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Presentamos nuestro nuevo libro Vamos a una pausa que creemos será de vuestro interés. Coincidiendo con los setenta años de la Televisión en la Argentina una investigación inédita. Este libro recorre un periodo por lo general olvidado que va desde el nacimiento de la TV hasta el momento en que pudo imponerse como medio elegido por anunciantes y agencias de publicidad. Lleno de anécdotas y de personajes que se irán recordando con su lectura. Contine material de fotografía inédito que nos remontará a esas épocas históricas. Ameno e interesante, es un buen regalo para los que vivieron esas épocas y para los que no la conocen y de esta manera van a descubrirla.
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Seitenzahl: 73
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Supervisión general: Cristina Lafiandra
Diseño gráfico: Karina Di Pace
Foto tapa: Pinky y Fito Salinas, celebridades de la locución comercial televisiva;revista Canal TV.
© Raúl Manrupe
© Ediciones Infinito, de la presente edición en castellano para todo el mundo
e-mail: [email protected]
http://www.edicionesinfinito.com
ISBN 978-987-3970-37-5
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Buenos Aires, agosto de 2022
La reproducción total o parcial de este libro, en cualquier forma que sea,
por cualquier medio, sea éste electrónico, químico, mecánico, óptico,
de grabación o fotocopia no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada.
El presente trabajo formó parte de investigación elaborada para
la tesis de Licenciatura de la USAL.
Beca a la creación del Fondo Nacional de las Artes 2021.
Digitalización: Proyecto451
Manrupe, Raúl
Vamos a una pausa : la publicidad en la televisión argentina 1951-1960 / Raúl Manrupe. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Infinito, 2022.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-3970-37-5
1. Publicidad. I. Título.
CDD 659.143
Antes de comenzar, unas palabras de gratitud para nuestros patrocinadores:
Cristina Lafiandra, de Ediciones Infinito, por darle entidad de libro a esta investigación.
Lucio Mafud y Adrián Mouyo, por su apoyo y sugerencias desde la Biblioteca de la ENERC.
Christian Aguirre, por su generosidad y material invalorable.
Daniel Luirette, compartiendo sus ricos archivos.
Adrián Sancho, de la Biblioteca del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.
Fernando Martín Peña, por la difusión e interés en el rescate de estos materiales.
Alejandra Portela, siempre presente.
Carlos Ulanovsky, gran inspirador.
En 2021 se cumplieron 70 años de la primera transmisión oficial de la televisión en la Argentina. A lo largo de las últi-mas siete décadas se la ha elogiado y criticado por partes iguales en diarios, revistas, libros y programas de la mis-ma TV y radio. Se ha tocado el tema educativo, cultural,
escandaloso, artístico, gremial, ficcional, periodístico, me-diático. En los primeros tiempos, se dudó seriamente de su subsistencia. Se la veía como una radio con imágenes, prácticamente sin ningún punto de contacto con el cine, una actividad que a mitad de siglo XX ya tenía en la Argentina toda una trayectoria profesional y artística. Contra lo que podría suponerse hoy, el sonido y el video rara vez tuvieron una interrelación en aquellos comienzos.
Pasaron períodos de televisión blanco y negro, gratuita, paga, estatal, privada, intervenida, por cable, digital, en HD, hasta llegar al primer cuarto del siglo presente y los desafíos de las nuevas plataformas y dispositivos. Todos han sido y son analizados con frecuencia, apasionamiento y escepti-cismos varios.
Sin embargo, hay un hueco que siempre se ha mencionado al pasar y es el período que media entre el momento en que la televisión nació hasta aquel en que pudo imponerse como el medio elegido por anunciantes y agencias de publicidad.
El periodo inicial, con la existencia de un solo canal emisor. Al encarar esta investigación, pudimos comprobar que los comienzos fueron muy diferentes tanto en lo artístico (si po-día llamárselo así) como en la forma de comercialización o venta de los espacios. Nacida como un anexo de la radio, al punto que los primeros programas se transmitían en dúplex con LR3 Radio Belgrano, a la televisión le costó cortar ese cordón que nació de la denominación misma del canal, iden-tificado como LR3 TV. Con los años, fue adquiriendo una personalidad propia, adueñándose del lugar en el público que por décadas ocupara la radiofonía.
En este trabajo hemos investigado la primera década de existencia, la que va desde las primeras transmisiones de LR3 Radio Belgrano TV Canal 7 (era común no mencionar el número de canal porque era el único) tomando como punto de partida oficial la transmisión desde Plaza de Mayo del
acto del 17 de octubre de 1951, hasta 1960 cuando ya la televisión estaba abierta a lo privado, con la apertura en la ciudad de Buenos Aires de tres nuevas señales, más otras tantas en Rosario, Córdoba y Mar del Plata.
