Teología práctica - Alister McGrath - E-Book

Teología práctica E-Book

Alister Mcgrath

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Beschreibung

En este libro accesible y a la vez estimulante, Alister McGrath nos ayuda a descubrir cómo la extensa historia de reflexión teológica cristiana enriquece nuestra fe y potencia nuestra interacción con las preocupaciones y los debates del mundo que nos rodea. La primera parte del libro habla del propósito, lugar y relevancia de la teología cristiana: ¿Cómo transforma la teología el modo en el que vemos las cosas? ¿Cómo podemos enfrentarnos a las cuestiones teológicas que nos desconciertan? ¿La fe cristiana tiene algo que decir sobre cómo acercarnos al mundo natural? ¿Qué relación hay entre la teología y la apologética? La segunda parte se centra en cómo interactuar con la cultura y sus preocupaciones, sin dejar a un lado el revuelo que está causando el nuevo ateísmo. Por eso habla de la relación entre las ciencias naturales y la fe, y examina de forma minuciosa y crítica los argumentos de los nuevos ateos, incluyendo su campaña sobre la necesidad de una "nueva Ilustración". En resumen, este libro nos ayuda a ver que para cultivar una vida cristiana fructífera es imprescindible cultivar la mente con la que Dios nos ha dotado.

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TEOLOGÍA

PRÁCTICA

Cómo la fe cristiana explica el mundo

ALISTER McGRATH

Publicaciones Andamio 

Alts Forns nº 68,sót. 1º

08038 Barcelona. España

Tel. (+34) 93 432 25 23

[email protected]

www.publicacionesandamio.com

Publicaciones Andamio es la editorial de los Grupos Bíblicos Unidos en España, que a su vez es miembro del movimiento estudiantil evangélico a nivel internacional (IFES), cuya misión es hacer discípulos y promover el testimonio de Jesús en los institutos,facultades y centros de trabajo.

Teología práctica

©Publicaciones Andamio, 2017

1ª edición octubre 2017

Mere Theology

© Alister McGrath, 2010

Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin la autorizaciónde los editores. Esta traducción deMere Theologypublicada primeramente en 2010 se publica con el permiso de SPCK, Londres, Inglaterra.

Traducción:Dorcas González

Diseño cubierta: Steph Williams

Diseñointerior:Andressa Rosa de Oliveira

Maquetación ebook: Sonia Martínez

Depósito Legal:B. 21999-2017

ISBN:978-84-947537-9-4

Impreso en Ulzama

Impreso en España

Teología práctica

En este libro accesible y a la vez estimulante, Alister McGrath nos ayuda a descubrir cómo la extensa historia de reflexión teológica cristiana enriquece nuestra fe y potencia nuestra interacción con las preocupaciones y los debates del mundo que nos rodea.

La primera parte del libro habla del propósito, lugar y relevancia de la teología cristiana: ¿Cómo transforma la teología el modo en el que vemos las cosas? ¿Cómo podemos enfrentarnos a las cuestiones teológicas que nos desconciertan? ¿La fe cristiana tiene algo que decir sobre cómo acercarnos al mundo natural? ¿Qué relación hay entre la teología y la apologética?

La segunda parte se centra en cómo interactuar con la cultura y sus preocupaciones, sin dejar a un lado el revuelo que está causando el nuevo ateísmo. Por eso habla de la relación entre las ciencias naturales y la fe, y examina de forma minuciosa y crítica los argumentos de los nuevos ateos, incluyendo su campaña sobre la necesidad de una “nueva Ilustración”.

En resumen, este libro nos ayuda a ver que para cultivar una vida cristiana fructífera es imprescindible cultivar la mente con la que Dios nos ha dotado.

El autor

Alister McGrath es profesor de teología, ministerio cristiano y educación, y Director del Centro de Teología, Religión y Cultura en King’s College, Londres. Fue director de Wycliffe Hall, Oxford, y el primer director del Oxford Centre for Christian Apologetics. Es conferenciante internacional, y autor de libros influyentes como The Dawkins Delusion?, La autoestima y la cruz y La ciencia desde la fe.

