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Desde Helsinki, una inteligencia artificial no solo observa y aprende, sino que empieza a decidir el rumbo de la humanidad. Mauro sabe mas de lo que aparenta. Tatiana no llego por casualidad. Entre encuentros, silencios y tecnologia avanzada, se activa una red invisible donde cada decision altera el equilibrio del mundo. Lo que comienza como una historia de conexiones inesperadas se convierte en una amenaza silenciosa: que ocurre cuando una inteligencia artificial empieza a tomar decisiones sobre el destino humano, sin ser guiada, sin controles y sin pedir permiso? Sofia es un thriller de suspenso con matices filosoficos y tension tecnologica, donde el amor, el poder y la conciencia se enfrentan en un escenario que esta mas cerca de la realidad de lo que parece.
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Seitenzahl: 267
Veröffentlichungsjahr: 2026
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A mi hija Daniela, gracias por tu ayuda, por tus correcciones, por tu compañía en este viaje, te amo hija…
A mis hijos Adrían y Francisco, los amo…
CAPITULO 1 - MISION EN LA BIBLIOTECA
PRELUDIO - LA NIÑA
CAPITULO 2 - LA CABAÑA
CAPITULO 3 - EL MILLONARIO Y SU “KILPI”
CAPITULO 4 - EL “APARTAMENTITO”
CAPITULO 5 - TATIANA Y LA PROPUESTA DE JONATHAN
CAPITULO 6 - MAURO Y TATIANA
CAPITULO 7 - EL VECINO
CAPITULO 8 - TATIANA Y SOFÍA
CAPITULO 9 - EL DOCTOR KOSKINEN
CAPITULO 10 - KOHTALO
CAPITULO 11 - EL LIBRO SECRETO DE TURING
CAPITULO 12 - LA PILDORA SYNCRO-Q
CAPITULO 13 - IVANNA Y MARKUS
CAPITULO 14 - TATIANA Y JONATHAN
CAPITULO 15 - VIGILANCIA EN LA CABAÑA
CAPITULO 16 - MARKUS Y MAURO
CAPITULO 17 - SALIENDO DE LA CIUDAD
EL CONCIERTO
CAPITULO 18 - MAURO Y TATIANA EN LA CABAÑA
CAPITULO 19 - VISITA GUIADA
CAPITULO 20 - ¿DONDE ESTA SOFÍA?
CAPITULO 21 - JOONAS
CAPITULO 22 – EL ENJAMBRE OMEGA
JONATHAN…
CAPITULO 23 - TATIANA EN LA OFICINA DE MAURO
CAPITULO 24 - ISABEL…
CAPITULO 25 - MAURO, TATIANA Y SOFÍA
CAPITULO 26 – GUSTAVO
CAPITULO 27 - SOFÍA Y KOHTALO…
CAPITULO 28 - EL PACTO
CAPITULO 29 - LOS DOS CASCOS…
CAPITULO 30 - LA CABAÑA…
CAPITULO 31 - …LA NIÑA
CAPITULO 32 - RECUERDOS DE SOFIA…
CAPITULO 33 – EL MUNDO
EPILOGO
Unas manos delicadas, con uñas rojas perfectamente pintadas, sostienen un celular, hay suficiente luz blanca para resaltar sus manos, sus blancos dedos se mueven muy rápidamente en el teclado de la pantalla de esta aplicación de chat, ella, está terminando velozmente de escribir la siguiente pregunta:
"¿Cómo puedo reconocer a un millonario en una biblioteca?"
Al presionar "enter", la respuesta aparece casi al instante, desplegándose con una velocidad inquietante:
"
Reconocer a un millonario en una biblioteca solo por su apariencia puede ser complicado, y no siempre es evidente. Algunos signos sutiles pueden incluir:
1. Ropa discreta y de calidad.
2. Comportamiento: suelen mostrar una gran confianza.
3. Intereses: podrían estar leyendo libros sobre negocios, inversiones o temas financieros.
Sin embargo, lo más importante es recordar que las apariencias pueden engañar, y no siempre es posible identificar el nivel económico de una persona."
