Stasis - Giogrio Agamben - E-Book

Stasis E-Book

Giogrio Agamben

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Beschreibung

En los últimos años, ante el recrudecimiento de guerras que no podían ser definidas como internacionales, se han multiplicado, sobre todo en Estados Unidos, las publicaciones concernientes a las así llamadas 'internal wars'; pero, incluso en estos casos, el análisis no se orientaba a la interpretación del fenómeno, sino a las condiciones que volvían posible una intervención internacional. El paradigma del consenso, que actualmente domina tanto la praxis como la teoría política, no parece compatible con la investigación seria de un fenómeno que es al menos tan antiguo como la democracia occidental. Una posible razón del desinterés por la guerra civil radica en la creciente popularidad (por lo menos hasta finales de los años setenta) del concepto de revolución, que a menudo sustituye al de guerra civil, aunque sin nunca coincidir con él. En 'Stasis', ensayo que complementa a 'Estado de excepción' y que junto a 'El uso de los cuerpos' cierra el conjunto denominado 'Homo sacer', Agamben presenta el tema de la guerra civil en ciertos momentos de la historia del pensamiento político occidental.

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Seitenzahl: 130

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Agamben, Giorgio

Stasis: la guerra civil como paradigma político / Giorgio Agamben

1ª ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Adriana Hidalgo editora, 2024

Libro digital, EPUB - (Filosofía e historia)

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8969-99-2

1. Filosofía contemporánea. 2. Estado. 3. Guerras civiles. I. Título.

CDD 195

filosofía e historia

Título original: Stasis. La Guerra civile come paradigma politico.

Nota sulla guerra, il gioco e il nemico

Traducción: Rodrigo Molina-Zavalía

Traducción de los textos en latín y transliteración de los términos del griego: Antonio Tursi

Coordinación editorial: Mariano García y Gabriela Di Giuseppe

© 2015, by Giorgio Agamben

Originally published by Bollati Boringhieri editore, Torino.

© 2017 by Giorgio Agamben. All rights reserved

© Adriana Hidalgo editora S.A., 2017, 2018

www.adrianahidalgo.es

www.adrianahidalgo.com

ISBN: 978-987-8969-99-2

Este libro fue negociado a través de Ute Körner Literary Agent,

Barcelona - www.uklitag.com y Agnese Incisa Agenzia Letteraria, Torino.

La traducción de esta obra ha sido financiada por el SEPS

Segretariato Europeo per le Pubblicazioni Scientifiche

Via Val d’Aposa 7 - 40123 Bologna - Italia

[email protected] - www.seps.it

Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial. Todos los derechos reservados.

Disponible en papel

Índice
Portadilla
Legales
Advertencia
Nota del traductor
1. Stasis
2. Leviatán y Behemoth
Bibliografía
Notas sobre la guerra, el juego y el enemigo
Bibliografía
Acerca del libro
Acerca del autor
Otros títulos

Stasis

Advertencia

Los dos textos aquí publicados reproducen, con modificaciones y agregados, dos seminarios sobre la guerra civil dictados en la Universidad de Princeton en octubre de 2001. Los lectores decidirán en qué medida las tesis ahora propuestas –que identifican en la guerra civil el umbral de politización fundamental de Occidente, y en la adémia, es decir, en la ausencia de un pueblo, el elemento constitutivo del Estado moderno– conservan vigencia o si el ingreso en la dimensión de la guerra civil mundial ha alterado de modo esencial su significado.

Nota del traductor

Siempre que ha sido posible se han tenido a la vista las versiones originales en francés y en inglés de las obras citadas por el autor. En el caso de otros idiomas, se han consultado las traducciones existentes en castellano. Sólo se han modificado las citas de estas últimas cuando, para no traicionar ni desvirtuar el hilo argumentativo o la terminología de Agamben, ha sido estrictamente necesario.

