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Vincent van Gogh, un artista incomprendido que no acaba de encontrar su lugar en el mundo, se inspira en la revolución impresionista y en el japonismo para desarrollar su propio lenguaje artístico. Sus obras, que abren la puerta al fovismo y al expresionismo, son una explosión de curvas y colores vivos que, con su extraordinaria fuerza, transforman para siempre el mundo del arte. Te invitamos a descubrir algunas de sus obras más extraordinarias, como
Los girasoles,
Sembrador a la puesta de sol o
La habitación en Arlés, entre otras.
En tan solo 50 minutos te invitamos a descubrir:
• La vida de Vincent van Gogh, un artista atormentado que encuentra en la pintura una válvula de escape
• El contexto de revolución industrial en el que se desarrolla su obra, que pone de relieve las diferencias entre el mundo urbano y el rural
• Las características de su pintura, con el uso de la línea curva, la yuxtaposición de colores y el uso de tonos vivos, rasgos que se pueden apreciar en obras como
Noche estrellada,
Los comedores de patatas o
Los girasoles
SOBRE 50MINUTOS.ES | Arte y literatura
50MINUTOS.ES te invita a profundizar en el mundo del arte, para que te conviertas en un experto y lo sepas todo sobre la vida y obra de artistas de la talla de Francisco de Goya o Jan van Eyck y de célebres escritores como Albert Camus o Miguel de Cervantes, además de permitirte explorar grandes movimientos literarios que han transformado el universo cultural, como el romanticismo o el simbolismo.
Nuestras obras analizan de forma clara y sencilla la trayectoria personal y artística de grandes figuras del mundo de la cultura y te dan la oportunidad de conocer los principales movimientos literarios. ¡Mejora tu cultura y deja a todos boquiabiertos!
¡Saberlo todo sobre el mundo de la cultura nunca fue tan sencillo!
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Seitenzahl: 38
Veröffentlichungsjahr: 2017
Vincent van Gogh, que nace en los Países Bajos, es un genio tan frágil e inestable como influyente, y está profundamente marcado por las reivindicaciones sociales que sacuden el siglo XIX. Hombre de fe con una personalidad depresiva y vocación controvertida, descubre en el realismo de los escritores franceses, en el arte de los pintores holandeses y en las obras de Jean-François Millet (1814-1875) un reflejo de sus propias preocupaciones.
Van Gogh se inspira en la revolución impresionista y en el japonismo, y desarrolla su propio lenguaje artístico, al margen de los artistas contemporáneos. Su febrilidad mental empeora cada vez más con el paso del tiempo, y la pintura le ofrece una válvula de escape. Con él, el tema representado ya no es lo único que debe ser objeto de atención, sino una manera de engañar con el fin de expresar el inconsciente del artista. A través de la violencia del color, del nerviosismo en la ejecución y de la torsión de la línea, Vincent van Gogh abre el camino a nuevas vías artísticas que llevarán al surgimiento de dos corrientes importantes: el fovismo y el expresionismo. Aunque su obra no se comprende durante mucho tiempo y muere en el anonimato, la estela que deja este intenso artista transforma el arte del siglo XX.
En Francia, después de los intentos fallidos de la II República (1848-1851), el Segundo Imperio (1852-1870) marca un periodo de relativa estabilidad económica. El desarrollo de la gran industria y de las vías de comunicación, sobre todo con el florecimiento de las vías ferroviarias, la creación de los bancos o la irrupción de grandes tiendas imponen el poder de la burguesía emergente y el mercado del trabajo recibe un impulso gracias al crecimiento. Además, en los años 1860 se instaura el liberalismo político. De hecho, para garantizarse la popularidad, Napoleón III (1808-1873) otorga el derecho a huelga en 1864 y, cuatro años después, los diputados tienen el derecho de interpelación.
Pero este equilibrio fingido se rompe cuando Napoleón III, actuando como digno heredero de los delirios de grandeza bonapartianos, declara la guerra a Prusia. Aunque enseguida capitula en Sedán el 2 de septiembre de 1870, París es asediada durante varios meses. En marzo de 1871, la capital se convierte en la cuna de una revuelta popular sin precedentes que derroca el régimen: es la Comuna. Esta, que con sus declaraciones fortalece el socialismo, nace en los años 1820 y exige principalmente una reforma del mundo obrero, ya que el auge económico dista mucho de rimar con progreso social. Hay que esperar la llegada de la III República (1870-1940) y la instauración de las leyes constitucionales de 1875 para que la calma política por fin reine. Ese mismo año, Vincent van Gogh, procedente de los Países Bajos, realiza su primera estancia en Francia.
Los progresos de la metalurgia entrañan la aparición de nuevos materiales de construcción más ligeros y maleables. Gracias a estas evoluciones, París se transforma bajo la égida del prefecto Haussmann (1809-1891), obedeciendo a la voluntad de Napoleón III, que desea convertir la ciudad en «la capital de las capitales» (Michaels 2009, 3).
Gracias al desarrollo de las vías ferroviarias, el campo se encuentra ahora a las puertas de París para regocijo de los urbanitas, que descubren las alegrías de las riberas del Sena. El mundo rural, mientras tanto, se siente invadido: los campesinos —por naturaleza más conservadores y menos inclinados a alabar la llegada de esas máquinas que saben que constituyen una amenaza para ellos— no parecen estar de acuerdo con los ideales modernos republicanos sedientos de cambios. Así, aunque el mundo se dirige inexorablemente hacia la modernidad, el frenesí del progreso engendra una histeria colectiva que asusta a algunos. Son varios los artistas que se arrepienten de las derivas de la modernidad y que defienden la vida rural, intrínsecamente buena para el hombre. Van Gogh es uno de ellos, pues privilegia durante toda su vida la sencillez campesina y la naturaleza, tal y como demuestran lienzos como Los zapatos (1886) o escenas campestres.
