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"La actitud general, en relación al comportamiento sexual ha ido variando en las últimas décadas. Han ido superándose los enfoques más represivos, abriéndose mayores posibilidades de libertad y aceptación de la diversidad, especialmente con quienes han estado más oprimidos: las mujeres, los jóvenes, las personas con orientación homosexual. Sin embargo, esta apertura y liberalización de las costumbres está aún cargada de contradicciones. Existe mayor permisividad, es cierto, pero no se entrega la formación necesaria para enfrentar estas transformaciones. Tenemos que enseñar a nuestros niños y jóvenes que la mayor libertad, la tolerancia y el respeto a las diferencias son un adelanto, pero junto a ello debemos enseñarles un deber imprescindible: la responsabilidad". Con estas palabras se plantea, en la introducción de este libro, la necesidad de que los adultos no dejemos desamparados a los jóvenes con nuestra ambigüedad y falta de orientación para enfrentar sus experiencias sexuales. El libro está dirigido a jóvenes, profesores, padres, profesionales de la salud, entidades educativas, etc., y viene a llenar un vacío dada la falta de textos en que se haga referencia abierta, objetiva y desprejuiciada a temas tales como erotismo y sentimientos, pornografía, responsabilidad sexual, aborto, diversidad de la identidad sexual, entre otros.
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Seitenzahl: 247
Veröffentlichungsjahr: 2020
SEXUALIDAD: UNA ASIGNATURA PENDIENTECONCEPTOS BÁSICOS DE PSICOSEXUALIDADAutor: Alfonso Luco R. Fotografía de portada: gentileza de Marcelo Montecino Editorial Forja General Bari N° 234, Providencia, Santiago-Chile. Fonos: 56-2-24153230, [email protected] Edición electrónica: Sergio Cruz Primera edición: octubre, 2020. Prohibida su reproducción total o parcial. Derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Registro de Propiedad Intelectual: N° 2020-A-5463 ISBN: Nº 978-956-338-487-1 eISBN: Nº 978-956-338-488-8
Agradecimientos: A Guillermo Galán, médico ginecólogo, por su revisión de la sección sobre ANTICONCEPTIVOS A Javiera Luco, antropóloga, por su aporte la sección SEXO E INFLUENCIA CULTURAL A Marcelo Montecino por el inestimable valor de sus fotos para la ilustración de este libro.
La educación de niños y adolescentes ha sido, y sigue siendo en la actualidad, profundamente deformadora en muchos países occidentales y especialmente en Chile. Enfatiza desmesuradamente la entrega de información (no siempre útil) y la memorización, dejando un inmenso vacío en el desarrollo de habilidades básicas vinculadas con necesidades vitales y relacionales.
La alimentación (nutrición, dietas equilibrada, ayuno), la respiración, la actividad física, la relajación muscular, la sexualidad, la expresión emocional, la responsabilidad, la comunicación asertiva, la empatía, la compasión, son algunos de los aspectos no abordados en el proceso educativo que se espera sean adquiridos por los individuos sin un aprendizaje dirigido ni un trabajo sistemático, sino mediante algunas consignas y modelos familiares, no siempre presentes.
Este desbalance es responsable, en buena medida, de mucha de la infelicidad que provoca nuestra cultura a las personas. Oriente nos lleva una gran ventaja en muchos de los temas mencionados y tenemos bastante que aprender de su sabiduría milenaria.
La actitud general en relación al comportamiento sexual ha ido variando en las últimas décadas. Han ido superándose los enfoques más represivos y abriéndose mayores posibilidades de libertad y aceptación de la diversidad, especialmente con quienes han estado más oprimidos: las mujeres, los jóvenes, las personas con orientación homosexual.
Sin embargo, esta apertura y liberalización de las costumbres está aún cargada de contradicciones. Existe mayor permisividad, es cierto. Se permite y estimula el erotismo a través de los medios de comunicación, pero no se entrega la formación necesaria para enfrentar estas transformaciones.
Se requieren algunos cambios importantes para poder disfrutar la sexualidad en plenitud. Es necesario inculcar valores diferentes a los tradicionales, sobre el sexo y el amor, para que la nueva apertura y tolerancia no tengan un alto costo emocional, personal y social, que nos lleve a una nueva dinámica regresiva.
