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SOBRE en50MINUTOS.ES | Coaching
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Seitenzahl: 28
Veröffentlichungsjahr: 2016
«En mi trabajo anterior, no me sentía respetada y dejé que la situación empeorara. No dije nada hasta el día en que mi superior jerárquica fue demasiado lejos cuando yo me encargaba del stand en un evento, y exploté. Me mostré desagradable y le grité a mi superior delante de los clientes. Me había presionado mucho durante las últimas semanas y en ese momento no pude contenerme más y le dije todo lo que pensaba. Dos días más tarde, recibí mi carta de despido».Rachel, asistente administrativa en una asociación sin ánimo de lucro
En 1996, la noción de «inteligencia emocional» (IE) fue popularizada por la obra epónima del psicólogo estadounidense Daniel Goleman (nacido en 1946). Distingue dos tipos de inteligencia: la racional y la emocional, cuantificadas respectivamente como coeficiente intelectual (CI) y coeficiente emocional (CE).
Según Goleman, la inteligencia emocional es «la capacidad […] de identificar, acceder y controlar tus emociones, las de los demás y las de un grupo»1. Por tanto, el CE mide la capacidad que tiene un individuo para explotar sus aptitudes personales (empatía, confianza, motivación, etc.) y sus competencias sociales (comunicativa, relacional, etc.).
Para el psicólogo estadounidense, el coeficiente emocional y el coeficiente intelectual no son incompatibles: son, simplemente, dos maneras diferentes de medir la inteligencia global de un individuo. Como ocurre con el coeficiente intelectual, su teoría parte del principio de que nacemos con un coeficiente emocional dado, con ciertas cualidades y tendencias emocionales inscritas en nuestro patrimonio genético. Por tanto, no somos todos iguales en lo que a inteligencia emocional se refiere. Pero, si bien es difícil aumentar el CI, existen varios métodos para aumentar el CE. Estos métodos ayudan no solo a ser conscientes de nuestras emociones y a dominarlas, sino también a descifrar las de los demás y a actuar en consecuencia. De esta forma, ser emocionalmente inteligente está al alcance de todos.
Hoy en día, muchas personas consideran que el CE es tan importante como el CI, sobre todo en el marco profesional. De hecho, Goleman añade que la inteligencia emocional consiste en «gestionar los sentimientos para lograr expresarlos de forma apropiada y eficaz y así permitirle a los demás colaborar con harmonía en objetivos comunes». Desde este momento, cuanto más capaces seamos de gestionar nuestras emociones (estrés, tristeza, ira, intuición, etc.), mejor podremos interaccionar con los demás. Un jefe de equipo que demuestre una gran empatía será probablemente capaz de reducir el estrés de sus trabajadores insuflándoles energía: empleando bien sus emociones, optimiza su potencial como líder. De la misma forma, a una persona que tenga un coeficiente emocional alto le costará menos trabajar en equipo. De nuevo, según Goleman, «la inteligencia emocional no se suma a la capacidad intelectual, sino que la multiplica: constituye un factor invisible, pero determinante, de un rendimiento óptimo».
