Una educación imperfecta - Timothy A. Cavell - E-Book

Una educación imperfecta E-Book

Timothy A. Cavell

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Beschreibung

El trabajo de un padre o de una madre evoluciona y cambia con el tiempo. Las preocupaciones acerca de si los pequeños duermen se convierten en nerviosismo sobre sus rabietas; la ansiedad que genera el temor a que no aprendan a compartir se transforma en miedo sobre si los hijos sacan malas notas o tienen problemas en el colegio. Estas preocupaciones son normales, pero muchos adultos sufren para gestionarlas de forma adecuada. Algunos se sienten agotados, no pueden más y explotan, o se sienten los peores padres del mundo. La construcción de vínculos sanos y duraderos en la crianza requiere de habilidades que faciliten la relación entre madres, padres e hijos, adaptadas a las necesidades de cada familia. Este libro proporciona un plan probado científicamente para ayudar a que sus hijos crezcan y se conviertan en adultos emocionalmente sanos. En Una educación imperfecta encontrará un programa de seis pasos para construir una relación más sana con su pequeño. Aprenderá a fijar metas de crianza, a priorizar su propia salud emocional y a crear una estructura para su familia. Una vez haya asentado esta base, aprenderá la importancia de aceptar a su hijo por quién es, a contener su propio comportamiento y a actuar como líder. Priorizar estas seis áreas y conformar un plan de actuación le permitirá criar de forma proactiva en vez de reactiva y centrarse en lo que de verdad importa. Todo padre o madre es imperfecto, pero siempre se puede seguir aprendiendo. No espere más y conozca los seis pasos que fortalecerán su relación con sus pequeños y que llevarán a su hijo a una vida adulta sana y equilibrada.

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Seitenzahl: 387

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Una educación imperfecta rebosa prácticas y estrategias no prescriptivas basadas en la evidencia acerca de qué manera educar a los niños en tiempos difíciles con confianza, esperanza y autocompasión. Como asesor escolar que trabaja con padres que a menudo creen que no son lo «suficientemente buenos», aprecio que los autores y psicólogos Tim Cavell y Lauren Quetsch enfoquen el tema con calidez, sabiduría y recordatorios frecuentes de que el amor conforma el mayor superpoder de cualquier cuidador.

—PHYLLIS L. FAGELL, LCPC, ASESOR ESCOLAR, PSICOTERAPEUTA,PERIODISTA Y AUTOR DE MIDDLE SCHOOL MATTERS

Cavell y Quetsch realizan un trabajo magistral a la hora de ofrecer a los padres un enfoque holístico y efectivo para criar a sus hijos. Amplian la visión describiendo el contexto que hace tan difícil ser padres para, luego, ofrecerle al lector un plan práctico lleno de ejercicios rápidos y fáciles de realizar para orientar a los padres hacia ser «lo suficientemente buenos»; ¡una lectura obligada tanto para padres primerizos como para veteranos!

—DOCTORA REGINE GALANTI, DIRECTORA DE PSICOLOGÍA CONDUCTISTA DE LONG ISLAND, AUTORA DE ANXIETY RELIEFFOR TEENS Y WHEN HARLEY HAS ANXIETY

¡Por fin, un libro en el que se reconoce que los padres ni son ni pueden ser perfectos! Una educación imperfecta ofrece una guía realista y científicamente avalada acerca de lo que más importa: construir una relación paternofilial efectiva y positiva.

—DOCTORA MARY K. ALVORD, PSICÓLOGA Y COAUTORADE CONQUER NEGATIVE THINKING FOR TEENS Y RESILIENCEBUILDER PROGRAM FOR CHILDREN AND ADOLESCENTS

Tan práctico como sugerente, Una educación imperfecta nos enseña la ciencia de una buena crianza, usando un lenguaje accesible y un tono validante. Los doctores Cavell y Quetsch explican cómo plantear y ajustar la crianza conscientemente a medida que los niños crecen, de modo que este libro resulta realmente útil tanto para padres de niños pequeños como de adolescentes.

—DOCTORA DANIELA J. OWEN, PSICÓLOGA CLÍNICA Y AUTORA DE RIGHT NOW I AM FINE Y DE LA COLECCIÓNEVERYONE FEELS ANGRY SOMETIMES

La crianza es el trabajo más difícil de todos y, en este libro, se ofrece una guía completa y basada en la evidencia práctica y alentadora. Los padres pueden sufrir por diferentes motivos, por lo que este libro será útil para todos.

—DOCTORA MARY ANN MCCABE, ABBP, PROFESORA CLÍNICAINTERINA DE PEDIATRÍA. ESCUELA UNIVERSITARIA DE MEDICINA YCIENCIAS DE LA SALUD GEORGE WASHINGTON (WASHINGTON D. C.)

La decisión más importante que un adulto puede tomar es la de hacerse padre. La crianza es un compromiso para toda la vida que, a menudo, constituye un reto agotador. Sin embargo, gracias a las destrezas que podemos adquirir mediante Una educación imperfecta, esta puede convertirse en el rol más preciado y satisfactorio que la vida puede ofrecer. Cavell y Quetsch proporcionan a los padres la guía que siempre han estado esperando. Estos expertos ofrecen un enfoque claro, paso por paso y basado en la experiencia, sobre cómo guiar a los niños hacia actitudes prosociales y emocionalmente saludables, especificando una serie de destrezas y comportamientos que impulsarán a los niños a la edad adulta. Y, más importante aún, los autores ayudan a los padres a aceptar la idea de que cuidar de sí mismos los llevará a una relación más cariñosa y efectiva con sus hijos. ¡Gran trabajo!

—DOCTORA ANNE MARIE ALBANO, ABPP, PSICÓLOGA CLÍNICA YDIRECTORA FUNDADORA. UNIVERSIDAD CLÍNICA PARA LA ANSIEDADY TRASTORNOS RELACIONADOS DE COLUMBIA (NUEVA YORK)

Este libro se encuentra repleto de estrategias prácticas científicamente avaladas para padres de niños de todas las edades. Los autores aconsejan, desde el más profundo respeto a los padres, acerca de la dura tarea de la crianza. A tal fin, ofrecen ejemplos reales y ejercicios que los progenitores podrán practicar in situ. Su enfoque es esperanzador y resultará especialmente valioso para aquellos que experimenten problemas durante la paternidad. Recomiendo encarecidamente este libro.

