Un camino a elegir - Francisca Tomás Cañellas - E-Book

Un camino a elegir E-Book

Francisca Tomás Cañellas

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Beschreibung

El contenido de este libro son mensajes canalizados para un cambio en la humanidad, un despertar que ya empezó, y no se puede parar. Es un camino voluntario a seguir, siempre para un crecimiento personal y aprender del sufrimiento para seguir una vida distinta y vivirla con amor no con odios. La felicidad se puede lograr y una parte depende de uno mismo, no la desaproveches, vívela y comprobarás que la felicidad existe. Los dibujos incluidos son visualizaciones de imágenes y colores, mientras estaba canalizando. En ellos he intentado transmitir la visualización del momento y significado de las mismas. La portada son dos corcheas que simbolizan la vibración, al mirarlas se forma una puerta, las personas eligen traspasarla o no, quedarse o avanzar. El fondo de tonalidades verdes, es el color del corazón, la verdad y honestidad con uno mismo y los demás.

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Seitenzahl: 107

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Francisca Tomás Cañellas

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1144-989-2

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Mi gratitud a todas las personas que me han ayudado y apoyado para dar nacimiento a este libro. Sin su amistad, confianza, cooperación y muchas horas, no hubiese sido posible. Entre ellos, Aída y Miguel, muchas gracias por vuestro tiempo.

PRÓLOGO

Querido lector, el contenido de este libro ha sido realizado de forma canalizada, mediante escritura automática. Antes de comenzar con los mensajes que recibí, me gustaría contaros algo sobre mí. Permitidme una pequeña presentación para conocer un poco a la persona que hay detrás de este libro.

Mi llegada a este mundo ya vino con cierta dificultad, pues, al nacer, se me dio por muerta. Según me contaron, me dejaron sobre una silla, ya que, al ser sietemesina, no tenía todo lo que me correspondía, como piel, pelo, uñas. Tuvieron que asistir a mi madre, porque se estaba yendo. Empecé a gemir y me atendieron: estaba viva. Hay que tener presente que, en aquella época, no había incubadoras. Al cabo de un año, hacía cosas de más mayor, entre ellas, caminar con los tacones de mi madre, hablar y jugar a vendedoras, conocer los colores, etcétera. Los médicos de entonces le decían a mi madre: «Si esta niña no para, no sé qué haremos» [sonrisa]. En ciertas cosas, paré y llevé una vida normal.

A la edad de nueve años y como consecuencia de un accidente, tuve una ECM, una experiencia cercana a la muerte. Eran los años sesenta en la isla de Mallorca y, por esas fechas, no se sabía nada de todo esto. Como la mayoría cuenta, yo salí del cuerpo, como un mero observador, mientras la vida seguía. Me encontraba observando todo lo que pasaba desde arriba, sin miedo, sin dolor, sin pensar «me muero o no»; en fin, un montón de cosas en un tiempo que no puedo medir.

Pasaron muchas cosas después. Mi infancia fue alegre, con una familia estupenda. Elegí bien, en su momento, antes de nacer. Es mi mayor gratitud a la vida por el amor que recibí.

Proseguí creciendo sin maldad, confiada de que todo es real, como en un cuento de hadas, a corazón abierto por la vida. No obstante, llegó un momento, en mi primer matrimonio, en que no entendía nada: cuanto más daba, cuanto más intentaba AMAR, menos funcionaba. Mi vida se derrumbó por completo. Sin embargo, ese dolor es el que nos hace aprender y hoy en día puedo decir que mis parejas han sido mis mayores maestros. Me enseñaron a no admitir lo que no quiero y a aceptar solo por decisión propia. Me hicieron más fuerte y, como se dice en reiki, sé como el bambú: fuerte para mantenerte y flexible para no romperte.

En esos años tan difíciles para mí, empezaron a desarrollarse una variedad de situaciones, sensaciones, pensamientos e intuiciones. En un principio, simplemente no entendía nada, solo sentía. Mis manos empezaron a arder cada vez que había alguna persona que lo pasaba mal o en situaciones dolorosas y tristes. Poco a poco, empecé a realizar imposiciones de manos y me sentía feliz con ello.

A la edad de treinta años, perdí a mi padre. Me costó mucho superar esta muerte o, mejor dicho, este cambio de plano, pues la muerte no existe. Desde entonces, no he parado de buscar información, hacer cursos, talleres, asistir a conferencias, etcétera.

