Supervisión colaborativa y covisión - Leonel Loyden - E-Book

Supervisión colaborativa y covisión E-Book

Leonel Loyden

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Beschreibung

En este libro, el autor comparte su metodología, contenido y actividades de trabajo aplicadas desde el espacio de supervisión en los diferentes niveles formativos de Acompañamiento Terapéutico. El texto contiene experiencias anónimas desarrolladas por los propios estudiantes en los distintos niveles, procurando realizar un acercamiento a la manera en que esta propuesta de supervisión, dentro de los espacios de formación, colabora en el desarrollo y crecimiento de la identidad profesional. Es un libro desafiante, vivo, actual, en donde el autor pone en palabras, señala y hace evidente tantas situaciones que como Acompañantes Terapéuticos, viven a diario. Incluye los aciertos y desaciertos que se dan en las instancias de formación, como los que son propios al ejercicio profesional, en relación con la institución, los equipos, la burocracia, los usuarios, su círculo cercano, etc. Así, invita a reflexionar para tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos como Acompañantes Terapéuticos y como formadores, con acento en el ejercicio ético, y en fundamentar la intervención con el fin de madurar la figura e identidad profesional de forma sistemática y metódica. Nos recuerda que para todo ello, necesitamos del trabajo en equipo, la formación continua, la terapia personal, la supervisión, y por sobre todo, que esta última sea entre colegas.

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Seitenzahl: 230

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Corrección literaria: Astra Correcciones

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Loyden, Leonel Norberto

Supervisión colaborativa y covisión : reflexión sobre el ejercicio profesional entre colegas / Leonel Norberto Loyden. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.

200 p. ; 21 x 14 cm.

ISBN 978-987-708-827-4

1. Acompañante Terapéutico. 2. Salud. 3. Sistemas de Salud. I. Título.

CDD 362.108

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Loyden, Leonel Norberto

© 2021. Tinta Libre Ediciones

Supervisión colaborativa y covisión

Reflexión sobre el ejercicio profesional entre colegas

Leonel Loyden

Dedicatoria

Particularmente, quiero dedicar este libro a todas aquellas personas que creen en la innovación, en quienes aceptan los cambios como algo natural, como nuevos desafíos y que, por más de que muchas veces encuentran obstáculos en los factores externos e internos de la vida, logran sostener —de manera firme y fiel— el convencimiento de transitarlos a modo de aprendizaje. En esta experiencia del vivir, todos necesitamos, en algunos momentos, de personas y circunstancias que nos brinden su luz a modo de espejo, para recordarnos nuestros dones y nos alienten a seguir caminando.

Al mismo tiempo, doy gracias por el amor y las enseñanzas de mi familia de origen, la cual, de manera directa o indirecta, más o menos presente, con límites y tropiezos, me ha ayudado a ser quien soy. Agradezco la incondicionalidad de mi madre que aun hoy, con su desarrollada capacidad artística y marcada creatividad, continúa abrazando la vida; también la autodeterminación, la búsqueda autodidacta y don de gentes de mi padre, quien muchas veces, sin saber, me ha mostrado que siempre hay alternativas y nuevos caminos, y que la amistad, con sus complejidades incluidas, nutre y da sentido a esos nuevos andares. Quiero mencionar también los diversos y múltiples talentos que mi hermana brinda de manera empática y generosa, y a un amigo del alma que, en estos momentos mundiales tan complejos, me brindó un lugar de quietud para poder madurar y encarnar cada palabra de este libro.

A todos ellos,gracias, gracias, gracias.

Índice

Introducción - 11

Capítulo 1

Nivel inicial - 13

¿Supervisar antes de la práctica? - 15

¿Cómo funciona el espacio de supervisión en el nivel inicial de formación del AT? - 17