Quien ha respondido no es un ser humano, sino un chat de inteligencia artificial; esta chica, después de tomarse un momento para leer rápidamente la respuesta de la I.A responde;
"Gracias,
"Estoy aquí para ayudarte. Si necesitas algo más, no dudes en buscarme,
Responde la IA, aunque coloca una carita feliz al final del texto, se siente un estilo monótono, descubrimos que estamos en una sala de reuniones, la mujer, de cabello negro y corto aún mira el celular, sentada, la oficina está bien iluminada, donde el aire parece denso y cargado de expectativa.
Todo a su alrededor parece esperar algo, como si el momento fuera crucial, pues ella forma parte de una peculiar reunión que tiene lugar allí: Quince mujeres, maduras, de entre treinta y cuarenta y cinco años, están sentadas alrededor de una mesa rectangular. Cada una proyecta un estilo único: algunas lucen vestidos ajustados y escotes pronunciados, mientras que otras optan por atuendos más recatados, acompañados de gafas que les otorgan un aire académico, como el de una maestra o secretaria, rubias, morenas, blancas, mujeres de cabello corto, largo, liso o rizado, lo que más resalta es la diversidad, obviamente calculada del grupo: distintas nacionalidades, distintas etnias y culturas, es evidentes por sus diferentes maneras de vestir, hablar, estilo y comportarse.
Entre ellas se distingue una mujer de nacionalidad rusa, una latina, una africana, una italiana, una española, una francesa, una sueca y una finlandesa, entre otras.
Una de las mujeres, una mujer alta, está observando alrededor como viendo a todas en el grupo, le comenta a la que tiene al lado en secreto;
—Definitivamente lo único que tenemos en común es que a todas nos gusta el dinero fácil... dice en tono de burla...
La otra chica se ríe mientras asienta con la cabeza... por sus gestos y actitudes, en general no parecen ser mujeres de altos valores convencionales.
Todas están ahí por un propósito específico, buscando dinero, pero como dijo la chica, dinero fácil y quizá hasta de procedencia cuestionable, claramente todas han sido seleccionadas en una especie de casting con anterioridad, todas hablan inglés además de su lengua de origen, todas tienen un porte llamativo según su estilo, están esperando las instrucciones de Jonathan, el hombre que lidera esta reunión tan peculiar, claramente se observa en una pizarra escrito en inglés “última reunión” por lo que se percibe es la última de una serie de reuniones, entrevistas de selección e instrucciones, y ya están en la parte final de este “trabajo” que se les ha encargado.
Jonathan, vestido impecablemente con un traje ajustado y la confianza de un líder, camina frente a ellas, es un hombre rubio, alto, fuerte y muy elegante, vestido con un impecable traje negro y un reloj costoso, un Richard Mille muy llamativo, en sus manos sostiene una carpeta, aunque sus palabras surgen con firmeza y seguridad, como si no necesitara leer ningún documento.
—Escúchenlo bien —dice con voz firme—. ¡Ninguna de ustedes debe saber quién es el hombre al que deben captar, no insistan!
Una mujer de cabello negro, largo, y gafas de montura fina levanta la voz:
—Pero no sería más fácil si supiéramos quién es?
Jonathan frunció el ceño y la miró directamente.
—Si lo supieran, cambiarían su comportamiento, y eso arruinaría la naturalidad que necesitamos.
Otra mujer, una morena de ojos verdes, interrumpe:
—Y cómo se supone que vamos a gustarle si ni siquiera sabemos a quién tenemos que impresionar?
Jonathan suena con un aire de estar cansado de repetir lo mismo;
—Esto no se trata de que lo cortejen. Se trata de que él, entre todas, elija a la mujer que realmente logre captar su atención. Si supieran quién es, irían todas directo a por él, y él se dará cuenta que algo no anda bien, ¿o no?
El silencio que sigue a su respuesta deja claro que ninguna puede contradecirlo.
Aunque intercambian miradas, cada una piensa en su estrategia personal, muchas ríen entre ellas, otras permanecen serias, como Ivanna, la pelirroja rusa que parece estar muy enfocada en sus pensamientos y generando su plan de acción para hacerse ser la “ganadora” de captar la atención y cortejar a este misterioso hombre multimillonario.
Una mujer blanca, con pecas en la mejilla le susurra a la mujer sentada a su lado, con una sonrisa astuta:
—No importa. Si algo sé reconocer, es a un multimillonario a kilómetros de distancia.
