Tímidos, introvertidos, vergonzosos... - Robert J. Coplan - E-Book

Tímidos, introvertidos, vergonzosos... E-Book

Robert J. Coplan

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Tímido, introvertido, vergonzoso, silencioso, inhibido… ¿Cómo se desarrolla la timidez en la infancia? ¿Cuáles son sus causas biológicas, familiares y sociales? ¿Qué papel juegan las emociones y el temperamento? ¿Cómo podemos interactuar con los niños tímidos? ¿Qué hacer para ayudarlos en entornos escolares y familiares? Comparados con sus compañeros más sociables, los niños tímidos corren mayor riesgo de sufrir dificultades en la escuela, incluyendo trastornos emocionales, barreras en las relaciones con sus iguales, y un rendimiento académico más pobre. ¿Qué podemos hacer? Este libro desmitifica las últimas investigaciones sobre la timidez y ofrece una exhaustiva y accesible guía de todo lo que los educadores deben saber sobre los niños tímidos. Contiene buenas prácticas, basadas en la investigación, para la creación de unos entornos de aprendizaje seguros e inclusivos que les ayudarán eficazmente.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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Para nuestras familias...nuestras más importantes maestras.

Índice

PRÓLOGO de Sandee McClowry

INTRODUCCIÓN

I. QUÉ SABEMOS SOBRE LA TIMIDEZ

1. ¿Qué es la timidez?

¿Qué se esconde tras la palabra timidez?

Breve historia sobre la timidez

Perspectivas actuales de la psicología evolutiva

Lo que la timidez no es

Revisión de algunos términos clave

2. La naturaleza de la timidez. Fundamentos genéticos y biológicos

¿Se nace tímido? La herencia y el papel de la genética

Los efectos del miedo. ¿Luchar o echar a correr?

Respuestas a situaciones estresantes

3. Educado para ser tímido. La relación de apego y la crianza

La timidez y la relación de apego

El modelo parental

¡Peligro! ¡Peligro! Cómo vivir las posibles amenazas

Estilos de crianza. Patrones de socialización

¿Es tímido el niño? ¿Podemos convenir en que no estamos de acuerdo?

Consejos para hablar con los padres o cuidadores de niños tímidos

4. Ventajas y desventajas de la timidez para el desarrollo de los niños

Por qué sí deberíamos preocuparnos por los niños tímidos

Por qué no deberíamos preocuparnos por los niños tímidos

5. Los niños tímidos en el aula de clase

Por qué el aula resulta estresante para los niños tímidos

Timidez y rendimiento escolar

Aspectos positivos de la timidez en el aula

6. Los niños tímidos y sus profesores

Las influencias de los maestros sobre los niños tímidos

Las opiniones de los maestros sobre los niños tímidos

Interacción de los maestros con los niños tímidos

Las relaciones de los maestros con los niños tímidos

II. BUENAS PRÁCTICAS PARA AYUDAR A NIÑOS TÍMIDOS

7. Enfoques generales

La ayuda de los amigos y compañeros

Actuar paso a paso

Coaching emocional

Cuestionar los pensamientos negativos

Mindfulness. La mente sobre la materia

8. Estrategias específicas para ayudar a los niños tímidos

Enfrentarse a la novedad

Fomentar la comunicación entre maestros, estudiantes y padres

Suavizar la preocupación que generan las evaluaciones

Promover interacciones positivas entre pares

9. Mirando hacia adelante. Los niños tímidos en un espléndido nuevo mundo

Algunos mensajes clave

Mirando el futuro con optimismo

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Prólogo

Imagina por un momento a un niño tímido entrando en tu clase por primera vez. Si pudieras percibir ese primer día a través de los ojos de tu tímido alumno, entenderías la gran incomodidad que el niño experimenta en un nuevo entorno, rodeado por compañeros y adultos que no le son familiares. Mientras otros alumnos están centrados en lo que estás diciendo, la atención de tu tímido alumno se desvía, seguramente preocupándose por si le piden que hable frente a toda la clase. Pero, en unas pocas semanas, te das cuenta de que ese alumno tan tímido tiene un nuevo amigo, reacciona con menos vacilación a tus peticiones, y tal vez hasta se ofrece voluntario para responder a alguna pregunta que planteas a la clase.

En un aula diferente de tu escuela, otro alumno tímido, tras unas pocas semanas, empieza a mostrar síntomas de ansiedad. El niño se queja con frecuencia de dolor de barriga y cabeza, no participa fácilmente con los compañeros en el patio, y parece incluso más asustado cuando se le pide que participe en los debates de clase.

En realidad, ambos alumnos tienen un temperamento “tímido”. Aunque empezaran el curso escolar con una gran dosis de inquietud, pasadas algunas semanas, estos dos alumnos presentan niveles muy distintos de comodidad y participación.

