SI ELLOS SUPIERAN - Heather del Rey - E-Book

SI ELLOS SUPIERAN E-Book

Heather del Rey

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Beschreibung

Mar debe fingir una relación con la chica que odia, pero lo único que odia más es que no sea real. Tras un error en un programa en vivo, Mar, una joven promesa de la música, y Honne, una reconocida modelo, se ven envueltas en un escándalo amoroso que se hace viral y convence a todo mundo de que son novias. Para salvar sus carreras, no tienen otra opción más que fingir que sí están juntas hasta que se calmen los rumores de que son 'La pareja del año'. Mar es todo lo que Honne odia: caótica, dramática y muy muy fan de los signos. Honne es todo lo que Mar no soporta: engreída, altanera y odia los signos. Las cosas no podrían ser peores… ¿O sí?, ya que de por medio hay fama, celos y un secreto a voces que está a punto de estallar.

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Seitenzahl: 375

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Si ellos Supieran

©2024 Heather del Rey

Reservados todos los derechos

Calixta Editores S.A.S

Primera Edición Diciembre 2024

Bogotá, Colombia

Editado por: ©Calixta Editores S.A.S

E-mail: [email protected]

Teléfono: (601) 3476648

Web: www.calixtaeditores.com

ISBN: 978-628-7759-23-7

Editor en jefe: María Fernanda Medrano Prado Corrección de estilo: Valentina RodríguezCorrección de planchas: Jimena TorresIlustración y maqueta de cubierta: Isabel Siblesz @isza_pizzaDiagramación: David Avendaño @art.davidrolea

Primera Edición, Colombia 2024Impreso en Colombia – Printed in Colombia

Todos los derechos reservados: Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño e ilustración de la cubierta ni las ilustraciones internas, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin previo aviso del editor.

A todos los que aprecian lo simple, cómico y dulce del amor.

A los Astros, los que están en el cielo y los que estuvieron atrás de una pantalla cuando era solo una chica con una gran colección de chistes. Estarán para siempre en mi corazón y en las letras de este libro.

1

Sol

Mar

Conoces el sentimiento que se genera cuando alguien suelta una bomba tan grande que nadie en la habitación podrá arreglar jamás?

Eso fue lo que sentí al escuchar a la conductora del programa de televisión decir que estaba saliendo con una chica que ni siquiera conozco.

Intenté no ruborizarme de la vergüenza y buscar la forma más rápida de llamar a mi mánager. Mi carrera, a la que aún le faltaba ascenso, se iba a ir en picada, lo cual fue irónico, ya que tuve un buen presentimiento sobre aquella entrevista.

—¿Disculpa? —preguntó ella, la chica a mi lado, sus ojos cafés se abrieron en grande—. ¿Esto se estaba transmitiendo en vivo?

Iba a confrontar a la presentadora, pese a la reputación de ruda que me daba en las canciones. Sin embargo, quedé paralizada al oír su voz; sabía la respuesta: «sí». Aquella mujer dijo en televisión internacional, ante mínimo dos millones de personas, que somos pareja.

Mi signo tiene fama de desaparecer cuando las cosas se ponen feas, y eso fue exactamente lo que hice. Esperé a que no me prestaran atención para correr mientras llamaba a Luka. Empecé a hiperventilarme, nunca viví ningún tipo de polémica y aunque me advirtieron que el mundo de la farándula me llevaría a mentir, no creo que se hubieran referido a esto.

—Maldita sea —Miré la pantalla rogando que me respondiera—. ¿Y si me devuelvo a explicarlo?

Mi corazón estaba descontrolado, me asusté al ver las notificaciones rodar, hasta hacer colapsar mi dispositivo. En especial porque nunca aclaré nada sobre mi vida sentimental, aunque con la canción ‘Girlove’ era obvio, pero que de la nada sucediera, me puso los pelos de punta.

Mis fans estaban fuera del estudio.

¿Sería malo para mi imagen tener pareja? ¿Y si eso provocaba que ya no se identificaran conmigo?

En un impulso de valentía, entré a mis redes sociales. Lo último que había posteado fue subiendo cientos de respuestas por minuto. Planeé insistirle a Luka por mensaje directo cuando mi respiración se detuvo, me temblaron las manos y la sonrisa, que me obligo a vestir siempre, se borró del pánico.

Mi nombre estaba entre las tendencias de día.

—Buenas tardes.

Mi celular se cayó al piso de la sorpresa, creí que escondiéndome en el camerino estaría segura, pero una voz femenina me alertó que no. Di media vuelta topándome con la modelo que se presentó al programa, lo primero que hizo fue cerrar la puerta sin dejar de hacer contacto visual conmigo.

Todo está perdido, seré asesinada. Este es el día y yo traigo mi peor maquillaje encima.

Lo único que sabía de ella era su nombre, Honne, que su piel morena resaltaba cuando llevaba labial rojo y que su maquillaje de ojos de zorro me hacía sentir como una presa. No se veía feliz de verme.

—Astrohada, ¿verdad? —Enarcó una ceja—. ¿Qué pasó allá afuera? Porque te advierto que si fue una jugada de marketing, voy a...

—No tengo ni la más mínima idea —farfullé al agacharme por mi teléfono.

—Estás mintiendo.

—Jamás, lo juro. Ni siquiera me dijeron que íbamos a estar juntas en el mismo horario.

No se creyó ni una sola de las palabras que se escaparon de mi boca, rápidas y sin coherencia con tal de rellenar el silencio, su rostro era tan expresivo que para mí fue fácil percibir cómo juzgó lo que dije.

—Vamos a arreglar esto ahora mismo —Estiró su brazo en busca de un apretón de manos—. Soy Honne, por cierto.

La gente normal se preguntará qué tanto puede tardar un ser humano en decir su nombre. Diría que yo tardé unos dos a tres minutos, mientras procesé lo qué estaba pasando. Le di la mano, su saludo fue largo, invasivo y se puso encima de mi mano.

Mar.exe ha dejado de funcionar.