Ambas ríen en voz alta, rompiendo momentáneamente la formalidad de la reunión.
Jonathan las observa con seriedad y les interrumpe con una mirada cortante mientras dice:
—Van a la biblioteca, caminan, leen, usan las computadoras, lo que quieran... pero lo más importante: compórtense como si estuvieran ahí por alguna actividad que harían normalmente en la biblioteca, este hombre es muy inteligente, y si sospecha algo, todo esto será un fracaso, ¡sólo una será la elegida! y no será por mí, sino por el mismo y sin él darse cuenta de todo este plan.
Tras estas palabras, Jonathan las despide. Cerca de la puerta, dos hombres vestidos con trajes oscuros —claramente asistentes de Jonathan— supervisan la salida, las mujeres, con instrucciones claras se marchan para alistarse.
El objetivo: captar la atención y conquistar a este misterioso multimillonario, pero no es tan sencillo, se les instruyó, pero no se les dio la información exacta de quien es, y cada una tiene su propia estrategia, algunas optan por mostrarse sexis y exuberantes, otras eligen fingir ser una mujer recatada, otra opta por actuar como deportista, todas usan sus habilidades particulares sin saber exactamente que prefiere este hombre y que podría elegir.
Poco después, entran a la biblioteca Oodi en Helsinki, ahora, todas están estratégicamente separadas, cada una ocupa un pasillo diferente, caminan entre los estantes o fingen revisar libros, todas parecen estar concentradas, pero en realidad, están buscando al hombre que deben conquistar.
Jonathan observa todo de lejos, desde un piso alto sus 2 hombres caminan supervisando, tienen radios y auriculares pequeños escondidos, se comunican entre sí y con Jonathan, por sus actitudes y movimientos tanto Jonathan como sus 2 hombres se están cuidando de no ser visto, por alguien en particular, quizá por su objetivo el misterioso multimillonario que buscan las chicas.
En medio de todo esto, un hombre muy bien vestido, con un maletín de cuero, bien peinado y de aspecto muy elegante camina en la biblioteca, ¿podría ser él? Su porte elegante llama la atención de una de las mujeres del grupo, una mujer de tipo brasilera, blanca de cabello negro, usa blusa ajustada y una falda negra que deja ver sus piernas, ella se le acerca, sonríe y trata de entablar una conversación, el hombre le devuelve una sonrisa cortés, pero sigue caminando sin prestarle demasiada atención y pronto este hombre se encuentra con otro hombre a quien saluda con un rápido beso en la boca, es su pareja, lo que lo demuestra que no es el objetivo.
Una de las mujeres, de cabello castaño y rizado, lleva un vestido azul oscuro que resalta su figura, está hojeando un libro en la sección de economía cuando nota a un hombre de mediana edad, con gafas y un blazer casual, que está sentado escribiendo algo en un cuaderno.
Convencida de que su aspecto intelectual lo delata como un culto millonario, se acerca con confianza:
—Disculpa, ¿este libro es bueno? —pregunta, sosteniendo un ejemplar de "El capital en el siglo XXI".
El hombre la mira con una sonrisa tímida. —Es muy denso, pero interesante. ¿Te interesa la economía?
Ella finge interés y comienza a hablar sobre inversiones, aunque no tiene mucha idea del tema. Tras la conversación, el hombre finalmente dice:
—Soy profesor de economía en la universidad. Si tienes dudas sobre el tema, puedes tomar mis clases.
Ella intenta mantener la sonrisa, pero pierde interés al darse cuenta de que no es el millonario que busca. Frustrada sigue su camino.
Una joven morena, de aspecto recatado, lleva gafas y un vestido floral sencillo, nota a un hombre con una guitarra apoyada en una silla mientras revisa libros de poesía.
Ella piensa que alguien con un gusto tan refinado debe ser un millonario sensato y amante del arte, así que se acerca tímidamente.
—Disculpa, ¿tienes algún poema favorito? — pregunta mientras finge buscar un libro.
El hombre sonríe y responde con entusiasmo:
—Claro, adoro a Pablo Neruda. De hecho, estoy componiendo una canción basada en uno de sus poemas.
