Vida de San Antonio - San Atanasio de Alejandría - E-Book

Vida de San Antonio E-Book

San Atanasio de Alejandría

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Pocas obras tuvieron en la antigüedad tardía un éxito editorial semejante a la célebre Vida de San Antonio. Con su escrito, el obispo de Alejandría abrió de par en par las puertas de la Iglesia al nuevo movimiento, que reconoció de forma implícita como ciertamente inspirado por el Espíritu Santo. Legándonos, además, lo que me atrevo a denominar: "la carta fundacional" del monacato cristiano. Atanasio dictó su obra en griego, pero es muy probable que casi de inmediato la hiciera traducir al latín, a fin de poder enviarla a quienes se la habían solicitado durante su primer exilio, en Tréveris.

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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San Atanasio de Alejandría Vida de San Antonio / San Atanasio de Alejandría. - 1a ed. - Munro : Surco Digital, 2023. Libro digital, EPUB Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-82955-0-3 1. Religión Católica. 2. Monasterios. 3. Comunidades. I. Título. CDD 235.2

© 2023 SURCO Digital

Munro – Prov. Buenos Aires – Argentina

www.surco.org

Primera edición digital, abril 2023

ISBN: 978-987-82955-0-3

© Diseño de tapa: SURCO digital

Imagen de tapa: San Antonio abad. Hacia 1435. Siena, Italia.

Hecho el depósito que prevé la ley 11.723

Todos los derechos reservados.

Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin la previa autorización escrita de los titulares del “Copyright”, la reproducción total o parcial de esta obra, incluido el diseño de tapa e imágenes interiores, por ningún medio o procedimiento de grabación electrónica o impresión física, bajo las sanciones establecidas por la ley.

Índice

SAN ATANASIO DE ALEJANDRÍA: VIDA DE SAN ANTONIO

Presentación

Abreviaturas y referencias bibliográficas citadas de modo abreviado

INTRODUCCIÓN

I. Atanasio de Alejandría

Obras de Atanasio de Alejandría

Obras dudosas: ver CPG 2171-2309.

II. “Antonio, monje, cuya vida relató Atanasio, obispo de Alejandría, en un famoso volumen…”

1.Cristo, Señor y Salvador

2. “Sentado en la montaña”

III. Las versiones latinas de la “Vita Antonii”

Algunas características peculiares de la “versio vetustissima”

IV. La presente traducción de la Vida de san Antonio

Proemio

PRIMERA PARTE: CAPÍTULOS 1-15

Nacimiento y juventud de Antonio

La vocación de Antonio

Inicio de la vida ascética

Antonio, “el amado por Dios”

El diablo intenta apartarlo de la ascesis

El diablo se aparece a Antonio bajo el aspecto de un niño de color

Antonio refuerza su vida ascética

Antonio se retira a un sepulcro y es golpeado por los demonios

Apariciones de los demonios en forma de animales salvajes

El Señor llega en auxilio de Antonio

Antonio, primer asceta en ir al desierto

Antonio se establece en una fortaleza abandonada

Nuevos combates con el demonio

Antonio es obligado a salir de la fortaleza. Su aspecto en ese momento

Antonio se convierte en padre espiritual para los monjes de los alrededores

SEGUNDA PARTE: 1era sección: CAPÍTULOS 16-43

Exhortaciones a los monjes

No pensemos en realizar grandes proezas

Es necesario perseverar

Vivir cada día como si fuéramos a morir

Sobre el alma y la virtud

Luchamos contra los demonios

Es necesario conocer las estratagemas de los demonios

Los demonios buscan engañarnos por todos los medios posibles

No hay que temer a los demonios: son débiles

No hacer caso de los engaños de los demonios

Los demonios parece que dicen la verdad: es para seducirnos

No hay que escuchar a los demonios, porque siempre buscan engañarnos

Gracias a la venida del Señor los demonios han perdido su poder

El diablo no puede actuar sin la permisión de Dios

La ascesis y la vida virtuosa son nuestras armas contra el Maligno

Falsas predicciones del futuro

Los demonios pueden anunciar únicamente lo que ya han visto

No prevén, sino que conjeturan

La tarea del monje es adquirir la pureza del corazón

El discernimiento de espíritus

Signos que manifiestan la presencia de los buenos o malos espíritus

El ejemplo del Señor Jesús en la lucha contra los demonios

Expulsar a los demonios es un don del Señor

Antonio relata su experiencia personal en la lucha contra los demonios

Rechazamos a los demonios gracias al auxilio de Cristo

Satanás reconoce que ha sido vencido por los monjes

Los demonios emprenden la retirada cuando comprueban que no les tememos

Conclusión de las enseñanzas de abba Antonio

SEGUNDA PARTE: 2da sección: CAPÍTULOS 44-48

El desierto se convierte en una ciudad de monjes

La preocupación por la salud del alma

Antonio asiste a los mártires durante la persecución de Maximino

Antonio regresa a su ermita

Primera curación realizada por Antonio

TERCERA PARTE: CAPÍTULOS 49-88

Antonio busca una mayor soledad

Antonio en la Montaña Interior

Antonio nuevamente en lucha contra los demonios

Antonio resiste a las maquinaciones del Maligno

Antonio vence a los demonios

Antonio hace brotar agua en el desierto

Antonio exhortaba a sus visitantes

Antonio y los enfermos

La curación de Frontón

Curación de una joven de Busiris

Antonio ve desde la montaña a dos hermanos en peligro de muerte

Antonio ve elevarse el alma de Amún al cielo

Curación de la virgen Polycratia

Antonio recibe a diversos visitantes

Curación de un joven endemoniado

Compasión de Antonio por un joven endemoniado

Antonio tiene una visión

Antonio contempla el tránsito de las almas

Respeto de Antonio por la jerarquía de la Iglesia

Antonio nunca tuvo trato con los herejes

Antonio condena públicamente en Alejandría a los arrianos

Todos admiraban a Antonio

Curación de una endemoniada

Discusión con dos filósofos paganos

Sabiduría de Antonio

La Mente suprema y el Alma

La gloria de la cruz

Los paganos atribuyen a la creación el honor del Creador

La fe operante

La fuerza de la fe

Los cristianos son perseguidos, pero el cristianismo llena la tierra

Los milagros en nombre de Cristo prueban la verdad de la fe

Los emperadores escriben a Antonio

Visión de los ataques de los arrianos

En Antonio se cumplen las promesas de Cristo

Consejos a los jueces

Necesidad de la soledad

Predicción de la muerte de Balacio

Todos los que se acercaban a Antonio, regresaban confortados

Todos lo consideraban un padre

CUARTA PARTE: CAPÍTULOS 89-92

Ultima visita de Antonio a los monjes

Antonio condena las costumbres egipcias de honrar a los difuntos

Últimas recomendaciones antes de su muerte

Muerte de Antonio

EPÍLOGO: CAPÍTULOS 93-94

Retrato de Antonio. Su fama se extiende por todas partes

La lectura de la vida de Antonio es útil para todos, cristianos y paganos

Epílogo de la “versio vetustissima”

SAN ATANASIO DE ALEJANDRÍA: VIDA DE SAN ANTONIO

San Antonio abad. Hacia 1435. Siena, Italia

Presentación

Pocas obras tuvieron en la antigüedad tardía un éxito editorial semejante a la célebre obra de san Atanasio. Con su escrito el obispo de Alejandría abrió de par en par las puertas de la Iglesia al nuevo movimiento, que reconoció de forma implícita como ciertamente inspirado por el Espíritu Santo. Legándonos, además, lo que me atrevo a denominar: “la carta fundacional” del monacato cristiano.

Atanasio dictó su obra en griego, pero es muy probable que casi de inmediato la hiciera traducir al latín, a fin de poder enviarla a quienes se la habían solicitado durante su primer exilio, en Tréveris. Esta sería la versión que su reciente editor denomina vetustissima1. Desconocida por largo tiempo, en 1914, D. André Wilmart (+ 21.04.1941), osb, la encontró en un manuscrito conservado en los Archivos del Capítulo de San Pedro en Roma2.

Evagrio de Antioquía redactó una segunda versión de la Vita Antonii, que consideró más adecuada a la verdad de la lengua latina: “La traducción literal (ad verbum) de una lengua a otra oculta (operit) el sentido, lo mismo que la hierba exuberante ahoga lo sembrado”3.

El original griego ha sido editado por G. J. M. Bartelink en la colección Sources Chrétiennes, en su volumen 400. Edición que ha sido bien recibida por los especialistas. Y posteriormente fue vertida al castellano, a partir de esa edición, en la Biblioteca de Patrística.