Actividades - 25

Actividad n.º 1: Cuidado del profesional - 26

Actividad n.º 2: Límites - 29

Actividad n.º 3: Escenas temidas - 33

Actividad n.º 4: Encuadre de prácticas - 37

Actividad n.º 5: Stop - 40

Actividades n.º 6 a n.º 9: Bitácora de prácticas - 44

Actividad n.º 10: Exposición de cierre - 45

Bitácora de lo vivenciado - 47

Actividad n.º 1: Registro - 47

Actividad n.º 2: Límites - 58

Actividad n.º 3: Escenas temidas - 63

Actividad n.º 4: Encuadre de prácticas - 73

Actividad n.º 5: Stop - 73

Actividades n.º 6 a n.º 9: Bitácora de prácticas - 79

Actividad n.º 10: Reflexión de cierre - 96

Capítulo 2

Nivel de orientación específica - 119

¿Para qué supervisar? - 121

¿Quién nos supervisa? - 121

¿Hay formación en supervisión? - 122

¿Qué modelos de supervisión existen? - 122

¿Grupo de reflexión sobre práctica? - 126

Metodología de trabajo: ¿cómo funciona? - 127

Bitácora de lo vivenciado - 133

Capítulo 3

Nivel técnico - 143

PP1 - 144

PP2 - 146

PP3 - 148

Capítulo 4

Formación en Supervisión Colaborativa y Covisión - 149

Antecedentes e inicios - 149

Unidad 1: Cuidado del profesional - 151

Unidad 2:Grupos - 152

Unidad 3: Supervisión - 154

Unidad 4: Covisión - 156

Preguntas frecuentes - 157

Encuadre - 158

Identidad profesional - 163

Derivación ética y cambio gradual - 166

Psicoeducar o ATeducar - 166

Rol docente - 170

Rol promotor - 170

Popurrí de preguntas - 172

Capítulo 5

Temas aleatorios - 175

Cambio gradual de AT - 175

Terapéutica y COVID-19 - 179

Definición - 184

Epílogo - 187

Referencias - 189

Bibliografía - 191

Introducción

Bienvenidos a esta nueva aventura. La intención que trae aparejada la edición de mi segundo libro sobre acompañamiento terapéutico es confiarles a ustedes la manera en que he venido trabajando y formando en estos últimos años desde el rol de supervisor en los diferentes niveles e instancias formativas. También encontrarán la mirada particular que propongo acerca de cómo capacitar a los profesionales y promover la formación de acompañantes terapéuticos (AT) como supervisores de otros colegas.

Como pueden apreciar en el índice, el contenido se encuentra desarrollado en cinco capítulos. En los primeros cuatro capítulos, abordo la planificación y contenido de cada nivel formativo, con su estructura principal, la descripción de las actividades y la funcionalidad de estas. Además, van a descubrir las resonancias de los propios estudiantes durante todo su recorrido, actividad por actividad, a modo de ejemplo y, sobre todo, para poder visualizar con mayor detenimiento el movimiento y la llegada de cada actividad en función de los objetivos de aprendizaje a obtener.

En el último capítulo, el 5, abordo unos temas aleatorios con el fin de reflexionar sobre varios contenidos actuales, para permitirnos el preguntar, recalcular, investigar e innovar. Mi intención no es que compartan mis ideas y propuestas, pero sí me gustaría que lo publicado ayude a abrir puertas o ventanas, para descubrir algo nuevo, reafirmar algo que ya sabe, o refutar y fundamentar otra experiencia o posicionamiento.

Deseo que sea una lectura nutritiva, amena y agradable. Les sugiero que se den un tiempo y un espacio especiales para poder brindar la máxima atención. A disfrutar.

Capítulo 1

Nivel inicial

A la mente del principiante se le presentan muchas posibilidades; a la del experto, pocas.

Shunryu Suzuki - Mente Zen, Mente de Principiante.

Para comenzar a recorrer esta aventura y a modo de disparador, me parece que es útil preguntarnos, teniendo en cuenta la situación actual del acompañamiento terapéutico (at)1, ¿a qué se puede considerar formación inicial dentro de esta área? ¿Cómo está configurada? ¿Cuáles son sus contenidos? De más está decir, y es de conocimiento público, que aun después de décadas y décadas de at en el país, continuamos encontrando gran diversidad de formaciones. Aunque, a mi entender, es indispensable dar lugar a múltiples miradas, abordajes, etc., por lo general, estas formaciones no brindan un contenido teórico-práctico ético mínimo que colabore para el resguardo de los usuarios en su derecho a recibir un servicio profesional de calidad, —pertinente y eficaz—, y menos aún para valorizar y nutrir la identidad profesional de los AT que, por muy paradójico que suene, sigue haciendo mucha falta.

