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El conocimiento es poder, pero el conocimiento sobre uno mismo es empoderamiento, y cuando conviertes ese conocimiento en experiencia, comienza la verdadera transformación. Este es un libro que pretende traerte de regreso a ti, sin necesidad de ir a ningún otro lado o lugar más que a tu interior para encontrarte o reencontrarte, brindándote la oportunidad de conectar contigo en lo profundo, de sumergirte en las aguas del autoconocimiento que se encuentran bajo la punta del iceberg de tu Ser. En tus manos estoy dejando todo lo que fundamentalmente necesitas saber, conocer, comprender e integrar a tu experiencia con el fin de hallar tu propia fórmula para sanar, resolver, transformar y cambiar lo que sea que estés necesitando en ti, en tu vida y en tu realidad hoy conectando con tu propia maestría, que no es otra que conectar con tu propio maestro interior. Y si estás dispuesto a utilizar toda la información y conocimiento aquí contenido en tu favor para luego llevarlo a la práctica en el aula de tu existencia día a día, tendrás la oportunidad de transformarte de dentro hacia fuera con sentido y propósito. Tras leerlo, quizás te des cuenta de que la vida no exige tanto de ti, tanto sacrificio, tanto estrés, tanto sufrimiento, tanto cansancio. Solo te pide cumplir tu única y más trascendental obligación, esa misión por la que viniste a este mundo: ser feliz, aprender, crecer, amar y ser amado(a).
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Seitenzahl: 324
Veröffentlichungsjahr: 2024
TRASCENDENTALEl desafío de vivir sin límitesAutora: Catalina Paz Editorial Forja General Bari N° 234, Providencia, Santiago, Chile. Fonos: 56-224153230, [email protected] Diseño y diagramación: Sergio Cruz Edición electrónica: Sergio Cruz Primera edición: abril, 2024. Prohibida su reproducción total o parcial. Derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Registro de seudónimo N°2024-S-170 Registro de Propiedad Intelectual: N° 2024-A-2928 ISBN: Nº 978956338724-7 eISBN: Nº 978956338725-4
No puedo comenzar estas páginas, sin antes agradecer a una mujer muy especial, con la que, por esas sincronías de la vida no azarosas, conectamos de manera mágica y profunda, en el momento exacto. Nuestro encuentro pareciera haber estado destinado a ser y suceder.
Gracias, mi querida hermana álmica Alesia, por todo el cariño, apoyo, buena vibra y sabiduría que habita en ti, y que con tan admirable amor y de manera genuina me has brindado. Sin tu presencia, sin tu enseñanza en este andar de crecimiento y desarrollo espiritual, este libro no hubiese visto la luz. Gracias a tu aparición, me fue posible conectar y recordar un propósito olvidado desde mi infancia, que por distracciones varias de la vida misma, yacía oculto y apagado. Pero que hoy, ha dejado de estar latente para por fin florecer y manifestarse.
Gracias a una admirable y especial mujer, ser humano y súper mamá, Angélica, quien ha sido la responsable de inspirar el título de este libro. Infinitas gracias por tu empática y sensible creatividad, pero sobre todo, gracias por compartir conmigo tu más pura luz y autenticidad, y haberme permitido tener la honra de transitar a tu lado como tu compañera de camino en tu proceso de transformación.
Gracias a mi compañero de vida y gran amor Felipe, por estar siempre presente y de manera incondicional, apoyándome y alentándome tras cada idea, propósito y proyecto, inspirándome a perseguir y alcanzar mis sueños con una convicción y entusiasmo que no conoce de peros ni imposibles.
Gracias a mis padres, Edgar y Cecilia, por brindarme la confianza y el aliento para ir hacia delante en la vida y atravesar la adversidad. Sin duda mis mejores maestros, que con querer y sin querer, me han enseñado el arte de ser resiliente, de tener el coraje de ponerme de pie una y otra vez sin importar cuantas veces caiga.
Gracias a mis suegros, mis padres del alma, Jan y Manuel, por todo el amor, cariño, ayuda, apoyo y contención que me han entregado. Gracias por considerarme una hija más en la familia, y enseñarme el valor de la unión, la incondicionalidad y la alianza sobre todo en los momentos difíciles.
Gracias a mis hermanas, Constanza, Camila y Alerayen, por ser mis lucecitas de esperanza cada vez que me he encontrado perdida o confundida en el camino a seguir. Gracias por iluminar mis pasos con amor y devolverme la fe en mí misma cuando lo he necesitado.
Gracias a mis queridas amigas, Soledad, Nicole y Valeria, por su amistad y compañerismo incondicional. Son las mejores partners que podría haber imaginado o deseado tener a mi lado, no solo en las buenas, sino que además en las no tan buenas y sobre todo en las malas.
Por último, gracias a mis hijos: Emilia, mi hija humana; Buda, Balu y Otto, mis hijos con cola, por ser los angelitos que día a día me inyectan de energía, amor, gratitud, sonrisas y felicidad, recordándome lo sencillo, lo esencial y lo bonito de la vida a cada momento, donde lo verdaderamente importante es disfrutar del aquí y ahora estando presente. Y muy en especial a Otto, quien hoy desde el cielo continúa diariamente presente en mi corazón.