En tanto que la versio vetustissima, salvo error u omisión de mi parte, hasta el presente no ha sido traducida a nuestra lengua.

Para el Occidente latino la tarea traductora de Evagrio de Antioquía fue importantísima. Testimonio de ello: la popularidad de la que ha gozado la Vita4. Llamativamente, sin embargo, se carecía de una edición crítica. Esta laguna ha sido felizmente colmada por el impresionante trabajo de su reciente editor: Pascal Bertrand. Pero también ha hecho necesaria una nueva versión a nuestra lengua, ya que las diferencias con el texto habitualmente utilizado, el de la Patrologia de Migne, no son menores. E incluso invalida, por así decirlo, nuestra anterior publicación5.

Frente a este nuevo panorama y tratándose de una obra tan importante para la vida monástica y la espiritualidad cristiana, era necesario emprender la tarea de verter a nuestra lengua los tres escritos: el original griego, y las dos traducciones latinas.

En un primer momento, pensé en hacer algo semejante a lo realizado por la edición del Corpus Christianorum, que presenta en columnas paralelas los tres textos6. Sin embargo, cuando llevaba efectuado una buena parte del trabajo, advertí la dificultad que encontraría el lector no especializado, a lo que se suma la molestia de una lectura muy poco grata.

En consecuencia, ofrecemos en primer término la traducción del texto griego (en negrita), revisada y modificada respecto de la anteriormente señalada; luego, la de la versio vetustissima (en caracteres sin ningún relieve especial) y finalmente la de Evagrio de Antioquía, conforme a la nueva edición (en cursiva). Para realizar este proceso de manera más adecuada, se han introducido subdivisiones en algunos párrafos que no las tenían, esto es válido para la traducción del texto griego y de la versio vetustissima. En tanto que para la versión de Evagrio, los números de los párrafos son seguidos por las referencias a las líneas de la edición de Bertrand.

La traducción castellana de esta última edición, la de Evagrio, es obra del Prof. Julián Matías S. D’Avila, lo mismo que las notas. A él mi más sincero y profundo agradecimiento por tan gran labor.

A las dos versiones latinas he añadido, en letra de un tamaño menor, la traducción a nuestra lengua del texto copto7. Este último se caracteriza por su gran fidelidad respecto del original griego; aunque también presenta algunas adiciones y omisiones8.

Una introducción, que no tiene mayor pretensión que la de ser una ayuda de iniciación, básica, y algunos comentarios, que preceden las diversas secciones de la Vita, completan este aporte que ahora ofrecemos.

Les invitamos a leer el texto de la Vita Antonii con detenimiento, para así interiorizarlo mejor y poder comprenderlo más plenamente.

Enrique Contreras, osb

Abreviaturas y referencias bibliográficas citadas de modo abreviado

BAC: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.

BP: Biblioteca de Patrística, Madrid, Ed. Ciudad Nueva.

BP 27: Traducción castellana de la VA, por Paloma Rupérez Granados, en: Atanasio. Vida de Antonio, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1994 (BP 27).

CCL: Corpus Christianorum, Series Latina, Brepols, Turnhout.

CCL 170: Vitae Antonii. Versiones Latinae. Vita beati Antonii abbatis Evagrio interprete edidit P. H. E. Bertrand. Versio vertustissima edidit Lois Gandt, Turnhout, Brepols, 2018 (Corpus Christianorum. Series Latina, CLXX).

Conferencias: Cassianus, Opera (Collationes XXIV), ed. M. Petschenig; editio secunda supplementis aucta curante G. Kreuz, Wien, Verlag der Österreichische Akademie der Wissenschaften, 2004 (CSEL 13).

CPG: Clavis Patrum Graecorum. Volumen II. Ab Athanasio ad Chrysostomum (Cura et Studio Mauritii Geerard), Turnhout, Brepols, 1974.

CSEL: Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum, Wien, Verlag der Österreichische Akademie der Wissenschaften.

FP: Fuentes Patrísticas, Madrid, Ed. Ciudad Nueva.

HL: Paladio, Historia Lausíaca; ed. G. J. M. Bartelink en: Palladio. La Storia Lausiaca, Verona, Fondazione Lorenzo Valla–Arnoldo Mondadori Editore, 1974 (Vite dei Santi, II).

HM: Historia Monachorum in Aegypto; ed. A.-J. Festugière en: Historia Monachorum in Aegypto, Bruxelles, Société des Bollandistes, 1961 (Subsidia Hagiographica, 34).

Lampe: Geoffrey William Hugo Lampe (Ed.), A Patristic Greek Lexicon, Oxford, Clarendon Press, 1961.

LXX: Septuaginta, id est Vetus Testamentum graece iuxta LXX interpretes, ed. A. Rahlfs, Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 1979 (trad. en: La Biblia Griega Septuaginta. Trad. castellana: La Biblia griega Septuaginta. Natalio Fernández Marcos–María Victoria Spottorno Díaz-Caro [Coordinadores], Salamanca, Eds. Sígueme, 2008-2015 [Biblioteca de Estudios Bíblicos, 125-128]).

SCh 400: Texto griego de la VA editado por Gerhardus Johannes Marinus Bartelink en: Athanase d´Alexandrie. Vie d’Antoine, Paris, Eds. du Cerf, 1994 (SCh 400).

PG: Patrologia Graeca.

PL: Patrologia Latina.

RB: Regula Benedicti; ed. Adalbert de Vogüé–Jean Neufville, Paris, Eds. du Cerf, 1972 (SCh 181-182).

SCh: Sources Chrétiennes, Eds. du Cerf, Paris.

TOB AT: Traduction Oecuménique de la Bible. Edition intégrale. Ancien Testament, Paris, Les Éditions du Cerf – Les Bergers et les Mages, 1979.

TOB NT: Traduction Oecuménique de la Bible. Edition intégrale. Nouveau Testament, Paris, Les Éditions du Cerf – Les Bergers et les Mages, 1980.

VA: Vita Antonii (Vida de san Antonio).

Versio vetustissima: edición en: CCL 170, pp. 108-177.

Vita: Vita di Antonio; ed. G. J. M. Bartelink en: Vita di Antonio, Verona, Fondazione Lorenzo Valla–Arnoldo Mondadori Editore, 1974 (Vite dei Santi, I).

Vulgata: Biblia Sacra iuxta vulgatam versionem. Recensuit et brevi apparatu instruxit Robertus Weber, osb, Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 31983.

1 Cf. CCL 170, p. 189*.

2 Cf. CCL 170, p. 191*.

3 Prol. 1; CCL 170, p. 3.

4 Cf. CCL 170, pp. 63* ss.

5Cuadernos Monásticos nº 33-34 (1975), pp. 179 ss.

6 Cf. CCL 170, pp. 189-336.

7 Edición de G. Garitte, publicada en el Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium, ns 117 (texto sahídico) y 118 (versión latina), Paris, Typographeo Reipublicae, 1949 (Scriptores Coptici 13-14). Traducción de A. Ballano, publicada en la Colección Espiritualidad monástica fuentes y estudios, n. 1, Zamora, Eds. Montecasino, 1975, pp. 21-107. Agradezco a las Hermanas Benedictinas del Monasterio de Zamora haberme facilitado este texto, y permitirme utilizarlo para la presente edición.

8 Cf. SCh 400, pp. 99-100. Ver también: The Life of Antony by Athanasius of Alexandria. The Greek Life of Antony. The Coptic Life of Antony and Enconmium on Saint Antony by John of Shmûn and A Letter to the Disciples of Antony by Serapion of Thmuis. Translated by Tim Vivian and Apostolos N. Athanassakis with Rowan A. Greer, Kalmazoo, Michigan, Cistercian Publications, 2003 (Cistercian Studies Series, 202). En líneas generales, esta traducción copta manifiesta una tendencia a abreviar el original griego.

INTRODUCCIÓN

I. Atanasio de Alejandría9

Nació hacia el 29510, probablemente sus padres eran cristianos, en Alejandría; conservó un fugaz recuerdo de la persecución de los años 304-311. Se convirtió al cristianismo en su primera juventud.

