Rompieron la pared - Damián E. Centrone - E-Book

Rompieron la pared E-Book

Damián E. Centrone

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Beschreibung

"Se logró, lo logramos, lo soñamos mucho, gracias por bancarme, por apoyarme siempre... Algún día se iba a romper la pared, se rompió la pared. Me la di muchas veces, pero seguí estando acá, seguí estando, nunca aflojé… siempre estuve ahí, y se terminó dando…". Estas palabras las dijo emocionado Di María a su familia, a través de una videollamada en medio del Maracaná, tras ganar la Copa América 2021. Luego de ser Campeones del Mundo por tercera vez en la historia, el ciclo de Scaloni al frente de la Selección Argentina merecía un relato que reconstruyera cada instante vivido. Volver a sentir como si fuese hoy los comienzos, la incertidumbre que se generó por su confirmación como DT. El crecimiento del equipo luego de la injusta eliminación en Brasil 2019, el desahogo que generó el histórico Maracanazo con Angelito vestido de héroe. Los amistosos que sirvieron para probar jugadores y el paso a paso en las Eliminatorias. El baile en Wembley para ganar La Finalíssima y el tan esperado momento de ver a Messi levantando la Copa del Mundo. El mejor jugador del mundo logrando el sueño de toda su vida. "Rompieron la pared" es un homenaje implícito a todos aquellos que nunca dejan de intentarlo. Les propongo esta lectura para volver a emocionarse como lo hice yo, un hincha más de la Selección. Que sufrió en cada derrota y en cada final perdida. Y que, por toda la eternidad, seguirá disfrutando de esa hermosa locura de ser Campeones del Mundo.

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Seitenzahl: 382

Veröffentlichungsjahr: 2023

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DAMIÁN E. CENTRONE

Rompieron la pared

Un relato sobre el ciclo más exitoso de la Selección Argentina

Centrone, Damián E.Rompieron la pared : un relato sobre el ciclo más exitoso de la Selección Argentina / Damián E. Centrone. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2023.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-4240-3

1. Narrativa. I. Título.CDD A863

EDITORIAL AUTORES DE [email protected]

Tabla de Contenidos

Parte 1 - 2018 - 2020

Capítulo 1 - Sampaoli

Capítulo 2 - L´alcudia

Capítulo 3 - Interinato

Capítulo 4 - Confirmación

Capítulo 5 - Copa América Brasil 2019

Capítulo 6 - Renovación

Capítulo 7 - Eliminatorias (I)

Parte 2 - 2021 - 2022

Capítulo 8 - Copa América Brasil 2021

Capítulo 9 - Eliminatorias (II)

Capítulo 10 - Finalíssima 2022

Capítulo 11 - Mundial Qatar 2022

Capítulo 12 - Continuidad y homenajes

Parte 3 - La Scaloneta

Scaloni: nuestro líder

Cuerpo Técnico: el apoyo

Enzo: la revelación

Julián: la confirmación

Gío: la manija

Leandro: el jugador n°12

Kun: el camarada

Lautaro: el goleador

Armani: el hombre clave

Alexis: el despliegue

Rodrigo: el motorcito

Ota: el mariscal

Dibu: la locura

Angelito: el elegido

Leo Messi: D10S en la tierra

El Diegote: D10S en el cielo

Y muchos más...

Para Cin y el Tobi,

mis compañeros,

para siempre.

Prólogo

La pasión es algo que está en la naturaleza humana. Algunos tienen sentimientos muy fuertes por la música, otros por el cine, y entre muchas cosas, también por el deporte.

El fútbol en Argentina podría considerarse para muchos como lo más importante después de la familia; mueve masas, genera amor y conflicto, debates interesantes y discusiones estúpidas. Las rivalidades entre muchos clubes son icónicas, con cargadas ya clásicas como la “vitrina de dinosaurios”, la “B”, el 9/12 y los pecho frío.

A mí no me interesaba para nada el fútbol. Este deporte era lo que a mi hermano mayor le encantaba, mientras yo estaba con otras cosas en mi habitación. Cuando él tenía colgado posters del Boca de Bianchi celebrando ir a Japón, o Palermo corriendo a abrazar a Román, o el plantel campeón, yo coleccionaba figuras de acción y sets de construcción. Ocasionalmente jugábamos con muñecos que representaban jugadores y hacíamos partiditos en el suelo, pero como yo no tenía idea de nada, él me pasaba por encima con facilidad.

El recuerdo más temprano que tengo de haber visto a la Selección fue con el Mundial de Sudáfrica 2010, donde coleccioné el álbum de figuritas. Lo que más me atraía de juntar eso, era reírme de nombres de jugadores y caras porque tenía el recuerdo de morirme a carcajadas viendo el álbum de Francia 1998 que tenía mi hermano (qué cruel que suena eso ahora, pero créanme que venía de un lugar de inocencia). Vi todos nuestros partidos gracias a que suspendían las clases en el colegio, y lo que no me olvido es el desahogo enorme que tuvo mi hermano en el gol del Titán contra Grecia, metiendo el 2-0 que sellaba la clasificación a octavos de final como primera de grupo. Abrió la puerta de su habitación y salió a arrodillarse frente a la tele, con las manos cubriendo su cara mientras lloraba de alegría. Su ídolo en Boca lograba convertir en sus únicos 10 minutos en un Mundial (del rebote de un tiro de Messi, encima). El optimista del Gol siempre estaba en el lugar exacto en el momento justo, como contra Perú, donde sinceramente no tengo recuerdos de nuestras reacciones, pero sí de la imagen del “Loco” mirando al cielo lluvioso con los brazos extendidos.

No fue hasta poco antes del Mundial 2014, donde empecé a conectar con mi hermano en lo futbolístico. Me prestó su copia del Pro Evolution Soccer 2011 para la computadora, donde yo empecé a jugar con el Barcelona de Messi a Ibrahimović, quien sería mi goleador y se volvería mi jugador favorito por su carisma y golazos. Algunas veces lo vi a mi hermano jugando en la PC, pero mayormente jugaba en la PlayStation, al PES 2013, y ahí es donde me prestaba el otro joystick y me vapuleaba 6-0 usando a Zambia y yo a la Selección Argentina. Claramente me faltaba mucho todavía...

