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Esta serie de imágenes repetidas sirvieron para armar una secuencia de dípticos que hablan sobre la memoria, sobre las maneras de ver, registrar y recordar. Cada imagen tiene su reverso; su lado B. Las tomas se repiten invariablemente, pero parecería que no por un sentido de perfección, sino de búsqueda. Este proyecto es un cuestionamiento sobre la repetición, una revisión de archivo y memoria. En la era analógica, el fotógrafo nunca estaba seguro de haber logrado una buena toma, por eso era común que la repitiera; pero aquí hay otra cosa: en este libro, el cambio de una imagen a otra es mínimo pero nunca insustancial. La variación infinitesimal como una propuesta epistemológica que advierte que no basta con mirar las cosas una sola vez: hay que mirar de nuevo para realmente poder decir que las hemos visto. Pequeñas variaciones que hablan de esa capacidad de la fotografía para capturar el instante: sólo que aquí el instante tiene su segunda oportunidad. Su espejo.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
Primera edición electrónica, agosto 2012
©Tatiana Musi
Coordinadora de la colección HILO: Paola Jasso
Traducción: Clara Marín Elsberg
Este libro se produjo con el apoyo de la Colección/Fundación Jumex
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© Publicaciones Malaletra Internacional
Ignacio Mariscal 148-3 Col. Tabacalera, México, D.F.
ISBN: 978-607-8176-14-4
Hecho en México
Ciudad de México, 1982. Vive y trabaja en esta ciudad. Obtuvo la licenciatura en Artes Plásticas de San Francisco Art Insititute. Trabaja principalmente alrededor de su relación con las plantas y un interés especifico por la memoria. Ha participado en varias exposiciones individuales como el proyecto diciembre a febrero, para el Clauselito en el Museo de la Ciudad de México y Mind Fills, en el Instituto Cervantes de Nueva Delhi, India. Entre sus exposiciones colectivas destacan Moleskine Detour en NY y Berlin; DRAW, curada por Miguel Calderon en el Museo de la Ciudad de Mexico; Inner Geographies/Crossing Paths, en Tokyo Wonder Site, en Tokio; HOW TO (skip a dead end street), proyecto paralelo a la Bienal de Estambul; Nostalgia, Pride and Fear, en la galería BMB en Bombay, entre otras. Además de su trabajo como artista a colaborado en proyectos curatoriales con la Embajada de México en Tokio, asi como haber fundado Galería Yautepec en la Ciudad de México. Realizó una residencia en Kriti Gallery en Varanasi, India. Actualemente está realizando una exposición para el Jardín Botánico de Barcelona y un libro de artista sobre entender la naturaleza a través de la percepción e intuición, realizado en el sur de la India, libro que será publicado este año.
Borges dijo alguna vez que lo que le gustaba no era viajar sino haber viajado. Es decir, que a final de cuentas lo que importa es el recuerdo que puede tenerse del viaje y no el viaje mismo. Y cuánta razón tenía. Para la mayoría de nosotros, simples mortales, viajar tiene un costado casi lastimoso. La distancia inhumana entre las filas de asientos del avión (que provoca un síndrome ad hoc: el de la clase turista), la azafata malencarada, la maleta perdida, el muro de ladrillos frente a la ventana del hotel, la almohada como saco de papas, la regadera que se inunda, el infame desayuno de siete a diez, las colas infinitas afuera de cada museo, de cada iglesia, las hordas de japoneses armados con sus cámaras último modelo, las trampas para turistas en las que irremediablemente se cae una y otra vez, el calor, los mosquitos, la dificultad para darse a entender, ¡y para entender!, hacen de viajar una costumbre por decir lo menos masoquista. Con todo, los turistas —optimistas sin remedio que somos— acabamos por darle a todas esas incomodidades —a ratos, francas humillaciones— el lugar de pelo en la sopa destinado a olvidarse nada más llegar a casa (tan es así, que al año siguiente reincidimos felices: de nuevo el avión, la azafata, el hotel, el horror pero ahora en otra latitud). Al final, lo que importa, como diría Borges, no es la experiencia vivida en tiempo real, sino la experiencia diferida. Nada como colocarse en ese después donde el viaje puede ser recordado desde la comodidad del sillón de la sala. Y todavía mejor si esa idea convenientemente editada del viaje se hace acompañar de imágenes. Para eso en buena medida existe la fotografía: para ayudarnos a borrar los pormenores y poder decir, entonces: qué gran viaje.
