Una vez, en un bar - Camille Bech - E-Book

Una vez, en un bar E-Book

Camille Bech

0,0

  • Herausgeber: LUST
  • Kategorie: Erotik
  • Sprache: Spanisch
Beschreibung

Mille y Kristoffer tienen una relación bastante peculiar. Salen y tienen juegos preliminares con otras personas; luego van a casa y liberan toda su lujuria. Pero un día, Mille conoce a un hombre mayor en un bar del centro y no puede olvidarlo. Unos meses después, tiene la oportunidad de verlo una vez más y la aprovecha de inmediato.

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Seitenzahl: 36

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Camille Bech

Una vez, en un bar

 

LUST

At a Bar in the City

Original title:

LIDENSKAB - På en bar I din indre by

Translated by: Sif Rose Thaysen Copyright © 2017, 2019 Camille Bech and LUST, an imprint of SAGA, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726301083

 

E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

 

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

Una vez, en un bar

 

Al final de la tarde de un viernes, Mille pateó la puerta —que se cerró de golpe a sus espaldas—, dejó caer las bolsas de las compra en el suelo, se quitó las botas y se apoyó exhausta contra la pared. Había sido una semana particularmente dura en la agencia de publicidad y no estaba de humor para salir. Para ser honesta, lo único que quería era irse a a la cama. Recogió las bolsas y se dirigió a la cocina. Ya había oscurecido afuera y una fina capa de nieve cubría las copas de los árboles que se veían desde su ventana.

Quería tomar una ducha después de ordenar las compras en la nevera y se sintió ligeramente revitalizada al pensar en el vestido ajustado y sensual que había comprado para esa noche. Era de un rojo intenso y se amoldaba perfectamente a su figura sensual, el escote revelaba escasamente la parte superior de sus senos redondos.

Mientras se duchaba, el agua tibia rodaba por su cuerpo y comenzó a entusiasmarle la idea de salir por la noche. Quería que todo saliera perfecto, así que lo pensó mucho. No pudo evitar sonreír cuando se enjabonó entre las piernas y sintió la suavidad de sus labios vaginales. Se afeitó completamente —él lo prefería así— y le encantó la sensación. Se sentía más sensual cuando lo afeitaba todo y esa noche no sería la excepción. Sus senos eran firmes y redondos, estaban en su lugar y no le importaba dejar de usar sostén, aunque fueran grandes y prominentes.

Se secó muy bien, se frotó el cuerpo con su mejor loción, se aplicó una segunda capa de esmalte de uñas en las uñas de las manos y los pies y, finalmente, se puso el vestido rojo y admiró su figura en el espejo.

—Vaya —susurró y deslizó sus manos por la tela suave, con cierta fascinación. Era sencillamente perfecto.

Se calzó sus botas negras y altas y subió el cierre a cada lado de sus largas y delgadas piernas. Sus hombros quedaban expuestos, así que tuvo que usar una chaqueta corta; si no hacía mucho frío igual podría quitársela después.

La sensación que había experimentado al tocar sus labios vaginales aún le producía escalofríos en la columna vertebral mientras se retocaba el peinado. Su melena le llegaba a la cintura y caía sobre sus hombros desnudos en forma de rizos rubios, largos y suaves. Se maquilló y se delineó los labios para acentuar su atractivo. La chispa de sus ojos oscuros era más intensa que de costumbre y se sintió bastante satisfecha mientras brincaba hasta la sala de estar para tomar una copa antes de coger un taxi e ir al centro de la ciudad. Su cansancio se había desvanecido como la nieve bajo el efecto del sol y esperaba con ansias la velada de esa noche. Como de costumbre, estaba entusiasmada y era el final perfecto para su semana.

 

Una vez en el taxi, tuvo cuidado de no abrir mucho las piernas. El conductor era un hombre de aspecto árabe e imaginó que debía tener unos cuarenta años. Se sentó en el asiento de atrás ya que no le gustaba sentarse adelante, y aunque casi siempre conversaba con los conductores, esa noche no estaba de humor para ello.

Llegó al bar alrededor de las diez, y al salir del cálido vehículo, sintió un golpe de frío que la hizo sacudir; estaba nevando un poco. Se arregló el cabello, se acomodó el bolso de sobre bajo el brazo y entró al lugar. Estaba bastante abarrotado de gente y miró a todos lados en busca de un espacio libre en la barra —así lo preferían ellos— que estuviera junto a la pared, para que pudiera inclinarse sobre ella en el momento adecuado.