Tejiendo rutas - Héctor Carvacho - E-Book

Tejiendo rutas E-Book

Héctor Carvacho

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Tejiendo rutas. Perspectivas para un Chile con equidad de género, del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), es una invitación a reflexionar sobre los desafíos actuales y futuros de nuestro país. Fruto de un trabajo interdisciplinario basado en evidencia y orientado a un público general, visibiliza y analiza las fuentes y mecanismos que subyacen a la formación y persistencia de las desigualdades de género en cinco dimensiones —las interacciones sociales, el ámbito educativo, el mercado del trabajo, la política y el territorio—, así como también identifica buenas prácticas que pueden contribuir a reducirlas, constituyéndose como una verdadera herramienta para superarlas. Este libro pone a disposición de lectores y lectoras importantes estudios, reflexiones y evidencia de aquello que falta aún para vivir en una sociedad donde no haya discriminación de género y que, por lo tanto, responda en plenitud a los ideales democráticos. Es una cartografía imprescindible de las prioridades y urgencias, un modo de visibilizar y describir la desigualdad de género en diferentes ámbitos de nuestra cotidianidad. Paula Escobar. Periodista y Directora Cátedra Mujeres y Medios Universidad Diego Portales. La mirada feminista no implica solamente sumar derechos, sino que, inevitablemente, interroga lo que existe. El feminismo nace como pregunta, por eso aborda tantos registros de la realidad: económicos, sociales, sexuales y culturales. Este libro da cuenta de lo que queda por recorrer y, a la vez, da indicios de que esta es una revolución larga, porque junto con la tendencia de cambio social, suelen existir tendencias regresivas —conscientes o inconscientes— que llevan a mantener el statu quo. Constanza Michelson. Psiconoanalista, escritora y editora de Revista Barbarie.

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Seitenzahl: 431

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Primera edición, fce Chile, 2023

Héctor Carvacho, Bárbara Flores, Gloria Jiménez-Moya, Paola Jirón y Catherine Reyes-Housholder (editores)

Tejiendo rutas. Perspectivas para un Chile con equidad de género / ed. e introd. de Héctor Carvacho…[et al.] ; pról. de Paula Escobar. Santiago de Chile : fce, coes, 2023

243 p. ; 23 × 17 cm – (Colec. Tezontle)

ISBN 978-956-289-308-4

1. Mujeres – Chile – Condiciones sociales – Siglo xxi 2. Mujeres – Chile – Condiciones laborales – Siglo xxi 3. Mujeres – Educación – Chile – Siglo xxi4. Mujeres en la política – Chile – Siglo xxi 5. Mujeres – Condición jurídica, leyes, etc. – Chile – Siglo xxi 6. Migración interna – Mujeres – Chile I. Carvacho, Héctor, ed. II. Escobar, Paula, pról. III. Ser.

LC HQ1527Dewey 305.4 T754

Este proyecto fue posible gracias al apoyo brindado por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (coes), proyecto fondap Nº 15130009 de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (anid) del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile.

Distribución mundial para lengua española

© Bárbara Flores Arenas

© Catherine Reyes-Housholder

© Gloria Jiménez-Moya

© Héctor Carvacho García

© Paola Jirón Martínez

D.R. © 2023, Fondo de Cultura Económica Chile S. A.

Av. Paseo Bulnes 152, Santiago, Chile

www.fondodeculturaeconomica.cl

Fondo de Cultura Económica

Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

www.fondodeculturaeconomica.com

Coordinación editorial: Fondo de Cultura Económica Chile S. A.

Diagramación: Gloria Barrios A.

Edición: Ángeles Quinteros

Imagen de portada: Ales Villegas

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra —incluido el diseño tipográfico y de portada—, sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de los editores.

ISBN 978-956-289-308-4

ISBN digital 978-956-289-313-8

Diagramación digital: ebooks Patagoniawww.ebookspatagonia.com

ÍNDICE

PrólogoUna cartografía imprescindiblePaula Escobar

IntroducciónDesafíos actuales para la equidad de género en ChileHéctor Carvacho, Bárbara Flores, Gloria Jiménez-Moya, Paola Jirón, Florencia Olivares y Catherine Reyes-Housholder

SECCIÓN 1INTERACCIONES INTERPERSONALES Y GRUPALESEditor: Héctor Carvacho

Capítulo 1Las raíces del sexismo: una mirada multinivel a la formación y mantención de las jerarquías de géneroHéctor Carvacho, María Angélica Mora, Gloria Jiménez-Moya, Valentina Paredes y Francisco Pino

Capítulo 2Las paradojas de la intimidad durante la pandemia. La experiencia del tiempo cotidiano como prisma de las transformaciones de género en el Chile actualDariela Sharim

Capítulo 3Confrontando el sexismo: ¿qué sabemos y qué podemos hacer?Michelle Bernardino

SECCIÓN 2EDUCACIÓNEditora: Gloria Jiménez-Moya

Capítulo 4Sexismo en las aulas: normas sociales y mecanismos que reproducen la desigualdad de género en el contexto educativoGloria Jiménez-Moya, Sarah Paz, Marais del Río y Camila Contreras

Capítulo 5Sesgos de género en la autoeficacia y participación cívica escolarJaviera Bruna

Capítulo 6Educación No Sexista (ens): una propuesta de transformación para las escuelasFundación Niñas Valientes

SECCIÓN 3TRABAJOEditora: Bárbara Flores

Capítulo 7¿Cómo afecta la llegada del primer hijo/a las trayectorias laborales de padres y madres? Un análisis multidimensional usando el índice de calidad del empleoJuan Pedro Eberhard

Capítulo 8Cuidados y participación laboral: un análisis diferenciado por géneroBárbara Flores y Francisca Ortiz

Capítulo 9Una cañería rota: estereotipos de género en la carrera de mujeres economistas en la academia chilena Roxana Chiappa

Capítulo 10Desafíos presentes y futuros para las mujeres en el mercado laboral en ChileGabriel Cruz, Pablo Egaña y Luis Valenzuela

SECCIÓN 4POLÍTICAEditora: Catherine Reyes-Housholder

Capítulo 11Democracia y género en ChileCatherine Reyes-Housholder

Capítulo 12Brechas de género en interés políticoIsabel Castillo, Rodolfo Disi y Felipe Sánchez

Capítulo 13Paridad: ¿una Constitución por y para mujeres?Anabel Yanes-Rojas y Michelle Hafemann

SECCIÓN 5TERRITORIOEditora: Paola Jirón

Capítulo 14Zurcir desde los cuidados. Prácticas espaciales que reconocen, resisten y reparan vidas y territoriosPaola Jirón

Capítulo 15Habitar la exclusión y el racismo. Mujeres inmigrantes residentes en el norte del país durante la pandemia Yasna Contreras y Carolina Stefoni

Capítulo 16Mujeres y espacios públicos: de ausencias y miedos. Un análisis de las brechas de acceso y uso del espacio público y oportunidades para su inclusiónPaz Concha

Biografías

PRÓLOGO

UNA CARTOGRAFÍA IMPRESCINDIBLE

Paula Escobar Chavarría*

Es cierto: en cuanto a los derechos de las mujeres, los avances son notables, pero queda mucho camino por recorrer. Esto también es cierto. En el debate público actual, a veces prima la idea de que son tantos los logros, que lo que queda se irá solucionando solo, como si su avance constituyera un cambio social imparable. Así lo expresan las voces contrarias a la acción afirmativa, lo cual, siendo una postura legítima, a veces se enarbola desde la descalificación, como asumiendo que la búsqueda de la igualdad de derechos esconde el interés de un grupo por aumentar su poder de maneras contrarias a la meritocracia.

