Summando - María Jimena Rivero - E-Book

Summando E-Book

María Jimena Rivero

0,0

Beschreibung

La perspectiva histórica que da el transcurrir del tiempo otorga a toda producción cultural una comprensión más vasta e integral. La propuesta sobre la que versa Summando parte de entender que entre la arquitectura construida y el círculo cultural desde el cual se realiza, se sostiene y se debate se encuentran los medios de difusión. Estos son la puerta por la cual entramos a una porción de la realidad que es la que se publica, se transmite y se ilustra. La realidad arquitectónica de las ciudades es distinta a la percepción que tenemos de ella. Intermediando ambas instancias, se encuentran los medios, entre ellos las revistas, y entre las revistas de arquitectura Summa y Summa+. En su publicación y tirada sostenida desde 1963, Summa se constituyó como pionera en la valoración de la arquitectura y del diseño generados en el país y América Latina, y en su contenido se revelan los paradigmas vigentes que subyacen a los escenarios arquitectónicos en su doble vertiente: la arquitectura construida y el campo de las ideas. En sus páginas se aborda el desglose de los ejemplares de las décadas del setenta, ochenta y noventa con la pretensión de construir un relato que permita inscribir a la arquitectura nacional en un espacio de transiciones, continuidades o discontinuidades en el ámbito disciplinar en el que encuentra su génesis.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 171

Veröffentlichungsjahr: 2020

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



María Jimena Rivero

Summando

La arquitectura que nos contaron. Argentina: década de los 70, 80 y 90

Summando: la arquitectura que nos contaron. Argentina: década de los 70, 80 y 90

Rivero, María Jimena

Summando : la arquitectura que nos contaron Argentina : década de los 70, 80 y 90 / María Jimena Rivero ; prólogo de Roberto De Gregorio. - 1a ed ilustrada. - Santa Fe : Universidad Católica de Santa Fe, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-950-844-175-1

2. Arquitectura Contemporánea. 3. Crítica Arquitectónica. I. De Gregorio, Roberto, prolog. II. Título.

CDD 720.9

© María Jimena Rivero

© Universidad Católica de Santa Fe, 2018, 2020

© Revista Summa+

Imágenes y textos reproducidos con autorización de Fernando Diez Echagüe 7151, Santa Fe (s3004jbs), República Argentina.

Todos los derechos reservados.

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin previa autorización por escrito. Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

Dirección editorial: María Graciela Mancini ([email protected])

Corrección de textos: Margarita Herman

Diseño editorial: Carlos Federico Borra

E-book: Mariel Mambretti

Índice

Prólogo

Introducción

Capítulo I

Los escenarios de producción de la arquitectura

I.1. De la conflictiva década de los 70

I.2. La década de los 80 y la restauración de la democracia

1.3 La década de los 90: consumación del neoliberalismo

Capítulo II

La arquitectura que nos contaron. Análisis de publicaciones

II.1. Summa en la década de los 70. Obras y estudios paradigmáticos

II.2. Summa en la década de los 80. El espacio para la reconstrucción

II.3. Summay Summa+. Un nuevo concepto

Capítulo III

La arquitectura publicada. Hacia un relato transversal

III.1. Las obras paradigmáticas de la década de los 70

III.2. La construcción de un discurso a través de la arquitectura publicada en los 80

III.3. La arquitectura publicada en la década de los 90: ¿hacia una nueva disciplina?

Capítulo IV

Consideraciones finales

Bibliografía consultada:

A los míos.

Prólogo

La exquisita forma de exponer que tiene la arquitecta Rivero conduce, con notable amabilidad, la lectura de lo que denomina «arquitectura publicada».

Desde el «que nos contaron» en el título de la obra, percibimos que la autora se detiene en la labor de otros, en escenarios construidos por miradas interpretativas en donde las obras de arquitectura son las protagonistas.

En su análisis, que abarca lo producido entre la década de los setenta y la de los noventa, la autora evita la delimitación específicamente cronológica para establecer los paradigmas que determinan los cambiantes escenarios de producción y desde los que se consideran la relevancia y el protagonismo de las obras. En esta realidad arquitectónica construida, que probablemente discrepe con las consideraciones impartidas por otras posibles percepciones colectivas, la autora señala los roles, procesos y relatos de la producción nacional, en los que se privilegian algunos casos frente a una otredad que se ignora.

