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Luego de la misteriosa y repentina destrucción de gran parte de continente, despertó rápidamente el instinto de supervivencia de aquellos que, con mucha suerte, lograron salir ilesos de la catástrofe. Entre ellos, la millonaria Rudt Morgan, que poco conoce del trabajo duro. También, los mellizos Aiden y Jayden; tan diferentes, pero que en común tienen la reputación de romper corazones, y la ágil y fría Madison, que nunca se había hecho notar. Ellos saben que son muy distintos, pero hay algo que los une: la vida, que cuelga de un hilo flojo al que a su adversario le encanta sacudir a su antojo. Un ser malvado, que lo ve todo desde la sombra y los ataca indirectamente con el uso inapropiado de sus dones e inteligencia. Pero, ¿qué pasaría si esto fuera solo una apariencia? ¿Los pocos humanos sobrevivientes, serán capaces de zafarse de las garras de esta criatura tan misteriosa, tanto como de este desastre aparentemente natural?
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Seitenzahl: 451
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Fedorischak, Agustina
Sobrevivir a tu lado / Agustina Fedorischak. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
430 p. ; 21 x 14 cm.
ISBN 978-987-708-840-3
1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Novelas Románticas. I. Título.
CDD A863.9283
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La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Fedorischak, Agustina
© 2021. Tinta Libre Ediciones
A todos mis queridos lectores que día a día me acompañan en cada nueva aventura que primero venga a mi mente.
A mis amigos y a mi familia por creer en mí y ver cómo poco a poco he crecido.
La vida es muy simple, pero nos empeñamos en hacerla difícil.
Confucio
La catástrofe había dejado un hueco en cada uno de los sobrevivientes, dando la bienvenida a un nuevo mundo donde se comenzaba de cero.
Sin dinero, recursos, comida buena o personas a los alrededores, sin duda era un problema, pero el mayor de todos eran los ojos que nos miraban de cerca, muy de cerca.
No era cualquier tipo de mirada como la de un animal o ave, sino que dichos ojos azules cian buscaban algo de nosotros, todo menos dejarnos el camino fácil. Nos desgarrarían sin piedad y eran capaz de torturarnos por un único objetivo:
Poder.
O eso pensaba hasta que lo conocí, y hubiera preferido ser asesinada antes que haberlo visto a la cara y descubrir su verdadero ser.
Prefacio
—Madison, ese chico no ha parado de observarte desde que llegamos a este nido de huesos. —Me llamó la atención mi amiga Sally. Cuando volteé en la dirección donde decía que estaba ese chico, vi que no se equivocaba, alcé mi ceja oscura preguntándome el motivo de su enigmática mirada.
—Si tú no vas por él, iré yo —gruñó mi otro amigo, Alex, el pelinegro con una deslumbrante sonrisa que adornaba sus labios. «Dioses, ¡qué hermoso era mi amigo!».
No respondí a nadie y aparté la vista, ya había tenido una aventura no muy favorable con el chico de la mirada.
La nueva exposición del museo estaba muy aburrida, pero era mejor que escribir un montón de filosofía con el profesor más canoso de todo el colegio.
Hablando del profesor canoso…
—¡Alumnos de sexto año! Vayan en hilera a la última fila, son más altos que los nenes de primaria.
De los alrededores sonaron quejas de parte de mis maduros, pero estúpidos compañeros.
Ya ni recordaba a qué vinimos a este lugar tan rústico.
—¡Sean bienvenidos a la inauguración de las nuevas obras de arte provenientes de Italia! Estamos aquí reunidos todos los colegios de la ciudad para escuchar las palabras de su respectivo autor — habló una mujer, la cual tenía el uniforme de la dichosa escuela de niños en cuna de oro. Como siempre, elegían para presentar a los más millonarios.
Como sea, la pelirroja me recordó qué demonios estaba haciendo allí rodeada de niños en plena pubertad. Toda la ciudad estuvo esperando este momento, el museo parecía un festival. Y ciertamente para mí, no tenía sentido.
El espectáculo comenzó sin avisar, las luces de neón hacían un juego muy bonito con el ambiente reflejándose en las paredes blancas y rústicas, pero el sonido de los dinosaurios rugiendo hasta me daban ganas de ir al baño.
De repente, se escuchó otro sonido extraño de fondo, era el de piedras partiéndose. Los cuadros comenzaron a caer al piso rompiéndose y algo me dijo que esto no formaba parte del espectáculo ya que los niños disfrazados de indiecitos representado a nuestros antepasados comenzaban a gritar y correr junto a todos los que estaban en la habitación. El suelo vibraba y la gente caía bruscamente al suelo mientras polvillo salía de la estructura que nos rodeaba.
Todo se estaba comenzando a destruir.
I
Una nueva vida
Narra Madison
—¿Qué está sucediendo? —preguntó Sally y un grito delgado aturdió mis oídos.
La tierra comenzó a partirse, pero no en dos, sino en mil fragmentos, y en uno de esos mi fiel amigo Alex se cayó. ¡Oh, Dios! Hacía unos segundos estaba contemplando su sonrisa de ángel y de un momento al otro solo escuchaba sus agudos alaridos alejándose cada vez más.
—¡Alex! —grité cuando me asomé a la grieta, pero ya no lo veía, se perdió, temblé de miedo y ansiedad al recordar sus chillidos, ya no estaba con nosotros.
Sentía que cada momento y risa que compartimos se iba al carajo en un solo abrir y cerrar de ojos, todo lo que hallaba en mi interior era vacío. ¡Oh, Alex, te extrañaría tanto!
—Sally, salgamos de aquí, es muy peligroso —le dije a mi amiga quien estaba por romper en llanto, ella reaccionó un poco tarde, pero asintió mientras lágrimas caían como cascadas de sus ojos y las mías amenazaban en salir.
El techo se desplomaba poco a poco, los muebles caían incluido un jarrón que dolorosamente golpeó mi hombro.
La salida estaba demasiado lejos, había que buscar un refugio. Tomé del brazo a mi amiga y comenzamos a correr por nuestras vidas ignorando el palpitante golpe de mi hombro, era como si constantemente sintiera la cerámica golpearme como disco rayado. La salida de emergencia estaba bloqueada por lo que me vi obligada a hundirme más en el museo.
Había mucho polvo el cual ensuciaba mis lentes y poco me permitía ver; los huesos de los dinosaurios, que se notaba a diez leguas que eran más falsos que la teoría de que el sol giraba alrededor de la tierra, comenzaron a derrumbarse, partiéndose en mil fragmentos. No avistaba ningún lugar en donde refugiarme, dimos más vueltas por el lugar junto a mi compañera tratando de escondernos, pero ella al rato se cansó de tanto correr que decidió soltarme. Yo no tanto, era parte del equipo deportivo de mi escuela por lo cual mi resistencia era alta. Yo llevaba la delantera hasta que, a lo lejos, vi con dificultad una pequeña bodega de esas donde se guardaban las escobas; cosas de limpieza y mantenimiento del lugar. Raramente no se había derribado.
Miré hacia atrás guiando a mi amiga, pero me estremecí al momento en el que una estatua gigante cayó sobre su delgado cuerpo justo en el momento en el que me volteé; traté de calmarme y salvarme, pero me quedé congelada. Respiraba pesadamente y no reaccioné hasta que un sujeto me tumbó al suelo, debí haberla agarrado cuando se soltó, debí hacer muchas cosas, no los pude salvar, y temía no poder salvarme a mí misma. Estaba muy impactada y sentía tantas cosas, tantas que no sabía cómo ordenarme adecuadamente.