La realidad es que lo que falta es mucho, y existen retrocesos y amenazas nuevas. No se puede caer en la trampa de dar por solucionadas las brechas que persisten ni de pensar que se irán resolviendo solas. En primer lugar, porque los pendientes que existían se han agudizado producto de la pandemia, que golpeó mucho más fuertemente a las mujeres: al cálculo del World Economic Forum de que tomaría 100 años llegar a la igualdad, se le agregaron 36 años. ¡136 años si no se hace nada! ¿Cuántas generaciones de niñas tendrán que vivir en un mundo donde la violencia de género campea, donde los salarios y acceso a cargos de toma de decisiones son más reducidos en razón del género, o donde las labores de cuidado están masivamente sobre las espaldas de mujeres y niñas?

Por otro lado, el auge de los radicalismos de ultraderecha ha traído un backlash político contra el feminismo, pues han hecho de la lucha por la igualdad de género un blanco político. Así, hemos visto que tanto Trump como Bolsonaro, por citar dos liderazgos de este sector, han enarbolado banderas antifeministas y antigualdad de género. Esto amenaza a algunos consensos transversales obtenidos con mucho esfuerzo, y cambios culturales mayores pueden sufrir una regresión.

Tejiendo rutas: Perspectivas para un Chile con equidad de género, realizado por investigadores e investigadoras del COES, justamente acierta en poner a disposición de lectores y lectoras importantes estudios, reflexiones y evidencia de aquello que falta aún para vivir en una sociedad donde no haya discriminación de género y que, por lo tanto, responda en plenitud a los ideales democráticos. Es una cartografía imprescindible de las prioridades y urgencias, un modo de visibilizar y describir la desigualdad de género en diferentes ámbitos de nuestra cotidianidad.

El libro, organizado en cinco dimensiones (interacciones sociales, contexto educativo, ámbito laboral, esfera política y dimensión territorial) explica la persistencia de esta desigualdad sin quedarse solo en el diagnóstico, sino que también ofrece recomendaciones para enfrentar este problema —desde buenas prácticas a políticas públicas propiamente tales— y avanzar. Así, una pluralidad de voces y disciplinas va configurando distintas miradas y posibles soluciones en pos del avance en materia de igualdad de género. Particularmente lúcidos son aquellos capítulos en los que se enfrenta la importancia de partir desde la infancia con una educación no sexista y sin estereotipos de género. En el capítulo 6, por ejemplo, la Fundación Niñas Valientes presenta un modelo de Educación No Sexista (ENS) que busca generar contextos educativos igualitarios, libres de estereotipos y sesgos de género.

Muy interesante, y relacionado con lo anterior, es la descripción de conceptos que no están suficientemente claros en el debate público e, incluso, en el privado, pero que son responsables de perpetuar estereotipos y sesgos de género, como es el pensar que hay ciertas actitudes y conductas propias de las mujeres y, otras, de los hombres. Me refiero al llamado sexismo benevolente, es decir, “actitudes que podrían ser consideradas positivas, pero encasillan a la mujer en un estereotipo y en ciertos roles”. Tal como se explica en el libro, cuando en 2021 se preguntó la opinión respecto a la afirmación “las mujeres tienden a ser más refinadas y a tener un mejor gusto que los hombres”, más de la mitad de los hombres (64%) y mujeres (56%) respondió que estaban de acuerdo o totalmente de acuerdo. Destaca el alto porcentaje de mujeres de acuerdo (47%) y totalmente de acuerdo (36%) con la afirmación “las mujeres deberían ser queridas y protegidas por los hombres”, con porcentajes similares a los hombres, alcanzando el 53% y 39%, respectivamente.

El sexismo benevolente es menos evidente que el hostil, pero causa un daño profundo, pues perpetúa ideas que en la práctica esencializan las características de cada género. Y, tal como dicen las autoras, las estadísticas “sugieren una percepción generalizada de la mujer como un sexo más débil que el hombre”. Esto sigue manteniendo viva la perniciosa idea de que el poder es un dominio masculino, pues deja a las mujeres recluidas al ámbito de lo privado, como intrusas o arrendatarias en el mundo de lo público, como dice la periodista española Pepa Bueno.

Esto tiene como correlato los estereotipos que vemos en la cobertura mediática de las mujeres en el poder, tan a menudo descalificadas en razón de su familia, afectos o apariencia. Y es que, tal como se analiza en el primer capítulo, las mujeres siguen asociadas a “una baja competencia (p. ej., se perciben como poco eficaces e inteligentes) y una alta sociabilidad (p. ej., se perciben como cuidadoras y afectuosas), generan emociones como la pena y la negligencia, esto es, falta de cuidado y despreocupación hacia ellas. En cambio, los hombres, que son considerados un grupo con altos niveles de competencia, son admirados”. Como dicen sus autoras y autores, estos estereotipos “permiten que los grupos considerados de alto estatus mantengan el poder, lo que puede influir en que surjan conductas de daño pasivo hacia las mujeres, las que implican una desatención y vulneración de sus demandas, necesidades y derechos”.

Los hombres, al poder; las mujeres, a la casa. O a los cuidados no remunerados (ni visibilizados, ni pagados). De aquello también se hace cargo este volumen, pues hay allí una necesidad imperiosa de valoración y también de compartir entre los géneros el cuidado de quienes no pueden hacerlo por sí solos: niños y niñas, personas mayores, con enfermedades o discapacidad, en gran medida, cuidadas por mujeres que a menudo deben dejar sus trabajos remunerados para hacerlo. El capítulo 2, que se basa en la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT, 2015), señala que las mujeres en promedio dedican alrededor de 5,9 horas diarias a trabajos no remunerados, mientras que los hombres solo cerca de 2,7 horas. “De aquí que el tiempo parezca estar entonces `generizado´: una experiencia masculina más lineal, y una femenina en la que se traslapan actividades del mundo del trabajo y del ámbito privado”. Si estas labores fueran remuneradas, equivaldrían al 25% del PIB, y a pesar de que durante la pandemia quedó en evidencia que sin el trabajo de quienes cuidan, nada funciona, el patrón ha vuelto a ser el mismo en términos de no ser valorado ni pagado, y con poco avance en cuanto a corresponsabilidad.