Cabe destacar también que este enfoque deja explicitado y valoriza lo condensado en la revista Summa. Asimismo, posibilita el contacto con el camino planteado por esta publicación, que quizá fue delineado y acotado arbitrariamente, como todo sendero, pero que se impuso como un espacio posible y, en su momento, único y que propició un sostén para el debate en el ambiente disciplinar nacional.

Sólido trabajo, interesante no solo dentro del marco específico de la historiografía arquitectónica, sino también de gran valor para difundirlo entre nuestros estudiantes, a quienes se pretende introducir en estas cuestiones.

El cierre, en el que apela al recuerdo de Marina Waisman, es elocuente en tanto invita a sostener la bandera de la vanguardia del pensamiento como única posibilidad en el agitado devenir histórico.

Arq. Roberto De Gregorio

Introducción

¿Cómo encontrar relaciones entre las arquitecturas singulares que publicaron las revistas en las décadas de los 70, 80 y 90? ¿Cómo construir miradas que trasciendan el hecho arquitectónico aislado, entendiéndolo como un producto de entrecruzamiento de pensamientos, tradiciones, tensiones, coyunturas y oportunidades? ¿Cómo resignificar, desde nuestro contexto histórico, la arquitectura que leímos (o que nos contaron)?

La perspectiva histórica que da el transcurrir del tiempo otorga a toda producción cultural una comprensión más vasta e integral. Ello surge de realizar la lectura de ciertos fenómenos por fuera del contexto al cual se encontraron circunscriptos.

La propuesta sobre la que versa las páginas que siguen parte de entender que entre la arquitectura construida y el círculo cultural desde el cual se realiza, se sostiene, se debate y se encuentran los medios de difusión. Estos son la puerta por la cual entramos a una porción de la arquitectura que es la que se edifica, se transmite y se ilustra. La realidad arquitectónica que construyen las ciudades es distinta a la percepción disciplinar que tenemos de ella. Intermediando ambas instancias, se encuentran los medios, entre ellos, las revistas y entre las revistas de arquitectura, Summa y Summa+.

En su publicación y tirada, sostenida desde 1963, Summa ha condensado esa producción, y en su contenido se visualiza la valoración de la arquitectura y su mundo en función de los paradigmas vigentes. De ahí que estas publicaciones constituyan el escenario primigenio en el cual las obras han sido expuestas, explicadas y criticadas. En el contenido de los ejemplares subyacen criterios de selección de obras y de marcos teóricos, y en su desentrañamiento se encuentran las claves intepretativas para establecer una transversalidad. Precisamente la pregunta por la construcción de un relato está anclada en una intención de establecer relaciones significativas entre obras y fenómenos arquitectónicos singularmente estudiados.

En la primera década del siglo xxi, han surgido nuevas publicaciones que revisan con interés renovado obras paradigmáticas de la arquitectura argentina. Sin embargo, en el intento de comprender los vínculos de las obras entre sí y con los contextos históricos y disciplinares que les dieron origen, se advierte cierto vacío. En este vacío se ancla la pretensión de construir un relato, un discurso que integre la arquitectura y los acontecimientos para otorgar a los hechos particulares una dimensión conceptual en su temporalidad. En la base de esta propuesta se encuentra la convicción de que la conciencia histórica que subyace al espíritu crítico no surgirá del exclusivo conocimiento de obras ejemplares, sino de su puesta en relación, de la valoración de sí mismas y de sus contextos desde una temporalidad que las interpele.

La metodología abordada se basa en el análisis de las revistas de edición nacional Summa (publicada desde 1963 hasta 1993) y su sucesora, Summa+ (publicada hasta la fecha). Autodefinida como Revista de arquitectura, tecnología y diseño, esta publicación se estableció como referente disciplinar y abrió paso a la nueva arquitectura y a sus profesionales. Se constituyó como pionera en la valoración de la arquitectura y del diseño generados en el país y en toda América Latina y resultó ser la publicación nacional por excelencia, en la que se condensó el escenario arquitectónico en su doble vertiente: la arquitectura construida y el campo de las ideas. Significó un espacio aglutinante para el contexto disciplinar y abrió sus espacios a la crítica, a la innovación, a la generación de propuestas en la arquitectura, en la tecnología y en el diseño. Fundamentalmente, permitió que en sus páginas quedaran reflejados los pensamientos surgidos en los contextos siempre fluctuantes de nuestro país.

El intervalo espaciotemporal al que refieren estas páginas se distancia diametralmente de este presente histórico signado por el exceso de información. En ese entonces, las publicaciones en formato papel, las revistas, representaban referentes únicos de vanguardia. Se consumían con avidez y con otros tiempos de aprehensión: con principio, con fin, con espacios para el propio ritmo de lectura, de pausa y de reflexión; con la posibilidad de un ir y venir intelectual; con la posibilidad de volver, degustar y profundizar.