1

Stasis

1. Hay en la actualidad un consenso generalizado acerca de la total ausencia de una doctrina de la guerra civil, sin que esta laguna parezca preocupar demasiado a juristas y politólogos. Roman Schnur, que ya en los años ochenta formulaba este diagnóstico, añadía, sin embargo, que la desatención hacia la guerra civil iba de la mano con el avance de la guerra civil mundial (Schnur, pp. 121 y 156). Han transcurrido treinta años y la observación no ha perdido nada de su actualidad: mientras hoy parece estar ausente la posibilidad misma de distinguir la guerra entre los Estados de la guerra intestina, los especialistas en el tema continúan evitando con cuidado toda mención a una teoría de la guerra civil. Es cierto que en los últimos años, ante el recrudecimiento de guerras que no podían ser definidas como internacionales, se han multiplicado, sobre todo en Estados Unidos, las publicaciones concernientes a las así llamadas internal wars; pero, incluso en estos casos, el análisis no se orientaba a la interpretación del fenómeno, sino, según una praxis cada vez más extendida, a las condiciones que volvían posible una intervención internacional. El paradigma del consenso, que actualmente domina tanto la praxis como la teoría política, no parece compatible con la investigación seria de un fenómeno que es al menos tan antiguo como la democracia occidental.

Existe hoy tanto una “polemología”, una teoría de la guerra, como una “irenología”, una teoría de la paz, pero no así una “stasiología”, una teoría de la guerra civil. Ya hemos mencionado cómo, según Schnur, esta laguna puede relacionarse con el avance de la guerra civil mundial. El concepto de “guerra civil mundial” fue introducido en nuestros tiempos por Hannah Arendt en su libro On Revolution en 1963 (allí la Segunda Guerra Mundial se define como “una especie de guerra civil desencadenada en toda la superficie de la Tierra” – Arendt, p. 10) y por Carl Schmitt en su Theorie des Partisanen, esto es, en un libro dedicado a la figura que marca el final de la concepción de la guerra del Jus publicum Europaeum, basada en la posibilidad de diferenciar con claridad entre la guerra y la paz, entre los militares y los civiles, entre los enemigos y los criminales. Cualquiera que sea la fecha a la que se quiera hacer remontar este final, es cierto que hoy el estado de guerra en sentido tradicional virtualmente ha desaparecido. Incluso la Guerra del Golfo –es decir, el último conflicto que todavía parecía presentarse como una guerra entre Estados– se combatió sin que los Estados beligerantes declarasen el estado de guerra (que para algunos de ellos, como es el caso de Italia, se habría opuesto a su Constitución vigente). La generalización de un modelo de guerra que no podía ser definido como conflicto internacional y al cual, sin embargo, le faltaban las tradicionales características de la guerra civil, ha inducido a algunos estudiosos a hablar de uncivil wars, que no parecen dirigidas, como las guerras civiles, al control y a la transformación del sistema político, sino a maximizar el desorden (Snow, passim). La atención que en los años noventa los estudiosos dedicaron a estas guerras evidentemente no podía conducir a una teoría de la guerra civil, sino sólo a una doctrina del management, o sea de la gestión, de la manipulación y de la internacionalización de los conflictos internos.

2. Una posible razón del desinterés por la guerra civil radica en la creciente popularidad (por lo menos hasta finales de los años setenta) del concepto de revolución, que a menudo sustituye al de guerra civil, aunque sin nunca coincidir con él. Fue Hannah Arendt, en su mencionado libro de 1963, quien formuló sin reservas la tesis de la heterogeneidad entre ambos fenómenos. “Las revoluciones –escribe– son los únicos acontecimientos políticos que nos enfrentan directa e inevitablemente con el problema de un nuevo comienzo. [...] Las revoluciones modernas tienen bien poco en común con la mutatio rerum [revolución] de la historia romana o con la stásis, la discordia civil que perturbó a la pólis griega. No podemos identificarlas con las metabolaí [transformaciones] de Platón, la casi natural transformación de una forma de gobierno en otra, ni con la politeíon anakýklosis [revolución política] de Polibio, el predeterminado recurso cíclico al cual son sujetos los asuntos humanos, debido a que estos siempre son llevados a los extremos. La Antigüedad clásica estaba muy familiarizada con el cambio político y la violencia que lo acompañaba, pero nunca ninguno de estos le trajo aparejado algo completamente nuevo” (Arendt, p. 15).

Si bien es probable que la diferencia entre los dos conceptos sea en realidad puramente nominal, es cierto que concentrar la atención en el concepto de revolución, que, por alguna razón, parecía –aún a una estudiosa desprejuiciada como Arendt– más respetable que el de stásis, contribuyó a la marginalización de los estudios acerca de la guerra civil.