Por último, este libro también se hace cargo de nuevas realidades que debemos enfrentar como país, como es el caso de la discriminación recibida por las mujeres migrantes. “La falta de recursos y redes sociales hacen que sus situaciones sean particularmente vulnerables”, dicen las autoras, quienes describen las realidades de estas mujeres que viven en carpas cerca del mar o en campamentos de zonas periféricas.

Tejiendo rutas: Perspectivas para un Chile con equidad de género aborda, en definitiva, las temáticas permanentes en cuanto a igualdad de género, pero también las nuevas, a la vez que aporta visiones interdisciplinarias, brinda diagnósticos y también soluciones posibles, convirtiéndose en un libro urgente para el debate nacional. Porque, convengamos: 136 años para alcanzar la igualdad es una vergüenza que no podemos aceptar.

* Paula Escobar Chavarría es periodista y columnista en La Tercera y CNN, Profesora Titular UDP y Directora de la Cátedra Mujeres y Medios.

INTRODUCCIÓN

DESAFÍOS ACTUALES PARA LA EQUIDAD DE GÉNERO EN CHILE*

Héctor Carvacho, Bárbara Flores, Gloria Jiménez-Moya, Paola Jirón, Florencia Olivares y Catherine Reyes-Housholder

El género, entendido como la construcción social que establece cómo las personas deben comportarse y relacionarse en función de su sexo, continúa siendo en la actualidad una barrera para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Los mandatos y roles de género dictan cómo deben ser hombres y mujeres, sus gustos, ocupaciones, conductas, las carreras que deben estudiar y los trabajos a los que pueden optar, entre innumerables aspectos. Estos mandatos y roles, lejos de responder a diferencias innatas o naturales, son fruto de procesos sociales que las construyen desde la primera infancia. Niños y niñas viven procesos disímiles de socialización que moldean sus motivaciones y aspiraciones, y son entrenados muchas veces de forma implícita y sutil para asumir distintos roles en la sociedad. Estas diferencias tempranas generan desigualdad y discriminación, produciendo brechas que se mantienen y perpetúan en la adolescencia y en la vida adulta.

A pesar de los numerosos progresos en igualdad de género a lo largo del último siglo, y de la demanda persistente e intensa por mayor celeridad en estos avances de parte de la ciudadanía, de distintas instituciones y de algunas autoridades, lo cierto es que la desigualdad y la discriminación hacia las mujeres sigue siendo un hecho persistente en Chile y alrededor del mundo. Los mandatos y roles tradicionales de género están anclados en procesos automáticos y muy arraigados en la sociedad, por lo que, aunque existe una creciente intención de eliminarlos, el cambio social es un proceso complejo y lento, que necesita múltiples herramientas para poder hacerse efectivo. Cambios que promuevan efectivamente la igualdad de género requieren de acciones en diversos niveles, desde intervenciones que apunten a modificar creencias individuales, hasta el diseño de políticas públicas que aborden las causas estructurales de la desigualdad.

Por ello, es necesario que desde la academia se visibilice, describa y explique la desigualdad de género que tiene lugar en diferentes ámbitos y dimensiones de nuestra cotidianidad. Este libro es una de estas herramientas que puede contribuir a esta tarea, presentando una radiografía de la desigualdad y las brechas de género en Chile. Con una perspectiva interdisciplinaria, discute cómo la desigualdad sigue estando presente en cinco dimensiones críticas del desarrollo de las personas —interacciones sociales, contexto educativo, ámbito laboral, esfera política y dimensión territorial— a través de 16 capítulos que abordan no solo literatura científica y casos de estudio, sino también ofrecen recomendaciones para actuar en pos de la igualdad entre hombres y mujeres.

En un contexto social complejo y cambiante, la ciencia y la academia deben responder a las demandas de la ciudadanía generando aportes útiles para comprender los orígenes y mecanismos que perpetúan la desigualdad de género, así como recomendaciones y soluciones para construir sociedades más igualitarias, en las que hombres y mujeres puedan desarrollarse integral y libremente, sin el peso del género y sus mandatos.

Este libro se estructura en cinco secciones, enfocadas en comprender la emergencia y continuidad de las desigualdades, y en describir los efectos concretos que estas tienen en las vidas y trayectorias de las mujeres. En particular, aborda los desafíos actuales en equidad de género en Chile a través de (i) una descripción de las desigualdades de género existentes en diversas dimensiones, (ii) una explicación de los mecanismos que subyacen a la formación y persistencia de estas, y (iii) la identificación de buenas prácticas y políticas públicas que pudieran contribuir a reducir las disparidades de género.

En la primera sección, el foco está en describir dinámicas de sexismo que ocurren en las interacciones interpersonales y grupales, los procesos que subyacen a estas, las condiciones que facilitan esos procesos, y los efectos sobre hombres y mujeres. Adicionalmente, esta sección propone estrategias efectivas para intervenir en este tipo de interacciones y reducir las dinámicas sexistas. El capítulo 1, de Héctor Carvacho, María Angélica Mora, Gloria Jiménez-Moya, Valentina Paredes y Francisco Pino, contiene una revisión de los antecedentes del sexismo que distingue mecanismos que operan a diferentes niveles de análisis: individual, interpersonal, intergrupal, institucional y cultural. Asimismo, presenta algunas intervenciones, basadas en evidencia, que permiten reducir la discriminación hacia las mujeres.

En el capítulo 2, Dariela Sharim revela los resultados de una investigación que explora la vivencia del tiempo, la intimidad y el trabajo en el contexto de la pandemia. Sus resultados muestran cómo la pandemia intensificó la experiencia del tiempo en las personas, agudizando inequidades y generando respuestas emocionales diferenciadas por género: los hombres lo viven con agobio y las mujeres con culpa.

Michelle Bernardino, en el capítulo 3, se enfoca en el rol de la confrontación del sexismo. Discute cómo esta puede tener efectos importantes en la reducción de las conductas sexistas, principalmente en hombres, pero esto depende de una serie de factores psicológicos que facilitan que la confrontación sea efectiva. Además, problematiza los costos que deben pagar las personas que lo hacen, y enfatiza la relevancia de que hombres y mujeres se involucren en estas acciones.

La segunda sección se focaliza en estudiar la desigualdad entre hombres y mujeres y visibilizar los sesgos sexistas en el contexto educativo, proponiendo modelos igualitarios. A pesar de que las instituciones escolares y universitarias constituyen uno de los mejores espacios para formar jóvenes en igualdad —ya que en este ambiente, los y las estudiantes aprenden e interiorizan valores sociales y normas de convivencia—, el ámbito educativo sigue perpetuando la desigualdad de género a través de numerosos mecanismos.