—Mar, es un placer —Le sonreí.

—El placer no es mutuo.

Mi mánager me llamó en el peor momento, la vibración hizo que todos los objetos de la mesa se movieran. Comúnmente saltaría a responderlo, no obstante, sentí la necesidad de no hacerlo frente a ella. Quedó una especie de gancho hacia una mejor presentación. Pero ¿qué se puede hacer cuando te juntan con una extraña de la peor manera posible?

—Honne... tú, por si acaso… —Me mordí la lengua antes de terminar, maldiciendo internamente.

—¿Qué?

—¿Cuál es tu signo?

2

Carta astral

Mar

No lo sé, no entiendo nada de esas tonterías —respondió con desagrado.

—¡Oh! Claro —Desvié la mirada—. ¿Y cuándo naciste?

—Voy a llamar a mi representante —bufó arrastrando sus pies hasta la mesa de maquillaje—. No te estreses.

Plot twist: la estresada no era yo.

Segundo plot twist: su representante llegó incluso más rápido que Luka.

Tercer plot twist: revisando muy ilegalmente sus documentos, me topé con que es capricornio.

En un abrir y cerrar de ojos aparecí en una lujosa oficina sentada en una mesa redonda con Honne; Luka, el idiota que hace las cosas por mí; y una señora amenazante que trajo un montón de papeles. La televisión quedó encendida para estar atentos a cualquier comunicado por parte del show. Al menos nueve computadores eran utilizados con la intención de controlar la repercusión de la noticia.

No tenía ni idea de lo en serio que se pueden tomar las redes sociales. Las líneas verdes subieron hasta estar al tope de la pantalla, eso me puso nerviosa.

—Malas noticias, más gente de la que esperábamos vio el programa, por lo que el impacto fue aún mayor —dijo Luka sin dejar de prestar atención a su computador.

—¿Eso es malo? —indagué con timidez.

—Bueno, no lo es, los fans se lo tomaron de maravilla. El problema es que no es cierto.

—Va a ser imposible retractarse sin que produzca un gran daño a la imagen de nuestras clientas —La mujer desconocida habló por primera vez.

Su aspecto cuidado, combinado con el traje vinotinto, me hizo asumir que era alguien importante, me provocó erguirme cuando empezó a explicar estrategias de marketing, publicidad y la manera en la que se manejan los escándalos para usarlos a favor.

—El mal está hecho, por fortuna se tomaron el anuncio como una bomba de felicidad y no le podemos quitar eso al público —afirmó ella—. Al menos no ahora, las ventas de Astrohada subieron en un trescientos por ciento pese a que hayan pasado solo dos horas.

—Pero no es verdad... —murmuró Luka.

—¿Cuándo has visto que la verdad venda? Cada persona elige su verdad y la que tienen es que dos jóvenes se atrevieron a anunciar públicamente su relación. Decir que fue un error, no solo dejaría mal al programa, también a nosotros.

La frialdad con la que habló del caso y dejó de lado nuestros sentimientos para volverlo una oportunidad de negocios me dio escalofríos.

—¿Voy a perder dinero por esto? —preguntó Honne.

Quizá ya me había vuelto muy hippie, pero eso era lo que menos me importaba. Yo quería ir a casa a comer, antes de seguir abrumándome.

—Al contrario, si lo sabemos manejar, estamos frente a la mayor fortuna que un noviazgo haya hecho.

El resto del día estuve postrada en la silla, mientras que ellos corrían de aquí para allá hasta tener un gran pilón de papeles. Las hojas contienen nuestro plan, una especie de contrato, con distintos códigos y pautas a seguir.

Consistía en presentarnos como una pareja en las redes por el beneficio que esto nos podía brindar. Una vez se cumpliera cierto plazo o bajasen los números, haríamos como si nada. Nos veríamos algunos días del mes para que pudieran tomarnos fotografías, subir contenido semanal en las redes y participar de los eventos de la otra. En el largo lapso que estuvimos hablando del tema, continué viendo mis cifras, las cuales despegaron por los aires. Seguíamos siendo trending topic.

Me metí a husmear y encontré un hilo un tanto incómodo, no por las cuentas, más bien porque me recordó que tengo toda una canción dedicada a decir cómo odio a las modelos.

—Ahora que he dado una buena impresión, ya puedo presentarme, Verónica García —La representante de Honne me dio la mano—. Un placer conocerla.

—Perdona, Vero, ¿eres virgo?

—Sí, ¿por qué la pregunta?

—No. Nada.

—Qué linda, no me gustan mucho esas cosas, sin embargo, si me van a decir trabajadora, me veré en la obligación de tomarlo como cumplido.

—¡Sí! —Salté de mi sitio—. De hecho, la luna influye en...

—¡Ay, desde que entraste no has parado de molestar con eso, sal de personaje! —Que Honne no hablara mucho y cuando lo hiciera sea de forma despectiva, me tiraba para atrás.

—Pff, típico de capricornio.

—Disculpa a mi clienta, está alterada —Verónica me pasó una pluma—. Ignórala, lo único que tienes que hacer es firmar.

—¿Qué vas a sacar tú de esto? —Elevé la cabeza—. Trabajas para Honne y Luka para mí, ¿cómo nos uniríamos con el shipeo?

—¿Luka? —repitió Verónica, confundida—. Pensé que era un chiste. ¿Un hombre sin ningún tipo de estudio o experiencia quien sabe sobre esto?

—Es un amigo muy cercano.

—Sí, asumí que dirías eso. Yo me encargaré del noventa y nueve por ciento de las cosas a partir de ahora, digamos que por un módico precio, estas son las cláusulas sobre mis beneficios —Señaló uno de los párrafos—. Es una parte menor de las regalías que con mi cliente, porque ella es todo lo que me interesa en este acuerdo. Tengan cuidado, no voy a permitir que manchen su carrera. Tú tienes un gran panorama, ‘inspiración’, una novia que afirme tu branding, alguien con una reputación cuidada, sin escándalos y que no te meterá en uno. Ella tiene a esta mariposa gigante asociada a su persona. Tienes la ventaja, por lo cual…

—¿Aún puedo retirarme de esto? —preguntó en tono jocoso Honne.