¿Qué explica los cambios en uno de los dos alumnos, comparado con el otro? Es más que probable que tus estrategias docentes marquen la diferencia. ¡Tal vez aplicaste algunas de las buenas prácticas que aparecen en este interesante libro!

Los resultados de múltiples investigaciones han demostrado que las habilidades académicas de los niños tímidos suelen ser infravaloradas por sus maestros. Los niños tímidos vacilan a la hora de responder, incluso cuando conocen la respuesta. Sus dificultades provocan que se cuestionen lo que saben. En su lugar, gastan energía negativa que les distrae del aprendizaje y de involucrarse con éxito entre sus compañeros y contigo. Es más, la sensibilidad que los niños tímidos poseen puede ser positivo. A menudo tienen altas habilidades para identificar los matices del entorno y leer las emociones de sus compañeros y de los adultos que les enseñan y cuidan de ellos.

En vez de tratar de cambiar a los alumnos tímidos para que se comporten de forma parecida a la de sus extrovertidos compañeros, este libro te enseñará a sacar el máximo rendimiento a sus fortalezas de modo que puedan lidiar mejor con su reticencia natural.

Como creadora del Programa de Intervención Basada en la Evidencia (INSIGHTS into Children’s Temperament) he tenido muchas oportunidades de interaccionar con niños tímidos y con maestros que tienen problemas para satisfacer sus necesidades. No nos hemos inventado las prácticas didácticas que están descritas en este libro. Se basan en la teoría y la investigación del temperamento, y en lo que los autores han aprendido trabajando directamente con niños.

Este es uno de esos raros libros que se construyen sobre algo que tú, como educador, ya sabes bien: que cada niño o niña de tu clase posee un conjunto único de atributos que contribuyen a su desarrollo emocional, comportamental y académico.

El libro empieza actualizándote sobre la fascinante investigación que explica por qué algunos de tus alumnos son más tímidos que otros. Los autores presentan también algunos datos, poco convencionales, sobre los niños tímidos, que te divertirán. Después, basándose en su experiencia, incluyen consejos prácticos para apoyar a los alumnos tímidos y hacer que “paso a paso” se involucren con el resto de sus compañeros. Las prácticas que se recomiendan también te ayudarán a ubicar la línea que separa ser sensible de reaccionar de manera sobreprotectora, algo que solo sirve para hacer que los niños tímidos sientan una ansiedad aún mayor.

Rob Coplan y Kathy Rudasill son líderes únicos en estudios sobre el temperamento. Durante más de dos décadas, su investigación ha influido mucho tanto entre profesionales como entre investigadores. Gracias a este libro, todos podemos beneficiarnos de sus prácticas docentes basadas en la evidencia. De hecho, quienes más se van a beneficiar son esos niños y niñas tímidos que se sientan silenciosos en tu clase.

SANDEE McCLOWRY

Es doctora, enfermera y miembro de la Academia Americana de Enfermería y Profesora de Asesoramiento psicológico en la Universidad de Nueva York.Desarrolla el programa de intervención INSIGHTS into Children’s Temperament.1

Introducción

Es una experiencia común para muchos niños el sentirse, en cierto modo, recelosos o nerviosos cuando conocen a personas desconocidas; o sentirse inhibidos o con algo de vergüenza cuando son el centro de atención de quienes les rodean. De hecho, alrededor del 80% de los adultos afirman que son o han sido tímidos en algún momento de su vida. Pero para los niños extremadamente tímidos, las tareas diarias en la escuela -como hablar en voz alta en clase, trabajar en un proyecto de grupo o jugar con otros niños en el patio- pueden ser fuentes significativas de estrés y de ansiedad.

Y, aun así, los niños tímidos han sido históricamente muy ignorados en los entornos escolares, particularmente en comparación con los compañeros que muestran problemas de comportamiento. Las razones no son difíciles de entender. Muchas veces ocurre que los niños que se balancean en la silla o que hacen daño a los demás perturbando el entorno de aprendizaje, exigen nuestra atención inmediata y repetida. En cambio, los niños tímidos y silenciosos son más propensos a evitar la atención del docente. De hecho, en el pasado, algunos psicólogos llegaron a sugerir que los profesores debían animar los comportamientos tímidos porque así se mantenía el orden en el aula.

Los últimos veinticinco años han sido testigos de un aumento significativo en la investigación relacionada con el desarrollo y las consecuencias de la timidez en la infancia. Sin embargo, los niños tímidos aún no son bien comprendidos por muchos maestros y, en general, por el personal de la escuela. Por ejemplo, los niños tímidos tienden a pasar desapercibidos en un aula normal por su naturaleza callada. Y cuando sí se percibe su presencia, los profesores puede que achaquen su falta de participación verbal en clase a su poca inteligencia, a la existencia de dificultades de aprendizaje o una falta de motivación académica.

Este libro pretende ayudar a los educadores a lograr un conocimiento mejor de la timidez en sus aulas y a integrar unas buenas prácticas para ayudar a los niños tímidos a progresar en la escuela. Aunque nos referiremos principalmente a los niños desde la guardería hasta los 12-13 años, los educadores, de cualquier nivel educativo, encontrarán valiosas aportaciones en este libro.