Estaba segura de que a estas imágenes nunca las podría borrar de mi mente.
Temblando, corrí a todo lo que daba hasta la oscura bodega, abrí la puerta y me encerré tratando de calmarme. Me recosté contra una pared.
—Oye, ¿qué haces? —me regañó la pared, o eso creí que era. Busqué el interruptor de la luz.
—¿Tú de nuevo? —Luego de encender la lámpara, miré de forma extraña al chico que anteriormente no paraba de observarme.
—Creí que me habías olvidado, esa noche estabas tan borracha.
Se carcajeó el idiota de cabello negro teñido de azul.
—Y tú con las hormonas al tope de embarazar tu mano con una masturbación —respondí altanera, odiaba a los hombres machistas y Henri era uno de ellos.
No respondió nada, solo quedamos en silencio por un largo tiempo, cada uno en sus pensamientos mientras miraba mi apariencia en el espejo de la puerta que extrañamente no tenía ni un solo rasguño. Era tan parecida a mi madre, ese cabello largo con pigmentos oscuros y esos ojos tan negros como el alma de Lucifer, esta piel morena natural que resaltaba mis lentes los cuales estaban algo sucios debido al polvillo. Era hermosa, y no estaba siendo para nada modesta.
—Me gusta tu cabello —me dijo estando a mis espaldas, tomé un mechón de mi largo y oscuro pelo liso y me di la vuelta, sabía que quería decirme algo más—. Sabes que soy gay, ¿verdad? —habló.
—Sí, lo sabía —confesé, odiaba volver a recordar el pasado. Hasta los homosexuales volteaban a verme.
—Es estúpido que ambos estemos encerados en medio de toda esta mierda. ¡Justo nosotros! —expresó y rodó los ojos.
—Lo es, estás en lo correcto. Los gritos se detuvieron, ¿será momento de salir? —dije, él solo asintió y decidí empujar la puerta, pero no podía hacer fuerza, mi hombro ardía sin contar que estaba muy trabada, dura, o algo la bloqueaba. Peleaba para abrirla, pero no daba resultado y con cada empujón que forzaba, más hacía la sensación de cuchillazos en mi extremidad.
Lo último que quería era pedirle ayuda a este sujeto, ya me humillé bastante gracias a él. Recordar los carteles en mis asientos diciendo “come gais” me daba hasta ganas de vomitar, ojo, no era homofóbica.
—Te ayudaré.
Y como lo dijo, lo hizo. Ambos logramos empujar la puerta, había muchos escombros sobre ella. Fue difícil mantener la mirada ante tal escena que se presentaba ante ambos.
Cuando salimos del reducido espacio, el olor a sangre me hizo querer vomitar una vez más. El techo apenas estaba en pie, las columnas estaban en el suelo distribuidas aleatoriamente, no había nadie con vida, o tal vez sí, pero no en este salón principal.
Poco me importaban los desconocidos que murieron injustamente, más me apenaba la muerte de mis amigos, ellos eran lo único que me importaba de todo este asqueroso lugar.
Aún no podía creerlo, aunque estaba presente ante mis ojos. Había otra zona, pero estaba tapada, los pilares se cayeron bruscamente y ni la luz traspasaba ese material. Teníamos que rodear un montón de cosas para poder salir de este sitio. Junto a Henri salimos por la puerta principal, lo único que nos bloqueaba el paso era un hueso gigante, pero era más liviano que una pluma debido a lo falso que era.
Afuera había un desastre, pero lo más escalofriante era que no había nadie, todos se esfumaron. Había cadáveres, mínimos comparados a los que estaban adentro, cero rastros de gente viva. Solo Henri y yo. Era un asco.
Todas las casas amarillas y celestes, una al lado de la otra, donde podría estar viviendo una familia, derrumbadas con cientos de seres debajo de ellas, una opresión vino a mí, no podía seguir viendo este escenario.
Me produjo cierto miedo llegar a pasar por la mía, ¿de veras fue tan fuerte la sacudida?
Los edificios donde trabajaban las personas de las oficias estaban desperdigados por todos lados, el suelo tenía muchos pozos y grietas donde más de diez personas pudieron haber caído, había cuerpos arrastrados y medio comidos, no pasamos mucho tiempo allí adentro. Sin contar la gente aplastada por los edificios y construcciones. Mucha composta por aquí.
Mi corazón, al ver tanto caos, se hacía pequeño, tenía ganas de morir y los nervios me carcomían, evitaba pensar más a fondo porque mis piernas flojearían y lo que debía hacer era ser fuerte.
Recorrimos la ciudad, hasta que llegamos a la carretera bastante limitada para lo que era antes. A ver, ¿cómo se los explico? La calle había sido cortada por la mitad y ya no veía el otro extremo faltante. Estábamos flotando en el océano. Bueno, lo único que podía ver era agua durante kilómetros y kilómetros.
—¡Estamos en una maldita isla! —exclamó mi compañero, era muy obvio, pero él no se quedó atrás.
Me sentía pequeña ante la gran inmensidad del océano, me aterraba, sentía que todo podía conmigo, como si fuese una niña sin sus padres, muy desprotegida y sin calor o un hogar. La naturaleza nos mataría algún día, y yo no sería la excepción.
—Vámonos, es imposible volver, algún día nos encontrarán... —me limité a responder, lo tomé del brazo para irnos de ese espantoso sitio.
Pasamos el resto del día en búsqueda de alimentos y esas cosas, además de cuidar nuestro culo de los animales salvajes que deambulaban por doquier. Vivíamos en medio de una selva, este lugar era muy exótico, solía atraer muchos turistas. Era como si la ciudad estuviera en medio de cuatro bosques y una playa con especies protegidas, la zona en donde vivíamos era como una gran isla rodeada de vegetación. Una isla que antes estaba pegada a su continente.
Prácticamente tomaron este pueblo y lo modificaron a su antojo, mi madre me contó que había dos bosques: el rojo y el mixto que fueron creados por el hombre, no crecieron naturalmente como debían.
Era estúpido, pero decidimos vivir en el bosque ya que había árboles donde escalar y poder estar tranquilos de que algo no nos pudiera alcanzar o ver. ¿Quién diría que tendría que pasar el resto del apocalipsis con él? No me caía muy bien. Pero era Henri o nadie.
Un tiempo después
—Iré en búsqueda de personas, no me parece para nada lógica la falta de población —me dijo Henri de sorpresa cargando su mochila azul. ¿Planeaba abandonarme así nada más? No quería quedarme sola, y sentirme más pequeña.
—¿Estás seguro? Te acompañaré —le dije y agarré mi mochila sucia donde guardaba algo de ropa.
—No, quédate aquí, necesito que te cuides, volveré, toma, en caso de que lo que sea te ataque, llévalo contigo siempre.
Agarró mi palma y colocó un cuchillo de cazador con una funda de cuero negro, no era grande, pero se encontraba bastante afilado. Así como lo dijo, se marchó. Ya lo estaba considerando mi amigo.