—No —respondieron Verónica y Luka al mismo tiempo.

—Despreocúpate —suspiró—. Hoy es el día en que se convierten en estrellas.

Me di el tiempo de leer las páginas antes, aunque al cansarme en la mitad alcé la mirada hacia Luka, quien estaba muy desconectado de la realidad. Pasaron semanas sin que se retocara el tinte rojo, parecía un vagabundo bien vestido en esa reunión, en definitiva, contratar a mi mejor amigo no fue la mejor idea.

—¿Qué opinas? —murmuré.

—Las demás opciones no nos ayudan, Mari, es todo o nada —afirmó convencido.

La sonrisa de la representante de Honne se ensanchó, se veía encantada y su confianza se me transmitió.

¿De verdad me van a obligar a salir con un signo de tierra? Eso me pasa por traer mi cuarzo rosa conmigo.

Escribí mi nombre, datos y firmé dejando un corazón al final. Me arrebataron el contrato apenas terminé.

—Listo.

—Perfecto —Verónica dio toda la vuelta a la mesa—. En ese caso... Astrohada, te presento a tu nueva pareja.

3

Acuario

Mar

Ser acuario es tener un sexto sentido para todo, excepto para cuando vas a arruinar tu vida.

Bueno, a veces lo tienes, pero continúas por la experiencia.

El shipeo –la manera en la que le dicen a las parejas en internet– se nos fue de las manos, no era sino entrar a cualquier aplicación y ver varios fanarts o posts hechos sobre nosotras, no era algo nuevo, desde que mi música se hizo popular tenía una gran base de fans, pero parecían haberse multiplicado por mil.

Tuve que usar una cuenta falsa para verlo, no sabía a qué le podía dar me gusta y a qué no.

Metiéndome entre las oscuras aguas de los fandoms, me encontré con el nombre de la especie de tribu que se formó para aquellos quienes apoyaran las carreras de ambas, llamada ‘Nación HonnMar’.

Qué feo nombre, suena a tienda de pescado.

Con todo respeto a las tiendas de pescado, claro.

Hubo una pequeña oleada de personas llorando porque me morí, así que corrí al baño a revisarme los signos vitales. ¡Estaba bien!La que se llevó la peor parte fue una versión ficticia de mí en un fanfic.

Lo único que rondaba mi cabeza era que al menos me podría quedar el fin de semana entero en nuestro hotel. Las ganancias por mis videos ya me lo habían empezado a permitir. Estuve toda la mañana tirada en la cama con mi mejor amigo al lado.

—¿En qué piensas? —habló de repente Luka, en tono alto, justo al lado de mi oreja.

—En qué mes cogieron tus papás para que su hijo les haya salido tan idiota.

—Mari, son las siete de la mañana, yo no tengo la culpa de tus problemas.

Se secó los rizos con mi toalla, mi música en bucle apenas nos dejaba escuchar nuestras voces en la pequeña habitación, aquello me recordó que quería presentar un nuevo álbum para fin de año.

—Hoy tienes que salir a pasear, ya han pasado un par de días sin que las vean juntas —avisó Luka.

—¿Qué? ¿Tan pronto? —Despegué mi cabeza de la almohada—. ¿Podemos pasarlo al lunes?

—No me preguntes a mí, Verónica lo propuso y yo, como no entendí, le dije que sí. De recompensa, si gustas, te preparé el tereré1 por una semana.

—¿Te dijeron ya que eres el peor mejor amigo y mánager del mundo?

—Seguido. Así que prepárate, si rompemos una pauta, seguro nos rompen la espalda. No de la buena manera.

¡Cómo que hay una buena manera!

No me moví, quise hundirme en las sábanas; ver videos de misterio por el resto del día me pareció el plan ideal. Bajo el sol, la temperatura mínima era de treinta y cinco grados, me importaba mi carrera, pero… ¿Tanto?

—Por favor, no quiero quedar mal con la señorita —rogó y se tiró al lado mío, entonces aproveché para darle un zape.

—No dejes que esa mujer te seduzca con su palabreo formal.

—Perdona, me distraigo.

—Luka, respétate.

En ese tiempo, consideré despedirlo. Pero era muy riesgoso, tendría que buscar de carta astral en carta astral al próximo candidato.

***

La cita se organizó por completo bajo la decisión del equipo de Honne, nos pasaron la ubicación un par de horas antes, era obvio que nos toparíamos ‘casualmente’ con fans así que me mentalicé para reaccionar bien, llevé mi mejor vestido blanco con accesorios de hada, nos hicieron vestir productos de marcas reconocidas por contratos de publicidad que hicieron sin consultarme.

A lo largo de mi vida, siempre pensé que las fotos ‘filtradas’ de los famosos eran un accidente; pero desde el otro lado, me di cuenta de que aquello era ridículo.

—¿Dónde están las cámaras? —Sin duda, Honne era una romántica, arrancó la cita cual fiera.

Esbocé una sonrisa, las opciones de ella eran el doble de estrictas, ya que como modelo debía seguir las tendencias sin perder su estilo o traicionar a sus antiguos promotores. Su apariencia era agraciada, con una figura atlética, alta y delgada. Desde pequeña odié a las chicas de las revistas por ser tan perfectas y ¡oh!, qué vueltas da la vida.

Estoy convencida de que es un pacto kármico.

—Deben de haberse escondido. No te preocupes, tampoco te voy a embrujar si tomamos asiento bajo el sol un segundo. Suficiente esfuerzo hago al ser sociable contigo.

—Lo sé, además con eso de que no somos compatibles —se burló—. De seguro me detestas, aparte soy modelo.

—Oh —Me dejó con la boca abierta—. En mi defensa no dije nada malo, quizás en una entrevista las llamé «Añamemby2», pero eso es de acá, significa... Hermosa.