Dado este marco, cuando hablo de “formación inicial” hago referencia a los cursos de un año con una carga horaria teórico-práctica ética mínima, por mencionar cierto consenso, de 100 h teóricas y 80 h de prácticas supervisadas2 o de supervisión de prácticas. De igual manera, desde mi punto de vista, un año de formación con esa carga horaria es insuficiente, no solo para brindar los contenidos y herramientas necesarias para el futuro AT, sino también para algo aún más importante, que es lograr la trasmisión de conocimiento y el compartir desde la docencia, lo que hace posible alcanzar el aprendizaje y el tiempo de maduración necesario dedicado a integrar los contenidos, para apropiárselos y llevarlos con uno mismo. Llevarlos como un tesoro, como un arcón de recursos, como una caja de herramientas para disponer de ellas en cualquier momento, más allá del ámbito de inserción, las particularidades del caso y de los desafíos contextuales de lo cotidiano del acompañado, del posicionamiento teórico, la metodología de trabajo, el liderazgo de cada equipo y las características y normas institucionales.

¿Supervisar antes de la práctica?

Qué oportuno comenzar con este interrogante, ¿no les parece? Es común contar con un espacio de supervisión durante las prácticas profesionalizantes, dentro y fuera del acompañamiento, en otras tecnicaturas y carreras de grado. Ahora bien, ¿es posible pensar y aplicar un espacio dedicado a la supervisión antes de las prácticas profesionales? A mi entender, la respuesta es sí. En este punto es prudente mencionar que existen diversos enfoques de supervisión, por lo cual, para explicar y sostener este espacio previo a las prácticas, hago mención a dos de los tantos roles del supervisor proveniente del modelo social: el rol de promotor y el rol de soporte emocional. Para pensar su importancia en esta instancia de preparación previa, me remito a las palabras de Ángela Hernández Córdoba (2007), quien, a su vez cita a Michael Ungar (2006), y afirma:

El rol de soporte emocional al terapeuta cuando le ayuda a explorar sus vivencias personales, sin que la supervisión se convierta en proceso terapéutico (…) Como promotor de los supervisados y de la innovación de su práctica, los estimula a tomar iniciativas y a transferir sus aprendizajes a sus demás campos de trabajo. (pp. 234-235).

Esto me hace reafirmar la importancia de darle lugar al estudiante para que se ocupe del contenido emocional emergente que transita, propio de su historia de vida y actualidad, abordando temáticas previas a las prácticas que colaboran a generar un cierto nivel de darse cuenta, de conexión, de estar presente y, por sobre todo, para permitir y ampliar el ejercicio de la empatía, la confidencialidad, el vaciamiento y descompresión —tema que abordaré cuando trate el grupo de reflexión de prácticas— con el fin de alivianar un poco la mochila. Aquí no debemos olvidarnos —y muchas veces sucede—, de que el espacio de supervisión no es un espacio de psicoterapia3. Sí es un espacio para realizar ciertos señalamientos y, en caso de ser necesario, abordarlos posteriormente en un espacio de terapia personal, sobre todo cuando esas resonancias emocionales y movilizaciones internas generan un obstáculo en la terapéutica.

El otro rol mencionado, que es el de promotor, conecta con el compromiso ético, por parte del supervisor, de acompañar el proceso del estudiante en todas sus fases evolutivas. En este caso, es la fase de iniciante —tema desarrollado en el Capítulo 4 —, poniendo atención en el seguimiento de dos ejes, tanto de el de contenido emocional ya mencionado y el eje de apoyo técnico y perfeccionamiento profesional—tema desarrollado en el Capítulo 2, grupo de reflexión de prácticas—.

¿Cómo funciona el espacio de supervisión en el nivel inicial de formación del AT?

Si tenemos en cuenta un curso de formación de un año, como mencioné anteriormente, en el cual se brindan, al menos, 100 h de carga teórica y 80 h de prácticas, podemos estructurar dicha formación en dos partes4: la primeraparte, que abarca desde el inicio del curso hasta antes del comienzo de prácticas, y la segunda parte, que es el tiempo acompasado entre la formación teórica y la inmersión en el área profesional por medio de las prácticas hasta el final de estas.

Como parte del encuadre, y para generar una estructura a modo de normas de convivencia dentro de este espacio que sean contenedoras y faciliten el fondo para poder funcionar y desarrollar las competencias necesarias como futuros profesionales, propongo algunas pautas generales. Estas son:

confidencialidad;mente de principiante;autogestión;paralelismo.

