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Para la primera entrevista publicada en este libro, realizada por el arquitecto y docente Rodrigo Lagos, en el año 2013, Goycoolea aún formaba parte del cuerpo docente de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Bío - Bío, la cual recién había cumplido 45 años y, además, estaba ad portas de afrontar un cambio de malla curricular. Ese anhelo de la escuela incentivó la conversación hacia una esfera pedagógica y hacia una reflexión crítica de la enseñanza de la arquitectura y el rol del arquitecto. Sobre este aspecto, Lagos fue muy perspicaz en dirigir la conversación hacia estas temáticas que, en ese momento, no eran masivamente conversadas y menos registradas en video. El 2017, junto a Luis Darmendrail, realizamos la segunda entrevista, la cual estaba enfocada en la producción de material para el sitio web Historia Arquitectónica de Concepción y relevar aquellos barrios e hitos de la ciudad que fueron proyectados por iniciativa estatal, y las expresiones modernas en torno a la vivienda colectiva, por ejemplo, el trabajo desarrollado en la Remodelación Paicaví por el grupo TAU, la Villa San Pedro, el edificio EMPART y el Edificio Tribunales (o Tucapel). Este libro es una reinterpretación de las entrevistas realizadas en los años 2013 y 2017, las cuales son acompañadas por un artículo, los que, a manera de complemento, desarrollan una inquietud del autor. La arquitecta y académica Verónica Esparza escribe sobre el uso del hormigón armado en la obra arquitectónica, y la expresión tectónica de este, a partir de los diferentes hitos constructivos como la Biblioteca Central de la Universidad de Concepción, La Inmaculada Concepción y la Remodelación Catedral. Por otra parte, el arquitecto Alexander Bustos efectúa una visión paralela de la obra de Goycoolea, enfatizada en la vinculación entre su biografía, su visión religiosa y sus hitos constructivos. Esta publicación es parte de una serie, cuya columna vertebral se compone de entrevistas realizadas a arquitectos que, como Goycoolea, operaron durante la década del 60 en Chile; se inscriben en lo que se ha denominado como segundo período de la arquitectura moderna en el país, y la mayoría se relaciona con los movimientos de reformas educativas en las Escuelas de Arquitectura de las Universidades de Chile y Católica, acontecidas los años 1946 y 1949, respectivamente. Cada uno de estos testimonios los consideramos esenciales para entender parte de la historia reciente de la arquitectura como profesión y su desarrollo tanto a nivel educacional como estatal.
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Seitenzahl: 100
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Dostercios
© Textos: Autores
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo de los autores.
I.S.B.N. 978-956-09018-4-2
I.S.B.N. digital: 978-956-6142-10-2
Editores: José A. Lagos Muñoz, Ignacio A. Sáez Araneda, Patricio L. Zeiss Pérez
Gestión y producción: Dostercios
Producción entrevistas: Dostercios, Historia Arquitectónica de Concepción, Escuela Arquitectura Universidad del Bío - Bío
Asesor histórico: Luis Darmendrail Salvo
Corrección de estilo: Eduardo Raúl Guerrero del Río
Diseño editorial: Ignacio A. Sáez Araneda, Patricio L. Zeiss Pérez
Diagramación: Ignacio A. Sáez Araneda, José A. Lagos Muñoz
Diseño portada: Ignacio A. Sáez Araneda
Interior portada: Planimetria Santuario María Auxiliadora Concepción / Archivo Arquitectura Universidad del Bío - Bío
Interior contratapa: Fotografía construcción Foro Universidad de Concepción / Archivo Roberto Goycoolea
Web: www.dostercios.cl
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
ÍNDICE
Presentación \ Dostercios
Vidas arquitecturadas \ Roberto Goycoolea Prado
Entrevista 2013
Roberto Goycoolea Infante.La tectónica del material \ Verónica Esparza
Entrevista 2017
En memoria de un arquitecto moderno \ Alexander Bustos
PRESENTACIÓN
Dostercios
Para hablar de Roberto Goycoolea, hay que considerar todas las facetas que desarrolló en su vida, tanto como académico, rector, constructor, urbanista y arquitecto. Si bien, parece una acotación obvia, para comprender su obra (no solo la arquitectónica), ejemplifica el paradigma del arquitecto multidisciplinario del que tanto se habla hoy en día.