Tenemos que enseñar a nuestros niños y jóvenes que la mayor libertad, la tolerancia y el respeto a las diferencias son un adelanto, pero junto a ello debemos enseñarles un deber imprescindible: la responsabilidad.
Nuestras escuelas son débiles en cuanto al desarrollo de la responsabilidad y en sensibilizar a los niños y jóvenes hacia las normas éticas, en especial al respeto de los derechos de los demás.
Los padres de los niños y jóvenes de hoy y, lo que es aún peor, los profesores encargados de educarlos, no han tenido una formación en estos temas, ni la información suficiente para enfrentar los cambios ocurridos.
La realidad que nos muestran numerosas investigaciones es que los jóvenes inician su vida sexual cada vez más precozmente y que la ambigüedad de los adultos ante el tema deja a estos jóvenes desamparados y sin orientación desde sus primeras experiencias sexuales.
Si sus relaciones sexuales son ignoradas o no aceptadas por el mundo adulto, especialmente sus figuras de autoridad, estas difícilmente pueden ser asumidas en plenitud por los jóvenes. Ello implica que carecen de la información necesaria, que no las deciden responsablemente y las enfrentan como un comportamiento impulsivo.
Este libro está motivado por la profunda convicción de la necesidad de una educación sexual amplia, diversa, inclusiva, que incluya aspectos valóricos, afectivos, sociales y no solo información biológica. Deberá ser también concreta, práctica y eficaz.
Ese convencimiento es el que ha motivado la publicación de este libro, cuyo propósito primordial es proporcionar información sobre temas psicosexuales imprescindibles sobre estas asignaturas pendientes como un aporte a la futura reflexión que debe darse en este país.
El libro aspira a servir como estímulo para el estudio y la discusión de jóvenes, padres, madres, maestros. Son claras sus limitaciones, tanto en los contenidos como en la profundidad del tratamiento temático, pero nos consuela considerar este esfuerzo como un primer paso en un camino en que otros darán los pasos siguientes.
Lo primero que debemos aclarar en este libro es que “lasexualidad” no existe como tal, que es una abstracción, una metáfora, un concepto que usamos para referirnos a fenómenos muy distintos, provenientes de diversos campos de la experiencia y del conocimiento.
De hecho, el término “sexualidad” surgió recién en el siglo diecinueve para abarcar aspectos biológicos, reproductivos, psicosociales y del comportamiento, que a lo largo de la historia jamás habían estado reunidos conceptualmente en nuestro lenguaje.
Lo que llamamos sexualidad es entonces una faceta, una dimensión del individuo, de su personalidad, que compromete todo su comportamiento, que integra y se manifiesta en muy diversos niveles, formas y matices.
No solo la atracción erótica entre personas es sexualidad. Lo es también la sensualidad, presente en gran parte de las expresiones humanas, especialmente en aquellas relacionadas con la actividad artística.
Está en la más básica percepción que tenemos de nosotros mismos y del otro. La identidad de cada uno, está cimentada en una percepción sexuada. Es imposible separar la propia identidad de la percepción de género.
Las relaciones entre los seres humanos conllevan siempre algún ingrediente sexual.
Pues bien, esta hebra que integra el tejido con que está constituida la personalidad (y que acordamos llamar sexualidad) se manifiesta de maneras notablemente variadas y disímiles.
Lo que para unos es fuente de placer, para otros lo es de sufrimiento. Lo que para algunos es prescindible, para otros es necesario.
La sexualidad, fuente potencial de encuentro e intimidad, de expresión de amor y ternura es, para algunos, fuente de angustia y remordimientos; para otros, un simple juego que proporciona un placer fugaz y para muchos una forma importante de obtener reconocimiento o ganar autoestima y autovaloración.
Quizás lo único que es común para todos es la fuerza y atracción que ejerce, que la trasforma en interés constante para los individuos, a menudo compulsivo, ya sea en su búsqueda o en su rechazo.
Hablar de sexualidad, entonces, es hablar del colorido, no del objeto, de una fuerza poderosa, en gran parte desconocida y misteriosa, cuyas amplias expresiones abarcan la entrega amorosa, el arte, la perversión, lo orgiástico y lo religioso.