Es preciso aclarar con antelación que bajo ningún caso este libro debe ser considerado ni utilizado como símil o reemplazo a una terapia o tratamiento psicológico formal propiamente tal.
La información aquí contenida tiene como fin compartir al lector los conocimientos y aspectos fundamentales que es necesario tener presentes con respecto de sí mismo, su vida y realidad, esperando que estos sirvan de guía y orientación para abordar su propio camino de aprendizaje, crecimiento y desarrollo personal de manera más integral (bio-psico-socio-espiritual) en pos de sus procesos de cambio, transformación y sanación. La intención de este libro es que cada lector pueda aplicar a su propia experiencia lo aquí contenido, teniendo la libertad de investigar y profundizar en lo que estime conveniente, y de crear y/o hallar su propia fórmula resolutiva ajustada a sus objetivos, necesidades y propósitos personales según cómo quiera y elija transitar el sendero hacia su autorrealización.
Hola, querido lector y/o querida lectora, me presento: mi nombre es Catalina, de profesión psicóloga (integral), life coach, hipnoterapeuta y terapeuta holística. Experta en autoestima y empoderamiento femenino.
Por muchos años me he especializado en trabajar con mujeres, como guía y entrenadora terapéutica, orientando y acompañando sus procesos íntimos de sanación, desarrollo, crecimiento y autorrealización. Fue así como llegué a crear mi propio método de abordaje terapéutico, al que llamé “psicoespiritualidad holística”.
Este está basado en un enfoque “bio-psico-socio-espiritual”, que busca resolver/cambiar/sanar de forma integral, eficiente y efectiva, las diferentes problemáticas de mis pacientes.
No obstante mi trabajo con mujeres, he tenido también la maravillosa oportunidad de acompañar a hombres en sus procesos. Aunque, no es mi área de especialización, con el pasar de los años y gracias a la misma experiencia, he podido darme cuenta de que la autoestima y el empoderamiento no es cuestión de género. Tanto hombres como mujeres nos encontramos al debe en cuanto a ello. La única diferencia es la perspectiva desde la cual hombres y mujeres concebimos y construimos el amor propio y el empoderamiento, lo que, por supuesto, viene influenciado por el constructo sociocultural imperante de masculinidad y feminidad, vale decir, de lo que se nos ha enseñado y entendemos en cuanto a lo que significa ser hombre y ser mujer.
Quizás lo más revelador hasta ahora es haberme dado cuenta de que, tanto en hombres como en mujeres, la autoestima y el empoderamiento parten de la misma base. El origen de la falta de amor propio y autoconfianza tanto en hombres como en mujeres responde a un mismo fenómeno: el no sentirnos suficientes ni merecedores.
Este descubrimiento me ha permitido abordar a mis pacientes desde una perspectiva de equidad, más allá de las diferencias y sesgos socioculturales que nos dividen.
Ahora bien, hasta aquí me he presentado desde mi rol como profesional, pero ¿sabes qué?, esto no es más que una etiqueta. Ni mi profesión ni mi trabajo me definen, como tampoco me definen mis experiencias. No soy mis experiencias ni lo que me ha pasado, sino lo que he decidido hacer con todo ello.
Soy solo la consciencia sintiente y pensante detrás de este avatar humano con virtudes y defectos, al igual que tú, con errores y aciertos, con idas y venidas, con altos y bajos, con luz y oscuridad, igual que tú. No soy perfecta ni pretendo serlo, y mi vida tampoco lo ha sido. No estoy libre de nada que no sea intrínseco al ser humano, no soy ni una privilegiada ni mucho menos iluminada.
He habitado también el abismo, la duda, la inseguridad, la falta de amor propio, la enfermedad del cuerpo y la del alma, la tristeza, el dolor, la desesperanza, la decepción, el desamor, el engaño, la traición, el abuso, la violencia, el rechazo, el desamparo, el abandono, la soledad. Si tan solo te contara todas esas vivencias en las que el dolor me atravesó mucho más que la piel, es muy probable que te parezca que estoy, como dicen por ahí, “operada de los nervios” o bien que mi única opción era, literal, la de morir y nacer de nuevo.
La verdad, no estoy tan lejos de esto último. En un sentido metafórico, eso fue lo que me sucedió. Tal y como sucede con las orugas cuando entran en etapa de metamorfosis, muriendo como orugas y luego renaciendo como mariposas.
Conozco muy de cerca varios de los problemas y dolencias que quizás tanto tú como muchas otras personas han pasado o quizás estén pasando en estos momentos: traumas, depresión, ansiedad, angustia, crisis de pánico, miedo, estrés, baja autoestima, inseguridad, inestabilidad, escasez, dependencia emocional, violencia en la pareja, entre otros.
Aun así, no me las sé todas ni tengo todas las respuestas, pero todo lo que sé hoy y las respuestas que conozco y comprendo hasta ahora, son suficientes para poder decir: ¡Sí se puede!
Los imposibles no existen mientras te propongas dejar de conformarte de manera pasiva con lo que te “tocó vivir” para elegir actuar ante lo que sí puedes hacer y cambiar de ahora en adelante.