Recibió una buena formación, que incluía elementos de filosofía y lectura de algunos clásicos: Homero, Platón, Demóstenes, tal vez utilizando una antología y alguna obra cristiana del tipo de la Preparación Evangélica. Ello le permitió desarrollar una prosa lúcida y sencilla, consiguiendo una notable habilidad dialéctica. Su principal fuente de inspiración fue la Biblia griega. Entre los Padres griegos se inspira en Ignacio de Antioquía, Atenágoras, Ireneo, Orígenes. Su teología es diferente a la de Alejandro, lo que hace pensar en un estudio independiente de Orígenes. Aprendió a hablar el copto, aunque no se sabe si llegó a escribirlo. Tenía cierta simpatía por la simple piedad copta y se sintió atraído por la vida ascética, pero no es seguro que haya tenido contacto con el gran Antonio en su juventud,

Ordenado lector por Alejandro, recibió luego el diaconado y devino secretario del obispo hacia el 318, cuando empezaba a desarrollarse la controversia arriana. Acompañó a su obispo al concilio de Nicea.

Alejandro murió el 2 de mayo de 328, después de haber designado, según parece, a su sucesor: y ante el peligro de una reivindicación meleciana (o meliciana), Atanasio fue rápidamente consagrado por sus partidarios el 8 de junio. El procedimiento sería luego impugnado por sus adversarios. Constantino lo reconoció, pero le exigió entrar en comunión con Arrio, a lo que Atanasio no accedió. Desde ese momento comenzó la oposición del alejandrino a la autoridad imperial.

En el ejercicio de su ministerio episcopal Atanasio tomó fuertes medidas para afirmar su autoridad, buscando someter a melecianos y arrianos. Para alcanzar su objetivo efectuó varios viajes por su diócesis. Esta actitud suya desató una reacción de los filoarrianos, especialmente de los que estaban fuera de Egipto. Atanasio fue acusado de corrupción, traición e incluso de asesinato del obispo meleciano Arsenio, que, sin embargo, pudo presentar con vida. Después del concilio de Tiro (335), donde Atanasio fue condenado; éste apeló al emperador, y sus adversarios -sobre todo Eusebio de Nicomedia- lo acusaron ante Constantino de haber amenazado con suspender los envíos de granos de Egipto a Roma. Constantino decidió entonces enviarlo al exilio en Tréveris (7 de noviembre del 335).

Luego de la muerte de Constantino (22 de mayo del 337), su sucesor (Constantino II), le permitió regresar a Alejandría. Al año siguiente se reunió un nuevo sínodo, el cual confirmó la decisión imperial y anuló la anterior condena. Pero Atanasio no pudo permanecer en su sede porque los filoarrianos provocaron una sublevación popular; abandonó pues Alejandría el 18 de marzo del 339. Se dirigió a Roma y fue recibido por el papa Julio, quien propuso un sínodo para revisar el caso, pero los eusebianos se negaron a participar. En el 341 (o 340), el papa Julio se pronunció a favor de Atanasio. Contemporáneamente un concilio reunido en Antioquía, bajo la presidencia del emperador de Oriente (Constancio), formulaba nuevas profesiones de fe y condenaba a Atanasio. Un concilio en Sárdica (hoy Sofía, Bulgaria) en el 342/343, no consiguió resolver el diferendo entre Oriente y Occidente, pues ni una ni otra de las partes aceptó cambiar su veredicto.

Gregorio de Capadocia, que había tomado el lugar de Atanasio, murió el 26 de junio del 345 en Alejandría. Constancio, presionado por su hermano Constante, no lo sustituyó y después de varias dudas aceptó el retorno de Atanasio, quien fue calurosamente recibido en su sede el 21 de octubre del 346.

Siguieron diez años (346-356) de tranquilidad relativa durante los cuales el gran obispo alcanzó su máxima actividad literaria y pastoral. Sin embargo, en el 350, Constancio quedó como único emperador y buscó alinear a toda la Iglesia según el punto de vista del Oriente. Atanasio fue condenado por obispos de Occidente, primero en Arlés (353) y luego en Milán (355). Hubo intervenciones en Alejandría y se intentó arrestar a Atanasio en la iglesia de san Teonas (8 de febrero del 356). El obispo logró escapar y se refugió junto a los monjes en el desierto. Desde allí escribió defendiendo su posición. Mientras tanto Jorge de Capadocia fue nombrado para la sede alejandrina (el 24 de febrero del 357), siendo expulsado el 2 de octubre del 358, volvió tres años después y fue asesinado el 24 de diciembre del 361.

A la muerte de Constancio (3 de noviembre del 361), lo sucedió Juliano que procedió a revocar el decreto de exilio. Atanasio volvió a Alejandría el 21 de febrero del 362. Inmediatamente reunió un concilio para tratar los problemas surgidos en la Iglesia de Antioquía, donde un frente niceno conducido por el presbítero Paulino se hallaba enfrentado con el obispo Melecio (o Melicio), quien a su vez era apoyado por Basilio de Cesarea y otras personalidades. El documento del concilio de Alejandría (Tomus ad Antiochenos) reafirma el símbolo niceno, rechaza la fórmula de Sérdica (o Sárdica) y afirma una oysia en la Trinidad, pero dejando espacio para una confesión de las tres hypostasis (lo que era importante para Basilio y sus amigos).

El concilio no logró unir a la Iglesia de Antioquía, sobre todo porque el amigo de Atanasio, Lucífero de Cagliari, insistía en consagrar a Paulino como obispo del grupo niceno.

El emperador Juliano se disgustó por la intervención de Atanasio, por lo que éste debió dejar la ciudad el 24 de octubre del 362, pero como lo dijera el mismo Atanasio: “Esto es solo una nube pasajera”. En efecto, Juliano fue herido en una batalla contra los Persas y murió el 26 de junio del 363. Su sucesor fue un niceno, amigo de Atanasio, pero que gobernó por poco tiempo, sucediéndole en el trono un “arrianizante”, Valente. Mientras tanto Atanasio había vuelto a su sede en febrero del 364. Valente entonces procedió a confirmar de nuevo el edicto de Constancio, pero halló una fuerte resistencia de parte de la población de Alejandría. Atanasio se fue en silencio, el 5 de octubre del 365, y un edicto del 1º de febrero del 366, le permitió regresar, no debiendo sufrir ya más exilios.

En sus últimos años de vida, san Basilio intentó acercar a Atanasio y a Melecio de Antioquía, para así unir Oriente y Roma contra el arrianismo, pero como ese paso hubiera implicado la condena de su amigo Marcelo, el de Alejandría se negó. Murió pacíficamente a comienzos de mayo del año 373.

Cronología “atanasiana”11:

295 (¿o 298?). Nace Atanasio en Alejandría.

313. El presbítero Arrio es nombrado párroco de Báucalis, en Alejandría.

318/19. Atanasio es ordenado diácono por el obispo Alejandro de Alejandría.

323. Alejandro amonesta públicamente a Arrio.

325. Atanasio acompaña a su obispo Alejandro, como secretario, al Concilio de Nicea (primer concilio ecuménico), donde ejerce un decisivo influjo.

328. A la muerte de Alejandro, Atanasio es elegido obispo de Alejandría.

330. Primeros enfrentamientos con los arrianos, unidos a los melecianos.

335. El sínodo arriano de Tiro depone a Atanasio, que es desterrado a Tréveris.

336. Muere Arrio en Constantinopla, cuando iba a ser readmitido en la Iglesia a instancias de Constantino.

337. Muere Constantino. Vuelve Atanasio a Alejandría. El imperio, dividido entre los hijos de Constantino: Constancio (arriano), nuevo emperador de Oriente; Constante (católico) se queda con Italia y el Ilírico, mientras que las Galias son para Constantino II.

339. El sínodo de Antioquía depone a Atanasio, que va desterrado a Roma; en su lugar se nombra a Gregorio de Capadocia como obispo de Alejandría.

340. Muere Constantino II. Todo Occidente, en manos de Constante.

341. Sínodo de Roma, que declara inocente a Atanasio.

343-344. Sínodo de Sérdica, nueva declaración de inocencia a favor de Atanasio; el sínodo envía una delegación a Constancio, que finalmente permite el regreso de Atanasio.

346. Muere Gregorio de Capadocia. Atanasio vuelve a Alejandría, donde disfruta de 10 años de calma ejerciendo intensa labor pastoral y doctrinal.

350. Constante, asesinado. Constancio queda como emperador único.

353. Sínodo arriano en Arlés, que condena a Atanasio.

355. Sínodo arriano en Milán, que renueva esa condena.

356. Tercer destierro de Atanasio, que huye al desierto de Egipto con los monjes. En su lugar es nombrado obispo Jorge de Capadocia.

361. Muere Constancio; le sucede Juliano “el Apóstata”, que hace volver a sus sedes a los obispos desterrados. Jorge de Capadocia es asesinado en Alejandría por el pueblo.