—DOCTORA ELLEN R. DEVOE, LICSW, PROFESORA Y DECANAADJUNTA. ESCUELA UNIVERSITARIA DE TRABAJOS SOCIALESDE BOSTON (MASSACHUSETTS)

Una educación imperfecta se desmarca del concepto de que una crianza efectiva se basa en una serie de técnicas inconexas aplicadas de forma uniforme a todos los niños. En vez de eso, se propone que la idea es maximizar la relación que cada uno tiene con sus hijos y ser el padre que estos necesitan. Cavell y Quetsch definen este concepto de forma hermosa, ofreciendo conceptos prácticos y aprovechando la ciencia de las intervenciones efectivas en jóvenes para beneficiar a cualquier progenitor que busque una relación más positiva con sus hijos.

—DOCTORA JILL EHRENREICH-MAY, PROFESORA EN LAUNIVERSIDAD DE MIAMI, CORAL GABLES (FLORIDA), AUTORADE UNIFIED PROTOCOLS FOR TRANSDIAGNOSTIC TREATMENTOF EMOTIONAL DISORDERS IN CHILDREN AND ADOLESCENTS

Todo padre o tutor se verá reflejado en las historias descritas en este libro, así como sus hijos. Recomiendo encarecidamente esta obra si busca una guía práctica, directa y culturalmente competente para la crianza, siempre avalada por la ciencia de la psicología.

—DOCTOR TERRY STANCIN, ABPP, PROFESOR DE PEDIATRÍAY PSIQUIATRÍA, MEDICINA FÍSICA Y REHABILITACIÓN Y CIENCIASDE LA PSICOLOGÍA. UNIVERSIDAD CASE WESTERN RESERVE,CLEVELAND (OHIO)

¡Qué alivio! En una época en la que hay tanta —o demasiada— información, Una educación imperfecta es un libro que llena el vacio existente entre ser y hacer. Cavell y Quetsch proporcionan una guía de navegación experta, mediante un plan de seis puntos, aderezada con pedacitos de experiencias personales de los propios autores que son oro puro. Los padres inseguros podrán entender lo que implica una buena crianza aprendiendo de cómo los expertos concilian su propia educación y conocimientos con su experiencia como padres.

—DOCTORA CLARISSA ESCOBAR-AGUILAR, PSICÓLOGA CLÍNICADE ATENCIÓN PRIMARIA. DIRECTORA DE ENTRENAMIENTOPSICOLÓGICO EN EL CENTRO PARA LOS SERVICIOS DE CUIDADODE SALUD. PROFESORA ASISTENTE. DEPARTAMENTO DE FAMILIAY MEDICINA COUNITARIA Y DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRÍAEN LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE SAN ANTONIO (TEXAS)

UNA EDUCACIÓN IMPERFECTASeis pasos para fortalecerla relación con sus hijos

Timothy A. CavellLauren B. Quetsch

UNA EDUCACIÓN IMPERFECTASeis pasos para fortalecerla relación con sus hijos

Timothy A. CavellLauren B. Quetsch

 

 

Primera edición original publicada en inglés por American Psychological Association con el título Good Enough Parenting, ISBN 9781433839115 © Timothy A. Cavell y Lauren B. Quetsch, 2022

This Work was originally published in English under the title of: Good Enough Parenting: A Six-Point Plan for a Stronger Relationship With Your Child as publication of the American Psychological Association in the United States of America. Copyright © 2022 by the American Psychological Association (APA). The Work has been translated and republished in the Spanish language by permission of the APA. This translation cannot be republished or reproduced by any third party in any form without express written permission of the APA. No part of this publication may be reproduced or distributed in any form or by any means or stored in any database or retrieval system without prior permission of the APA.

Título de la edición en español: Una educación imperfecta

Primera edición en español, 2023

Directora de colección: Mercedes Bermejo Boixareu

Directora de producción: M.ª Rosa Castillo Hidalgo

Traductor: Alberto Escudero Fernández

Revisoras técnicas: Eva González de la Flor y Laura Diezma Villamor

Correctoras: Mónica Muñoz Marinero y Mercedes Boixareu Vilaplana

Maquetación: cuantofalta.es

Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO

© 2023 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.

Avenida Juan XXIII, n.º 15-B

28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid

www.editorialsentir.com

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

ISBN del libro en papel: 978-84-267-3686-4

ISBN del libro electrónico: 978-84-267-3736-6

Producción del ePub: booqlab

 

 

La vida cotidiana es el taller donde se forja el carácter.

—Maltbie D. Babcock

Las alegrías de los padres son secretas, al igual que sus penas y temores.

—Francis Bacon

ÍNDICEDE CONTENIDOS

Prefacio

Introducción

1. Crianza holística a largo plazo: de niños a adolescentes

2. Objetivos: saber qué es lo que importa en la paternidad

3. La salud: un ingrediente esencial en la crianza

4. Estructura: las cuatro «R» de ser una familia

5. Aceptar: menos es más

6. Contener: la disciplina efectiva es la disciplina selectiva

7. Lidere: ¿se seguiría a usted mismo?

8. Siguientes pasos: construir su propio plan de crianza

9. Referencias

10. Sobre los autores

PREFACIO

Fundamentalmente, la crianza es una relación, la relación que tienes con tus hijos a lo largo del tiempo. Algunas de las preguntas más importantes de la vida son respondidas por la relación que los hijos tienen con sus padres. ¿Me quieren? ¿Importo? ¿Estoy seguro? ¿Cómo debería tratar a los demás? ¿Hay alguna cosa que no debiera hacer? ¿Quién me impondrá responsabilidades? ¿De quién debo seguir el ejemplo? El trabajo de los padres se basa en gestionar esa relación, a menudo durante el resto de la vida. Y nuestro trabajo es ayudarlo a realizarlo.

Somos psicólogos infantiles y de familia entrenados para conocer los riesgos asociados a los problemas durante el desarrollo de un menor. A tal fin, hemos realizado numerosos estudios, con intervenciones parentales basadas en la evidencia. Nuestro entrenamiento y destreza son herramientas útiles, pero poco importará si fracasamos a la hora de tratar a los padres con el respeto que se merecen o la comprensión que necesitan. Nuestra esperanza es que usted vea lo importante que es para su hijo, independientemente de las dudas del pasado o los errores cometidos. También esperamos que descubra en usted el potencial que nosotros vemos en todos los padres. Y deseamos igualmente que alcance a conocer que su salud y bienestar constituyen preciados regalos para sus hijos.