En el capítulo 4, Gloria Jiménez-Moya, Sarah Paz, Marais del Río y Camila Contreras describen prácticas sexistas que suelen ser automáticas e inconscientes, y, por ende, pasan desapercibidas. Estos mecanismos contribuyen a que se perciba a niños y niñas de forma diferenciada, y se esperen de ambos grupos diversos resultados y rendimientos académicos, de acuerdo a estereotipos tradicionales y creencias biologicistas que establecen distinciones innatas entre hombres y mujeres.

En línea con ello, en el capítulo 5, Javiera Bruna describe cómo los sesgos de género presentes en el contexto escolar trascienden lo académico, afectando la socialización política de género y la participación cívica. Esto, porque la participación política de hombres y mujeres empieza a fraguarse desde la adolescencia, y el contexto escolar puede generar condiciones diferenciadas que repercuten en la participación política futura. Los estudiantes hombres muestran más intención de participación, aunque, paradójicamente, son las estudiantes mujeres quienes presentan un mayor conocimiento político.

Finalmente, en el capítulo 6, la Fundación Niñas Valientes presenta un modelo de Educación No Sexista (ens) que busca generar contextos educativos igualitarios, libres de estereotipos y sesgos de género, subsanando las brechas identificadas a lo largo de la sección. Así, se vuelve necesaria una intervención tanto institucional, curricular, como relacional en las instituciones educativas para frenar prácticas sexistas, considerando aspectos como los reglamentos internos y los manuales de convivencia, así como el uso de espacios, juegos y materiales, entre otros ámbitos.

En la tercera sección, se abordan las brechas y desafíos existentes en el mercado del trabajo, ahondando en aspectos culturales, barreras y potenciadores para trayectorias femeninas exitosas, y algunas proyecciones para avanzar con equidad. En el capítulo 7, Juan Pedro Eberhard expone los efectos de la llegada del primer hijo/a en el mercado laboral. Utilizando datos de la Encuesta de Protección Social de Chile, compara la realidad de padres y madres primerizos/as, encontrando un efecto de maternidad diferenciado según el nivel educativo: para mujeres de baja escolaridad, se observa un aumento en la privación de la calidad, efecto que no se observa en mujeres de mayor educación o en hombres.

Bárbara Flores y Francisca Ortiz, en el capítulo 8, analizan los determinantes de la participación de hombres y mujeres cuidadores en el mercado laboral. Bajo la óptica de la ética de los cuidados y con datos del Estudio Longitudinal Social de Chile, las autoras encuentran que las mujeres cuidadoras presentan una menor probabilidad de participar en el mercado laboral respecto a una mujer sin personas a su cargo, pero que es comparable en otras características; esto no sucede para el caso de los hombres, para quienes cuidar no determina su participación laboral.

En el capítulo 9, Roxana Chiappa analiza las trayectorias laborales de 10 mujeres economistas, ahondando en un campo tradicionalmente mascu­linizado. A través de entrevistas semi-estructuradas, identifica códigos y prácticas existentes relacionadas a estereotipos de género que podrían estar impidiendo la entrada de mujeres en la academia y su promoción, al favorecer un habitus masculino en la disciplina; mientras que, como un gran facilitador y potenciador, se identifica a la red académica que puede construir una mujer en su carrera.

Cerrando la sección, en el capítulo 10, Gabriel Cruz, Pablo Egaña y Luis Valenzuela presentan los desafíos presentes y futuros para las mujeres en el mercado laboral: los tradicionales, como la participación laboral y la división sexual del trabajo, y los emergentes, que provienen del surgimiento de la economía digital o gig economy, el teletrabajo, la automatización y la rápida calibración de la demanda por nuevas habilidades. Finalmente, proponen políticas públicas integrales, novedosas y pro equidad de género para preparar a las y los trabajadores para los desafíos del futuro.

La cuarta sección se enfoca en las desigualdades históricas de poder político entre hombres y mujeres. En el capítulo 11, Catherine Reyes-Housholder argumenta la necesidad de incorporar la variable de género al abordar el concepto de democracia. Con una incorporación tardía al voto entre las décadas de los treinta y cincuenta, y con brechas persistentes en cuanto a representación en diversos espacios de la política —el Congreso, los gabinetes y los municipios—, la historia política de la democracia en Chile se ha visto marcada por la ausencia de mujeres y voces femeninas. Si bien se han logrado avances significativos en la última década, específicamente con las presidencias de Michelle Bachelet, el resurgimiento del movimiento feminista en 2018 y la paridad en la Convención Constituyente de 2021-22, este progreso nunca está garantizado.

En el capítulo 12, considerando la participación política como pilar fundamental para la democracia, Isabel Castillo, Rodolfo Disi y Felipe Sánchez, indagan en los efectos de género sobre interés en la política para explicar diferencias en cuanto a participación efectiva. Sus hallazgos indican que las diferencias sobre interés político por variables como nivel educacional, son más significativas que las diferencias de género. Esto sugiere que la subrepresentación de las mujeres en la política chilena no se debe a que ellas no estén interesadas en esta, sino que podría responder a factores institucionales o de acceso a recursos necesarios para involucrarse en ella.

Asimismo, en el capítulo 13, Anabel Yanes-Rojas y Michelle Hafemann abordan la dimensión de representación, otra piedra fundamental de la democracia, a través de uno de los mayores hitos a favor de la igualdad en Chile: la instalación de la paridad en la Convención Constituyente de 2021-22. A partir de ello, las autoras analizan la relación entre la representación descriptiva (la presencia de las mujeres) y la sustantiva (artículos pro mujer) a lo largo del proceso constituyente, y encuentran que esta paridad sí llevó a artículos explícitamente pro mujer y/o feministas en el texto que fue rechazado el 4 de septiembre de 2022 por un amplio margen. Se verá si en el futuro, el proceso constituyente se caracterizará también por la democracia paritaria y sus posibles efectos.

La quinta sección aborda, por medio de tres escritos, las formas en que el territorio y el espacio se imbrican en las diferencias de género con relación a los migrantes, el espacio público y en las prácticas de cuidado. En el capítulo 14, Paola Jirón exhibe la importancia de reconocer las actividades de cuidado y, en particular, la relevancia que juegan los territorios en estas, especialmente, en la ciudad de Santiago.

En el capítulo 15, Yasna Contreras y Carolina Stefoni presentan las dificultades que han tenido que vivir mujeres migrantes durante la pandemia en nuestro país. La falta de recursos y redes sociales hacen que sus situaciones sean particularmente vulnerables. Se describen tres situaciones: una en la ciudad de Iquique, donde hay mujeres que habitan en carpas en el borde costero; áreas centrales o pericentrales en campamentos de Alto Hospicio; y campamentos en zonas periféricas de Alto Hospicio. En los tres casos, se especifica la situación particular de las mujeres y cómo las desigualdades de género se profundizan en los escenarios de mayor vulnerabilidad.