3. Una teoría de la guerra civil no se encuentra entre los objetivos posibles de este texto. Me limitaré, más bien, a examinar cómo esta se presenta en el pensamiento político occidental en dos momentos de su historia: en los testimonios de los filósofos y de los historiadores de la Grecia clásica y en el pensamiento de Hobbes. Los dos ejemplos no han sido elegidos al azar; querría sugerir que representan, por decirlo así, las dos caras de un mismo paradigma político, que se manifiesta, por una parte, en la afirmación de la necesidad de la guerra civil y, por la otra, en la necesidad de su exclusión. Que el paradigma sea, en realidad, único, significa que las dos necesidades opuestas mantienen entre ellas una secreta solidaridad, que se tratará de comprender.

Un análisis del problema de la guerra civil –o stásis– en la Grecia clásica no puede no comenzar con los estudios de Nicole Loraux, quien le dedicó a la stásis una serie de artículos y ensayos, recopilados en 1997 en el volumen La ciudad dividida. El olvido en la memoria de Atenas, al cual acostumbraba referirse como “mon livre par excellence”. En la vida de los estudiosos, como en la de los artistas, también hay misterios. Es así que nunca he alcanzado a entender de modo satisfactorio por qué Loraux no incluyó en ese volumen un ensayo, escrito en 1986 para una conferencia en Roma, que lleva por título “La guerre dans la famille” y que acaso sea el más importante entre los estudios que destinó al problema de la stásis. La circunstancia es mucho más inexplicable, desde el momento en que ella decidió publicar el ensayo, en el mismo año de aparición del libro, en un número de la revista Clio dedicado a las guerres civiles, como si hubiera sido consciente –pero habría sido una motivación en verdad singular– de que las tesis desarrolladas en el ensayo sin dudas se adecuaban mejor a esa publicación por su originalidad y radicalidad que aquellas –si bien verdaderamente agudas– propuestas en el libro. Intentaré, de cualquier modo, resumir las conclusiones del ensayo para luego tratar de identificar lo que Ludwig Feuerbach llamaba la Entwicklungsfähigkeit, la capacidad de desarrollo que ellas contienen.

4. Otros estudiosos franceses antes que Nicole Loraux –querría mencionar al menos dos clásicos: Gustave Glotz y Fustel de Coulanges y, después de ellos, Jean-Pierre Vernant– habían subrayado la importancia de la stásis en la pólis griega. La novedad del enfoque de Loraux es que la autora sitúa inmediatamente el problema en su locus específico, esto es, en la relación entre el oîkos –la familia o la casa– y la pólis, la ciudad. “L’affaire –escribe– se jouera entre trois termes; la stasis, la cité, la famille” [El asunto se jugará entre tres términos; la stásis, la ciudad y la familia] (Loraux 2, p. 38). Esta identificación del lugar de la guerra civil implica que desde el comienzo se rediseñe la topografía tradicional de las relaciones entre la familia y la ciudad. No se trata, según el paradigma corriente, de una superación de la familia en la ciudad, de lo privado en lo público y de lo particular en lo general, sino de una relación más ambigua y compleja, que precisamente intentaremos comprender.

Loraux comienza su análisis con un pasaje del Menexenos platónico, en el cual la ambigüedad de la guerra civil se presenta en toda su evidencia. Cuando describe la stásis que divide a los ciudadanos de Atenas en el año 404, Platón ironiza: “Nuestra guerra familiar [oikeîos pólemos] fue conducida de tal modo que, si el destino condenara a la humanidad al conflicto, nadie desearía que la propia ciudad sufriera igualmente esta enfermedad. Desde el Pireo y desde la ciudad, ¡con qué jovialidad y con qué familiaridad se mezclaron entre ellos [hós ásmenos kaì oíke kaì oikeîos allélois synemeíxan!]!”. No sólo el verbo que Platón emplea (symmeígnymi) significa tanto “mezclarse” como “trenzarse en el combate, combatir”, sino que la misma expresión oikeîos pólemos es, para un oído griego, un oxímoron: pólemos designa de hecho la guerra externa y se refiere, como Platón escribirá en la República (470c), a lo allótrion kaì othneîon [ajeno y extranjero], mientras que para lo oikéion kaì syggenés [familiar y pariente], el término apropiado es stásis. De acuerdo con la lectura que Loraux hace de estos pasajes, Platón parece implicar que “los atenienses habrían conducido una guerra intestina sólo por el goce de una fiesta familiar” (Loraux 1, p. 22). La familia es el origen de la división y de la stásis y, a la vez, el paradigma de la reconciliación (Platón escribirá que los griegos “combaten entre ellos como si estuvieran destinados a reconciliarse” – Rep., 471a).