Este es un libro para aquellos que sientan curiosidad acerca de qué es lo más importante a la hora de ser padres. Más específicamente, se trata de un libro para padres que quieren ver a sus hijos crecer y convertirse en adultos capaces de gestionar sus emociones, que controlan su comportamiento y que disfrutan de sus relaciones. Nuestro objetivo radica en ofrecer una guía aplicable basada en argumentos científicos aplicables, bajo la noción de que ser padres es nuestra relación principal. Su relación con sus hijos deviene única, con un pasado afectivo y un futuro esperanzador, y esta resulta ser su mejor herramienta como padre.

Aspiramos honrar la ciencia del desarrollo infantil mediante la adopción de un enfoque holístico para una buena crianza. Vemos esta como algo más que una colección de parches y soluciones a corto plazo ajenas al proceso de la relación padre-hijo. No queremos que se sienta criticado o confundido por nuestros consejos. Los padres pueden leer muchos libros y revistas, escuchar a expertos, consultar con la familia y amigos y, aun así, seguir sin sentirse seguros de las cosas. Esperamos poder ofrecer consejo pertinente y no sentencias. Queremos aportarle la suficiente confianza a la hora de determinar en qué invertir su tiempo y energías, así como olvidar prejuicios acerca de lo que es ser un buen padre. Deseamos que se centre en lo que de verdad importa.

DE LAUREN

Nada más graduarme, una madre vino a nuestra clínica de capacitación con su hijo de cuatro años. Este jugaba en el suelo tranquilamente, con desconfianza hacia el nuevo entorno (movía los juguetes lenta y cuidadosamente por el suelo). Mientras hablábamos acerca de las preocupaciones de la madre y por qué había venido a la clínica, ella me miró, se acercó y me susurró lo suficientemente alto para que la oyese y lo suficientemente bajo como para que su hijo no lo hiciera: «Amo a mi hijo, pero… no me gusta». Esa afirmación en particular, dicha por una madre desesperada por encontrar esa esperanza, se grabó en mi cerebro de una forma que no esperaba. De primeras, entendí esto de forma superficial, y no fue hasta años después cuando realmente comprendí lo que me intentaba decir.

El comentario de la madre hace referencia a algo que muchos padres sienten, pero que no saben cómo expresar. «Amo a mi hijo, pero no siempre me gusta». Resulta una combinación entre el amor inquebrantable que uno tiene por su hijo y sentimientos de frustración y confusión que hacen a los padres preguntarse «¿cuánto tiempo va a durar esto?» y «¿es esto normal?». Si tales sentimientos persisten, llevan a dudar de uno mismo y de sus capacidades para ser buenos padres. Como muchos han comprendido ya, la labor de ser padres cambia según los niños crecen, pero los retos no son necesariamente más sencillos. El trabajo de un progenitor varía a lo largo del tiempo: preocupaciones acerca de las horas de sueño pronto se convierten en rabietas, las cuales luego cambian a problemas de esfínteres y, más adelante, adquieren la forma de ansiedades acerca de compartir, ser popular entre sus compañeros, encontrar el éxito en la escuela o mentir a los adultos… Se estará haciendo una idea. Muchas de estas preocupaciones son naturales y esperables cuando cuidamos y ponemos límites a estas personitas, cuyo trabajo no consiste en otra cosa más que descubrir el mundo a su alrededor. Pero, si los padres temen pasar tiempo con sus hijos, cuando se sienten emocional y físicamente agotados por la labor de la crianza, o cuando creen que deben de ser los «peores padres del mundo», ha llegado entonces el momento de recalibrar.

Le doy la bienvenida a este libro con la esperanza de que podamos ayudarlo a despejar cualquier duda que le surja como padre o madre, así como generarle una mayor confianza a medida que se hace a este satisfactorio pero desafiante rol. Soy psicóloga clínica especializada en la crianza de niños y madre de cuatro hijos. No importa quién sea usted: la paternidad constituye, a ratos, una labor desesperante. Confiamos en que interprete este libro no como una herramienta para comprobar «quién es mejor padre» o si lo está haciendo correctamente, sino como una forma de encontrar aquello que mejor le resulte a usted y a su familia. La relación padres-hijos no se sustenta en fórmulas precocinadas. Cada una atiende a sus particularidades, y nuestro objetivo se basa en proporcionar una receta rica en matices.

En este libro, se reconoce la complejidad de la crianza. Esperamos ayudarle a reconocer sus fortalezas, construir sus valores y sentirse más tranquilo con las decisiones que toma como cabeza de familia. Si está leyendo esto, ya ha dado un gran paso. A medida que avance en el libro, lo animaremos a reconocer y aceptar dos verdades: puede usted amar a su hijo, y que a la vez le resulte difícil que le guste. No existe ningún beneficio en ignorar el coste emocional que conlleva ser padres. Resulta mejor verlo y tener un plan para los duros momentos que están por llegar. Nuestra esperanza reside en que vea usted el amor por su hijo como un superpoder, uno al cual tener acceso incluso cuando se encuentre confundido, enojado o devastado. Lea esta obra, lidere con amor y aprenda lo que más importa a la hora de ser, no ya un padre perfecto, pero sí uno suficientemente bueno.

DE TIM

Como psicoterapeuta, a menudo trabajo con padres que buscan consejo en relación a sus hijos. Escucho sus preocupaciones e intento ayudar. Aprendo, así, acerca de un callado y enfadado, que pega a sus hermanas, desafía a su madre y odia todo y a todos. Pero también aprendo que su madre lo ama y está llena de preocupación con respecto a su futuro. Conozco a los padres de una preadolescente que llora por las noches deseando tener a «un solo buen amigo», alguien a quien sentir cerca. Sus progenitores también lloran, deseando que ese sueño se haga realidad. Escucho a los padres hablar acerca de su talentoso hijo adolescente, quien no ha aparecido por casa en tres días. Algunas familias están demasiado acostumbradas a funcionar desordenadamente. Cuando las historias son convulsas y los padres se ahogan en remordimiento, hierven de furia o se derrumban de tristeza, yo me siento abatido. Creo que puedo a ayudar a los padres a sobrellevar las tormentas de la crianza, y pienso en estas familias constantemente. A veces, me surgen mis propias dudas acerca de mi capacidad para ayudarlos. Percibo mis límites.