Luego de ese histórico Mundial que tantas emociones me dio y lamentablemente perdimos, seguí los pasos de mi hermano y me interesé por ver al Barcelona y Boca, y conocer más sobre este deporte. Con el paso de los años me fui interiorizando cada vez más, viví yo también cada derrota y victoria con euforia y creció en mí la pasión que él tenía, incluso si en él ya se había calmado. Todavía no estaba en mis 20 y él se acercaba a los 30, las prioridades cambian.

Lo que nunca cambió fue el amor por un jugador. Un tipo que cambió su manera de ver el fútbol. Piensen en lo siguiente: mi hermano, siendo de Boca, empezó a interesarse en el Barcelona de España cuando Saviola, desde River, llegó en 2001, y al año siguiente Riquelme. Sólo coincidieron un año, y después llegó Ronaldinho, que con su magia le dio otra vida al club y encantó a todos. Pero se escuchaba de un juvenil que ascendía rápidamente, talentoso y con muchísimo potencial. Un chico argentino que en 2004 debutó ante el mundo y maravilló a viejos y nuevos. Lionel Messi comenzaba su historia y mi hermano presenció el inicio, quedando unido desde entonces a la pantalla para ver cada partido, con la ilusión de ver su desequilibrio, su zurda única, y cómo año tras año Messi mejoraba en todos sus aspectos, convirtiéndose en el Mejor Jugador del Mundo.

Mi hermano empezó a escribir este libro el 19 de diciembre de 2022, un día después del día más importante de su vida deportiva. Ya quedaron grabados en la historia grande del fútbol argentino y Mundial los 26 guerreros y todo el cuerpo técnico, que lograron consagrarse campeones totales: primero en el Maracaná, luego en Wembley, y ahora en Doha. Una selección que arrancó con un sueño en 2018, que enamoró a mi hermano y le provocó querer escribir este libro. Sin ningún lenguaje académico o poético, y sin ser un escritor tampoco (aunque bueno, ahora sí). Tampoco hay un “detrás de escena” de los partidos o campeonatos, ni anécdotas de los protagonistas que le hayan contado en su intimidad. Esto fue hecho como un hincha más, con palabras expresadas desde el alma y el corazón.

Luego de meses de arduo trabajo, mi hermano Damián completó el deseo que nació esa noche de alegría en que Lionel Messi levantó nuestra Tercera Copa del Mundo junto con Lionel Scaloni, también luego de un mes de duro trabajo, pero de aún más años de sacrificio. Espero que disfruten de esta lectura tanto como yo, que me llenó de orgullo recibir y ser solicitado a redactar su prólogo.

Gracias, por hacerme creer también, en la magia de la redonda.

Franco Centrone

Introducción

Mi sueño de ver campeón a la Selección Argentina, como el de muchos y muchas de mi generación (al momento de escribir esta oración tengo casi 33) se inició allá por 1998, casualmente en Francia. El primer recuerdo que poseo es el cabezazo de Ortega a Van der Sar, el “1” de Holanda (también denominada Países Bajos, que ya formará parte importante de este relato). Si bien, para ser honestos, me vienen retazos de los anteriores partidos de esa copa, esa fue la primera frustración. Y encima luego llegó el pase largo (si, PASE, no fue pelotazo) de Frank de Boer a Dennis Bergkamp, nos clavó el 2 a 1 y chau mundial. Los Cuartos de Final del Mundial Francia 1998 fue el techo de esa selección, que tenía figuras como Ortega, Batistuta, Verón, Simeone, el Piojo López, Sensini, Zanetti, etc.

*

Llegó Bielsa, con la primera Copa América que recuerdo, en Paraguay año 1999. Argentina tenía un gran equipo, plagado de jugadores del xeneize, situación no habitual en la selección nacional: Riquelme, Palermo, Guillermo, Cagna, Ibarra, Samuel. Conclusión: 3 penales errados por el Titán, que luego tendría su revancha en la selección, y nos volvimos a casa también en cuartos contra Brasil (errando también un penal, en este caso, por el “ratón” Ayala).

Para colmo en 2001 se jugó la Copa América en Colombia, pero por conflictos políticos y sociales que estaba atravesando ese país, Argentina no se presentó, por lo que no hubo una rápida revancha.

Sin embargo, Bielsa logró armar una gran selección, en cuanto a juego y nombres, de lo mejor que se vio a mi parecer. Se ganaron las eliminatorias de punta a punta y fuimos al Mundial Corea - Japón 2002 como campeones, prácticamente. Resumiendo ese mundial para no darle mayor entidad, gol de tiro libre de Svensson y chau en primera ronda. Impensado. Y encima, Brasil campeón.

Para cerrar el párrafo “Bielsa”, a quién este escritor le tiene una gran estima a pesar de los resultados deportivos, en el año 2004 me tocó vivir dos competiciones más: Juegos Olímpicos en Atenas y una segunda Copa América, esta vez en Perú.

En realidad, primero se jugó la Copa América. Se llegó a la final con Brasil haciendo un gran torneo y, a falta de segundos para lograr la tan ansiada copa, apareció Adriano, un 9 robusto pero crack brasilero para decretar el empate y penales. Penales que fueron derrota y segundo puesto. Y segundo puesto que en ese momento era como salir último, un pecado enorme. Hoy con 3 décadas sobre los hombros entiendo que salir segundo es bueno, y podría dedicar un capítulo entero a desarrollarlo, pero no es el objetivo de este relato.

Y la alegría al fin llegó. En Atenas nos tocó salir campeones, mejor dicho, ganar la medalla Dorada. Ese equipo ganó todos los partidos, no recibió ningún gol, y tuvo a un Carlitos Tévez endemoniado como figura y goleador del torneo. Mi primera gran alegría con el seleccionado Argentino.