Hemos organizado el contenido del libro en dos partes. En la primera parte, Qué sabemos sobre la timidez, presentamos los datos, investigaciones y respuestas básicas sobre el tema. En el Capítulo 1 se analiza la pregunta básica: ¿Qué es la timidez? Introducimos el concepto de timidez, brindando una panorámica de cómo se ha desarrollado nuestra comprensión de este fenómeno. También discutimos en detalle los principales componentes que contribuyen a definir qué es la timidez y a diferenciar timidez de otros conceptos relacionados con la misma, pero que son distintos.

Los siguientes dos capítulos se centran en cómo se desarrolla la timidez. En el Capítulo 2 examinamos los efectos de la naturaleza, explorando los fundamentos biológicos y genéticos de la timidez y su desarrollo desde una perspectiva evolutiva. El Capítulo 3 considera los efectos de la crianza, con la vista puesta en cómo reaccionan los padres con sus hijos tímidos y cuáles son las prácticas de socialización que pueden ser particularmente útiles o dañinas para los niños tímidos.

En el Capítulo 4 consideramos cuáles son las consecuencias potenciales de la timidez para los niños2. Aquí profundizaremos en cómo la timidez puede impactar en el desarrollo social, emocional y académico de los niños, subrayando tanto los costes como los beneficios potenciales de la timidez. Por otro lado, en el Capítulo 5 se consideran las experiencias de los niños tímidos en el aula. Discutimos por qué el aula puede ser particularmente estresante para los niños tímidos y cómo la timidez puede influir en su desarrollo académico. En el Capítulo 6 nos centramos específicamente en los niños tímidos y sus educadores. Los temas tratados comprenden cómo los profesores reaccionan habitualmente y responden ante los niños tímidos en sus aulas y los diferentes tipos de relaciones que los maestros pueden establecer con estos niños.

Los siguientes tres capítulos constituyen la segunda parte de la obra. Están dedicados a buenas prácticas para que los educadores y las familias ayuden a los niños tímidos a lidiar con éxito ante los retos a los que se enfrentan. Primero, en el Capítulo 7, revisamos los principios psicológicos generales que pueden adoptarse y aplicarse por parte de los educadores en sus interacciones con los niños tímidos; por ejemplo, exposición gradual, planteamientos cognitivo-comportamentales, técnicas de relajación, etc. Después, el Capítulo 8, describe enfoques más estratégicos para que los maestros ayuden a los niños tímidos en situaciones difíciles en la escuela; por ejemplo, facilitando su incorporación y transiciones en la escuela, aumentando su participación en las actividades de aula y optimizando las situaciones de evaluación.

Finalmente, en el Capítulo 9, dedicaremos en primer lugar algún tiempo a mirar hacia atrás, resumiendo los puntos clave desarrollados en cada uno de los capítulos. Y, para terminar, invertiremos algo de tiempo en mirar hacia delante, especulando sobre lo rápido que cambia la sociedad (los avances tecnológicos, el aumento de la diversidad cultural, etc.) y cómo todo ello puede tener un impacto sobre el futuro desarrollo y las consecuencias de la timidez en la escuela.

Toda la información que ofrecemos se ha obtenido y sintetizado partiendo de las últimas investigaciones en psicología educativa y evolutiva.

En resumen: este libro recoge y recopila lo que los maestros deben saber sobre los niños tímidos en la escuela.

I

QUÉ SABEMOS SOBRE LA TIMIDEZ

1. ¿Qué es la timidez?

ESTUDIOS DE CASO

•PreescolarCuando suena la campana para entrar en el primer día de preescolar, Daniel llora y no se separa de su madre. Incluso después de que el resto de niños se hayan incorporado a su rutina matinal, él no se alejará de su madre.

•6-7 añosAna no se ofrece voluntaria para hablar en clase. Cuando es interpelada directamente por el maestro, evita el contacto visual e incluso habla en susurros o no responde en absoluto.

•8-9 añosDurante la hora del patio, en la escuela, un grupo de niños chuta una pelota y conversa animadamente. Al margen, Miguel permanece de pie, silencioso y solo, cabizbajo, observando con atención, pero sin hacer ningún intento por unirse.

•11-12 añosMientras hace una presentación frente a sus compañeros, Emma, de 12 años, comienza a sonrojarse. Aunque sus ojos no abandonan nunca sus apuntes, se pierde con las notas en varias ocasiones y se pone bastante nerviosa. Finalmente, deja de hablar y vuelve a su sitio sin haber completado su presentación.

A la mayoría de profesores no les costará mucho describir cómo suelen comportarse los niños tímidos en su clase. Incluso los más pequeños sabrán hacerlo, y citarán ejemplos como “no habla”, “se pone rojo” o “juega solo”, como características de sus compañeros de clase más tímidos.