La confidencialidad es el punto de inicio para poder compartir y confiar en otro; de lo contrario, sería muy difícil mostrarnos de forma auténtica y permitirnos compartir nuestras motivaciones, alegrías, potencialidades, como así también nuestra propia vulnerabilidad, lo que nos hace ruido, lo que nos daña. Es así como, desde el desafío propuesto de acompañar el proceso entre estudiantes para ejercer nuestra propia exploración y aprendizaje de manera conjunta, iremos familiarizándonos con una parte esencial del proceder profesional, que implica la escucha activa sin presunción de juicios de valor, la observación u observación participante, para tomar el dato de la realidad del estudiante (acompañado) en su contexto. De esta forma y con todo el cuidado y el mimo, procuramos resguardar y atesorar cada detalle de la información referente al acompañado, y solo compartirla con el resto del equipo tratante5 para facilitar la construcción inicial, el desarrollo o el cierre del at. Quiero resaltar algo que es conocido por todos, pero que para mí, en estos inicios de la formación, adquiere un carácter primordial, y es que el secreto profesional es un deber del AT y un derecho del usuario.

La mente de principiante es una mente de aceptación, flexible, sin resistencia, que escucha con amplitud y profundidad, sin juicio, lo cual permite al estudiante transitar por el vacío fértil6 hasta consignar nuevas formas u obtener nuevos aprendizajes. Shunryu Suzuki (1987) sostiene que:

En la mente de principiante no surge el pensamiento “he alcanzado algo”. Todos los pensamientos basados en el propio yo tienden a limitar la vasta mente. Cuando no se abriga ningún pensamiento de logro, ningún pensamiento del propio yo, es cuando uno llega a ser verdadero principiante. (p. 22).

Por sobre todo, esta mente, o disposición a vivir la novedad, ayuda a no rechazar las experiencias de manera prematura; es así como da lugar a los procesos de contacto, exploración y, con ello, a los tiempos naturales de asimilación de las experiencias, sin sentirse demasiado amenazada por lo nuevo.

Por otro lado, haciendo énfasis en la preparación de las prácticas profesionalizantes para el futuro ejercicio profesional, para cualquier at, aventurarse a transitar el denominado vacío fértil también es de gran utilidad a la hora de emprender. Lo digo en el sentido de permitirse esa ansiedad y cierta incertidumbre natural, propias de la novedad que se hace presente en cada encuentro,7 y que, a su vez, hacen evidentes este contacto único e irrepetible en un tiempo presente —en el aquí y ahora—, lleno de posibilidades dispuestas a construir empáticamente el vínculo, el desarrollo del proyecto de vida8 y/o los apoyos justos y necesarios9para esa persona, según su subjetividad y su realidad contextual.

La autogestión. Todas las actividades y dinámicas a realizar serán de manera sugerida, es decir que es el/la estudiante quien decide el modo de participación; puede realizar o no la actividad correspondiente a cada momento de la formación. La intención es que sea protagonista o, al menos, observador, ya que de ambas formas se logra contactar con la experiencia en diferentes niveles y se obtiene así un resonar, un movimiento, un darse cuenta, un aprendizaje.

En todo momento procuro respetar y preservar las vivencias personales, sean estas de resistencia, sean emociones muy emergentes, dando lugar a la opción de compartirlas o no, a modo de vaciamiento y a modo de intercambio y nutrición para el grupo. Es preciso tener la empatía, destreza y atención suficientes para que, a la hora de hacer una devolución, ese compartir sea acorde al emergente y no invada ni dañe el discurso y experiencia del otro estudiante. Esto se logra, en parte, respetando el turno natural de la palabra, aprendiendo a sostener, desde el silencio, un gesto, un suspiro, una palabra o un abrazo. Hay que tener en cuenta que los procesos vitales personales son únicos y no siempre estamos dispuestos a mirarnos y reflexionar. Sin embargo, eso no es un impedimento para vivenciar las dinámicas del espacio de supervisión de la primera parte de la formación. Ahora bien, es necesario que el/la estudiante se permita reconocer ese lugar, sostenerse desde allí de manera presente y actualizada y sentirse merecedor/a de ayuda.