*

Con la salida del “loco” de la selección, le llegó el turno a José Pékerman. Histórico director técnico de juveniles, campeón de cual torneo juvenil le aparezca en frente y formador de grandes jugadores, como Scaloni, Aimar, Riquelme, Saviola, D´Alessandro, Maxi Rodríguez, Cambiasso, Samuel, etc.

Pékerman en la selección mayor llegó a dirigir en la Copa Confederaciones Alemania 2005 y en el Mundial de Alemania 2006.

En la primera competencia Argentina nuevamente llegó a la final, otra vez con Brasil, y al igual que un año atrás, terminó derrotada. Un categórico 1-4 a favor de la verdeamarelha. Pero esta derrota igualmente fue un incentivo para el mundial que se jugaría el año próximo.

En Alemania 2006 Argentina desplegó un muy buen juego. Recuerdo a Riquelme en un gran nivel, Saviola, Crespo, El Pato, Sorín, Maxi Rodríguez y su golazo a México. Y asomaba un chico que tenía un futuro enorme, un tal Lionel Messi. Escribiendo estas palabras, me viene a la memoria que hizo su primer gol con la camiseta de la selección, en un amistoso previo al mundial, contra Croacia. La ilusión era grande y así de grande también fue la tristeza por quedar eliminado nuevamente en cuartos de final, al igual que en 1998, pero esta vez en manos de Alemania. Partido muy parejo, y si mal no recuerdo, un poco mejor nuestra selección. Empate 1 a 1 y penales, que significaron derrota y eliminación.

Seguían pasando generaciones de jugadores que tenían nivel para ganar torneos con la selección y se frustraba el sueño. En 1993 había sido el último logro argentino a nivel mayores, la Copa América disputada en Ecuador, con figuras como Batistuta, Simeone, Goycochea, Redondo y Basile como DT, con un invicto de 31 partidos. Pero de esto, la verdad, mi recuerdo es nulo.

*

Entre 2005 y 2006, el Boca del Coco Basile arrasaba en los torneos locales e internacionales, ganando 5 torneos de 5 competencias jugadas. No solo la eficacia en los títulos sino el juego mostrado por ese equipo, que fue de menor a mayor, hizo que con la salida de Pékerman, desde la AFA llamaran al DT de Boca.

Basile iba a dirigir a la selección por segunda vez. Fue el último entrenador campeón de la mayor, y la expectativa que se generó en su segundo ciclo fue muy grande, aunque este período no iba a durar mucho.

Este equipo, que contaba con Riquelme en su plenitud, Carlitos Tévez, un Messi que estaba cada vez más consolidado como joven promesa y que tenía un enorme futuro, y la “brujita” Verón, que regresó a la selección. También estaba Javier Mascherano, demostrando sus primeros rasgos de líder nato. Este equipo iba a llegar a la final de la Copa América Venezuela 2007 jugando un gran fútbol, marcando muchos goles y siendo el mejor equipo del torneo. Sin embargo, Brasil (sí, otra vez Brasil) nos iba a ganar 3 a 0 con un equipo alternativo, pasándonos por arriba y frustrando una vez más, el sueño de ganar un torneo a nivel Selección Mayor. Recordemos que los Juegos Olímpicos que se ganaron en 2004 eran Sub 23, con la autorización para incluir a tres jugadores mayores.

La derrota en la Copa América marcó un descenso en el juego del equipo, lo que ocasionó la salida del Coco y la llegada de, nada más y nada menos, que D10S.

*

Qué decir de esa época. Qué decir de Diego Armando Maradona como DT de la Selección Argentina. El último campeón mundial, el mejor jugador de la historia de la selección.

Creo que éste fue el primer mundial al que llegué con mayor ilusión. Por Diego y por todo lo que representaba. Por Messi, que estaba en un nivel extraordinario en el Barcelona de Guardiola y porque Diego le dio por primera vez la camiseta número 10. Por Palermo, que se metió en la lista de convocados porque justamente él nos metió en el mundial, con ese gol épico contra Perú, bajo la lluvia. También por Carlitos, Masche, Di María. Era un equipazo, que despertaba una ilusión muy grande.

El equipo durante la competencia mundialista en Sudáfrica 2010 fue de mayor a menor, jugando muy bien en fase de grupos, ganando en octavos versus México, y dejando una pálida imagen contra Alemania en cuartos. Sí, al igual que en 2006, octavos contra México y cuartos contra Alemania, y mismos resultados. Esta vez, con un categórico 0-4 que demostró que por más ilusión y expectativa que podían generar Diego y compañía, como equipo nos faltó mucho para competir de verdad.

Fue fuerte el golpe. Duro. Dolió mucho, más con la posterior salida de Diego despotricando contra todos. Y también doloroso por todo lo que se generaba mediáticamente con las críticas a Leo Messi, el mejor jugador de la actualidad y que en el mundial a mi criterio lo hizo bien, y no tuvo la suerte de convertir ni un maldito gol. Hizo figura de cada partido a todos los arqueros (con excepción del alemán, claro está). ¡Que bronca me generaba la comparación de Messi con Maradona! La historia de Diego en la selección era inigualable, a mi criterio no por lo futbolístico, que fue extraordinario, sino por todo el contexto que nos tocó vivir como país y lo que hizo que cada genialidad de Diego se valore y disfrute aún más.

*

La salida de Diego como entrenador de la selección dio paso a la llegada del Checho Batista, campeón en México 1986 y parte del cuerpo técnico de Maradona en Sudáfrica. Asumió con la intención de rodear a Messi e intentar imitar al Barcelona de Guardiola, pero con intérpretes argentinos. Lógicamente esto era algo imposible de conseguir. Los resultados y el funcionamiento, principalmente, lo demostraron. Lo mejor de ese equipo fue un triunfo amistoso contra la España campeona del 2010, y no mucho más.

Nos tocó organizar la Copa América de 2011, escenario ideal para lograr el primer título después de 18 años. Ese torneo Argentina lo jugó muy mal, y en el partido que mejor jugó, que fue en cuartos versus Uruguay, empató 1 a 1, fue a penales y fue derrota, con Tévez como protagonista errando el penal definitivo luego de toda la controversia por la posible ausencia en la lista final para el torneo.