Muchas personas probablemente usarán estos comportamientos como ejemplos para definir la timidez: “lo reconozco cuando lo veo” –aplicando el principio ilustrado por una expresión que popularizó la película Forrest Gump: “la timidez es lo que la timidez hace” (eres lo que haces)3. Sin embargo, dar una definición explícita y completa de la timidez resulta ser bastante complicado y sigue siendo un reto abierto para los psicólogos.

La timidez ha sido descrita como un término vago porque puede significar distintas cosas para cada persona. Una razón por la que la timidez es particularmente complicada de definir es porque implica emociones y comportamientos que no son, en sí mismos, indicativos de nada o exclusivos de la timidez. Por ejemplo, los niños tímidos tienden a ser socialmente introvertidos, a menudo rechazan las oportunidades para la interacción social y se marginan a sí mismos en presencia de sus iguales. Pero, no obstante, puede que los niños jueguen solos por muchas razones diferentes que no tienen nada que ver con ser tímido; por ejemplo, algunos niños sencillamente prefieren el juego solitario.

Otra razón por la que la timidez es difícil de definir es porque puede referirse tanto a un estado como a un rasgo. Un estado es cómo te estás sintiendo en un determinado momento o en una determinada situación. Los estados están vinculados a un contexto, duran poco y son susceptibles de cambio. Por ejemplo, la mayor parte de los niños –y de adultos también–mostrarían timidez, al menos hasta cierto punto, cuando se les pide que den una charla frente a toda la clase. De forma similar, la mayor parte de los adolescentes –y los adultos también– experimentan una sensación similar de timidez cuando tienen una primera cita. Esto nos ayuda a comprender por qué tanta gente se identifica a ella misma como tímida, o como alguien que alguna vez ha sido tímida. Muchos, si no la mayoría de nosotros, nos sentimos al menos en cierto modo tímidos a veces y en algunas situaciones. Pero estas emociones están vinculadas a dichas situaciones específicas y no suelen durar mucho.

En cambio, un rasgo se refiere a un aspecto duradero de la personalidad. Los rasgos son bastante estables, persisten en el tiempo y en distintas situaciones. Además, se considera que muestran una considerable influencia sobre nuestras emociones, pensamientos, motivaciones y comportamientos. Para complicarlo aún más, los individuos difieren entre sí en la cantidad, nivel o grado de cada rasgo. Es decir, los rasgos no tienen un máximo; no están presentes o ausentes en las personas. Por ejemplo, no se trata simplemente de que podamos clasificar a algunos niños como tímidos y al resto como no tímidos, sino que todos los niños pueden tener un mayor o menor grado de timidez, así como de todos los demás rasgos.

La mayoría de individuos tiende a tener una puntuación media en un determinado rasgo en comparación con los demás. Por ejemplo, imagina que observamos a 100 niños diferentes en el patio de una escuela y que le asignamos a cada uno de ellos una puntuación de timidez que va del 1 (nada tímido), al 10 (extremadamente tímido). Probablemente en torno a la mitad, obtendrá una puntuación que estaría en el punto medio, de 4 a 6. Un pequeño grupo, en torno al 15%, tenderá a puntuaciones cerca del principio de la escala, como 1 o 2.

Podemos etiquetar a estos últimos como extrovertidos, atrevidos o sociables, pero la decisión sobre dónde poner el límite puede ser bastante arbitraria. Por ejemplo, ¿qué pasaría con un niño con una puntuación de 3? Otro reducido grupo, también en torno al 15%, obtendrá una puntuación en el otro extremo de esta escala; por ejemplo, puntuaciones de 9 o 10. Es probable que etiquetemos a estos niños como extremadamente tímidos, pero, una vez más, el límite exacto sigue siendo bastante arbitrario.

Alguien con una puntuación muy alta en el rasgo de la timidez se sentirá muy tímido en distintos momentos y en múltiples situaciones. Para estos niños, la timidez se manifestará en la escuela de diversas maneras, aunque todas importantes. Sin embargo, hay que señalar que los niños con una puntuación más baja en timidez, de acuerdo a esta escala, también mostrarán signos de timidez en la escuela, aunque presumiblemente en menor grado, menos a menudo y en un número menor de circunstancias. Es más, alguien que obtenga un 5 o un 6 en la escala comentará y recordará diferentes experiencias de timidez; e incluso se podría identificar a sí mismo como una “persona tímida”.

¿Qué se esconde tras la palabra timidez?

Otra razón por la que la timidez es difícil de definir es porque la palabra timidez ha entrado en el uso común de la lengua mucho antes de que este fenómeno se volviera de interés para los psicólogos evolutivos. Los orígenes lingüísticos, es decir, la etimología de la palabra tímido [shy] se pueden remontar a la palabra del inglés medio, schey, que en sí misma derivaba de la palabra del inglés antiguo sceoh. Si nos remontamos aún más lejos, podemos trazar un origen germánico en la palabra del alemán tardoantiguo sciuhen y protogermánica skeukh(w)az.