En paralelo con el ejercicio profesional, nuevamente podemos visualizar cómo la autogestión colabora directamente en la maduración e identidad como AT e, inclusive, en el trabajo en equipo. ¿Qué quiero decir con esto? Por supuesto que la autogestión es de gran importancia para poder movernos como AT sin esperar que las cosas vengan dadas en relación a la comunicación, al trabajo en equipo, al funcionamiento institucional, etc. Bien conocemos la cantidad de situaciones en las que no nos sentimos parte, no nos dan lugar o no nos hacemos el lugar, por diferentes motivos. A su vez, esto colabora para salirnos de la excusa del “no me llaman, ¿qué hago?” y ser nosotros mismos los protagonistas. Este protagonismo no tiene que ver con cada uno, sino con que, gracias a este posicionamiento, estaremos sumando en favor de la restitución de los derechos del usuario y como promotores del cambio social. ¿Cómo? Compartiendo la actualidad de lo que acontece en lo cotidiano, acordando actualizaciones en la terapéutica y modificaciones de encuadre en sintonía con ese devenir subjetivo, relacional y contextual al que solo los AT tenemos acceso. Este es un AT político, sin partidismos ni bandera, que, por un lado, favorece a mantener una terapéutica actualizada y, por otro, actúa en favor de la instauración y maduración de la figura profesional.

El otro punto que marcaba en la pregunta anterior era sobre la autogestión y el equipo. Por ejemplo, implementando la escucha activa y el respeto por los turnos de palabra, se puede lograr que lo que acontece en una reunión de equipo tome con mayor facilidad una dirección operativa, que aprovechemos el tiempo en el que nos podemos escuchar, comentar, criticar constructivamente, y lograr así los objetivos de ese espacio, sean cuales fueran. Se trata de una autogestión personal transferida a lo grupal y viceversa, en la que, de manera implícita o explícita, todos tengamos presentes el para qué estamos y hacia dónde vamos.

Es verdad que hay diferentes tipos de equipos en cuanto a distribución de las jerarquías, estilos de liderazgo, toma de decisiones, la estrategia comunicacional, etc. Sin embargo, en todos debería darse una constante dinámica conversacional informal más bien horizontal. Esto no lo sugiero a modo de capricho personal, sino que es comprobable que en aquellos espacios donde se interactúa así, se ve la diferencia; son espacios en los que es más ameno y cercano el encuentro —clase, supervisión, reunión— sin desmerecer la finalidad profesional.

Hay otro punto muy importante y es el entrenamiento y/o conciencia en autorregulación. Esta nos permite tener mayor empatía —al reconocer internamente lo desafiante y complejo que es manejar los propios procesos— y aceptar al menos o algunas veces hasta la posibilidad de comprender —considero que no es siempre posible y necesario— el proceso del acompañado a la hora de manejar los tiempos que hacen al desarrollo del vínculo y el trabajo de los objetivos terapéuticos, donde indefectiblemente se pone en juego la pertinencia de intervención y mala praxis.

¿Cuántas veces, por no realizar un adecuado diagnóstico situacional, por no darnos cuenta de lo que realmente está transitando el acompañado o por no tener en cuenta las variables de su realidad inmediata contextual, insistimos de más y somos nosotros quienes no brindamos los niveles de apoyo justos y necesarios y ponemos en riesgo la adherencia o continuidad del tratamiento? Esta habilidad o pertinencia de intervención se desarrollará inicialmente a partir de las prácticas y, posteriormente, con años de experiencia. Atención: cuando digo “años”, no me refiero a su cronología, sino a los kilómetros recorridos. Eso es lo que va a determinar el grado de experiencia de ese profesional.

Se preguntarán por qué aclaro esto. ¿No les ha pasado coincidir con colegas que les dicen, “yo hace 8 años que soy acompañante”, “yo hace 20 años”. Sí, de acuerdo, no hay duda, pero, ¿cuánto trabajaste? ¿En qué casos? ¿Con qué equipos? Ya que por más años que tengan siendo AT, muchas veces patinan en cuestionas básicas de encuadre, de ética, de armado de informes y un gran etcétera que todos conocemos. Esta crítica la hago, en gran medida, como autocrítica desde mi rol docente y como supervisor, para cada día cuestionarme qué es lo que trasmito y de qué manera, en qué he acertado y en qué continúo fallando, dado que también voy madurando como profesional. Quiero reforzar esta idea de que no nos quedemos ni con los años, punto que ya aclaré, ni con las credenciales. Me refiero a que tenemos que valorar que, después de tantas décadas, el at ha ocupado tanto lugares académicos como institucionales. Pero, al menos yo, me sigo haciendo preguntas, como: ¿en cuántos cursos o incluso en cuántas tecnicaturas del país se está enseñando a ser AT? ¿Se enseñan metodologías de intervención? ¿Y cómo fundamentan la práctica? Aquí es donde me viene la risa, porque son preguntas muy incómodas que les hago a los estudiantes de la formación en supervisión grupal o supervisión colaborativa que doy en formato anual. Dejo esto en suspenso y en el Capítulo 4 les contaré al respecto.