Uruguay nos eliminó en nuestra casa. Gran equipo el charrúa que terminó consagrándose y dando la vuelta olímpica en el Monumental contra la Selección de Paraguay, dirigida por el Tata Martino.

El recuerdo más fuerte que tengo de Batista a cargo de la Selección fue la gente, la hinchada. Nuestra gente y nuestra hinchada, que fue a ver Argentina 0 - Colombia 0, en Santa Fé, y terminó silbando a Messi. Voy a tratar de ser lo más correcto y diplomático posible: ¡qué estúpidos! Quedó más que claro que no entendieron nada.

*

Chau Batista, hola Alejandro Sabella. De la escuela pincharrata y con influencias de su ciclo en River, llegó a la selección nacional teniendo en el horizonte al mundial de Brasil 2014.

El camino fue de menor a mayor, logrando la mejor versión de Messi hasta ese momento en el equipo argentino. Se logró el primer puesto en las eliminatorias y llegamos al mundial con buena expectativa, pero creo y recuerdo que bastante prudente. Me viene a la cabeza que previo al comienzo del mundial, como Argentina jugaba con los 4 fantásticos (Messi, Higuaín, Di María y Agüero), en mi pensar estaba la idea de que íbamos a tener facilidad para llegar al gol pero no confiaba mucho en la defensa argentina. Pasó todo lo contrario, Argentina fue avanzando en la copa ganando los partidos por diferencia de 1 gol, convirtiendo 8 tantos en 7 partidos, y recibiendo solo 4. La mayor alegría fue la semifinal con Holanda, donde “Chiquito” Romero se “convirtió en héroe”, palabras expresadas por Javier Mascherano.

La final, como todos ya sabemos, fue desarrollándose en buena medida a favor nuestro, con situaciones demasiado claras y desaprovechadas por Higuaín, Palacio y el propio Messi. ¡Cómo grité el gol de Higuaín en offside! Uno de los goles que más grité en mundiales, sin ninguna duda.

En síntesis, tiempo suplementario, gol de Mario Gotze, y fin del sueño...

Por primera vez me tocó vivir una final de Copa del Mundo, en Brasil, y, para colmo, los locales se habían comido 7 en las semis contra el equipo que terminó siendo campeón.

Messi había hecho una copa de mayor a menor, pero siendo igualmente el mejor jugador de la selección y nuestro goleador. En la final no tuvo la suerte que tenía en el Barcelona, que estornudaba y clavaba un hat trick. Leo se quedó con el premio a mejor jugador, pero con la medalla del segundo puesto, que daba inicio al trío de subcampeonatos seguidos que tanto dolor nos generaron.

*

Al terminar la Copa del Mundo en Brasil, Sabella no continuó como seleccionador y dio lugar al Tata Martino, de buen paso en Paraguay, Newell´s y con la experiencia de haber dirigido un año a Messi en el Barcelona.

Por delante se venía la Copa América en Chile 2015. Se respetó la base subcampeona del mundo y se logró avanzar a una nueva final, también con un equipo que fue de menor a mayor, pasando por penales en cuartos contra Colombia, con la redención de Carlitos Tévez anotando el gol ganador. Luego, en la semifinal, goleó a Paraguay por 6 tantos contra 1. Los guaraníes habían derrotado a Brasil por penales, luego de empatar 1 a 1, donde demostraron ser un equipo duro de vencer.

En la final contra el organizador del torneo, el partido fue malo, salvo pasajes puntuales. Terminó en empate sin goles y en la definición por penales, que en otras oportunidades nos había hecho disfrutar, esta vez nos hizo sufrir y salir derrotados. Chile campeón en su casa, título muy celebrado por toda la nación trasandina, ya que fue el primero de su historia. Argentina, por su parte, fue nuevamente subcampeón, otra vez sin convertir goles en finales, habiendo jugado 120 minutos en cada una de ellas.

*

La Copa América es un torneo que habitualmente se juega cada 2 o cada 4 años, dependiendo la época. Como se había jugado en 2015, uno podría suponer que recién en 2019 íbamos a tener una posible revancha, posterior al mundial de Rusia 2018. Pero no, debido a que en el año 2016 se cumplían 100 años de la primera Copa América organizada en territorio argentino (llamada por entonces Campeonato Sudamericano de Selecciones), se jugó en ese año la Copa América Centenario en Estados Unidos.

Argentina tuvo un muy buen torneo, mucho mejor que el del año anterior, con un Messi en excelente nivel, goleador nuevamente del equipo y con un partidazo en semifinales contra la selección local, haciendo uno de los goles más lindos de tiro libre en toda su carrera.

Se llegó a la final una vez más, otra posibilidad de revancha para esta generación que tanto batalló y nos puso siempre en primera plana mundial.

Lamentablemente para dichos jugadores y para quien escribe, Argentina nuevamente iba a lograr el subcampeonato. Se repetía la final con Chile, se repetía el mismo resultado, y se repetía el mismo final. Otra vez sin goles en 120 minutos, con situaciones muy claras para ponernos en ventaja, y malográndose una tras otra. Mientras Chile festejaba su bicampeonato, del otro lado veíamos a Messi rompiendo en llanto en pleno estadio y ya en zona mixta, anunciando que se retiraba de la Selección Argentina:

“Lo primero que se me viene a la cabeza, y que pensaba recién en el vestuario, es que ya está, que se terminó para mí la selección. Son cuatro finales, no es para mí. Lo busqué, no se me dio, pero creo que ya está(...) Creo que sí es una decisión definitiva. Es lo que siento ahora. Es una tristeza grande lo que nos volvió a pasar. Encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo para tomar diferencia. Hoy me tocó errar a mí, ya está”.

Palabras que, sinceramente, me dolieron más que haber perdido una nueva final.

¿Qué podía venir después? No importaba. Messi no iba a estar más en la selección, y la verdad que era un dolor enorme. No se lo merecía. Lo intentó de todas maneras y no se le daba, pero no podía rendirse. Le pegaron eh, yo no me olvido. Amigos, familiares, en las redes sociales, en los principales medios. Muchísimos lo criticaron y festejaron su derrota. Todos y cada uno de ellos, se terminaron dando vuelta y rindiéndose ante el mejor, pero no nos adelantemos a esto.