Finalmente, en cuanto al espacio público, en el capítulo 16 Paz Concha plantea las dificultades que las mujeres viven al acceder a este, principalmente, en términos de seguridad y vulnerabilidad en ellos. A partir de esto, se sugieren formas de mejorarlos para disminuir la desigualdad que viven las mujeres en su acceso.

Las secciones que componen este libro representan dimensiones que, empíricamente, se han constatado como relevantes para el estudio de género. Efectivamente, el Estudio Longitudinal Social de Chile (elsoc) del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (coes), ha permitido realizar un diagnóstico de las brechas de género en Chile. A través de diversas estadísticas descriptivas, es posible evidenciar importantes diferencias entre hombres y mujeres, y su evolución entre los años 2016 y 2021 para los cinco ejes temáticos del libro: interacciones sociales, educación, trabajo, política y territorio.

elsoc es una encuesta longitudinal y representativa de la población adulta residente en zonas urbanas de Chile. Desde 2016 ha encuestado y seguido en el tiempo a casi 3.000 personas, lo que permite analizar la estabilidad o los cambios en sus características socioeconómicas, percepciones, actitudes y conductas a lo largo de los años. Esta particularidad y las temáticas tratadas, hacen que elsoc sea un estudio único en Chile y en América Latina.

Los módulos de elsoc abordan un conjunto de temas referidos al conflicto y la cohesión social en Chile; específicamente, se indaga sobre el barrio y la comunidad, participación ciudadana, actividad política y democracia, redes e interacciones sociales, situación ocupacional, actitudes hacia los roles de género y sexismo, salud y bienestar, entre otros. Así, elsoc constituye un instrumento singular que permite elaborar modelos comprensivos de la realidad chilena, incorporando información contextual geoespacial y social. Adicionalmente, la encuesta faculta la realización de análisis estadísticos diferenciados entre hombres y mujeres.

Interacciones interpersonales y grupales

La pandemia por Covid-19 ha traído consigo consecuencias que han afectado mayormente a las mujeres, en especial en cuanto a su participación en actividades sociales presenciales. Por ejemplo, previo a la pandemia, más mujeres que hombres asistían a una reunión de interés público y lo hacían con mayor frecuencia. Sin embargo, esto se revierte hacia el año 2021. En particular, en 2016 el 22% de las mujeres asistió más de dos veces a una reunión de interés público, pero en 2021 solo el 9% de ellas lo hizo. En comparación, el año 2016, el 15% de los hombres fue más de dos veces a este tipo de reuniones, y su participación solo se redujo a 12% en 2021.

La movilidad también se vio limitada producto de las restricciones sanitarias impuestas por la autoridad, y esto se tradujo en menos visitas a la casa. No obstante, los hombres redujeron menos sus visitas que las mujeres después de la pandemia. Mientras que el porcentaje que recibía amigos más de dos veces al año en 2016 era de un 56% para los hombres, este era de un 60% para las mujeres; esto se redujo solo a 42% en el caso de los hombres, y a 26% en el de las mujeres en 2021. Esta evidencia sugiere que estas últimas han sufrido mayores limitaciones en sus interacciones sociales presenciales producto de la pandemia por Covid-19.

Adicionalmente, se pueden extraer diferencias en las visiones que tienen hombres y mujeres respecto a sus oportunidades, responsabilidades y roles de género. Por ejemplo, cuando se pregunta la opinión respecto a la afirmación: “Una sociedad ideal requiere que algunos grupos estén en una posición superior y otros en una posición inferior”, se observan diferencias por sexo. Entre los años 2016 y 2019, el porcentaje de hombres que estaba de acuerdo disminuyó de 27% a 24%, y para las mujeres, la disminución fue de 20% a 17%. Es decir, los hombres estarían más orientados a la dominancia social que las mujeres. No obstante, no se observan diferencias por sexo cuando se pregunta la opinión respecto a las afirmaciones: “Debiéramos trabajar para dar a todos los grupos la misma oportunidad de tener éxito”, o “deberíamos hacer todo lo posible por igualar las condiciones de diferentes grupos”. El año 2019, un tercio de hombres y mujeres señaló estar totalmente de acuerdo, y casi dos tercios afirmó estar de acuerdo con dichas afirmaciones.

También se pueden analizar indicadores sobre sexismo benevolente o actitudes que podrían ser consideradas positivas, pero encasillan a la mujer en un estereotipo y en ciertos roles. Por ejemplo, cuando el año 2021 se preguntó la opinión respecto a la afirmación: “Las mujeres tienden a ser más refinadas y a tener un mejor gusto que los hombres”, más de la mitad de los hombres (64%) y mujeres (56%) respondió que estaban de acuerdo o totalmente de acuerdo. Destaca el alto porcentaje de mujeres de acuerdo (47%) y totalmente de acuerdo (36%) con la afirmación “las mujeres deberían ser queridas y protegidas por los hombres”, con porcentajes similares a los hombres, alcanzando el 53% y 39%, respectivamente. Estas estadísticas sugieren una percepción generalizada de la mujer como un sexo más débil que el hombre, manteniendo una estructura masculina del poder.

En el caso de los indicadores de sexismo hostil o actitudes de discriminación en contra de la mujer, también se observa una amplia aceptación entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el porcentaje acumulado de quienes el año 2021 estuvieron de acuerdo y totalmente de acuerdo con la frase: “En nombre de la igualdad, muchas mujeres intentan conseguir ciertos privilegios” es de un 71% de los hombres y 67% de las mujeres. De manera similar, la afirmación “generalmente, cuando una mujer es derrotada limpiamente, se queja de haber sufrido discriminación” es ampliamente aceptada entre hombres (61%) y mujeres (56%). Estos resultados indicarían que la sociedad, como un todo, presenta conductas discriminatorias contra las mujeres, sin detenerse a considerar otras características con las que podrían destacar en la esfera pública.

Educación

Chile cuenta con altos niveles de escolaridad respecto a otros países de América Latina, y además ha cerrado la brecha en cobertura en matrículas de educación primaria, secundaria y superior. En general, análisis previos han indicado desafíos en resultados y trayectorias educativas que han perpetuado una división sexual del trabajo y mantenido una baja proporción de mujeres en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (más conocidas como stem por sus siglas en inglés).

Cuando se analizan los años de escolaridad reportados por las personas en elsoc, se observa que, en promedio, los hombres cuentan con medio año más de educación que las mujeres. En 2016, las mujeres mostraban 11,5 años de escolaridad promedio, mientras que los hombres aproximadamente 12 años. Para ambos grupos, esta variable aumentó a lo largo del tiempo, pero la diferencia de medio año de escolaridad se ha mantenido. Es así como en 2021 las mujeres presentaban 12 años de escolaridad promedio, indicador que para los hombres alcanzó 12,5 años.