Comencé a canalizar con reiki y, con el transcurso de los años, he desarrollado un despertar espiritual, por decirlo de alguna manera —cada uno le dará la importancia o significado que entienda o sienta—. Ha sido un despertar alejado de creencias, aunque ya sé que las creencias pueden estar muy arraigadas y albergarse de forma inconsciente.

Una noche en que no podía conciliar el sueño, me levanté y me puse a escribir: «Había una vez un LILIPUTIENSE…». Por primera vez, fui capaz de expresar lo que el ALMA, mi alma, sentía. A esta etapa se la denomina «la noche oscura del alma» y os puedo asegurar que es muy fuerte, dura y dolorosa. Ese escrito lo leí una y otra vez y me di cuenta de muchas cosas: sufrimos demasiado, no nos entendemos, queremos llevar la vida y es la vida la que nos lleva a nosotros.

EL LILIPUTIENSE

Había una vez un liliputiense que no podía crecer. Todo era grande, difícil y oscuro. No podía conseguir sus objetivos, pasaba el tiempo y, cada día que pasaba, se sentía peor, más cansado, triste y agotado, sus pensamientos lo atormentaban. Sabía que tenía que hacer un cambio, pero no sabía cómo hacerlo.

En un tiempo pasado, era feliz, alegre. Quería a las personas y ellos, a la vez, a él. Todo él era amor, pero, por circunstancias de la vida, cuando se dio cuenta, no era él mismo.

Empezó a enfermar. Su mente seguía dando vueltas a todo lo que le estaba ocurriendo, pero una noche como otras muchas, no podía conciliar el sueño se sentó e intentó conectar con su más profundo yo interior y descubrió que su infelicidad se debía a la falta de amor.

Se dio cuenta de que, viviendo en pareja, se sentía solo y, por mucho que intentara con todas sus fuerzas no finalizar la relación, estaba consumiendo su vida y su salud. Por mucho que pensara en la mejor manera de intentar arreglarlo, nada daba resultado.

Tras meditar muchos días, empezó a darse cuenta de que cada uno iba por un camino diferente de evolución: él era muy espiritual, aunque tenía los pies en la tierra y ella, muy terrenal y lo quería a su manera. Pero el amor, si no hay diálogo, cariño, caricias, sonrisas y abrazos, poco a poco se va muriendo.

Una voz interna le repetía constantemente: «Márchate, coge tus cosas y organiza tu vida. Necesitas espacio emocional, necesitas tu libertad. Lo has gastado todo, has perdido toda tu energía vital. La negatividad ha llenado la botella y, si no la vacías, no hay sitio para la positiva».

Lo que más le dolía al liliputiense era que podía entender a su pareja. Era como era y, cuando intentaba cambiar algo o dialogar con ella, tenían unos días buenos, pero al poco tiempo todo volvía a ser como antes: rutinas, poco cariño, apenas diálogo… y seguía enfermando. Necesitaba respirar, avanzar en su evolución personal, pero, para no lastimar a los demás miembros de la familia, seguía negando su voz interior.

Sus guías, sus sueños y sus pensamientos le seguían diciendo: «¡Vete, vete! Lo necesitas para tranquilizarte, avanzar en tu camino espiritual y para sanar tu cuerpo y tu mente».

El amor del liliputiense era puro y deseaba lo mejor para su pareja. La vida de cada uno es suya y no podemos vivir la del otro, y más si los caminos se rompen.

Cuando hay un crecimiento personal grande, se ven las cosas desde otra perspectiva, desde el corazón, pero la mente siempre quiere ganar, siempre tiene que ser la primera en estar presente, lo quiere organizar todo desde los sentimientos que provocan las emociones y, una vez que te hundes y no luchas contra ellas o simplemente por comodidad aceptas la situación, estás perdido, aunque en tu yo interior continúa la lucha.

Cuando eres libre desde el alma, no te preocupa qué dirá la gente, ni qué pensarán de ti, porque tú sabes cómo eres, cómo amas y tu potencial.

Siempre hay tres caminos: derecha, izquierda y centro. El dilema es saber cuál tomar. El malestar físico y emocional es mayor durante el tiempo de la duda: adónde voy, qué va a pasar.

En esos momentos, no queda más remedio que intentar vivir en el ahora, el presente, minuto a minuto, tomar consciencia de lo que se hace aquí y ahora. De lo contrario, te estás exponiendo a la locura, a la depresión y a un montón de pastillas, cuando la decisión es tuya.