No estoy aquí para que me veas como una “súper mujer” o “súper humana”, sino para mostrarte que todos y cada uno somos seres especiales, valiosos, únicos e irrepetibles, que todos y cada uno tenemos auténticas virtudes, fortalezas, habilidades, capacidades y talentos por descubrir, que todos y cada uno tenemos el suficiente potencial para convertir aquello que creíamos difícil o aparentemente imposible de lograr, en algo realmente posible, ya que la disciplina y el compromiso propio para transformar el conocimiento en experiencia y obtener resultados son los aliados infalibles para pasar de lo imposible a lo posible, de la limitación o el determinismo a la posibilidad.
En cuanto a las debilidades, soy una convencida de que no se tratan de otra cosa más que de excelentes oportunidades de mejora, o dicho de otro modo: de talentos mal enfocados.
Pues bien, esta soy yo, antes que todo, honestamente humana. Y es desde mi honesta humanidad que me he propuesto compartir con ustedes años de conocimiento, estudios y experiencia, con el objetivo de ayudar tanto a hombres como a mujeres a develar y descubrir su potencial intrínseco de autosanación, desde la conexión y reconexión con su propia energía vital-divina y existencia autoconsciente, permitiéndoles resolver de manera autónoma, eficaz y efectiva, todo aquello que para bien o para mal les perturbe o inquiete, transmutando el “yo tengo que ser y yo debo hacer” por el “yo soy y yo quiero hacer”, en justo balance y equilibrio entre el servicio al yo y el servicio a los demás.
Todo ello, junto a la visión de contribuir al desarrollo y crecimiento personal íntegro (bio-psico-socio-espiritual) de seres cada vez más empoderados, más seguros y responsables de sí mismos, de sus elecciones, decisiones, felicidad, propósitos, sueños y metas en la vida.
Este no es el clásico libro de crecimiento personal o espiritual que pretende llevarte a alcanzar la “iluminación” fantaseando figuras de luz sobre las sombras. Por el contrario, su lectura te hará consciente, sobre todo y antes que nada, de la oscuridad que pueda estar habitando en ti, para trascender hacia una auténtica iluminación de transformación y sanación. No en el sentido de ser los más sabios de todos los sabios, sino en el sentido de acercarnos a conocer y comprender la propia conciencia.
Tampoco es el clásico libro psico-educativo que solo se limita a explicar desde lo cognitivo algunas cuestiones teóricas de la psique y el comportamiento humano. Lo que busca este libro es brindar un entendimiento y comprensión profundos del qué, por qué, cómo y para qué pensamos, sentimos, hacemos y actuamos como lo hacemos. Y a partir de ahí, saber, entender y crear estrategias propias sobre qué y cómo hacer para cambiar nuestra vida y realidad.
Mi propósito con este libro es algo así como lo que mencionó alguna vez el filósofo chino Lao-Tse: “Si das pescado a un hombre hambriento, lo nutres durante una jornada. Pero si le enseñas a pescar por sí mismo, lo nutrirás toda su vida”.
Por ende, este no es un libro que dicte cátedra acerca de cómo debes ser, pensar, sentir, hacer o actuar. La moción principal es la de llevarte a reflexionar sobre ti mismo(a), sobre tu vida y tu realidad hoy. Te invita a observarte y contemplarte libre de máscaras, egos y corazas, a desnudar tu mente y tu corazón de creencias y emociones limitantes. Busca ponerte frente al espejo para que te abras a la oportunidad, si así lo eliges, de permitirte reconocer y abrazar la autenticidad de tu alma, sin todos esos haberes y deberes castradores que muchas veces nublan nuestra visión y nos hacen olvidar nuestro derecho humano al libre albedrío.
Este es un libro que pretende traerte de regreso a ti, sin necesidad de ir a ningún otro lado o lugar más que a tu interior para encontrarte o reencontrarte, brindándote la oportunidad de conectar contigo en lo profundo, de sumergirte en las aguas del autoconocimiento que se encuentran bajo la punta del iceberg de tu Ser. Así, tal vez, descubrirás en gran parte aquellos aspectos interiores que antes permanecían ocultos o ignorados, y resolverás algunas de las preguntas vitales que quizás hoy yacen sin respuestas. Y si estás dispuesto a utilizar esta información y conocimiento en tu favor para luego llevarlo a la práctica en el aula de tu existencia día a día, tendrás la oportunidad de transformarte de dentro hacia afuera con sentido y propósito.
Tras leerlo, quizás te des cuenta de que la vida no exige tanto de ti, tanto sacrificio, tanto estrés, tanto sufrimiento, tanto cansancio. Solo te pide cumplir tu única y más trascendental obligación, esa misión por la que viniste a este mundo: ser feliz, aprender, crecer, amar y ser amado(a).