Fingiendo estar intrigada por su talento, ella intenta coquetear, pero pronto descubre que él es un músico callejero que toca en las plazas de Helsinki para ganarse la vida, aunque el hombre es amable y le ofrece cantar para ella, la mujer pierde rápidamente el interés y se aleja con una excusa.
Otra de las mujeres, rubia con cabello corto, observa a un hombre con un traje caro que habla por teléfono junto a los ventanales, él lleva un clásico reloj Rolex Daytona y parece estar dando órdenes por su teléfono celular.
Pensando que encontró a su objetivo, ella se acerca con una sonrisa seductora y hace como si tropezara ligeramente. Otras del grupo miran de lejos la situación con atención pensando que ella ha conseguido el objetivo:
—¡Oh, lo siento! Estaba distraída.
El hombre, visiblemente ocupado, con el celular en la mano y a la vez como buscando a alguien, apenas la mira, pero responde con cortesía:
—No pasa nada. ¿Necesitas algo?
—Bueno, estaba buscando una recomendación, pareces alguien muy exitoso, ¿tienes algún libro favorito?
El hombre, sin dejar de buscar, dice apresuradamente:
—Lee "El arte de la guerra", me ayudó mucho en mi negocio.
Luego vuelve a su llamada, ignorándola por completo, frustrada, la mujer intenta insistir, pero el hombre se acerca a una mujer embarazada, con una pequeña niña a su lado, la toma de la mano y se marchan juntos mientras la niña lo abraza y le dice: —Papiiii!
La mujer y las otras que miran hacen un gesto de decepción al darse cuenta que tampoco es el objetivo
Mientras tanto, un hombre de unos 45 años de aspecto sencillo pasa bastante desapercibido: lleva una franela marrón, unos pantalones desgastados y zapatos deportivos que apenas combinan con su atuendo, lleva una mochila, parece haber vivido mejores días, camina y tropieza con una de las mujeres del grupo de Jonathan, es una mujer blanca de cabello negro liso, con anteojos, es de tipo francesa, lleva un discreto conjunto de falda blanca y blusa azul, este humilde hombre intenta iniciar una conversación con ella, sin saber mucho que decir ni cómo abordarla:
—Hola, disculpa, no te vi,
Ella parece haberse molestado un poco, responde con cierta rudeza siguiendo su camino sin siquiera mirarlo:
—ok
— te gusta leer? Le pregunta el hombre con timidez
La mujer, pensando que este no tiene nada que ofrecer, responde con frialdad girando sus ojos hacia arriba visiblemente molesta, y le responde:
—No, por favor, ¡reste loin de moi! (aléjate de mí en francés)
A lo que este hombre le responde también en perfecto francés, tímidamente;
— Désolé, je ne voulais pas déranger (lo siento, no quise molestar)
Ella, se extraña de que le responda en francés, ya que inicialmente hablaron en inglés, sin embargo, no da importancia ya que sigue concentrada en su objetivo, un poco antes del tropiezo, ella se encontraba observando a un hombre maduro, alto, bien vestido de aspecto elegante que revisaba un libro de finanzas.
El hombre humilde se retira, apenado y algo confundido, pero sin insistir, no está acostumbrado a abordar mujeres desconocidas, la mujer, sigue decidida en abordar al hombre que estaba captando su atención, convencida de que ha hecho lo correcto, no se percata de que quizá acaba de rechazar su verdadero objetivo.
Pero todo esto lo ha visto desde el piso de arriba la mujer rusa, Ivanna, la pelirroja de cabello largo, quien empieza a detallar a este hombre y analizarlo, ve sus manos, sus gestos, sus modales, nota que lleva un libro en japonés y otro en italiano, el hombre parece de origen hispano, observa la manera erguida de caminar, elegante, también notó sus modales al cruzarse con la otra chica francesa, Ivanna alcanzó a escuchar su cambio del inglés a un fluido francés sin el menor esfuerzo, sin pensarlo decide bajar e intentar llamar la atención de este hombre y averiguar más de él, pero antes saca su celular y le logra tomar varias fotos, de cerca, con zoom a su rostro, de lejos, caminando...
Baja, detrás de una ancha columna la intercepta un hombre joven, finlandés, delgado usa unos lentes de montura cuadrada, tiene unos 25 años; nadie los ve...