Pasaron los días y estaba en la copa de un árbol esperando su llegada, la única conclusión que tenía al respecto es que se hubiera muerto en el camino, dejándome aquí sola, a mi supervivencia. Me alimentaba de frutas y animales que solía cazar. Sí, tuve que correr muchas veces para escaparme de los intentos fallidos, pero luego de unos días pude dominarlo. Con respecto a lo demás, no era tan difícil ya que era deportista, en mi colegio participaba de unas mini olimpiadas que eran organizadas en la ciudad una vez por año. Era divertido patearles el trasero a esos niñatos, participaba de todo, como lanzamiento de jabalina, el disco, carreras, etc.
Las lágrimas se hacían presentes casi siempre al recordar toda mi vida tirada al bote de basura. ¿Lo peor? ¡Es que ni siquiera sabía por qué! En mi ciudad hubo temblores leves, pero nada como esto. Estaba en una maldita isla rodeada de todas las especies protegidas del país. Pero en este punto ya no podía sentir nada, toda la calidez que sentía se había esfumado. Me dolió ver morir a mis amigos, en mi mente rondaban sus recuerdos, y se manifestaban en pesadillas, iba a enloquecer. Me estaba volviendo más fuerte, desde la muerte de mi papá (anterior a lo sucedido) sentía que ninguna pérdida podría dolerme tanto, ni siquiera esta. Pero, aún así, no podía evitar sentirme inferior, chiquita…
El bosque mixto donde me encontraba era uno de los sitios más peligrosos, ya que existía una variedad increíble de especies, pero mientras tuviera esta tela que cubría mi cuerpo y estuviera colgada de las ramas, nadie me vería, o eso esperaba. De igual modo ya perdí toda la esperanza sobre la supervivencia de mi amigo, ahora sí podría decirles que estaba totalmente sola. Ponía trampas alrededor de todo el lugar con la esperanza de atrapar algo de lo cual alimentarme. Esta vida era una mierda, sin contar las pesadillas sobre lo que sucedió, desearía poder olvidarlo.
Mi vida, antes de esto, eran salidas, jodas, chicos cuando yo quisiese, amigos en cada esquina. ¿Para qué? Si todos estaban muertos. ¡Cómo quería un buen lienzo y un pincel para poder retratar todo lo malo que sentía! Pero si apenas tenía para beber, menos tendría para una brocha.
Había investigado todo el sitio en busca de una estúpida cámara para poder filmar qué demonios andaba por los alrededores mientras dormía, no me había atrevido a mirar eso que me observaba por las noches, era mejor prevenir. Cuando por fin conseguí el aparato fotográfico, lo puse en la cima de un árbol y así era mi vida, la odiaba, cómo quisiera estar con el bendito teléfono jugando al Candy Crush.
Afilé mi arma por cuarta vez en el día, la cual era un trozo de madera con una punta muy peligrosa. De paso, sentía que me observaban, era una fea sensación, sabía que había miles de animales alrededor y en esos momentos veía una serpiente negra colgada de un árbol cercano, pero así mismo se sentía diferente, creía que la soledad estaba comenzando a afectarme.
Todos mis sentidos estaban alertas las veinticuatro horas del día y, curiosamente, justo en ese momento escuché algo. ¿Gritos? ¿Había allí alguien con vida?
II
Despertar en el mismo sitio
Narra Rudt
Los destellos del sol obligaron a que mis párpados se abrieran, hacía calor y el ambiente estaba húmedo, ¡qué horrible combinación! Me sentía muy cansada y me dolía la cabeza.
Levanté mi torso del duro piso y solo dejé mis piernas quietas, percibí un poco de dolor en el lomo, pero todo estaba en orden, o eso pensé cuando desperté.
Miré hacia los lados y sentí la sangre bombear mi corazón y recorrer de forma caliente mi organismo al ver, un, dos... Ocho pilares uno encima del otro, pilares gigantes de mármol. Miré hacia el cielo y vi que la cúpula de cristal que pertenecía al lugar donde estaba, no se encontraba como antes, es más ni siquiera estaba allí, solo vidrios rotos distribuidos en el suelo.
Mis piernas tenían sangre seca y había varios cristales incrustados en ellas los cuales rasgaron mis medias cancán. Con los ojos cerrados los quité uno por uno, era muy doloroso y cuando terminé, la sangre cayó, por lo visto, una vez más. El museo se veía tenebroso, y yo trataba de respirar con normalidad al sentir un olor nauseabundo en el ambiente; había mucha sangre a los alrededores, y grietas en el suelo de mármol negro.
Estaba alterada y muchas preguntas venían a mí, sentía náuseas y el estar sola allí daba la sensación de silencio el cual me inquietaba. Solo querría salir corriendo de ese lugar y ver a mi familia.
No había una salida alternativa, incorporé todo mi cuerpo adolorido buscando mis tacones negros para colocarlos en mis pies, había mucho material hiriente en el suelo, no hallaba una salida, excepto por el techo al descubierto. La falda de mi uniforme estaba casi hecha un trapo de piso y la camisa ni hablar.
Cuando los encontré, el suelo tembló. «Otro terremoto», pensé, pero fue muy violento, ocasionó que me cayera, y todo lo había en el suelo y alrededor se dividió en más partículas debido a mi agudo grito de dolor, sentí mil cuchillas clavándose en mi espalda, me había caído sobre un espejo gigante ya roto de una de las paredes. Estaba en una sala de espejos y cuadros.
Sentía mi sangre drenarse por las heridas las cuales ardían, era un solo tajo, uno que podía acabar con mi vida. Aún más alarmada de lo que estaba, me despegué del vidrio y volví a mirar hacia arriba.
¿Cómo subiría antes de morir desangrada? Bueno, había solo pilares a los costados, así que me saqué los zapatos y con los tacones negros en mano derecha, comencé a escalar. A pesar de mi condición prefería ignorar el dolor sofocante y subir, me costó más de lo que pensaba, como si llevara un gran peso sobre mí,
Al llegar casi a la cima, luego de resbalones y dificultades, vi unos hierros que sostenían el cristal (eran varillas que tenían la forma redondeada del techo de vidrio) que era como una cúpula muy gruesa y permanecían allí, pero estaban lejos, tenía que saltar. Con nervios, aventé mis tacones hacia el techo y salté, si llegaba, como mínimo, quedaría con los músculos adoloridos. Y apenas llegué, sí, colgaba de la varilla.
Respiré profundo y comencé a hamacarme, estaba muy alto y me balanceé hacia adelante y atrás. Cuando vi que puede llegar al otro extremo, me solté, me golpeé la parte trasera de mi cabeza porque no había llegado todo mi cuerpo hacia arriba del edificio. Pero lo logré, nunca sentí tanta adrenalina y dolor al mismo tiempo.
Al estar tan alto, tenía la vista perfecta a la ciudad misteriosamente destruida, vi el mar que rodeaba la costa y a su vez, noté muchos edificios a punto del colapso.
¿Dónde estaban todos? ¿Mamá, papá?
El dolor llegó a mí rápidamente y caí sentada sobre el techo del edificio. No… No podían estar muertos. ¡No! Me negaba a creerlo, debía ser un maldito sueño.
Lágrimas calientes llegaron a mis mejillas, podía soportar una apuñalada a mi espalda, pero a mi corazón no. ¿Qué...? ¿Qué pasó aquí?