Esa brecha de información poco tratada u olvidada por la historia del medio, es la que queremos rescatar, para cubrir ese espacio faltante en la rica, polémica, a veces deslum-brante y a veces carente de sentido historia de la televisión argentina. Investigando modos, prácticas e intentos que en algunos casos sirvieron de base al crecimiento que siguió a este período y en otros, quedaron fuera de práctica y en el olvido casi instantáneamente.
Entre las anticipaciones que escritores como Julio Verne pu-dieron imaginar, estuvo la transmisión de imágenes y sonido a distancia. Era el último tercio del siglo XIX, pródigo en inventos innovadores que cambiaron el mundo en cuanto a la manera de comunicarse y achicar distancias: el registro y reproducción del sonido, la luz eléctrica, el teléfono, el auto-móvil, el perfeccionamiento de la fotografía, el cine, la radio-fonía, fueron avances que serían parte de la vida cotidiana e influenciarían la existencia de los habitantes de la tierra durante el siglo siguiente, cambiando conceptos tales como «recuerdo», «archivo», «imágenes», «reproducción y almace-namiento de información». La televisión se hizo esperar un poco más y despertó desde su conocimiento más o menos superficial por parte de la gente, una serie de fantasías y especulaciones, a veces descabelladas. Presentada en la década de 1920, pronto fue como una síntesis de esa mo-dernidad tecnológica que planteaba el siglo, y sus aparentes propiedades muchas veces superaron lo racional.
La publicidad, siempre atenta a las novedades, se hizo eco y ya en 1929, un aviso gráfico en diarios, de la Unión Telefónica anunciaba con la ilustración de dos heraldos y su trompeta, «Telefonía, Telegrafía, Radio y Televisión» como los servicios a los que sus abonados podrían acceder prontamente ya que la Compañía se jactaba de estar «… siempre al corriente de las nuevas invenciones en Ciencia e Ingeniería Telefónica», una evidente sobrepromesa publicitaria que demoraría un par de décadas en cumplirse.
En el terreno de lo práctico y experimental a nivel local, un año antes el radioaficionado argentino Ignacio Gómez había logrado transmitir imágenes fijas, que mostró un año des-pués en el antiguo teatro Ópera con motivo de la Exposición de Radio llevada a cabo en Buenos Aires.1
La empresa holandesa Philips trajo a la muestra un aparato-so modelo de TV a disco, el intento de televisión mecánica desarrollado por Paul Nipkow. La estrella francesa Jose-phine Baker posó sonriente junto al artefacto, tal como se reprodujo en un folleto sobre la historia de la empresa ho-landesa en Argentina publicado en 1985. No hay constancia de que se haya hecho una demostración práctica.2Otros entusiastas, como Jorge Duclout e Ignacio Gómez Aguirre, también transmitieron en dicha exposición distintos traba-jos de los dibujantes del diario Crítica, Pedro de Rojas y Diógenes Taborda.
Como curiosidad a investigar, en 1930 se constituyó en Bue-nos Aires la John Logie Baird Television, a partir de las expe-riencias del pionero en Gran Bretaña. La empresa se disolvió
rápidamente, pero de esa inquietud nacería un año después el Centro Argentino de Televisión. Ese sería el origen del I.E.T., Instituto Experimental de Televisión, en 1938.3
Hollywood en tanto, en 1935 lanzaba el breve largometraje de clase B Asesinatos por televisión(Murder by Television, director: Clifford Sanforth), protagonizado por Bela Lugosi (como detalle más que curioso, el estilo de las letras utiliza-das en el afiche de la película para la palabra Televisión, sería años después utilizado como decoración del primer camión de exteriores de Canal 7).
En este mundo de especulaciones fantasiosas, muchas veces se daba por sentado el carácter de interactividad o realidad
virtual (como se le llamaría muchas décadas después) que tendría el nuevo ingenio. Muchos recordarán aquel corto de Los Tres Chifladosen el que, por un error en la conexión de cañerías, salía un torrente de agua por la pantalla de un televisor cuando se estaban mostrando imágenes de las cataratas del Niágara.
Otra producción modesta de los estudios Republic fue la llamada originalmente S.O.S. Tidal Wave(director: John H. Auer, 1939), estrenada en Argentina en 1942 con el título sugerente y completamente diferente: La televisión al res-cate. No se trataba de una traducción caprichosa: el tema se animaba con los usos de la mentira en el incipiente medio, ya que trataba de cómo mediante la transmisión de una noticia falsa —la ola del título original, que arrasaba la ciudad de Nueva York en un primitivo anticipo del cine catástrofe— se volcaba el resultado de una elección. En 1936, durante los Juegos Olímpicos de Berlín, la delegación argentina pudo observar el nuevo y vacilante prodigio. El boxeador Leonardo Guille, afirmó