Para la primera entrevista publicada en este libro, realizada por el arquitecto y docente Rodrigo Lagos, en el año 2013, Goycoolea aún formaba parte del cuerpo docente de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Bío - Bío, la cual recién había cumplido 45 años y, además, estaba ad portas de afrontar un cambio de malla curricular. Ese anhelo de la escuela incentivó la conversación hacia una esfera pedagógica y hacia una reflexión crítica de la enseñanza de la arquitectura y el rol del arquitecto. Sobre este aspecto, Lagos fue muy perspicaz en dirigir la conversación hacia estas temáticas que, en ese momento, no eran masivamente conversadas y menos registradas en vídeo.
El 2017, junto a Luis Darmendrail, realizamos la segunda entrevista, la cual estaba enfocada en la producción de material para el sitio web Historia Arquitectónica de Concepción y relevar aquellos barrios e hitos de la ciudad que fueron proyectados por iniciativa estatal, y las expresiones modernas en torno a la vivienda colectiva, por ejemplo, el trabajo desarrollado en la Remodelación Paicaví por el grupo TAU, la Villa San Pedro, el edificio EMPART y el Edificio Tribunales (o Tucapel).
La enfermedad que afectaba a don Roberto estaba muy avanzada, por lo cual tuvimos que reprogramar nuestra visita a su hogar en varias ocasiones. El día que logramos coordinar la entrevista, su esposa nos comentó que don Roberto no había amanecido muy bien, pero él quería atendernos y conversar sobre arquitectura. Cuando llegamos a su hogar se tomó la decisión de registrar solo el audio de la conversación y enfocar la entrevista hacia la génesis del plan regulador de Concepción de 1960, y abordar paulatinamente algunos ejemplos de edificios en la ciudad.
Ahora, visto con los años, estas entrevistas se realizaron en períodos muy significativos para la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Bío - Bío: la primera en un proceso de reforma pedagógica y la segunda como parte de la retrospectiva y la revisión de su propia historia. En el año que se edita este libro, esta escuela de arquitectura cumple 50 años, de los cuales Goycoolea fue un miembro activo de la comunidad universitaria, siendo uno de sus precursores y fundadores.
Este libro es una reinterpretación de las entrevistas realizadas en los años 2013 y 2017, las cuales son acompañadas por artículos que, a manera de complemento, desarrollan una inquietud del autor. La arquitecta y académica Verónica Esparza escribe sobre el uso del hormigón armado en la obra arquitectónica, y la expresión tectónica de este, a partir de los diferentes hitos constructivos como la Biblioteca Central de la Universidad de Concepción, La Inmaculada Concepción y la Remodelación Catedral. Por otra parte, el arquitecto Alexander Bustos efectúa una visión paralela de la obra de Goycoolea, enfatizada en la vinculación entre su biografía, su visión religiosa y sus hitos constructivos.
Esta publicación es parte de una serie, cuya columna vertebral se compone de entrevistas realizadas a arquitectos que, como Goycoolea, operaron durante la década del 60 en Chile; se inscriben en lo que se ha denominado como segundo período de la arquitectura moderna en el país, y la mayoría se relaciona con los movimientos de reformas educativas en las Escuelas de Arquitectura de las Universidades de Chile y Católica, acontecidas los años 1946 y 1949, respectivamente. Cada uno de estos testimonios los consideramos esenciales para entender parte de la historia reciente de la arquitectura como profesión y su desarrollo tanto a nivel educacional como estatal.