Sin embargo, mi investigación y preparación me aportan la confianza que necesito para ser un psicoterapeuta familiar eficiente. Aun así, no puedo ofrecer garantías. Lo mismo afirmo acerca de la paternidad. Mi mujer y yo tenemos tres hijos (todos ya adultos jóvenes e independientes) y me gustaría creer que nuestra crianza ha servido de algo y que hemos tenido un efecto positivo en sus vidas. Pero también ha habido determinados momentos en los que nuestra habilidad para proteger y guiar se ha visto limitada, cuando nuestra influencia no podía llegar más lejos. E, igualmente, algunas veces hemos sido un auténtico desastre. Hablo de esas ocasiones en las que nos hemos dejado llevar por el enfado, hemos solicitado peticiones absurdas o nos hemos ablandado demasiado fácil. Y, a pesar de estas limitaciones, hicimos muchas cosas bien. Con cada hijo hemos intentado mantener un tipo de relación que lo incitase a seguir nuestro ejemplo. Nos sentimos muy agradecidos de poder celebrar el regalo que son nuestros tres hijos y sus saludables vidas adultas. Por supuesto, cualquier cosa puede cambiar el día de mañana de forma inesperada. Por eso, hoy celebramos que no somos los peores padres del mundo aunque, desde luego, vivamos con la sensación de creer que sí lo somos.

Esto es lo que espero que el libro ofrezca. Lo primero es una forma de dar sentido a esa sensación de pensar que somos los «peores padres del mundo», lo que en realidad es bastante común. Se lo digo a los padres y nunca he sido capaz de explicarlo. Menos conocidas aún son las razones (científicamente probadas) por las que nos sentimos como tales. Lo segundo es una posición desde la cual ejercer como padres. «Posición» es una palabra útil para los padres, ya que pocas cosas son tan importantes como el «lugar» que ocupamos en nuestras familias, la perspectiva que desarrollamos acerca de la labor de ser padres y la postura que adoptamos a la hora de interactuar con nuestros hijos. El objetivo de este libro radica en ayudarlo a desarrollar un plan a largo plazo para ejercer de padres de forma relativamente buena (una que se ajuste bien a usted y a su familia, algo que permanezca en el tiempo). Lo ideal es que sea práctico y útil. No lo convertirá en el padre perfecto, o le proporcionará unos hijos inmejorables, pero ejercerá la paternidad desde una posición de esperanza, donde sus acciones hacia sus hijos sean generalmente sanas, sabias, afectuosas, competentes y, en fin, lo suficientemente buenas.

INTRODUCCIÓN

¿POR QUÉ LEER ESTE LIBRO?

Desde el primer momento que ve, toca y, sí, huele a su hijo recién nacido, se conforma una relación, la cual nos traerá incontables momentos de gozo, amor y orgullo, así como momentos de frustración, tristeza y miedo. Como escribió la autora Elizabeth Stone, ser padres implica que decidamos que «nuestro corazón camine para siempre fuera de nuestro cuerpo». El vínculo que desarrollamos con nuestros hijos es único entre el resto de las relaciones que disfrutemos a lo largo de la vida. Cuando una relación padre-hijo está bien gestionada, esta constituye un poderoso recurso para los hijos. Los ayuda a crecer, a aprender y a crear su camino en la vida. Pero ¿qué implica gestionar bien una relación padre-hijo?

Tal vez esté usted leyendo este libro porque la relación con su hijo no sea lo que debería ser o lo que imaginó. Tal vez vea a sus hijos como lo que no deberían ser o distintos a lo que usted había imaginado. Quizá sea usted un padre preocupado por el futuro o el pasado reciente de sus hijos. O, a lo mejor, es usted simplemente un padre que se pregunta: «¿Estoy haciéndolo bien?». Asumimos, entonces, que lee este libro porque está centrado en la labor de la crianza y quiere saber qué es lo mejor para sus hijos.

Este libro está destinado a ser dos cosas. La primera radica en que puede convertirse en una guía independiente para padres preocupados por la paternidad o intranquilos por su hijo de dieciocho años o menos, con problemas emocionales o de comportamiento. Pero es también complemento para otro libro que escribimos específicamente para terapeutas que trabajan con padres cuyos hijos se muestran desafiantes y agresivos (Cavell y Quetsch, 2023). Por razones de diseño, los contenidos del libro y del manual de terapeutas se solapan de forma sustancial, lo cual debería ayudar a los padres que trabajan con un psicoterapeuta en problemas vinculados con la relación hijos-familia. Esperamos que los terapeutas usen esta superposición del contenido para trabajar de forma colaborativa con los padres. También deseamos que los padres utilicen este libro para mantenerse totalmente informados a la hora de buscar ayuda de un terapeuta profesional.

Con esta obra se pretende también conseguir dos cosas. La primera ayudarlo a comprender esos aspectos de la crianza que van bien y aquellos que quizá necesiten ser trabajados. A tal fin, no proporcionaremos una larga lista de habilidades parentales que le hagan sentir insuficiente o incapaz. En cambio, le ofrecemos un plan para conseguir lo que más importa a la hora de la crianza. Si su objetivo es ser un padre lo suficientemente bueno como para conocer las necesidades de su hijo (no un padre perfecto), entonces, este libro es para usted. La segunda radica en que esta obra lo ayudará a construir un plan de crianza aplicable. Podrá indagar, así, en las seis áreas principales de la crianza, además de usar dicha información para trazar un plan adaptado a su familia.

¿POR QUÉ ES LA CRIANZA A MENUDO DIFÍCIL Y CONFUSA?

Existen varias razones. A continuación, le presentamos tres de ellas.