En las páginas siguientes se aborda el desglose de esos ejemplares con la pretensión de construir un relato que permita inscribir a la arquitectura nacional en un ámbito de transiciones, continuidades o discontinuidades respecto del modo de concebir el espacio, la tecnología y el lenguaje expresivo en el ámbito disciplinar en el que encuentra su génesis.

Capítulo I

Los escenarios de producción de la arquitectura

Para adentrarnos en un análisis de los escenarios en los cuales se desenvuelve la arquitectura durante las tres últimas décadas del siglo xx, es preciso definir dos aspectos. En primer lugar, lo que se entiende por escenarios de producción de la arquitectura. Como disciplina fáctica, la arquitectura queda atravesada por múltiples factores, factores que la exceden y que comprenden los aspectos coyunturales que posibilitan y, a la vez, condicionan su surgimiento y desarrollo. En este contexto, entendemos los escenarios de producción de la arquitectura como el entramado de condiciones en las cuales la disciplina emerge y se produce. Están conformados por los eventos sociales, políticos, institucionales y fácticos que constituyen el espacio en el cual se despliegan las posibilidades y restricciones que la envuelven. Los orígenes de las demandas específicas a las que se supeditan los programas arquitectónicos, los contextos en los que se toman decisiones de proyecto, los actores y las figuras profesionales que intervienen son los resultantes de estas condiciones de producción.

En segundo lugar, conviene establecer una flexibilización de las periodizaciones, de modo de comprender los fenómenos en los contextos que les dieron lugar. Respecto a esta variable del tiempo, distintos autores1 refieren a diversas periodizaciones según aspectosque resultan funcionales para determinarlas. Con ello se define una salvedad metodológica: si bien el presente estudio se circunscribe a las décadas de los 70, 80 y 90 en la Argentina, hunde sus raíces y se extiende desde unos años anteriores hasta algunos posteriores.

A los fines de la presente investigación, la década de los 70 se ha considerado extendida hasta 1983, año en el que se inicia la democracia, por considerar que se sostiene un mismo paradigma respecto del acontecer social, económico, político y, por tanto, arquitectónico del país. El decenio de los 80 culmina en 1989, año que coincide con el fin del primer período democrático posterior a la dictadura, con lo cual los 80 se presentan como una década que resulta bastante acotada en sí misma. Los 90 se caracterizan por la incorporación definitiva del país al proceso de globalización y por el inicio de un derrotero que se extiende, con matices, hasta nuestros días.

I.1. De la conflictiva década de los 70

La interpretación de los acontecimientos que dieron lugar al desarrollo de la arquitectura de la década de los 70 se logra solo si se los relaciona con los del decenio anterior. En parte por ello, podríamos afirmar que, desde un enfoque disciplinar, la larga década de los 60 comienza en 1960 y culmina en 1983 y está definida por la relación que la arquitectura mantiene con el Estado, una relación que «tuvo al Estado como principal interlocutor deseado y real».2

Si bien se habla de una década, son prácticamente veinte años (las décadas de los 60 y 70) en los que las complejas relaciones sociales, político-institucionales y los modelos económicos instaurados conformaron un escenario cambiante y de incesantes turbulencias que signaron particularmente la producción arquitectónica. En una primera lectura, podría decirse que tales complejidades están asociadas a la inestabilidad política, con sus alternancias entre gobiernos democráticos y de facto, que desde el golpe militar de 1955 se mantienen como en una oscilación latente y constante en la vida político-institucional tanto de Argentina como de América Latina.

La década de los 70 se inaugura con el gobierno de facto conocido como Revolución Argentina, que comienza con Juan Carlos Onganía (1966) y continúa con Roberto Levingston (1970) y Alejandro Lanusse (1971) y que identifica la crisis nacional con problemas de orden político para intentar consolidar su institucionalización. Sin embargo, existe una actitud represiva de prohibición de la actividad política y de la autonomía universitaria, y, bajo la intervención de Onganía, comienzan en el país prácticas violentas que se mantienen hasta los inicios de la democracia.