En cuanto a los análisis sobre movilidad intergeneracional en educación, los resultados indican que, efectivamente, la escolaridad del padre y de la madre está altamente correlacionada y de manera positiva con la escolaridad alcanzada por los hijos y/o hijas. Esto indicaría una baja movilidad social por educación en Chile. No obstante, no existen diferencias según sexo, lo que indica que la educación de la generación anterior influiría de igual manera a hombres y mujeres. Naturalmente, análisis cuantitativos más sofisticados son necesarios para poder identificar efectos causales, pero estos resultados preliminares invitan a las y los investigadores a plantear nuevas hipótesis y a desarrollar estudios que permitan reflexionar sobre este tema.

También se analizaron algunos indicadores de sexismo, tales como sentir un mayor compromiso con las personas del mismo sexo, opinar que la familia y amigos esperan éxito laboral o que los hijos/as sean prioridad, y que la familia sufre cuando la mujer tiene un trabajo a tiempo completo. Los análisis muestran que, de hecho, la escolaridad estaría correlacionada de manera negativa, pero en una magnitud similar para hombres y mujeres. Por ejemplo, un año más de educación estaría relacionado con una disminución de tres puntos porcentuales en la probabilidad de sentir un mayor compromiso con las personas del mismo sexo. También, para hombres y mujeres, ocurre que un año más de educación estaría asociado a una disminución de dos puntos porcentuales en la probabilidad de estar de acuerdo con que la familia y amigos esperan que los hijos/as sean prioridad. Nuevamente, se invita a los investigadores a profundizar los análisis aquí expuestos. De todas maneras, la evidencia presentada da ciertas luces positivas acerca de la educación como instrumento para avanzar hacia la equidad de género.

Trabajo

Históricamente, los hombres han tenido una mayor presencia en el mercado del trabajo remunerado y las mujeres han predominado en la esfera privada, realizando trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Desde los años sesenta se observa una entrada masiva de las mujeres al mercado laboral, explicada, principalmente, por los mayores niveles de escolaridad, el acceso a anticonceptivos orales que permitieron posponer o evitar la maternidad, y el desarrollo de tecnologías para el hogar que liberaron horas de trabajo doméstico para destinarlas a otras actividades.

Durante las últimas décadas, en Chile se ha avanzado en el cierre de brechas de género en términos de acceso y cobertura en educación, pero es en el mercado laboral donde siguen persistiendo importantes diferencias entre hombres y mujeres, particularmente, en cuanto a participación y condiciones de trabajo. Los datos de elsoc así lo demuestran. Sistemáticamente, la proporción de mujeres que trabajan o buscan trabajo es menor que la de los hombres. El año 2016, el 84% de los hombres participaba en el mercado laboral, y solo el 53% de las mujeres lo hacía. Mientras la participación de los hombres se mantuvo estable en torno al 85% hasta el año 2021, las mujeres han mostrado mayores fluctuaciones, principalmente debido a la pandemia por Covid-19. No obstante, existe una tendencia creciente en su participación laboral, alcanzando un 57% en 2021.

También existen diferencias entre hombres y mujeres en el ámbito de la empleabilidad. Del total de mujeres que participaba en el mercado laboral el año 2016, el 92% se encontraba trabajando, porcentaje que ha disminuido en el tiempo, ya que durante 2021, solo el 85% estaba empleada. En el caso de los hombres, la variación fue positiva, pasando de un 89% de empleados en 2016 a un 91% en 2021.

Al analizar la evolución del ingreso promedio por hora según sexo, ajustado por inflación para hacerlo comparable entre años, se observa una brecha sistemática a favor de los hombres. Desde 2016 hasta 2021, los hombres que trabajan obtienen un salario promedio de 4.000 pesos por hora, y las mujeres han mostrado un leve incremento desde 3.400 a 3.700 pesos por hora en promedio, lo que sugiere una brecha salarial por sexo cercana al 20% en beneficio de los trabajadores hombres.

Las horas semanales de trabajo no son la excepción al momento de presentar diferencias por sexo. En promedio, en los hombres estas han aumentado desde 40 a 42 horas entre 2016 y 2021. En contraste, las mujeres han visto disminuido su tiempo en el trabajo desde 35 a 30 horas a la semana en promedio. Estos datos evidencian cómo las mujeres han debido ajustar el uso de su tiempo para dar respuesta a diversas contingencias, particularmente, la mayor demanda por trabajo doméstico y de cuidados que surgió debido a la pandemia por Covid-19 y que aún no se supera completamente. Lo anterior es consistente con el porcentaje de trabajadores de jornada completa, alcanzando el 75% de los hombres y el 55% de las mujeres en 2021.

Muchas veces, la rigidez del trabajo formal no permite conciliar los requerimientos del trabajo remunerado y las necesidades del hogar. Una consecuencia negativa de esto, es que las mujeres prefieren optar por trabajos informales, que son más precarios y sin seguridad social. Esto se observa a través del porcentaje de trabajadores que tiene contrato formal, el cual ha disminuido para hombres y mujeres, pero en mayor medida para ellas. En efecto, en 2016, el 73% de trabajadores hombres y el 63% de trabajadoras mujeres contaba con contrato formal. Luego, en 2021, se puede observar que estas cifras bajaron a un 68% en el caso de los hombres y a un 54% en el de las mujeres. Sin duda, esta evidencia presenta grandes desafíos para el diseño de políticas que puedan resguardar la seguridad social de los trabajadores, especialmente, para las mujeres que, en tiempos de crisis, se vuelven más vulnerables.

Política

La equidad de género en participación política es beneficiosa en cuanto permite a las mujeres expresar sus opiniones, visiones y necesidades que, históricamente, habían estado invisibilizadas por tratarse de un ámbito dominado por los hombres. En este marco, resulta relevante analizar diferencias entre hombres y mujeres y los cambios ocurridos a través del tiempo en distintas formas de participación en política, tales como manifestaciones sociales, inscripción en partidos políticos o ejercicio del derecho a voto.

Cuando se pregunta si se ha asistido a una marcha o manifestación política, se encuentran diferencias entre hombres y mujeres, pero se ha ido cerrando la brecha a través del tiempo. Efectivamente, hacia el año 2016, mientras que el 14% de los hombres había asistido a marchas o manifestaciones pacíficas, solo el 9% de las mujeres lo hacía, con una diferencia de cinco puntos porcentuales, que es estadísticamente significativa. En 2018, con el llamado “mayo feminista”, no se vio un aumento de participación en marchas o manifestaciones pacíficas: 7% de los hombres y 8.5% de las mujeres lo hizo, con una diferencia que no es estadísticamente significativa. Luego, hacia el año 2021 —post estallido social de 2019 y pandemia por Covid-19 de 2020— se observó que solo un 7% de los hombres y 5.8% de las mujeres participó en una marcha o manifestación pacífica, y esta diferencia de 1,2 puntos porcentuales tampoco es estadísticamente significativa. La expresión a través de cacerolazos es mayor para hombres y mujeres. En 2019, año del estallido social, el 29% de los hombres y el 31% de las mujeres señaló haber caceroleado, es decir, un tercio de la población, independiente del sexo, manifestó su malestar golpeando las ollas. Hacia 2021, el 20% de los hombres y el 23% de las mujeres volvió a cacerolear.