Razón I: la crianza es asimétrica

En general, la crianza es una labor unidireccional, ya que los niños dependen de nosotros para muchas cosas durante mucho tiempo. Willard Hartup, un conocido psicólogo especialista en desarrollo, describió las relaciones de los niños con sus padres como «lazos verticales». Estos son verticales en tanto que los padres disponen de un mayor conocimiento y posición social que los niños. De bebés, nuestros hijos son enteramente dependientes de nosotros, tanto física como emocionalmente. A medida que se desarrollan, se vuelven más independientes, pero siguen precisando de nosotros, solo que de otras formas. Con el tiempo, los niños empiezan a pasar cada vez menos horas con nosotros, pero seguimos manteniendo ese sentimiento de responsabilidad y preocupación. Sumado al trabajo y el peso de la paternidad, se halla el factor de que no se puede esperar recibir tanto como se invierte en la crianza. Sí, tener hijos enriquece enormemente nuestras vidas y dota de un sentido especial a nuestra existencia, pero los padres, generalmente, dan a sus hijos mucho más de lo que reciben. Así es como lo ha planteado la naturaleza, y es especialmente cierto hoy día, momento en el que los hijos ya no son vistos como personal fundamental del sistema familiar. Pero también es cierto en relación con las recompensas emocionales que esperamos obtener de la paternidad, como el sentimiento de amor, comprensión y conexión que imaginamos como subproducto de la crianza. Sin duda, hay veces en las que la rentabilidad de la crianza parece injusta y desequilibrada. Este libro puede ayudarlo a ajustar dicha posibilidad, de forma que no se pierda ninguno de esos momentos especiales, enternecedores y emocionantes también parte de la crianza de nuestros hijos.

Razón II: los padres poseen un control limitado sobre el comportamiento de sus hijos

Una segunda razón por la que la paternidad puede ser difícil o confusa radica en el hecho de que ostentamos un control limitado sobre el comportamiento de nuestros hijos. Los padres desempeñan un papel fundamental en el desarrollo infantil, pero incluso aquellos más efectivos no son personas capaces de que los niños hagan lo que quieran cuando quieran. De hecho, cualquier sentimiento de culpa podría surgir de nuestra insistencia como terapeutas con respecto a la influencia parental en el desarrollo de los niños. Considere el refrán «De tal palo, tal astilla», el cual a menudo se interpreta como que los buenos padres crían a buenos hijos y los malos padres crían a malos hijos. En la actualidad, la ciencia cuenta una historia distinta acerca del rol de la influencia parental, aunque la opinión pública todavía nos hace a menudo juzgar y condenar a los padres de un niño que se porta «mal». Si es usted el padre de un niño excesivamente activo, obstinado o que sufre de problemas para aprender de la forma convencional, entonces sabe a qué nos referimos. Algunos niños harían sufrir a «cualquier»padre.

Una historia más acorde con los tiempos acerca de la paternidad y el desarrollo infantil consta de varias partes. La primera es que los genes poseen una influencia primordial (no solo en la apariencia, sino también en sus talentos, habilidades y personalidad). La dotación genética también da forma a cómo los niños responden al entorno y aprenden de él; por ejemplo, algunos pequeños poseen un temperamento manejable que les permite ajustarse a las rutinas que los padres prefieran. El de otros resulta más complicado, lo que les hace impredecibles y dificulta enormemente la adquisición de rutinas. En estudios recientes, se muestra incluso que muchos desórdenes psicológicos están relacionados con vulnerabilidades heredadas que, combinadas con estrés vital, pueden conllevar problemas graves en el futuro. De hecho, es justo decir que los expertos en desarrollo humano ya no asumen que la crianza sea más importante que la genética. En cambio, los expertos actuales afirman que ambos importan por igual y reconocen que los dos aspectos tienen un efecto en el otro a la hora de influir en el desarrollo infantil. La segunda parte de la historia acerca de la crianza y el desarrollo infantil reside en que los padres representan tan solo una de las fuentes de influencia externa. Los científicos reconocen ahora que otros muchos contextos afectan al desarrollo de los niños. Entre estos, se encuentran las interacciones con los hermanos, compañeros, abuelos, profesores, entrenadores…, así como su exposición a la tecnología y fuentes de información. Estudiosos como Judith Rich Harris incluso han argumentado que los padres realmente ostentan menos influencia que otros factores externos (como los compañeros o los profesores) en la vida infantil. De hecho, en ninguno de los estudios recientes sobre naturaleza versus crianza, se refuta el rol crítico que los padres desempeñan en la vida de sus hijos, pero sí que ayudan a informar a los progenitores acerca de lo que realmente importa.

Razón III: el mito de la crianza efectiva

Una tercera razón acerca de por qué la paternidad puede ser difícil o confusa se debe a lo que llamamos el «mito de la crianza efectiva». En la época de la información en la que vivimos, no podemos decir que haya carencia de consejos para los padres, pero no todos ellos son útiles, y poner el énfasis en el lugar erróneo representa una de las formas más sutiles de conseguir que los padres sientan que se equivocan. Este mito generalmente comienza con un mensaje que los expertos han identificado como un set mínimo de destrezas de crianza recomendadas para todos los padres, independientemente de quiénes sean ellos, sus hijos o el contexto en el que se da esta crianza (como la cultura, una situación de divorcio, alcoholismo o pobreza). Acto seguido se encuentra la inferencia de que, si un niño se porta «mal», entonces, es que los padres deben de carecer de habilidades parentales efectivas. La última parte del mito radica en que la paternidad efectiva implica usar la destreza «correcta» en el momento «correcto» de la forma «correcta». Si los padres actúan así, no deberían existir motivos para que estos presenten problemas o que los niños se comporten de una forma disfuncional.

Como muchos otros mitos, hay trazas de verdad en él. Sí es cierto que, en las investigaciones, se han resaltado los tipos de comportamiento parental relacionados con respuestas negativas por parte de los hijos. Entre los principales, se encuentran el rechazo a la paternidad, la crianza laxa y sin límites o bien una descuidada o abusiva, ya sea física, emocional o sexualmente. También sabemos que proveer disciplina coherente, generando un sentido de pertenencia y controlar el paradero de los niños y sus actividades fuera del hogar predicen su adaptación a la sociedad. Cuando estos conocimientos se convierten en mitos, se presentan entonces como una escueta y delimitada lista de habilidades esenciales que definen ser buenos padres. Constituye un enfoque en el que se olvida la relación entre padres e hijos. En el mito de la paternidad efectiva se tiende, además, a hacer énfasis en la gestión a corto plazo de los malos comportamientos de los niños, dado que se centra menos en la relación padres-hijos (por ejemplo, entre padres e hijos mayores de dieciocho años).