Índice

Introducción

PARTE 1 :EL PROPÓSITO, LUGAR Y RELEVANCIA DE LA TEOLOGÍA CRISTIANA

1.Teología práctica: el paisaje de la fe (1)

2.Teología práctica: el paisaje de la fe (2)

3.El evangelio y la transformación de la realidad: El elixir de George Herbert

4.La cruz, el sufrimiento y la perplejidad teológica: reflexiones sobre Martín Lutero y C. S. Lewis

5.El teatro de la gloria de Dios: una visión cristiana de la naturaleza

6.El tapiz de la fe: teología y apologética

PARTE 2:INTERACTUANDO CON NUESTRA CULTURA

7.Las ciencias naturales: ¿amigas o enemigas de la fe?

8.Fe científica y religiosa: el caso de El origen de las especies de Charles Darwin

9.Agustín de Hipona sobre creación y evolución

10.¿La religión lo envenena todo? El nuevo ateísmo y la creencia religiosa

11.Ateísmo y la Ilustración: reflexiones sobre las raíces intelectuales del nuevo ateísmo

Introducción

La teología cristiana es, intelectualmente hablando, uno de los campos de estudio más emocionantes y estimulantes, rico en recursos para la vida de fe y el servicio de la iglesia. Este libro puede verse como una defensa intelectual del lugar de la teología en la vida cristiana, y también como un ruego a que la iglesia cristiana tome en serio el ámbito de la mente, sobre todo a la luz de los debates públicos contemporáneos.

En este libro hablaremos de “teología práctica”, una expresión que he tomado prestada y adaptado del famoso concepto de C. S. Lewis “mero cristianismo”.1 [N. de la T. El título original en inglés es Mere Theology (Teología práctica)]. Por “teología práctica” me refiero a los temas básicos que han caracterizado la visión cristiana a lo largo de los siglos. Este volumen no defiende o aboga por ninguna escuela o línea particular de teología, sino que investiga la forma en la que la gran tradición de reflexión teológica cristiana enriquece nuestra fe y hace más profunda nuestra involucración en las preocupaciones y los debates del mundo que nos rodea. Aunque Lewis es un conocido representante de esta perspectiva, miraremos más allá (y detrás) de este autor. Con demasiada frecuencia, la teología meramente genera polémica y confrontaciones dentro de la iglesia. Mi deseo en este libro es centrarme en el papel positivo de la teología para dar forma, nutrir y mantener la visión cristiana de la realidad y aplicarla a los desafíos y oportunidades a los que los cristianos se enfrentan en la actualidad.

Probablemente sea útil poner este libro en su contexto. Los dos últimos años han sido muy importantes para mí, tanto por la investigación que he podido realizar como por los acontecimientos que se han dado. Después de exactamente 25 años de servicio en la Facultad de Teología de la Universidad de Oxford, en septiembre de 2008 pasé a ocupar la recién creada cátedra de Teología, Ministerio y Educación en el King’s College de Londres. La universidad King’s College fue fundada por el rey Jorge IV y el Duque de Wellington en 1829 para propiciar una interacción creativa entre el mundo académico, la iglesia y la sociedad, y tiene una larga tradición de fomentar la reflexión y el compromiso teológico. Aunque soy teólogo académico, siempre he creído que la teología está en su mejor momento cuando genera prácticas reflexivas en la vida y el servicio de la iglesia. La nueva cátedra de Londres se creó para promover una interacción directa entre la teología y la vida de la iglesia, y me siento profundamente privilegiado de ser el primero en ocuparla.

