Semblanza y correspondencia - Benito Juárez - E-Book

Semblanza y correspondencia E-Book

Benito Juárez

0,0

Beschreibung

Presidente de la República que promulgó las liberales Leyes de Reforma, Juárez defendió la soberanía nacional ante la invasión extranjera y promovió el orden constitucional republicano. Se presenta aquí una semblanza del hombre y una selección de su correspondencia política.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 89

Veröffentlichungsjahr: 2014

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



JUÁREZ

SEMBLANZA Y CORRESPONDENCIA

CENTZONTLE FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición (Fondo 2000), 1997 Segunda edición (Centzontle), 2006 Priemra edición electrónica, 2014

Tomado de Juárez, soldado de la paz, de José López Bermúdez, y Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia, deJorge L. Tamayo

D. R. © 2006, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008

Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-2278-5 (ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

 

 

 

Benito Pablo Juárez García nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, el 21 de marzo de 1806. Hijo de indios zapote-cas agricultores, Juárez aprendió español a los 13 años, cuando se trasladó a la ciudad de Oaxaca. Se matriculó en el Seminario de la Santa Cruz, donde estudió latín, filosofía y concluyó el bachillerato en 1827. Seis años después se recibió de abogado en el Instituto de Ciencias y Artes, siendo el primer egresado. En 1831 fue regidor del Ayuntamiento de Oaxaca y en 1833 fue electo diputado local.

Contrajo matrimonio en 1843 con Margarita Maza, y en 1848 ocupó la gubernatura del estado de Oaxaca. Concluido su mandato en 1852, Juárez y otros liberales son desterrados por el general Antonio López de Santa Anna. Luego de un periodo de confinamiento en San Juan de Ulúa, Veracruz, es enviado a La Habana, Cuba, y de allí a Nueva Orleáns, a donde llega en 1853. Se unióal levantamiento de Juan Álvarez en contra de Santa Anna y, posteriormente, es nombrado ministro de Justicia en el gabinete del presidente Álvarez.

Regresa a la gubernatura de Oaxaca en 1856. Al expedirse la Constitución Federal de 1857, Juárez es nombrado ministro de Gobernación hasta diciembre de ese año en que es electo presidente de la Suprema Corte de Justicia. Al proclamarse el Plan de Tacubaya contra el presidente Comonfort, Juárez es perseguido y en Guanajuato asume la Presidencia de la República por ministerio de ley.

Durante su primer periodo presidencial Juárez promulgó las llamadas Leyes de Reforma, que establecieron la separación de la Iglesia y el Estado, la reglamentación del matrimonio y los registros civiles, así como el traspaso de los bienes de la Iglesia a la nación. Luego de haber sido reelecto presidente, en 1862, se inicia la Intervención francesa, lo que obligó al presidente Juárez y a su gabinete a recorrer diversas ciudades de la República sin poder asentar su gobierno. En 1867, luego de un largo y doloroso conflicto, Maximiliano es fusilado en Querétaro y, con su reelección en diciembre de ese año, Juárez proclama la restauración del orden republicano. En los siguientes cinco años, Juárez resiste diversos levantamientos políticos y rebeliones militares hasta el 18 de julio de 1872 en que muere, repentinamente, en Palacio Nacional.

Centzontle presenta a continuación una semblanza detallada de quien fuera considerado Benemérito de las Américas preparada por José López Bermúdez (19081971), escritor y poeta guanajuatense, político y orador distinguido, con una selección de la correspondencia de Juárez que da muestra de su pensamiento político y su perfil humano.

Índice

Juárez, soldado de la paz

Manifiestos

Correspondencia

Juárez, soldado de la paz*

En la teoría de los fundadores de México, Cuauhtémoc es el gesto, Hidalgo es la fe, Morelos es la acción, y Juárez es la conciencia de la patria.

EN ESTA misma tribuna, la representación nacional ha confiado a la humildad de nuestra palabra el cumplimiento de dos honores: ayer, enaltecer la gloria de Cuauhtémoc, cuya muerte dio vida al primer mexicano de la historia. Y hoy, evocar la grandeza de Juárez, cuya tumba la historia ha convertido en cuna del más universal de los mexicanos.

Porque los tres grandes postulados por los que Juárez luchó han llegado a ser principios universales: la libertad de conciencia, la seguridad ciudadana y el respeto mutuo de los pueblos.

Para ello, tuvo que enfrentarse al numeroso y reno vado ejército de las tiranías internas y vencer a la fuerza imperialista que armara la intervención. Ahora, lucha al lado de los grandes libertadores continentales, unido su pensamiento a la voluntad democrática de nuestros pueblos, por una América soberana en la paz y digna en la libertad.

LA GUERRA DE TRES AÑOS

Desde tres distintos campamentos liberales, Juárez ganó la Guerra de Tres Años en medio de cien desastres dolorosos y tres victorias fulgurantes.

En Guanajuato, donde la Reforma como la Independencia tuvo su primer refugio y su primer lucero, Juárez lanzó su primera proclama de Presidente, dictando a su pueblo la única regla de su conducta y su primer mandamiento de paz:

La voluntad general expresada en la Constitución y en las leyes que la nación se ha dado por medio de sus legítimos representantes, es la única regla a que deben sujetarse los mexicanos para labrar su felicidad a la sombra benéfica de la paz.