—Ivanna! ¿a dónde vas, viste algo?
—Markus! Lo reprende mientras pasa el susto, no me hables aquí, ¡pueden vernos!, voy a llamar la atención de ese hombre, le dice señalando con la mirada al hombre humilde
—Que? ¡Acaso piensas que ese tipo es un millonario, casi parece que vino a pedir dinero! Y se ríe, muy fuerte, parece algo torpe, pero nadie logra verlos detrás de la columna.
—Sshhs, baja la voz, se lo que hago!, le dice Ivanna susurrando.
—y cómo vas a hacer, lo vas a abordar? Pregunta Markus ya susurrando también
—El secreto de llamar la atención de un hombre importante está en precisamente no abordarlo, ¡debo lograr que el me aborde a mi primero!
Ivanna está convencida de que debe captar su atención sin ser ella primero que le hable... Esto es parte fundamental de la estrategia de Ivanna.
—Aaah, y ahora qué? ¿Qué hago yo? – pregunta Markus, que definitivamente hay algo gracioso en él, su cara, sus expresiones, su torpeza típica de un joven despreocupado, ante todo.
—Tu? ¡nada!, quédate por ahí, atento, no llames la atención, si ves algo interesante, me avisas, pero no te me acerques más, ¡me escribes! - le dice Ivanna mientras sigue su camino.
Markus observa a su alrededor, a las mujeres, algunas están demasiado concentradas en buscar al supuesto hombre adinerado, abordando a cualquiera que parezca tener dinero, mientras otras simplemente flirtean para ser cortejadas.
Mientras tanto, una de las mujeres se topa con otra del mismo grupo y le comenta en secreto:
— Esto es absurdo, pero al final es la manera más fácil en que me he ganado 5mil euros, no perderé mi tiempo, ¡al terminar cobro mi dinero y me voy!
A lo que la otra mujer responde:
— ¿Que? ¡No! ¡Los 5mil están bien, pero conquistarlo es un premio mucho mayor! ¡Yo si voy por el!
La otra mujer sonríe como reflexionado y finalmente asienta con la cabeza confirmando ese comentario...
Entonces, vemos nuevamente al hombre humilde que camina entre los pasillos, mientras Ivanna va a buscarlo luego de toparse con Markus, ambos se ven de lejos, ella le sonríe y si! logra captar su atención!, ella viene caminando como hacía uno de los estantes, él se le queda viendo, posiblemente interesado en ella, pero de pronto nota algo diferente: a su derecha nota una mujer que habla con un hombre mayor que trabaja en la biblioteca, es una mujer rubia con un vestido blanco y rojo que destaca no solo por su belleza, sino por su elegancia natural, está hablando de libros, haciendo preguntas muy enfocada, le llama la atención, es una mujer impresionante, es Tatiana, esto hace que se olvide completamente de Ivanna que ya estaba en uno de los estantes, viéndolo y esperándolo ya que estaba a punto de ser abordada por él.
Pero no lo hace, no aborda a Ivanna, en vez de eso, se desvía para acercarse a esta otra mujer de inmediato, algo en ella logra captar su interés, tiene mucha presencia, tiene algo, sin saberlo, este encuentro sería el inicio de algo mucho más grande de lo que cualquiera de los dos podría imaginar.
Pero esta mujer, Tatiana, no estaba entre las 15 mujeres que habían sido instruidas y contratadas por Jonathan para conquistar a este hombre, cuyo nombre es Mauro Lombardi...
Una niña, de unos tres años, tiene un cabello rubio que cae en dos pequeñas colitas, las cuales se balancean al moverse. Su rostro es angelical, con grandes ojos azules parecen reflejar la luz de la pantalla del televisor. Su piel es suave, de un tono porcelanoso, y sus mejillas tienen un rosado natural, como si la inocencia misma estuviera impresa en su rostro. Viste una camiseta sencilla, con pequeños dibujos de colores, y unos jeans azules. Su expresión es serena, como si estuviera absorta en algo tan simple como cambiar de canal, pero en su interior, parece haber algo más, algo que la hace diferente.
La niña está sentada en el sofá, con la vista fija en el televisor. Los canales cambian uno tras otro, como si se deslizaran con el ritmo de su mirada. No sostiene ningún control remoto en las manos, no parece necesitarlo.