A principios del año 2008 fui el invitado a las Conferencias Conmemorativas de Riddell en la Universidad de Newcastle-upon-Tyne, y hablé de cómo la forma nueva de ver las cosas que encontramos en la fe cristiana nos lleva a revitalizar nuestro compromiso con la naturaleza. De hecho, esas conferencias son un manifiesto que aboga por un nuevo estilo de teología de la naturaleza, firmemente enraizado en la tradición cristiana.2 En las Conferencias Gifford, que tienen lugar en la histórica Universidad de Aberdeen, continué desarrollando esta nueva perspectiva, centrándome en la importancia teológica y apologética del fenómeno del “ajuste fino” que encontramos en la naturaleza.3 Por último, di las Conferencias Hulsean 2009-2010 de la Universidad de Cambridge, donde hablé sobre las implicaciones del darwinismo para una teología cristiana de la naturaleza.4 En este libro aparecerán algunos de los contenidos de todas esas conferencias.

Aun así, el trasfondo cultural de este libro es más amplio todavía. En 2006 apareció en escena el movimiento mundialmente —aunque erróneamente— conocido como el “nuevo ateísmo”. Los libros El espejismo de Dios (2006) de Richard Dawkins, Romper el hechizo de Daniel Dennett (2006) y Dios no es bueno de Christopher Hitchens (2007) lograron provocar en los medios una fascinación por la religión y sus detractores. El interés público en torno al tema de Dios subió como la espuma. De repente empecé a recibir invitaciones para hablar y escribir sobre estos temas5 y para participar en debates públicos con los principales ateos: con Richard Dawkins en Oxford, con Daniel Dennett en Londres y con Christopher Hitchens en Washington. Aunque prefiero las aulas pequeñas a las salas de conferencias, no hay duda de que los temas que abordábamos eran de interés general, no solo de interés académico. Para mi sorpresa, de pronto me había convertido en un personaje público en el ámbito intelectual.

Los debates generalmente giraban en torno a la racionalidad de la fe y la coherencia de la visión cristiana de la realidad. Para los nuevos ateos, el cristianismo no es más que un modo anticuado de explicar las cosas que en la era científica moderna podemos desechar. En una de sus muchas afirmaciones no corroboradas que forman parte de su argumentación contra la religión, Christopher Hitchens dice que, desde la invención del telescopio y el microscopio, “la religión ya no ofrece una explicación de nada importante”.6 Es una cita llamativa que, colocada junto a muchas otras citas llamativas carentes de fundamento, logra crear la apariencia de argumento basado en las evidencias. Pero, ¿realmente lo es?

En su bien argumentada crítica del nuevo ateísmo, Terry Eagleton ridiculiza a aquellos que tratan la religión meramente como un ente explicativo. “El cristianismo no está pensado principalmente para ser la explicación de nada. Es como decir que gracias a la tostadora eléctrica podemos olvidarnos de Chekhov”. Creer que la religión es un “intento chapucero de explicar el mundo” es del mismo nivel intelectual que “ver el ballet como un intento chapucero de correr para no perder el autobús”.7

Aquí, Eagleton acierta. El cristianismo es mucho más que un intento de explicar las cosas. El Nuevo Testamento habla principalmente de la transformación de la existencia humana a través de la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Por tanto, el evangelio no consiste tanto en explicar, como en salvar: transformar la situación del ser humano. No obstante, aunque el énfasis principal de la proclamación cristiana no es explicar el mundo, sí ofrece una forma distinta de mirar las cosas que, al menos en principio, nos permite ver esas cosas de un modo diferente y nos lleva a actuar en consonancia con esa visión. El cristianismo implica creer que hay ciertas cosas que son verdad, en las que podemos confiar y que iluminan nuestra percepción de las cosas, nuestras decisiones y nuestras acciones. Estos temas son elementos esenciales de la “teología práctica” y tienen una parte prominente en este manifiesto a favor de la racionalidad de la fe.

El debate público sobre la racionalidad de la fe continuó en 2009, año del 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin (1809-82), el gran naturalista inglés y fundador del pensamiento evolutivo moderno, así como del 150 aniversario de la publicación de su revolucionaria obra El origen de las especies. La importancia cultural de Darwin fue tal que estas celebraciones casi eclipsaron otros aniversarios, incluyendo el 500 aniversario del nacimiento de Juan Calvino (1509-64).8 Los nuevos ateos tomaron el aniversario de Darwin como un medio para defender una agenda secularista asociándola (asociación en este caso muy poco probable) con este héroe científico. Como uno de los relativamente pocos teólogos que sabe mucho tanto de Darwin como de la teoría evolutiva, me encontré de nuevo lanzado al debate público sobre las implicaciones religiosas, morales y culturales de las ideas de Darwin.