Según el Oxford English Dictionary, el primer uso registrado de la palabra shy [tímido] (con el sentido de “fácilmente asustadizo” [Simpson & Weiner, 1989: 401]) es de un poema anglosajón de alrededor del año 1000 d.C. Llegado el siglo XVII, la definición aceptada de shyness [timidez] era “retroceder”. En 1795, el diccionario, brindaba la concisa pero descriptiva y moderna definición de tímido como “reservado, precavido, desconfiado”.

La palabra timidez, actualmente, forma parte sin duda de nuestra lengua para describir a niños de todas las edades, así como a los adultos. Parte de su vaguedad puede atribuirse a los muchos términos relacionados que se han usado como sinónimos o para describir características vinculadas.

A continuación, brindamos una lista parcial de estos sinónimos. Una rápida mirada a esta lista revela una amplia gama de términos que se vinculan con muchos aspectos distintos de la timidez. Algunas expresiones se centran más en las emociones relacionadas con la timidez, como cohibido o temeroso; mientras que otras atañen a comportamientos, como callado o socialmente introvertido. Algunas evocan connotaciones más positivas, como humilde o modesto; y otras parecen más negativas, como solitario o huraño.

Sin embargo, más adelante, argumentaremos que varios de estos términos no deberían usarse indistintamente con la palabra timidez, ya que se refieren a fenómenos bastante distintos, como veremos.

OTROS TÉRMINOS QUE SE UTILIZAN COMO SINÓNIMOS DETÍMIDO

acomplejado

apocado

arisco

asocial

asustadizo

avergonzado

callado

con ansiedad social

cohibido

evasivo

humilde

inhibido

introvertido

miedoso

modesto

recatado

receloso

reservado

reticente

retraído

sensible

silencioso

socialmente introvertido

solitario

taciturno

tímido

vergonzoso

Breve historia sobre la timidez

Los estudios científicos sobre la timidez tienen una rica historia. De hecho, muchas de las ideas centrales que contribuyen a cimentar las conceptualizaciones de los psicólogos y su comprensión de la timidez se pueden remontar mucho tiempo atrás. Por ejemplo, hace unos 2000 años, los físicos griegos Hipócrates y Galeno sugirieron que nacemos con unas diferencias en nuestro carácter que construyen nuestros patrones de estado de ánimo, incluyendo el miedo, y nuestros comportamientos sociales, incluyendo la tendencia a ser sociales (Kagan,1994). En 1800, Charles Darwin describió las características de la timidez en animales y humanos, y se interesó en particular por el rubor. También señaló la influencia del contexto social de los comportamientos de los individuos tímidos. En 1872 escribió: “las personas que son excesivamente tímidas rara vez son tímidas en presencia de quienes les resultan familiares” (Darwin, 1872: 330).

Una de las primeras descripciones formales de la timidez en la literatura psicológica fue publicada en el British Medical Journal, por el psicólogo físico Harry Campbell (1896: 805-807). Campbell describía muchos aspectos de la timidez que pasarían a ser componentes centrales de la investigación psicológica posterior. Por ejemplo, al hablar sobre los orígenes de la timidez en la infancia y su posterior desarrollo, afirmaba que un menor grado de timidez, especialmente en los primeros años de la vida, es desde luego normal, y que la timidez es más pronunciada en la pubertad.

Sobre situaciones que generan timidez señalaba: “tímido frente a extraños”, “tímido frente a elogios”; y apuntaba los síntomas comunes del modo en que se manifiesta la timidez: “rubor”, “perturbaciones cardíacas”, “sudoración, especialmente en las manos”, “silencio” o “incapacidad para mirar de frente”.

Casi 30 años más tarde, en un artículo publicado en el Journal of Neurology and Psychopathology, Hampton (1927: 126) sugirió que podemos considerar que la persona tímida en general sufre un “conflicto entre una urgencia por alcanzar un nivel normal desde una posición de inferioridad imaginada y un disuasivo miedo al fracaso”. Realmente, la noción de que los niños tímidos experimentan conflicto en sus motivaciones para afrontar y evitar situaciones sociales es un componente clave de la conceptualización contemporánea de la timidez.

Los primeros estudios que hemos podido encontrar sobre niños tímidos en la escuela se realizaron al comienzo de los años 20. En 1921, Richards (1921: 707) reportó los resultados de un estudio de investigación de 18 niños de primero de educación básica tildados de “retrasados” y “difíciles”, a los que colocaron en una “clase especial bajo un profesor especial” y se les brindó “tratamiento apropiado y disciplina”. Richards señaló que un año más tarde se habían descubierto “marcadas mejoras” en su funcionamiento social e intelectual. Al interpretar los resultados, Richards afirmaba que factores tales como la timidez pueden “oscurecer la capacidad innata” de un niño hasta el punto de rendir significativamente menos en la escuela. Dealey (1923: 125) reportaba detallados estudios de caso de 38 “niños problema” en preescolar y en primeros cursos de educación básica. En torno a la mitad de estos niños se caracterizaba por tener

“una sensibilidad o timidez extremas”.