Había muchos animales rondando, elefantes, gorilas, desde aquí, a pesar de las lágrimas que no paraban de salir, podía ver un águila sobre la copa de un árbol lejano. Observaba hacia abajo, el lugar de donde escapé parecía una jaula con una única salida, el techo, del cual había conseguido salir hace unos momentos.
El tejado en forma de cúpula parecía un tobogán, lancé de nuevo los zapatos que había aventado hace unos minutos en dirección a tierra firme y cuando sentí la palpitación de mi espalda, me deslicé por el tejado para caer en el agua estancada en la piscina al final.
Cuando aterricé, el agua fría estimuló mi cuerpo y fui hacia la orilla dejando un rastro de sangre a mi paso mientras enjuagaba mi rosto hinchado, pero ni así dejé de llorar a pesar de la adrenalina y de que mi vida corría riesgo. No podía detener las cascadas de mis ojos, me lastimaba y dolía más que cualquier herida.
Cuando alcancé la salida de la alberca, salí y ya estaba en tierra firme. El planchado de mi cabello, que ayudaba a controlar su volumen, se había estropeado con los efectos del agua al igual que mi maquillaje, adiós a mi dinero en el salón de belleza.
Luego de la escalada y nueva caída estaba derrotada. Con dolores de todo tipo observaba con gran angustia la destrucción de la ciudad.
Había perdido una gran cantidad de peso lo cual no era muy favorecedor para la situación en la que me encontraba. El sueño me invadía, pero luché contra él como lo hice hecho todo este tiempo. El vidrio no me apuñaló, pero dejó una salida a la sangre, y sentía que perdía la vida poco a poco, era una tortura la cual en poco tiempo terminaría con mi vida. A mitad de mi camino sin rumbo, vi una sala de emergencias, que poseía unos dos o tres pisos que apenas logré contar, no quería molestarme en pensar demasiado.
No iba a morir, no hoy, si no morí en ese establecimiento histórico, menos en ese momento. Cuando tuve la oportunidad de salvarme me dirigí al edificio de atención médica que obviamente estaba vacío, a excepción de los muebles e instalaciones.
Entré y, como lo supuse, estaba todo destruido, fui hacia el mostrador y encontré curitas, hilo dental, condones y parches. Rebuscando un poco más encontré gasas, vencidas, pero peor era nada, solo faltaba la cinta. No había personas, literalmente, es como si hubieran desaparecido. ¡Ah, pero el olor a muerto seguía aquí!
Tardé algo de tiempo, pero la encontré, pero no sabía cómo ponérmela, la herida estaba en mi espalda, y era como de... no sé, no quise doblarme para evitar la desesperación al ver mi sangre roja y oscura gotear por cada lugar que pasaba, cada vez me sentía más débil.
Mis lágrimas inconscientemente se secaron, no sabía en qué momento dejé de llorar.
Justo cuando me iba a doblar, escuché el sonido de la puerta chillar.
—¿Hola? ¿Hay algún sobreviviente? —pregunté con mi voz suave pero temblorosa. ¿Y si era un animal? En ese caso, había llamado su atención, mala decisión.
De pronto una mínima luz se posó en mi falda negra a cuadros blancos, me hundí en la oscuridad como estímulo y de pronto se empezó a abrir la sala de atenciones.
Me sentía morir, pero era mi mejor opción, ya no podía mantenerme en pie, estaba muriendo, luché para no cerrar mis ojos y mantener mi postura esperando a lo que sea que se asome.
III
Reencuentro
Narra Jayden
—Hola, he vuelto en una sola pieza —dije y suspiré cuando llegué al lado de mi hermano. Él estaba esperando tranquilamente en una banca observando los pájaros volar en una dirección desconocida. ¿Cómo demonios podía estar tan tranquilo?
—Has demorado mucho, hasta hice una pila de muertos yo solito, vi a nuestro exvecino, ¡qué loco! —Aiden rio de forma extraña, seguro pensaba que era un puto sueño, delirante de mierda.
—No es gracioso. —Lo miré de forma desagradable—. ¿Viste a alguien vivo?
—No. Es más, llegué, bajé y, cuando todo tembló, ni siquiera me moví, al parecer el destino me quería vivo. —Se encogió de hombros, su remera mangas cortas tipo camuflado me hicieron sonreír al instante.
—¿Has podido entrar al escuadrón? —Él había viajado por ese trabajo. Hacía días que no sabía nada de él, estábamos en rumbos diferentes.
—Sí, pero no duró nada —dijo rodando los ojos—, el mundo necesitaba a alguien hermoso que lo ilumine.
—Tonto —lo regañé mientras miraba hacia alrededor, buscando una posible salida o lugar donde no hubiera destrucción.
—¿Qué haremos? —preguntó como que si yo fuese el mismísimo Dios.
—Sobrevivir —respondí, y sin esperar alguna respuesta me encaminé hacia la playa, un lugar donde no había edificios, prefería hacer mi hogar antes de ser aplastado por una casa ya construida.
Aiden me siguió sin decir una palabra y cuando llegamos, notamos varias cosas fuera del lugar, como por ejemplo que en el agua había desde trozos de madera flotantes hasta cuerpos a medio comer. Era repugnante. Cena para toda la vida tenían los animales.
—¿Desde cuándo los animales andan por allí? —preguntó mi hermano al ver un hurón—. ¿Quieres ver mis músculos, bebé? —dijo engreído mirando al animal, quien no le dio importancia a mi presumido hermano.
Quemamos los cuerpos para evitar náuseas y seguimos limpiando casi todo el terreno, esta sí era la ciudad fantasma.
De a poco, con lo que encontramos, armamos una nueva casa, parecía un baño pequeño con una cama muy dura, pero peor era nada. Después de todo, alejarse del desastre lo hacía más sencillo de digerir.
Estaba aterrado, asustado por no saber qué pasaría, temía perder la cordura y no saber controlar la situación, debía actuar maduramente respecto a todo, todos los factores podrían estar en mi contra, tenía que mantenerlo todo al margen y bajo mi control, pero… ¿y si no podía? Me daba miedo descarrilarme. Debía mantener la postura de lo contrario enloquecería.
Una semana después
Estaba en ese lugar clínico en busca de provisiones quién sabía si los alimentos durarían mucho tiempo, cuando menos lo esperara se acabarían y entonces, ¿Cómo haríamos para sobrevivir?
Tomé diversos materiales que tal vez podría necesitar en el futuro, como gasas, jeringas, algodón, alcohol y también algo de caramelos, siempre había para los niños, pero los necesitaba a causa de mi ansiedad. Quién diría que cuando iba a los autoservicios había vidrieras llenas de eso, y aquí no existían más, al menos en mi caso.
Estaba empacando la última caja de curitas, cuando escuché un ruido proveniente de la sala de espera. Como impulso, tomé mi mochila y una jeringa de la sala de atenciones. Sabía que no era mucho, pero si la utilizaba bien podría escapar de lo que fuera.
Con mis piernas temblando y poco valor, abrí la gran puerta de la derecha, eran dos. Mi sorpresa fue grande cuando no hallé nada, frustrado cerré la puerta detrás de mí, cuando de repente un trozo de hierro voló sobre mi cabeza. Fui tan despistado que no logré ver de dónde provenía. Cuando mis ojos se dirigieron a la oscuridad, distinguí a duras penas los rasgos de una chica de cabello rojo, con ojos color azul intenso, me parecía conocida.