5. Por lo tanto, la ambivalencia de la stásis es, según Loraux, función de la ambigüedad del oîkos con el cual aquella es consustancial. La guerra civil es stásis émphylos, conflicto propio del phýlon, del parentesco de sangre: es ella hasta tal punto connatural a la familia, que tà emphylía [literalmente, “las cosas internas de la estirpe”] significa simplemente “guerras civiles”. Para Loraux, el término designa “la relación sangrienta que la ciudad, en cuanto estirpe y, como tal, pensada en su condición de cerrada, mantiene consigo misma” (Loraux 2, p. 29). Al mismo tiempo, precisamente por cuanto está en el origen de la stásis, la familia es también la que contiene su posible remedio. Vernant señala, de esa manera, que la guerra entre las familias a menudo se compone a través de un intercambio de mujeres, es decir, gracias a un matrimonio entre las estirpes rivales: “para los griegos tanto en el tejido de las relaciones sociales como en el del mundo, no es posible separar las fuerzas del conflicto de aquellas de la unión” (Vernant, p. 129).

La tragedia asimismo da testimonio del íntimo vínculo entre la guerra civil y la familia y de la amenaza que el Áres emphýlios (cfr. Las euménides, 862-863), el Ares que habita en el oîkos, hace pesar sobre la ciudad. La Orestía es, para Loraux, la evocación de la larga cadena de asesinatos en la casa de los Átridas y, a la vez, la conmemoración de su superación por medio de la fundación del tribunal del Areópago, que pondrá fin a la carnicería familiar. “El orden político integró a la familia en su seno. Lo que significa que aquel está siempre virtualmente amenazado por la discordia inherente al parentesco como una segunda naturaleza y, también, que ya ha superado esta amenaza” (Vernant, p. 39).

Debido a que la guerra civil es connatural a la familia (vale decir, oikeîos pólemos, guerra en casa) en la misma medida es –esta es la tesis que Loraux parece sugerir– connatural a la ciudad, es parte integrante de la vida política de los griegos.

6. Al final del ensayo, Loraux analiza el caso de una pequeña ciudad griega en Sicilia, Nacone, donde, en el siglo III, los ciudadanos, tras una stásis, decidieron organizar la reconciliación de un modo muy particular. Extrajeron al azar los nombres de los ciudadanos para dividirlos en grupos de cinco, que de esta manera se volvieron adelphoì hairetoí, “hermanos por sorteo”. Se neutralizaba la familia natural, pero, al mismo tiempo, la neutralización se realizaba mediante un símbolo por excelencia parental: la fraternidad. El oîkos, origen de las discordias civiles, se excluye de la ciudad merced a la producción de una fraternidad postiza. La inscripción que nos han transmitido estas noticias precisa que los nuevos hermanos no debían tener entre ellos parentesco familiar alguno: la fraternidad puramente política saca del juego a la fraternidad de la sangre y, con esta, libera a la ciudad de la stásis émphylos; en el mismo gesto, sin embargo, la primera reconstituye un parentesco en el plano de la pólis, hace de la ciudad una familia de un nuevo género. Platón había empleado un paradigma “familiar” de este género, al sugerir que, en su república ideal, una vez que la familia natural fuera eliminada a través del comunismo de las mujeres y de los bienes, cada quien vería en el otro a “un hermano o una hermana, un padre o una madre, un hijo o una hija” (Rep., 463c).

La función ambivalente del oîkos y de la stásis que les es connatural se confirma una vez más y Loraux puede en este punto concluir su análisis con una doble exhortación: “Stásis/ familia/ ciudad [...] estas nociones se articulan según líneas de fuerza en las cuales la recurrencia y la superposición prevalecen ampliamente sobre todo proceso continuo de evolución. De aquí la paradoja y la ambivalencia, con las que nos hemos encontrado en más de una oportunidad. Acaso pueda el historiador del parentesco encontrar en ella la ocasión de reexaminar el lugar común de una irresistible superación del oîkos