Syriza - Antonio Martín Cuesta - E-Book

Syriza E-Book

Antonio Martín Cuesta

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Beschreibung

La victoria de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) puede significar el principio de un nuevo tipo de políticas en el que la dignidad de los ciudadanos y la soberanía de Grecia sean los ejes centrales de actuación, en lugar de la obstinada sumisión a los dictados de las instituciones europeas y los poderes financieros. Este libro analiza la formación política griega Syriza y su historia, como una nueva forma de hacer política en Europa.

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Seitenzahl: 159

Veröffentlichungsjahr: 2015

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Akal / A Fondo

Antonio Cuesta Marín

Syriza

El anuncio de algo nuevo

Es pronto para escribir una valoración futura sobre el gobierno de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) y, al mismo tiempo, hace falta ser muy cuidadosos para no convertir su ejemplo en la clave del éxito o del fracaso de lo que puede acontecer en otros países de la Unión Europea. Porque el proceso abierto en Grecia plantea demasiadas incertidumbres, sometido como está a unas tensiones tremendas, para poder expresar certeza alguna, aun a pesar de las evidencias favorables.

Pero lo que está en juego no es tanto la suerte de los helenos, sino del futuro de Europa en su conjunto. Si la voluntad popular expresada en las urnas solo puede ser contrarrestada por una secuencia de amenazas, ultimátums y chantajes, el resultado será el fracaso moral, político y económico de la Unión Europea actual. Si, por el contrario, existe margen para llevar a cabo políticas sociales centradas en los ciudadanos, se habrá iniciado el camino para la regeneración del proyecto europeo.

Antonio Cuesta Marín (Madrid, 1969), es periodista y escritor. Corresponsal de la agencia de noticias Prensa Latina en Grecia desde 2011 (anteriormente lo fue en Túnez y en Turquía) y miembro del consejo editor del diario digital Rebelion.org, su último libro publicado es Solidaridad y autogestión en Grecia. La hora de las alternativas (2014).

Diseño de portada

RAG

Director de la colección

Pascual Serrano

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota editorial:

Para la correcta visualización de este ebook se recomienda no cambiar la tipografía original.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Antonio Cuesta Marín, 2015

© Ediciones Akal, S. A., 2015

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-4216-7

PRESENTACIÓN

Silencio, que vamos a despertar a los griegos.

Cartel en la Puerta del Sol de Madrid el 15 de marzo de 2011

Estamos despiertos. ¿Qué hora es? ¡Ya es hora de que se vayan!

Pancarta [en español] expuesta durante una concentración de 100.000 personas en torno a la Asamblea Nacional griega el 25 de mayo de 2011

El pasado 25 de enero, por primera vez desde la victoria del Frente Popular en España en 1936, un partido más a la izquierda que los socialdemócratas tradicionales occidentales ganaba las elecciones en un país europeo.

Para entender la situación en que se encontraba Grecia hay que presentar algunos datos de los que se manejan en este libro. Cifras que parecen mostrarnos un país que hubiera sufrido un conflicto bélico o una catástrofe excepcional. O quizás es que, en muchas ocasiones, el capitalismo es algo similar a ello. Una reducción del 26 por 100 del PIB (un tercio de la producción industrial), una disminución del 75 por 100 del volumen de negocio de las pequeñas empresas y la construcción, una pérdida del 40 por 100 del poder adquisitivo de los ciudadanos, un desempleo del 27,5 por 100. En dos años los salarios bajaron un 32 por 100; un tercio de los empleados privados cobran 300 euros o menos al mes; la mitad de los trabajadores no tienen contrato ni Seguridad Social; 350.000 hogares tuvieron que subsistir sin suministro eléctrico por no poder pagarlo; un 43,5 por 100 de las familias reconocían no poder asumir sus gastos corrientes; un tercio –otras fuente hablan del 47 por 100– de los griegos no tiene cobertura médica, y los hospitales se negaban a entregar a los niños recién nacidos a sus madres si no pagaban el coste de la asistencia del parto.

Según un estudio presentado en 2014 en el Congreso de la Confederación Sindical Internacional, en Berlín, Grecia se encontraba entre «los peores países del mundo para trabajar». Con la misma clasificación que el último clasificado de América Latina –Guatemala–, Arabia Saudí, Bangladesh, Nigeria o Qatar. Entrar en el euro para que los trabajadores acaben como en Nigeria.

El derrumbe económico que Grecia sufre desde hace seis años es comparable al que cuatro años de destrucciones militares y una ocupación extranjera infligieron a Francia durante la Primera Guerra Mundial y la caída de su PIB es similar a la sufrida por Alemania durante esa misma guerra, entre 1913 y 1919.