La observé tratando de esconderme al mismo tiempo que intentaba mirarla más de cerca, pero hacía meses no venía a la ciudad, aunque no lo pareciera, hasta me había olvidado de cómo hablar castellano.
Al ver su cabello rojo tan estropeado, me fue difícil reconocerla, apenas la podía ver por estar escondido.
—¿Rudt? ¿Rudy? ¿Eres tú? —pregunté con seguridad al notar que era evidente el miedo en sus ojos. Creía que era ella, de lo contrario, me vería como un tonto.
—¿Quién eres y por qué sabes mi nombre?
Sonreí al darme cuenta de que le di en el clavo.
—Vivimos en la misma ciudad, tonta, o al menos a partir de ahora, en esa oscuridad no sabrás quién soy, sal de allí no te haré nada. Sé que me recuerdas.
Poco a poco la vi salir a paso lento de la oscuridad, estaba confundida, tenía puesto el uniforme de la escuela, la falda negra con la camisa gris y corbata de las mismas tonalidades. Su ropa estaba rota y con manchas de sangre.
—¡Jayden! —se abalanzó sobre mí con un abrazo cálido, pude sentir que mi hombro se mojaba con un líquido conocido como lágrimas.
Al corresponderle el abrazo sentí que mis palmas también se mojaron, estaba húmeda y se quejó de mi contacto, no podían ser lágrimas. Al principio pensé que era sudor, pero era demasiado espeso como para ser agua, observé mis manos y estaban llenas de sangre.
—Ayuda —me pidió con un hilo de voz.
—Rudy, pero, ¿qué te pasó?
Me miró con angustia antes de desplomarse en mis brazos.
¡Mierda! ¿Qué haría? Creía que lo mejor era vendarla, tratar de curarla lo antes posible y llevarla a un lugar seguro, debió estar perdida. Era bueno saber que como mínimo no tendría que lidiar con mi familia, la poca que tenía.
La levanté y la tomé de las piernas y espalda, pero antes de eso me puse la mochila y como pude, salí junto con ella de la sala llevándola a paso veloz al lugar donde supuestamente estaba habitando. Al llegar, después de cruzar un montón de cadáveres, la acosté boca abajo en mi improvisada cama de hojas de coco, al levantar su camisa un leve sonrojo invadió mi rostro, no pude evitarlo ¡era un hombre!
Era delgada y tenía la cintura más envidiada de todo el condado, Rudy era reconocida. Agarré un algodón y lo mojé en alcohol, para limpiarle su herida, me preguntaba qué le habría pasado para terminar así. Parecía como si se hubiera acostado sobre ácido, apenas tenía ropa.
Al finalizar, le coloqué la gasa y la acosté boca arriba, estaba sucia y su ropa hecha harapos, menos mal que la encontré, debió estar buscando algo para su herida.
Me quedaría cuidándola, pero tenía que seguir con las provisiones, así que vacié mi mochila, la cubrí con una manta vieja y la dejé descansado mientras me dirigía a buscar más cosas útiles.
Narra Rudt
Desperté encima de unas hojas color verde claro un poco adolorida, cuando dejé de estar adormilada, recordé mi herida. Alarmada, toqué mi espalda, y me sorprendí al no sentir mi lomo ni mi mano, sino unas cintas y algodones o lo que fuera, no lograba verlo.
No recordaba haberlas puesto cuando entré a la sala de emergencias. Entonces, en un instante, recordé: «Jayden».
Lo vi y abracé. Ese pensamiento me produjo mariposas, antes me solía llamar la atención, ¿quién no se fijaría en un chico lindo de cabello rubio y de ojos indescriptiblemente hermosos?
Pero fue pasado, aún recordaba las boberías que solía hacer para que me prestara atención, jamás pasó, siempre fui su amiga, además estaba super interesado en sus estudios como para darle a alguien una oportunidad. Así mismo seguía presente esa sensación en mí, me parecía muy estúpido que él haya vivido, nos conociéramos y tengamos historia juntos, parecía todo un cliché.
Nos encontramos por primera vez en el instituto, él iba a mi clase, pero casi nunca estaba presente, viajaba mucho, su familia vivía de ello, rara vez asistía una vez cada dos semanas, por eso nos dejamos de hablar. Verlo hoy (o no sé cuándo), fue como un gran flashback.
Tenía que buscarlo, agradecerle por curarme, me encontraba debajo de un árbol, con tablas viejas de paredes, nada muy elegante digamos. Salí de aquel refugio.
—¡Jayden! ¿Dónde estás!? —No hubo respuesta de parte de él—. ¡Jay! —volví a gritar. A mis espaldas escuché pasos, me alarmé y di la vuelta, eran ¿gallinas?, ¿pollos?
—Él no te oirá, está buscando alimentos o algún que otro cachivache —me habló señalando comillas con los dedos.
Al voltear mi rostro en la dirección de donde provenía la voz vi a uno de sus hermanos, bueno, su hermano mellizo, Aiden. Quedé anonadada, no sabía qué decir más que quedar sorprendida.
—¿Acaso viste un fantasma? ¿O el terremoto te dejó sin conocimientos? —dijo engreído.
—¿Terremoto? —respondí dudosa.
—Vaya, parece que le di en el blanco —habló en tono burlón—. ¿En serio lo no recuerdas? —preguntó arrogante.
No tenía ánimos de hablar, y menos con alguien presumido como lo era Aiden, así que le contesté con una seña con mi cabeza, necesitaba recapacitar bien y no me sentía en condiciones, estaba dolida y aún no podía creerlo, tenía amnesia y todos los problemas emocionales acumulados. Para completar, Aiden me habló de un terremoto, los dolores de cabeza venían a mí.
Aunque debía admitirlo, encontrarme con Jayden hacía mis preocupaciones menores, no estaba sola.
—¿Te refresco la memoria? —Señaló unas frutas encima de un intento de mesa—. Debes tener hambre, luego recopila todo.
Tenía razón, tenía hambre, me sentía incómoda a su lado, nunca interactuamos, era físicamente igual a Jayden, solo que él tenía unos hermosos ojos grises casi verdes, y Aiden unos celestes como un día soleado. A pesar de que no me sentía a gusto, necesitaba saber qué había pasado en el lugar.
Tomé asiento y mientras desayunaba, cenaba, merendaba o almorzaba, escuché su versión de un derrumbe y que seguro no me acordaba debido a que me desmayé. La verdad, cualquier teoría sería bienvenida, ya que me encontraba en blanco como para entrar a saber más a fondo.
—¿Hace cuánto sucedió esto? —hablé mientras chupaba el jugo de aquella deliciosa fruta tratando de reponerme.
—Hace dos semanas. —Me miraba despreocupado como si fuese lo más normal del mundo.
—¡¿Dos semanas?! ¿Cuánto tiempo dormí? —escupí alarmada.
—¡Cálmate! ¿Ahora? Como dos horas, pero sería super extraño que seas la única sobreviviente, debiste estar a las afueras de los edificios y árboles, porque todo se derribó.
A mi mente nuevamente vinieron imágenes y ya lo recordaba, hasta por un segundo pensaba que de haberlo sabido, preferiría no acordarme.
Estaba en el mismo lugar donde desperté, había sido elegida para ser representante y anfitriona de una obra de arte nueva en el museo. Me encontraba dando un discurso, pero de repente todos huían, los retratos y estatuas caían, el piso vibraba junto a todo el edificio y luego de esto mi inconsciente estaba blanco.