De corazón, espero disfrutes estas páginas, tanto o más como yo lo hice al escribirlas. Si por casualidad comienzas a buscar el índice y no lo encuentras, debo hacerte una confesión: no lo he incluido a propósito. Sí, tal y como lees, no he querido incluir un índice, para evitarte la tentación de leer seleccionando solo algunos capítulos. ¿Pero por qué?, te debes estar preguntando ahora, y el motivo del porqué lo hice así, es porque los temas que encontrarás dentro son atrapantes y despiertan por sí solos mucha curiosidad. La cuestión de fondo es que no son temas aislados ni separados, cada uno se va entretejiendo con el otro, tienen una relación de causalidad.
Por ello es que al quitar el índice, como lector o lectora no te quedará otra alternativa que leer el libro de principio a fin, esto es lo que quiero y necesito que hagas. No por mero capricho, al contrario, es preciso que lo hagas de ese modo para poder conocer, comprender, digerir e integrar de manera segura, efectiva y eficiente toda la información aquí contenida a tu propia experiencia. Y, por supuesto, demás está decir, que tienes la libertad de hacerlo a tu propio tiempo y ritmo, encontrando espacios de pausa para reflexionar introspectivamente, así como para detenerte a repasar/ estudiar algunas páginas cuantas veces lo requieras y sientas necesario antes de continuar avanzando en tu lectura.
Solo así podrás utilizar la información en tu favor, para volverte la arquitecta o el arquitecto de tu propia vida y realidad, despertando tu habilidad y capacidad innatas para trascender los límites de lo tangible.
Así, sin exagerar, en tus manos estoy dejando todo lo que fundamentalmente necesitas saber, conocer, comprender e integrar a tu experiencia con el fin de hallar tu propia fórmula para sanar, resolver, transformar y cambiar lo que sea que estés necesitando en ti, en tu vida y en tu realidad hoy conectando con tu propia maestría, que no es otra que conectar con tu propio maestro interior. De allí que el autoconocimiento, la autoexploración y la introspección reflexiva sean elementos esenciales en cualquier proceso humano en aras de nuestras necesidades de cambio, transformación y sanación.
Toma asiento, ponte cómodo(a), y prepárate para cambiar de manera positiva y radical el paradigma reduccionista e incuestionable de lo imposible, expandiendo tu mente a la posibilidad de crear opciones, oportunidades y alternativas que hasta ahora probablemente creías imposibles de hacer posibles en ti y en tu vida.
Somos energía. Todo es energía. Esto no se trata de magia, brujería ni esoterismo. La energía existe y está presente tanto en lo tangible como en lo intangible. No necesitamos verla para creer en ella, no necesitamos ser parte de ninguna religión o credo para dar fe de su existencia.
Es más, en estricto sentido, tampoco necesitamos sentirla para que exista. La energía está ahí siempre, en todo lo que vemos, sentimos, pensamos, comunicamos y hacemos, incluso en todo lo que no. Es una expresión universal, es la materia y la antimateria al mismo tiempo, es el flujo de la vida misma y el origen de todo.
Decir “no creo en la energía”, es como decir que no crees en tus pulmones porque no puedes verlos, escucharlos ni tocarlos. Sin embargo, puedes sentirlos, sabes que están ahí cuando pones tu atención consciente en tu respiración, puedes sentir dentro de ti cómo tus pulmones se expanden con cada inhalación y cómo se contraen con cada exhalación.
¿Adivina de qué están hechos tus pulmones? Seguro dirás: “De tejidos, células, de materia”. ¿Y de qué crees que en definitiva está hecho todo eso? ¡Pues de energía!
Si te fijas bien, todo nos lleva a ella. La energía no es otra cosa que el origen del origen. Frente a esa clásica pregunta: “¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?”, la respuesta es: ni el huevo ni la gallina. La energía.
Ahora que entendemos que la energía está en el origen de todo, ¿cómo crees que la energía podría influirte? Puede hacerlo de muchas formas y en todos los niveles: material, económico/financiero, social/interpersonal (relaciones), profesional, físico, mental, emocional y espiritual. Pero la pregunta importante no es ¿cómo es que la energía puede influirte?, sino ¿cómo puedes tú influir en la energía?
La respuesta a esta pregunta es lo que quiero que conozcas y descubras en las próximas páginas, pues, tal como alguna vez afirmó el filósofo inglés Francis Bacon: “El conocimiento es poder”.
Pero el conocimiento sobre uno mismo es empoderamiento, y lo es aún más si encima entiendes cómo funciona y cuándo aplicarlo de manera correcta y asertiva en tu vida. Por lo que, cuando conviertes ese conocimiento en experiencia, comienza la verdadera transformación.
Piensa en todas esas cosas que conoces y aprendiste desde muy pequeño o pequeña. Hay un gran porcentaje de esas cosas que hasta ahora solo han alimentado tu parte intelectual, tu mente.
En este mundo material y tangible, nos han educado desde la lógica y la razón. Entonces todo aquello que podemos ver, calcular, medir, predecir y probar con absoluta o relativa exactitud, es lo que nos da la seguridad de emprender y concretar nuestras acciones para materializar nuestros deseos, metas, objetivos, ideas y proyectos, y además creer en ellos.
En palabras simples, nos han enseñado primero a crear para luego creer.