362. Vuelve Atanasio a Alejandría (21 de febrero); allí convoca un sínodo (conocido como “de los Confesores “, ya que en él tomaron parte 20 obispos que habían sufrido persecuciones a causa de la fe), con el deseo de atraerse a los semiarrianos. El 24 de octubre es desterrado de nuevo, por Juliano.

363. Muere Juliano, le sucede Joviano. Atanasio regresa a Alejandría.

365. El nuevo emperador, Valente, arriano decidido, destierra otra vez a Atanasio.

366. Vuelve Atanasio de su quinto destierro.

373. El 2 de mayo muere Atanasio, a los 78 años.

Destierros12:

lº → 335-337

2º → 339-346

3º → 356-362

4º → 362-364

5º → 365-366

17 años, 6 meses y 20 días de exilio; 22 años, 5 meses y 10 días en su sede.

Obras de Atanasio de Alejandría13

l) Discurso contra los paganos (Oratio contra gentes): Propone los temas apologéticos ya habituales: refutación de la idolatría y del panteísmo de tipo filosófico, exigencias del monoteísmo, posibilidad que tiene el alma de elevarse hacia Dios a través de la creación y por mediación del Logos. Se advierte el influjo platónico en esta obra, sobre todo en la concepción de la afinidad entre el alma y Dios. Ver CPG 2090.

Trad. en: Atanasio. Contra los paganos, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1992 (Biblioteca de patrística, 19).

2) Sobre la encarnación del Verbo (Oratio de incarnatione Verbi): Hayque considerarla en íntima conexión con la anterior, al punto que sería mejor hablar de dos partes de un mismo tratado. Atanasio, siguiendo las huellas de Ireneo de Lyon, demuestra que el pecado del hombre, y el subsiguiente estado de corrupción en que el hombre había caído, solo podía ser modificado por la encarnación del Verbo, es decir, por Dios mismo. Lafecha de composición de esta obra y la anterior puede colocarse entre el 318 y el 335/37, como fecha tope (Kannengiesser propone los años 335/37). Ver CPG 2091.

Trad. en: Atanasio. La encarnación del Verbo, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1989 (Biblioteca de patrística, 6).

Escritos antiarrianos

A) Polémicos: la pasión combativa de Atanasio y la urgencia de responder a las diversas acusaciones que le formulaban, no hacen ciertamente de estas obras un modelo de serenidad y objetividad. Sin embargo, nos muestran el temperamento tenaz y luchador de Atanasio. Además, conservan un material importantísimo que, utilizado con la debida cautela, es fundamental para reconstruir los hechos de la controversia arriana. Son preciosos los documentos que nos ha transmitido Atanasio.

3) Apología contra los Arrianos (Apologia contra Arrianos, seu Apologia secunda). Esta obra fue escrita hacia el año 357, y contiene muchos documentos sobre la controversia arriana en el período que va del concilio de Tiro (335) al concilio de Sárdica (343), durante el cual se produjo la división entre los orientales, mayoritariamente hostiles a Atanasio, y los occidentales que buscaban rehabilitarlo. Ver CPG 2123.

4) Apología a Constancio (Apología ad Constantium): es una obra importante por la documentación que ofrece, pero sobre todo es llamativo el cuidado formal que en ella puso Atanasio. Es del año 357. Ver CPG 2129.

5) Apología por su fuga (Apologia de fuga sua): en este escrito se defiende contra los ataques y acusaciones, sobre todo la de perversidad, por haberse sustraído al juiciohuyendo al desierto. Fue compuesta en el mismo año que la anterior Apología (357). Ver CPG 2122.

6) Historia de los Arrianos dirigida a los monjes (Historia Arrianorum): obra escrita en el año 358, a petición de los monjes junto a los cuales se había refugiado, y que le solicitaban información detallada sobre la controversia. La obra no ha llegado completa hasta nosotros. Trata sobre lacuestión arriana desde los tiempos de Arrio hasta los hechos más cercanos a la fecha de composición del escrito. Ver CPG 2127.

B) Doctrinales: son escritos de carácter teológico, en los que se discuten solamente sobre temas doctrinales, para refutar la doctrina arriana y propugnar la fe ortodoxa.

7) Tres Discursos contra los Arrianos (Orationes contra Arrianos iii): la datación de esta obra es incierta: 338/39, o tal vez mejor, 356/62 (?). El primer libro contiene una refutación detallada de la doctrina de Arrio y de Asterio el Sofista (+ después del 341); los otros dos examinan puntos particulares, especialmente los textos bíblicos de la granantología que habían compuesto Arrio y sus partidarios para fundamentar sudoctrina sobre la autoridad de la Sagrada Escritura. La obra no es de fácil lectura, por causa, principalmente, del desorden de la estructura y lascontinuas repeticiones. Pero tiene el mérito innegable de querer refutar cada argumento aducido por los adversarios. Atanasio toma elementos de la tradición alejandrina, en especial el de la eternidad del Logos. También se advierte el influjo de Marcelo de Ancira, en la tendencia a referir a la humanidad de Cristo ciertos textos de la Escritura como Pr 8,22 yCol 1,15, que los arrianos presentaban como una prueba de la inferioridad del Hijo y de su condición de criatura. Resalta la insistencia de Atanasio sobre la encarnación de Cristo, en correspondencia con su visión personal, completamente centrada sobre unaperspectiva soteriológica más que cosmológica. Atanasio insiste en la real divinidad de Cristo, colocando al Hijo en total paridad con el Padre en naturaleza, dignidad y honor. Tal vez, la obra tiene su punto débil en el continuo insistir en lo que une al Padre y al Hijo, sin señalar la distinción, y recurriendo a la analogía de la generación humana para explicar la consubstancialidad entre ambos; lo cual era especialmente conflictivo en el terreno de la teología oriental, donde se subrayaba la distinción más que la unidad entre Padre e Hijo. Atanasio probablemente tendría que haber clarificado la expresión que hacía nacer al Hijo de la oysia (esencia, substancia del Padre), -fórmula tantas veces utilizada por él, pero nunca explicada-. Sobre todo, si se tiene en cuenta la relación entre oysia e hypostasis, términos claves que eran utilizados con diversos significados en la polémica. Ver CPG 2093.

Trad. en: Atanasio. Discursos contra los arrianos, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 2010 (Biblioteca de patrística, 79).

Cartas

Es muy posible que más que en la obra recién presentada, Atanasio haya dado lo mejor de sí y de su teología en algunas cartas, que por amplitud, objetividad y ausencia de elementos personales se nos presentan como verdaderos tratados teológicos.

8) Carta sobre los decretos del concilio de Nicea(De decretis Nicaenae synodi.): escrita haciael 350, en ella se aclaran los puntos salientes del credo nicenoy se dan algunas noticias históricas. Ver CPG 2120.

9) Carta sobre la doctrina de Dionisio (De sententia Dyonisii): escrita en 350/51. Justifica el uso que hacía su antecesor en la sede alejandrina de ciertas expresiones que los arrianos interpretaban en beneficio propio. La defensa de Atanasio es un tanto arbitraria, porque propone como pertenecientes a Dionisio argumentos que no son de él. Pero, con todo, Atanasio, nos ha conservado muchos fragmentos de Dionisio, y demuestra que la cuestión de los dos Dionisios (el de Alejandría y el de Roma) había anticipado, en cierta forma, la controversia arriana. Ver CPG 2121.

10) Carta sobre los concilios de Rimini y Seleucia (De synodis Arimini in Italia et Seleuciae in Isauria): escrita en el otoño del 359. Atanasio sufre por el triunfo de los filoarrianos, con la ayuda del emperador Constancio, contra una gran mayoría de obispos. Procede, entonces, a examinar, luego de los hechos de los concilios, las varias profesiones de fe que los filoarrianos habían publicado después de Nicea para desviar la fe ortodoxa, del 325 en adelante. A continuación, refuta las corrientes de pensamiento que, con diversas gradaciones, se insertaban entre los dos extremos de la teología arriana radical y la teología nicena. El argumento de esta carta de Atanasio coincide con el De synodis de Hilario de Poitiers, poco anterior a la obra del alejandrino. La comparación entre ambos no favorece a Atanasio, que se nos muestra de menor profundidad que el teólogo latino, sobre todo en la apreciación de la compleja situación oriental, en la cual la teología opuesta a Nicea no era sinónimo de teología arriana, como se inclinaba a pensarAtanasio. Ver CPG 2128.