Debemos, por tanto, cuidarnos de confundir sexualidad con genitalidad, lo cual es como confundir una melodía, por bella que esta sea, con la música.
La gran diversidad y significado que las vivencias sexuales tienen para las personas debería advertirnos de la imposibilidad de enfrentarlas con criterios rígidos o imponer patrones de conducta inflexibles.
Desde chica fui muy tímida, insegura. A los 12 años engordé. Tenía pocas amigas y casi no fui a fiestas. Los hombres no me pescaban. No tuve novios antes de mi marido. Mis padres eran muy conservadores, muy pudorosos. Todo era pecado.
Antes de casarnos no tuvimos relaciones, pero si caricias y yo las disfrutaba, me excitaba. Después de casados todo fue pésimo. Todo era muy mecánico. Él quería tener sexo a cada rato. Al mes me embaracé. No tuve ganas desde un principio. Me dolía. Él se excitaba muy rápido y solo era cariñoso en la cama. Nunca más sentí nada.
Quisiera mejorarme, pero me es difícil imaginar que me pueda gustar el sexo. Es como imaginar que me podría gustar comer caca.
Alejandra, 35 años, 7 años de matrimonio, dueña de casa, dos hijos.
Araceli estaba con los ojos cerrados, de cara a la ventana y a la luna. Semidesnuda, solo una brevísima tanga apretaba sus caderas delgadas. … Ramiro entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí. Se recostó en ella, acezante, dándose cuenta de que su pecho se alzaba y luego bajaba, rítmica, aceleradamente. … Y empezó a acariciarla con las dos manos, sin dejar de mirarla, ahora, a todo lo largo de su cuerpo y siguiendo con su vista el recorrido de sus manos, que subieron por las piernas, por las caderas, se juntaron sobre el vientre, treparon lenta, suavemente por el tórax hasta cerrarse sobre los pechos. Ella temblaba…
Mempo Giardinelli, Puro erotismo, Libros del Ciudadano.
Provengo de una familia de pastores de ovejas, con muchos hijos y gran pobreza. Recuerdo de pequeño excitarme con los animalitos e intentar tener relaciones.
A los 12 años fui internado en el Seminario. Inicié entonces una lucha angustiosa contra toda manifestación de mi sexualidad: las fantasías, la masturbación, las erecciones espontáneas, la erotización de las amistades. El obsesivo camino que recorría todos los días estaba lleno de sentimientos de culpa, arrepentimiento y confesión.
A los 19 años todo ello desapareció. Solo percibía que mi devoción por la Virgen conllevaba una sublimación erótica. Solo las mujeres que me evocan esas estampas me atraen en la actualidad.
Enrique, 38 años, exsacerdote,
un año de matrimonio.
La muchacha de mejillas color durazno entró a mi habitación con los pies descalzos. Llevaba un sari transparente de seda dorada… Entonces empezó a bailar, sin que yo le dijera nada. Me dijo que era una devadasi que practicaba el tantra hindú…
Percibí sensualidad por los cuatro costados: en cada uno de los movimientos de sus labios, de sus manos, sus pechos, su pubis como una flor, sus muslos firmes y de los golpes de sus pies contra el suelo. Mientras danzaba, su largo pelo negro se enroscaba con las volutas de humo del sándalo. Poseía la flexibilidad de una serpiente y el magnetismo de un felino. El vaivén de sus caderas y su mirada me lanzaban descargas eléctricas difíciles de soportar. Su danza era lenta y sinuosa… El mundo se desvaneció. Solo existían nuestros sexos devorándose…
Al cabo de un rato, la escuché zumbar casi imperceptiblemente… Súbitamente, me sentí transportado junto con ella a la mismísima fuente de donde brota la vida desde el vacío. Parecía fuego… Ella, yo, pero ya no éramos ella y yo. Éramos el dios y la diosa volviendo a crear el mundo en un eterno juego de luz y sombra, para nuestro propio placer.
Sexo Sagrado.
Mi primera relación fue a los 14 años, con una nana de mis sobrinos. Una vez… quedamos solos en la casa, yo lo intenté y lo hicimos.