El mundo académico, entendido como colectivo de la comunidad de las ciencias y las artes que reúne profesionales y que está a la vanguardia, direccionando el estado de las disciplinas, es un aspecto de análisis clave a lo largo de todo el ciclo. En junio de 1966 se pone fin a la autonomía universitaria y se da inicio a un proceso de «desmantelamiento de las universidades públicas».3 En solo un mes, setecientos investigadores y docentes de primera línea de las principales casas de estudios del país4 son forzados a alejarse de sus actividades universitarias. El éxodo del país o la renuncia a las universidades de las principales figuras de la arquitectura configuran un panorama de desconcierto y de ruptura de las líneas de formación en las facultades de arquitectura. Al mismo tiempo, ante el cierre de las facultades por falta de docentes, se va gestando una progresiva negación de la cultura universitaria, un desdén por la formación académica, a la que se concibe como un mero trámite burocrático, y se favorece el aprendizaje real, a la par de los maestros.

En el retorno a la democracia, asociado a la gran expectativa social y política que significa la asunción presidencial de Héctor Cámpora en 1973 y, luego, la de Juan Domingo Perón en el mismo año, se intenta reconstruir el andamiaje social mediante acuerdos gremiales, empresariales e institucionales y a través de conciertos con los partidos políticos y con las Fuerzas Armadas, reeditando estrategias de 1946, pero sin éxito. De ello resulta un período institucionalmente frágil, socialmente convulso y económicamente crítico que, después del fallecimiento de Juan Domingo Perón y desestabilizado por completo el mandato de María Estela Martínez de Perón (1974-1976), da lugar a un nuevo gobierno de facto: el Proceso de Reorganización Nacional, proceso que tiene como particularidad que se trata de un gobierno de las Fuerzas Armadas y no apoyado por ellas.

Hasta 1976 existe, con matices levemente diferentes, una misma visión respecto al discurrir socioeconómico del país que sostiene la economía y el desarrollo de las estructuras productivas. El modelo desarrollista, instaurado a principios de los 60 y definido por el énfasis en la economía y en las estructuras productivas, ocupa el centro de la escena del poder y relega los partidos políticos, las instituciones democráticas y las organizaciones de la sociedad civil a un segundo plano. La eficiencia económica del modelo se eleva como finalidad y, en su búsqueda, se alienta el avance tecnológico, subordinando los procesos de modernización económicos y sociales.

El concepto de Estado desarrollista comienza a implementarse en Argentina con el gobierno del radical Arturo Frondizi en 1958. Este modelo se basa, entre otras cosas, en ajustar el gasto público para invertir en el desarrollo de la industria pesada y en alentar la radicación de multinacionales y los procesos de industrialización interna. La siderurgia, la petroquímica, los automotores, la energía hidroeléctrica, la energía atómica y la celulosa fueron las nuevas actividades industriales que avanzaron a mayor velocidad. El desarrollismo entiende que la economía viene de la mano de la integración vertical del sector industrial y del desarrollo y la modernización de la infraestructura.

A partir de allí, se produce un acelerado proceso de concentración del capital, con el cual se alcanza un importante desarrollo industrial y, con ello, un nuevo escenario al que la arquitectura necesita dar respuesta. De hecho, las nuevas industrias requieren nuevas plantas para funcionar, además de sedes corporativas, que se resuelven dentro del ámbito urbano. La construcción de las instalaciones industriales permite la introducción de nuevas técnicas de organización y la fabricación de elementos aportados por empresas constructoras, a veces vinculadas a las firmas promotoras. Estos programas demandan la implementación de sistemas constructivos que permitan un montaje rápido, flexible y económico y que puedan ser aplicados a centenares de fábricas en todo el país. Asimismo, exigen la especialización de equipos de profesionales, quienes no solo enfrentan desafíos técnicos, sino que también deben aceptar el escaso margen creativo que deja la resolución ejecutiva de los requerimientos estrictamente funcionales del programa arquitectónico. Sin embargo, en la mayoría de los casos, y pese a la gran envergadura de las demandas, no hay un grado de industrialización intensivo que permita la resolución técnica a partir de la prefabricación. En su mayoría, los sistemas de prefabricación semipesados fracasaron.

A grandes rasgos, este modelo desarrollista subsiste hasta el inicio del Proceso de Reorganización Nacional, iniciado en 1976. Con este, se inicia la incorporación más amplia y planificada de Argentina al modelo neoliberal. El Gobierno militar parte de interpretar que es el populismo el que tiene su correlato en el modelo desarrollista, con lo cual impone el liberalismo económico para desarticular las estructuras sociales derivadas de las estructuras productivas: sindicatos, asociaciones gremiales y empresariales, etcétera. El objetivo es modificar, a través de una economía de libre mercado, ese sistema de relaciones sociales. La junta militar propicia la apertura de los mercados internos y alienta la competencia exterior, con el consiguiente desmoronamiento de la industria local y la desarticulación del mecanismo empresario-obrero.