*

Al finalizar el ciclo del Tata Martino, luego de un comienzo muy malo en las eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018, llegó el turno del Patón Bauza. Técnico campeón en 2014 de la Copa Libertadores con San Lorenzo, y que también la había conseguido con la Liga de Quito en 2008. Su paso por la selección fue muy breve, donde lo mejor que tuvo durante su mandato fue el Retorno del Rey. Messi volvía a la selección, a pesar de los detractores, que volvían a aparecer con plato y cubiertos en mano, esperando una nueva derrota.

Su ciclo finalizó sin competir en ningún torneo, solo jugando algunos partidos de las eliminatorias, y los medios de comunicación empezaron a postular a un entrenador que había hecho bien las cosas en Chile y en el Sevilla, club de España. El técnico que postularon los medios y que llegó a la Selección Argentina fue Jorge Sampaoli.

Pero no voy a hablar de él en la introducción. No, no. Va a tener un capítulo entero. Ya que lo considero parte esencial de todo lo que vino después. ¿No me creen? Pasen y lean...

Parte 12018 - 2020

Capítulo 1

Sampaoli

“Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón” 1

Cuando Argentina pierde la final de la Copa América 2015 en Chile, al combinado local lo dirigía un argentino, “alumno”, por decirlo de cierta forma, de la escuela de Bielsa. Este técnico era Jorge Sampaoli.

Previo a lograr el título con Chile, había llegado a octavos de final en la Copa del Mundo en Brasil 2014, siendo eliminados por penales contra la selección local. Su paso por la selección chilena fue más que positivo, y culminada la obtención de la Copa frente a su país de nacimiento, se fue a dirigir al Sevilla de España.

De muy buen paso por este equipo, y con su reciente historial al frente de la selección chilena, comenzó a candidatearse su llegada a la selección.

Con la salida del patón Bauza al mando de la selección mayor Argentina, Sampaoli fue elegido como entrenador. Le quedaban por delante algunos partidos de eliminatorias, algunos amistosos y, si se clasificaba, la Copa del Mundo Rusia 2018.

*

El ciclo de Jorge Sampaoli a cargo de la Selección Argentina comenzó un 9 de junio de 2017, con un amistoso a disputarse en Australia contra nada más y nada menos que Brasil. El comienzo fue auspicioso más por el resultado que por el juego, ya que se ganó 1 a 0 con gol de Gabriel Mercado.

Previo al primer partido por las Eliminatorias, y cuatro días después del triunfo ante Brasil, Argentina iba a enfrentar en un segundo amistoso a Singapur. El resultado fue una abultada goleada por 6 tantos contra 0, ante un seleccionado débil que poco inquietó al arco defendido por el “Patón” Guzmán.

Se venían las eliminatorias, los últimos cuatro partidos para saber si Argentina se clasificaba al mundial o no. Lo hecho en las catorce fechas previas no había sido bueno, y a pesar que Argentina estaba con serias chances de clasificarse y dependía de sí misma, todavía no tenía asegurado el ingreso a la competencia mundialista, por lo que esos doce puntos eran vitales.

En la antesala de la fecha 15 a disputarse con Uruguay en Montevideo, Argentina había llegado con 22 puntos, con un acumulado de 6 victorias, 4 empates y 4 derrotas. Esto lo colocaba en el quinto puesto, es decir, zona de repechaje. Ese partido en tierras uruguayas tuve la suerte de verlo en vivo, ya que por trabajo me encontraba en Montevideo y junto a mi jefe aprovechamos y fuimos al Estadio Centenario. Recuerdo un partido parejo, rozando lo aburrido, con Argentina teniendo la pelota y generando una o dos situaciones claras por parte de Messi. No mucho más. Y el empate en cero dejaba a ambos seleccionados relativamente bien parados para afrontar los tres partidos restantes. Al finalizar la fecha 15, Argentina se ubicaba en la 5ta posición, por debajo de Chile solo por diferencia de gol.

El siguiente partido era en casa, en nuestro país. Más precisamente, en el Estadio Monumental, del Club Atlético River Plate. El rival, Venezuela, último de la tabla. A priori, un rival accesible al cual Argentina debía imponerse y ganar sin dejar dudas. Durante la primera etapa Argentina intentó y tuvo situaciones, pero no pudo quebrar el arco de Fariñez. En el segundo tiempo, a los pocos minutos de comenzado y para sorpresa de todos, Venezuela se iba a poner adelante en el marcador. La derrota parcial empezaba a generar murmullos en las tribunas, pero poco tiempo le duró la victoria a los visitantes, debido a que 5 minutos después un centro del “Huevo” Acuña iba a desatar la locura. En realidad, la locura se desató gracias a un jugador venezolano, Rolf Feltscher, que convirtió en contra de su propia meta.

El seleccionado dirigido por Sampaoli siguió intentando, con Messi como líder de cada jugada y ataque, pero el resultado no se iba a modificar y un nuevo empate era cosechado por nuestro combinado albiceleste.

Este empate comenzaba a despertar miedos de no clasificarse al mundial, a pesar de seguir con chances matemáticas. Compartimos puntos con Perú al finalizar la jornada 16, pero ellos mejor ubicados en la 4ta posición, mientras que Argentina seguía en repechaje.

Un mes después se jugó la última doble fecha de eliminatorias. El partido por la fecha 17 iba a ser contra Perú, de local, pero esta vez en la mítica Bombonera, estadio del Club Atlético Boca Juniors. Y el último encuentro, que daba cierre a las eliminatorias, sería en la altura de Quito, contra Ecuador.

El partido contra Perú era clave, ya que justamente era la selección que igualaba en puntos con nuestro equipo, pero por diferencia de gol, nos encontrábamos por debajo en la clasificación. Ganar era obligación para llegar a la última fecha con muchísimas chances de clasificar sin sufrir tanto.