Fue una cosa rara, no sentía nada por ella, solo era un asunto de “hacerme hombre”. Estaba mi sobrino durmiendo al lado, fue muy raro.
Yayo, 25 años, estudiante.
El sexo nunca ha sido importante para mí. Nunca me he excitado mucho. Desde los primeros pololeos tuve muy poco interés por el sexo. A veces incluso sentía rabia, un sentimiento de fracaso. No me dolía ni me molestaba, pocas veces era desagradable. Con Alejandro cambió mi vida. Lo quiero mucho y siento que tengo que responder, él se desespera. Con él me gusta hacer el amor aunque no me excite mucho, pero es para darle gusto y para que me quiera.
Teresa, 23 años, secretaria.
Esta faceta del individuo, esta esfera de la personalidad que hemos dado en llamar sexualidad, es un fenómeno amplio, multidimensional, integrado por aspectos muy diversos.
Con un objetivo didáctico distinguiremos aquí los diferentes dominios de la sexualidad, aunque obviamente en la realidad estos aparecen sobrepuestos e inseparables.
Una primera dimensión que vamos a mencionar se refiere al dominio biológico de la sexualidad, en que incluiremos aquellos aspectos relacionados con la anatomía, la fisiología, la genética, los procesos hormonales, neurológicos, vasculares y la función reproductiva.
Al considerar los determinantes biológicos debemos incluir la influencia sobre la sexualidad de factores tales como la edad, la salud, la fatiga, el estrés, el embarazo, las enfermedades, las drogas, los fármacos.
Estamos hablando, como se ve, de todos aquellos aspectos que influyen en la sexualidad humana, que están ligados al impulso instintivo al acoplamiento como mandato de la naturaleza para asegurar la reproducción y la sobrevivencia de la especie.
El sexo biológico, como lo observamos en los animales, es reiterativo, tiende a repetirse siempre de igual forma, pues su objetivo central es asegurar la reproducción.
Compartimos esta dimensión de la sexualidad con los animales de nuestra especie; es como toda fuerza instintiva: potente, poderosa, difícil de contradecir y de controlar. El llamado biológico a acoplarse no se detiene fácilmente; para alcanzar su cometido puede ser capaz de correr riesgos, pasar por sobre reglas y jerarquías y es por ello que todas las sociedades desarrollan sistemas para defenderse, controlar y domesticar el instinto.
Son esas normas y sistemas represivos los que le otorgan a la sexualidad humana la dimensión que llamaremos erotismo.
La sexualidad humana tiene, entonces, esas otras dimensiones que son las que la hacen tan diferente al sexo animal. Nos referimos a los dominios psicológico, social y cultural de la sexualidad.
El esfuerzo que desarrolla la sociedad para poner bajo control al instinto sexual provoca en las personas variados y contradictorios sentimientos y emociones; lo oculto, lo prohibido, desatan la imaginación, encienden las fantasías, gatillan la creatividad, dándole a la sexualidad la dimensión más humana que llamamos erotismo.
Así, en el dominio psicológico podemos distinguir el proceso por el cual los individuos desarrollan una identidad de género, es decir la estable percepción de pertenecer a uno u otro género, masculino o femenino. Se van también paulatinamente adquiriendo los roles de género, es decir aquellas formas de manifestar y exteriorizar nuestra condición de hombre o mujer.
Otro proceso psicológico importante es la definición de la orientación sexual, vale decir hacia quienes se dirige el deseo sexual en la búsqueda de satisfacción.
A lo largo de la vida, los seres humanos van integrando el erotismo con los sentimientos amorosos, camino no siempre logrado o de fácil tránsito para algunas personas.
La dimensión social es un factor de influencia de la sexualidad, en la asimilación de todas aquellas normas sociales acerca de lo permitido y lo prohibido para hombres y mujeres. En todos los ámbitos de las interacciones entre seres humanos existen reglas definidas que nos indican cómo debemos comportarnos.
En el plano de las interacciones eróticas, hombres y mujeres nos atenemos a ciertos “guiones sexuales”, es decir pautas de comportamiento conocidas, que son esperables y funcionales, en la seducción y en la interacción de carácter erótico.