En lo económico, se persigue el modelo neoliberal más como estrategia de control que como convicción real. Entre otras medidas, se reducen los aranceles a la importación de diversos productos, especialmente a los manufacturados, y se eliminan los subsidios a diversas actividades económicas, especialmente a las industriales. De esta forma, se produce la desindustrialización del país, lo que trae como consecuencia el aumento de la desocupación, el debilitamiento de los sindicatos y del movimiento obrero, mayor precarización laboral, la reducción de salarios y menor seguridad laboral. Interesadas en el nuevo bajo costo de la mano de obra, numerosas multinacionales se instalan en el país para dedicarse a actividades terciarias o de servicios.

El achicamiento del Estado que supone el liberalismo se produce muy lentamente en Argentina, ya que, en paralelo a la recesión de la industria y la construcción, el Estado genera elevados gastos en obra pública. Conjuntamente con obras propagandísticas, como las asociadas al mundial de 1978 (los estadios de fútbol, el Centro de Producción Buenos Aires, Argentina Televisora a Color, etcétera), las administraciones militares se interesan en el desarrollo de la obra pública de infraestructura a escala metropolitana (por ejemplo, las redes de autopistas). La resolución de otros programas sociales, como la vivienda masiva y la construcción de edificios para la educación y la salud, está presente, pero con cierta retracción respecto a la década anterior.

Sin embargo, entre 1960 y 1976, el ingreso de capitales extranjeros provoca que el mercado de la arquitectura esté liderado por privados, encabezado por encomiendas de edificios de oficinas, plantas industriales y nuevos programas vinculados con el desarrollo económico. La relación que se entabla entre la arquitectura y el Estado durante toda esta década no volverá a verificarse en los períodos siguientes. La tríada de arquitectos, grandes estudios y Estado permite reconocer relaciones sustanciales y determinantes para el desarrollo de la disciplina.

En primer lugar, existe una cuestión funcional por la cual el Estado es quien, a partir de la generación de grandes encargos que movilizan la industria de la construcción, fundamentalmente con los programas de vivienda colectiva, equipamiento y grandes obras de infraestructura, sostiene el modelo. Así, la obra pública constituye un motor fundamental para el sistema socioeconómico.

En segundo lugar, existe una cuestión comunicacional, de transmisión de significados. El Estado se vale de esa arquitectura para imprimir la presencia de su imagen, que, en líneas generales, hará prevalecer el lenguaje de la modernidad y su consiguiente carga semántica. «El conglomerado de comportamientos, discursos, mitos, fórmulas y formas que venimos identificando como arquitectura moderna alcanzó con el comienzo de la séptima década del siglo el constantiniano, pleno, reconocimiento y adopción por parte del imperium, el Estado».5

En tercer lugar, existe una cuestión práctica, que es la dinámica que se establece entre el Estado y los arquitectos o los grandes estudios. El Estado se comporta como un gran cliente al que la arquitectura brinda servicios. En la primera mitad de la década, buena parte de estos encargos se obtiene a partir del desarrollo del mecanismo de concursos. Precisamente, desde 1965 a 1975, a partir de la experiencia de los concursos de arquitectura, se produce un funcionamiento más dinámico de la matrícula, pero también la consolidación de grandes estudios en el escenario arquitectónico nacional. Los grupos que obtienen grandes encargos y afianzan su situación a partir de esta dinámica son los receptores de la obra pública de esta década y de las subsiguientes, lo que establece una especie de establishment.

Puede afirmarse que, para fines de la década, la tendencia, sostenida desde los 60, de la sustitución de la figura del arquitecto individual por equipos o grupos de arquitectura es prácticamente definitiva. Incluso aquellos profesionales que anteponen sus nombres, como Mario Roberto Álvarez o Clorindo Testa, en realidad, encabezan numerosísimos estudios, producto de la escala y envergadura inusitadas de los encargos.

Si bien los concursos son espacios óptimos para la indagación y la experimentación y un reducto intelectual para canalizar el debate disciplinar en momentos de crisis cultural y política, también alientan cierta falta de reflexión sobre las posibilidades de gestión y la capacidad de concreción según el desarrollo tecnológico del país. Los resultados, en parte decepcionantes, que producen la concreción de imágenes de avanzada con las que se ganan los concursos culminan a fines de la década en una actitud opuesta: de rechazo a la experimentación.