Si analizamos sólo el resultado, está claro que la desilusión se lleva todos los premios y la frustración está ahí cerca, pisándole los talones, en una competencia entre sentimientos tristes y dolorosos. Fue empate sin goles, de local, y lo más destacado, lamentablemente, fue la lesión de Fernando Gago, que se rompió los ligamentos cruzados de su rodilla derecha. El hincha comenzó con ilusión y aliento y terminó el partido con murmullos, tristeza, alguna que otra puteada. Se finalizó la fecha 17, faltaba solo una jornada para terminar las eliminatorias, y Argentina estaba en la 6ta posición. Sí, Argentina, la “dos veces campeona del mundo”, se iba a quedar sin jugar el evento más importante del 2018.

Si nos quedamos con el rendimiento tampoco podemos esperar mucho más. Es cierto que merecimos más, que hubo situaciones de gol donde ni Messi, ni Icardi, ni Benedetto, ni Papu Gómez, ni Rigoni, pudieron doblegar a Pedro Gallese. Pero a medida que iban pasando los minutos, el equipo fue absorbiendo la desesperación de la gente y las ideas cada vez eran más improvisadas.

Última escala para el sueño mundialista: Quito. Argentina se enfrentaba a Ecuador, sabiendo que debía ganar y esperar otros resultados para, al menos, lograr el quinto puesto y pelear luego en el repechaje contra Nueva Zelanda, país de Oceanía que había logrado clasificar a la repesca en su zona de competición.

El partido contra Ecuador, para colmo de males, iba a arrancar con un gol de los locales al minuto de juego. No podíamos creer, hablo por todos los amantes del fútbol y por cada argentino y argentina mirando el partido en vivo, que el camino fuera todavía más difícil. Teníamos que ganar y comenzábamos perdiendo desde el vestuario.

Sin embargo, Argentina comenzó a acomodarse en el partido y logró empatar rápidamente con un gol de Messi tras pared con Angelito Di María. Lio, en el festejo, agarró la pelota con claras intenciones de ir por el segundo gol.

Esa actitud generó, a los pocos minutos, el segundo grito argentino, y segundo gol de la cuenta personal de Messi. La guapeó él, la peleó contra el último defensor ecuatoriano y la clavó arriba al primer palo, imposible para el arquero Máximo Banguera. El resultado a favor generó un alivio enorme, pero al mismo tiempo, había que lograr tener la cabeza fría, no relajarse y evitar que nos terminen empatando.

Ya en el segundo tiempo, Argentina iba a conseguir el tercer gol. Golazo espectacular de Lionel Messi, otra vez, para lograr su hat trick y de esa manera, darnos la clasificación al mundial. Clasificación que encima sería consiguiendo el tercer puesto, debido a que ni Colombia, ni Perú ni Chile lograron los 3 puntos.

Lo lindo y lo loco del fútbol. De arrancar la fecha fuera de Rusia 2018, a festejar alocadamente la clasificación siendo el 3er mejor equipo de la eliminatoria. Al menos en puntos, estábamos dentro de los tres mejores.

Messi había hecho un gran partido y había salvado, a mi criterio, el futuro no solo de la selección, sino de Jorge Sampaoli, que en sus primeros seis partidos había mostrado más dudas que certezas.

*

Con la tranquilidad que generó la clasificación al mundial, se organizaron y jugaron, previo al campeonato en Rusia, cinco amistosos. La intención de los mismos era comenzar a dar forma a la lista de 23 jugadores que serían parte de la convocatoria mundialista, y prepararse para enfrentar en fase de grupos a Islandia, Croacia y Nigeria.

Los primeros dos amistosos fueron en noviembre de 2017, contra Rusia justamente y otro contra Nigeria. Ambos encuentros iban a disputarse en tierras rusas, palpitando lo que sería el mundial que se jugaría dentro de 7 u 8 meses.

El primero de los amistosos iba a ser triunfo por la mínima, con gol del “Kun” Agüero, quien se postulaba para ser el 9 titular de la selección, por encima de Gonzalo Higuaín. Del juego no se puede destacar mucho, pero soy de los que piensan que los triunfos llaman a otros triunfos y que hacen más fácil la tarea de encarar los entrenamientos con mayor ánimo y, en consecuencia, jugar mejor en cada partido. Debo reconocer que a veces, un triunfo quiere llamar a otro y le da ocupado.

El siguiente partido, y último del año 2017, iba a ser contra el conjunto nigeriano. El primer tiempo se lo iba a llevar Argentina por 2 tantos contra 1, participando del segundo gol nuevamente Agüero. La segunda etapa fue para el olvido, con un equipo africano superior a nuestra selección y dando como resultado final un categórico 2 - 4.

La diferencia entre un amistoso y otro fue que en el primero participó Lionel Messi, y en el segundo no (a mi criterio variable muy importante). No es un detalle menor, ya que la presencia de Lionel siempre es importante, y estaba claro que sin él, Argentina era un equipo y con él era otro.

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El año mundialista iba a comenzar con la preparación de los últimos tres amistosos, dos de ellos muy competitivos por la jerarquía de los rivales, y el restante tenía más un fin de despedida de la selección antes del viaje a tierras rusas, contra el débil seleccionado de Haití.

Los rivales a enfrentar en marzo iban a ser, nada más y nada menos, que Italia (en Manchester) y España (en Madrid). Ambos encuentros no iban a contar con la presencia de nuestro capitán, pero servirían para dar forma a un equipo que intentara no depender de lo que él pueda hacer dentro de la cancha.

Italia, selección cuatro veces campeona del mundo, se iba a perder la cita mundialista luego de caer en repechaje contra Suecia. Igualmente, era un rival duro y que venía bien para comenzar a delinear los once titulares. O al menos, lograr identificar el sistema de juego central o las formas. Algo, lo que sea que otorgue certezas, que hasta ahora no habían aparecido.

El partido contra “la Squadra Azzurra” dirigida técnicamente por Di Biagio iba a finalizar 2 a 0 en favor de Argentina, con goles de Banega y Lanzini sobre el final del encuentro. Las sensaciones eran buenas, ya que el rendimiento había mostrado una clara mejora, comparándolo contra los encuentros anteriores. Y principalmente porque la ausencia de Messi, que siempre se nota porque es el mejor jugador del mundo, no afectó al desarrollo de los 90 minutos.