En cuanto a la opinión respecto al derecho a voto, las mujeres manifiestan con mayor intensidad estar de acuerdo con la afirmación: “Votar es mi deber como ciudadano”. De hecho, en 2016, el 81% de las mujeres adultas de Chile señaló estar de acuerdo, frente al 72% de los hombres. No obstante, el año 2019, con el estallido social, se observa un aumento significativo en la percepción de deber ejercer el derecho a voto, ya que el 88% de los hombres y el 92% de las mujeres señaló que votar era su deber como ciudadano o ciudadana. Es interesante analizar también las percepciones respecto a la influencia del voto. En 2016 se preguntó a las y los encuestados si estaban de acuerdo con la afirmación “mi voto influye en el resultado”, con lo que el 72% de los hombres y el 75% de las mujeres señaló concordar. Estos porcentajes aumentaron en 2019, alcanzando un 82% para los hombres y un 90% para las mujeres. En 2021, se aprecia un mayor optimismo para los hombres, ya que el 85% de ellos continúa señalando que su voto influye en los resultados, pero el porcentaje disminuyó para las mujeres a 82%.

Por otro lado, la participación política activa, entendida como la pertenencia y militancia a un partido político, también presenta diferencias por sexo. Esta variable se observa en el año 2016, en el que el 10% de los hombres y solo el 5% de las mujeres señaló pertenecer a un partido político. Hacia 2018, disminuyeron levemente estos porcentajes, alcanzando un 8% para los hombres y un 4% para las mujeres. elsoc no contiene esta variable para años posteriores, limitando los análisis después del estallido social. No obstante, las personas han ido incrementando su interés en la política a través del tiempo. Cuando se pregunta si se tiene interés en la política, el 28% de los hombres y el 21% de las mujeres contestaba afirmativamente el año 2016. Hacia 2021, existe un aumento significativo para las mujeres: el 36% de ellas se mostró interesada en política, mientras que el 33% de los hombres respondió de manera similar.

Finalmente, la correlación entre el sexo y variables de percepción y participación políticas resulta ser estadísticamente significativa en modelos que controlan por educación, edad, ingreso del hogar, situación ocupacional y composición del hogar. A iguales condiciones, las mujeres tienen 15 puntos porcentuales más que los hombres en la probabilidad de señalar que votar es su deber, y 16 puntos porcentuales más que los hombres en la probabilidad de indicar que su voto influye en el resultado. En contraste, las mujeres tienen 26 puntos porcentuales menos que los hombres en la probabilidad de participar en un partido político. Algo que se destaca, es que no existen diferencias entre hombres y mujeres en la intención de voto en las elecciones presidenciales y en la participación en el plebiscito de entrada para una nueva Constitución en 2020. Las próximas rondas de elsoc permitirán seguir analizando el interés, participación y percepciones en política.

Territorio

El contexto territorial también tiene un rol sobre las diferencias entre hombres y mujeres en aspectos como el uso de los espacios públicos, acceso a bienes y servicios, y movilización en la ciudad y entre países. El módulo sobre territorio en elsoc permite analizar esta temática. Por ejemplo, se pregunta sobre los niveles de satisfacción con la seguridad del barrio de residencia, así como también con la conectividad, áreas verdes y de recreación disponibles, limpieza y belleza. También se indaga sobre la satisfacción respecto a la proximidad del barrio al lugar de la actividad principal, colegios de buena calidad, comercio y familiares y/o amigos. Estas preguntas son fundamentales para países como Chile, donde existe una importante segregación socioeconómica que puede afectar de manera diferenciada a las mujeres.

En cuanto a seguridad en el barrio, hacia el año 2016 existían pequeñas diferencias por sexo. El 49% de los hombres y el 45% de las mujeres señalaba sentirse seguro en su barrio de residencia. En 2019, este indicador mejoró y ya no se observaban brechas por sexo: el 62% de hombres y mujeres afirmó estar satisfecho con el nivel de seguridad del barrio.

Por otro lado, los niveles de satisfacción con la conectividad que tiene el barrio son altos para hombres y mujeres, pero mientras han aumentado para los primeros, estos han disminuido para las segundas. El año 2016, 75% de los hombres y 71% de las mujeres estaban satisfechos con este aspecto. Sin embargo, hacia 2021, el 81% de los hombres declara tener buena conectividad, frente a un 69% de las mujeres.

Al mirar la satisfacción de hombres y mujeres con las áreas verdes y de recreación disponibles en el barrio, se observa que el 55% de ellos y el 53% de ellas se sentían satisfechos el año 2016; hacia 2019, las mujeres se mantienen en 53% y los hombres disminuyen levemente a 51%. Porcentajes similares se encuentran en los niveles de satisfacción con la limpieza y belleza del barrio a través del tiempo. Preocupa que casi la mitad de las personas no estén satisfechas con las áreas verdes y de recreación del barrio o con la limpieza y belleza, dado que se ha demostrado que son factores protectores de la salud física y mental, especialmente en tiempos de crisis, como la pandemia por Covid-19.

El acceso a bienes y servicios se puede analizar a través de la satisfacción de las personas con la proximidad de su barrio de residencia a diversos puntos de interés. Por ejemplo, hacia el año 2019, el 62% de los hombres y el 66% de las mujeres señalaron estar satisfechos con la proximidad de su barrio al lugar de la actividad principal que realizaban. Estos cuatro puntos porcentuales de diferencia no resultan ser estadísticamente significativos. Tampoco se observan diferencias por sexo en la satisfacción con la proximidad a colegios de buena calidad, pues el 70% de hombres y mujeres señaló estar satisfecho. Sí se encuentra una diferencia significativa de seis puntos porcentuales en el porcentaje entre hombres (76%) y mujeres (70%) que declara estar satisfecho con la proximidad del barrio a áreas de comercio, resultado que podría estar relacionado con el sexo de quien realiza las compras para el hogar y que valdría la pena profundizar en estudios futuros.

También se estudió la correlación entre el sexo y las variables de satisfacción con el barrio controlando por otros factores, tales como educación, edad, ingreso del hogar, situación ocupacional y composición del hogar. A iguales condiciones, las mujeres tienen cinco puntos porcentuales más que los hombres en la probabilidad de tener alta satisfacción con las áreas verdes del barrio. Asimismo, tienen 13 puntos porcentuales más que los hombres en la probabilidad de utilizar transporte público, pero ocho puntos porcentuales menos que ellos en la probabilidad de tener una alta satisfacción con la conectividad del barrio. Así, nuevos análisis se proponen para analizar con mayor profundidad el uso de los espacios públicos, considerando las necesidades que tienen hombres y mujeres, y así poder proponer políticas que permitan ir avanzando en equidad territorial con enfoque de género.

