Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
¿Y si el estoicismo no fuera una herramienta para fortalecerse, sino un camino para disolver con humildad el ego y habitar la vida con presencia? Un estoicismo subversivo es una propuesta filosófica que desafía la versión clásica del estoicismo como herramienta de autoayuda y lo recupera como un camino radical de transformación interior. El autor nos invita a mirar de frente el miedo, la muerte, el deseo o el dolor —no para controlarlos, sino para habitarlos— y a convertirlos en materia de autoconocimiento. Con una mirada crítica y contemplativa, actualiza conceptos como el Logos, la virtud, la libertad interior o la serenidad, y los entrelaza con cuestiones contemporáneas como el ego, la identidad, el sufrimiento o el vacío.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 163
Veröffentlichungsjahr: 2025
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
©Nacho Bañeras,2025
Para esta edición:
©Editorial Siglantana S. L.,2025
www.siglantana.com
Instagram: @siglantana_editorial
YouTube: www.youtube.com/siglantanalive
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.cedro.org o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.
ISBN: 978-84-10179-80-6
Índice
Preámbulo. ¿Por qué ahora una inspiración estoica?
Subvertir el estoicismo. En defensa y en contra del estoicismo
La única elección posible, mantenernos atentos, la prohaieresis
La Hydra de ser consciente: incertidumbre, muerte, sociedad y deseo
Nuestro estado de ánimo, ¿miedo o asombro?
¿Condicionamiento u oportunidad? Hacerse cargo del estado anímico
No hay libertad, solo una única elección, mantenernos presentes
¿Cómo empezar? La actitud virtuosa o el recto camino
Escuchar nuestro íntimo anhelo
Confiar es tener fe en nosotros, sernos leales
Tener coraje. Solo tienen coraje los que tienen miedo
Ser hormiga con mirada de águila
Convertirnos en humanos: moderación, equidad y discernimiento
Las tres disciplinas o caminos: pensamiento, emoción y acción
Pensar. La disciplina del juicio o sobre la lógica
Sentir. La disciplina del deseo o sobre la física
Actuar. La disciplina de la acción o sobre la ética
¡Conócete! Siete senderos hacia la serenidad
Eres lo que crees
El apego a las creencias, la identidad y el ego
¿Por qué es tan difícil cambiar las creencias?
Cómo huyes de ti mismo/a
Eres la relación que mantienes contigo mismo
Eres donde pones tu atención
Eres lo que sientes
Pequeña disertación sobre el miedo y nuestra huida
Eres el cuerpo que habitas
Eres lo que aceptas y rechazas
Eres como te relacionas
Dimensión social y política de la disciplina de la acción
El ideal del ciudadano virtuoso. El ciudadano estoico y su rol en la vida pública
El deber cívico y el compromiso social
La tolerancia y el cosmopolitismo
Memento mori. Morir antes de morir
Conócete: no eres nadie, serénate. El último sendero
La ataraxia o ser coherentes con la Naturaleza
El Guía interior o el principio rector, manifestación del Logos. No eres nadie, eres Uno
Bibliografía
Notas
Concibe sin cesar el mundo como un ser viviente único, que contiene una sola sustancia y un alma única.
Marco Aurelio
Quien ha comprendido rectamente que todas las cosas se siguen en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, y que se producen según las leyes y reglas eternas de la naturaleza, no hallará en verdad nada que sea digno de odio, risa o desprecio, ni tendrá conmiseración de nadie, sino que se esforzará, cuanto la virtud humana lo permite, en hacer el bien y en estar alegre.
Spinoza
Preámbulo. ¿Por qué ahora una inspiración estoica?
Son pocos los principios que hay que dominar para vivir una vida de curso favorable y de respeto a los dioses1.
Hace ya más de quince años empecé a adentrarme en el estoicismo. En la universidad no recuerdo ninguna mención especial. Generalmente, las escuelas helénicas no eran parte del recorrido académico o, si eran materia de la historia de la filosofía, nunca daba tiempo a llegar a ellas, Platón y Aristóteles daban mucho de sí.
Con el tiempo, he ido llegando a la conclusión de que en la universidad, como en la inmensa trayectoria filosófica occidental, lo que se priorizaba y se prioriza es el conocimiento teórico del mundo. Platón y Aristóteles también tienen una filosofía práctica cercana a la vida, pero por la seducción que nos produce el conocimiento, atraídos por el poder de control que imaginamos nos da, perdemos lo que en la Antigüedad era fundamental: vivir de una forma filosófica y tener la capacidad de ser dignos de portar ese conocimiento. En aquel entonces, el conocimiento iba ligado a la capacidad para albergarlo y, todavía más importante, filósofo era aquella persona que vivía de una manera concreta, de una manera virtuosa.
Como espero poder mostrar a lo largo de estas páginas, un filósofo es aquel que vive en concordancia y coherencia con determinados principios. Se sirve del conocimiento, por supuesto, pero no es su meta, no al menos únicamente.
Tuve la suerte de entrar en el estoicismo de la mano de Spinoza, sin saber que este era estoico. Dicho filósofo, para mi revelador, profundo y radical, se convirtió en un camino que sigo investigando y, como ningún otro, me reveló el gran legado contemplativo de aquello que denominamos «Occidente», del que he hablado en otro libro2.
Posteriormente, vino Pierre Hadot. Con su inspiradora y cálida compañía fui adentrándome en una forma de entender esta escuela y, principalmente, de reformular la idea que tenía entonces de la filosofía. Estas páginas son deudoras de las suyas.
Progresivamente, fui cogiendo apuntes, releyendo textos y aplicando los ejercicios estoicos a mi propia vida. Experimentar que, desde la humildad de su discurso y práctica, se puede ir desarrollando un camino de autoconocimiento me animó a hilvanarlo en mi tesis doctoral; a hacer de él una guía para el acompañamiento filosófico-terapéutico que llevo ya más de quince años ejercitando; y a que fuera uno de los ejes vertebrales de la formación en acompañamiento filosófico que también coordino.
Sí, una de las dimensiones más interesantes y menos conocidas de la figura de los filósofos es que son conductores de almas. Psicopompos, psicagogos y mistagogos, respectivamente, conductores, educadores y acompañantes de almas y hacia el misterio. Qué nombres más raros, ¿verdad? Sin embargo, estas dimensiones ligadas a aquellos que se nombraban filósofos mostraban una forma de entender la filosofía. Más precisamente, una forma de vivirla, ligada al autoconocimiento y a la contemplación. Los estoicos son un claro ejemplo.
Hoy en día, como espero poder plasmar en el libro, puesto que es el resultado de todo este proceso, continúo descubriendo matices que me permiten seguir profundizando en el bello camino del autoconocimiento. La escuela estoica es fiel compañía hacia la mirada contemplativa que progresivamente van tejiendo.
Este libro es, por tanto, el resultado, no me atrevo a decir definitivo, de todos los apuntes, reflexiones, conferencias, cursos y aportaciones de los alumnos, y quiere ser un manual y un itinerario para vivir desde una inspiración estoica, una escuela que se ocupó, quizás como ningún otro movimiento filosófico en Occidente, de ofrecer un recorrido detallado para acercar al ser humano a aquello que consideraban más importante: vivir conforme a la Naturaleza, el Orden de las cosas o el Logos.
Hemos de entender este vivir conforme no como una vuelta a la animalidad, sino como la capacidad de vivir en armonía, esto es, en unión con el Ser/Dios/Tao/Conciencia (terminología, quizás, más actual). De una forma más radical, este volver a la Naturaleza o al Logos implica un descentramiento del individuo de sí mismo y un camino de desvelo y vaciamiento interno.
Qué alejada de nuestra concepción de filosofía, ¿verdad?
Además de mostrar la actualidad del estoicismo en nuestro presente ―inevitable en cualquier época, dado su profundo mensaje―, puesto que de lo que habla esta escuela es de la naturaleza íntima de la humanidad, me gustaría que el libro pudiera leerse tanto como una actualización (una lectura del estoicismo desde nuestro presente) como una defensa de la profundidad de esta escuela. Esto último me parece importante. Desde hace unas décadas, la filosofía estoica sufre un boom. Digo, efectivamente, que sufre, puesto que se ha visto atravesada por los discursos neoliberales de nuestros tiempos, que han aprovechado el estoicismo para ensalzar al individuo y potenciar sus capacidades de aguante y, como trasfondo, de producción y materialismo. Finalmente, estoy queriendo acercarme al estoicismo como una inspiración, no buscando su recuperación. El motivo de hacerlo de esta manera es que creo que es fundamental criticar ciertos postulados de esta escuela. Nada hay perfecto, pero es que, además, todo merece volver a ser pensado desde los paradigmas y nuevas miradas que cada época aporta.
Presentaré el estoicismo como una práctica de vaciamiento o transparencia que hace posible una existencia armónica con el Logos y con los otros que nunca, y esto es importante, acaba de lograr del todo. Ambas dimensiones, la existencial y la social, también son a menudo silenciadas por los discursos actuales. Efectivamente, el estoicismo tiene una mirada hacia lo común que la convierte en una escuela incompatible con el Capitalismo.
Dicho esto, lo presentaré como una práctica que, buscando acercarnos a la actitud estoica, quiere dar respuesta a la pregunta de cómo vivir en el mundo, sin ser de él, siendo, sin embargo, para el mundo. Esta pregunta me parece fundamental pues permite hablar de tres elementos. El estoicismo quiere vivir y estar en el mundo, no es una filosofía que huya de él o se refugie de él. Sin embargo, este vivir quiere ser desapegado, sin ser de él, donde lo fundamental no es desarrollar un individuo independiente o una identidad concreta, sino desaparecer en la dimensión subjetiva. Por último, tiene una voluntad de entrega y de servicio. De entrega frente al destino y de servicio frente a los iguales, todos los miembros de la naturaleza, animales, plantas y humanos.
La propuesta estoica siempre me ha parecido humilde, pues se centra en cincelar únicamente aquello de lo que podemos ocuparnos, nuestra actitud. Valiente, en la medida en que se mantienen cercanos ―sin blanquearla― a la vulnerabilidad del ser humano (somos poca cosa, aliento y carne), ocupándose de la incertidumbre, el deseo y el dolor que acompañan toda vida. Sencilla y artesanal, siendo, a la vez, universal. La Academia platónica no dejaba entrar a mujeres, ni qué decir de extranjeros, niños o esclavos. Frente a la, a veces, soberbia de los verdaderos filósofos, estos auténticos filósofos se ocupaban de vivir, esculpiéndose a sí mismos a través de la práctica reiterada que ofrece la propia cotidianidad. La vida teórica no era, en ese entonces, una adquisición de conocimientos como sí una particular forma de ver, la contemplativa, que permitía tener acceso al trasfondo de la realidad.
Mística. Voy a entender «místico» de dos maneras. Es místico aquel recorrido que podemos transitar y que implica renunciar a aquello que creemos ser, saliendo de nuestro autoensimismamiento, y entrando en conformidad/armonía con lo que verdaderamente hay, que puede ser descrito muy pobremente con palabras y que reclama de nosotros un sentir y una sensibilidad profundas. En palabras de Heidegger, un filósofo que nos acompañará, ek-sistir, «salir de sí mismo», es propiamente ser humano y su único acto verdaderamente libre. Es místico el camino que nos acerca al misterio. Gracias al gesto de salir, de desocupar el espacio del centro, el misterio se hace presente. Este misterio, en su segunda acepción y la que me parece verdaderamente relevante, es aquel claro que aparece después de una tarea de silenciamiento interno que deja espacio para su manifestación, la posibilidad de experimentar el estar siendo o la Vida; en terminología estoica, ser coherentes con la Naturaleza. Una experiencia que no podemos conceptualizar y que se nos escapa permanentemente. Este claro, como veremos, será causa y repercusión de la serenidad.
Como puede ver el lector, esta es una propuesta que se engloba dentro de las tradiciones sapienciales, místicas y contemplativas de Occidente y que, en parte, roza la filosofía no-dual, ya que busca, desde el primer momento, encarnarse con el Uno que representa el Logos.
Solidaria. La práctica estoica no solo implica amabilidad, sino que parte de la base de la hermandad consustancial de toda la existencia. Procedemos todos de un mismo origen. La interdependencia era bien conocida por los estoicos, a la que denominaban «simpatía entre las cosas», y que, siglos más tarde, filósofas como Hildegarda de Bingen3 recuperarán para mostrar el íntimo vínculo de todos los elementos que forman la creación divina. Recuperar la amabilidad, fundamentada en algo que la ecología ha hecho obvio, puede mostrar un camino hacia otro tipo de acciones colectivas y políticas que dejo abierto a la reflexión.
Todas las cosas se hallan entrelazadas entre sí y su común vínculo es sagrado y casi ninguna es extraña a la otra, porque todas están coordinadas y contribuyen al orden del mismo mundo.
Uno es el mundo, compuesto de todas las cosas; uno el dios, única la substancia, única la ley, una sola razón, una también la verdad4.
Finalmente, en el hecho de recuperar el estoicismo hay el deseo de honrar esta filosofía que optó, desde un primer momento, por ocuparse tanto de la vida como del pensamiento. Aunque sea loable que la filosofía haya intentado pensar lo impensable (y es importante que lo siga haciendo), debe tener en cuenta la voluntad y el trasfondo que la lleva a ese conocimiento, puesto que muchas veces, aunque tenga la apariencia de inofensivo, va cargado con una voluntad de poder y aupado por el miedo a la pequeñez característica del ser humano. Queremos ser fieles a la máxima délfica, el primer paso; antes de conocer nada más, es el conócete.
Por supuesto, es necesario seguir pensando a fondo los estoicos, seguir su senda, probar a profundizar en la experiencia a la que nos invitan, resituarlos en nuestro presente, ser críticos con ciertos aspectos. Seguir, en definitiva, la máxima de Séneca de no repetir, sino de aprender y enriquecer con lo propio.
Cava en tu interior. Dentro se halla la fuente del bien y es capaz de brotar continuamente, si no dejas de excavar5.
Subvertir el estoicismo. En defensa y en contra del estoicismo
¿Es posible subvertir el estoicismo? ¿Por qué hacerlo?
Antes de responder a ambas preguntas, vaya por delante una defensa de la ambigüedad como un punto de partida. Con ello queremos defender la complejidad y riqueza de la vida, que siempre tiene la capacidad de ir más allá de cualquier planteamiento teórico por su propia naturaleza cambiante. Esta complejidad nos demanda, nos interpela. Nos pide situar, pensar, contextualizar o tener espíritu crítico.
El estoicismo es una filosofía que tiene un amplio recorrido histórico; no obstante, merece ser repensada, criticada, modificada. ¿Por qué no?
Se verá a lo largo de estas páginas que somos reacios a las etiquetas. No me considero un estoico. Creo que ser un estoico hoy es imposible. Y no tanto porque no se puedan llevar a cabo los ejercicios y prácticas de vida de esta escuela, sino, primeramente, porque estoicismos hay muchos y, seguidamente y lo fundamental, es que ya no manejamos ni la misma idea de individuo que se tenía cuando estuvo en auge esta escuela. La idea a través de la cual nos construimos como sujetos ha cambiado, junto con la idea de mundo que manejamos. Entre Marco Aurelio, Epicteto o, incluso, Spinoza y nosotros hay un abismo insalvable. Me parece muy ingenuo querer recuperar todo un legado sin pensarlo. Debemos arriesgarnos a pensar por nuestra cuenta.
Tampoco podemos simplemente copiar y pegar una propuesta de hace tanto tiempo sin tener en cuenta la riqueza de corrientes filosóficas que han ido apareciendo a lo largo de la historia. Pienso, por ejemplo, en la filosofía marxista y, en concreto, en su tesis según la cual las condiciones materiales determinan la construcción social e ideológica de una sociedad, o en la lucha de clases a través de la que ve la historia del mundo, señala una clase privilegiada y opresora, y cómo ésta legitima ciertos discursos y reprime otros. Pienso también en las diferentes corrientes del feminismo que cuestionan los valores hegemónicos como una muestra del androcentrismo de una sociedad hace ya tiempo patriarcal, en su reivindicación de la vulnerabilidad o en su amplio trabajo en las cuestiones de género, que nos permiten abrir la puerta a entender al ser humano como una construcción social e ideológica. Finalmente, en el amplio legado de la filosofía existencialista, que defiende la ausencia de sentido o la naturaleza desencajada del ser humano, dimensiones existenciales, ambas, que impiden o dificultan que podamos encontrar una solución definitiva a nuestro sufrimiento, como podría ser la ataraxia estoica.
Repito, no podemos hacer un copiar y pegar. Hacerlo me parece un acto de vagancia, un gesto cómodo para no pensar, para no sentirnos incómodos, para no admitir cierta ambivalencia cuando nos acercamos a cualquier filosofía, pues cada una de las corrientes tiene sus contradicciones y sus sombras.
No poder copiar y pegar me parece maravilloso, pues nos obliga a estar presentes, nos interpela a cada uno de nosotros, puesto que tampoco se puede pegar y copiar este mismo texto, sino que el lector tendrá que buscar su propio prisma, pensar con el texto y desde el texto, para encontrar una voz propia con la que continuar pensando en esta tarea infinita que es vivir, sentir y pensar.
Ambivalencia porque, si bien queremos repensar el estoicismo, hay prácticas y discursos de esta escuela que nos parecen fundamentales para nuestro tiempo. El trabajo con la muerte, la disolución de lo subjetivo/individual, las prácticas con el deseo o el camino de la frustración son ejemplos de prácticas que son subversivas para un presente que se apuntala en el imperativo de desear, el individualismo, el narcisismo o la ensoñación de un antropocentrismo ciego y soberbio.
Entonces, si vamos a tener al estoicismo como una filosofía inspiradora, es preciso tomar distancia de algunos aspectos que queremos señalar.
En primer lugar, hay que entender que el estoicismo, como muchas otras corrientes filosóficas, pedagógicas o, incluso, psicológicas, busca ser una práctica disciplinadora del individuo. A esta escuela la conforman un conjunto de prácticas y discursos que buscan moldear al individuo, incluso a la propia sociedad, y hacerlo de determinada manera. Esta voluntad está sustentada en entender que el ser humano es autopoiético, esto es, modulable. El ser humano se construye a partir del lenguaje y de las prácticas de vida que de una forma repetitiva va ejerciendo. En este sentido, recibe a lo largo de su vida muchos discursos que pueden entenderse como disciplinadores. Por ejemplo, de la escuela, de los medios de comunicación, del mundo del deporte, etc. Son inevitables e incluso deseables. Ahora bien, es imprescindible que los acompañe un pensamiento crítico capaz de cuestionar la finalidad, la forma o la manera en la que se llevan a cabo.
Es preciso, en segundo lugar, entender el estoicismo como una práctica disciplinadora que en nuestro presente se ha puesto de moda. ¿Por qué se ha puesto de moda? O, dicho de otra manera, ¿por qué en un contexto capitalista donde lo que está valorado/permitido es la producción y el consumo se pone de moda una filosofía? Si el estoicismo, o cierta manera de entenderlo, tiene un espacio en nuestro contexto actual, sinceramente, me parece prudente sospechar tanto del espacio que se deja que tenga como del estilo de estoicismo que se muestra. Sabemos, por experiencia, que toda práctica o discurso que ponga en riesgo el status quo de determinado momento es criticado y eliminado del escenario.
¿Cómo se muestra de una forma genérica al estoicismo en nuestro presente? Como una práctica disciplinaria que desde un paradigma individualista construye al individuo a partir de las siguientes concepciones:
Buscando un sentir desimplicado e insensible. Hay una mala comprensión de la indiferencia/imperturbabilidad del ánimo estoico.Por medio de un centramiento individualista que impide una reflexión política y el desarrollo de las propias tesis estoicas, además de que no fomenta el pensamiento crítico.Es ciego frente a los privilegios de género y sociales a partir de los cuales se construye el propio estoicismo.