Llegó el turno del segundo amistoso contra la España de Lopetegui. ¿Qué decir de ese partido? Cualquier adjetivo que quiera poner, probablemente quede chico.

El partido en ningún momento fue disputado, salvo algún que otro minuto donde Argentina intentó doblegar a la defensa española. El resultado final, un categórico e histórico 6 a 1 a favor del equipo local. Paliza futbolística, donde nada se pudo destacar del combinado albiceleste.

Las sensaciones eran malas, las críticas eran fuertes. Quizá con justa razón, pero a tres meses de comenzar el mundial, las expectativas iban decayendo y el técnico nacional, Sampaoli, no encontraba la manera ni la forma de convencer al grupo de jugadores de lo que quería plasmar en el campo de juego.

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A casi un mes del comienzo del mundial, Sampaoli dio la lista de 23 jugadores que irían a competir a Rusia. Las principales sorpresas en cuanto a los convocados fueron, según mi punto de vista, Ansaldi, Guzmán, Fazio, Salvio y Meza. Y con respecto a grandes ausencias, se destacaban Chiquito Romero (por una supuesta lesión), Paredes, Lautaro Martínez e Icardi. Luego, por lesión, se terminaría perdiendo el mundial Manu Lanzini.

Argentina iba a tener la posibilidad de despedirse de su gente en La Bombonera, tres semanas antes del comienzo del mundial.

El equipo a vencer era Haití. Está claro que la idea era que la gente disfrutara y se despida de los jugadores, y también, poder ultimar detalles de lo que sería el equipo para el debut contra Islandia.

Argentina ganó 4 a 0, con hat trick de Messi y el gol restante lo hizo el “Kun” Agüero. Lo Celso aparecía como un jugador clave, socio de Messi. Cristian Pavón, de gran temporada con Boca Juniors, asomaba como un revulsivo más que interesante.

A pesar del triunfo abultado y de la algarabía que generó la despedida, es cierto que no se llegó de la mejor manera al mundial. Hoy, cuatro años después, es más fácil verlo. Quizá en ese momento uno se ilusionaba igual, por los jugadores que la selección tenía, por la camiseta, por la propia expectativa de lograr el primer mundial desde que toda mi generación existe. Nuestros padres, tíos, abuelos, ya habían visto a Kempes, al Diego, habían disfrutado con esos equipos. Y nosotros, los de 25 - 30 años, convivimos con frustración tras frustración.

El sueño, a pesar de todo, estaba intacto... ver a Messi levantar la tercera Copa del Mundo.

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Ya todos con el pensamiento puesto en Rusia, antes del debut contra Islandia, iba a haber un nuevo dolor de cabeza para nuestra selección. Problema que se generó extra futbolísticamente, ya que íbamos a jugar un último amistoso contra Israel. Este país tenía (y tiene) conflictos con Palestina, el clima social estaba muy caldeado y no había garantías de que el partido se pudiera desarrollar con normalidad y en paz. Fueron los mismos jugadores argentinos los que pujaron para que el partido amistoso se suspendiera.

El comienzo de la Copa del Mundo Rusia 2018 para Argentina fue contra un rival europeo, Islandia. Equipo que en la última Eurocopa fue revelación y quedó en nuestro recuerdo el festejo de los jugadores con su gente. Si bien era un equipo duro, que se sabía y se hablaba de antemano que no iba a ser fácil, Argentina tenía mucho más plantel y debía imponerse, si lograba generar juego y destrabar la férrea defensa rival.

Las sorpresas iniciales de nuestra selección, que se paró con un 4-2-3-1, fueron W. Caballero en el arco, Eduardo “Toto” Salvio de lateral derecho (siendo originalmente un volante o delantero por ese sector) y Maxi Meza como volante por el sector derecho, relegando por ejemplo a Gio Lo Celso, que hasta el último amistoso había sido titular y socio de Messi.

Sergio “Kun” Agüero fue el delantero centro elegido por Sampaoli, como lo venía siendo en los partidos previos, y fue el encargado de anotar el 1 a 0 a favor de la selección con una gran media vuelta. Todo era fiesta, hasta que pocos minutos después Islandia llegó al empate, por medio de un jugador que sinceramente no recuerdo su nombre, pero a continuación lo voy a escribir tal cual lo dice Google: Finnbogason.

El partido se fue tornando cada vez más complicado, y ya en el segundo tiempo, Argentina iba a contar con una situación ideal para ponerse en ventaja y ganar el partido: un penal. La infracción se la cometieron a Meza y el encargado de ejecutar la pena máxima iba a ser Lionel Messi, nuestro capitán. Debo reconocer que la sensación que tenía al ver parado a Messi por patear el penal, era que no iba a terminar en gol. No sé por qué. La verdad que a Messi lo admiro y creo que amo cada cosa que hizo, cada movimiento futbolístico que expresó, con o sin vuelta olímpica, dentro de una cancha. Perdón si mis malas sensaciones afectaron en un mínimo porcentaje, pero el arquero islandés Halldorsson contuvo el remate.

Luego de esa situación ideal para ponerse nuevamente en ventaja, la selección tuvo dos situaciones más, una típica de Messi que a centímetros estuvo de redimirse por el penal fallado, y otra de Pavón que, tras un centro a media altura, nadie la rozó y cuando parecía que era gol el arquero sacó una mano y desvió el tiro.

La fase de grupos no iniciaba de la mejor manera, como para continuar con lo reflejado en los 11 partidos anteriores al mando de Jorge Sampaoli.

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Había que reponerse rápidamente del empate en la primera fecha, y tocaba la difícil Croacia, que venía de ganarle a Nigeria en el debut por dos tantos contra cero.

Sampaoli eligió, para este segundo encuentro, utilizar un dibujo que hasta este momento, no había mostrado grandes resultados en la selección nacional (al menos desde que empecé a ver fútbol y seguir a la Argentina). Se inclinó por un 3-4-3 ó 3-5-2, dependiendo de dónde quieras ubicar a Meza en esos esquemas.