Teología práctica refleja este amplio abanico de cuestiones culturales, que muy probablemente seguirán siendo importantes durante algún tiempo. Además de explorar la integridad y vitalidad de la teología cristiana, este libro subraya la capacidad que esta tiene para participar de forma sólida en la cultura y en el debate intelectual. Cada vez está más claro que el desarrollo repentino del nuevo ateísmo cogió a las iglesias por sorpresa. Al parecer, no estaban preparadas intelectualmente hablando. Ahora hay buenos indicios de que el atractivo y el perfil alto del ateísmo están desvaneciéndose debido, por un lado, a que algunas de sus autoridades afirman de forma contundente e incisiva que la crítica que el propio ateísmo hace de la religión es poco fiable9 y, por otro, a la deficiencia de las alternativas seculares que propone. Sin embargo, la mejor preparación para la próxima crisis de confianza, venga en la forma en la que venga, es que dentro de las iglesias desarrollemos una mente informada y segura de lo que cree, y eso es algo que este libro pretende estimular.

Teología práctica contiene 11 capítulos, basados en conferencias y discursos no publicados que di entre finales de 2007 y finales de 2009 (ver la sección de Notas que aparece al final del libro). El libro está organizado de forma temática. Los seis primeros capítulos hablan del propósito, el lugar y la relevancia de la teología cristiana. El hilo conductor en todos ellos es la capacidad intelectual de la fe cristiana y su habilidad para ofrecer una visión de la realidad nueva y profundamente satisfactoria. Celebramos que el cristianismo tiene sentido por sí mismo, y a la vez tiene la capacidad de explicar el sentido de muchos otros aspectos de la realidad. Muchas veces menciono aquella famosa cita de C. S. Lewis cuando quiero expresar esta idea en mis debates públicos: “Creo en el cristianismo igual que creo que el sol ha salido: no solo porque lo veo, sino porque gracias a él puedo ver todo lo demás”.10 Como “discipulado de la mente”, la teología cristiana nos lleva a apreciar de forma más profunda la capacidad que el evangelio tiene para dialogar con las complejidades del mundo natural por un lado, y con la experiencia humana por otro. A la vez, también hemos de reconocer que la teología tiene límites, límites que debemos identificar y respetar.

Los dos primeros capítulos ofrecen una introducción general al estudio de la teología, que espero que sea útil sobre todo para aquellos que quieren saber por dónde empezar el proceso de reflexión. Presentan la teología como una disciplina constructiva, crucial y positiva, cuyo interés es formar y sostener la visión cristiana de la realidad, lo cual es esencial para el ministerio cristiano y la predicación. Estos capítulos están diseñados para orientar a los que no han estudiado teología y facilitarles la entrada en ese campo.

En el capítulo 3 analizo el poema de George Herbert El elixir, que aunque fue publicado en 1633 sigue siendo una de las mejores explicaciones teológicas de cómo la fe cristiana transforma la visión, la evaluación y la acción. El poema ilustra un tema central de la “teología práctica”: su rol positivo transformando la manera en la que vemos las cosas, lo que nos lleva a una percepción más rica de la realidad y a una comprensión más profunda de nuestras propias posibilidades y responsabilidades en el mundo.

A continuación nos detenemos en un tema complejo y desconcertante que a menudo pasamos por alto. ¿Qué ocurre cuando hay tensión entre la teoría y la experiencia? El capítulo 4 considera los acercamientos a la ambigüedad teológica de Martín Lutero y de C. S. Lewis, bastante distintos el uno del otro, subrayando la importancia de ambos para la vida de fe.