Trad. en: Atanasio. Sobre los Sínodos, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 2019 (Col. Fuentes Patrísticas, 33).

11) Tomus ad Antiochenos: es la epístola oficial que Atanasio escribió en el año 362, para informar a los Antioquenos y a la cristiandad toda del concilio reunido en Alejandría bajo su presidencia. La carta da noticia de los varios puntos examinados: readmisión en la Iglesia de los obispos comprometidos en Rimini y Seleucia (excepto los jefes filoarrianos), luego de suscribir el símbolo niceno; aclaraciones sobre la divinidad del Espíritu Santo y sobre la presencia en Cristo de un alma humana (problemas que entonces empezaban a discutirse); intento, que no tuvo éxito, de terminar con el cismade Antioquía, donde un pequeño grupo de seguidores de Eustacio (que había sido depuesto 30 años antes) le negaba obediencia a Melecio, un influyente omeysiano, que luego aceptaría -con ciertas aclaraciones- el símbolo niceno, pero que no sentía ninguna simpatía por Atanasio. También se abordó el tema relacionado con el modo en que se debía comprender el término hypostasis, considerándose admisible hablar de una hypostasis (substancia) de la Trinidad, pero siempre que el vocablo no fuese comprendido al modo de Sabelio; y de tres hypostasis (personas) de la Trinidad, evitando introducir un triteísmo. Se trataba de una expresión acomodaticia, que necesitaba ser profundizada en el plano teológico. Ver CPG 2134.

12) Cuatro epístolas a Serapión (Epistulas iv ad Serapionem): son cartas de argumento teológico, dirigidas al obispo Serapión de Thmuis en Egipto. Fueron escritas entre el 359 y el 360. Serapión le había pedido a Atanasio aclaraciones sobre la naturaleza del Espíritu Santo, porque algunos negaban su divinidad. Estas cartas, de las cuales las actuales II y III en realidad son una sola, muestran la “coherencia nicena” de Atanasio, quien extiende la plena divinidad y la consubstancialidad a la tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo es colocado en el mismo puesto de honor y dignidad que las otras dos personas. La demostración se apoya sobre numerosos pasajes del AT y del NT, en los que se habla del Espíritu Santo, y a menudo del Espíritu divino en sentido genérico, como artífice de obras típicamente divinas, y se lo hace objeto de las mismas prerrogativas divinas del Padre y del Hijo. El aporte de Atanasio en estos escritos es una piedra miliar en la historia de la teología del Espíritu Santo, tanto por las conclusiones cuanto por el método de la demostración. Ver CPG 2094.

Trad. en: Atanasio.Epístolas a Serapión, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 2007 (Biblioteca de patrística, 71).

13) Carta a Epicteto de Corinto (Epistula ad Epictetum): en ella Atanasio combate varias tesis erróneas sobre el cuerpo de Cristo, de tendencia docetista. Ver CPG 2095.

14) Carta a Adelfio (Epistula ad Adelphium) y Carta a Máximo (Epistula adMaximum):en ellas Atanasio refuta algunos puntos de la doctrina arriana. Ver CPG 2100.

15) Epístola a Rufiniano (Epistula ad Rufínianum): ofrece aclaraciones sobre la readmisión a la comunión de los obispos comprometidos en Rimini y Seleucia. Ver CPG 2107.

16) Carta a los Monjes (Epistula ad monachos): es una breve exhortación dirigida a los monjes para que estén prevenidos frente al arrianismo. No debe confundirse con otra Epistula ad monachos que parece haber acompañado la Historia Arrianorum (para esta segunda carta, ver CPG 2126). Ver CPG 2108.

17) Carta al emperador Joviano (Epistula ad Iovianum): en esta epístola, del año 363, Atanasio incluye una profesión de fe, que le había sido pedida, y también dos cartas encíclicas: una a todos los obispos cristianos (del año 339) y otra a los obispos de Libia y Egipto (del año 356). De estas dos epístolas, la primera no era, propiamente hablando, de Atanasio, sino de los obispos de Egipto a favor de Atanasio obligado a huir. En la segunda el alejandrino protesta por su nueva expulsión. Ver CPG 2135.

18) Carta a los obispos de Egipto y Libia (Epistula ad episcopos Aegypti et Libyae): a los obispos reunidos en concilio en el 369, Atanasio los exhorta a precaverse de los peligros del arrianismo. Ver CPG 2092.

Obras ascéticas

19) Vida de san Antonio (Vita Antonii): la obra más importante y notoria de Atanasio fuera de las escritas en la controversia arriana. “… Escribió la vida del divino Antonio y la legislación de la vida monástica en forma de narración”14. VerCPG 2101.

Trad. en: Atanasio. Vida de Antonio, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1995 (Biblioteca de patrística, 27).

Por san Jerónimo (De viris illustribus 87), sabemos que Atanasio escribió sobre el tema de la virginidad. De hecho, se le atribuyen varios escritos, incluso algunos de carácter solo fragmentario. Entre esos textos, conservados en versiones sirias, armenias y otras, merecen citarse:

20) Sermo de virginitate; ver CPG 2145.

21) Epistula ad virgines; ver CPG 2146.

La autenticidad de estas obras, y otras que habitualmente se le suelen atribuir asan Atanasio (ver CPG 2147-2154), es cuanto menos dudosa (ver CPG 2248; 2309).

Obras exegéticas

Según parece la actividad exegética de san Atanasio fue más bien escasa. Se han perdido un comentario suyo al Eclesiastés y otro al Cantar. De este último nos quedan algunos fragmentos (ver CPG 2141,6). También tenemos una carta de Atanasio a Marcelino sobre la interpretación de los Salmos:

22) Epistula ad Marcellinum: en ella enseñaba la interpretación de los Salmos y su uso en comunidad. Ver CPG 2097.

Trad. en: Cuadernos Monásticos nº 119 (1996), pp. 512-545.

Sermones

Nada de seguramente auténtico se encuentra en los varios sermones en griego y copto que se le atribuyen a Atanasio. Ver CPG 2096 y 2099.

Cartas festales

23) Epistulae festales: son las epístolas, que desde el siglo III, el obispo de Alejandría tenía por costumbre enviar a sus comunidades, para señalar el día exacto de la festividad pascual. Ver CPG 2102 (en griego solo tenemos fragmentos).

Obras dudosas: ver CPG 2171-2309.

II. “Antonio, monje, cuya vida relató Atanasio, obispo de Alejandría, en un famoso volumen…”15

A pesar de algunas opiniones contrarias, al presente puede afirmarse que es casi unánime el reconocimiento de la autoría de Atanasio. Durante el tiempo que tuvo que pasar en la clandestinidad compuso la VA, “que indirectamente describe sus preocupaciones disciplinares y doctrinales”16.

Sin embargo, conviene tener en cuenta el aporte de quienes señalan que Atanasio fue más bien redactor que autor propiamente dicho de la VA17. Es lo que dejaría traslucir en su proemio: “He procurado escribir atendiendo siempre a la verdad, para que nadie, al oír de más, dejara de creer ni, por el contrario, al conocer menos de lo necesario, despreciara a este hombre”. “Es probable que Atanasio tuviera acceso a textos escritos, la mayoría de ellos deberían ser transcripciones de los discursos de Antonio, o a colecciones de historias de milagros”18. Tal vez, estas piezas preexistentes fueron luego editadas conjuntamente por Atanasio.

Habitualmente se suele considerar que la VA fue compuesta durante el tercer exilio de Atanasio; o tal vez, más exactamente el año 357, como algunos estudiosos sostienen en la actualidad, poco tiempo después de la muerte de Antonio19.

Dos son las líneas mayores que nos ofrece la hagiografía de abba Antonio: ante todo, la confesión de fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; y en seguida, la escucha atenta y obediencial de la Sagrada Escritura. Sobre estas dos coordenadas centraremos especialmente nuestra atención, siguiendo el texto griego de san Atanasio en su traducción castellana20.

1.Cristo, Señor y Salvador

Estos tres títulos son los que habitualmente utiliza la VA para referirse a Jesucristo. En tanto que Jesús, solo lo hallamos en cuatro ocasiones21.

Ya en el inicio mismo de su biografía, se nos dice que Antonio iba a la Casa del Señor22, término que entendemos referido a Cristo; y que en ella el Salvador, en dos ocasiones, le reveló su designio por medio del Evangelio (§§ 1-2).

Advirtamos de qué forma se nos presenta la vocación de Antonio: en la Casa del Señor Jesús23, el Salvador lo invita, por medio de su palabra, a seguirlo en un completo despojamiento de sus bienes e incluso de su familia (su única hermana).