—¿Me estás diciendo hermosa?

—Em, no.

—¿Estás diciendo que no soy hermosa? —Frunció las cejas.

No solía actuar de forma tan tonta, aquello o era una maldición o era el calor quemando mis últimas neuronas.

—Mira, un grupo de jóvenes se nos acercan —susurré deprisa, intentando evitar responder—. Sé amable.

—Siempre soy amable. ¿No ves mi cara de amabilidad?

Odiaba que los capricornio se la pasaran hablando con ironía, no pillaba una.

Un grupo de chicas de entre catorce y veinte años se nos acercaron. Las grandes sonrisas que mantuvieron, la emoción en sus voces y cómo les brillaron los ojos me dio mucha ternura, tuve una sensación agradable en el pecho.

En sus manos cargaban pancartas y algunos dulces como regalo. Esperé que fueran invasivas llegando en estampida, pero no fue el caso.

—Voy a presumirle a mis mutuals que las conocí —chilló una al quitarle el teléfono a su amiga.

—Me alegro mucho por ustedes, son mi pareja favorita —suspiró la mayor—. Se nota mucho la química, ¿podemos tomarnos una foto?

—Claro —Honne se agachó un poco para estar en mi altura—. ¿Así?

Apoyó su brazo sobre mi hombro, la miré de reojo, asombrada. Se le dio perfecto actuar.

—Hmm, sí, es que me preguntaba —La más joven se atrevió a hablar por primera vez—, si podían besarse para la foto. Es que nunca tuvimos ese tipo de contenido.

Mi ‘pareja’ no se quejó, al contrario, ladeó su cabeza en mi dirección. Sus manos me guiaron a verla a los ojos, aunque rápidamente los míos fueron a sus labios. Impasible, tan solo me guiñó un ojo cuando las chicas se distrajeron abriendo la cámara de sus teléfonos.

—¿Qué pasa? —Rio Honne—. ¿El horóscopo no te advirtió de sucesos inesperados?

1 Bebida hecha a base de hojas de yerba mate

2 Hijo del diablo en Guaraní

4

Capricornio

Mar

Con todo respeto, quiero abandonar esta simulación del universo experimentando la individualidad.

—¿Ha sido demasiado pedir? Perdón si las incomodé.

Para nada. Lo normal de cada día es que vengan a pedirme besarme con gente que no conozco.

Nunca había demostrado afecto en público, en especial de ese tipo, o con alguna pareja, menos en un lugar tan cercano a donde vivo. Siento que cualquier cosa que haga le será contada a mi madre por las señoras chismosas que vigilan las cuadras.

—Disculpen, mi novia es algo tímida —Honne respondió por mí—. Estamos en una cita así que...

—Oh, lo siento —Guardó su dispositivo al instante—. Será en otra ocasión.

—Al menos una foto —insistió su amiga, quien recibió un ligero empujón por parte de la chica.

—Habrá otra oportunidad para tomarnos una foto. Además, tenemos que irnos antes de que pase nuestro bus.

—Pero nos vamos caminando.

Dio media vuelta, susurró un par de frases a sus amigas que fueron suficientes para que se despidieran educadamente. Quedé descolocada por lo fácil que fue evitar una situación incómoda, no creí que personas tan jóvenes lo entendieran a la primera.

Honne me enseñó que debo soltar el miedo a rechazar, a veces las cosas son tan fáciles como decir que no. Ella se alejó en cuanto pudo, su habilidad de mostrarse como desee ante los demás y de cambiar a su conveniencia me hizo sospechar que tiene géminis en la carta.

—Te pusiste demasiado nerviosa, así que asumo que fue mentira —murmuró.

—¿Qué cosa?

—Olvídalo —Agarró un bolso—. Vamos a comer.

Caminamos alrededor de la plaza sin saber a qué negocio ingresar. Si me sentía extraña con la fama antes de esa última semana, ahora no paraba de sorprenderme. Me costó dimensionar que, en algún punto sería complicado salir a la normalidad.

—Este es tu país, recomiéndame algo —Honne rompió el silencio.

—¿A qué te refieres?

—Que me digas qué comer.

Mar, no lo digas.

No lo digas.

Yo sé que es una buena oportunidad, pero no digas «a mí». Esta chica no es tu amiga, es una compañera de trabajo.

—¿Un helado? —Me encogí de hombros.

—Voy a elegir yo —Sentí calor al rozar mi palma, me tomó la mano sin previo aviso arrastrándome a uno de los sitios cercanos—. Te meteré algo en la boca antes de que vuelvas a decir cosas sin sentido.

El restaurante estaba lleno de olores exóticos que te cautivaba apenas entrar, desde un estofado común hasta una chipa guazú. Subestimé el hambre que me pudiera dar, aunque no importaba. Honne escogería un plato de dos en lo que yo vigilaba los alrededores; nadie nos notó debido a que los comensales eran adultos mayores.

Cuando no pensaba en astrología solía pensar en cristales, como el que ella tenía colgado en el cuello. Era de la misma marca que la patrocinaba en sus redes, le restaba importancia a lo que llevara mientras fuera bonito, aunque a la amatista se la considera de carga positiva y buena energía.

Irónico. Le hicieron un favor al dársela.

—¿Por qué estás mirando tanto mi escote?

Salté del susto, chocando con la espaldera de la silla, oí alguno de mis accesorios caer.

—El collar —farfullé nerviosa—. Es lindo. Tiene un cristal.

—Déjame adivinar —Se recostó sobre la mesa en mi dirección—. ¿Fue la piedra la que te hizo sonrojar?

Su mirada no escondió su diversión, en lo que buscaba qué responder, ella remojó su labio inferior. Empecé a darme cuenta de que hacía esas cosas a propósito.

—Si no vas a coquetear, al menos ten la decencia de que lo que te comas con la mirada sea la comida.

Tragué grueso, su personalidad explosiva atrapada en un cuerpo bonito se sentía como una bomba de tiempo entre mis manos, las cuales sudan de solo saber que está activa.

