Siete plantas - Dino Buzzati - E-Book

Siete plantas E-Book

Dino Buzzati

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Beschreibung

Una demoledora crítica de la sociedad opresiva de la Italia musoliniana. Siete plantas es uno de los más conocidos y mejores relatos de Dino Buzzati. Un libro esencial que nos hará reflexionar y que contiene tanta información sobre aspectos concretos de la actitud de los seres humanos ante la enfermedad y la muerte, así como sobre ciertas maneras, nada recomendables, de practicar la medicina en el marco de una institución cerrada, que constituye un excelente material pedagógico. Una demoledora crítica de la maquinaria que, se supone, debe estar a cargo de velar por la salud de los enfermos.

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Seitenzahl: 38

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Dino Buzzatti

Siete plantas

Ilustraciones de Juan Berrio

NOTA DEL TRADUCTOR

Tras su publicación en la revista La Lettura en 1937, Siete plantas es uno de los cuentos que Dino Buzzati incluye, según propio testimonio, entre sus «cosas mejores»: luego de haber formado parte del volumen Los siete mensajeros (1942) pasa a las auto-antologías Sesenta relatos (1958) y La boutique del misterio (1968). Su trama, por otra parte, constituye la armadura de la segunda mitad de la pieza teatral Un caso clínico (1953).

Con una dicción sobria, neutra, cercana a la fría reiteración formularia de un obituario, el escritor conduce a personaje y lector a través de una espiral descendente por dantescos círculos (o plantas) infernales (hospitalarias). A diferencia del primero de los cánticos de la Divina Comedia, sin embargo, al final del embudo no hay oscuro pasadizo alguno que devuelva al aire del día: el itinerario concluye en la obstrucción definitiva de la luz. La más inane de las cotidianidades, como la más gris de las crónicas o la más grotesca de las muecas, vela la monstruosidad del germen emboscado de una llaga sin sangre y sin cauterio, de un grito inarticulado, de un abandono sepulcral.

En sus diversas ediciones, el relato presenta pequeñas variantes, de las que da cuenta la más reciente y autorizada, publicada en el volumen preparado por G. Carnazzi Opere scelte (Obras escogidas, Meridiani Mondadori, Milán 1998, 6.ª ed., 2007). La traducción parte del texto aquí recogido, que repropone la lección de 1958, última de las que incorpora modificaciones de mano del autor.

SIETE PLANTAS

Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica. Tenía algo de fiebre, pero aun así quiso ir caminando desde la estación al hospital, llevando consigo su maletín.

A pesar de que la suya era una manifestación ligera y muy incipiente, a Giuseppe Corte le habían aconsejado recurrir al célebre sanatorio, en el que se trataba exclusivamente aquella dolencia. Eso garantizaba una excepcional competencia y el más racional y eficaz acondicionamiento de las instalaciones.

Al divisarlo a lo lejos —lo reconoció porque había visto una fotografía en un folleto publicitario— Giuseppe Corte tuvo una óptima impresión. El blanco edificio de siete plantas estaba orlado de entrantes que le daban la vaga fisonomía de un hotel. A su alrededor, un recinto de altos árboles.

Tras un sumario reconocimiento médico, a la espera de más detenidas pruebas, se le asignó una agradable habitación de la séptima y última planta. Los muebles eran claros y pulcros, al igual que las tapicerías, los sillones de madera, los cojines revestidos de polícromas telas. La vista se extendía sobre uno de los mejores barrios de la ciudad. Todo era tranquilo, acogedor, apacible.

Giuseppe Corte se tumbó de inmediato y, encendiendo la lámpara a la cabecera de la cama, empezó a leer un libro que había traído consigo. Poco después entró una enfermera a preguntarle si deseaba algo.

Giuseppe Corte no deseaba nada, pero se dispuso gustoso a conversar con la joven, solicitándole información sobre la clínica. Vino así a conocer la extraña característica de aquel hospital. Los enfermos eran distribuidos en una u otra planta según la gravedad. La séptima, o sea la última, era para los casos más leves. La sexta estaba destinada a pacientes menos graves, pero a los que no se podía descuidar. En la quinta se trataban las afecciones serias, y así sucesivamente, planta por planta. En la segunda estaban los enfermos muy graves. En la primera, los desahuciados.

Tan singular sistema, además de agilizar notablemente el servicio, impedía que un enfermo leve pudiera resultar turbado por un compañero agonizante, y garantizaba en cada planta una atmósfera homogénea. Por otro lado, el tratamiento podía así graduarse de modo cumplido.

Derivaba de ello que los pacientes resultaran divididos en siete progresivas castas. Cada planta era como un pequeño mundo en sí misma, con sus reglas particulares, sus especiales tradiciones. Y puesto que cada sector se confiaba a un médico distinto, se habían constituido concretas, bien que mínimas, diferencias metodológicas en el tratamiento, a pesar de que el director general hubiera impreso a la institución un único y fundamental carácter.