Pero ello no es ningún problema para el capitalismo. Se diría que al contrario, porque, mientras sucedía eso, la Bolsa de Atenas crecía un 50 por 100 en los cuatro meses en que la producción industrial descendía un 8,9 por 100 y los activos quinientos multimillonarios griegos alcanzaban el 24 por 100 del PIB del país.

Y, sin embargo, lo más impresionante de todo lo sucedido en el país que más familiarizado está con la palabra «democracia» es la absoluta pérdida de su soberanía, para convertirlo en colonia de quienes han demostrado que su concepto de la economía solo es el del saqueo para desplazar los recursos de un pueblo a un grupo de bancos. Gracias a la intervención de esa troika, la deuda griega ha pasado del 129,7 por 100 del PIB al 175 por 100.

Ahora, con el gobierno de Syriza, Europa –no solamente Grecia– se asoma al reto de demostrar que otra economía es posible. Y lo curioso es que esa otra economía no necesariamente se refiere a un modelo totalmente estatalista o de nacionalización extrema, como parecen advertir los neoliberales recalcitrantes. Bastaría que fuese humano. Trescientos economistas de todo el mundo pedían que las instituciones europeas escucharan al nuevo gobierno griego. Entre ellos, los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz.

El nuevo gobierno de Syriza se ha planteado como primer reto devolver la dignidad y la soberanía a unos griegos humillados por una troika que ha impuesto sus políticas mediante gobiernos serviles. Sus primeros gestos fueron elocuentes: reunión con el embajador de China, protesta por no haberle consultado las sanciones a Rusia y terminar con muchas de las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos anteriores.

Este nuevo libro de la colección A Fondo, Syriza. El anuncio de algo nuevo, nos ayudará a comprender cómo llegó Grecia a esa situación, de dónde procede esa gran esperanza que es Syriza, y cuál ha sido su trayectoria junto a la izquierda griega. Igualmente, con humildad y con rigor, intenta presentar los retos y dilemas a los que se enfrentará.

Porque varias cosas ha aprendido la izquierda: que solo tomando la calle se puede tomar el gobierno, que solo tomando el gobierno se pueden iniciar los cambios, y que solo volviendo a tomar la calle se puede mantener a un gobierno valiente y ayudarle (u obligarle) a cumplir con sus promesas. Por eso, por primera vez, hemos visto a un pueblo manifestándose en las calles apoyando a su gobierno. El gobierno de Alexis Tsipras no lo tendrá fácil, toda una artillería financiera y política apunta contra él. Tienen miedo no de que mejore las condiciones del pueblo griego, sino de que muestre otro camino a los europeos y deje más en evidencia el latrocinio de la troika. Unos europeos que han perdido la confianza en su clase política y sus instituciones y que saben que ya tienen poco que perder. Todo ello, premisas muy adecuadas para un cambio de rumbo del que bien podríamos tomar nota en España.

Nuestro autor, Antonio Cuesta Marín, lleva cuatro años viviendo en Grecia como corresponsal de la agencia Prensa Latina. Ha estado viviendo e informando día a día acerca de cómo ese país y ese pueblo se iba hundiendo. Y ahora comienza a contarnos desde Atenas la esperanza de Syriza.

Pascual Serrano

INTRODUCCIÓN

Grecia, hora cero

Desde que en mayo de 2010 el gobierno griego de Yorgos Papandréu firmara el primer memorando de préstamo con la troika (formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), muchas cosas han sucedido en el país y ninguna de ellas buena. Cierto es que desde el gobierno conservador de Antonis Samarás se llevaba meses anunciando la recuperación de los datos macroeconómicos y la paulatina «salida del túnel» en el que se encontraba (y se encuentra) el país. Pero los datos de la economía real no ayudaban a sostener ese optimismo si se atendía, entre otras, a cuestiones como el altísimo índice de desempleo, el aumento de la pobreza, la caída de la producción industrial o el creciente número de personas que iban quedando fuera del sistema público sanitario.

En esa coyuntura, las elecciones del 25 de enero de 2015 podrían significar un punto de inflexión con respecto a las políticas llevadas a cabo en los últimos cinco años y que han conducido a la ruina moral y económica de los dos grandes partidos, Nueva Democracia (ND) y el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK, por sus siglas en griego), quienes durante cuarenta años han monopolizado el control de las instituciones y gestionado los asuntos públicos en beneficio de la elite económica, con unos resultados socialmente catastróficos.