Podemos distinguir también un dominio cultural en la sexualidad, el cual se percibe en la valoración que una cultura otorga a los diferentes aspectos de la sexualidad. A través del arte, de la religiosidad, de la legislación, de la educación, podemos advertir la significación que se le da a los diversos aspectos de la sexualidad en una cultura.
Podemos resumir, en consecuencia, que sobre aquellos determinantes biofísicos de nuestra naturaleza animal actúan determinantes psicosociales y culturales dando origen al erotismo, es decir, a la dimensión propiamente humana de la sexualidad.
Aseveramos entonces que sobre algunos mandatos biológicos instintivos que se manifiestan en pulsiones intensas pero vagas y simples, los seres humanos desarrollamos, en base al aprendizaje social, un erotismo individual, único y complejo.
El autor del presente trabajo… está… convencido de que la consideración puramente médica de la vida sexual… es todavía incapaz de hacer plena justicia a las relaciones polifacéticas entre el campo sexual y todos los otros campos de la vida humana.
Para hacer justicia a la importancia entera del sexo en la vida del individuo y de la sociedad y en lo referente a la evolución de la civilización humana, esta rama particular de la investigación tiene que ser tratada en su propia subordinación como una parte de la ciencia general de la humanidad, la cual está constituida por una unión de todas las otras ciencias de Biología General, Antropología y Etnología, Filosofía y Psicología y la Historia entera de la Civilización… Hasta ahora no ha existido ningún tratado integral de la vida sexual completa.
Iwan Bloch.
Algunas mujeres afirman que su deseo y capacidad sexuales son tan grandes después de la menopausia como lo fueron en los años precedentes, pero otras afirman, con igual confianza, que se produjo una pérdida completa y permanente de toda respuesta sexual.
¿Cómo podemos explicar las pretensiones frecuentes de que la supresión o regresión de los ovarios produce una mengua profunda del deseo erótico?
En nuestra opinión, la explicación estriba en los efectos de la sugestión (y en la seguridad individual en la respuesta, dada la historia anterior, agregaría yo).
Beach, F., Ford, C., Conducta sexual, Ed. Fontanella.
De primera me asusté. Qué raro, me dije. No asocié que podía ser la menopausia, me asusté pero como después se me pasó, no le di importancia. Ahora tengo bochornos, estoy irritable, se me olvidan las cosas. Me siento tan vieja.
Ahora tenemos relaciones una vez a las… porque yo las evito, no siento deseo, a veces pasan unas tres semanas, pero sabe, yo siempre he sido mala para la relación, como se dice vulgarmente “mala para la cama”. Pero ahora me estoy pasando.
Adriana, 48 años, casada, 2 hijos.
Los maridos debieran seguir un curso por correspondencia, si no se atreven a hacerlo personalmente, sobre los órganos genitales de la mujer, hay una gran ignorancia al respecto. ¿Quién podría decirme, por ejemplo, qué diferencia hay entre vulva y vagina? Sin embargo, se consideran con derecho a casarse como si fueran expertos en la materia. Resultado: problemas conyugales, adulterio, calumnias, separación, ¿y cómo quedan esos pobres hijos?
Nicanor Parra, Sermones y prédicas del Cristo de Elqui.
Mi primera regla me llegó a los 15 años, me asusté mucho, no sabía lo que me pasaba, en ese tiempo la mamá a una no le conversaba nada. Reaccioné mal, pensé que me iban a pegar, me escondí. Por suerte después le conté a mi hermana mayor, y ella me dijo que esto les pasa a todas y no te preocupes que no te van a pegar. Me hizo lavarme y en ese tiempo se usaban pañitos de género. Me dijo que me iba a pasar todos los meses.
Lucía, 62 años, casada, 4 hijos.
En los seres humanos el alcohol, que fisiológicamente es un depresor sexual en dosis moderadas, dificulta la erección y el orgasmo. Las dosis grandes producen generalmente impotencia. El error muy generalizado de que el alcohol es un estimulante sexual proviene de que tiende a reducir las inhibiciones sexuales que normalmente limitan la expresión de las tendencias sexuales.
Beach, F., Ford, C., Conducta sexual, Ed. Fontanella.