El capítulo 5 presenta cómo la fe cristiana hace que veamos el mundo natural y que nos relacionemos con él de una forma diferente. ¿Qué valor aporta cuando la comparamos con las alternativas ateas y paganas? El capítulo 6 habla de la relación entre la teología y la apologética. ¿Cómo puede la teología capacitar a la iglesia para que esta presente la credibilidad y el atractivo de la fe en la cultura contemporánea? Esta pregunta ha vuelto a resurgir debido a los recientes escritos ateos, y es crucial si queremos que la iglesia construya su testimonio sobre fundamentos teológicos fiables.

Después de poner las bases para interactuar con la cultura desde un buen fundamento teológico, el resto del libro muestra que vivir la “comunidad interpretativa” cristiana nos provee de una plataforma para interactuar con la cultura.11 El evangelio cristiano no nos manda alejarnos de la cultura y aislarnos, sino interactuar activamente con ella. Los cristianos estamos llamados a ser la sal y la luz del mundo (Mateo 5:13-16). Un discipulado de la mente construido sobre buenos fundamentos teológicos sostiene, nutre y protege la visión cristiana de la realidad, y eso permite a la iglesia conservar su capacidad de salar y de alumbrar. No obstante, ese discipulado de la mente es el prerrequisito para interactuar con la cultura y no un sustituto de esa interacción.

El primer capítulo de esta sección habla de la interacción entre la fe cristiana y las ciencias naturales, campos que a menudo se presentan de forma errónea como totalmente irreconciliables. Ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que la relación entre la fe cristiana y las ciencias naturales es muy importante. Mi propio peregrinaje espiritual ha estado marcado por largas reflexiones sobre estas cuestiones, que siguen siendo importantes para muchos hoy. Aquí ofrezco respuestas sólidas teológica y científicamente hablando a algunas de las preguntas y preocupaciones de la actualidad, que a menudo son de interés particularmente para los cristianos que estudian ciencias naturales.

Los capítulos 8 y 9 exploran algunos aspectos de las implicaciones religiosas del darwinismo. En el año de Darwin (2009), los medios de comunicación mostraron mucho interés por la relación entre Darwin y la fe, y con frecuencia las publicaciones iban en la línea de la afirmación muy extendida pero altamente cuestionable de que las ideas de Darwin desacreditan el cristianismo. Para refutar publicaciones como esas, el capítulo 8 analiza específicamente el lugar de la fe, tanto la científica como la religiosa, en las reflexiones de Darwin sobre la selección natural. El capítulo 9 expone la relación entre creación y evolución en el pensamiento de Agustín de Hipona (354-430), y nos ofrece algunas reflexiones oportunas para el debate contemporáneo.

Dado que muchos representantes del nuevo ateísmo han adoptado a Darwin como mascota, los dos últimos capítulos del libro analizan los orígenes, el pedigrí y la integridad intelectual de este movimiento. El capítulo 10 se plantea si el antagonismo visceral del nuevo ateísmo hacia la religión puede tomarse en serio, y ofrece algunas reflexiones en cuanto a cómo podemos debatir sobre los temas en cuestión de una forma más civilizada. Este capítulo explora la “retórica del rechazo” de la religión, característica de autores como Christopher Hitchens. La analizo a la luz de diversos descubrimientos académicos sobre una variedad de temas, como los orígenes del totalitarismo, las motivaciones de los terroristas suicidas y el problema de la violencia fanática. Concretamente, critico el concepto de “los Brillantes”, introducido en 2003, como una clara afirmación de la supuesta superioridad intelectual de los ateos sobre los creyentes o religiosos.

Por último, el capítulo 11 se detiene en uno de los aspectos más importantes y aun así poco estudiado del nuevo ateísmo: que, lejos de ser algo “nuevo”, está enraizado en los supuestos de la Ilustración del siglo XVIII. Su agresividad y dogmatismo sí son algo nuevo; pero sus ideas son ideas recicladas, ideas traídas del pasado. Ser conscientes de esta conexión sirve para entender algunas de las características centrales de esta forma de ateísmo, especialmente su enorme hostilidad hacia el posmodernismo. ¿Puede un movimiento tan profundamente enraizado en los supuestos de una era pasada enfrentarse a los desafíos de nuestra era posmoderna? ¿Y qué puede aprender la iglesia de todo esto?