Cuando la paternidad se plantea así, puede empujar a los padres a ver los árboles, pero no el bosque. Aquellos cuyos hijos sufran problemas emocionales o de conducta se sentirán fracasados cuando los problemas persistan o cuando se tense la relación padres-hijos. En este libro, ofrecemos un enfoque distinto de la paternidad. Nuestro objetivo reside en ofrecer un plan a largo plazo aplicable y fundamentado científicamente, para que los padres reconozcan una amplia gama de problemas emocionales y conductuales que afectan a niños y familias. Lo invitamos a saber más de nuestro plan de seis puntos para ofrecer una paternidad suficientemente buena, con el fin de aprender sobre qué es lo que realmente importa.

 1 

CRIANZA HOLÍSTICA A LARGO PLAZO:DE NIÑOS A ADOLESCENTES

Jason está atendiendo una llamada de su jefe cuando su hijo de cinco años, Sean, abre la puerta y entra. Jason está molesto por haberse olvidado de cerrar la puerta e intenta echar a Sean, ya que esperaba, con esta llamada, causar buena impresión.

Sean, nervioso, pregunta:

—¡Papá!, ¿con quién hablas? ¿Es la abuela? ¿Puedo saludarla?

Jason se disculpa con su jefe, se da la vuelta y suelta:

—¡Sal de aquí!

Sean protesta:

—Pero, papá, ¡prometiste que podía contestar al teléfono la próxima vez que llamásemos a la abuela!

Jason, frustrado, levanta la voz:

—¡Sal de aquí, Sean! ¡Ya! ¡Estoy hablando por teléfono!

Sean está confundido, pero se marcha rápidamente, con los ojos bañados en lágrimas. Tras la llamada, Jason entra en el salón y encuentra a Sean viendo la televisión. Jason la apaga y le demuestra a Sean lo irritado que está:

—Sean, ¡ya sabes que no se entra cuando la puerta está cerrada! ¡Estaba en medio de una llamada importante! ¡Nunca escuchas! ¡Podías haberlo arruinado todo! ¡A veces eres tan egoísta…! Además, no es hora de estar viendo la tele. ¡A tu cuarto!

Más tarde, Jason reflexiona acerca de lo que ha pasado y sobre cómo ha hablado a su hijo.

¿Cómo definiría usted el «trabajo» de ser padres? Asumimos que la mayoría de los progenitores dirían que unos padres deberían proteger, alimentar, vestir y cuidar a sus hijos. Otros, tal vez, añadirían que unos padres procuran que sus hijos vayan a la escuela y los cuidan cuando se ponen enfermos. Pero ¿qué más implica este trabajo? Casi todos estarían de acuerdo en que un padre debería enseñar a sus hijos lecciones de vida importantes, tales como la diferencia entre el bien y el mal, cómo llevarse bien con los demás y explicarles cómo destacar. Pero ¿existen una forma correcta y una incorrecta de hacer esto? ¿Es mejor hablar de forma contundente o susurrar suavemente? ¿Cuándo es el momento de sermonear y cuándo el de castigar? ¿Cómo saber si estamos siendo demasiado estrictos o demasiado poco? ¿Existe algún modo fiable para saber si la paternidad está yendo bien?

A nuestro juicio, pocos padres dedican tiempo a reflexionar respecto a las repercusiones de ser padres. En vez de esto, la crianza se hace en el momento: actuamos frente a discusiones entre hermanos, preguntamos por los deberes, preparamos la cena, metemos a nuestros hijos en la cama y repetimos el ciclo al día siguiente. Pero ser padres representa también una oportunidad para invertir a largo plazo en las vidas de nuestros hijos. Nuestra presencia diaria tanto física como emocional, puede proveer de importantes lecciones de vida, un ejemplo que seguir y un apoyo constante. Todo esto suma a la hora de que nuestros hijos se vuelvan adultos sanos, responsables y emocionalmente estables. Aun así, se precisa de una relación paternofilial comprensiva, sana y responsable. Realizamos correctamente el trabajo de ser padres cuando nos movemos al mismo son que nuestros hijos (con el tiempo). Esta constituye la mejor forma de paternidad, y este capítulo espera ayudarlo a:

•  Reconocer cómo tendemos a juzgarnos como padres

•  Aprender una nueva definición de lo que significa ser «buenos padres»

1.1 ¿SOY UN BUEN PADRE?

Tal vez haya usted oído hablar de la expresión «buen padre». Un buen padre es aquel que ni intenta ser perfecto ni espera la perfección por parte de sus hijos. Resulta útil tener este concepto en cuenta, especialmente si es usted de los que tiende a confrontar lo «bueno» con lo «perfecto». Salvo contadas excepciones, por supuesto, existe un amplio margen para que los padres metamos la pata y tiempo de sobra para enmendarlo. No pasa nada por ser solamente buenos, pero quizá no quede claro qué es exactamente ser un «buen padre».

Echemos un vistazo a diversas formas en las que los padres evalúan su rendimiento. Si bien algunas de estas son útiles a la hora de seguir por el camino correcto, otras nos hacen perdernos las cosas realmente importantes.

1.1.1 CÓMO ACTÚAN MIS HIJOS

Representa un obvio y extendido baremo para valorar lo buenos padres que somos cómo nuestros hijos actúan. Si estos traen a casa buenas notas, se encargan de sus tareas y no se meten en problemas, entonces, debemos de ser buenos padres, ¿no? Quizá, pero, en estudios basados en la psicología del desarrollo, se indica que los talentos y habilidades de un menor se relacionan más con la genética que con sus experiencias durante la infancia. Puede que parezcamos padres modélicos cuando nuestros hijos nacen con una fuerte predisposición a colaborar y a ser amables. Pero no todos somos tan afortunados de disfrutar de hijos tranquilos. De hecho, en función de sus características, nuestros hijos pueden estar interesados en según qué actividades, tomar determinadas decisiones o socializar con una gente u otra. Un niño de doce años que mida 1,90 de altura y que sea innatamente atlético puede invertir mucha energía y tiempo en hacer deporte, mientras que una niña de nueve que haya tocado el piano desde los cuatro presentará cierta predisposición a interesarse por actividades musicales. La conclusión es que no podemos atribuirnos todo el mérito cuando nuestros hijos triunfan ni cargar con toda la responsabilidad cuando fracasan.