—¿Coquetear? —inquirí.

—Para que nos escuchen, ¿sabes? Sé que es una mierda tener que fingir que te gusto, pero al menos inténtalo.

La comida llegó justo a tiempo. Si había algo que apreciar de las salidas a comer era que por un largo tiempo no hay necesidad de hablar.

Benditas sean.

El platillo que pidió era jugoso, así que cuando mis ojos viajaron a espiarla, la encontré chupándose los dedos. Aquello me hizo reír, que se sintiera así de cómoda, fue como un cumplido.

—¿Está rico?

—Disculpa —Se reacomodó en su sitio y buscó rápido una servilleta—. En clase no podemos comer... estaba hambrienta.

—¿Tienes clases de pasarela?

—De Economía —corrigió—. Aunque también de Dibujo, como no tenía planeado vivir del modelaje, nunca lo tomé en serio hasta ahora. Tengo varias carreras extra bajo la manga.

—Jamás imaginé que fueras tan productiva —Ese fue mi intento de cumplido.

—¡¿Qué dijiste?! —Aquello pareció tocarle algún nervio—. ¿Tú qué haces aparte de vomitar mierda mística?

—La verdad es que solo escribo, compongo y canto, a veces cocino pastelitos, me gustan las cosas dulces.

—Para ser alguien a quien le gusta lo dulce, tienes tan poco sabor como imaginaba —Su metáfora no pudo afectarme porque no la entendí.

—Ja, no te miras al espejo.

—¿Cuál es el problema? ¿No te parezco agradable? ¿Por eso casi mueres al tener que pretender besarme?

Dejé de masticar, fue una pregunta tan repentina que ni siquiera me dio tiempo de tragar por completo. Iba a disculparme por mi actitud hostil hasta que mis tres neuronas gritaron «Espera», porque detectaron a último minuto una pizca de sarcasmo en su voz.

—Jamás, solo me tomó por sorpresa, no es que no haya querido besarte; es decir, obvio no quería, pero a la vez sí —carraspeé—. Todo sea por el contrato.

Ignoró mi respuesta; de hecho, sospeché que dejó de escucharme.

—Debemos sacar las fotos ahora —Abrió su cámara—. Le hablé a Verónica para conseguir que acepten nuestra publicidad, así que haz que se vea el restaurante, su nombre.

—¿Así funciona? —Me dio su teléfono—. ¿Y nosotras?

—Subiremos la selfie de la otra diciendo que estamos en una cita, luego de irnos, o vendrá demasiada gente. Por algo pedí los vasos con la marca. Tienes que decir en el video que te gustó mucho.

—Dame tiempo para aprender.

Las primeras imágenes fueron un éxito, las cuentas dedicadas a subir contenido sobre HonnMar las devoraron, dejé de darles importancia hace unos días. Es curioso lo bien que se puede fingir ser una pareja a tiempo completo cuando en realidad apenas cruzamos palabra.

***

Me citaron para una entrevista sobre mi reciente disco en un programa virtual internacional. El álbum tuvo un despegue gigante en las redes sociales, no me pararon de salir videos con mis canciones o sobre Honne, todos los posteos que me aparecen son de nosotras, no hay una sola red donde pueda descansar de ello. Incluso en las que no están asociadas a mí.

Es increíble, parecía que se me iba yendo de las manos el pretender estar enamorada y, a la vez, simplemente estaba todo el rato encerrada en mi hotel.

—Es un placer que nos haya aceptado la entrevista. En las últimas semanas, internet está saturado deseando saber sobre usted, Hada.

Ni siquiera se molestaron en investigar mi nombre.

—Astrohada —aclaré—. Estoy feliz de participar en su programa, lo suelo ver en las tardes, me encanta.

Nunca en mi vida escuché de ellos.

—El chat nos está pidiendo ver a su novia. ¿Está con usted ahora? ¿Viven juntas?

—Honne, hmm, aún no vivimos juntas lastimosamente —Se me escapó una risa nerviosa—. ¡Pero muy pronto! A ella le hubiera encantado estar con nosotros.

—Cuéntanos un poco de ti, Hada, antes de que pasemos a las preguntas del público.

—Soy Mar, aunque prefiero que se utilice mi seudónimo. Escribo canciones desde que tengo nueve, y diez años después, parece que mis sueños más fantasiosos se están cumpliendo, quiero decirle a mis fa...

La primera vez que me interrumpió, mi ingenuidad me dijo que era problema de la señal.

—Entonces, ¿hace cuánto están de novias? ¿Son conscientes de la repercusión que tienen en las nuevas generaciones?

—Casi un año —mentí intentando recordar lo que me escribieron para decir—. Mantuvimos nuestra relación en secreto por la privacidad, finalmente nos sentimos libres de contarlo. Sobre la influencia, la verdad es que no estoy muy...

—El usuario Astrobookish pregunta: «¿es cierta la teoría de que escribiste Corazones de plástico como una queja al mundo al que se enfrenta tu pareja?»

—Me gusta dejar las cosas a interpretación, pero sí, un poco quise transmitir eso, aunque claro, era una metáfora.

—Y sobre metáforas, ¿qué es lo que de verdad quisiste decir con la canción GirLove?

—Amar a las mujeres.

—¿El mensaje oculto ahí es...?

Esto fue una mala decisión. Muy mala.

Desde esa vez empecé a preguntar quién sería mi entrevistador en cada participación mediática que tuviera.

—Que las amo —repetí confundida.

—Entonces, ¿de qué se trata?

—De que soy lesbiana, Miriam, de eso.

Lo bueno fue que solo duró veinte minutos, los más largos de mi verano.

Agotada, cerré la laptop, me quedó un sabor ácido en la boca que planeaba curar con gelatina una vez que me hubiera terminado de bañar; al arrastrar mis pies por el pasillo, la vibración de mi teléfono me alertó. Nadie tiene el privilegio de que le ponga notificaciones especiales.

Excepto Luka.