Todo ello por supuesto que nos ha sido muy útil en la vida, como las matemáticas, por ejemplo. Y otras quizás no tan útiles, al menos en lo práctico, como saber quién fue Cristóbal Colón. Pero todo este aprendizaje solo nos permite movernos bajo ciertos márgenes de realidad donde la consciencia solo logra desarrollarse a un nivel más bien limitado y finito.
¿Pero qué me dices de aquellas cosas que han alimentado tu inteligencia? Me refiero a tu parte más creativa, intuitiva, imaginativa, visionaria y emocional. Ese lado expansivo e ilimitado de la consciencia está casi dormido o muy poco explorado en muchas personas.
La educación emocional, por ejemplo, es un área que con los años ha ido tomando fuerza como parte trascendental de nuestro crecimiento y desarrollo como seres humanos. Sin embargo, hasta ahora son pocas las iniciativas formales que se han concretado para darle espacio en el currículum, y en gran parte del mundo aún se mantiene como una especie de proyecto en espera de “algún día…”.
Volviendo a aquello que sí nos han enseñado (crear para creer), lo que por el contrario no nos han enseñado es a primero creer para luego crear.
Es probable que a estas alturas ya estés entendiendo que conocer la energía y aprender cómo funciona y para qué, cabe dentro de aquellas cosas que alimentan tu inteligencia, y que, por ende, expanden tu conciencia a un nivel ilimitado e infinito.
Ahora solo piensa en todas las infinitas posibilidades que existen si aprendieras a influir tú en la energía para cambiar y transformar tu realidad trascendiendo los márgenes de lo tangible o material. ¿Suena a completa locura no es así? Pues sí, de buenas a primeras no es algo sencillo de digerir, la mayoría de las personas estamos tan sumergidos en esta matriz (molde) de lo que suponemos es la realidad, que pensar que algo que hoy creemos inmutable puede ser diferente a como es, o bien, que algo que hoy creemos no tiene otra alternativa tiene un potencial infinito de ser, no es nada fácil de creer hasta que no lo hayamos comprobado y experimentado por nosotros mismos.
Mi invitación también tiene que ver con esto último. Quiero que compruebes y experimentes por ti mismo o por ti misma un nuevo campo de posibilidades sobre aquello en ti o en tu vida que hoy creas es inmodificable o que carece de alternativas.
Pero antes de que continúes, debo hacerte una advertencia no menor, porque lo que leerás en las próximas páginas, desafiará por completo todo lo que conoces o crees conocer hasta ahora en cuanto a cómo funciona la realidad y nosotros los seres humanos interactuando en y con ella.
Puede que muchas de tus creencias al respecto se vean sacudidas con fuerza. Pero pierde cuidado, porque todo lo que se vea alterado te llevará por fin a ponerle orden al caos.
Solo si estás dispuesto o dispuesta a abrir y trascender tu mente, a expandir tu consciencia a niveles nunca antes imaginados y a salir de la dualidad de esta matriz de realidad donde nuestras opciones parecieran reducirse a “blanco o negro”, te invito a vivir esta reveladora y profunda experiencia de transformación ilimitada, donde lo tangible y lo intangible no son opuestos, sino partes de una misma cosa.
Pero antes, ¿qué te parece si comenzamos este viaje haciendo cuenta de que somos como niños iniciando nuestra exploración del mundo y de nosotros mismos? Sin ideas preconcebidas, juicios, evaluaciones ni etiquetas de por medio, con nuestra mente y corazón abiertos, expectantes y entusiastas ante todo lo que iremos conociendo, aprendiendo, descubriendo y experimentando en el camino.
Primero lo primero. ¿Qué es la energía?
Si nos adherimos a la definición clásica de diccionario, energía es “eficacia, poder, virtud para obrar, como también la capacidad para realizar un trabajo”.
Asimismo, es posible dar cuenta de distintos tipos de energía, tales como las que alguna vez repasamos en tiempos de colegio o escuela: eólica, solar, hidráulica, atómica, nuclear, etc.
Lo que tienen en común todos estos tipos de energía, es que se trata de la capacidad que tiene la materia de producir trabajo en forma de movimiento, luz, calor, entre otros. Si esta noción la llevamos al ser humano, podemos entender esa energía como la capacidad y fuerza para actuar en distintos niveles. De estos, es más común reconocer los niveles físico o mental, porque es hasta donde nos parece lógico y racional que la energía puede influir y manifestarse.
Sin embargo, hay otro concepto relacionado de manera estrecha con la energía, que nos permite terminar de entender su manifestación más sutil: el campo electromagnético. Presta atención, porque este sigue siendo un concepto circunscrito en la física y estudiado por la ciencia.
Para ser precisos, fue James Clerk Maxwell, físico escocés, quien en 1865 formuló la teoría clásica del electromagnetismo, y con ello, las famosas “ecuaciones de Maxwell”, que de seguro has oído nombrar alguna vez.
Fue gracias a este descubrimiento de Maxwell, que fue posible después predecir la existencia de las ondas de radio y las radiocomunicaciones.
Los campos electromagnéticos podemos encontrarlos en muchos de los objetos que utilizamos en la actualidad. Por ejemplo, televisores, microondas y celulares. Pero todos ellos son fuentes artificiales. No obstante, también podemos encontrar estos campos electromagnéticos en fuentes naturales, como lo son las tormentas y el mismísimo planeta Tierra. Pero ¡adivina qué! El ser humano también es una fuente natural de campo electromagnético.