Roberto Goycoolea Infante, 2013. Fuente. Dostercios
VIDAS ARQUITECTURADAS
Roberto Goycoolea Prado
ArquitectoDr. en Arquitectura Universidad Politécnica de Madrid
Hace unas semanas recibí un correo de la editorial Dostercios que me produjo entusiasmo académico y personal. Por un lado, el correo informaba del inicio de un proyecto editorial centrado en el trabajo y el encuentro personal con arquitectos chilenos, a través de entrevistas, ligados a la arquitectura moderna en Chile. Las dos primeras de las siete publicaciones previstas se dedicarían a Osvaldo Cáceres González y Roberto Goycoolea Infante,1 continuando con monográficos dedicados a otros arquitectos de la época. Como apuntaba, el proyecto me produjo gran entusiasmo académico. La historiografía de la arquitectura ha consolidado una visión lineal y autorreferencial de la modernidad, centrada en la obra de los arquitectos de los países hegemónicos y la de sus seguidores. Por ejemplo, eh estudiado el caso de África y el panorama es desolador; poco o nada dicen las historias de la arquitectura moderna más reconocidas sobre su interesante arquitectura moderna.2 Otro tanto sucede con Iberoamérica, exceptuando, a veces, los casos de Brasil y México. Por eso, iniciativas como la de Dostercios deben destacarse; ayudan a configurar un panorama más fiel de lo que la modernidad hizo, significó y significa.
Por otro lado, Dostercios me invitaba “a escribir una pequeña introducción al libro dedicado a Don Roberto.” Acepté honrado y en un correo posterior acotaron lo solicitado: “Nuestra idea es que sea un texto breve de carácter introductorio, enfocando desde una perspectiva personal (familiar) la vida y la obra de tu padre; para nosotros es importante desarrollar el vínculo entre la historia personal del arquitecto y la obra”.
Tras leer las entrevistas y reseñas que irían en el libro, comencé a cavilar sobre cómo podía responder a la doble petición realizada. Imposible. Terminé convencido que era incapaz de unificarlas. Aunque compartan tiempo y espacio, por más que estén entrelazadas, la perspectiva personal que alguien pueda tener de la obra de un familiar o persona cercana no tiene relación, al menos para mí, con la relación que pueda existir entre su historia personal y su obra. De ahí que haya optado por tratar ambas cuestiones por separado.
El hijo de padre/arquitecto y su obra
La primera clase que tuve al comenzar a estudiar arquitectura en la Escuela de Concepción –como entonces nos referíamos a la actual Escuela de Arquitectura de la Universidad del Bío - Bío– fue para mí determinante. Tras las presentaciones de rigor, los profesores nos mostraron mediante un efectivo ejercicio la diferencia entre ver y mirar. Eligiéndonos al azar, pedían dibujar en la pizarra lugares por los que pasábamos todos los días. Casi nadie era capaz de recordarlos con propiedad y menos dibujarlos. “Goycoolea, dibuje la fachada de su casa”, fue la petición que me hicieron. No lo hice tan mal. Cometí algunos errores de representación, que el profesor corrigió, agregando una afirmación que no esperaba: “Roberto vive en una de las mejores casas que conozco. Iremos a verla porque es una obra maestra.” Me incomodó que el profesor me singularizara antes unos compañeros desconocidos, pero su comentario tuvo para mí efectos duraderos. Nadie de la familia podía negar que la casa de Los copihues (por el nombre de la calle donde se ubicaba) era especial. Bastaba verla. Pero, por primera vez, un profesor universitario y en público me obligaba a recapacitar sobre el valor de la arquitectura de mi padre.