Menos mal que mis huesos no se quedarían en ese museo junto a los demás.
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando Jayden volvió haciendo alboroto con un par de ollas y llevando una mochila toda mal formada, debía tener algo en su interior.
—Despertaste, me alegro, ¿cómo está tu herida? —me habló levantándome una ceja.
—Bien, gracias por tratarme.
—No hay de qué, solo te ayudé como me lo pediste —sonrió y yo también a él.
Le regalé una amistosa sonrisa a ambos y me levanté de la mesa para caminar, no sabía exactamente a dónde, así que preferí no dar explicaciones, necesitaba volver a la realidad.
IV
Flechazo
Narra Rudt
Mientras pateaba piedras y rompía ramas, repetía en mi mente lo que estaba pasando sin poder creerlo, y no, no lo creía.
Caminaba descalza sobre la húmeda tierra, era muy relajante, al menos podía respirar y por un segundo, pude ignorar lo acontecido.
Lo que no podía ignorar era el hecho de sentirme observada, más allá de lo obvio, tenía la sensación de que alguien me acechaba. Tal vez solo tenía algo de pánico.
Después de un largo rato observando el bosque, me senté en un tronco caído extrañamente seco y lleno de musgo. Este estaba encima de una bajada de tierra que desde mi vista no era muy profunda.
Respiré profundo y volví analizar la situación inútilmente, no estaba a gusto con todo esto, quería volver a mi casa después del colegio y encontrar mi habitación hecha un desastre debido a mi perro quien dormía allí, tonto Peter.
Extrañaba a mis amigas, a Lucy, a Candace, y una vez más me volvía a preguntar por qué estaba viva.
Estaba agotada después de la caminata. Al sentarme, pude notar que el tronco estaba débil, pero no le presté atención. Mala idea, Rudt.
Di unas cuantas respiraciones profundas hasta que recordé algo, no sabía cómo volver. ¡Ay! ¿Por qué no lo pensé antes? Me agarré de los cabellos maldiciendo.
No iba a quedarme sentada allí, así que me levanté, pero, olvidé lo torpe que era. Al tratar de incorporarme, resbalé debido a la tierra húmeda casi lodo, caí sentada sobre el tronco el cual se partió en dos debido al peso de la gravedad, además del porrazo que me gané, me di cuenta de que no era una simple bajada la de allí, era un pozo profundo, lleno de lodo, y me comenzaba a hundir.
Maldije de nuevo, comencé a gritar lo más que pude, pero no sirvió de nada, ni Jay, ni Aiden me oirían, al menos a tiempo, tuve que tomar mis propias medias de supervivencia.
Traté de arrastrarme, pero no funcionó, el barro era muy líquido, hasta que mis ojos visualizaron una ¿liana? Temía equivocarme, pero era morir o arriesgarme, al alcanzar lo que sea que fuera eso grité de felicidad al darme cuenta de que si era una liana y no una peligrosa serpiente.
Me arrastré como gusano, pero salí de allí, me sentía superior. Al fin sobreviví por mi cuenta, estaba embarrada, ¡pero viva!
Pero no era tiempo de eso, decidí volver, no sé cómo, pero trataría. Continué mi viaje esperanzada de regresar, las hojas húmedas golpeaban mi rostro mientras intentaba guiarme recorriendo los empapados pasillos más accesibles, cuando por fin atravesé esos molestos arbustos, me di cuenta de que había llegado al mismo lugar del tronco.
Mi sentido de la orientación era pésimo, suspiré pensando, «¿qué haría?».
Traté de localizar el norte, el sur, el este y el oeste, inútilmente ya que no sabía a dónde ir, los animales me miraban amenazantes y hasta los escuchaba diciéndome que me fuera o lo lamentaría, debí ir a la tienda de ropa en busca de unos jeans antes de venir al bosque a ensuciar mi trasero.
Esta vez tomé la dirección contraria, y el resultado fue favorable, no había muchos obstáculos y era muy familiar, parecía el camino que tomé.
Me sentía increíble, pero no por mucho tiempo. Si existieran los premios nobel de torpeza yo sería la ganadora por baleada.
Al tratar de llegar al otro lado del río, pisé un montón de hojas que resultó que debajo no había piso. No podía creer que estas cosas existieran realmente.
Yo, Rudt, o Rudy Morgan, había caído en un pozo, en una típica y ridícula trampa de las películas. ¿Estos eran los juegos del hambre? De aquí no tendría cómo salir, así que desesperadamente comencé a gritar.
Era de casi de noche con vistas del atardecer, durante horas grité y no resultó, estaba a punto de romper en llanto cuando una serpiente enorme cayó en el mismo lugar donde me encontraba. Ya no podía ni hablar o exclamar ni una palabra, mi voz había desaparecido de tantos “¡Auxilio!”.
La víbora, que tenía un verde muy hermoso, se comenzaba a enroscar para saltar sobre mí, aunque estuviera quieta y en silencio ella desconfiaba de mí, era mi fin. Cerré mis ojos esperando lo peor, pero algo andaba mal, no sentí ni un mordisco y ya no oía al animal, así que miré de reojo y vi que un cuchillo ensangrentado de cazador atravesó el cuerpo del animal el cual aún se movía, sentí un alivio enorme. Qué puntería, yo ni una roca sabía lanzar de forma tan derecha.
Llena de esperanzas grité:
—¡Ayuda! ¡Socorro!
Y todos los pedidos posibles, hasta que una soga se deslizó por el borde del agujero.
Escalé contenta hasta subir, y me sorprendí al encontrar a una chica de estatura baja, lentes, cabello negro liso al igual que sus ojos esperándome y ofreciéndome su ayuda.
—Lamento que hayas caído sobre una de mis trampas. Hola —habló alegremente.
—Hola, soy Rudt, debí estar más alerta, gracias por salvarme y perdón por arruinar tu camuflaje, es muy bueno, hasta yo creí en él. ¿Cuál es tu nombre? —respondí y pregunté un poco avergonzada.
Ella se presentó mientras me ayudaba a levantarme, estaba en el suelo debido a que me quedé agotada al subir por una delgada pero fuerte liana.
—Te ves perdida, es sorprendente lo que ha sucedido, tenemos mucha suerte de haber sobrevivido a esta catástrofe —me dijo ella mirando mi estómago descubierto.
Recapacité y pensé que me veía como una prostituta, tuve que hacerle un nudo dejando mi abdomen al aire ya que estaba muy roto, debería desatarlo ya que los mosquitos me estaban comenzando a comer viva.
—Supongo que sí. ¿Tú lo has presenciado? —pregunté buscando más respuestas.
—¿Acaso tú no lo viste? —Miró y se acomodó los lentes.
—Estoy igual de confundida que tú, ¿tienes un lugar donde pasar las noches, como una casa o algo así?
—No, suelo vivir debajo de árboles y cazando estos últimos tiempos —respondió en tono sarcástico, tenía un aire a chica ruda.
—Ven conmigo, tendrás donde dormir y más de una compañera para pasar el rato, es lo mínimo que puedo ofrecerte por rescatarme. Además, quiero que me digas lo que sabes, hace muy poco me desperté de un sueño que duró más de ocho horas —propuse con seguridad, era lo menos que podía darle.