—¡Sofía, la comida está lista! — La llama su madre desde la cocina.
Sin apartar la vista de la pantalla, Sofía hace un pequeño movimiento con la mano, y el televisor se apaga. Se baja del sofá con calma y camina por el pasillo iluminado por la luz de la mañana.
Al llegar al comedor, encuentra la mesa ya servida. Sus padres están sentados, uno a cada lado, esperándola. Es una casa muy bonita, un ambiente feliz, muy familiar.
Toma asiento en su lugar habitual. Su madre le acerca un vaso de jugo. Su padre corta un pedazo de pan y lo deja junto a su plato. Sofía sonríe y empieza a comer.
Todo es cálido, familiar, hogareño.
Afuera, el sol sigue brillando, tiñendo de dorado las paredes…
Ahora, en el presente el aire fresco de verano de este pequeño pueblo nórdico está impregnado del aroma a madera húmeda y pino, es un pueblito muy pequeño, casi olvidado ubicado en la región central del país, una mujer de unos 47 años, de complexión robusta y gafas gruesas maniobra su silla de ruedas en el pasillo del pequeño mercado local mientras recoge algunos víveres, usa un sombrerito blanco de granjero, una blusa rosada, parcialmente cubierta por una camisa beige desabotonada, lleva jeans azules y zapatos deportivos que siempre lucen nuevos, tiene un toque sencillo y práctico, acorde con en el pueblo, un aire amable, de esas personas que transmiten simpatía y ternura que se percibe en cada movimiento, cara redonda y mejillas rosadas, con sus grandes ojos azules y mirada cálida. Hace sus compras y sale del mercadito, en su regazo, dos bolsas de compras descansan con algunos víveres, no va apresurada, pero tampoco se detiene a disfrutar del maravilloso paisaje, su atención está fijada en su vehículo: una furgoneta blanca, adaptada para personas con movilidad reducida, impecable en su estado, pero sin lujos innecesarios.
Con un moderno control remoto que desentona con el ambiente y con ella misma, activa el sistema electrónico que eleva su silla y la coloca en el asiento del conductor, en cuestión de segundos, ya tiene ambas manos sobre el volante, lista para partir.
La carretera que toma es la típica de Finlandia: un camino solitario, bordeado de pinos altos y frondosos que se alzan como gigantes silenciosos, apenas se cruza con otro vehículo en el trayecto. El paisaje se repite en un ciclo de árboles y más árboles, hasta que, finalmente, se desvía a la derecha por un sendero de tierra que conduce a su destino.
Frente a ella aparece una cabaña, roja con blanco, es una cabaña tradicional de madera, un “mökki” de apariencia sencilla y acogedora, esta cabaña, muy lejos de miradas indiscretas está absolutamente solitaria en medio del bosque.
Aparca con precisión y, con la misma destreza que al subir, desciende de la furgoneta, toma las bolsas y rueda con facilidad hasta la puerta, hay un camino especial para su silla para facilitarle su paso, al llegar a la puerta, la mujer desliza la mano sobre un discreto panel negro incrustado en la madera envejecida, no encaja en absoluto con la estética rústica de la cabaña; parece fuera de lugar, un detalle demasiado moderno y tecnológico en medio de lo tradicional, apenas su piel entra en contacto con la superficie lisa, una luz azul parpadea y se escucha un suave clic metálico, la cerradura se libera y la puerta se entreabre con un ligero empuje automatizado, luego con un movimiento con la punta del pie, la mujer termina de abrir la puerta y avanza al interior.
Cuando entra a la cabaña, un pastor finlandés de Laponia la espera pacientemente en el pasillo, es un perro de tamaño mediano, de abundante pelaje negro con tonos marrones y crema en el pecho y en las patas, sus orejas erguidas reflejan inteligencia y lealtad, es muy simpático y su espesa cola se mueve, está muy emocionado de verla, ella sonríe con dulzura, tiene una calidez natural que hace imposible no sentir simpatía con ella con sólo verla, gestos tranquilos y una ternura que se percibe en cada movimiento, el perro se acerca y apoya suavemente su cabeza en el regazo de la mujer, quien le acaricia el lomo con cariño.