Me encontré con nueve llamadas perdidas de mi mejor amigo. Él nunca insistía tanto, ni siquiera con las exes que no supera, así que mi primera reacción fue entrar en pánico. Lo llamé de vuelta un par de veces sin obtener respuesta, ya me estaba cambiando la ropa para ir a buscarlo cuando por fin apareció.

—Ma-Ma-Mari, buenas noches.

—¿En qué comisaría estás?

Lo puse en altavoz. Agarré las llaves del auto, utilicé mi hombro para pegar el teléfono a mi oreja mientras bajaba al estacionamiento, aunque por mi preocupación él solo me devolvió una carcajada.

—Ninguna, aunque pronto me meten, si no cumplimos el contrato, debes subir más contenido.

—Estaba preguntándole a Honne cómo llevarnos mejor.

—Eso no me importa. Búsquense y trabajen.

—Me estás hablando como si fuera tu sirvienta.

—Claro que lo eres, Mari, algo tengo que usar para escapar del continente —Escuché una voz femenina a través de la línea—. Te dejo, loca, quedan cinco horas en el día, no arruines tu carrera.

5

Luna en escorpio

Mar

Honne, ya sé que es tarde, pero al parecer el lapso que podemos pasar sin hacer más show acaba hoy mismo.

La música de fondo era fuerte, y combinada con los gritos, apenas se escuchaba lo que decía, incluso su voz se oyó extraña. Por fortuna, ya estaba preparada, la llamada se cortó, pero en el chat de mensajes me llegó su ubicación en directo. Iba a tener que buscarla.

Había obtenido la licencia de conducir hacía poco y el auto, en realidad, le pertenecía a mi familia. Me abroché el cinturón de seguridad. Pasando por las calles vacías a la mayor velocidad, me preguntaba qué pasaría si me atrapara un policía.

¿Ahora que soy famosa, ya no puedo ser arrestada?

Revisé el mapa otra vez, el GPS me llevó a una discoteca privada. No me sorprendió que personas como ella estuviesen allí, excepto porque la notaba tan amargada que no me la podía imaginar siendo el tipo de chica que sale de fiesta hasta que hasta la luna se va a dormir.

Puse mi capucha arriba antes de bajar, con la esperanza de que nadie me reconociera. Ese sector estaba repleto de gente con botellas y cigarros en sus manos. Detuve mi respiración en la entrada.

—Su documento de identidad —exigió el guardia.

—Ejem... lo olvidé, aunque cumplí la mayoría de edad hace ya un año.

—Pff, por supuesto —se burló al marcar con su mano mi altura—. Y yo soy Britney Spears. Salga de la fila, por favor.

—¡Le estoy diciendo la verdad! Por favor, al menos llame a alguien que está dentro, ni siquiera me importa esta fiesta.

—Lo siento, señorita, no puedo hacer esto.

—Se lo ruego —Me agité un poco al subir una grada, que era lo único que nos separaba—. Le pago, es solo gritar «Honne» allá dentro.

—Espera —Él arrugó las cejas—. ¿Eres la cantante? Sí, la de pelo azul, la que tiene alas.

—Tal vez —Tragué grueso, desde atrás en la fila me estaban insultando—. Sí, lo soy, por favor, evite subirlo ahora mismo a internet, ya en un rato...

—¡A mi hija le encantan tus canciones! Todo el rato está escuchando eso, hasta se compró esa piedra que ustedes usan.

—El cuarzo rosa —Asentí sonriendo—. Me alegro. ¿Y si llama a quien le pedí, por su hija? Puedo darle lo que quiera a cambio, es urgente.

Eso fue manipulación. Aunque mis nervios fueron más grandes que mi voluntad para justificar cada comportamiento feo mío con astrología.

—¡¿De verdad?! Claro, dame un minuto —Su actitud cambió por completo, retrocedió hacia la entrada—. No necesitas darme nada, es solo llamar a alguien.

Creo que este señor no entiende inglés, por lo cual no entiende de qué tratan mis canciones. Por suerte.

Porque si supiera que incito a su hija a quemar la casa de sus enemigos, no sería tan agradable. La gente se suele confundir por mi estética tierna,; sin embargo, mi música roza lo ilegal con sus letras.

Un joven me empujó pensando que era yo la que no me movía; choqué con la baranda en el momento exacto en el que Honne salió. Estaba espléndida, con su cabello corto alborotado y un vaso rojo entre sus manos.

Tomé su brazo con fuerza arrastrándola hasta el auto mientras rogaba que ninguno de los borrachos nos reconociese. Ella no se quedaba muy atrás, ni su perfume pudo cubrir lo mucho que apestaba a alcohol. Fui muy amable, probablemente ella esperó que la tirara al auto, no obstante, le abrí la puerta, guie su entrada y sostuve su cabeza para que no se hiciera daño al acostarse sobre el asiento reclinado.

—Buenas noches, Mar. ¿Qué hace una chica tan linda sola por estos rumbos?

—Arréglate, hay que subir algo a las historias —dije antes de arrancar el motor.

—Qué coincidencia que nos encontráramos en la misma discoteca.

Honne tiene el talento innato de aguantar la mirada y hacer que sus ojos felinos te reflejen, tuve que encender la luz de tal forma que contrarreste la oscuridad dentro del coche.

—Me mandaste tu ubicación hace una hora —resoplé—. Estás demasiado borracha, ¿en qué estabas pensando?

—Hablas mucho, te quejas mucho y lo único que haces es gritar —Rio en silencio—. Así nunca vas a conseguir novia.

—¡Se supone que tú eres mi novia!

—Contra mi voluntad.

—Como sea. ¿Te parece que un domingo es un buen día para acabar así?

—Todos mis compañeros vinieron —Se encogió de hombros—. Además, ¿qué voy a hacer, ir a misa?

—Te veía más responsable.

—No, no, no —Se incorporó a duras penas, tambaleándose hasta caer encima de mi hombro—. Mi responsabilidad no tiene nada que ver con mis ganas de salir. Por cierto, ¿te hiciste algo en el pelo? Estás más linda.

