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Rafael Heliodoro Valle, destacado intelectual hondureño y mexicano, presenta en estas páginas el retrato histórico de quien fuera un importante actor de las conquistas de Cuba, México, Michoacán y Honduras.
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Seitenzahl: 76
Veröffentlichungsjahr: 2018
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Primera edición, 1998 Segunda reimpresión, 2003 Primera edición electrónica, 2017
Fragmento deCristóbal de Olid, conquistador de México y Honduras 1a. edición, Editorial Jus, México, 1950
Ilustración de portada: Teresa Guzmán Romero
D. R. © 1998, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México
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ISBN 978-607-16-5410-6 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
La colección FONDO 2000 ha públicado perfiles y retratos autobiográficos de algunos de los personajes más conocidos de nuestra historia. En esta ocasión presentamos la semblanza de Cristóbla de Olid, compañero y luego rival de Hernán Cortés, escrita por distinguido investigador y polígrafo Rafael Heliodoro Valle.
Cristóbal de Olid nació en 1488 en la provincia de Jaén, España, aunque no se ha precisado hasta hoy si fue en Linares o en Baeza. Lo que sí se sabe con certeza es que participó en la conquista de Cuba, en 1518, al lado de Diego Velázquez, y por órdenes de éste, formó parte de la expedición punitiva contra Grijalva. Al año siguiente, ya bajo las órdenes de Hernán Cortés, Cristóbal de Olid participó activa y ferozmente en la conquista de México. En 1522 es enviado a conquistar Michoacán, territorio del cual toma posesión en nombre de Cortés, y luego acude al auxilio de Álvarez Chico en Colima. Posteriormente, Cortés lo envía a conquistar Honduras, mas por influencia de Velázquez se declara en rebeldía del capitán general de la Nueva España. Una vez llegado a Honduras, Olid funda, en 1524, la villa de Triunfo de la Cruz, y captura a Francisco de las Casas y a Gil González Dávila, dos conquistadores aliados de Cortés que pretendían someterlo. No obstante tenerlos prisioneros, días más tarde, en un momento de sorpresa, las Casas y González Dávila logran herir de muerte a Olid y, tras someterlo a un improvisado proceso, le cortan la cabeza en la población de Naco, Honduras, en 1525.
Renglones aparte merece el autor de esta semblanza, Rafael Heliodoro Valle, cuya extensa obra y fructífera vida legara grandes aportaciones a la historiografía y la cultura de México. Nacido en Tegucigalpa, Honduras, en 1891, Valle fue profesor, poeta, ensayista, historiador, diplomático y periodista notable. Durante el Congreso Nacional de Estudiantes de 1910 —al que asistió meses antes de graduarse de la escuela Nacional de Maestros, el año siguiente— Rafael Heliodoro Valle inició una rica y provechosa relación con México, que lo llevó entre otras cosas a ser catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, colaborador de los más importantes diarios de México y contertulio de los más destacados intelectuales mexicanos de la primera mitad de este siglo. Entre los muchos libros que escribió, destacan Bolívar en México, Santiago en América española e Imaginación de México.
El lector de estas páginas descubrirá la figura de Cristóbal de Olid, miembro de la primera fila de la hueste conquistadora de nuestro siglo XVI, a través de la amena y erúdita prosa de Rafael Heliodoro Valle, uno de los más importantes intelectuales hispanoamericanos de este siglo, quién murió en la ciudad de México en 1959.
…and Olid the good fighter: his face coarse: his teeth clean as a dog’s: the lip wrinkled…ARCHIBALD MACCLEISH
Hechos todos los preparativos de la expedición, vencidos los escrúpulos y sospechas de Velázquez —que a última hora temía una traición de Cortés—, los diez navíos salieron de Santiago de Cuba el 18 de noviembre de 1518, y dieron vuelta hacia el Norte. En la Villa de Trinidad les estaban esperando, ansiosos para incorporárseles, los más intrépidos jóvenes de la isla, entre ellos los cinco hermanos Alvarado y otros que sabían montar bien a caballo, como el apóstol Santiago, uno de ellos Olid “el muy esforzado” (10, I: 110). Olid, como vecino de la Trinidad era uno de los que “tenían sus estancias de pan cazabe y manadas de puercos, cerca de áquella villa, y cada uno procuró de poner al más bastimento que pudo” (10, I: 111).