ND obtuvo un 27,8 por 100 de los votos y el exsocialista PASOK, ahora convertido en neoliberal, un insignificante 4,6 por 100. El principal partido opositor, el izquierdista Syriza, aumentó su base electoral en un 35 por 100 desde las elecciones legislativas de junio de 2012, mediante la acumulación de los votos de los sectores populares y la clase media baja, duramente castigada por las políticas de austeridad impuestas por la troika.

Syriza es el resultado de 15 años de trabajo entre numerosos grupos políticos que deambulan por la fragmentada izquierda griega, y en 2012 supo canalizar el enorme descontento popular y las dinámicas sociales emergentes que sacudían al país y que habían mostrado su fuerza en el movimiento de los indignados en la plaza de Syntagma, frente al Parlamento, durante el verano de 2011 y al calor del 15-M español.

Como recuerda el jurista griego Antonis Broumas, investigador de las interacciones entre el derecho, la tecnología y la sociedad, «es la primera vez desde la revolución española de 1936 que un partido de izquierda gana las elecciones en Europa»[1]. Eso significaría que estamos hablando no solo de un cambio histórico en Europa y de su posible influencia en otros países, sino también del compromiso y la responsabilidad que le corresponden a Syriza a la hora de llevar adelante su gobierno.

Una propuesta que, en todo caso, está confeccionada de acuerdo a políticas moderadas, pero que de hecho constituye un cambio de rumbo radical respecto a la ortodoxia neoliberal que se ha consolidado en la UE y en las instituciones globales. Básicamente en torno a un pacto social basado en dos puntos: un plan de salvación humanitaria para paliar las consecuencias que las medidas de austeridad han causado en los sectores más débiles, y un plan para renegociar la deuda pública griega con sus acreedores.

Syriza debió recurrir a un pacto de legislatura con el partido conservador-nacionalista Griegos Independientes (ANEL), ante la imposibilidad de hacerlo con el Partido Comunista de Grecia (KKE), lo que podría significar el principio de un nuevo tipo de políticas en el que la dignidad de los ciudadanos y la soberanía del país fueran los ejes centrales de actuación, por encima de diferencias ideológicas.

En todo caso, el resultado electoral dejó claros dos aspectos: que el pueblo griego ya no tiene miedo a las amenazas ni a los vaticinios agoreros de los apologetas del neoliberalismo, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones de junio de 2012; y que la confianza y la ilusión de la gente no está en absoluto ganada solo con la victoria electoral, por lo que Syriza se encuentra ante un reto crucial. Si consigue sacar adelante al menos las cuestiones más acuciantes que afectan al pueblo griego, esta nueva etapa no servirá meramente de ejemplo para muchos pueblos de Europa, sino que ayudará a disolver la negra sombra del fascismo que cubre el continente y comenzará a escribir otra historia.

Para muchos, el éxito de Syriza no se puede concebir sin el apoyo del movimiento social desarrollado durante los años de la crisis. Pero, por extraño que pueda parecer, este ascenso ha estado ligado a dos años de reflujo de las organizaciones populares, como si hubiera tenido lugar una especie de trasvase de la energía mostrada en las calles hacia la vía electoral-institucional. Para Broumas tres son los factores que han llevado a esta desmovilización: «Las propias contradicciones internas y limitaciones de las organizaciones; los límites externos, impuestos por el mismo Estado y el sistema neoliberal, la represión y la criminalización de la protesta; y la fragmentación existente entre las organizaciones y el movimiento popular». Por ello, tras el momento de la victoria se hace más necesario que nunca un escenario de unidad, por encima de cuestiones basadas en la identidad ideológica, para poder llevar adelante medidas profundas que logren verdaderas transformaciones.

Ante un gobierno al que le toca iniciar un nuevo camino por recorrer, y que tiene muchas incógnitas por despejar, se hace también preciso analizar sus propuestas iniciales y el posible desarrollo que pueden tener en el futuro. Y sobre todo porque la ventana abierta en Grecia puede resultar oportuna para otros países europeos donde están surgiendo iniciativas y alternativas políticas al actual sistema de democracia representativa, con la perspectiva de dar voz a los ciudadanos.

La politización de la base social no solo está fortaleciendo a los partidos de izquierda o a las nuevas formaciones en los países de la periferia, sino que está desarrollando alianzas estratégicas entre estos y los movimientos sociales debido al saqueo neoliberal y a sus políticas de austeridad, que han creado situaciones de empobrecimiento y pérdida de derechos similares.

La victoria de la izquierda en Grecia ha despertado en toda Europa, e incluso fuera de ella, las esperanzas de cambio en un continente malacostumbrado a políticas impuestas de espaldas a los ciudadanos, y abre la posibilidad de una vía alternativa, en la que los pueblos sean los protagonistas.