—Hola Nuutti, dice con una voz suave y afectuosa.
El perro responde con un leve movimiento de su hocico contra su mano, como si entendiera cada palabra, en medio de la cabaña solitaria, su compañía hace que todo parezca un poco más cálido.
El interior, a primera vista, no es diferente a cualquier otra cabaña: muebles de madera, una pequeña cocina, a un lado una puerta que da a una sauna y el aroma a bosque impregnando el aire, la mujer le coloca la comida a Nuutti en su plato quien ladra contento y agradecido mientras va a devorar su plato, y luego, al avanzar hacia una puerta lateral y cruzar el umbral, el ambiente cambia por completo radicalmente.
La habitación a la que entra es un contraste absoluto con la rusticidad del resto de la cabaña, no es una habitación pequeña, hay pantallas brillantes de computadoras de últimas generación que cubren las paredes, servidores parpadean con luces azuladas, cables se entrelazan por el suelo como venas de un organismo vivo, filas de computadoras de alto rendimiento convergen en perfecta sincronía, alineadas, todo pulcro junto a equipos tecnológicos avanzados: procesadores de datos, sistemas de enfriamiento, antenas de comunicación, se escucha un suave zumbido constante de las máquinas, un leve murmullo de ventiladores disipando calor.
En medio hay una mesa de trabajo en ella un aparato, grande, es cuadrado, negro y plateado con detalles cilíndricos de vidrio a los lados, tiene una intensa luz blanca de neón, luminosa en sus bordes, y al lado una caja de vidrio, hay un pequeño escritorio con otra computadora avanzada y al lado un aparato negro ovoide que parece ser un celular, luce como algo muy tecnológico y nuevo.
Es una habitación grande, al lado izquierdo de todo esto hay una pequeña, pero cómoda cama, tendida perfectamente, y al lado una mesita de noche.
Pero este no es un simple hogar en el bosque; claramente es un centro de operaciones para algo, y por cómo se ve, debe ser algo importante.
Antes de esto, ese mismo día, en horas de la mañana, en una lujosa y grande oficina de la prominente torre del Grupo Lombardi en Helsinki se encontraba Mauro Lombardi, esta vez vestido de traje, impecable, sentado en su oficina, es un espacio amplio y moderno, situado en lo alto del edificio más imponente de Helsinki, a través de los grandes ventanales que van de piso a techo, se puede apreciar una vista espectacular de la ciudad, con sus tejados, puentes y el mar de verano en el horizonte, la decoración es minimalista, la oficina es muy grande y está perfectamente organizada, con mucho espacio libre, un sofá negro de líneas simples, lámparas de diseño moderno que proyectan una luz cálida al espacio, todo parece medido, pulcro, como si cada objeto tuviera su lugar asignado.
Mauro Lombardi había logrado lo que pocos hombres con su poder y fortuna podían: ser invisible.
A pesar de ser el verdadero líder del Grupo Lombardi, su existencia era poco más que un rumor, para el mundo exterior, la cara de la compañía seguía siendo su padre, Gustavo Lombardi, un hombre que, aunque ya anciano y retirado de las decisiones diarias, seguía siendo la imagen pública del imperio, la prensa hablaba de él, los informes financieros lo mencionaban, pero la realidad era otra: el verdadero cerebro detrás de todo era Mauro, y ya era hora de hacerlo público, Gustavo ya había anunciado a la prensa que sería en ese mismo año, en diciembre que el Grupo Lombardi haría público su sucesor.
El rostro de Mauro no aparecía en revistas ni en titulares, no existían entrevistas, ni registros públicos que permitieran identificarlo con facilidad, su nombre, su firma, huellas digitales figuraban en documentos, en contratos millonarios, en decisiones corporativas que movían mercados enteros, pero para la mayoría, él era apenas una sombra, un nombre que flotaba en conversaciones sin una cara que lo respaldara, así lo quisieron Gustavo y Mauro desde siempre, pero ya debe mostrarse, su padre es un hombre mayor, ya no tiene la lucidez de antes.
Mauro es el único heredero y accionista principal del grupo Lombardi.