En los primeros años de la década de 1920, parecía haber cierta conciencia de que la timidez podía potencialmente plantear un problema para los niños en los entornos educativos. En todo caso, y como se señaló antes, se dedicaba bastante más atención a los niños disruptivos. Esto fue confirmado en un estudio sobre las creencias de los profesores que Wickman (1928) describe en su libro Comportamiento infantil y actitudes de los profesores. Wickman examinaba las actitudes, creencias y respuestas de los profesores cuando los niños poseían fama de mal comportamiento. Concluyó que las preocupaciones más serias en la mente de los profesores eran los delitos contra la propiedad, el sexo y la verdad. Después iban los malos comportamientos que interferían con un buen rendimiento escolar. Finalmente, los comportamientos que representan introversión social, como la timidez y la sensibilidad, se consideraban los menos serios.

Los investigadores Pearl Lowenstein y Margaret Svendsen (1938: 652) reportaron los resultados de uno de los primeros programas de intervención específicamente diseñados para ayudar a los niños tímidos. En un estudio titulado “Modificación experimental del comportamiento de un grupo seleccionado de niños tímidos e introvertidos”, 13 chicos de entre 6 y 8 años fueron identificados inicialmente como tímidos o introvertidos. Entonces se envió a todo el grupo a una pequeña granja donde, bajo cuidado y supervisión adulta, básicamente se les dejaba jugar juntos durante un periodo de ocho semanas. Ningún otro niño estaba presente, de modo que los niños inicialmente tímidos e introvertidos solo se tenían los unos a los otros como compañeros de juego. Según los investigadores, tras la realización de esta terapia del juego, las evaluaciones posteriores demostraban una mejora en 10 de los 13 participantes. Concluyeron que “se puede llegar a provocar una considerable modificación del comportamiento en los niños tímidos”.

Estas primeras teorías y estudios de investigación fueron marcadamente reveladores. De hecho, en muchos sentidos, estos escritos ponen los cimientos para muchas de nuestras ideas actuales sobre la psicología de la timidez infantil.

Desgraciadamente, estos primeros estudios eran también escasos y distantes entre ellos. De hecho, los niños tímidos fueron ampliamente ignorados por la literatura psicológica durante buena parte del siglo XX. Esta falta de atención puede atribuirse a varios factores. En primer lugar, la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, que prevaleció durante buena parte de este periodo, afirmaba que los niños pequeños no podían experimentar realmente verdaderos sentimientos de depresión y ansiedad hasta que su superego (la parte de la psique que nos dice “haz lo correcto”) se desarrollara, cuando fueran más mayores (Freud, 1964).

Además, influyentes psicólogos infantiles como Jean Piaget estaban mucho más preocupados por el pensamiento de los niños que por sus comportamientos sociales. De hecho, en 1959, el famoso Piaget llegó a escribir: “no hay, como hemos dicho, ninguna vida social entre niños de menos de 7 u 8 años” (Piaget, 1959: 40). Como cualquier maestro de primaria sabrá bien, ¡existe una vida social extremadamente activa en la clase de preescolar!

En tercer lugar, los psicólogos clínicos infravaloraron la importancia de la timidez infantil como un predictor de posteriores dificultades. Por ejemplo, en 1954, el investigador Don Morris y sus colaboradores (1954: 753) registraron y evaluaron un grupo de 54 adultos que habían sido admitidos en una clínica de ayuda infantil como tímidos o introvertidos cuando eran niños. Entre sus conclusiones, afirmaban que estos adultos “en conjunto se las habían arreglado bastante bien”, “uno tiene la impresión de que la mayoría (...) han resultado ser personas promedio, normales en la mayoría de aspectos”, y que es bastante probable que “estas características de la personalidad nos preocupen demasiado”.

Posteriores revisiones y síntesis de la literatura psicológica, realizadas por Lee Robins (1966) y Lawrence Kohlberg (1972), determinaron que la timidez, y las características vinculadas a ella, eran relativamente inestables y no realmente predictivas de posteriores dificultades en la adolescencia y en la edad adulta.

Sin embargo, una mirada más atenta a los detalles de estos estudios permite llegar a algunas conclusiones. Los resultados en adolescentes y adultos, que se descubrió que no estaban relacionados en gran medida con la timidez infantil, incluían cosas tales como esquizofrenia y delincuencia juvenil. Coincidimos en que los niños tímidos no corren el riesgo de tener este tipo de dificultades en el futuro.

Partiendo de estos tempranos inicios, la última parte del siglo XX fue testigo de un considerable y creciente interés en el desarrollo y las consecuencias de la timidez en la infancia.