[1] «Entrevista a Theodoros Karyotis y a Antonis Broumas», Notas, 21 de enero de 2015 [http://notas.org.ar/2015/01/21/solo-la-movilizacion-permitira-que-syriza-pueda-hacer-cambios-profundos/ (consultado el 20/02/2015)].

I

LA IZQUIERDA GRIEGA: UNA HISTORIA MARCADA POR LA DIVISIÓN

Los griegos, más emocionales que racionales, deben repensarse a sí mismos si quieren sobrevivir en el mundo moderno.

Nikos Dimou, La desgracia de ser griego.

Cuando a primeras horas de la mañana del 17 de noviembre de 1973 los tanques de la Dictadura de los Coroneles derribaron la puerta de acceso a la Universidad Politécnica de Atenas, no solo rubricaron una de las páginas más negras de la historia reciente de Grecia, sino que iniciaron la cuenta atrás para la llegada de la democracia y, con ella, una fractura en la izquierda del país que desde entonces no ha podido ser enmendada.

El Partido Comunista de Grecia (KKE) había sido el eje vertebrador de la lucha antifascista contra la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los principales actores en la guerra civil que enfrentó entre 1944 y 1949 a monárquicos, con el apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, contra las unidades de partisanos que habían liberado Grecia de los ejércitos nazis. Pero la derrota militar de las fuerzas republicanas supuso la persecución y encarcelamiento de todos los dirigentes comunistas, además del ajusticiamiento de muchos de ellos, así como la prohibición del partido y cualquier tipo de actividad que pudiera ser considerada comunista bajo la Ley 504 de 1948. Asimismo, militantes y sospechosos de simpatizar con esta ideología fueron apartados de cualquier puesto en el sector público y sometidos a un estricto sistema de vigilancia.

Con el pretexto de la «amenaza comunista», el 21 de abril de 1967 un grupo de coroneles de extrema derecha llevó a cabo un golpe de Estado en Grecia, estableció una Junta Militar y prohibió todo tipo de derechos y libertades. Un año después la dirección del KKE, radicada en el exterior, sufrió un nuevo golpe, esta vez en su seno, motivado por los efectos de la denominada Primavera de Praga, donde el intento renovador de los dirigentes checoslovacos fue ahogado por la Unión Soviética. Varios dirigentes del Comité Central del KKE fueron expulsados por no seguir fielmente las directrices marcadas por Moscú y ello dio lugar a la creación de un partido comunista clandestino en Grecia, que pasó a denominarse KKE (interior).

Esta fracción buscó un enfoque más pluralista del socialismo y comenzó a estrechar lazos con el Partido Comunista de Italia (PCI) y con otros en Europa que iniciaban entonces lo que llegaría a ser la corriente eurocomunista. A pesar de las dificultades, la organización llevó a cabo su lucha política contra el régimen dictatorial en Grecia mediante sabotajes, huelgas y pequeñas manifestaciones, amparándose en el Frente Panhelénico Antidictatorial (PAM, por sus siglas en griego) y en su ala juvenil, la Organización Comunista de la Juventud de Grecia (EKON). Su actividad favoreció el acercamiento a otros grupos de izquierda y democráticos dentro del país.

El fin de la Junta Militar, en julio de 1974, y la legalización de todos los partidos políticos conllevó la presencia de dos partidos comunistas en el arco electoral del país y, además, la aparición de una nueva organización que se denominaba socialista y que con el paso del tiempo llegaría a marcar el ritmo político del país, el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) fundado por Andreas Papandréu. En las elecciones legislativas del 17 de noviembre de ese año, los dos partidos comunistas e Izquierda Democrática Unida concurrieron en coalición y obtuvieron el cuarto puesto (9,5 por 100 de los votos y 8 escaños), inmediatamente después del PASOK (13,6 por 100 y 12 escaños). Sin embargo, esta colaboración solo duró los tres años de la primera legislatura. A partir de ese momento ambas tendencias se mantuvieron distantes, salvo durante el breve paréntesis que supuso el gobierno de Konstantino Mitsotakis y el posterior de concentración nacional, ambos en 1989.

El gran beneficiado electoralmente durante ese periodo fue el KKE, que en las siguientes convocatorias consiguió en solitario unos resultados siempre cercanos o superiores al 10 por 100 de los votos. Mientras, el KKE (interior) no logró alcanzar ni siquiera el 3 por 100, quedando incluso fuera de la Asamblea Nacional en 1981 pese a presentarse en coalición con otras cuatro formaciones, en lo que se llamó la Alianza de la Izquierda y el Progreso.