Determinar si el comportamiento de un niño representa un problema puede también ser complicado. Imagine que su hija solo come beicon para desayunar. Usted le ofrece cereales, huevos y fruta, pero ella los rechaza. Usted le dice que no, que debería comer otras cosas, y esta se molesta y le da una rabieta. ¿En qué momento decide si el tema del beicon es un problema? ¿A partir de qué punto pasa esto de ser «normal» a convertirse en algo que debe cambiarse? Y ¿cómo saber si un comportamiento concreto debe ser señalado o si es mejor que nuestro hijo aprenda por sí mismo? Algunos padres intentan ayudar a sus niños a evitar cualquier «riesgo» o cualquier «fracaso». Se hallan atrapados en una sobrecarga de la paternidad esperando «asegurarse» de que sus hijos no sufran daños o se desvíen del camino. Por tanto, sea cuidadoso a la hora de juzgar su valía como padre basándose en el comportamiento de su hijo. Podría estar usted engañándose con que las cosas marchan bien, y puede resultar desalentador cuando las cosas vayan mal.

1.1.2 LO QUE LOS DEMÁS ESPERAN

A veces utilizamos las expectativas de otros para valorar nuestros éxitos y fracasos como padres. Con suerte, amigos y familiares resaltarán el buen trabajo que realizamos, pero puede que a veces tengamos que escuchar preocupaciones o críticas: «¿Tu hijo siempre llora así? ¿Estás seguro de que solo es una fase? ¿Has escuchado lo que algunos dicen sobre tu hija y su novio?». Comentarios así pueden doler. A veces, tales preocupaciones nos llegan como informes formales (como que los expulsen de la escuela, malas notas o causas penales), siendo necesario entonces considerar si hay que tomar acciones correctivas. Sin embargo, generalmente las expectativas ajenas no constituyen una buena forma de medir nuestro rendimiento como padres. Los demás no conocen nuestra situación familiar, por lo que sus opiniones pueden herir más que ayudar.

1.1.3 LO QUE HICIERON MIS PADRES

Esta vara de medir existe nos guste o no. Pocos recibimos una educación formal acerca de cómo ser padres y lo que aprendemos proviene normalmente de episodios de nuestra infancia. Pero incluso creer que nuestros padres hicieron un trabajo excelente no implica que entendamos por qué hicieron según qué cosas ni por qué estas «funcionaron». También está el problema de mala memoria, siendo fácil recordar sesgadamente cómo nos educaron nuestros padres e incluso imitando, de forma fiel, lo que estos hicieron no garantiza que sea lo correcto para nuestros hijos. A los padres les gusta decir «bueno, conmigo eso funcionó», sin considerar si sus hijos cuentan con el mismo temperamento o tendencias que ellos. Por tanto, sea precavido a la hora de emplear estrategias parentales heredadas. Esto resulta especialmente cierto si implica perpetuar un historial de mala crianza o posibles abusos infantiles.

1.1.4 LO OPUESTO A MIS PADRES

Cuando creemos que nuestros padres fueron un desastre, un objetivo habitual es no convertirnos en ellos. Observamos esto con frecuencia en nuestras prácticas clínicas. Normalmente, se plantea como una promesa de hacer todo lo contrario a lo que hicieron nuestros padres, pero existen dos problemas clave en esta forma de actuar. El primero es que esta no representa una muy buena guía de qué deberían hacer unos padres, y no está del todo claro cómo uno debería evitar los errores que cometieron sus propios padres; por ejemplo, un progenitor puede comprometerse a nunca hacer pasar a sus hijos por un divorcio, ignorando que su pareja podría, llegado el momento, tomar una decisión distinta respecto a su matrimonio. El segundo problema con esta forma de pensar consiste en que resulta difícil evitar usar términos o llevar a cabo acciones que escuchamos o vivimos durante nuestra propia infancia. Realmente admiramos a aquellos padres que quieren distanciarse de los patrones de crianza que recibieron, pero resulta enormemente complicado alejarse de este estilo a la hora de procesar la paternidad. Aquellos padres que pretendan hacer esto probablemente requieran de consejo para llevarlo a cabo.

1.1.5 CÓMO SE SIENTE MI HIJO

Otra forma de valorar nuestra calidad como padres es mediante la lectura y la respuesta a las emociones de nuestros hijos. Parece lógico pensar que los niños que son felices lo son porque sus padres hacen las cosas bien y, de forma contraria, considerar que los niños de carácter irritable lo son porque sus padres se están equivocando.

La opinión de Lauren

«Incluso aunque les dé a mis hijos pequeños lo que quieren, sigue habiendo ocasiones en las que se revuelcan entre sollozos, destrozados por el peso de este cruel mundo que he creado para ellos».

Por tanto, resulta tentador basar nuestras acciones parentales en las respuestas emocionales de nuestros hijos. ¿Qué padre no querría dibujar una sonrisa en la cara de sus pequeños cuando estos se tiran al suelo llorando y gritando? ¿Quién disfruta viendo a niños tristes porque les hemos castigado? Y, aun así, sabemos que proteger a nuestros hijos de experiencias emocionales complicadas puede quitarles la oportunidad de aprender a gestionar sus propios sentimientos. Considere esas ocasiones en las que su hijo sienta terror, una gran tristeza o una decepción absoluta, como cuando descubren que su abuelita sufre un cáncer terminal, que no fueron escogidos para el equipo de fútbol o que aprender a montar en bici puede ser peligroso. Muchos de nosotros nos sentimos obligados a evadir tales situaciones, ya que no queremos que nuestros hijos sufran. Pero las decisiones parentales sabias, aquellas que benefician a nuestros hijos, resultan a menudo incómodas o difíciles.

Y, por favor, no malinterprete el mensaje. Es importante prestar atención a los sentimientos de nuestros hijos y los padres que rechazan o no prestan atención a tales emociones seguramente que perjudiquen a sus descendientes. Estar al tanto de los sentimientos de nuestros hijos no es lo mismo que intentar limitar o gestionar lo que estos sienten. Cuando su hijo le dice que hoy comió solo en el colegio porque sus amigos no fueron a clase, le será conveniente sintonizar con lo que él siente y hacerle saber que lo escucha e intenta comprenderlo. El comportamiento que usted tenga puede enviar un poderoso mensaje de que «es seguro que me cuentes lo que sientes». El objetivo no es arreglar lo que fuese que provocó estos desagradables sentimientos. Si usted necesita que sus hijos sean felices o se autocastiga cuando estos experimentan disgustos o rabietas, entonces, puede que usted caiga en un peligroso y engañoso hábito. Es mejor estar presente y animar a sus hijos a mostrar sus emociones, ya sean positivas o negativas.