Perspectivas actuales de la psicología evolutiva

Como mencionamos antes, la timidez es uno de esos conceptos que, con frecuencia y normalmente, es más fácil de reconocer cuando lo ves que cuando lo defines. Como hemos argumentado previamente (Coplan, Ooi & Nocita, 2015; Coplan & Rubin, 2010), esto también ha demostrado ser verdad hasta cierto punto para los psicólogos evolutivos. Para complicar aún más las cosas, los psicólogos evolutivos también emplean otros términos relacionados con sutiles, pero a veces importantes, diferencias en su significado. Así, términos como inhibición comportamental, soledad ansiosa, reticencia social, etc., contribuyen a un confuso y complejo conjunto de etiquetas y conceptos que se superponen. Para empeorar las cosas, la mayoría de estos términos en última instancia terminan usándose indistintamente en vez de timidez; pero en realidad se refieren a conceptos bastante diferentes (por ejemplo, introversión: ansiedad social), como veremos más adelante. Por todo ello, tal vez no nos asombre que los psicólogos evolutivos tengan dificultades para consensuar una definición estándar para el concepto timidez.

Hay problemas que complican aún más, y es que la timidez es en realidad bastante difícil de medir –particularmente en niños– porque concierne a estados internos, como sentimientos, pensamientos y motivaciones. Tal vez a consecuencia de ello, los psicólogos evolutivos han empleado muchos métodos diferentes para evaluarla. Para niños mayores y adolescentes, se basan principalmente en autoinformes. En estas mediciones, el propio niño responde una serie de preguntas (por ejemplo, en una escala del 1 al 5), sobre con cuánta frecuencia, en qué medida, o hasta qué punto se comporta, piensa, siente o experimenta de tal o cual manera varios aspectos de la timidez.

Otra metodología común con niños mayores es preguntarles sobre otros niños. Por ejemplo, podríamos pedirle a cada uno de los niños de una determinada clase que nombren a los tres alumnos de su clase que: se comportan con más timidez; se ruborizan con más frecuencia; y son menos proclives a hablar. Después haríamos un recuento del número total de nominaciones que recibe cada niño, entre todos los niños de la clase, para cada uno de estos ítems, y así generar una puntuación global para la timidez.

Los niños pequeños tienen dificultades cuando nos hablan de sus estados internos (aunque el uso de pistas visuales, títeres y otros apoyos apropiados a la edad puede ayudar). Con este grupo, los psicólogos son más proclives a dirigirse a alguien que conozca bien al niño, como un padre o un maestro, para que brinde datos o puntuaciones sobre su timidez. La timidez también se ha medido en distintas edades usando observaciones directas, normalmente tanto en un aula de juego como en la clase o en el patio escolar.

Sin embargo, vale la pena señalar que cuando los psicólogos toman diferentes mediciones de la timidez del niño de diferentes fuentes, normalmente solo se obtiene un moderado nivel de acuerdo. Por ejemplo, un niño calificado de muy tímido en la escuela por un profesor puede que sea calificado de extrovertido por su progenitor. Esto se puede deber en parte a un error de medición (evaluaciones como ésta son siempre imperfectas).

Como discutiremos en capítulos posteriores, incluso los padres y profesores pueden discrepar en cuanto a si un determinado niño es o no es tímido; se debe a que están informados sobre los comportamientos de este niño en contextos muy diferentes que, de hecho, no se superponen.

Se puede decir, por tanto, que los psicólogos evolutivos no disponen de un consenso en cuanto a qué es la timidez y cómo debe medirse. Dicho esto, si damos un paso atrás y adoptamos una visión más general, podemos decir que la mayoría de definiciones y conceptualizaciones sobre la timidez infantil comparten un conjunto de principios centrales comunes.

Estos componentes psicológicos esenciales de la timidez infantil son los que enumeramos a continuación:

1. La timidez es un rasgo temperamental.

2. Los niños tímidos tienden a ser comportamentalmente inhibidos, recelosos y asustadizos cuando conocen a personas nuevas o se enfrentan a nuevas situaciones.

3. Los niños tímidos son proclives a sentirse avergonzados y abochornados en situaciones que perciben como evaluaciones sociales.

4. La timidez se caracteriza por un conflicto entre las motivaciones de los niños para abordar y evitar a los demás.

1.Rasgo temperamental

Los rasgos temperamentales son características del niño que están sustentadas biológicamente. Suelen aparecer temprano en la vida, y son relativamente estables en el tiempo. Podemos pensar en el temperamento como un bloque de construcción central de la personalidad en desarrollo de los niños. Hablaremos con mayor detalle sobre el temperamento de los niños en el Capítulo 2, pero como punto de partida, los niños con temperamentos distintos tienden a reaccionar de modo bastante diferente ante sus entornos, particularmente cuando se enfrentan a situaciones complejas o estresantes. En el caso de la timidez, estas situaciones que producen estrés casi siempre implican a personas.