Atanasio, además, subraya dos circunstancias decisivas: llegó a la iglesia, Casa del Señor, meditando sobre la importancia de la desapropiación, según el ejemplo de los apóstoles y de los primeros cristianos (Hch 4,35-37); allí experimentó la lectura del Evangelio como dirigida directamente a él y respondió de inmediato, sin tardanza.

Por tanto, en la Casa del Señor, en la Iglesia, Antonio responde sin dilaciones a la llamada del Salvador. Con lo cual se nos ofrece un relato ejemplar, paradigmático, de vocación cristiana.

En su camino de seguimiento de Cristo, Antonio aprenderá a tener sentimientos de eysebeia de piedad o reverencia hacia Él (§ 4.1), manteniendo en Jesucristo su pensamiento, reflexionando sobre la nobleza (eygenia) adquirida por su intermedio (§ 5.5).

Ante las dificultades, en especial aquellas que le presenta una y otra vez el Adversario, aprenderá, no sin dolor, que el Señor lo ayuda, lo defiende y por eso siempre debe darle gracias (§§ 5.7 y 6.4). Esta certeza, la del auxilio del Salvador, se repite con frecuencia en la VA: el Señor no abandona (§ 8.3); Él le quita toda su fuerza al diablo (§ 9.9); la fe en el Señor es un muro de protección (§ 9.10); Él acude en ayuda de Antonio (§ 10.1); la voz del Señor le asegura que siempre será su defensor (§§ 10.3; 46.6); colabora con sus fieles (§ 19.1); Él revela el verdadero rostro del Maligno y echa por tierra todas sus maquinaciones (§ 24); hace callar a los demonios (§§ 26.5 y 27.1); con su venida ha vencido por completo al enemigo (§§ 28.1; 39.7; 41.5), y llama malvados a los demonios (§ 28.5); el Salvador nos concede la gracia de pisar al demonio (§ 30.3) y derrotarlo (§ 34.1), porque Él lo ha despojado (§ 35.3); el Señor no permite que seamos engañados por el tentador (§ 37.3); su poderoso Nombre nos permite maldecir a los demonios, porque, literalmente, el nombre del Salvador los quema (§§ 39.2; 40.2; 41.6; 63.3; 78.4; 80.4); el Señor detiene y reduce a la impotencia al Maligno (§ 40.6); el poder de la cruz de Cristo libera a los poseídos por el demonio (§ 80.3).

A partir de su conversión, la vida toda de Antonio estará centrada en su experiencia de la fe en Cristo (§§ 17.7; 23.2; 48.2-3; 55.2; 58.2; 74.1; 78.1-3; 80.1; 80,6; 83.2; 89,6). Y en su lecho de muerte pronunciará una frase que sintetiza su vivencia de esta virtud teologal: “Respiren siempre a Cristo” (§ 91.3)24.

Creer en Cristo es no anteponer nada a su amor (§ 14.6), conservando nuestra alma para el Señor (§ 20.9), viviendo en la libertad que nos ha regalado el Salvador (§ 26.4); venerando a Cristo (§ 30.2), dándole gracias (§ 56.2) y agradándole en todo (§ 55.13). Regocijándonos al advertir su presencia (§ 36.4), porque Él nos escucha (§ 39.1). Alegres en el Señor, pues está con nosotros (§ 42.4 y 7).

La fe en el Señor Jesús impulsa a Antonio a tributar gloria al Señor (§ 39.7), invocando el nombre de Cristo (§ 40.2); pensando siempre en las realidades que a Él se refieren (§ 42.8); aquellas que el Salvador nos enseña y que constituyen las prioridades de una vida de seguimiento de Cristo (§ 45.7).

La certeza del misterio pascual de Cristo es decisiva en la existencia de Antonio. La muerte del Salvador en “la divina cruz” (§ 74.2 y 3; cf. §§ 76.4; 78.4; 79.2. 5), por medio de la cual son salvados los seres humanos (§ 74.7); como así también su admirable resurrección (§§ 75.3; 90.4), están siempre presentes en la vida monástica del santo abba.

No es de extrañar, por consiguiente, la importancia que se asigna a la señal de la cruz en la VA. Ella es un memorial del misterio pascual (§ 13.5), que protege al cristiano (§ 23.4), que hace desaparecer las falsas visiones y llena de temor a los demonios (§ 35.2-3); pone en ridículo a la magia y a otras supersticiones (§ 78.5); sana a los enfermos (§ 80.4). Antonio recurre en muchas ocasiones a su poder y recomienda su uso (§ 35.2).

La VA fue escrita por el gran defensor del Concilio de Nicea, san Atanasio, quien se preocupa en poner de relieve la ortodoxia de la fe profesada por Antonio. Así, lo vemos enseñando que el Hijo de Dios no es una criatura, sino el Verbo y la Sabiduría, siendo de la misma sustancia que el Padre (§ 69.3)25. Y que no se puede decir que hubo un momento en que el Hijo no existiera. El Verbo siempre ha existido junto al Padre (§ 69.4). Jesucristo, el Señor, es nuestra alegría y la fuerza de Dios Padre (§ 35.5).

Asimismo, Antonio afirmaba que la Sagrada Escritura nos muestra que Cristo es Dios y se encarnó para salvar a toda la humanidad (§ 75.4); y que Él no solo era hombre sino Dios, el Hijo de Dios (§§ 75.4; 78.3).

Antonio gozó de una notable relación personal con el Señor, Salvador y Cristo. El Verbo (Logos) lo guía y le permite vivir en un profundo equilibrio humano-espiritual (cf. § 14.2. 4)26, siendo siervo y servidor del Señor (§§ 18.1; 52.3; 53.2). Sigue al Señor sin mirar hacia atrás (§ 20.1), ya que Él no será indulgente con los negligentes (§ 18.2), y no aprueba el camino de los impíos (§ 38.5). Se admira por la gracia recibida, por la revelación (§§ 41.5; 34.2); lo glorifica y le da gracias (§§ 39.7; 56.2; 64.4); vive en la alegría del Señor, meditando sus enseñanzas y su admirable Providencia (§§ 42.7; 59.6; 66.1-2); confía sinceramente en el Señor (§ 51.5); espera su venida, cuando examinará la conducta de sus hijas e hijos y dictará sentencia, pues solo Él conoce todas las cosas (§ 55.8). Aprende del Salvador y sabe que Él lo escucha (§ 56.1). Se sintió particularmente protegido por el Señor (§§ 46.6; 52.1; 65.4). Y fue llamado por Él en el momento postrero de su vida (§ 91.2).

La fuerte experiencia de la relación con Cristo se manifestaba en su aspecto externo y en su forma de hablar (§ 14.6). Su rostro irradiaba gracia: carisma que el Salvador le había concedido (§ 67.4). Por su intermedio, el Señor sanará a los enfermos, liberará a los poseídos por el demonio, realizará milagros (§§ 14.5; 38.2-3; 58.2; 61.3; § 84.1). El Señor lo cuidaba para que fuera maestro de muchos (§ 46.6). Lo constituyó en “el médico de Egipto” (§ 87.3).

Por su parte, Antonio no se cansaba de insistir en que todo lo hacía en beneficio de quienes acudían a él agobiados por sus sufrimientos, pero siempre se trataba de una obra del Señor (§ 49.1); porque temía el orgullo y quería que únicamente se admirará al Señor (§ 62.2); y así mostraba que Cristo obra por medio de quienes creen en Él (§ 80.6). Antonio aportaba su oración y su ascesis (§ 84.2).

La centralidad cristológica, por así decirlo, de la Vida de san Antonio, no implica en modo alguno la ausencia de menciones referidas al Padre, habitualmente llamado Dios27. El Padre se señala por su amor a la humanidad, por su providencia y por su poder. Para Él nada es imposible (§§ 74.8; 78.1). Por ello, debemos amarlo (§ 36.3), adorarlo, conocerlo (§ 77.3) y admirarlo (§ 81.3); Él escribió una Ley para nosotros y nos hablado por medio de su Hijo (§ 81.3). El conocimiento de Dios, por medio de la fe, ha brillado espléndidamente por la venida de Cristo y por su misterio pascual (§ 79.5).

Respecto del Espíritu Santo, la VA afirma que de Él recibimos el carisma del discernimiento de espíritus (§§ 22.3; 38.5; 44.1; 88.1).