He notado algunos cambios con la menopausia: me han salido vellos aquí, la vagina noto que se me reseca. Con mi marido somos del mismo temperamento, sexualmente nos hemos llevado súper bien. Ahora, no le voy a decir que tenemos las mismas relaciones, como antes, en la semana. Noto que algo ha disminuido, pienso que eso es lo lógico, pero yo lo siento igual que siempre.
Carola, 49 años, conviviente 25 años, 2 hijos.
El haber elegido que una pareja haga el amor en escena lo pensé como un acto de realidad fecundo, atractivo… Cuando uno hace una performance, siempre hay un ánimo de mover las aguas estancadas.
…tiene que ver con el cómo yo concibo el arte: como una expresión de vida, vinculada a nuestros deseos…
Abel Carrizo, tras la polémica por presentar un performance donde una pareja realiza en vivo el acto sexual en un festival organizado por la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. 1998.
Desde chico fui extremadamente tímido, vergonzoso, introvertido y súper pudoroso, como todos en mi familia. Lo otro que siempre he sido muy excitable sexualmente. Me masturbé desde los 6 años, tenía orgasmos pero no con semen. Otra cosa rara era que me excitaba en situaciones de ansiedad, por ejemplo, en las pruebas del colegio o cuando me asustaba mucho por algo.
Desde los 19 años tuve una vida sexual intensa, con pinches, pololas, prostitutas. Sigo siendo como adolescente en ese sentido.
Ramiro, 34 años, soltero, médico.
Cuando supe esto del Punto G decidí investigar y localizarlo. Me senté delante de un espejo grande, puse música muy relajada, e inspeccioné mis genitales. Fui descubriendo cómo se sentía cuando tocaba cada parte, traté de encontrar mi punto G. Lo primero que sentí fueron ganas de hacer pis, y después una sensación agradable como de liberación.
Paloma, 22 años, estudiante.
Yo no podía contener mis temblores; sentía la boca reseca, la lengua áspera. La presencia de Aurora me hacía nacer una erección instantánea, casi dolorosa por la súbita tensión de mis músculos, que se expandían, incontenibles, como capaces de abarcar toda la habitación, de penetrar el universo, mientras ella se desvestía lentamente y se quedaba frente a mí, totalmente desnuda, y me decía tócame, siempre quisiste tocarme, con voz insegura, quebrada por su propia excitación, “quiero que me toques”, y entonces yo me erguí y la toqué, azorado por la calidez de su piel, por su tersura, por la firmeza de sus carnes.
Mempo Giardinelli, Puro erotismo, Libros del Ciudadano.
A los 55 años tuve un infarto y a los 65 un accidente vascular, desde los 35 que fui hipertenso. Trabajaba más de la cuenta. Ahora la sexualidad es complicada, me cuesta mucho excitarme, y la erección no es completa, cuando ocurre… Ella se ha puesto agresiva, le tengo miedo a sus gritos, se pone como loca. Siempre ha tenido mal genio.
Rodolfo, 71 años, médico.
Llevábamos 5 años de matrimonio sin hijos, ella estaba ansiosa por embarazarse. Consultamos a especialistas, nos hicieron todo tipo de exámenes, teníamos que tratar los días indicados por ellos, esos días ella estaba obsesionada por tener sexo, me perseguía, yo me sentía presionado. Cuando pasaban esos días se cansaba del sexo hasta el mes siguiente.
Ella estaba bloqueada, sin lubricación y con dolor y a mí me costaba la erección y me había bajado la libido, no tenía ganas.
Diego, 55 años, empleado.
No resulta fácil conocer la forma como la actividad sexual ha sido vivenciada y problematizada a lo largo de la historia, en diferentes períodos, como tampoco comprender la valoración que cada época dio a los diversos hábitos y costumbres en este ámbito.
Resulta peligroso generalizar a partir de la lectura de algunos pocos autores, sin considerar la diversidad de perspectivas, la dinámica evolución de la moralidad en el tiempo y los cambios recurrentes de las actitudes de las sociedades ante los comportamientos sexuales.