Espero que este breve libro estimule el desarrollo del discipulado de la mente dentro de las iglesias, y que enriquezca nuestra visión de la fe cristiana. El origen de todos los capítulos del libro fue o bien una conferencia, o un seminario, o una presentación ante un grupo reducido de personas, normalmente estudiantes. He reescrito todos ellos teniendo en cuenta las preguntas que los oyentes hicieron. Estoy profundamente agradecido a todos ellos por su participación y aportaciones. La tarea de retocar y reescribir no es algo que los autores disfrutemos; no obstante, es esencial si queremos conectar con las preocupaciones de la gente en lugar de estar respondiendo a las preocupaciones que esperamos que tengan. No puedo acabar sin antes alabar las dotes editoriales de Alison Barr y Lauren Chiosso, pues su ayuda para llegar a la versión final de este libro ha sido inestimable.

Alister E. McGrath

King’s College London

1.Esta expresión también se ha usado para designar el propio acercamiento de C. S. Lewis al cristianismo: ver Will Vaux,Mere Theology: A Guide to the Thought of C. S. Lewis. Downers Grove, Il: InterVarsity Press, 2004, 17. Yo uso la expresión en un sentido más amplio, que abarca las perspectivas teológicas que encontramos en Lewis, y sus homólogos o equivalentes dentro de la tradición cristiana.

2.Alister E. McGrath,The Open Secret: A New Vision for Natural Theology. Oxford: Blackwell, 2008.

3.Alister E. McGrath,A Fine Tuned Universe: The Quest for God in Science and Theology. Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2009.

4.Alister E. McGrath,Darwinism and the Divine: Evolutionary Thought and Natural Theology. Oxford: Blackwell, 2011.

5.Sobre todo, ver Alister E. McGrath con Joanna Collicutt McGrath,The Dawkins Delision? Atheist Fundamentalism and the Denial of the Divine. London: SPCK, 2007.

6.C. Hitchens,God Is Not Great: How Religion Poisons Everything. New York: Twelve, 2007, 282. [Dios no es bueno. Random House Mondadori Debolsillo, 2009].

7.Terry Eagleton,Reason, Faith, and Revolution: Reflections on the God Debate. New Haven: Yale University Press, 2009, 7. [Razón, fe y revolución. Barcelona: Paidós, 2012].

8.Encontrará mi pequeña contribución a esta celebración en Alister E. McGrath, “The Shaping of Reality: Calvin and the Formation of Theological Vision”.Toronto Journal of Theology25 (2009): 187-204. Este artículo es una versión revisada de los apuntes de mi discurso en el Congreso Calvino celebrado en la Universidad de Toronto en junio de 2009.

9.Concretamente, tengo en mente a Eagleton,Razón, fe y revolución(que ya hemos mencionado); y Karen Armstrong,The Case for God. New York: Knopf, 2009.

10.C. S. Lewis, “Is Theology Poetry?”, enC. S. Lewis: Essay Collection. London: Collins, 2000, 1-21; cita en la p. 21.

11.La idea de “comunidad interpretativa” la expuso por primera vez Stanley Fish,Is there a Text in This Class? The Authority of Interpretive Communities. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1980, 147-74.

PARTE 1EL PROPÓSITO,LUGAR Y RELEVANCIADE LA TEOLOGÍA CRISTIANA

1Teología práctica: el paisaje de la fe (1)1

La fe es fundamentalmente una cuestión relacional, pues tiene que ver con confiar en Dios. No obstante, la dinámica interna de la vida de fe está marcada por un deseo por comprender más sobre aquel y aquello en lo que confiamos. Anselmo de Canterbury (c. 1033-1109) dijo que la teología es básicamente “la fe buscando comprender”. El gran teólogo cristiano Agustín de Hipona (354-430) también tenía claro que la lucha por entender a Dios despierta un entusiasmo intelectual genuino. La teología es pasión por la mente, el anhelo por entender más sobre la naturaleza y los caminos de Dios, y el poder transformador que eso tiene sobre la vida. A través de la reflexión teológica, nuestra fe se hace más profunda y nuestras vidas se enriquecen. Así que, ¿cómo empezamos a desarrollar esa pasión por la mente?