Para concluir este apartado, tres notas significativas que aporta la VA:

La Virgen María, la Madre de Dios (Theotokos: § 36.4; cf. § 37.1);el Reino de los cielos está dentro de nosotros (Lc 17,21; § 20.4);los ángeles de Dios, enviados por el Señor (§§ 28.10; 35.5-7).

Al concluir su obra, san Atanasio presenta una síntesis de la personalidad de su biografiado: fue un hombre de Dios, amigo de Dios. Lo que pudo hacer durante su vida fue un don de Dios, Él intervino para dar a conocer a Antonio, para mostrarlo (§ 93.1. 3. 4-6). Y agrega: “nuestro Señor y Salvador Jesucristo, glorifica a los que lo glorifican” (§ 94.1).

La cristología de la VA sin duda es fiel reflejo de la reflexión teológica de Atanasio, pero esto no descarta que también sea la expresión de la fe de Antonio.

Cristo, el Mesías, el Ungido, es el esperado y ya anunciado por el Primer Testamento. Es asimismo el Señor, el Hijo de Dios, Logos – Verbo eterno (Jn 1,1 ss.). Y es la Palabra que puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14) para salvar al entero género humano. Así, la VA se presenta como una proclamación del Credo niceno. Tal debe ser la clave principal e imprescindible para una lectura comprensiva de “la carta fundacional del monacato cristiano”.

2. “Sentado en la montaña”

San Atanasio se he preocupado por presentarnos la vida de Antonio por medio de figuras, paradigmas y tipos bíblicos. Es una característica propia de su metodología teológica, que en la redacción de la Vita aplica cuidadosamente al biografiado.

Niñez

En su primera edad, Antonio es asociado al ejemplo de Jesús en su infancia, un niño que iba creciendo, obediente a sus padres, progresando en la fe (§ 1.1-3; cf. Lc 2,40. 51-52). Un detalle llamativo: amaba permanecer en la casa, como Jacob, que era “un hombre de la carpa” (Gn 25,27; § 1.3).

Juventud

Al ser cristianos sus padres, probablemente lo iniciaron en el conocimiento de los Libros Sagrados, y ello se traduce en dos actitudes de Antonio: estaba atento al texto bíblico (cf. 1 Tm 4,13), y guardaba en sí mismo, en su interior, el provecho que este le ofrecía (§ 1.3).

La escucha cuidadosa y la interiorización de las Escrituras, unidas a la experiencia de la perdida de sus padres, conducirá al joven Antonio, a “reunir” su pensamiento (cf. Is 56,8), a buscar respuestas reflexionando sobre el sentido del desprendimiento, de la renuncia. Centra entonces su consideración interior en dos ejemplos del seguimiento del Salvador: los apóstoles (§ 2.2; cf. Mt 4,20; 8,19-20; 19,27, y paralelos), y los cristianos de la primera comunidad según el relato de los Hechos de los Apóstoles (4,35-37). Así, todo su ser se dispone para abrazar el camino del desprendimiento, de la renuncia.

Entra, dice la VA, en la iglesia reflexionando, imaginando (enthymoymenos) los caminos del Señor (cf. Ba 3,31), y recibe el llamado a seguir a Jesús conforme al Evangelio (§§ 2.3 y 3.1). De inmediato aceptará la propuesta del Señor, sintiéndola como una respuesta personal a sus inquietudes.

El desprendimiento de sus bienes y de su hermana son la expresión de una nueva visión de su existencia terrena. Esta se asienta en la lectio del Evangelio (Mt 6,19. 34; 19,29; Lc 12,22. 29-31; 18,28), de los Salmos (Sal 89 [90],10), de san Pablo (Rm 8,18), de los sapienciales (Qo 2,18-19; 4,8; 6,2). En última instancia, Antonio tiene, a partir de su conversión, las siguientes prioridades: la promesa de la vida eterna (cf. 1 Tm 4,8; § 16.5), el reino de los cielos (cf. Mt 19,21; Lc 17,21; §§ 2.3; 20.4), habitar en la ciudad celestial (cf. Flp 3,20; § 14.7); y una vida signada por “el día a día”: Cada día yo muero (cf. 1 Co 15,31; §§ 7.11), vivir cada día como el último de su existencia terrena (§§ 89.4; 81.3), olvidando lo que dejó atrás se lanza hacia delante (cf. Flp 3,13; § 7.11).

Formación en la ascesis monástica

Una vez que se ha desprendido de sus bienes y entregado su hermana al cuidado de unas vírgenes piadosas (§§ 2.4-5 y 3.1), se inicia el período de formación, casi podríamos decir de noviciado, de san Antonio. Etapa en la cual aprenderá a estar atento a sí mismo (proseche seayto; cf. Dt 4,9 y 15,9; Lc 17,3; 21,34; Hch 5,35; 20,28; §§ 3.1; 91.3), actitud que la tradición monástica latina posterior resumirá en la sentencia: habitare secum28. Al mismo tiempo se someterá a una férrea disciplina, buscando siempre hacer el bien a imitación de otros ascetas (cf. Ga 4,18). Imita a la laboriosa y prudente abeja (cf. Pr 6,8 LXX)29, que busca aprender de la vida y ejemplo de otros ascetas de su entorno. Esta actitud humilde y propia del buen discípulo le valdrá el ser reconocido entre el pueblo como Teófilo, el que ama a Dios30.

Durante este período de su formación aprenderá a llevar a la práctica tres preceptos esenciales del monacato cristiano: el trabajo, la oración sin cesar y la lectio divina (§ 3.6-7; cf. § 46.6). Las tres columnas de la ascesis monacal se fundan en sendos textos de la Escritura: 2 Ts 3,10: el que no trabaja que no coma; 1 Ts 5,17: orar constantemente; y 1 Tm 4,13: dedicarse a la lectura. Pero la VA agrega en cada caso algunas indicaciones importantes: el trabajo debe ser manual, con las manos (chersin); la oración se efectúa en soledad (en el aposento), conforme al mandato evangélico (cf. Mt 6,6); y la lectura de la palabra de Dios exige atención, que nada caiga por tierra, ni una sola de las palabras del Señor (cf. 1 S 3,19; 2 R 10,10); y memorización, es decir, conservar la Palabra en el corazón (cf. Lc 8,15), para que dé fruto. Esto es lo que Antonio veía e imitaba; aprendía a ser filólogo, vocablo que en el ámbito cristiano adquirió un significado particular: leer y estudiar la Biblia31.

La lucha del diablo contra el hombre que ama a Dios

Mediante un buen número de imágenes bíblicas, Atanasio nos irá describiendo el actuar del Maligno contra su biografiado. El diablo comienza a molestar y atacar a Antonio apenas concluida su formación inicial. Asedia entonces “la fuerza de sus riñones y los músculos de su vientre” (cf. Jb 40,16). Es decir, el ámbito de los placeres carnales, de la concupiscencia, buscando así perturbarlo (§ 5.3), y conducirlo a la perdición (cf. Os 4,12; § 6.3).

Después proseguirá con “el rechinar de dientes”, una característica que, en la VA, aparece como propia del actuar del demonio (cf. Sal 34 [35],16; 36 [37],12; 111 [112],10; Mc 9,18; Hch 7,54). Es una acción del diablo que se repite varias veces (§§ 6.1; 9.11; 52.1; 66.4).

Una de las acciones preferidas del demonio es, según la VA, distraer, impedir la puesta en práctica del habitare secum, obstaculizar el estar atento a sí mismo. Para conseguir este fin el Maligno comienza poniendo obstáculos en el camino de Antonio (cf. Sal 139 [140],6; § 23.1). Para pasar luego a terribles y curiosas metamorfosis, se disfraza de innumerables maneras (cf. 2 Co 11,13; §§ 9.4-7; 23.3; 28.9; 51.5). Se presenta en llamativas32 e ígneas apariciones (cf. Jb 41,10-14. 23-24 [en referencia al Leviatán]; § 24.1-3). Intenta ser luminoso, un ángel de luz (cf. 2 Co 11,4). Pero en realidad todo esto no es más que una puesta en escena de su propia realidad, de su existir en el fuego preparado para el diablo y sus secuaces (cf. Mt 25,41; §§ 24.8; 35.1).

La más atroz estratagema del demonio contra quien sigue sinceramente a Cristo es la utilización de las Sagradas Escrituras, mejor, la tergiversación que hace de ellas. Fue algo que el mismo Señor experimentó en las tentaciones durante su estadía en el desierto (cf. Mt 4 1 ss.). La intención de este procedimiento es confundir (§§ 25.2 y 26.5), producir una profunda turbación, por eso mezcla la verdad con su semilla de maldad (cf. Mt 13,25; § 26.3). El Señor Jesús lo hacía callar (cf. Mc 3,11-12; § 26.3). Y Antonio afirma que no se le debe prestar atención, ni dejarse enseñar por él, aunque cite pasajes enteros del texto bíblico (cf. §§ 26.4; 27.4).