El paralelismo se refiere al ejercicio profesional desde una mirada particular en la que, derivado del contacto vincular, se genera un resonar en nosotros mismos o nos vemos afectados —positiva y negativamente— por la historia de vida y problemáticas del usuario, algunas veces, invitándonos a revisar y actualizar nuestra propia experiencia de vida, incluso en oportunidades posteriores a la instancia de supervisión. Gracias al señalamiento marcado en ese espacio, a veces, es necesario contar con apoyo psicoterapéutico por fuera de este. El apoyo psicoterapéutico funciona como un vehículo que nos permite transitar el camino y abordar en profundidad esa resonancia interna. Posterior a ello, o en conjunto con ello, de la mano de la supervisión y diálogo con el equipo decidiremos si es conveniente o no continuar como AT en ese caso y si se hace necesario plantear una derivación ética con cambio gradual de AT10.

Entendiendo que el acompañado/a nos sirve de espejo, confrontamos pensares, sistemas de creencias, normas, acuerdos sociales, etc. Cada instancia de intervención emerge del contacto en el aquí y ahora, es una situación nueva tras otra, un vació fértil y nos invita a ese encuentro de universos personales y contextuales, transformándose, para quien acepte el desafío, en un aprendizaje mutuo, de ida y vuelta. Merece la pena resaltar que cada quien debe generar el encuentro desde su rol: el AT, como profesional en el espacio de at, ya que el at está dado para el acompañado, su círculo cercano y contexto cotidiano. Eso no nos debería alejar del reconocernos como seres humanos sintientes, sensitivos y expuestos al devenir del vivir, que nos genera cambios y fluctuaciones, muchas veces, inesperados, sin darnos cuenta, a los que la vida nos enfrenta. Esta mirada permite generar un gran respeto y gratitud hacia la persona y sistema familiar que acompañamos, como si fueran maestros que se hacen presentes en nuestra vida.

Gracias a ellos nos desafiamos diariamente.

Gracias a ellos aprendemos diariamente.

Gracias a ellos podemos ser empáticos y ayudar.

Gracias a ellos desarrollamos nuestro don y vocación.

Gracias, gracias, gracias.

Actividades

Vamos paso a paso. Durante la primera parte de la formación inicial, además de las clases teóricas, se brinda un espacio de supervisión mensual en el cual abordamos diferentes temas que facilitan la comprensión experiencial y la integración de parte del contenido teórico que se va desarrollando. Todo esto con el fin de que, al momento de iniciar las prácticas, el estudiante llegue lo más preparado posible. No obstante, siendo realistas, aun con esta preparación hay cuestiones que son inevitables e imposibles de anticipar, y que emergen claramente en la práctica.

Para construir esta aproximación, utilizo una serie de actividades que presento en un orden específico y que enumero y describo a continuación, con el detalle de la estructura de cada una y su intencionalidad. Considero necesario emplear estas actividades a los fines de facilitar la preparación de este primer contacto o acercamiento a esos momentos tan especiales en la formación, que son las prácticas profesionales, las que, muchas veces, vienen cargadas de instancias sumamente motivadoras, y otras, por el contrario, más bien frustrantes, que generan impotencia. Es decir, se presentan múltiples factores, tanto eustresores como distresores.

La descripción y explicación de cada una de las actividades ayudará a comprender mejor su sintonía con los dos roles del supervisor previamente mencionados.

Actividad n.º 1: Cuidado del profesional

Actividad n.º 2: Límites

Actividad n.º 3: Escenas temidas

Actividad n.º 4: Encuadre de prácticas

Actividad n.º 5: Stop

Actividades n.º 6 a n.º 9: Bitácora de prácticas

Actividad n.º 10: Exposición de cierre

La primera parte abarca el paso previo a las prácticas y se desarrollan desde la actividad n.º 1 a la n.º 5. En cambio, en la segunda parte, nos dedicamos de lleno a abordar el contenido emocional emergente y la articulación teórica, junto con el perfeccionamiento técnico. Incluye desde la actividad n.º 6 hasta la actividad n.º 10 de reflexión en la exposición de cierre.