* * *

Sin embargo, no podemos explorar la relevancia de la teología sin antes reconocer la mala reputación que se ha creado en las iglesias en las últimas décadas. Para algunos líderes cristianos, la teología es irrelevante para la vida real. Para ellos, la teología consiste en retirarse a una torre de marfil cuando hay otras cosas más urgentes de las que preocuparse. Pero si la entendemos correctamente, la teología lleva a una acción cristiana informada. Produce en nosotros el querer hacer cosas, y hacerlas de un modo cristiano. Nos ayuda a discernir cuál es la mejor forma de actuar; nos anima a interactuar con el mundo real.

Otros líderes cristianos expresan su preocupación por la tendencia de la teología a crear división y conflicto dentro de la iglesia. J. I. Packer, una de las voces más sabias e influyentes del mundo evangélico, ha escrito sobre el problema de los “intelectualistas atrincherados”, “cristianos rígidos, criticones, que les gusta discutir; defensores de la verdad de Dios para quienes la ortodoxia lo es todo”. Creo que todos conocemos a personas que parecen tener una obsesión con lo que Packer ha llamado “ganar la batalla de la corrección mental” y muy poco interés en ningún otro aspecto de la fe cristiana. Puede que amen a Dios, pero parece que les cuesta amar a otras personas, especialmente a las que no están de acuerdo con ellos. No siempre es fácil discernir cómo unir esta fijación por la corrección teológica con el ministerio de Jesús que encontramos en los Evangelios. ¿No será mejor perseguir una ortodoxia generosa, y ver los desacuerdos a la luz de los importantes acuerdos que nos unen?

* * *

El motor de la fe cristiana está en el deleite y el entusiasmo intelectual causados por la persona de Jesús de Nazaret. Aquel a quien la iglesia ve como alguien intelectualmente brillante, espiritualmente persuasivo e infinitamente satisfactorio, tanto a nivel comunitario como a nivel individual. Aunque los cristianos expresan ese deleite y admiración a través de sus credos, lo hacen de forma más específica a través de su alabanza y adoración. Siglos atrás, Agustín de Hipona reflexionó sobre cómo las comunidades se unen en torno a los objetos que aman. La forma más segura de potenciar la identidad, la coherencia y la cohesión de una comunidad es ayudarle a ver más claramente aquello que ama, para que así pueda amarlo aún más.

Por eso la adoración es tan importante para la identidad cristiana. Hace que nos centremos en lo que realmente importa, y proclama que la fe cristiana tiene el poder de atrapar la imaginación (no simplemente de persuadir la mente) abriendo las profundidades del alma humana a las realidades del evangelio. Mantiene en nosotros esa gran pasión por Jesucristo, que a su vez alimenta la tarea teológica, incluso aunque esta cuestione su propia capacidad de estar a la altura de la brillantez de su objeto último.

Pero aunque nunca debemos ignorar o restarle importancia al atractivo que la visión cristiana del Jesús de Nazaret tiene para las emociones y la imaginación restauradas, debemos ver que la fe cristiana tiene un elemento intelectual importantísimo. No podemos amar a Dios y no querer entender más sobre él. Hemos sido llamados a amar a Dios con toda nuestra mente, además de con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma (Mateo 22:37). Cristo no puede reinar en nuestros corazones si no le hemos dejado guiar nuestro pensamiento. El discipulado de la mente es tan importante como cualquier otra parte del proceso por el que crecemos en nuestra fe y compromiso.