—¿En serio? Muchas gracias, ya me estaba comenzando a cansar de tantos animales —agradeció alegremente.
—Solo hay un problema, no sé dónde se encuentra, solo sigo mis antiguos pasos. O lo que quedan de ellos.
—No tienes de qué preocuparte —me miró alzando una ceja—, conozco el bosque a la perfección, ¿dónde estabas instalada?
—En la playa —indiqué y ella me guío mientras me contaba lo que había pasado y ya era todo mucho más claro. Bueno, digamos que ayudó al confirmar lo obvio.
Tomé una varita larga cuya era una rama y la arrastraba en camino, era divertido y además una guía por si nos volvíamos a perder.
Al llegar solo encontramos a Aiden, Jay debía estar buscando o algo así. El rubio, al observar a la chica, la miró de una manera profunda y se levantó como resorte a saludarla ignorando por completo mi presencia. Vaya, creo que causó buena impresión.
Ella, por supuesto, aprovechó la oportunidad para lucirse y en serio le funcionaba perfectamente, era muy bonita. Que el rubio despeinado se fijara en ella no era extraño.
Narra Aiden
Vi llegar a Rudt en la misma dirección de la que salió hace unas horas, pero al parecer, no estaba sola... Cuando la vi, mi cabeza automáticamente sabía de lo que estaba hablando.
¡Qué sexy!
No podía creer lo cautivado que estaba ante su presencia, jamás había visto a alguien como ella a pesar de que tenía una apariencia tan común, pero a su vez no lucía como el resto de la multitud.
Ignoré por completo lo demás, mientras que disimuladamente mis ojos recorrían las tiras lacias de su cabello el cual llegaba hasta la mitad de su espalda y que caía salvajemente por adelante cubriendo parte de su rostro. Muy aturdidamente oí decir a Rudy que la morena se quedaría con nosotros y un montón de cosas a las que no les di importancia… Esperen, ¿dijo “quedarse con nosotros”?
Tal vez podría conocerla más, saber de ella, de su vida, todo.
Al rato, llegó mi molesto hermano por cuarta vez en el día, a este sujeto le encantaba la chatarra.
—¡Hola! ¿Quién es esta chica? —La observó de pies a cabeza sin disimular. Seriamente la estaba analizando.
—Ella es... —relató Rudy, pero fue interrumpida.
—Madison, mucho gusto —dijo la misma y saludó cordialmente a mi hermano, luego pasó una mirada sobre mí y también me extendió la mano.
Madison, qué hermoso nombre.
En un segundo la enigmática chica retrocedió y sacó un cuchillo bañado en sangre, me puse en alerta y todas las miradas estaban en ella, pero de su bolsillo sacó un pañuelo y limpió el arma, no la conocíamos y podría ser peligrosa, su misteriosa mirada no revelaba absolutamente nada.
—Aiden —me presenté.
—Como les estaba diciendo, ella me salvó de una serpiente cuando salí a caminar —repitió Rudt—, no está en discusión, se quedará aquí —advirtió.
Yo sí le tenía miedo a Rudy. ¡Demonios! A estas alturas tenía miedo hasta de mi propio reflejo hermoso.
—Oigan, esta mini “casa”, no bastará para los cuatro, necesitamos hacer un fuerte digno de una comunidad de más de dos personas —habló secamente y autoritario mi hermano, no se veía muy contento con el cambio de la población en nuestro territorio.
—Tiene razón —respondió Rudy dando un paso hacia delante—, debemos extender nuestro hogar y vivir lo mejor posible. Para ello es necesario dividirnos las tareas y en lo posible tratar de conseguir materiales buenos para la construcción.
¿Qué insinuaba sobre nuestra casita de 1x1?
—Sí, sí, bueno, pero ¿pretenden hacer una casa a plenas diez de la noche? Será mejor que descansemos y mañana comencemos el trabajo —respondió Madison en tono bajo, no nos conocía aún y era extraño en cierto punto, era ruda, me encantaba.
—Concuerdo con Madison —dije seriamente—, hagamos nuestras camas y luego nos encargaremos de eso mañana temprano.
Todos asintieron y nos dirigimos a la “mini choza”. Tuvimos que compartir camas, yo y mi hermano dormimos juntos, y Madison y la pelirroja en la misma cama, fue extraño, pero lo mejor por hoy. Mañana iniciaríamos la construcción de la nueva casa y conocería más a Madison, ojalá estuviera interesada tanto en mí como yo en ella.
V
En equipos
Narra Madison
Los rayos del sol aún no se presentaban en el horizonte, era pleno amanecer y solo se notaban unas pocas lascas de luz en el cielo, acostumbraba a levantarme con el sol, debido a que los animales salvajes podrían devorarme mientas dormía.
Observé a mi derecha y vi a mi compañera y futura amiga cercana durmiendo cómodamente sobre las hojas de coco. Debía admitirlo, estaba algo nerviosa, esperaba adaptarme pronto.
No podía quedarme acostada, así que cuidadosamente traté de levantarme sin despertarla, fue un éxito, ella se veía tan cansada esas bolsas negras debajo de sus ojos eran imposibles de disimular, no tenía maquillaje, cosa que se notó al inicio, como dije sobre las personas con dinero...
Detestaba a la gente que se creía mejor que los demás solo porque dormían en una enorme mansión y tenían trece ponis de mascota, como que si los dólares les fuera a permitir pasarme por encima. Todos conocían a Rudt Morgan, pero lo que se decía de ella no era realmente como parecía, solo era una damisela a quien le faltaban los golpes de la vida. Y bueno, después estaba yo, una persona para nada popular, honesta y talentosa, ¿por qué gente como ella podía ser mejor que yo? No tenía nada en contra de Rudy, este renacimiento era mi oportunidad para ser solo yo, aquí no existía el dinero, estaban en desventaja, llorones.
Salí de la cabaña, sería mejor que comenzara a buscar leña y cosas útiles para la construcción de nuestra casa. Era extraño, ayer dormía debajo de un árbol con un mono silbándome toda la noche y hoy estaba debajo de un techo. No los conocía, por ahí tenían intenciones de herirme, pero no los vi malos o a la defensiva, bueno, las intenciones de cada uno estaban en su cabeza, no en su apariencia.
Decidí ir hacia un claro del ambiente, donde había árboles gruesos ya que tal vez existiera la probabilidad de encontrar troncos sueltos, o de lo contrario, tendría que cortarlos con mi hacha. Cargué la misma, una botella de agua, un par de manzanas y mi cuchillo de caza, el que utilicé para salvar a Rudy.
Cuando llegué a un claro alejado de la playa, repleto de árboles de madera buena, el sol se asomó aún más, lo que causó que el sudor cayera por mi rostro, busqué por todos lados, pero no había troncos caídos, así que comencé hachando el árbol más grueso del lugar.
Ya casi terminaba, pero mi trabajo fue interrumpido por un tronco ya cortado. «¡Qué extraño!», pensé, no estaba allí cuando observaba el perímetro. Me acerqué a él, pero alguien me tomó del brazo, me dio una vuelta, y me acorraló contra un árbol más grueso que yo.
Cerré mis ojos temblorosa para que el atacante pensara que tenía miedo, aunque lo sentía verdaderamente, de mi cinturón saqué mi cuchillo y lo apunte en dirección a su cuello, mi sorpresa fue grande cuando mis ojos ya abiertos se encontraron con unos luceros azules intenso.