La principal característica del campo electromagnético es que su energía es radiante. Si volvemos a recurrir a la definición clásica de diccionario, la energía radiante es “aquella existente en un medio físico, causada por ondas electromagnéticas, mediante las cuales la energía se propaga directamente sin desplazamiento de la materia”. Por ende, la “energía es causada por una corriente de partículas, como electrones, protones, etc.”.
Sí, has leído bien, “la energía es propagada directamente sin desplazamiento de la materia”, y si llevamos esto a nosotros los seres humanos, quiere decir que nuestra energía sutil puede desplazarse y emitir ondas de propagación sin ni siquiera mover nuestro cuerpo físico. En consecuencia, si consideramos que todo es energía, y que nuestros pensamientos y emociones también son pura energía, imagina cómo la calidad, frecuencia e intención de estos podrían influir tu realidad y el mundo físico o material que te rodea.
Hasta aquí, como ya te habrás dado cuenta, no hemos hablado de nada mágico, esotérico ni espiritual. Solo hemos comenzado a entender que la influencia de la energía en nosotros, y la influencia de nosotros en la energía, es algo que existe y se ha logrado estudiar, medir y comprobar incluso científicamente.
Ahora bien, si nos concentramos en cómo nuestros pensamientos y emociones pueden influir en la energía, y desde allí, cómo esta puede terminar afectando, alterando o transformando la misma materia, vale decir, cómo es que a través de la energía podemos pasar de lo intangible a lo tangible, debemos abocarnos al campo de la mecánica (física) cuántica.
No es posible hablar sobre mecánica cuántica sin antes mencionar a Max Planck, físico alemán, quien en 1900 fue el primero en postular que la materia solo puede emitir o absorber energía en pequeñas cantidades llamadas cuantos. El cuanto (quantum, en latín), es la mínima cantidad de energía de cualquier entidad física, y se refiere a la menor cantidad de energía concentrada en una partícula, como lo es por ejemplo el fotón.
La propuesta de la teoría cuántica de Planck explica la radiación del cuerpo negro o cuerpo oscuro. Este último, es “un cuerpo teórico que absorbe toda la luz y toda la energía radiante que incide sobre él en todas las longitudes de onda, constituyendo un sistema físico idealizado para el estudio de la radiación electromagnética”.
Hoy en día, si bien se continúa utilizando el término “física cuántica”, después de que en 1905 la teoría cuántica fuera reforzada por el mismísimo Albert Einstein, no fue hasta 1920 que se determinó que la ciencia que estudiaría estas partículas se denominaría “mecánica cuántica”, siendo este último el término aceptado en el ámbito científico para definir los movimientos e interacciones de los quantum.
Ahora quizás te estés preguntando: “¿Por qué es importante hablar de esto?”. O bien: “¿Cuál es la relevancia o el aporte concreto de estos descubrimientos en nuestra época?”.
Pues bien, piensa que hoy vivimos en la era de la tecnología, ningún avance tecnológico hubiera sido posible sin las investigaciones de Planck en este campo. Algunos inventos como el microondas, los microprocesadores de computadoras, los transistores o los rayos láser serían impensados sin sus descubrimientos.
Hasta aquí, como ya te habrás percatado, “cuántico” es un término científico utilizado en el campo de la física. En palabras simples, el concepto se refiere a lo vinculado con ciertos saltos de energía, llamados cuantos, al emitir o absorber radiación desde diversas longitudes de ondas.
Ahora, la siguiente pregunta sería: ¿cómo se relacionan los descubrimientos de Maxwell y Planck con nosotros los seres humanos? Primero, repasemos lo dicho antes. Por un lado, sabemos que el ser humano es una fuente natural de campo electromagnético, pero de ahora en adelante, el término correcto que utilizaremos en nosotros será “campo bioelectromagnético”. Por otro lado, sabemos que el fotón, es aquella partícula que transporta y concentra cantidades mínimas de energía llamadas cuantos o quantum en diversas longitudes de ondas emitidas por un campo electromagnético. Por tanto, tal y como hicimos recién, de ahora en adelante el segundo término correcto a utilizar en nosotros será “biofotón”.
Antes de continuar, es necesario preguntarnos ¿qué es un fotón y cuál es su relación directa con los famosos cuantos (quantums)? En simple, “un fotón, es una partícula elemental portadora de luz o de energía luminosa, responsable de las manifestaciones cuánticas del fenómeno electromagnético”. Por tanto, la energía que contiene el fotón es de carácter radiante, y se denomina quantum. Este último se refiere a los pequeños paquetes de energía invisible que transportan la luz y que es posible de medir en ondas o frecuencia de ondas, a lo que acostumbramos a llamar o conocer como vibración.