Quizás las afirmaciones de Foucault, en los inicios de nuestra era, sobre la cultura greco romana, puedan ser extensivas a todo el período clásico precristiano:
Estamos en un mundo muy fuertemente marcado por la posición central del personaje masculino y por la importancia otorgada al papel viril en las relaciones de sexo. Estamos en un mundo donde el matrimonio se valoriza lo bastante como para considerarse como el mejor marco posible para los placeres sexuales. En ese mundo el hombre casado puede también tener su amante; disponer sexualmente de sus servidores, muchachos o muchachas; frecuentar a las prostitutas. En ese mundo, finalmente, las relaciones entre hombres al parecer se dan por sabidas, bajo la reserva sin embargo de ciertas diferencias de edad o de posición.
Otros autores, sin embargo, plantean que para los varones griegos y romanos, el matrimonio era sobre todo un espacio para la reproducción y la preservación de sus haberes. El placer erótico lo encontraban con más frecuencia con las cortesanas, las esclavas, las concubinas y también en las relaciones homosexuales de los hombres mayores con jóvenes adolescentes. Platón llamó “amor celestial” al amor entre varones, comparándolo con el “amor vulgar” basado en la atracción puramente física por la mujer.
A partir del siglo segundo de la era cristiana tomó fuerza un cambio importante en la moralidad existente en el Imperio Romano. Se difundió la filosofía estoica, que predicaba una mayor austeridad y exigencias de más severidad ante los placeres; no se basaba en mayores restricciones impuestas de modo autoritario, sino que era como un llamado a que las personas se constituyeran en sujetos morales, que se fortalecieran luchando para dominar en sí mismos los excesos, de modo de superar así la debilidad y fragilidad de los individuos.
No existía en la moral estoica la visión de los placeres sexuales asociados al mal, ni una pretensión de purificación con su abstinencia, como veremos posteriormente en el cristianismo, sino simplemente un llamado a desarrollar un mayor autocontrol.
Con el predominio del cristianismo se produjo un nuevo cambio en la moral sexual prevaleciente.
La moral cristiana, en prosecución de sus orígenes en el judaísmo, planteaba la asociación inevitable entre los placeres sexuales y sus consecuencias desastrosas, tanto biológicas como morales, lo que obligaría a desarrollar un riguroso dominio y control sobre los impulsos, una lucha constante contra los pensamientos eróticos de modo de anular los deseos relacionados con la carne.
La moral sexual cristiana va imponiendo cada vez con más fuerza la deserotización de los individuos, planteando prohibiciones a cualquier manifestación sexual que ocurra fuera del matrimonio e incluso en este, reduciéndolas a la finalidad procreadora.
La desvalorización de la sexualidad y del placer ligado al cuerpo, que marcó a la cultura occidental por siglos, se originó en el dualismo que escinde cuerpo y espíritu, propiciado por Platón y sostenido por el cristianismo, donde el primero es bajo e inferior y el segundo elevado y superior.
El amor entre un hombre y una mujer que predicaba el cristianismo era ascético y desapasionado. Propiciaba la castidad y la virginidad previa al matrimonio, la sexualidad estaba orientada solo a la procreación.
Los rasgos de esta moralidad que restringía y desvalorizaba el placer sexual prevalecieron por siglos en la pastoral cristiana y fueron aplicados con gran rigurosidad, enfatizando solamente su valoración al interior del matrimonio, con un claro sentido procreativo.
Con sorpresa los conquistadores europeos llegados a América se encontraron con que los pueblos originarios andaban desnudos y vivían el sexo no solo como una función reproductiva, sino también como una fuente de placer; incluso estaba integrado a sus ritos y ceremonias religiosas.
De ambas huestes étnicas, los moralistas europeos y los naturalistas originarios, resultó un mestizaje donde reinaba la ambivalencia y ambigüedad entre el puritanismo y el desenfreno.
Durante el siglo XIX se dio en Occidente uno de los periodos históricos de mayor oscurantismo y más represivo en relación a la sexualidad. Es lo que universalmente se conoce como una mentalidad victoriana, por la impronta que dio el Imperio Británico durante el largo mandato de la reina Victoria.