En Guadalajara, en cuyo Palacio de Gobierno y en la hora misma de los fusilamientos, Guillermo Prieto, quemando todos los ardimientos de su sangre de gran republicano y todos los fuegos de su ensueño de poeta en aras de la salvación de su patria, cubrió el pecho y la vida de Juárez y detuvo la descarga de los fusiles con aquel grito sublime: ¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan! Allí en Guadalajara —repito—, Juárez proclamó su amor al pueblo y su fe en la justicia:

¡Pueblo de México: Tened fe en la posibilidad de restableceros! ¡Un poco de energía, una ciega sumisión a la justicia, la proclamación y respeto de los verdaderos derechos, volverán a la República la paz!

Con esas creencias que son la vida de mi corazón, con esta fe ardiente, único título que enaltece mi persona hasta la grandeza de mi encargo, los incidentes de la guerra son despreciables. ¡El pensamiento está sobre el dominio de los cañones y la esperanza inmortal nos promete la victoria decisiva del pueblo!

Y en Veracruz, desde cuya invicta muralla el pensamiento liberal mexicano respondió al estruendo del cañón enemigo con el fuego glorioso de las Leyes de Reforma, Juárez expresó en su arenga a los heroicos defensores del puerto la razón sagrada de su causa:

Ni la libertad, ni el orden constitucional, ni el progreso, ni la paz ni la independencia de la nación, hubieran sido posibles fuera de la Reforma.

¡Mexicanos: inmensos sacrificios han santificado la libertad de esta nación! ¡Sed tan grandes en la paz como lo fuisteis en la guerra y la República se salvará!

La justicia reinará en nuestra tierra: la paz labrará su prosperidad; la libertad será una realidad magnífica y la nación atraerá y fijará sobre sí la consideración de todos los pueblos libres o dignos de serlo.

El júbilo del triunfo esperado estalló allí mismo en Veracruz, donde el presidente Juárez asistía a una función de gala en el teatro. Su presencia comunicaba una profunda emoción patriótica al pueblo, cuyo interés se repartía entre la escena que evocaba la Guerra Santa en Inglaterra en el siglo xvi, y la figura austera y recia de aquel indio estoico, nuevo capitán del destino de México.

De pronto un correo corrió la cortina y, al ponerse Juárez en pie, la orquesta enmudeció y aquella multitud de patriotas se levantó como un hombre para escuchar la voz de Juárez leyendo el parte que anunciaba la derrota de Miramón bajo la espada victoriosa de González Ortega, en la batalla de Calpulalpan.

La atenta admiración del público pasó del escenario al palco del Presidente, y el grupo de artistas olvidó los trajes y los cantos que evocaban las luchas de la vieja Inglaterra, para llenar el aire con las notas marciales de La marsellesa, que hicieron estremecer el bronce impasible del pecho de Juárez, al desbordar el sentimiento del pueblo en un grito sonoro: ¡Viva la Independencia! ¡Viva la Reforma! ¡Viva Benito Juárez!

En medio del fuego y la esperanza de las multitudes, Juárez volvió triunfante a la capital de la República, en enero de 1861, terminada la Guerra de Tres Años y vencido, definitivamente, el Partido Conservador.

JUÁREZ Y LA INTERVENCIÓN

Éste, sin embargo, con el apoyo de una minoría de generales indignos y tratando de salvar sus viejos privilegios a costa de la propia autonomía de México, llegó a la medida increíble de importar un poder extranjero. Y mientras Juárez expresaba al Congreso su voluntad firmísima de que la revolución produjera los esperados frutos de paz y prosperidad, y su propósito de seguir desempeñando su doble tarea de combatiente de la ley y magistrado de la nación, en Europa se concertaban las alianzas y se ponía el precio de una corona a la traición.

Debemos recordar que en aquella intervención injusta dos de las naciones aliadas, Inglaterra y España, hicieron desistir a sus gobiernos de participar en la monstruosa agresión a nuestra soberanía, y se retiraron, según la declaración del general Prim:

Porque es evidente, para los que vemos las cosas de cerca, que el partido reaccionario está casi aniquilado hasta el punto que en cerca de dos meses que estamos en este país, no hemos observado muestra alguna de la existencia de semejante partido. Es cierto que Márquez, a la cabeza de algunos centenares de hombres, sigue desconociendo la autoridad del presidente Juárez, pero su actitud no es la de un enemigo que ataca, sino la de un proscrito que se oculta en los montes.

Quedaba solamente la codicia invasora de Napoleón III y el ejército de la Francia imperial.

JUÁREZ Y EL IMPERIO

Al abrir sus sesiones el Congreso, el 15 de abril de 1862, Juárez informaba a su pueblo:

Por azarosa que sea la lucha a que el país es provocado, el gobierno sabe que las naciones tienen que luchar hasta salvarse o sucumbir cuando se intenta ponerlas fuera de la ley y arrancarles el derecho de existir por sí mismas y de regirse por voluntad propia.

A su resolución de defender la soberanía de la patria se unió todo el pueblo. La intervención tuvo así la virtud de convertir el pensamiento liberal mexicano en una bandera en marcha, y la Constitución de 1857, contra la que levantaron los traidores las armas de un ejército invasor, fue en las manos patricias de Benito Juárez un evangelio que camina.

Y Juárez cruzó el territorio nacional levantando multitudes a nombre de la libertad. Y él, un héroe sin armas, sobrevivió a todos los calvarios de la justicia y a todas las crucifixiones de la paz, hasta asistir a la más humana, la más heroica resurrección de la ley.

Castelar anticipó su victoria en el fulgor de una hermosa profecía: