Una digestión feliz - Ana Esteban - E-Book

Una digestión feliz E-Book

Ana Esteban

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Beschreibung

UN MANUAL NECESARIO PARA TODAS LAS PERSONAS CON PROBLEMAS DIGESTIVOS. Conoce a fondo tu sistema digestivo y conviértete en el mejor especialista sobre tu salud. Entiende cómo tu sistema digestivo se comunica con tu cerebro y tu sistema inmunológico para potenciar tu salud. La guía definitiva para tener un sistema digestivo saludable.  Después de muchos años siendo el gran olvidado, al sistema digestivo se le reconoce por fin su papel destacado en nuestra salud y bienestar. No sólo absorbe los nutrientes que necesitamos, sino que mantiene una estrecha comunicación con el sistema inmune y con el cerebro, a la vez que alberga a la población más grande y diversa de microorganismos, nuestra querida microbiota intestinal.  En este completo libro iremos recorriendo cada parte del sistema digestivo; un viaje apasionante descubriendo cómo funciona, por qué puede fallar y qué ocurre cuando esto pasa. No sólo esto. Explicaremos las pruebas diagnósticas que habitualmente se utilizan para diagnosticar las enfermedades más comunes y los tratamientos que hay disponibles, tanto los que tu terapeuta te puede recetar como los remedios naturales y los hábitos de vida que puedes implementar para acelerar tu sanación.

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Seitenzahl: 402

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© del texto: Ana Esteban, 2024.

© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S.L.U., 2024.

Av. Diagonal, 189-08018 Barcelona

www.rbalibros.com

Primera edición: octubre de 2024

REF.: OBDO371

ISBN:978-84-9118-309-9

REALIZACIÓN DE LA VERSIÓN DIGITAL • EL TALLER DEL LLIBRE

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito

del editor cualquier forma de reproducción, distribución,

comunicación pública o transformación de esta obra, que será

sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse

a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org)

si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra

(www.conlicencia.com; 917021970/932720447).

Todos los derechos reservados.

 

Dedicado a todas las personas que sufren problemas

digestivos crónicos y que siguen buscando respuestas.

Y a las y los profesionales que, con su trabajo

y pasión, están marcando diferencias en el mundo

de la salud intestinal y de la nutrición.

EMPIEZA EL VIAJE

Vamos a ponernos en situación. Viernes por la noche. Empieza el fin de semana y, para celebrarlo, Ángela y Francisco se van a comer una pizza de peperoni. Francisco es un buen cocinero y ha preparado una pizza riquísima. Así que aquí están los dos, disfrutando de su cena. Lo que no saben es que este momento de relax y distensión está dando comienzo a todo un viaje fascinante en el que la pizza va a ser transformada en nutrientes para ellos y para su microbiota, y los restos van a ser expulsados al cabo de unas horas.

Sin embargo, esta historia tan apasionante no va a tener el mismo final para mis amigos. Mientras Ángela duerme plácidamente y se despierta con energías renovadas, dispuesta a disfrutar del sábado, Francisco ha pasado una noche de perros: ardor, reflujo, gases, ruidos digestivos, etc. Desde luego, no se ha levantado con el mejor de los humores.

¿Por qué ha pasado esto? ¿Por qué una misma comida ha supuesto experiencias tan diferentes para estas dos personas? ¿Te pasa a ti o a alguien que conoces? ¿Tu intestino te juega malas pasadas? Los problemas digestivos se encuentran entre los motivos más frecuentes de consultas de atención primaria. Quien más quien menos ha sufrido algún tipo de molestia alguna vez; entra dentro de lo normal. El problema viene cuando las molestias se convierten en algo habitual y empiezan a afectar la calidad de vida de quien las sufre. En este libro, intentaremos ver las posibles causas de la mala noche de Francisco y qué puede hacer para que la próxima vez disfrute también de su pizza de peperoni sin temer las consecuencias.

DRA. ANA ESTEBAN

CAPÍTULO 1

LA BOCA

 

Empieza el viaje y lo hace en la boca. La boca es mucho más importante de lo que pensamos y, muchas veces, se nos olvida que forma parte del aparato digestivo. De la misma manera que no se estudia nutrición en la carrera de Medicina —y por eso la mayoría de los médicos no le dan la menor importancia—, hace años, las carreras de Odontología y de Estomatología se separaron también de esta. Así, la salud de la cavidad oral ha quedado desconectada de la del resto del cuerpo. La mayoría de los médicos (aquí me incluyo, y me pongo mala nota) no solemos preguntar por el estado de la boca de los pacientes. Así que vamos a intentar demostrar que esto es un error.

La boca es la puerta de entrada al intestino. Es la primera parada que realiza el bocado de pizza de peperoni que mis amigos están comiendo. Aquí va a ser molida por nuestros dientes y mezclada con la saliva. Nuestro cerebro va a empezar a recibir información sobre su sabor, su consistencia, la cantidad, y va a empezar a mandar señales al resto del intestino para que vaya poniendo en marcha la maquinaria. ¡Empieza el espectáculo! Y como dice el refrán, lo que bien empieza, bien acaba. Así que una buena masticación es el primer paso para una buena digestión.

No obstante, la importancia de la boca no se queda aquí. Resulta que es un ecosistema muy complejo y, si no se cuida bien, los problemas no solo van a aparecer localmente, sino que también pueden afectar al resto del organismo. Y a la inversa, algunas enfermedades sistémicas (del resto del cuerpo) van a verse reflejadas en nuestra cavidad bucal. Por ejemplo, algunas enfermedades autoinmunes, algunos cánceres —especialmente, hematológicos— y otros procesos inflamatorios tienen manifestaciones características a este nivel. Por eso, los dentistas, si están formados en estos temas, pueden ayudar a diagnosticar precozmente algunas de estas enfermedades.

¿Qué componentes forman el ecosistema de la boca?

Los dientesLas encíasLa mucosa que recubre las mejillas y el paladarLa lenguaLa saliva y las glándulas que la producenLas microbiotas, sí, en plural, porque en cada una de las zonas hay una microbiota distinta (dientes, mejillas, encías, etc.).

A todos nos han inculcado desde pequeños que tenemos que cuidar bien de nuestros dientes. No debemos excedernos con el azúcar, tenemos que cepillarlos tras cada comida, hay que ir al dentista con regularidad... Pero ¿realmente lo estamos haciendo bien? ¿Podemos mejorar estos cuidados? Sí, de varias maneras. La salud de nuestra dentadura depende mucho de la calidad del ambiente en el que habita y de cómo estén el resto de los integrantes de este ecosistema del que estamos hablando. Y esto va más allá del cepillo de dientes. Las claves para mantener una sonrisa «profidén» las van a tener, en gran medida, la saliva y la microbiota. Así que detengámonos un momento para conocerlas mejor.

LA SALIVA

La saliva es producida por las glándulas salivales: las parótidas, las glándulas submandibulares y sublinguales y otras menores repartidas por toda la boca. En un día, se produce alrededor de un litro o un litro y medio. Aunque en su mayor parte es agua, contiene muchos otros ingredientes que hacen de la saliva un elemento importante para la higiene y la salud no solo de nuestra boca, sino también del resto del aparato digestivo, especialmente de las primeras partes: el esófago y el estómago.

¿Sabías que las paperas son una infección vírica que afecta a las parótidas? Las causa el paramixovirus, que produce una inflamación generalmente dolorosa de estas glándulas. Hoy en día, son menos frecuentes debido a las vacunas.

¿Qué funciones cumple la saliva?

Lubricar e hidratar. Seguramente hayas experimentado alguna vez tener la boca seca. Es una sensación bastante incómoda. Si se mantiene en el tiempo, se producen grietas y heridas. Por eso, una de las funciones de la saliva es mantener la mucosa de la cavidad oral hidratada. Contiene distintos tipos de mucinas, que son moléculas que ayudan a mantener la humedad y a proteger la mucosa. Esto también evitará que las partículas más duras de los alimentos la dañen. Mientras no estamos comiendo, cumple una función de limpieza ayudando a eliminar restos de comida y otros detritos.Iniciar la digestión. La saliva participa en la digestión de varias maneras. Por un lado, al humedecer y lubricar la comida, permite que se mueva más fácilmente y sin producir daños por la boca y por el esófago en su camino hacia el estómago. A esta masa de alimento triturado y humedecido se le llama «bolo».

Pero no solo esto. Nos ayuda a disfrutar más de la comida, ya que reparte el alimento y facilita que entre en contacto con las papilas gustativas, lo que hace que podamos saborearla mejor. Los sabores van a mandar señales al resto del aparato digestivo avisando de que la comida está en camino. Se activan así los distintos procesos necesarios para digerir los alimentos que, como iremos viendo a lo largo del libro, son muchos y variados.

Cada sabor estimula de una manera distinta la producción de saliva. El que más la estimula es ácido; por ejemplo, cuando mordemos un limón. El que menos, el amargo, como el del café solo o el del chocolate negro.

Por último, en la saliva, encontramos un tipo de amilasa, una enzima que va a empezar a digerir los hidratos de carbono. Se llama «ptialina» o «amilasa salival».

Seguro que, a partir de ahora, vas a valorar de otra manera que se te haga la boca agua cuando veas una comida rica.

Proteger. ¿Sabías que una de las funciones más importantes de la saliva es su función protectora?

Ya hemos comentado que protege la mucosa de la boca y del esófago evitando que el alimento la erosione. Pero tiene muchas más funciones. Su alto contenido de agua diluye toxinas y sustancias irritantes que podamos ingerir. Cuando entramos en contacto con algo que nuestro cuerpo detecta como nocivo, incluso nos gotea la nariz y nos lloran los ojos, como cuando comemos alimentos muy picantes. Seguro que has experimentado esta sensación alguna vez. Con esto se consigue disminuir la concentración del tóxico y resulta menos dañino.

Además, la saliva contiene inmunoglobulinas, lisozima, lactoferrina y otras proteínas con importantes funciones antimicrobianas, antivirales y antifúngicas. Esto es importante para regular la microbiota no solo de la boca, sino también del intestino. La comida no es estéril. Viene cargada de gran cantidad de microorganismos. La saliva ayuda a que no colonicen la boca ni el esófago. También mantiene a raya a las bacterias que viven en la boca para que no crezcan descontroladamente.

Tiene un pH neutro o ligeramente alcalino (entre 6,75 y 7,5), lo que favorece el crecimiento de ciertas bacterias en detrimento de otras que es preferible que no estén en nuestra boca. Este pH va a proteger al esófago de los efectos del reflujo ácido procedente del estómago, ya que, cuando tragamos saliva, lo neutraliza.

Sanar. En la saliva, además de todo lo que hemos comentado hasta ahora, hay también factores de crecimiento. Son proteínas que, como su nombre indica, estimulan el crecimiento de las células. Esto promueve la curación de heridas y erosiones que se puedan producir tanto en la boca como en la garganta y en el esófago.

Habrás observado que los animales, de manera instintiva, se lamen las heridas. Ahora podrás comprender que no es ninguna tontería: la saliva les ayuda a limpiar la zona. Con sus sustancias antimicrobianas, las protegen de posibles infecciones, y los factores de crecimiento estimulan la cicatrización. La naturaleza es sabia.

Cuidar de la microbiota oral. La saliva va a crear un ambiente ideal para que la microbiota esté sana y fuerte: aporta la humedad y los nutrientes necesarios, el pH óptimo que hemos comentado, y la protección frente a especies invasoras. Además, transporta bacterias de una parte a otra para que puedan establecerse en comunidades. Conclusión: una saliva sana promueve una microbiota sana y viceversa.Remineralizar los dientes. Por su contenido de electrolitos, colabora en la mineralización para mantener el esmalte de los dientes íntegro.

Seguro que no te habías parado a pensar en el papel de la saliva en tu salud. Pues ya has visto que no es ninguna tontería. Vamos a fijarnos ahora en los bichitos que viven en la cavidad oral.