La característica más particular de un fotón es que, si bien no tiene materia (ya que está compuesto de luz), puede tomar no solo la forma de onda sino que también de partícula. Vale decir, puede manifestarse en algo. Aquí es donde viene lo interesante: hoy en día, sabemos que la manera más eficiente de transferir información a grandes velocidades, más allá del tiempo, la distancia y el espacio, es la famosa fibra óptica, la cual transmite información en forma de luz para luego tangibilizarse o manifestarse en algo. Por ejemplo: cuando descargamos o cargamos una canción, una imagen, foto, video, un paper o e-book, etc.
Por consiguiente, la segunda pregunta a hacernos sería: ¿dónde encontramos los famosos fotones? Entendiendo que son partículas portadoras de luz, nos parecerá bastante lógico poder encontrarlos en la luz ultravioleta, infrarroja, rayos X, gamma y en el resto de las formas de radiación electromagnética. Pero también, podemos encontrarlos en nosotros, específicamente en nuestro cerebro.
Pues bien, el cerebro humano emite fotones, pero al ser organismos vivos, a estos la ciencia les llama bio-fotones, por tanto, nuestro cerebro usa los bio-fotones para transmitir información entre neuronas, pero también hacia el exterior.
En ese exterior estamos rodeados por un campo cuántico invisible al ojo humano que recibe y transporta la información que emitimos produciéndose así una respuesta en concordancia, o resonancia, con la frecuencia de ondas o vibración que emitimos. Por tanto, los bio-fotones que contienen esta información pasan de onda a partícula, manifestándose en la realidad material. En palabras simples, esa información es capaz de materializarse en un evento o suceso, el cual atraemos o magnetizamos en función de nuestra vibración.
De allí que, como piensas, sientes, como sientes, vibras y como vibras, atraes. Esto quiere decir que si bien el pensamiento emite la señal al campo cuántico, es la emoción que deriva de ese pensamiento, la que atrae un suceso o experiencia tangible hacia nosotros. Dicho de otro modo, nuestros pensamientos son información radiante y circulante que aloja un contenido, y la emoción que acompaña ese pensamiento vendría a ser la que otorga o quita calidad al contenido de esa información.
Ahora que entendemos esto, nos será más sencillo comprender uno de los principios fundamentales de la mecánica cuántica denominado el efecto observador: “donde pones tu atención, pones tu energía”,y dependiendo hacia dónde va la energía esta se materializa según aquello en lo que ponemos nuestra atención, vale decir, en función de los pensamientos sobre los cuales llevamos nuestra atención.
Lo anterior sucede así, ya que los bio-fotones absorben esa información a la cual llevamos nuestra atención, cargándose de la energía suficiente para que estos se electromagneticen transmitiendo esta información entre neuronas para lograr un nuevo estado de existencia (o nuevo estado del Ser). Así pues, generan desde allí una cierta frecuencia de ondas (o vibración) que al ser emitida al campo cuántico nos permite atraer la manifestación de uno o varios sucesos/experiencias.
El enfoque observador nos revela el poderoso impacto, influencia y efecto que tienen nuestros pensamientos, emociones, imágenes mentales y diálogo interno (habituales) sobre nuestra realidad material. De allí la frase de Joe Dispenza: “Somos los creadores de nuestra realidad”. Esta frase no tiene un sentido metafórico, sino, por el contrario, literal.
Ahora bien, la mayoría de nosotros no somos del todo conscientes de nuestro poder de creación, en esencia porque se nos ha educado bajo el modelo clásico newtoniano de la realidad. Por lo que, en este punto, considero importante contarte acerca de este modelo clásico de realidad versus el modelo cuántico de la realidad.
Remontémonos a la época de dos grandes pensadores, Descartes y Newton, quienes definieron la realidad como mente y materia por separado.
Descartes no quería que la mente le estorbara, ya que era demasiado compleja, por tanto, decidió que investigaría y estudiaría la materia como una esfera de la ciencia, separando a la mente como una esfera de la religión, o bien, de la espiritualidad.
A partir de allí, se fue asumiendo en forma generalizada que la ciencia siempre ha sido materia, nunca la mente, y que la religión o la espiritualidad siempre ha sido la mente, nunca la materia. Por ende, no se podían mezclar, algo así como el agua y el aceite.
Convengamos que la física newtoniana es muy importante para nuestras funciones, ya que nos da comprensión del tiempo y el espacio, por tanto es un modelo predecible. Por ejemplo, gracias a Newton podemos llevar un cohete a la luna, o bien, cuando volamos en avión y viajamos de un lugar a otro, sabremos cuándo llegaremos, porque los instrumentos calculan el viento, la velocidad, el despegue y otros factores, por lo que se puede predecir con exactitud la hora en que aterrizaremos.
Luego, aparece Einstein, con una nueva visión, que postulaba que la materia y la energía estaban relacionadas. Y para explicarlo usó las matemáticas, poniendo patas arriba el mundo de la física con la famosa fórmula de E=mc2, afirmando que nada va más rápido que la velocidad de la luz.
Después de esto Einstein se reunió con otro famoso físico, el ya mencionado Max Planck. Juntos se dieron cuenta de cómo se alteran los electrones en el metal. Comenzaron a observar cómo actúa el electrón, esperando que se comportase como una manzana que cae de un árbol, o como los planetas que giran alrededor del sol. Ambos concluyeron que cuando el electrón pierde energía se cae sobre una masa más grande: la Tierra, tal y como lo hace la manzana cayendo del árbol.