1.1.6 CÓMO ME SIENTO

La experiencia de ser padres puede ponernos tanto en contacto con sentimientos de alegría absoluta como de una tristeza devastadora, pero el hecho de que los padres experimenten tales sentimientos no significa que deban ser usados como vara de medir. Las emociones a veces distorsionan o trastornan nuestra forma de criar. Todos hemos, en mayor o menor medida, sido más permisivos con la hora de irse a la cama o la norma de no comer en el salón cuando nos sentimos especialmente felices y motivados, y hemos también sido especialmente estrictos o exigentes cuando tenemos un mal día. Puede que también haya otros en los que nos sintamos desesperanzados y desmotivados; días en los que nos escabullimos de nuestras obligaciones como padres durante un rato, dejando a nuestros hijos que se valgan por sí mismos o incluso insistiendo en que ellos tienen que cuidarnos. Y, si nos sentimos ofendidos o enfadados, explotamos y hacemos daño a los miembros más jóvenes de la familia.

Hay veces en las que nuestras emociones constituyen un reflejo de lo que percibimos y vemos en nuestros hijos. Cuando sienten miedo, nosotros también tenemos miedo. Cuando están tristes, nos sentimos tristes. A veces colocamos una valiosa distancia entre nuestra tristeza y la suya. Por esto, si es usted un padre preocupado por sus hijos y a menudo siente lo que ellos sienten, le interesará encontrar una forma de gestionar tales emociones, a la vez que cría a sus hijos sabiamente. Si no es así, podría estar usted pisando sobre el resbaladizo suelo de una paternidad dirigida por las emociones. No necesita ignorar sus sentimientos mientras es padre, pero son los progenitores quienes necesitan una estrategia efectiva de gestión (y uso) de las emociones (véase capítulo 3).

1.1.7 LO MEJOR QUE PUEDO HACER

Los padres que se sienten perdidos y derrotados a menudo piensan en este criterio potencialmente problemático. Por supuesto, este es, de alguna manera, un mecanismo de los padres para afrontar tales situaciones. Pero puede resultar también una forma de rendición. Como psicoterapeutas, creemos que los padres siempre intentan dar lo mejor de sí mismos según su contexto y recursos disponibles. Aquellos progenitores que se sienten derrotados y desmotivados a menudo sienten que no consiguen resultados, pero, si pensar que «lo mejor que puede hacer» significa ignorar la posibilidad de crecer, puede convertirse en una forma de esconderse de la realidad, un escondite que potencialmente provoca malos hábitos que los padres nunca quisieron tener.

Debemos destacar que no resulta raro ver a padres modificar su criterio de cómo criar a sus hijos de forma periódica. Puede que empiecen intentando imitar a sus padres (o más bien lo contrario), pero, cuando sus hijos comienzan a dar señales de ansiedad emocional o problemas de comportamiento, optan de inmediato por considerar las opiniones de un profesional. Si sus preocupaciones persisten, pueden incluso calibrar sus expectativas a un nivel que les haga sentirse a gusto. La situación más difícil para unos padres reside en poseer la convicción de que es demasiado tarde para ayudar a sus hijos o para cambiar el enfoque de su educación. Resulta fácil sentirse desmotivado cuando nuestros hijos flaquean y escogen caminos en la vida poco saludables, ilegales o peligrosos.

Nuestro mensaje para aquellos padres descorazonados consiste en que vean y celebren su labor como padres y no el resultado de esta. El continuo esfuerzo de unos progenitores para apoyar y guiar a sus hijos representa la señal más evidente de su amor por ellos. Existen multitud de variables que influyen en el desarrollo de los niños: biogenéticas, referentes a la personalidad, talentos, recursos familiares, consecución de logros tempranos… Factores donde la mayoría de las veces los padres ostentan un control limitado. Lo que está bajo control de los padres es involucrarse en la vida de sus hijos, darles apoyo e invertir y volver a invertir en su bienestar. Procuramos enviar dicho mensaje cuando trabajamos con padres desalentados, especialmente cuando estos crían a un hijo adolescente:

Le he dicho a tus padres que la mayor muestra de afecto que pueden tener es seguir adelante, continuar intentando ser el padre que tú necesitas, incluso cuando se equivocan. Y, cuando no quieras su ayuda o no te guste lo que hacen, les he dicho que no se rindan contigo. Si tienes suerte, seguirán mi consejo. Puede que no te guste, pero no tengas duda de que serás afortunado por ello.

1.2 UN PLAN SÓLIDO PARA SER PADRES

Creemos que ayudamos a los padres cuando estos consiguen desarrollar un plan sencillo y coherente sobre cómo criar a sus hijos. Este plan debe ser práctico, sostenible y apoyado por la ciencia de la paternidad y del desarrollo infantil. De forma ideal, este plan promovería un desarrollo saludable para los niños, a la vez que se considera el bienestar de los padres. Este guiaría a los progenitores a la hora de decidir dónde y cuándo invertir su tiempo y energía, identificando los rasgos más relevantes de ser buenos padres. Debe ser igualmente sostenible e invulnerable al paso del tiempo. Este libro representa nuestro intento de trazar dicho plan. En el mundo actual, los padres están a menudo ocupados y el tiempo que le pueden dedicar a sus hijos se ve determinado por ello y otras influencias. Esperamos que los padres que lean este libro dispongan de un buen plan. A continuación, presentaremos un modelo de crianza holístico a largo plazo. El término «holístico» implica, en los campos de la medicina y ciencias de la salud, centrarse en la persona en su conjunto y señalar las necesidades sociales y emocionales de una forma más general y no solo los síntomas de la enfermedad. Lo invitamos a viajar con nosotros para conocer este modelo. Como en cualquier otro viaje, es útil contar con una brújula que nos oriente. Presentamos aquí los cuatro puntos cardinales de nuestra brújula de la paternidad.

1.2.1 NORTE: LA PATERNIDAD ES GESTIONAR LOS CONTEXTOS EN LOS QUE NUESTROS HIJOS CRECEN Y APRENDEN