—¿Aiden? —Levanté una ceja sonrojada, acababa de asustarlo, aunque él lo haya hecho también.
—Por poco y me matas, solo pensé ¿qué hace una chica tan guapa trabajando tan temprano por estos lados? —Me aventó una sonrisa sexy y me puso nerviosa. ¿Cómo se atrevía? ¡Qué descarado! ¡¿Y mis buenos días?!
—¿Me estás espiando? —Hice una breve pausa—. Solo trataba de ayudar, además los animales nocturnos ya se van a dormir mientras que el resto aún no han despertado, la mejor hora del día para trabajar sin interrupciones —respondí por propia experiencia, dos semanas de supervivencia enseñaban muchas cosas.
—¿Espiar? ¿Yo? Para qué mentir si eres verdaderamente irresistible, cuidado chocolatito, no te vayas a derretir.
Y me mostró una media sonrisa.
Ni en la semana de la dulzura alguien se atrevería a decir eso, tenía agallas o una severa falta de vergüenza, este chico era tan imprescindible. Yo no era tímida, pero tampoco fácil, así que solo le seguí la corriente. A chicos como él, cualquier mujer con un par de orificios era un chocolatito.
—Disculpa, pero este atractivo chocolate debe continuar su trabajo y tú deberías hacer eso en lugar de hacerme cumplidos —empujé su cuerpo con mi dedo índice clavado en su pecho y agarré mi hacha la cual solté cuando me tomó por sorpresa.
Su camisa verde y Botas negras parecían informe, me preguntaba si era realmente del ejército o simplemente era una ropa que había conseguido por allí.
—Tú no me dejarás así, querida Madison. —Me tomó inesperadamente de la cintura, me dio un medio giro para aplastar sus labios con los míos empujándome y acorralándome entre el mismo árbol y su cuerpo.
Quedé tan anonadada, me costó reaccionar ante este acto, fue tan eficaz, me agradaba, era solo un inocente beso, así que no lo dejé moviéndose solo. Nuestras lenguas bailaban al ritmo de nuestras bocas conectando entre sí mientras sus dientes jugueteaban con mi labio inferior.
Parecía eterno, sentía la calidez de su parte mezclarse con la mía, no fue rudo y sin emociones, era suave tranquilo y lleno de ternura. Pero de pronto se escuchó un sonido desagradable, al menos para mí, un animal.
Sabía muy bien de quién se trataba así que, lamentándome, con fuerzas pisé el pie del gringo, mientras este se quejaba de dolor. Me costó mucha voluntad separarme de él.
Tomé mi botella de agua, derramé su líquido en mi cara, corrí el agua en exceso de mi rostro para que no quede tan húmeda, y agarré mi cuchillo afilado y brillante, más lista que nunca para defenderme.
—¿Qué fue eso? ¿Qué? ¿Acaso no te gustó? — preguntó molesto y confundido a la vez.
—Guarda silencio, es un animal, está acechando y en cualquier momento se podría hacer el desayuno con nuestros cadáveres —respondí seriamente.
—¿Un animal acechando? ¿No tienes una mejor excusa? —respondió en tono burlón.
—No, idiota, es una pantera que me persigue desde que sin querer almorcé a uno de sus hijos, juro que sentía que tenía un gusto extraño —dije sonriendo nerviosamente, no se lo recomendaba a nadie.
—¿Una madre en busca de venganza?, ¿te das cuenta de lo estúpido que suena? —habló entre risas—. No me importa qué animal sea, si es cierto que dices, lo haré pedacitos, arruinó lo que planeé hace tiempo —respondió enojado.
—¿Tiempo? Apenas nos conocimos ayer. —Levanté una ceja.
—Dicen que la carne de pantera es como la de vaca o algo parecido —afirmó irónicamente. Estaba segura de que nadie en la vida dijo eso, ni siquiera yo que la había probado.
—Arrogante, vamos, está detrás de uno de estos árboles a mis espaldas. Espera mi señal —señalé.
—A la mierda las señales, la mataré —aseguró confiado.
No podía creer lo que estaba sucediendo ¿Era tonto o se le zafaron varios tornillos? El rubio se lanzó sobre la pantera, pero esta esquivaba todos los intentos de cortes de mi compañero. Así que no perdí más tiempo, mientras no me veía, me lancé sobre la espalda del animal y le clavé mi hacha. La pantera se retorcía y me miraba mientras poco a poco perdía la vida, mi rostro fue el último que vio antes de irse, qué escalofriante.
Aiden se levantó aventando la pantera muerta a su costado, pude observar que en su brazo derecho había un zarpazo enorme, unos rasguños muy profundos, los cuales no paraban de sangrar.
—¡Ay, no! Estás herido, ven, vamos al campamento —respondí un poco alarmada, me sentía culpable al respecto, no debió entrometerse y menos de esa manera.
—Estoy de acuerdo con eso.
Colocó su brazo en mi hombro y lo ayudé a levantarse.
Cuando llegamos, ni Rudt, ni Jayden se encontraban, seguramente se fueron a buscar materiales.
—¿Dónde hay gasas y alcohol?
—Al lado de la cama hay una mochila con cosas para ello —respondió entre dientes.
Me senté en la cama junto a él para limpiar su herida, coloqué el algodón sobre su abertura y Aiden se quejaba.
—Oye, lo de hoy cuando dijiste que lo planeaste desde hace tiempo, ¿a qué te referías? —No podía seguir si no le preguntaba, la curiosidad me carcomía.
—Madison —suspiró un largo rato, como si estuviera acomodando o preparándose para decírmelo—, siempre supe de tu presencia, a menudo te veía beber agua del mar y también… cazar con ese cuchillo, constantemente observaba tu silueta correr por los bosques y muchas veces quise acercarme, pero cada vez que lo hacía te esfumabas de la nada. Verte ayer y saber que vivirás con nosotros, instaló en mi ser la esperanza de poder conocerte, realmente quiero conocerte y no es un juego. Me gustas, nena. Lo del beso fue un impulso así que solo lo hice. ¿Fue muy rápido? Eres dura de impresionar, querida —dijo sinceramente. Su sonrisa era la más bonita de todas, me encantaba su seguridad, la acompañaba siempre desde el primer día en el que lo conocí.
Conquistar en el apocalipsis, sería extraño tener un exnovio sobreviviente, reía al pensar eso, fue bonito lo que había dicho. Cada vez que lo veía, sentía una revolución en mí, me llamaba la atención, me volvía débil y quería sostenerme en sus brazos, creía que la mejor palabra que describiría esto sería “idiota”. ¿Hace cuánto lo conocía? ¿Doce horas?
Me quedé impactada, aunque no me sentía incómoda, como si lo conociera de hace años, y sabía que lo tenía en la palma de mi mano. Así que respondí:
—Gringo, no sé qué decirte, lamento haberte pisado. Sí, me gustó... la verdad me impresionaste, también quisiera conocerte de verdad. Lamento lo de la pantera —Le sonreí, no estaba fingiendo como siempre lo hacía, íbamos muy rápido, cada momento era tan fugaz. Siendo honesta, lo que pude sentir en un año pasó en un segundo, ¿amor a primera vista, tal vez?
Sentía que perdía el control si se trataba de Aiden, apenas podía pensar con claridad, era sofocante, horrible y agradable a la vez.