Como todo período de fuertes restricciones y represión de los impulsos sexuales, esta etapa estuvo caracterizada por grandes desigualdades e inconsistencias. Una marcada doble pauta hacía que las mujeres casadas debieran reprimir todo sentimiento sexual y transformaran el lecho nupcial en un sagrario de la procreación.
Era una sociedad en la que la religión impregnaba la vida privada y colectiva de sus individuos, imponiendo una rígida moral y valores heredados del puritanismo protestante, del cristianismo evangélico y de la Iglesia anglicana.
Existía un ideal de matrimonio y familia victoriana, caracterizado por ser profundamente desigual en favor del hombre.
“En contraposición a estas rígidas concepciones, por toda Inglaterra proliferaban los burdeles, la prostitución callejera y la transmisión de enfermedades sexuales. Por otro lado, existía una activa estigmatización, criminalización y persecución de toda conducta sexual que se alejara de una relación heterosexual y con fines procreativos”. (Havelock Ellis, 1859-1939).
En este sentido, la sodomía, independientemente de que se diera de forma homosexual o heterosexual, podía llegar a ser castigada hasta con la pena de muerte. Asimismo, existían múltiples tabúes en relación a la masturbación, de la cual se decía que podía producir deterioro en el desarrollo físico e intelectual de los niños.
Los hombres, por su parte, descargaban sus necesidades instintivas con prostitutas, escindiendo así el sexo del amor y trasformando al primero, según lo predicado, en algo impuro, pecaminoso y, al segundo, en un sentimiento espiritual exento de lubricidad.
A partir del siglo XX se fue incubando lentamente una reacción liberalizadora en la mentalidad y en las conductas sexuales. Fueron los escritos de Sigmund Freud quizás la más fuerte influencia inicial para desencadenar el cambio.
Impactado por el efecto devastador que la represión sexual provocaba en la salud mental de la sociedad vienesa, especialmente en las mujeres, Freud hizo notar en sus publicaciones la relación existente entre las patologías mentales y la represión sexual, dándole a esta un rol primordial en todos los ámbitos de la salud de las personas.
Los trastornos sociales provocados por las dos guerras mundiales, con sus secuelas de pérdidas de vidas –sobre todo masculinas–, grandes movimientos migratorios y relajación de las costumbres, contribuyeron sin duda a un mayor debilitamiento de las severas normas sexuales.
Otro gran aporte a la liberalización fue el aparecimiento y la masificación del uso de los métodos anticonceptivos, en especial la píldora, que lograron independizar las experiencias sexuales de la procreación, dando a las mujeres una inmensa libertad para vivir sin riesgos su propia sexualidad.
Los métodos anticonceptivos y la incorporación de una gran cantidad de mujeres a la fuerza laboral –que se transformaron así en personas económicamente productivas y menos dependientes– produjeron los cambios más notables de la sociedad moderna y también de los hábitos sexuales, al tomar ellas conciencia de su derecho a una relación con equidad y a una sexualidad tan satisfactoria y libre como la de los hombres. Fue de vital importancia la contribución de los movimientos feministas en esta autoafirmación de las mujeres.
En la década del 60, el feminismo creció de un modo antes inimaginable. Si bien la opresión hacia las mujeres seguía vigente, la situación empezó a cambiar lentamente.
La acumulación de estos y otros elementos dio inicio en la década a un movimiento social que ha sido denominado “la revolución sexual”, que consiste principalmente en una mayor aceptación y tolerancia ante variadas conductas sexuales y una comunicación más abierta y libre sobre estos temas.
Desde la década de los setenta, la lucha por el derecho a la diversidad sexual se expande a las sociedades de numerosos países y se generaliza alrededor del mundo.
En la década del ochenta el feminismo volcó a las mujeres a realizar estudios y a criticar las ideas machistas en diferentes ciencias: la biología, la sociología, el psicoanálisis, la psicología, etc. El pensamiento feminista logró cuestionar y ganar posiciones prácticamente en todas las disciplinas. En pocos años surgió lo que se conoce como teoría o enfoque de género, como elemento imprescindible a considerar en cualquier análisis científico.
El movimiento se fortaleció con la presencia de las feministas en las universidades y se planteó con fuerza el tema del derecho y respeto a la diversidad sexual como derecho humano básico.