* Este capítulo contó con el apoyo del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (coes), proyecto anid/fondap/15130009.

SECCIÓN 1

INTERACCIONES INTERPERSONALES Y GRUPALES

Editor: Héctor Carvacho

CAPÍTULO 1

Las raíces del sexismo: una mirada multinivel a la formación y mantención de las jerarquías de género1

Héctor Carvacho, María Angélica Mora, Gloria Jiménez-Moya, Valentina Paredes y Francisco Pino

Hoy en día no resulta difícil encontrar artículos de prensa, libros u otras fuentes describiendo de forma muy ilustrativa la persistente distancia que existe entre hombres y mujeres en múltiples ámbitos de la vida. La brecha salarial, la victimización en violencia sexual o las expectativas laborales para niñas y niños son solo algunos de los aspectos en los que las mujeres se enfrentan a condiciones desventajosas o, derechamente, a acciones que atentan contra su desarrollo pleno y su bienestar. Este fenómeno se ha llamado sexismo. Sin embargo, a pesar de lo extendido que está el uso de este concepto y la documentación de sus consecuencias, análisis sistemáticos que integren sus causas y los mecanismos que lo perpetúan, son mucho menos frecuentes. En este capítulo nos proponemos exponer cuáles son las raíces del sexismo y por qué es tan difícil erradicarlo. Esta tarea permitirá mirar a los posibles cursos de acción con una perspectiva informada que se haga cargo de la complejidad de este fenómeno.

El sexismo se puede definir como un sistema de actitudes, creencias y conductas hostiles hacia las mujeres o que impliquen situarlas en un estado de inferioridad respecto a los hombres; en otras palabras, el sexismo es prejuicio hacia las mujeres. Este puede manifestarse de manera directa, por ejemplo, en comportamientos como la discriminación o la violencia de género, o de modos más sutiles y encubiertos, tales como actitudes paternalistas hacia las mujeres en contextos académicos o laborales. Tanto las formas hostiles como las sutiles del sexismo tienen profundas consecuencias negativas en las mujeres. En concreto, se ha demostrado que ser víctima de comportamientos y actitudes sexistas produce estrés, baja autoestima, sensación de inseguridad y ansiedad, afectando el bienestar psicológico, además de ser una fuente importante de rabia (p.ej., Glick & Fiske, 1997; Rapp et al., 2022; Zucker & Landry, 2007).

Intervenir para atenuar la discriminación y los prejuicios hacia las mujeres presenta numerosos desafíos. Uno de ellos es la particular complejidad en la que se ancla el sexismo, dado que tiene múltiples causas y mecanismos que permiten su mantención. Más aún, estas causas y mecanismos están anclados en diversos niveles. En este capítulo, distinguiremos entre los siguientes niveles: individual, interpersonal, intergrupal, institucional y cultural. Una consecuencia de esta complejidad es que, al intentar disminuir el sexismo interviniendo un mecanismo dentro de un nivel (por ejemplo, los estereotipos de docentes a la hora de interactuar con estudiantes), los demás mecanismos seguirán operando (por ejemplo, el sexismo en los medios de comunicación). Por ello, al generar intervenciones o políticas públicas para disminuir las brechas entre hombres y mujeres, es importante asimilar el impacto de los distintos mecanismos, anclados a distintos niveles mediante los que opera el sexismo.

A lo largo de este capítulo, exploraremos causas y mecanismos en cada uno de los niveles mencionados, para así facilitar el diseño de intervenciones que puedan hacerse cargo de la complejidad del sexismo, aumentando sus posibilidades de éxito.

Nivel individual

A nivel individual es posible identificar la adhesión a estereotipos tradicionales de género, la gran resistencia que estos tienen y cómo se pueden internalizar y transformar en los denominados autoestereotipos. Asimismo, se puede observar la presencia de prejuicio hacia las mujeres, o sexismo, en sus distintas formas. Y también podemos identificar diferencias individuales que se relacionan con los estereotipos de género y el sexismo, por ejemplo, la llamada orientación a la dominancia social (o sdo, por su sigla en inglés) o preferencia por las jerarquías sociales.

Los estereotipos de género corresponden a etiquetas, expectativas y creencias sobre rasgos y comportamientos que debieran tener las personas por el hecho de pertenecer a un sexo u otro (Kite et al., 2007), e influyen fuertemente en las creencias sexistas y sus manifestaciones (Ellemers, 2018). A su vez, los estereotipos influyen en las expectativas que se generan sobre cada persona, afectando directamente las competencias y roles que se esperan y promueven respecto a hombres y mujeres. Por ejemplo, a las mujeres se les asocia con aspectos relacionados al afecto, como la confianza y la amabilidad, mientras que a los hombres se les ve como personas competentes, capaces y asertivas (Fiske, 2018; Jiménez-Moya et al., 2022; Kite et al., 2007). Al mismo tiempo, esto se relaciona con el rol que las personas ocupan (o se espera que ocupen) en la sociedad. Por ejemplo, se suele asociar más a los hombres con roles de liderazgo y a las mujeres con roles de cuidado. Lo anterior pone en una situación de desventaja a las mujeres, ya que los roles que se espera que desempeñen tienen asociado menor estatus social que aquellos que se esperan de los hombres. Esto influye desde tempranamente en la vida de las personas, ya que niños y niñas aprenden e interiorizan los roles y competencias que deberían tener hombres y mujeres a través de la observación, así como también al recibir recompensas por comportarse de acuerdo a los estereotipos de género (Kite et al., 2007).

Estas creencias estereotípicas no siempre se manifiestan de manera explícita, sino que, en ocasiones, las personas aseguran no estar de acuerdo con ellas, pero aun así consideran, por ejemplo, que las mujeres son sensibles y necesitan ser protegidas por los hombres. Esto se conoce como sexismo benevolente y, a diferencia del sexismo hostil, puede pasar desapercibido al no considerarse como algo particularmente dañino. Este tipo de sexismo puede ser visto como algo normal e, incluso, positivo, ya que se muestra a través de actitudes paternalistas que, aparentemente, denotan una buena evaluación de las mujeres (Glick & Fiske, 1996). A pesar de esto, lo que se encuentra en la base del sexismo benevolente es la creencia de que las mujeres son inferiores y débiles (Ellemers, 2018). Además de esto, el sexismo benevolente resulta peligroso porque, al estar ampliamente difundido y aceptado en la sociedad, produce que las personas internalicen y se identifiquen con las creencias sexistas (Rudman et al., 2001).