En última instancia, la meta del demonio es que se le adore como a dios (cf. Mt 4,9; § 37.2); y se aprovecha especialmente de quienes vacilan o se atemorizan ante sus engaños y trampas (cf. § 37.1), por lo tanto, no hay que temerle (§ 91.3)

¿De qué armas dispone el monje para oponerse al demonio?

La certeza de los premios eternos (cf. Flp 3,20; Hb 10,1; §§ 14.7 y 16.5-6) y del castigo que aguarda a quien se aparta de Dios (cf. Jdt 16,17; Si 7,17; Is 66,24; Mc 9,48; § 5.6), es una ayuda de primerísima importancia. Deben estar continuamente presentes en el pensamiento de los monjes.

Una absoluta seguridad del actuar de la gracia de Dios debe acompañar la vida de los creyentes (cf. 1 Co 15,10; § 5.7). Sin dudar de la ayuda del Señor (cf. Sal 117 [118],7; 2 Co 12,10; §§ 6.4; 7.8). La confianza caracteriza el caminar diario del fiel cristiano y del monje en particular (cf. Sal 21 [22]; 26 [27],3; Rm 8,35; §§ 9.2-3; 35.5). La experiencia de la filantropía de Dios es determinante (cf. Tt 3,4; Rm 8,32; §14.7). Dios ciertamente colabora con el ser humano, para que este pueda derrotar al demonio (cf. Sal 90 [91]; Lc 10,19; Rm 8,28; §§ 19.1; 30.3; 35.5).

El ejemplo y el recuerdo de los santos predecesores, los proto-monjes Elías (cf. 1 R 17,1 ss.; 18,15; § 7.12) y Eliseo (2 R 5,26; 6,17; § 34.3). Como también la memoria de Abraham (cf. Jn 8,56), de Zacarías (cf. Lc 1,13), de Juan Bautista (cf. Lc 1,41), de los pastores (cf. Lc 2,10), de las mujeres en el sepulcro (cf. Mt 28,5), testimonian la alegría y la calma del alma ante la presencia de los santos ángeles enviados por Dios (§§ 35 y 36). Cuando dirigimos nuestra mirada hacia el Ángel del Señor, él nos dice: No teman (Lc 2,10; § 35.6).

Importantísima resulta la ayuda de la salmodia en el diario combate contra los demonios (cf. Sal 67 [68],2-3; 117 [118],10; §§ 13.7; 27.2-3; 39.3; 44.2; 52.1). Ellos lo saben e intentan imitar esta práctica (§ 25.1).

El carisma del discernimiento es el arma más poderosa de que dispone el monje en su arduo combate contra el Maligno. Merced al “don del discernimiento de espíritus (cf. 1 Co 12,7. 19), puede saber todo lo que concierne a los demonios, cuáles de ellos son menos malvados y cuáles más, por qué tipo de actividad se interesa cada uno y cómo cada uno de ellos puede ser destruido y expulsado” (cf. § 22.3). También hace posible reconocer y distinguir a los ángeles buenos de aquellos malvados (§ 35.4).

Por tanto, el monje debe orar para recibir la gracia del discernimiento de espíritus, “para que, como está escrito, no nos fiemos de cualquier espíritu” (cf. 1 Jn 4,1; 1 Co 12,10; § 38,5).

Grande era en la ascesis de Antonio el carisma del discernimiento de espíritus, que le permitía reconocer los movimientos e intrigas de los demonios. Así no se dejaba burlar por ellos, y enseñaba a sus hermanos cómo proceder, poniendo al descubierto sus tácticas (§ 88.1).

Como Elías en la cumbre de la montaña

La referencia al Segundo libro de los Reyes (1,9) resume la culminación de la vida de san Antonio. Él es el nuevo Elías, que, así como éste estaba resueltamente sentado en el monte Carmelo y no temió las expediciones que le mandó el rey Ocozías33, del mismo modo Antonio, resistiendo valerosamente los ataques de los demonios, permanece en la Montaña Interior. Y en ella recibe el don supremo de poder ver la realidad de su tiempo con ojos de fe. El Señor le concede la gracia de las visiones, que se daba a aquellos monjes que habían alcanzado un alto grado de perfección34.

La VA en siete oportunidades repite: “Antonio estaba sentado en la montaña”, o también: “Sentado solo en la montaña”. No se trata de una simple casualidad. Y todas estas menciones las encontramos únicamente en la parte final de la obra de Atanasio, cuando su biografiado ya es conocido y admirado como “el médico de Egipto” (§ 87.3).

Sentado en la montaña35:

ve desde lejos una situación de riesgo, un peligro grave, un monje a punto de morir (§ 59.2);teniendo el corazón vigilante, estando solo, el Señor le muestra lo que sucede en otros lugares (§ 59.6);contempla, en una visión, cómo abba Amún es llevado al cielo (§ 60.1);la Providencia le revela en la oración, cuando está solo, lo que para él era motivo de duda (§ 66.1);podía ver lo que ocurría en Egipto y lo compartía con el obispo Serapión, que estaba junto a él (§ 82.3);perseveraba en la oración y la ascesis, alegrándose en la contemplación de las realidades divinas (§ 84.2);permanecía oculto, aunque se oía hablar de él por todas partes (§ 93.5).

Se ha puesto de relieve que san Atanasio en diversas ocasiones recurre al ejemplo del profeta Elías en sus escritos36, pero solamente en la VA utiliza el texto que nos ocupa. Por lo cual resulta evidente que este paradigma bíblico es, para el biógrafo, el más adecuado para delinear las características salientes del monje cristiano. Las podríamos sintetizar en los siguientes rasgos: preocupado por la vida de sus hermanas y hermanos, tanto los que están cerca, como los que están lejos (a y b); seguro de la salvación que Dios regala al género humano por mediación de Jesucristo (c); orando para conocer los designios de la divina Providencia (d); preocupado por la situación de la Iglesia (e); perseverando en la oración y en su modo de vida (la ascesis), gozoso, pues el Señor le concede contemplar las realidades divinas (f); oculto a los ojos humanos, pero viviendo en presencia de quien todo lo ve (g).

Sin embargo, reducir a solo un paradigma bíblico la expresión “sentado en la montaña” sería vaciarlo de su contenido teológico-espiritual. Porque en última instancia se trata de la formulación de un itinerario de vida ascético-mística. En una forma muy sutil, y basada principalmente en la Sagrada Escritura, se nos propone un camino ascensional, de subida. Esta presentación tuvo un éxito notable en toda la literatura monástica posterior. San Antonio es entonces ejemplo viviente de una peregrinación cuya meta es la contemplación de la Trinidad (las realidades divinas), en la humildad, en el silencio, en lo recóndito del desierto.

III. Las versiones latinas de la “Vita Antonii”

Tenemos dos traducciones al latín de la VA, una casi contemporánea del texto griego de san Atanasio y la otra que puede datarse en torno al año 360.

No es nuestro propósito analizar detalladamente cada una de esas versiones. Pero conviene dar algunas indicaciones, aunque sean breves, a fin de completar lo expuesto en la Presentación.

a) La versio vetustissima

Atanasio redactó la VA en griego, pero teniendo presente al público de lengua latina, ya que compuso su obra, ante todo, para responder a un pedido “occidental” (cf. Proemio, §§ 4-5). Por tanto, él mismo debe haber provisto a la realización de una versión latina, contemporánea del original en griego. «La vieja versión latina no solo es venerable por su antigüedad y su fidelidad, sino también por sus muchas relaciones íntimas con la redacción misma de la VA. Contemporánea de esta, constituye, junto con el original griego, una especie de edición “bilingüe”»37. Con lo cual estaríamos ante un caso posiblemente sin precedentes en la literatura cristiana de los primeros siglos.

No sabemos a ciencia cierta quién tradujo por primera vez al latín el texto griego de la VA. Pero tal como lo señala su reciente editor, todo apunta hacia la figura de algún monje cercano a Atanasio. Dos nombres son los que han sido propuestos: Isidoro y Ammonio38.

Sin excluir de forma absoluta la posibilidad del primero, Isidoro39, abba Ammonio, que vivió en Nitria–Las Celdas y que acompañó al patriarca durante su exilio en Roma40