Fijé mi vista en la carretera, no hay tráfico del que preocuparse ni que pueda utilizar como excusa para ignorarla. Silencié a mi mejor amigo, que debía estar bombardeándome con mensajes para que cumpliéramos con lo estipulado.

La persona a mi derecha amenazaba con ser una imitadora, la conocía hace poco, pero lo suficiente para saber que nunca es tan cariñosa. Suspiré resignándome a que tendría que tratar con ella si quería que las cosas salieran bien.

—¿En qué tienes la luna? Definitivamente, no en un signo de tierra. Ya me estarías matando.

—Ya dije que no sé de esas cosas —Cargó su cabeza encima de mi hombro—. Tengo frío, dame tu camiseta.

—No puedo. No tengo nada abajo.

Volvió a reír.

—Ese es el punto.

—Déjame —La empujé a su asiento—. Arréglate el maquillaje, tenemos cosas que hacer.

—Uy —Arqueó una ceja—. Entonces vamos a jugar rudo.

—Eres amable cuando no estás siendo un robot —comenté al estacionar.

—No estoy siendo amable, estoy diciéndote qué te parece si esta noche te seduzco en mi coche —Cantó la última parte.

—Este no es tu coche. Y no eres graciosa, te lo advierto.

Llegar hasta un sitio tranquilo fue complicado. Honne con sentido del humor me asustaba, era como si un comediante asesino se apoderara de su cuerpo, teniendo en cuenta que este es un profesional al caminar con zapatos de plataforma. Intenté obviar la diferencia de altura, aunque con aquello puesto, mínimo tendría que volar para alcanzarla.

Se sentó en un banquillo de la residencia a controlar su sombra de ojos, tuve la aplicación abierta en el transcurso completo, de hecho, creo que la cámara se activó un par de veces sin querer. Me hice a su lado, sus mejores muestras de humanidad las da cuando no es consciente de ellas, como cuando me abrazó para el boomerang y me agradeció por llevarla a donde se estaba quedando a dormir.

Pasé uno de sus brazos sobre mis hombros para ayudarla a levantarse, me di cuenta pronto que jamás iba a poder cargarla. Sentí una presencia alrededor.

—¡Astrohada, chica! Buenas noches —vociferó una adolescente.

No parecía el tipo de personas que escuche mi música, al acercarse se notaba que era mayor a lo que aparenta con su vestimenta y algo en su expresión me dio mala espina.

—Ella se siente algo mal, ¿puedes, por favor, hablar bajito? —rogué en un susurro.

—Es mi tono normal —chasqueó la lengua—. Tú, sácame una foto con la cantante.

Señaló a Honne quien con esfuerzo entendía qué sucedía fuera de su burbuja, continuó hablando alto. Hubiera aceptado de no ser por mi necesidad de mantener a salvo a mi socia; era bastante tarde.

—Perdón, ahora es imposible, puedo firmarte algo si quieres.

La sonrisa forzada se le esfumó del rostro ante mi ofrecimiento.

—Dije que una foto, ahora —exigió.

—¿Disculpa?

—Se le subió la fama a la cabeza, aparte las dos no son para tanto. ¿Quieren que les pague o qué?

—Perdona, no —Junté mis pertenencias—. Ven, vamos a tu casa, Honne.

—Ah, ahora me dejan hablando sola.

Tragué mi impulso de responder de mala gana, fruncí los labios al buscar qué decir; sin embargo, era incapaz de mantener de pie a una persona mientras discutía con otra.

—Por favor, déjanos solas.

—Son unas malagradecidas —gruñó—, le voy a mostrar al fandom su verdadero rostro.

6

Virgo

Honne

Era mi fin.

No solo me dolía la cabeza, sino también los pies, por los zapatos, y las piernas de tanto bailar. Me desperté en el sofá de la residencia sin tener idea de cómo había llegado, El ardor de mis ojos confirmó que los había abierto por costumbre, pero no por haber terminado de descansar.

—Son las seis y media, te dejé treinta minutos más porque estás en la mierda.

Oh, no, mi peor pesadilla. Se metieron ladrones madrugadores.

—¿Cómo entraste, Vero?

—Vivo contigo —declaró exaltada—. Si llevas tantos años sin tomar alcohol, debes tener cuidado cuando lo haces.

—Es un poco tarde para advertirme —Me quité la sábana de encima—. Me preparo y nos vamos.

—Deberías cuidar lo que haces, en especial ahora que tanta gente joven te ve como una figura a seguir.

—Mira, Verónica, cuando tu opinión sea dinero, me la das.

Corrí hasta el baño, sentía como si me hubieran tirado de un acantilado; imágenes vagas de luces y chicas atravesaron mi mente. En lo que me cepillé los dientes, me hice la idea de cómo sería mi vida ahora. Si estoy en una supuesta relación ante el mundo no puedo siquiera hablar con alguien más.

Ya no puedo reforzar la amistad por tu culpa, Mar. Gracias. Caes mal.

Recién en el pasillo me percaté de lo bien vestida que iba Verónica, es decir, los trajes elegantes y ajustados son primordiales en su guardarropa.

En camino me metí a las redes con la intención de matar el aburrimiento. Tenía miles de notificaciones, más de las habituales, pero las atribuí a que estuve rato sin entrar a la aplicación. Fui directo al chat que tenía con mis amistades, había cien mensajes, pese a que éramos solo cuatro.

Me metí a los videos enviados, entre un montón de imágenes divertidas, encontré un video mío bailando en la fiesta y como soy un poquitito narcisista, fue el único que vi entero. El labial rojo se me había corrido sobre la copa, vestí mi pieza favorita y el sombrero ‘de vaquero’ rosa, aunque quizás fue una mala elección llevarlo con un vestido negro.

—¿En qué piensas? —cuestionó Verónica.

—Eh... Evasión fiscal.