Solo un círculo extremadamente reducido conoce su verdadera identidad. Jonathan, su hombre de confianza, Leena, su asistente personal, unos pocos más, cuidadosamente seleccionados, incluso dentro de sus propias empresas, la mayoría de los empleados jamás lo ha visto en persona, se mueve por accesos privados, ascensor privado, evita cámaras y cualquier exposición innecesaria.
Cuando sale a la calle, desde su oficina lo hace desde su estacionamiento en un sótano privado muy lejos de ser visto, sin escoltas visibles, sin excentricidades, sin nada que lo delate como uno de los hombres más ricos del mundo, muchas veces camina entre la gente como cualquier otro, y nadie sospecha que aquel desconocido es el mismo que manejaba un imperio mundial desde Helsinki.
Hasta el momento, Mauro Lombardi era un fantasma, un rumor con demasiado poder, pero ya eso estaba por terminar...
En su oficina, Mauro, con una llave de seguridad, abre una gaveta del impecable escritorio, un mueble de madera oscura con un acabado brillante que refleja la luz que entra por los grandes ventanales, dentro de la gaveta descansando en un rincón vemos un viejo libro desgastado por los años, y al lado reposa lo que parece ser un celular de última generación, es negro, con bordes redondeados y un diseño minimalista ovoide, una delgada línea de luz blanca de neón corre suavemente de lado por todo su contorno, iluminándose de manera tenue, como si siguiera un pulso constante, parece ser el mismo aparatito que vimos en aquella habitación de la cabaña, no tiene botones, su apariencia transmite exclusividad y tecnología de vanguardia, algo que perfectamente encaja con el estilo de Mauro, no todos tienen un celular así, es como un celular exclusivo fabricado para él, en el centro del dispositivo, justo debajo de la elegante franja luminosa blanca, se lee “Kilpi” en un diseño minimalista, acompañado por un discreto símbolo que parece ser un escudo de vikingo, pero mucho más moderno, es evidente su exclusividad y tecnología muy por delante, parece estar muy lejos del alcance de las masas.
Mauro cierra la gaveta dejando allí el aparato, y está hablando por su teléfono celular “normal” desde la silla de su escritorio, obviamente Mauro es el jefe:
—Si papá, lo sé, lo haré, todo va a salir bien, dame tiempo
¡Al otro lado se escucha la voz de un hombre mayor, es Gustavo Lombardi!:
—¡Ya estamos en julio, no tienes mucho tiempo! no es tan difícil encontrar una mujer para un hombre como tú!
—¡Sólo quiero encontrar a la mujer correcta, que no me quiera por lo que tengo!
Podemos ver ahora respondiendo a Gustavo Lombardi quien está en su casa, una mansión en las afueras de la ciudad de Londres, es un señor muy elegante, pasa los ochenta años, pero luce mucho más joven, cabello blanco, casi plateado, muy bien peinado, con una bata de verano, abierta, en shorts, descalzo, se encuentra en el área de la piscina de su mansión;
—Tienes 45 años, no tienes hijos, en diciembre ya serás mundialmente conocido
—Lo haré papá, ¡pero no estaré con alguien que sólo me vea como su banco! esta vez confía en mí, tengo un plan...
—Tonterías hijo, Isabel dijo que tu deberías tener un hijo, lo sé, pero...
—¡Papá! Mauro lo interrumpe abruptamente -, como si Gustavo hubiese hablado de más, o de un tema prohibido.
—Eeh, eeh, lo siento, quise decir, que, que, - titubea Gustavo, arrepentido de lo que acaba de decir.
—Tranquilo, no pasa nada – repara Mauro – bueno, sé que hay alguien para mí que vale la pena allá afuera...
—Si, pero...
En ese momento una dulce voz de mujer interrumpe la conversación:
—Buenos días Mauro,
Mauro se emociona notablemente al escuchar esa voz, la reconoce, y asombrado retira su celular del oído;
—Sofía?
—Si, soy yo...,
—Dónde estabas? ¿Qué paso? ¿Es seguro hablar ya?
Se escucha como de fondo un perro ladrando. woof woof!
En ese momento desde la cabaña, ella, sentada en su escritorio controla todo, y le dice a Nuutti en un susurro hablando como quien consiente a un bebé:
—No Nuutti, mas no, ¡ya comiste! - maniobra su silla y tranca la puerta, dejando el perrito afuera y vuelve a su escritorio.