La defensa de la credibilidad intelectual del cristianismo se ha vuelto más y más importante en los últimos años, en particular por el crecimiento del nuevo ateísmo. Debemos vernos a nosotros mismos como portadores de la vitalidad espiritual, ética, imaginativa e intelectual de la fe cristiana, profundizando en por qué creemos que ciertas cosas son verdad, y cómo determinan el modo en el que vivimos nuestras vidas e interactuamos con el mundo que nos rodea. Por encima de todo, debemos expandir nuestra visión del evangelio cristiano. Para algunos, darse cuenta de lo mucho que queda por conocer sobre nuestra fe puede resultar intimidante. Pero también puede ser emocionante descubrir cosas nuevas a medida que el rico paisaje de la fe cristiana se va desplegando ante nuestros ojos.

* * *

Veamos con más detenimiento esta imagen del “paisaje de la fe”. Imagínate que estás en la cima de una montaña. Ante ti, extendido como un tapiz, hay un bello paisaje que se pierde en la distancia. Bosques, arroyos, campos, pueblos, todo ello acariciado por la suave luz del atardecer. El tipo de paisaje que hizo que románticos como William Wordsworth se dedicaran a escribir poesía. ¿Cómo describirías esa vista imponente a alguien que está allí contigo?

Es difícil, ¿verdad? Solo logramos hacer una descripción superficial, porque no tenemos palabras para expresar nuestra experiencia de la realidad. Podrías decirle a tu amigo que viste un bosque, pero la palabra “bosque” nunca va a transmitir el recuerdo vivo que tienes de aquella verde masa de árboles, aquellas hojas moteadas relucientes bajo la luz del sol y la sensación que experimentaste ante tanta belleza.

Podrías dibujar un mapa del paisaje, que te ayuda a ver qué relación tenían unos elementos con otros: los bosques, las montañas, los ríos y los pueblos. Pero no fue un mapa lo que te emocionó y deleitó, sino el propio paisaje: la vista preciosa, el viento fresco, la fragancia a flores y resina, el tintineo distante de las campanas del ganado que vagaban en busca del mejor pasto.

Podemos ver la teología como un mapa, y el evangelio como un paisaje. Eso nos ayuda a comprender que la teología intenta describir con palabras aquello que descubrimos mediante la fe. Cuando entendemos bien la teología, nos ayuda a articular, profundizar y comunicar la visión cristiana de Dios en toda su plenitud. Por otro lado, cuando la teología prioriza la relación de las ideas, pierde de vista a Dios, que es quien da vitalidad a la vida de fe. La comunidad de creyentes es el crisol en el que se forja mucha de la mejor teología, aunque luego pueda ser refinada por la reflexión académica.

* * *

Vamos a seguir pensando en la imagen del paisaje por unos instantes, ya que queda otro elemento a considerar. En nuestro intento por asimilar nuestra amplia y bella panorámica, la mayoría de nosotros nos concentraremos en una parte de la vista que nos gusta especialmente o que por lo que sea llama nuestra atención, ignorando el resto. Esta “atención selectiva” o “sesgo cognitivo” es útil en cierto sentido. Nos permite centrarnos en lo que vemos como más importante. Aunque con frecuencia, eso significa que nos perdemos otras cosas. Dejamos de ver otras características del paisaje, o apreciar su importancia.

Ahora imagina que se te ha unido un grupo de amigos, y todos estáis mirando la misma panorámica. En un sentido, veréis la misma vista. Sin embargo, la dinámica de observación es bastante distinta. Hablando con ellos, te darás cuenta de que otros se han percatado de cosas en las que tú no te has fijado: el afluente de un río, un pequeño lago o un rebaño que, escapando del sol, se ha escondido bajo un árbol. Tenéis una visión colectiva del paisaje, que es mucho más completa y fiable que la explicación de una sola persona. Un grupo no solo verá más que una sola persona; un grupo podrá corregir la explicación que una sola persona hace del paisaje de la fe. Lo que una persona creía que era un arroyo que pasaba por medio de un bosque puede convertirse en un sendero.