Todo iba bien hasta que me di cuenta de que en algún momento me había salido del chat pasando al inicio, y ese video era una publicación en mi hashtag. Sentí mi mundo parar por un segundo.

Apagué el teléfono, no sin antes percatarme que de Mar le dio me gusta al video.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro, la cual borré al segundo de darme cuenta.

Las fotografías que me hicieron esa mañana eran para una revista de moda, diseños inspirados en el estilo otoño-invierno que se usarían en las próximas fechas. El calor nunca ayuda con la ropa, en especial cuando son grandes abrigos con los que tienes que posar bajo el sol con treinta grados.

En lo que me indicaban qué hacer, tenía mi mente centrada en otro punto, ni siquiera era capaz de entablar una conversación con el encargado, ya que debido al sudor retocaban el maquillaje cada tres tomas.

Ver a mis colegas conocidas alrededor en las mismas condiciones me hizo rememorar más de la fiesta. Fuimos combinadas, estaba Luna, Mar... No, no estaba Mar.

¿Por qué estaba entre mis recuerdos?

Oh, oh.

—Terminamos —anunció el encargado.

Gracias, iba a huir de todas formas.

Ya cómoda en uno de los cuartos, repasé qué le diría aparte de disculpas, preferí hablar por llamada porque en línea no se me notan los nervios ni pierdo la valentía, tenía una imagen que mantener y no la perdería por coquetearle a mi novia falsa. O lo que fuera que pasó ayer.

Mi corazón empezó a latir desesperado luego de que le propusiera charlar; en lugar de responder, se atrevió a pedir llamarme sin previo aviso.

—Hola, Honne —Juraría haberla escuchado reír—. ¿Ya te recuperaste?

—No te incumbe —carraspeé—. Te quería agradecer por lo de anoche, no hacía falta.

—Si yo tuviera tu vida, también me la pasaría sin importarme nada, te entiendo.

—Gracias, de vuelta.

—De nada, por cierto, dijiste algo que me gustaría recordarte ahora que estás sobria.

Por supuesto que lo sacará a tema, maldita mujer pequeña.

Bueno, a tomar la responsabilidad de mis actos.

—¿Qué cosa?

No sin antes fingir demencia.

—Lo de la camiseta, de quitar —Vaciló al aclararlo.

—Hmm, si me llamas para pedirme que te saque la ropa, procura que no sea a las nueve de la mañana.

—¿Qué? ¡No! Lo estás manipulando a tu favor y...

—Me vi un video de anoche, espero que tu auto esté bien, ya que debe ser pesado cargar tanto estilo.

—No sé por qué se me ocurrió que sería buena idea llamarte.

—Te digo la verdad, hadita, si esperas que me retracte, espera sentada porque todo lo que digo lo mantengo.

—Joder, eres insufrible.

—Es el mes del orgullo, deberías estar orgullosa de que no estás soltera, y mejor aún, estás conmigo.

—¿Qué te dieron de desayunar para que estés así?

—A ti no, aún.

Para mi sorpresa, fue Mar quien huyó de la llamada. La que pasó vergüenza soy yo; no obstante, nunca lo demostraría para fuera.

Me preocupé por nada, fuera de todo lo que me dijeron sobre las cantantes, ella parece ser menos desagradable de lo que me imaginaba. La verdad es que me cae bien y hay que tener mucha decisión para haber aceptado este lío. Le comuniqué a Verónica que podíamos irnos para que pidiera un taxi.

Casi que, por inercia, abrí las redes para continuar de leer un fanfic interactivo que había dejado a medias, leer era uno de mis Hobbies y por supuesto que leería historias donde el personaje principal soy yo, en mis ratos libres me gustaba citar con una cuenta falsa diciendo que votan con los pies. Pero mi inicio se llenó de personas enojadas, fotos, otras personas defendiendo y la frase «HonnMar is over party».

Después de pasar unos minutos leyendo, asustada de su manera de expresarse, me di cuenta de que se trataba de un movimiento que hacen cuando les apetece cancelar a alguien. En este caso a nuestra pareja inventando que golpeamos a una fan.

Al principio creí que era una tontería, pero los números en mis redes empezaron a bajar mientras que mis notificaciones se colmaban de mensajes de odio. Llevaba menos de una semana, ¿cómo era posible que ya se hubiera arruinado? Ese no era el tipo de poder que quería que tuvieran sobre mí.

Era extraño, no hicimos nada. ¿por qué harían una campaña para destruir algo tan grande sin pruebas? Me sentí abrumada. Aunque no tanto como mi representante cuando se le mostré, era como si fuera a tener un paro cardiaco. Se tapó la cara hasta la mitad con una bufanda antes de obligarme a salir por la puerta trasera a recibir al chofer.

Estaba mordiéndome las uñas cuando pillé un fallo en la realidad: el sujeto en el volante era idéntico al hombre que suele estar con Mar cuando nos vemos, a excepción de su cabello. Le di un ligero codazo a Vero para que lo viera también; compartimos una mirada extrañada.

—¿Luka? —pregunté inclinándome hacia el frente—. ¿Ahora eres taxista?

—¿Qué dices? —frunció el ceño, aunque pareciera que tuvo una revelación a los pocos segundos—. Ah, no, no soy Luka. Soy su hermano.

—No me dijo que tiene un hermano —comentó Vero.

—Es que le da pena ser el más feo de los dos —Nos sonrió para luego volver a poner atención en la carretera—. Me presento, señoritas, soy Kalum.

—Ustedes... son iguales —insistí.

Si no fuera por su cabello oscuro y gafas, hubiese creído que eran la misma persona, pese a sus diferentes estilos de ropa o el acento mexicano marcado con el que habla el tal Kalum.

—Somos gemelos, supuestamente, solo que él es el fresa que anda en el mundo mediático, ese tonto hace como que no existo, vendió su patria, la herencia de la abuela, no me sorprendería si vende su...

—¿Cómo se vende una herencia? —interrumpí confundida.

—Era una vaca —Se encogió de hombros—. Da igual, ¿a dónde las llevo exactamente?