Actividad n.º 1: Cuidado del profesional

En el primer encuentro se hace la presentación del encuadre del espacio de supervisión como se describió anteriormente, en cuanto a las normas internas de funcionamiento y pautas de convivencia. Además, se presenta la línea de tiempo en la que se comparte el contenido e intencionalidad de la primera parte del año con los temas a abordar. También se enuncian los temas y las actividades de la segunda parte del año, correspondientes, sobre todo, a acompañar el proceso del estudiante durante su práctica profesional.

Es muy importante que en este primer encuentro, además de realizar la presentación del encuadre y la línea de tiempo, aprovechemos para dar inicio al contacto grupal, para “romper el hielo” y para que los estudiantes comiencen a conocerse entre sí, con la intención futura de que, poco a poco, puedan ir generando un sentimiento de pertenencia e identidad grupal. Para ello, se pueden utilizar infinidad de dinámicas de grupo que sean adecuadas para dicho grupo y dicha etapa de la formación.

Como actividad n.º 1, a desarrollar de un mes para el siguiente, se empieza por el cuidado del profesional —tema que fue ampliamente abordado en mi primer libro, Actualidad, notas y reflexiones (2019)— con el fin de que el estudiante —en el caso de no tener, o ampliar, en el caso de ya traer— comience a desarrollar un sendero, un camino hacia la mirada interna y generar el hábito de crear y sostener un registro personal. A continuación, les comparto el enunciado de dicha actividad.

Instrucciones

Leer el archivo adjunto, encuadre de supervisión, a modo de recordatorio de las premisas de trabajo que nos acompañarán durante todo el año, y para resolver cualquier duda que emerja.

Comenzar a utilizar el cuaderno de registro y registrar lo que sucede a nivel ambiental, corporal y emocional, al menos, una vez al día. Es necesario que añadan el objetivo, el para qué de cada situación que esté siendo registrada. Por ejemplo: me encuentro caminando por la plaza en dirección al trabajo; siento el frío y bullicio de la ciudad, estoy ansioso por llegar temprano a la reunión. La actividad es de tránsito, caminata, y mi objetivo es llegar puntualmente.

Una vez realizado el registro de todo el mes, dicha actividad debe ser presentada un día antes del próximo encuentro de supervisión. Importante: el cuaderno de registro es personal; para poder evaluarlos, necesito un resumen a modo de reflexión de lo acontecido durante ese mes. Ni yo, ni ningún otro estudiante, ni ningún miembro del equipo tendrán acceso a su diario. En cambio, yo seré el único miembro del equipo que tendrá acceso a la reflexión presentada como resumen de la actividad. En el caso de ser una elección voluntaria, se podrá socializar y poner en común la experiencia vivida en la siguiente supervisión.

Ahora, pensemos, ¿para qué nos puede servir esta actividad? Recuerden que cada una de las actividades propuestas tiene su conexión ineludible con la preparación del estudiante a la futura práctica profesional. Por un lado, realizar un registro personal es un buen punto de inicio para abordar, más adelante, el autocuidado del profesional, dado que la premisa del autocuidado es registrar a tiempo o de manera preventiva los propios malestares y, de esta manera, prevenir el burnout, la traumatización vicaria, etc. Y también sirve para generar el hábito de observar y observarse ampliamente y tener la familiaridad de apuntar, de hacer el registro en el cuaderno de campo —o en una app de notas en el celular o en un automensaje por WhatsApp— mientras realizamos el acompañamiento, ya que nos será de gran utilidad a modo de disparador clave a la hora de realizar un informe oral o escrito, formal o informal, o como apoyo para llevar y compartir el contenido en una reunión de equipo y, por supuesto, en la supervisión.

Otra característica importante de esta actividad es pensar en el para qué. De esta forma, se invita a ir descubriendo los objetivos que vamos realizando en el día a día y en paralelo al ejercicio profesional. Esto se une a tener en cuenta los objetivos del proyecto de vida con una marcada intención terapéutica. Es esta misma intención terapéutica la que nos da un sentido y nos ubica y posiciona como AT y no como cualquier otro actor. Es decir que no es por capricho, por sentido común, por creatividad o por experiencia y/o recorrido que hacemos lo que hacemos, sino que parte desde un sentido terapéutico desarrollado desde la tríada sujeto, círculo cercano y profesionales de apoyo.

El qué, por ejemplo, podemos entenderlo como una actividad de la vida diaria o una actividad institucional. El para qué, como objetivos del proyecto de vida11 del usuario o plan personalizado de apoyo. El cómo