dice: “Vos tenés cara de parturienta”. Casi no llega a terminar la frase que ahí mismo, en ese momento, Meli empezó a tener contracciones. ¡Conmoción general! Inmediatamente nos subimos al auto, fuimos directo al hospital y luego de pasar toda la noche ahí, en la mañana del 9 de junio, nació nuestro hijo, Isidro.
De un cumpleaños habíamos pasado a un nacimiento. Y así como en un cumpleaños uno cuenta los años que pasaron, el nacimiento apuntaba a los años por venir. La llegada de un hijo es siempre una proyección a futuro, mucho más de lo que lo es una carrera universitaria o un nuevo proyecto laboral. Es una proyección para toda la vida. Y es también un deseo para toda la vida: el deseo de que pueda crecer feliz en las mejores condiciones posibles, en el mejor hogar posible. Hoy Isidro tiene cuatro años, va al mismo colegio al que fui yo y quiero que pueda vivir en el mismo país que viví y vivo yo. El país que tengo tatuado en el brazo. Argentina: ese es nuestro hogar. El nacimiento de mi hijo le dio un sentido muy profundo a mi trabajo como político. Nunca había entendido tan bien que la vida que quiero para él es, en definitiva, la vida que quiero para mi país.
Puedo parecer una obviedad, pero creo que es relevante remarcarlo en una época como esta, en la que más de cien argentinos se van del país cada día (1) porque, justamente, la vida que les ofrece la Argentina no puede ser la vida que quieren para sus familias ni para sí mismos.
Creo que en 2019 estábamos construyendo ese país, ese hogar, y pensé que lo seguiríamos haciendo. A los diez días del nacimiento, María Eugenia y Federico Salvai me dijeron que Manuel Mosca, que presidía en ese momento la Cámara de Diputados de la Provincia, no quería seguir y que querían que yo dejara de ser subsecretario de Gobierno y Asuntos Municipales, que pasara a ser diputado y que presidiera la Cámara. Por su lado, Cristian Ritondo sería el primer candidato a diputado nacional para ir a presidir el Congreso de la Nación. Era un honor enorme, una muestra de confianza total hacia mi trabajo y desempeño dentro del partido. Sería un lugar importantísimo desde donde empujar el cambio.
Había nacido mi hijo, me ofrecían presidir la Cámara, estábamos por respaldar nuestra gestión con primarias, convencidos de que podríamos prolongar el camino que habíamos comenzado en 2015, de que podríamos insistir en la transformación del país según principios nuevos, principios de responsabilidad, transparencia, modernidad. A pesar de las dificultades que se vivían en ese entonces, sentí que mi vida y la del país estaba tomando un gran envión para encaminarse con fuerza hacia el futuro.
No pudo ser.
1- Smink, Verónica. ““La única salida es el aeropuerto”: el “éxodo” de jóvenes profesionales de Argentina”. BBC News Mundo, Argentina. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-60119047 (última consulta: marzo, 2023).
Sabíamos que la situación se había complicado, pero siempre tuvimos la esperanza de ganar las elecciones. Sobre todo teniendo a una de las mejores candidatas que haya surgido dentro del PRO. El coraje, la fuerza, la capacidad de trabajo, la capacidad para ponerse en el lugar de otro son aspectos de María Eugenia Vidal que tengo la suerte de haber conocido de cerca. Pero creo que para cualquiera es fácil captar que es una persona empática y a la vez frontal, amable pero decidida, inteligente sin dejar de ser sencilla. Y también por eso fue tan doloroso ver que la Argentina volvía a ponerse en manos de gente que se enorgullece de ser lo contrario, de no tener plan, no tener mérito, de dar miedo, de ocultar o menospreciar los problemas y las desgracias.
Perder la elecciones en 2019 fue una de las frustraciones más grandes que haya vivido. Hace veinte años que estoy en política. Hoy tengo 41. Dediqué la mitad de mi vida a este espacio, a intentar cambiar mi barrio, mi provincia, mi país. Es un trabajo en el que puse mucho esfuerzo, mucho tiempo, y por el que tuve que sacrificar muchas cosas, entre ellas el sueño de ir a hacer un posgrado e incluso mi empresa, Finca Los Maza, una bodega con la que creo que, a esta altura, habría podido llegado mucho más lejos.
Pero había resignado eso por un espacio político que hizo historia. Fueron años de crecimiento constante en que logramos abrir un camino inédito en la política argentina, un camino hacia la república en vez del populismo, hacia la gestión en vez de la demagogia. También veníamos abriendo un camino entre la gente y para la gente, dándole una oportunidad de votar por candidatos con escrúpulos, con límites, con un sentido de la responsabilidad; la oportunidad de expresarse sin miedo frente a una fuerza política prepotente que durante décadas pretendió dictar el sentido común de nuestro país. Cuando perdimos, sentí que todo ese esfuerzo se iba por la borda.
“Esto no se cambia más”, pensé. Me resultaba incomprensible que la gente volviera a votar a la misma fuerza política que nos había dejado tan mal hace apenas cuatro años. Incomprensible que con solo poner un nombre en lugar de otro se le pudiera dar credibilidad a un proyecto político que, a veces, hasta se jacta de ir en contra de las libertades civiles, políticas y económicas. Incomprensible, sobre todo, que la Argentina abandonara tan pronto el esfuerzo que había comenzado a hacer. Todo esfuerzo implica obstáculos, dificultades, y es justo cuando las cosas se complican que hace falta redoblarlo. Eso mismo, pensaba, es lo que no había sucedido.
Todo esto convivía con una fuerte autocrítica, pero ese proceso de pensar lo que habíamos hecho mal solo le sumaba peso a mi frustración. Sentía que habíamos fallado como país y como partido. En enero del 2022 tuve la oportunidad de hablarlo con Mauricio Macri, frente al resto de los legisladores. Y él me respondió: “Quizás la próxima vez sea nuestra última oportunidad para hacerlo”. O sea, en lugar de concentrarse en la frustración, él ya estaba pensando en el futuro. No solo estaba seguro de que tendríamos otra oportunidad, sino que también era consciente de que teníamos que hacerlo mejor, mucho mejor, porque el deterioro del país podría volverse irremediable si no retomábamos el camino del esfuerzo.
Comencé a cuestionar mi frustración, a leer la coyuntura de otro modo. Si bien habíamos perdido, que el 40 % hubiera votado por nosotros era la prueba de que ese camino seguía ahí, abierto para todos. A pesar de nuestros problemas y errores, ese 40 % se había mantenido firme, sabiendo que si el camino es difícil, es porque es el camino justo. Y sabiendo también que si uno quiere ir para adelante, no puede andar a los volantazos.
Estos últimos cuatro años lo han demostrado de sobra. Mientras escribo esto, la inflación acaba de arañar el 100 % y el Gobierno está mandando al sindicato de Camioneros a fiscalizar precios. Además, no solo acaba de desacatar un fallo de la Corte Suprema, sino que busca hacerle un juicio político basado en escuchas que el mismo Gobierno reconoce como ilegales. El Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires todavía se niega a publicar las cifras de inseguridad, del mismo modo que su actual gobernador se había negado a publicar las cifras de la pobreza. Hay que tener presente que estoy enumerando hechos, no interpretaciones.