Un importante foco de investigación sobre el temperamento es la reactividad emocional de los niños (por ejemplo, cuán fácilmente se enfadan o entusiasman) y la regulación (por ejemplo, cuán fácilmente se calman tras enfadarse o entusiasmarse). En el caso de la timidez, las dos emociones iniciales principales son el miedo y la ansiedad. Cabe decir que, aunque estos términos se usan a menudo de forma indistinta, realmente se refieren a diferentes procesos emocionales. El miedo se produce en presencia de unos estímulos concretos (algo que en realidad existe o está pasando justo ahora). Por ejemplo, si estás acampando y un oso se dirige hacia tu tienda de campaña, es probable que sientas miedo. En cambio, la ansiedad suele producirse anticipando algo que puede o puede que no suceda en el futuro. Por ejemplo, tal vez tengas problemas para dormir porque vas a ir a acampar la próxima semana y te preocupe encontrarte con un oso. Reflexionar repetidamente, analizar o dar vueltas a un acontecimiento pasado es también una manifestación común de ansiedad.

Los niños tímidos son proclives tanto al miedo como a la ansiedad, ambas situaciones están normalmente vinculadas a los encuentros sociales. Por ejemplo, los niños tímidos puede que experimenten ansiedad la noche antes de su primer día de escuela, miedo al conocer a sus nuevos compañeros de clase, y después de nuevo ansiedad por la noche, pensando en las estresantes experiencias vividas durante su primer día y anticipando los acontecimientos del día siguiente.

2.Miedo a las personas y a situaciones nuevas

Dos enfoques muy influyentes sobre el estudio del temperamento subrayaron el contexto de novedad, falta de familiaridad, como un particular reto para los niños tímidos. Primero, en sus ahora clásicos estudios de las décadas de 1960 y 1970, Thomas y Chess (1977) trataron de describir las dimensiones normativas básicas por medio de las cuales los bebés pueden reaccionar a sus entornos. Basándose en exhaustivas observaciones de bebés y niños pequeños, identificaron varias dimensiones básicas del temperamento, que incluían rasgos como acercamiento/inhibición y actividad/ pasividad, que aparecían tempranamente en la vida. Se resumieron varias combinaciones de estos rasgos para crear tres tipos temperamentales generales de niños, que catalogaron como fácil, difícil, y de adaptación lenta.

En esta ocasión, nos interesa más el 15% de niños que fueron designados como de adaptación lenta. Estos niños mostraban reacciones negativas y tenían tendencia a inhibirse cuando se les exponía a nuevas situaciones; pero con el paso del tiempo y con una exposición repetida tendían a adaptarse y a reaccionar de forma más positiva. Una contribución clave para esta investigación fue la idea general de que los niños mostraban estilos característicos de respuestas comportamentales a diferentes entornos. En términos de timidez, esto se refiere a la tendencia comportamental a ser de adaptación lenta ante nuevas situaciones.

Jerome Kagan y sus colegas (1984, 1987, 1988) atrajeron una creciente atención hacia el estudio de la timidez, en los primeros años de la década de 1980, con sus exhaustivos estudios de un rasgo temperamental que Kagan denominó inhibición comportamental. Observó las respuestas de los niños pequeños a una serie de acontecimientos que no les eran familiares, como conocer a un adulto extraño, situarse frente a un conjunto de nuevos juguetes, encontrarse a un gran robot de aspecto raro, y ser separado de sus madres. Kagan descubrió que en torno a un 15% de niños pueden ser caracterizados como extremadamente inhibidos, y reaccionan a la novedad con un patrón de cautela, vacilación y reserva. Los típicos comportamientos de los niños inhibidos cuando se topan con algo nuevo comprenden llorar, no separarse de su mamá, largas latencias o retrasos para hablar, y aislamiento.

Entre los muchos e influyentes hallazgos de la exhaustiva investigación de Kagan estaba que la inhibición comportamental se hallaba entre los rasgos temperamentales más estables durante toda la vida. Además, Kagan hizo hincapié en las bases biológicas de la inhibición comportamental, argumentando que los niños inhibidos demuestran patrones únicos de reactividad en sus sistemas nerviosos centrales cuando se enfrentan a situaciones estresantes (véase Capítulo 2).

3.Sentirse acomplejado cuando se percibe una valoración personal

También en la década de 1980, el investigador Arnold Buss (1986) propuso que hay dos tipos distintos de timidez. Al primero se le llamó timidez asustadiza. Afirmó que es un rasgo hereditario que emerge durante la última parte del primer año de vida. La timidez asustadiza es descrita básicamente como un miedo/cautela ante los extraños, un concepto bastante similar a la inhibición comportamental de Kagan. De todos modos, en el caso de la timidez asustadiza, hay un enfoque más centrado en las situaciones sociales nuevas (es decir, que impliquen personas), en comparación con el enfoque más amplio de la inhibición comportamental como el miedo a la novedad en general.

Al segundo tipo de timidez se le llama timidez acomplejada