LA MICROBIOTA DE LA BOCA

La cavidad oral es un lugar bastante inhóspito para las bacterias. Están expuestas a continuas amenazas: aire, comida, bebida, productos de higiene bucal, fármacos, tabaco. ¿Muerdes tus uñas o el bolígrafo cuando estudias? ¿Has utilizado los dientes alguna vez para abrir o romper algo? A pesar de ello, las poblaciones que viven aquí son bastante estables en el tiempo. ¿Cómo lo consiguen? Fundamentalmente, se protegen formando biofilms. El biofilm es una película donde viven y se forman comunidades de distintos microorganismos. En estas comunidades, se organizan para obtener nutrientes, eliminar residuos, defenderse y crecer. La famosa placa dental es un ejemplo de biofilm.

Entonces, ¿la placa dental siempre es mala? No. Solo es perjudicial cuando crece demasiado y se pierde el equilibrio normal. En este sentido, la saliva juega un papel importante, pues los elementos inmunológicos que contiene previenen este exceso de crecimiento. Sin embargo, cuando no es capaz de hacerlo, la placa puede acumularse e, incluso, endurecerse, que es lo que conocemos como «sarro». Estas placas más gruesas pueden dar cobijo a bacterias no tan buenas y hacerlas más resistentes a los tratamientos. Entonces, los problemas aparecen.

En nuestra boca, viven entre seis mil y diez mil millones de microorganismos que son, en su mayor parte, bacterias. La mayoría de estas bacterias son aerobias, es decir, necesitan oxígeno para vivir. Para permitir que el oxígeno las atraviese, la película que las recubre no debe ser excesivamente gruesa. Si se acumula demasiada placa, las bacterias aerobias no están cómodas. Van a ser las anaerobias facultativas (es decir, las que pueden vivir sin oxígeno si no lo hay) y las anaerobias puras las que más y mejor crezcan. Y esto no nos gusta tanto. Estas bacterias son más agresivas y, en circunstancias propicias, pueden causar infecciones. Además, producen toxinas que van a irritar la mucosa y las encías. Pueden cambiar el pH de la saliva. Así, lo que era un elemento protector pierde, en parte, esta cualidad. Ya tenemos el terreno perfecto para que empiecen los problemas que nos van a llevar directamente al dentista o, si los dejamos evolucionar, a otros especialistas.

CUANDO SE ROMPE EL EQUILIBRIO

Caries. He de reconocer que me gusta la crónica negra y soy consumidora de lo que ahora se llama true crime, especialmente en formato pódcast. Cuando saco a pasear a mi perro, oigo hablar de crímenes truculentos e investigaciones policiales. Y siempre me ha llamado la atención cómo se identifican cadáveres anónimos gracias a las fichas dentales. Estas fichas son unos registros de todas las enfermedades dentales y gingivales (de las encías) y de los tratamientos seguidos a lo largo de la vida de una persona. La dentadura de los cadáveres se mantiene inalterada durante muchos años y es resistente a agresiones como el fuego. De esta manera, los forenses pueden analizarlas para poner nombre a cuerpos que, de lo contrario, permanecerían anónimos. Yo, que he necesitado varios empastes y otros procedimientos, no sería difícil de reconocer mediante esta técnica.

Una caries es una lesión o daño que ocurre en el esmalte de los dientes. Si no se trata, la caries puede progresar y afectar las capas más profundas del diente, como la dentina y la pulpa. Esto puede ocasionar dolor, infección y pérdida del diente. Desde la infancia, se nos insiste en que tenemos que tener cuidado con el azúcar para evitar este problema. ¿Por qué es esto así?

Los azúcares, hidratos de carbono simples, cuando fermentan, producen ácido. Este ácido es responsable de la desmineralización del esmalte de los dientes. Recordemos que la saliva tiene un pH neutro o ligeramente alcalino; es decir, lo contrario de ácido. Así que va a neutralizar esta situación. Pero si la cantidad de ácido sobrepasa esta capacidad, el pH de la saliva se puede invertir, y esto puede alterar todo el ecosistema de la boca. Es como si el agua de un lago dulce se volviera salada. La vida en ese lago va a cambiar. En este caso, proliferarán las bacterias que mejor toleran el ácido. Y esto va a perpetuar la situación si no se hace nada para corregirlo.

Si ya tienes caries, es importante visitar al dentista para evitar la progresión de la enfermedad en el diente. Más adelante, daremos consejos para devolver el equilibrio a tu boca.

Gingivitis. La gingivitis es la inflamación de las encías. Ya dijimos que, cuando el biofilm es más grueso de lo que debería, cambia la composición de la microbiota que recubre la superficie de los dientes y las encías. Ganan terreno las bacterias que viven mejor sin oxígeno, las anaerobias, y les quitan el espacio a las que deberían estar ahí. Las bacterias que más crecen en las encías de personas con gingivitis ya solo por su nombre asustan: Porphyromonas gingivalis, Aggregatibacter actinomycetemcomitans, Tannerella forsythia, Prevotella intermedia, Fusobacterium nucleatum.

Estas bacterias producirán toxinas y desencadenarán una inflamación en la mucosa de las encías. Por tanto, los síntomas de la gingivitis son los siguientes:

Encías enrojecidas, sensibles, hinchadas.Sangrado con facilidad.Recesión de las encías, pudiéndose ver zonas de los dientes que normalmente están ocultas.Sarro.Mal aliento o mal sabor.

Si aparece dolor al morder o los dientes están sueltos, mal fijados, esto puede ser indicativo de que la enfermedad es más grave de lo que aparenta. Ante cualquiera de estos síntomas, lo recomendable es hacer una visita al especialista. Recuerda que lo que ocurre en la boca no siempre se queda en la boca.

Periodontitis. Si dejamos que la gingivitis evolucione, puede acabar produciéndose la periodontitis.

La palabra «periodontitis» proviene del griego peri, que significa ‘alrededor de’; odonto, que significa ‘diente’; e itis es un sufijo que denota inflamación. Por lo tanto, literalmente, «periodontitis» se traduce como inflamación alrededor del diente, lo que describe perfectamente en qué consiste. Esta inflamación puede terminar deteriorando el hueso y los ligamentos que soportan el diente, que puede acabar perdiéndose.

El problema es que, a diferencia de las muelas —que sí duelen, doy fe—, las encías no lo hacen tan intensamente. Por eso, estos procesos pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo. Sin embargo, la infección está ahí, lo que puede estar perpetuando una inflamación de bajo grado con consecuencias en la salud general. Así que, si tienes síntomas de gingivitis y además notas que los dientes se mueven, que hay mucho espacio entre ellos, que tu mordida está cambiando, no te lo pienses. Acude a tu dentista.

La inflamación de bajo grado es un proceso inflamatorio no tan aparatoso como el que puede ocurrir, por ejemplo, cuando se nos infecta una herida, que se enrojece, se hincha y aumenta la temperatura de la zona, pero que mantiene al sistema inmune activado de manera crónica. Si la inflamación se perpetúa puede derivar en enfermedades. Actualmente se piensa que puede causar desequilibrios hormonales, enfermedades cardiovasculares, obesidad, etc.

Otros trastornos de la cavidad oral

Ya comenté al principio de este capítulo que, en la carrera de Medicina, no estudiamos lo que pasa en la boca; pero, con frecuencia, se nos consulta por molestias y lesiones. Voy a enumerar algunos motivos de consultas frecuentes. En ocasiones, son problemas aislados de la boca, pero no hay que olvidar que forma parte del aparato digestivo. Así que, muchas veces, problemas que tienen lugar en otras partes del cuerpo pueden manifestarse también aquí.

Aftas. Seguro que alguna vez has tenido alguna afta o llaga en la mucosa oral. Pueden ser muy molestas. En la mayoría de los casos, son lesiones pequeñas, aisladas y desaparecen por sí solas en 1 o 2 semanas. En algunos casos, pueden ser de gran tamaño o más recurrentes. Hay algunos remedios para aliviar las molestias e intentar reducir la duración, pero su eficacia es limitada. Si la lesión persiste más de dos semanas o es especialmente dolorosa, se debe consultar con un especialista.

Hay distintas circunstancias que pueden favorecer su aparición: los traumas (como un mordisco accidental), los fármacos, el estrés, o en el contexto de gripes o catarros. Muchos de mis pacientes con problemas digestivos refieren tener aftas bucales reiteradamente. En particular, pueden ser frecuentes en la celiaquía, en la enfermedad de Crohn o en algunas disbiosis, como los sobrecrecimientos bacterianos en el intestino delgado (SIBO).

Candidiasis oral. La cándida es un tipo de hongo que habita en nosotros en condiciones normales. Bajo determinadas circunstancias, pueden crecer demasiado y producir infecciones, por ejemplo, en la boca. Se ven con el uso de antibióticos, de inhaladores para tratamiento de enfermedades respiratorias, de corticoides, y en personas con un sistema inmune debilitado. Es relativamente frecuente en bebés y personas ancianas.

La candidiasis oral también es conocida como «muguet oral» y puede manifestarse de diferentes maneras dependiendo de la gravedad de la infección y de la salud de la persona que la sufre. Aquí están algunas de las manifestaciones más comunes:

Parches blancos o cremosos: Son una característica clásica de la candidiasis oral. Estos parches pueden aparecer en la lengua, en las encías, en el paladar, en el interior de las mejillas y en las amígdalas. A menudo, tienen una textura similar a la del queso cottage y pueden sangrar si se raspan. No hay que confundirlo con la lengua saburral, de la que hablaremos más adelante.Enrojecimiento general de la mucosa y con cambios en el tamaño de las papilas.Dolor y ardor: Las áreas afectadas pueden ser dolorosas o causar una sensación de ardor, especialmente al comer alimentos calientes o picantes.Sensación de sequedad o irritación en la boca.Dificultad para tragar: En casos más graves, puede producir una sensación de que hay algo atrapado en la garganta.Fisuras o grietas en las comisuras de los labios: Estas fisuras, llamadas «queilitis angular», pueden ser otro síntoma de candidiasis oral.Pérdida del gusto: Algunas personas con candidiasis oral pueden experimentar una disminución del sentido del gusto o un cambio en el sabor de los alimentos.Mal aliento.

El tratamiento suele incluir fármacos antifúngicos (tópicos o en pastillas) y, en la medida de lo posible, corregir la causa desencadenante.

Lengua saburral. La lengua saburral es un término médico que se refiere a una capa blanquecina o amarillenta que se desarrolla en la lengua, generalmente debido a la acumulación de restos de comida, bacterias y células muertas. Esta capa puede dar una sensación de boca sucia y mal aliento, a pesar de limpiarla con frecuencia. Se confunde, a veces, con la candidiasis oral. También es un síntoma frecuente en personas con problemas digestivos, seguramente en relación con la inflamación general de la mucosa de todo el intestino.Lengua geográfica o glositis migratoria.Es una afección benigna en la que, como indica su nombre, aparecen parches irregulares en la lengua que le dan aspecto de mapa. A veces, se asocia con la psoriasis. En general, no provoca molestias, pero hay personas que sí presentan síntomas y, en ocasiones, necesitan enjuagues con antihistamínicos, antiinflamatorios o anestésicos.Lengua pilosa.También conocida como «lengua negra vellosa» o «lengua vellosa», es una condición benigna y temporal, en la cual las papilas filiformes (las estructuras pequeñas y delgadas en la superficie de la lengua) se alargan y acumulan una serie de sustancias, como células muertas y restos de alimentos. Estas acumulaciones dan a la lengua una apariencia oscura y peluda, de ahí el nombre. El aspecto es alarmante, pero es fácilmente corregible con cambios en los hábitos de vida e higiene.

Puede ser causada por mala higiene bucal, por el tabaco, por el exceso de café o té, o por algunos fármacos como los antibióticos.

Causas de los desequilibrios en la boca

Está claro que, si tienes una mala higiene y una dieta con mucho azúcar, es muy probable que el ecosistema oral se descontrole. Sin embargo, hay mucha gente que, aun cuidándose, tiene que andar visitando al dentista más de lo que le gustaría. Los problemas en la boca tienen múltiples causas. La vida moderna nos expone a muchas situaciones que suponen un estrés para el cuerpo y este no siempre es capaz de contrarrestarlo. Y esta es la causa de muchas de las enfermedades crónicas que afectan a las sociedades modernas.

Toxinas. Somos la sociedad más expuesta a químicos de toda la historia. Los hay en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y con la que nos lavamos, en nuestros alimentos, en la ropa, en los muebles, en los productos de limpieza, en los que utilizamos para nuestra higiene. Te reto a leer la etiqueta de cualquier producto que tengas en el baño sin trabarte. El problema es que no estamos diseñados para lidiar con tantas sustancias a la vez. Y a la pregunta que mucha gente se hace sobre por qué hay tantos problemas digestivos ahora, quizás la respuesta, en parte, esté aquí.

La boca está muy expuesta a muchas de estas toxinas —por contacto directo con la comida o con el aire— y no es de extrañar que sufra las consecuencias.

Tabaco. El tabaco es una toxina más, pero creo que ocupa su lugar propio. Tampoco creo que haga falta explicar por qué. Las razones son obvias. No solo es el daño directo, sino que también disminuye la calidad de la saliva, y ya hemos hablado de la importancia que esta tiene en mantener una boca sana. Pero el tabaco no solo va a aparecer aquí. A lo largo del libro, veremos que su efecto perjudicial también afecta a otros órganos del aparato digestivo. Así que, si después de leerlo he convencido a algún fumador para que lo deje, me daré por satisfecha.Estrés. Según la Real Academia de la Lengua, «glub» es el sonido que hace alguien al tragar, generalmente porque se encuentra en apuros. Y seguro que, cuando has leído esta palabra, te ha venido a la cabeza una escena similar a cuando el protagonista de una película de terror trata de ocultarse del monstruo que le acecha, y su nuez sube y baja en su garganta. Esto es así porque en las situaciones de estrés se nos seca la boca, producimos menos saliva, y esta es más espesa y nos cuesta tragarla. El hecho de que te persiga un monstruo es una situación de estrés extremo; por fortuna, poco frecuente. Pero, en la vida moderna, vivimos en un estrés continuo que, si no aprendemos a manejarlo, acaba afectándonos. El aparato digestivo es una víctima directa de este estrés crónico, y una de las razones es su efecto en la boca y en la saliva.Fármacos. La lista de fármacos que afectan a la salud oral es extensa. Antihistamínicos, antidepresivos, fármacos para la tensión arterial, antibióticos, antiácidos, etc. Estos pueden secar la boca, hinchar las encías, facilitar las aftas, dar mal sabor de boca, entre otras cosas. Si piensas que alguno de los fármacos que tomas te está causando problemas en la boca, no lo interrumpas. Consulta con tu médico para valorar si hay alternativas.La teoría del exceso de higiene.En algunos sectores de la salud, existe una teoría que ha cogido fuerza en los últimos años y es la teoría de la higiene. Esta teoría argumenta que, en la era moderna, se ha instaurado una especie de guerra contra los microorganismos, extremando la «limpieza» de nuestros entornos, utilizando productos desinfectantes para limpiar nuestras casas y objetos. Esto estaría alterando los ecosistemas de nuestros hogares y estaría provocando una disminución de la exposición de nuestro sistema inmune a muchas bacterias, virus, hongos, etc. Y esto podría causar algunos desajustes en nuestras defensas y favorecer alergias y otras enfermedades. Esta teoría es polémica y no es aceptada por todo el mundo, pero da que pensar.

Nuestra higiene bucal no ha escapado a esta teoría. Hay una corriente de dentistas que sugieren que usar antisépticos orales de manera rutinaria estaría favoreciendo un desequilibrio en nuestra microbiota oral, y proponen usar productos menos agresivos y que busquen crear un ambiente propicio para que las bacterias buenas crezcan en nuestra boca. Como digo, es una teoría que no cuenta con el respaldo de todos los especialistas, pero creo que es interesante y espero que, en un futuro, se aclare más este tema.

Dietas acidificantes. Para que nuestra boca esté sana no solo tenemos que evitar el azúcar. Los componentes de la cavidad oral se nutren también de lo que comemos. Iremos viendo que nuestro aparato digestivo es muy exigente. Trabaja duro y necesita regenerarse continuamente. Una dieta desequilibrada (en la que falten minerales, vitaminas y otros nutrientes esenciales) va a afectar a su salud, y recuerda que la boca forma parte de este aparato.

La composición de la dieta podría influir en el pH de la saliva. Decíamos que los azúcares, al fermentar, bajan el pH de la saliva y esto desmineraliza los dientes. La fermentación no es otra cosa que la digestión de las bacterias. Las células de nuestro cuerpo, al igual que las bacterias, también comen y digieren. Y los productos de esta digestión y de su respiración también pueden acidificar o alcalinizar la sangre y, con ello, el resto de los fluidos. Esta es la razón por la que, hace unos años, aparecieron los conceptos de dietas alcalinas o alcalinizantes y sus contrarias, las acidificantes. A estas últimas, se les achacan consecuencias negativas en la salud, como osteoporosis, inflamación, resistencia a la insulina, etc.

Esto, que suena muy lógico y prometedor, tampoco está enteramente demostrado. Para empezar, es difícil determinar cuáles son los alimentos acidificantes y alcalinizantes. No tiene que ver con el pH de los alimentos. Por ejemplo, los cítricos, que son ácidos, no acidifican la sangre; por el contrario, se piensa que son muy alcalinizantes a nivel metabólico. Tomar bicarbonato tampoco nos sirve para alcalinizar la sangre. El pH de los alimentos es alterado durante el proceso de la digestión en el intestino. Lo que va a influir en el pH que genera un alimento al metabolizarse es el contenido de minerales, azúcares y aminoácidos. La tendencia es pensar que las dietas pobres en productos de origen vegetal (frutas y verduras) y ricas en proteínas (especialmente, de origen animal y azúcares refinados) serían las que deberíamos evitar si queremos alcalinizarnos.

CÓMO CUIDAR DE NUESTRA BOCA

En la lista de las causas de los problemas bucales, mencionábamos la exposición a las toxinas como una de ellas. Hoy en día, es prácticamente imposible evitarlas completamente, pero sí que podemos reducir algunas de ellas. Y no me estoy refiriendo solo a las presentes en la alimentación, sino también en nuestro entorno. Tampoco se trata solo de la salud de la boca. Nuestro organismo en general nos lo agradecerá. En la web de Hogar sin Tóxicos (www.hogarsintoxicos.org), podrás encontrar algunas ideas.

Otros de los elementos que deberíamos incluir en nuestro programa para una boca sana es el manejo del estrés, por su efecto en nuestra saliva y en la microbiota en general. El manejo del estrés debe formar parte de toda estrategia para sanar el intestino y va a aparecer mucho en los siguientes capítulos.

Hemos mencionado el impacto de la dieta sobre la salud oral. Aun sabiendo que el tema de la dieta alcalina o alcalinizante no es un concepto aceptado unánimemente por toda la comunidad científica, tiene ideas interesantes. Por lo menos, insiste en tomar alimentos ricos en los nutrientes que nuestra boca necesita.

Minerales. El esmalte de los dientes necesita un mantenimiento continuo, por lo que requerirá adecuados niveles de diversos minerales. Estos últimos también participan en la regeneración de la mucosa de toda la boca. Por ejemplo, ¿sabías que el déficit de zinc está asociado a pérdida del sabor de la lengua? Asimismo, el calcio es uno de los principales componentes de los huesos y de los dientes. Cuando hablamos de alimentos ricos en calcio, todo el mundo piensa en lácteos, pero hay otras fuentes si los lácteos suponen un problema para ti: Verduras de hoja verde. Espinacas, acelga, col rizada (kale), berza.Pescados y mariscos. Sardinas (especialmente, si se comen con espinas), salmón (también con espinas), camarones.Frutas y legumbres. Naranjas, higos secos, almendras, garbanzos, alubias blancas.Productos fortificados. Leches vegetales (como las de almendra, de soja o de avena) fortificadas con calcio. Otros alimentos. Tofu fortificado con calcio, sésamo (semillas o tahini), algas (como el wakame).Vitaminas. Para la boca, son especialmente importantes las vitaminas liposolubles, que son la A, D, E y K.Vitamina A. Es una vitamina fundamental para el cuidado de la piel y de las mucosas. Se presenta en dos formas principales: vitamina A preformada (retinol y sus ésteres) y provitamina A (carotenoides como el betacaroteno). La vitamina A preformada se encuentra principalmente en alimentos de origen animal (hígado, lácteos, yema de huevo), mientras que la provitamina A se encuentra en alimentos de origen vegetal, especialmente con colores rojos, anaranjados o verdes muy oscuros (zanahoria, batata, calabaza, pimiento rojo, espinacas, kale, mango).Vitamina D. La popularidad de esta vitamina ha crecido de forma exponencial por su implicación en la función del sistema inmune; aunque, originariamente, era conocida por su papel en la absorción del calcio. La fuente principal es la exposición de la piel a la luz solar. En alimentos, se encuentra en pescados grasos, en el hígado y en la yema de huevo.Vitamina E. Importante por su papel antioxidante. Está presente en aceites vegetales (aceite de oliva o de girasol), en frutos secos y semillas (almendras, avellanas, nueces, semillas de girasol, calabaza), en el aguacate y en verduras como las espinacas, el brócoli, el kiwi o el tomate.Vitamina K. Refuerza la acción de la vitamina D, por eso las verás juntas en muchos suplementos. Está presente en fuentes animales (hígado, yemas de huevo, quesos curados) y en verduras de hoja verde (espinacas, kale, perejil, brócoli, acelgas, etc.).Antioxidantes. Todo órgano que esté expuesto a toxinas y condiciones adversas sufre estrés oxidativo. Se forman muchas moléculas oxidantes que dañan ese órgano. La boca necesita antioxidantes para mantenerse sana. Algunos de los nutrientes que ya hemos mencionado actúan como antioxidantes: la vitamina E y minerales como el zinc y el selenio. Pero, si quieres más, recuerda el mantra de muchas nutricionistas: «Come un arcoíris todos los días». Los compuestos que dan color a muchas de las frutas y verduras son flavonoides de distintos tipos, que suelen ser potentes antioxidantes: el rojo de los tomates, el morado de los arándanos, el naranja de las mandarinas... ¿se te ocurren más?Hidratación. Si hemos insistido en la importancia de la saliva, comprenderás que beber suficiente agua es muy importante para mantener una humedad óptima en la cavidad oral. ¿Cuánta agua se necesita? Aunque en muchos sitios verás cantidades «ideales» como 2 o 3 litros, la verdad es que depende de varios factores. Si tienes un problema de corazón o de la función de los riñones, tu terapeuta tendrá que ajustar un poco la ingesta a tu situación. Pero, salvo estas circunstancias, la cantidad ideal de agua depende del calor ambiental, de la actividad física que realices, del contenido de agua de los alimentos y de si tomas diuréticos (fármacos o té, café, alcohol). No obstante, que no cunda el pánico. No tienes que hacer fórmulas matemáticas complicadas para saber cuánto líquido debes ingerir. El color de tu orina te irá orientando. Cuanto más oscura sea, más concentrada está; de este modo, tu cuerpo te está diciendo que necesita más agua. Si es totalmente transparente, quizás no necesites tanta. Hay fármacos y alimentos que van a cambiar el color de la orina, pero, aun así, es fácil saber si está más o menos concentrada.

Puedes encontrar escalas de colores en distintos tonos de amarillo que te pueden ayudar a revisar tu estado de hidratación.

Consejos para la higiene bucal

Es evidente que una de las medidas más importantes para cuidar nuestra boca es mantener una higiene correcta. Aquí van algunos consejos:

No cepilles demasiado fuerte, usa mejor cepillos suaves. Los cepillos muy duros pueden dañar las encías.Cepilla durante 3 o 4 minutos. El tiempo justo para escuchar tu canción favorita. Deja que se seque el cepillo de dientes. No lo cubras ni lo guardes húmedo.Renuévalo. Hazte con otro cuando veas que se está deteriorando, o cada 4 o 5 meses.Usa hilo dental al menos una vez al día. Mejor antes del cepillado, así permites que las cerdas del cepillo limpienmejor una vez que hayas eliminado los residuos más grandes. No cepilles inmediatamente después de comer, especialmente si has tomado bebidas o comidas ácidas. Así, evitas frotar el ácido contra el diente y dañar el esmalte.Evita colutorios con alcohol, ya que resecan la mucosa y pueden alterar la microbiota oral. Recuerda que, en tu boca, viven de manera natural muchas bacterias: no hay que esterilizar la boca, sino cuidar del ambiente para que esta microbiota sea sana.

Receta para un colutorio casero

Te dejo una receta para un colutorio casero que te puede ayudar a mantener la dentadura limpia sin exterminar la microbiota buena. Está sacada del libro The Mouth-Body Connection, del Dr. Gerald Curatola:

– 2 tazas de agua.

– 10 gotas de estevia líquida para endulzar, sin edulcorantes.

– 2 cucharaditas de carbonato cálcico en polvo, para blanquear y remineralizar. Se puede encontrar en tiendas de cosmética natural.

– 1/8 cucharadita de sal del Himalaya, por los minerales que aporta.

– 10 gotas de aceite de espino amarillo, fuente de vitaminas C y E.

– 10 gotas de aceite esencial de canela o de menta para refrescar.

Se mezcla todo y se agita bien. Se puede mantener a temperatura ambiente y usar 1 o 2 veces al día durante entre 30 y 60 segundos.

Termina nuestra parada en el viaje. Próxima estación, el esófago y el estómago. Abróchate el cinturón que continuamos.

CAPÍTULO 2

EL ESÓFAGO Y EL ESTÓMAGO

 

Continúa el camino de nuestra comida en su viaje por nuestro sistema digestivo. ¿Recuerdas la pizza de peperoni? Una vez que hayas masticado bien el bocado de tu trozo de pizza, si no se ha ido a la tráquea produciéndote un ataque de tos, habrá entrado en el esófago. Y habrá emprendido su descenso hacia el estómago, deslizándose como si fuera por un tobogán. Vamos a ver cómo es este tobogán y cómo es el estómago en el que desemboca.

EL ESÓFAGO

Toca hablar un poco de anatomía. Prometo ser breve. El esófago es una estructura con forma de tubo que se extiende desde la garganta (faringe) hasta el estómago. Mide unos 25 o 30 cm de longitud y unos 2 cm de grosor cuando está relajado. Si hiciéramos un corte transversal, veríamos que su pared tiene varias capas: la más interna es la mucosa, que es una capa de células aplanadas, parecidas a la piel del dorso de la mano; a su vez, a esta capa, la rodea la submucosa, donde se encuentran vasos sanguíneos y nervios; alrededor de estas dos capas, hay una de músculo que se encarga de mover el bolo alimenticio. Además, el esófago tiene dos puertas formadas por unas estructuras musculares que, en medicina, se denominan «esfínteres»: el esfínter esofágico superior (EES) y el esfínter esofágico inferior (EEI). Estas puertas son importantes para que el alimento vaya hacia donde tiene que ir y no retroceda. Cuando no funcionan bien, aparece lo que se denomina «reflujo», del que hablaremos más adelante.

El esfínter esofágico inferior también es conocido como «cardias». En una gastroscopia, cuando hablan de «cardias incompetente», se refieren a que este esfínter no se cierra bien del todo, lo que puede provocar que el contenido del estómago pase al esófago.

En su camino hacia el estómago, el esófago atraviesa el diafragma, un músculo con forma de cúpula que separa el tórax del abdomen. Su función es participar en la respiración. Este músculo tiene un pequeño agujero por el que pasa el esófago. Justo al otro lado, se encuentra el estómago. Al agujero por el que pasa el esófago, se le llama «hiato» (sí, es el hiato de la hernia de hiato. Más adelante explicaremos qué es eso).

Además de lo que vemos a simple vista, no nos podemos olvidar de lo que no vemos. El esófago tiene su propia microbiota. Es difícil de estudiar y se conoce peor que la microbiota de otras zonas, pero se sabe que las alteraciones en su composición pueden favorecer afecciones como la enfermedad por reflujo. La población de microorganismos del esófago no es muy grande y es relativamente parecida a la de la boca y de la garganta, aunque no exactamente igual. Para los curiosos, en un esófago sano, las bacterias más abundantes parecen ser los Streptococcus, aunque también hay otras en menor cantidad, como Prevotella, Fusobacterium o Veillonella. La población va cambiando a lo largo de su longitud. Las porciones más altas del esófago tienen comunidades más parecidas a las de la boca y de la garganta; mientras que, en las porciones más bajas, veremos poblaciones más típicas de otras partes del intestino.

EL ESTÓMAGO

El estómago es un órgano que tiene forma de bolsa. Pero es una bolsa especial que segrega jugos con ácido y enzimas. Además, está recubierta de una capa de músculo que va a ir amasando la comida para mezclarla bien con esos jugos y convertirla en una especie de papilla. Para que esto se efectúe correctamente, el estómago está dividido en distintas partes, y cada una de ellas tiene su función. El esófago desemboca a través del EEI o cardias en lo que se conoce como «fundus», la parte más alta. Sirve para almacenar la comida que va a empezar a ser digerida. A esto, le sigue la parte principal, el cuerpo. En esta zona, la comida se mezcla con los jugos gástricos (fundamentalmente, ácido clorhídrico y pepsina). La tercera parte se encuentra en la parte inferior y se denomina «antro». El antro termina en el píloro, la puerta que separa el estómago del duodeno, que ya es el intestino delgado. A través de él, irá saliendo la papilla que decíamos que se formaba. No sale toda de golpe, sino que el estómago la va soltando de manera controlada para no saturar al intestino delgado.

La mucosa del estómago está recubierta de distintos tipos de células con diferentes funciones. Hay muchas, pero yo solo voy a comentar las más importantes para comprender cómo funciona este órgano.

Células mucosas. Segregan moco, muy importante para proteger la pared del estómago del ácido.Células parietales. Producen el ácido clorhídrico y una molécula llamada «factor intrínseco», que es necesaria para poder absorber la vitamina B12. Para producir el ácido, estas células utilizan una proteína llamada «bomba de protones».Células principales. Secretan pepsinógeno, que se transformará en pepsina, enzima que empezará a digerir las proteínas.Células endocrinas. Segregan varias hormonas que regulan distintas funciones, como la secreción del ácido y la motilidad del estómago. Un ejemplo de estas hormonas sería la gastrina.

Producimos casi dos litros de jugo gástrico al día. Este es fundamental para la adecuada digestión y la absorción de nutrientes. El ácido clorhídrico cumple, además, otras funciones importantes para la salud intestinal en general. Vamos a hablar un poco más sobre él.

ÁCIDO CLORHÍDRICO (HCL)

El pH óptimo del estómago está por debajo de 2. Esto es bastante ácido. Cuanto más bajo es el valor del pH de una sustancia, más ácida es; cuanto más alto, más alcalina. La escala ácido-alcalino va desde 0, lo más ácido, hasta 14, lo más alcalino. Algo neutro, ni ácido ni alcalino, tiene un pH de 7 (por ejemplo, el agua). Así que sí, el jugo gástrico es muy ácido.

Hablamos de hipoclorhidria cuando el pH del estómago es mayor que 3, es decir, cuando el contenido del estómago es menos ácido. Los inhibidores de la bomba de protones, un tipo de medicamento que inhibe la producción de ácido, hacen que el estómago tenga un pH por encima de 6 durante al menos 19 horas al día. Esto es, efectivamente, generar mucha hipoclorhidria.

Las células parietales, encargadas de secretar el ácido, van a ser estimuladas por distintas sustancias:

La gastrina. Es secretada por células endocrinas que se encuentran en el antro.La histamina. Quizás te suene por ser una sustancia que se libera en las alergias y en otros procesos inflamatorios. Hay fármacos que actúan sobre estos receptores de histamina como, por ejemplo, la famotidina.La acetilcolina. Es un neurotransmisor muy importante en todo el intestino. Es secretado por el nervio vago, el nervio que regula toda la función del aparato digestivo. En ocasiones, el estrés hace que se libere menos acetilcolina y, por eso, inhibe la producción de ácido en el estómago. Es una de las maneras por las que el estrés afecta a nuestra salud intestinal.

¿Y para qué quiere nuestro estómago producir tanto ácido? Hay que tener en cuenta que el papel que desempeña es un proceso «costoso» para el organismo: tiene que sintetizar mucho ácido clorhídrico y, a la vez, tomar las medidas protectoras que necesitamos para que ese ácido no dañe la mucosa del estómago y de los órganos adyacentes. Tiene razones para ello.

Una de sus funciones es ayudar a digerir las proteínas. Esto lo hace mediante dos mecanismos. Las desnaturaliza, es decir, cambia su forma para que las enzimas lo tengan más fácil para cortarlas en pedazos más pequeños. Y también activa el pepsinógeno y lo convierte en pepsina, una de las enzimas que digieren estas proteínas.

El ácido también es fundamental para la absorción de ciertos nutrientes. Por ejemplo, hace que minerales como el hierro (y posiblemente otros minerales como el calcio y el magnesio) sean más solubles y se absorban mejor. Además, es necesario para una correcta asimilación de vitaminas como la vitamina B12 y la vitamina C.

Al mismo tiempo, el HCl cumple una función protectora. Sirve para eliminar muchos microorganismos que vienen en la comida o que ingerimos con la saliva, procedentes de la boca. Como te puedes imaginar, esto es fundamental para mantener un buen equilibrio en la microbiota del resto del aparato digestivo.

Por último, también hace de «mensajero». Cuando el intestino delgado nota que empieza a pasar el ácido desde el estómago porque ha empezado la digestión, se activa y secreta enzimas, como la bilis y otras sustancias.

La secreción de ácido es estimulada por la ingesta de alimentos y bebidas. No todo la estimula de igual manera. Las comidas con más proteína, la leche, las bebidas carbonatadas (con gas, como los refrescos), el alcohol y el café son los que más estimulan la secreción de ácido. Las frutas y las verduras, las que menos. Hasta el agua estimula algo la secreción de ácido, aunque en muy pequeña cantidad.

Fármacos que actúan sobre el ácido del estómago

Ya que hemos estado hablando de las funciones del ácido clorhídrico, quería hacer un comentario sobre los fármacos que actúan a este nivel, ya que se prescriben con mucha frecuencia, especialmente en personas con síntomas digestivos.

Existen distintos tipos de fármacos:

Los conocidos como antiácidos, que actúan neutralizando el ácido sin inhibir su síntesis.Dentro de este grupo están:Absorbibles (bicarbonato, carbonato cálcico).Actúan rápidamente neutralizando el ácido. Pero, al poder absorberse, no deben utilizarse durante largos periodos para no producir desequilibrios en los electrolitos de la sangre.No absorbibles (hidróxido de aluminio o de magnesio, o el almagato: Almax®, Gaviscon®, que es una combinación de ambos). Son más seguros porque no se absorben pero, si se toman durante periodos prolongados, pueden producir desequilibrios en la absorción de fosfato.Antagonistas de los receptores H2 (por ejemplo, la famotidina). Actúan inhibiendo la producción de ácido al bloquear los receptores de histamina que, como vimos arriba, es una de las sustancias que activan la secreción de ácido.Inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol, lansoprazol, etc.). Inhiben casi completamente la producción de ácido. Son los más potentes.

Este tipo de fármacos se prescriben cuando es necesario reducir la acidez del estómago para favorecer la cicatrización en caso de úlceras gástricas, de gastritis agudas o de esofagitis erosivas, así como en el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori o para prevenir el daño de la mucosa en situaciones determinadas. El problema viene porque, en muchas ocasiones, son utilizados durante prolongados periodos sin una indicación clara. Estudios recientes, centrados en el uso prolongado de los inhibidores de la bomba de protones, alertan sobre efectos indeseables como la mala absorción de distintos nutrientes o el aumento del riesgo a padecer infecciones u otros desequilibrios de la microbiota (SIBO, IMO, etc.), entre otros trastornos. Por esto mismo, no te automediques (especialmente, por largos periodos) y consulta siempre con tu médico o especialista la necesidad de tomar este tipo de fármacos y si es prudente reducir dosis o retirarlos.

MICROBIOTA DEL ESTÓMAGO