Al pasar por La Habana, ya listos el maíz y la yerba seca para los caballos,se fueron a bordo con éstos, siendo el de Olid uno “castaño oscuro, harto bueno” (10, I: 117). Y cuando a los pocos días Velázquez envió a La Habana ódenes para impedir la marcha de la expedición, tuvieron que echarse las cartas para saber por quién se decidían, si por Velázquez o por Cortés, y Olid fue uno de los que, sin reticencias,1 se puso de parte del segundo (10, I: 119), que ya iba —a pesar de sus coqueteos epistolares— en franca ruptura con el gobernador.2 El diez de febrero de 1519, después de haber oído misa, los nueve barcos se hicieron a la mar por la banda del sur, con rumbo al cabo de San Antón; viraron hacía Cozumel, y bien provisto de cazaba, vino y alegría, Olid iba al mando de uno de los barcos y de una de las once compañías en que se dividió el ejército. Recibió de Cortés, como los otros pilotos, las instrucciones “por dónde se habían de regir y lo que habrían de hacer, y de noche las señas de las farolas” (10, I: 128).
Sería largo de contar todo lo que ocurrió hasta que el 4 de marzo abordaron Cozumel, entre las hostilidades de un vendaval deshecho. “Y yendo navegando con buen tiempo, revuelve un viento, ya que quería anochecer, tan recio y contrario, que echó cada navío por su parte con harto riesgo de dar en tierra, y quiso Dios que a media noche aflojó, y que desde que amaneció luego se volvieron a juntar todos los navíos” (10, I: 133). Estaban frente a la desembocadura del Grijalva el 12 de marzo y allí pusieron a prueba su serenidad para sortear las acechanzas de las flechas, y quién más bizarramente las desafiaba era Olid, como lo demostró al ser uno de los trece caballeros que capitaneaba Cortés en el combate de Centla (10, I: 142). Iban con pretales de cascabeles los caballos y Olid movía su lanza, airosamente, a lo largo de una llanura pantanosa. Otros de los trece era nada más y nada menos que el conquistador de Guatemala, otro el que sería adelantado de Yucatán, y hasta Ortiz demostró que no es cierto que los músicos sean malos jinetes. De prontro, entre los ayes de los heridos y la alharaca de los tambores y las trompetillas de los indios, apareció repartiendo mandobles el apóstol Santiago. Desde aquél día Cristóbal de Olid sintió que —parodiando el verso de Zorrilla— América se iba ensanchando al paso de su corcel; y sus ojos comenzaron a fijarse, deslumbrados, en las suaves piedras azules que los caciques entregaban como prendas de paz.
Oreada la sangre que había corrido en Centla y alzada sobre el altar la imagen de la Virgen María —era Domingo de Ramos en el pueblo de Santa María de la Victoria—, los expedicionarios tomaron tregua y entre las cosas gratas que Olid saboreó iban pavos, pescados y frutas,3 con los que poco a poco fue tomando poseción de la tierra y cambiando su estilo de vida. Siguieron hacía el norte, a lo largo del litoral, y de repente se les aparecieron en lontananza, la isla blanca y la isla verde, y fue entonces cuando vibraron los primeros versos bajo el cielo de Anáhuac:
Cata Francia Montesinos, Cata París la ciudad, Cata las aguas del Duero Do van a dar a la mar.
Y yo digo Mirad bien las tierras ricas y sabeos gobernar.
Cortés haciendo gala de su ingenio, contestó el desafío:
Denos Dios ventura en armas como el paladín Roldán.
Sandoval, Xpoval de Olid, y otras personas muy nobles… Xpoval de Olid, Andrés de Tapia, personas nobles, y por sus personas valerosas… FRAY FRANCISCO DE AGUILAR
El Jueves Santo de 1519, Cristóbal de Olid se hallaba frente a San Juan de Ulúa, mientras en las gavias de los navíos surtos la luz retozaba con los pájaros. Los embajadores de Moctezuma aparecierón cargados de oro, plata y jade. Cortés envió al señor que así recibía la copa de vidrio de Florencia, labrada y dorada, en la que había árboles y escenas de cacería.
Olid fue nombrado maestre de campo, y al mismo tiempo fueron elegidos el capitán para las entradas, el alguacil mayor, el tesorero, el contador y el alférez. Doña Marina y Gerónimo de Aguilar eran los intérpretes y el padre Olmedo quién perdonaba los pecados. Poco después, al nombrarse las autoridades del primer ayuntamiento de la Villa Rica, Olid resultó electo regidor.4