La mayoría de las personas viven, pero no se dan cuenta de nada. «Esto me gusta, esto no me gusta», pero no saben ver, oír, observar, contemplar y, sobre todo, amar.

El amor es la base de todo, es lo que mantiene la vida, la alegría, la esperanza. Todos queremos vivir bien y lo ideal sería que toda la humanidad pudiera tener, por lo menos, lo básico para una vida digna.

Hay cosas que sobran, como volcarse en todo lo material y olvidar el alma, pues en el alma cabe todo, es nuestro dios interior. No busquemos las cosas fuera, porque están dentro de nosotros. Sin embargo, muy pocos buscan dentro; todo se busca fuera. Siempre hay que echar la culpa a algo o a alguien, incluso a alguna circunstancia, que quizás la hemos creado nosotros.

Hay cosas que podemos cambiar y otras que no están a nuestro alcance. Tenemos que intentar no fijar el objetivo demasiado lejos, pues no llegaremos. Es mejor ir pasito a pasito y alejarlo un poco más cada día, pero saber que lo vas a poder conseguir.

Por qué se nos complica tanto la vida… Creo que lo queremos gestionar todo, cambiarlo casi todo y eso no nos da felicidad. Pensad si alguna vez habéis gestionado una puesta de sol. Simplemente decimos que es bella tal cual es, no solemos decir: «Si esta nube fuera más grande, el sol más naranja…». Simplemente es. Pero no sabemos aplicar esta norma a la vida y la vida nos resulta casi imposible. Pienso que muchas veces nos la vamos complicando sin darnos cuenta y llega un día en que parece que no se puede salir del atolladero. Aquí, si has trabajado contigo mismo, sabes que el mayor implicado es nuestro propio ego: yo soy, yo puedo, yo tengo, qué se creen estos… Ese es el gran potencial para la infelicidad.

Como podéis ver, lo que me ocurre es que simplemente soy de otra manera. Intento no juzgar, entender sin gestionar o culpar, hagan lo que hagan las personas. Yo no he recorrido sus vidas ni sus experiencias. Me pueden parecer bien o mal, mas se dice que no se puede juzgar a las personas hasta que has caminado siete lunas con sus zapatos. Suficiente tenemos con vivir la nuestra. Cada uno tiene su cometido, cada uno ha venido por algo, alguna meta tiene que cumplir. Todo, en sí, es uno y todos nos necesitamos unos a otros, incluso en los trabajos, pues no hay trabajos mejores o peores, simplemente actividades que son necesarias para que todos podamos tener desde un barrendero a un banquero. El problema es que no hay armonía. Entonces, el sistema se rompe.

Mi alma, F. T. C.

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Cuando haces un trabajo importante en tu vida a nivel interior, la existencia se complica bastante, hasta que poco a poco comprendes y aceptas cómo eres y dejas que tus intuiciones, visiones y conversaciones salgan a la luz. Al aceptar tus nuevas capacidades, las pones a trabajar para ti y no en tu contra. Surge el llamado despertar espiritual, que, para todo aquel que se pregunte qué quiere decir exactamente, puedo afirmar que está en el camino si se empieza a hacer preguntas como estas: ¿qué estoy haciendo aquí y cómo me siento? ¿Cómo quiero que sea mi vida? Cuestiones estas que son planteadas desde el enfoque de mi propia vida y todo lo que en ella converge —trabajo, familia, personas—.

Llega un momento en que descubres que las cosas son como son y no como te gustaría que fuesen. Y dejas atrás la mente y su continuo rumor para empezar a sentir. Esta es una de las claves. Sentir es entrar en tu interior y preguntarte cómo estás, qué puedes cambiar de lo que no te gusta y atreverte a salir de tu zona de confort para recorrer un nuevo camino.

El aprendizaje es duro, pero vale la pena. Se trata de un aprendizaje que necesariamente conlleva una mayor consciencia, un mayor entendimiento. Solo así puedes avanzar. Puedes realizar miles de terapias, pero si no haces tu CLIC y lo entiendes, por lo menos en parte, no te servirá de mucho.

Después de casi treinta años de estudiar y conocer varias terapias de sanación, he ido desarrollando una parte sensitiva y capacidades de médium. Había intentado varias veces practicar la escritura automática o canalizada, sin conseguirlo, aunque es verdad que en las sesiones que realizo con diferentes terapias sanadoras recibo mucha información e imágenes.