Si Argentina ganaba se acomodaba en el grupo, y eso era lo que pretendía el seleccionado de Sampaoli.

El primer tiempo fue parejo, la verdad que sin muchas situaciones, uno o dos por lado, pero más que situaciones de gol eran aproximaciones. Recuerdo una buena atajada de Caballero y un centro que terminó yendo hacia el arco de Marcos Acuña. No mucho más.

La segunda etapa tenía que ser mejor, para uno u otro lado, pero no podía empeorar. Bueno, para nosotros sí. No habíamos llegado a los 10 minutos cuando nuestro arquero, al querer devolverle la pelota a Gabriel Mercado, la dejó corta y ante la buena presión de Rebić nos convirtieron el 1 a 0. Golazo por la definición, pero un error garrafal del portero argentino. Nadie lo podía creer. Era un baldazo de agua fría porque encima no había signos de responder ante esa fatalidad.

Sin muchas ideas Argentina fue, y fue, pero faltando 10 minutos apareció Luka Modrić, figura croata, para decretar el segundo gol del conjunto dirigido por Dalić.

El tercer gol de Croacia por parte de Rakitić decoró el resultado y hundió más a nuestra selección, que rogaba que termine el partido y que Islandia no le ganara a Nigeria. Si eso ocurría, Islandia y Croacia podrían repartirse puntos en la última jornada y Argentina automáticamente quedaría eliminada.

La buena noticia terminó llegando al otro día, cuando Nigeria derrotó a Islandia por 2 a 0. Si le ganábamos al conjunto africano en la última fecha, nos acercaríamos mucho a la clasificación a Octavos de final.

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Un 26 de junio del año 2018, Argentina buscaría su primer triunfo en el mundial de Rusia contra Nigeria, rival que ya habíamos enfrentado varias veces en mundiales, y siempre con victoria para nuestra selección. Cuatro victorias en cuatro partidos disputados en la máxima competición a nivel país, convirtiendo 7 goles y recibiendo solo 3. Lionel Messi se había enfrentado dos veces en mundiales a la selección africana, con dos finales totalmente distintos en cuanto a su rendimiento. Un gran partido en 2010 haciendo figura a Vincent Enyeama, pero sin convertir goles (como en todo ese mundial). Y un gran rendimiento en 2014, doblete incluido, el segundo golazo de tiro libre al mismo arquero que cuatro años atrás le amargó la tarde.

En los días previos al partido se iba a generar un conflicto entre el plantel y el cuerpo técnico, específicamente con Jorge Sampaoli. Reuniones para encontrar lo mejor para el equipo, pero que demostraban que había disconformidad con lo que el técnico quería y lo que preferían los jugadores. Caballero, tras su error contra Croacia, iba a dejarle su lugar a Franco Armani. Y el otro cambio que hizo ruido fue la salida de Agüero, titular en todo el corto ciclo Sampaoli, para darle espacio a Gonzalo Higuaín.

Esta jornada de fútbol iba a arrancar con felicidad para los nuestros, ya que rápidamente, antes del cuarto de hora, Banega iba a dar un pase largo genial para la llegada de Messi. Lionel la dominó antes de que pique la pelota, primero con el muslo y después con los cordones de su botín izquierdo, para así dejarla caer y rematar cruzado de derecha. Uno de los goles más lindos de Lionel, y muy importante para las aspiraciones de Argentina en el torneo. No iba a pasar mucho más en esa primera parte, salvo un tiro libre de Messi que se estrelló contra el poste.

En el segundo tiempo, a poco de haber comenzado, Mascherano iba a cometer un tonto penal. Discutible sanción, pero penal, al fin y al cabo, que Moses iba a cambiar por gol. Luego del empate se vio lo peor de Argentina, yendo a buscar la victoria muy desesperadamente y dejando espacios atrás. Nigeria contó con 3 situaciones claras para lograr vencer por segunda vez a Franco Armani, pero seguían dejando con vida a la selección.

Hasta que, faltando 5 minutos para finalizar el partido y quedar afuera del mundial, Pavón abrió hacia Mercado, y éste tiró un centro al área. Uno puede suponer que Higuaín, el mismo Agüero que había entrado en el complemento, por qué no Messi, iban a llegar al punto penal e intentar batir al arquero nigeriano. Pero no. El héroe inesperado fue Marcos Rojo, con un derechazo impresionante, que desató la locura de todos: jugadores, hinchas y hasta nuestro DT, que corrió para todos lados sin saber con quién abrazarse.

A punto de quedar fuera de Rusia, fuera de la competición. El gol de Rojo hizo que el papelón no existiese. Que tengamos una vida más. Que lo hecho hasta ahora no importe y se intente mejorar, cambiar la cara a partir de octavos de final.

El rival: Francia, con Griezmann, Mbappé, Giroud, Pogba, Kanté, Lloris. Figuras mundiales.

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La última vez que Argentina había jugado octavos de final fue en el mundial anterior, Brasil 2014. Partido recordado por el alargue, el gol de Di María a los 119 minutos tras asistencia de Messi. Aquella vez se logró la clasificación a cuartos y, tras varios años de quedarnos varados en esa instancia, se consiguió también el pasaje a la semifinal. Argentina, cuatro años atrás, se había asegurado estar entre las 4 mejores selecciones del mundo.

En Rusia 2018, como ya venimos contando, tanto a nivel resultados como juego, la selección dirigida por Sampaoli no demostraba seguridad ni garantías. Y enfrente estaba Francia, candidato a llevarse el trofeo que supo conseguir en 1998 de la mano de Zinedine Zidane.

Francia había clasificado a octavos de final luego de terminar primeros del grupo C, cosechando 7 puntos. Si bien su juego no maravillaba, demostraba eficacia de cara al arco contrario y firmeza a nivel defensivo.

El desarrollo del partido, desde un principio, mostraba a un equipo francés superior al conjunto nacional, pero no por escándalo. La más clara había sido un tiro libre de Griezmann, que se estrelló en el travesaño, para tranquilidad de Armani y de todo un país.