La infancia se caracteriza, entre otras cuestiones, porque todo nos viene dado. Es una lotería implacable sin opciones a elegir. La Fortuna estuvo a nuestro lado; los Goycoolea-Prado hemos sido muy agraciados. No sólo nos fue dada una familia estructurada –antes se decía una “buena familia” pero hoy es políticamente incorrecto el clasismo subyacente– que nos acogió con calor, comida y cariño. Lo excepcional es que, junto a estos dones familiares, nos fue dado también un entorno arquitectónico de calidad; entendiendo por ello aquellos espacios que, independiente de su escala, contribuyen al bien estar de quien los vive. Pero no al bienestar entendido como conjunto de aquellas cosas que se necesitan para vivir bien según unos indicadores legales o de estatus establecido, sino como la aptitud que tienen ciertos lugares para que en ellos se esté bien. A esta arquitectura de calidad contraponía mi padre la arquitectura corriente, aquella que cumple con su cometido sin nada reseñable. Cabe apuntar, eso sí, que cuando hablaba de edificios corrientes no lo hacía con ese racismo arquitectónico tan cargado de soberbia que impera en nuestro gremio, sino con tristeza. Le dolían las oportunidades perdidas por tantos urbanistas y arquitectos que obligaban a ciudadanos y vecinos a vivir en espacios insustanciales. Defendía la obligación social del arquitecto a ofrecer espacios de calidad, lugares de oportunidad para el desarrollo de una vida plena.
Casa Los Copihues, 1985Fuente. Archivo Roberto Goycolea Infante
Casa familiar en construcción, Licán Ray, 1979Fuente. Archivo Roberto Goycolea Prado
Casa familiar en construcción, Licán Ray, 1979Fuente. Archivo Roberto Goycolea Prado
Se sabe, yo mismo lo he estudiado: el hábitat donde crecemos no define cómo ni qué seremos en la vida, pero tampoco es neutro. En Los copihues tuvimos el privilegio (insisto, no buscado, dado) de crecer en un lugar luminoso, limpio –de un blanco que me deslumbró la primera vez que pise la casa–, abierto –al cielo y la vegetación–, a la vez que íntimo y familiar, lleno de espacio y detalles que ayudaban al bien estar; a la vez que era una vivienda rabiosamente cómoda y funcional: cada quién tenía su sitio, a la vez que había sitio para todos (los padres, seis hijos, las nanas y los perros) y todo. La relación de la familia con la casa era muy positiva, alegre. Mi madre la mimaba y mi padre la mantenía y adecentaba, reparándola e, incluso, construyendo él mismo muebles y objetos diversos. Era muy chasquillas y, sobre todo, buen carpintero: le he visto hacer sillas, mesas, estanterías, encuadernar, preparar barnices... y también pintar, al óleo. Le gustaba enseñarnos a hacer cosas: al principio incordiábamos más que ayudábamos, pero, años más tarde, toda la familia terminó construyendo la casa de Lican Ray. Una obra colectiva, clave en la historia de la familia y de los amigos que participaron, así como en mi formación como arquitecto. Cuando se construyó estaba terminando la carrera; fue mi Práctica profesional de construcción.
Lámpara para Los copihues, 1966. Fuente. Nazaret Goycoolea, 2019
Por ese entonces ya era plenamente consciente de la valía profesional de Don Roberto, como se dirigían a él en la escuela, en la oficina y en las obras. Fue una época en que mantuvimos una estrecha y positiva relación académica y profesional: era su alumno –experiencia que no repetiría, por prurito personal, aunque sus clases eran instructivas y motivadoras–, a la vez que colaboraba en su oficina. Fue muy hábil. Sin decírmelo, me obligó a tocar las distintas tareas de un estudio de arquitectura: delinear, maquetar, presupuestar, redactar memorias, visitar obras, fotografiar, archivar y, finalmente, proyectar –esta experiencia sí la repetiría. Sin embargo, junto a esta relación académico-profesional, Don Roberto continuaba siendo mi padre y, como todo joven que se busca a sí mismo, nuestra relación fue, en ocasiones, muy difícil. La sangre no llegó al río porque no teníamos teléfonos móviles, lo que permitía tener espacios y tiempos donde éramos invisibles para los padres.