El asunto es que, cuando alteraron el electrón, pensaron que lo lógico era que este debía moverse como una pelota que baja por una colina, hacia el núcleo del átomo. Pero cuando alteraron el electrón no ocurrió eso, sino que este ganaba energía y perdía energía, y en vez de parecer una pelota que baja por una colina parecía más bien como una pelota que cae por las escaleras. De repente se dieron cuenta de que el pequeño mundo, no se comporta como el mundo grande.
Entonces empezaron a buscar al electrón, para observarlo y luego medirlo. Y descubrieron que donde fuera que buscaran el electrón, este aparecía. Se dieron cuenta de que el electrón existe en todos los campos de información posible, y cuando el observador llega y lo observa, pasa de energía a partícula. Dicho fenómeno tiene el nombre de “colapsar la función de onda” o un evento cuántico.
Más interesante aún es que luego se dieron cuenta de que, cuando el observador deja de prestar atención y mira hacia otro lado, la partícula vuelve a la posibilidad, vuelve a ser onda, y de repente la mente y la materia quedan relacionadas de alguna forma. La mente subjetiva ejerce influencia en el mundo objetivo, y entonces, la mente y la materia quedan tan vinculadas, que es imposible distinguir una de la otra.
Ahora bien, he aquí la cuestión: si observamos nuestra vida, con el mismo nivel mental, nosotros como observadores cuánticos, originamos ondas infinitas de posibilidades que colapsan los mismos patrones de información llamados vida. Por ello, si vivimos con las hormonas del estrés (cortisol y adrenalina), y somos más materia y menos energía, nuestra observación no tendrá ningún efecto en la materia, porque somos materia que intenta cambiar la materia.
Dicho lo anterior, como observadores cuánticos, provocamos patrones de información llamados partículas que vuelven a la posibilidad. Siguiendo esta lógica, sucede que cuando seguimos revisitando nuestra vida con el mismo nivel mental, es decir, con los mismos pensamientos y creencias limitantes y perjudiciales, seguiremos congelando o perpetuando la realidad en los mismos patrones. En consecuencia, , como observadores cuánticos, si dejamos de prestar atención a la vida como la conocemos hoy, basados en nuestras experiencias del pasado y en las posibilidades limitadas que concluimos según esas experiencias, y en lugar de ello prestamos nuestra atención hacia el futuro que deseamos, considerando que el cerebro no diferencia lo real de lo imaginario, provocaremos patrones infinitos de información que colapsarán en nuevas partículas llamadas evento cuántico o una experiencia en la vida. En consecuencia, nuestro estado de existencia y presente cambian. Cambian en favor de nuestra salud, bienestar y calidad/estilo de vida.
Cuando creamos un nuevo estado de existencia, lo hacemos a nivel biológico, neurológico, químico, endocrinológico, y entonces respaldamos de manera genética un nuevo Yo. Un nuevo estado de existencia, tiene que ver con cómo pensamos y cómo nos sentimos, porque los pensamientos son el lenguaje del cerebro, y los sentimientos son el lenguaje del cuerpo. Cuando combinamos el pensamiento con el sentimiento, es decir, cuando pensamos según como nos sentimos y sentimos según como pensamos, creamos un estado de existencia.
Por supuesto, este estado de existencia puede ser benéfico o perjudicial, dependiendo de los pensamientos y sentimientos habituales que tenemos y experimentamos, pero que además alimentamos a diario con nuestra atención repetida y sostenida sobre ellos.
Cuando reaccionamos a algo en la vida y ese algo genera una reacción que provoca que nos pongamos nerviosos, que actuemos impulsivamente, nos alteremos o nos sintamos amenazados de alguna forma, activamos nuestro sistema nervioso primitivo, conocido también como el sistema “de lucha o huida”. Cuando este sistema percibe una amenaza en el entorno exterior, el proceso bioquímico que se despliega en nuestro organismo es el siguiente: el neocórtex (porción racional o pensante de la corteza cerebral) asocia la imagen del mundo exterior con la imagen grabada en el cerebro, y envía una señal al cerebro límbico (estructura cerebral que regula emociones y comportamientos), el cual envía una señal electromagnética a la espina dorsal (huesos, músculos, tendones y tejidos de la columna incluida la médula espinal), y activa las glándulas suprarrenales (glándulas pequeñas ubicadas una sobre cada riñón encargadas de regular los latidos del corazón y la presión arterial, entre otras funciones) . Cuando estas glándulas se activan, empiezan a emitir cierta cantidad de adrenalina, y cuando la adrenalina se libera en el cuerpo hay un cambio fisiológico. Las pupilas se dilatan, los fluidos salivales se detienen, el ritmo cardiaco y la frecuencia respiratoria aumentan, la sangre fluye a mayor velocidad hacia las extremidades, y nuestro sistema se preparará para luchar o huir. Lo anterior es para tener probabilidades de sobrevivir. Por supuesto, este sistema es muy adaptable cuando hay una amenaza en el entorno exterior que atente contra nuestra supervivencia.
