Violencia urbana como síntoma - Elis Borde - E-Book

Violencia urbana como síntoma E-Book

Elis Borde

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Beschreibung

 Es imperativo buscar nuevas formas de abordar e indagar las violencias en ciudades latinoamericanas desde la Salud Pública. Este libro responde a esa necesidad, estudiando la violencia urbana como una expresión o un síntoma de la conflictividad social, cuyos procesos malsanos muchas veces implican y producen muerte, multiplicando la violencia (homicida). Para dicho análisis se examinan los malestares y los procesos salud-enfermedad y muerte que se derivan de lo que se conoce como violencia urbana. Los (des)ordenamientos territoriales, la fragmentación y la polarización urbana son características del "neo- liberalismo realmente existente" en ciudades del Sur global. Por tanto, esta obra los examina como referentes centrales para entender el fenómeno de la violencia urbana. Además, esta obra se alimenta teóricamente de conceptos propuestos por la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana y por la Geografía Crítica Latinoamericana. Para un análisis empírico, se examinan los casos del barrio San Bernardo en Bogotá y el complejo de favelas de La Maré en Río de Janeiro, barrios azotados por (des)ordenamientos territoriales, donde confluyen violencias, se produce muerte, pero también se articulan resistencias. 

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Seitenzahl: 650

Veröffentlichungsjahr: 2022

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©  Universidad Nacional de Colombia

©  Editorial Universidad Nacional de Colombia

©  Elis Borde

Editorial Universidad Nacional de Colombia

Alberto Amaya Calderón

Director

Comité editorial

Alberto Amaya Calderón

Ana Patricia Noguera de Echeverry

Fabio Andrés Pavas Martínez

Veronique Claudine Bellanger

Fredy Fernando Chaparro Sanabria

Jairo Iván Peña Ayazo

Pedro Nel Benjumea Hernández

Primera edición, 2022

ISBN 978-958-794-829-5 (impreso)

ISBN 978-958-794-830-1 (digital)

Conversión a ePub

Mákina Editorial

https://makinaeditorial.com

Edición

Editorial Universidad Nacional de Colombia

[email protected]

www.editorial.unal.edu.co

Colección Obra Selecta

Andrea Kratzer M. - Diseño de la colección

Diana Castro Calvo - Coordinación editorial

Olga Lucía Cardozo Herreño - Diagramación

John Fredy Guzmán - Corrección de estilo

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales

Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia

Borde, Elis, 1986-

Violencia urbana como síntoma : determinación social de los procesos salud-enfermedad y muerte en Bogotá y Río de Janeiro / Elis Borde. -- Primera edición. -- Bogotá : Universidad Nacional de Colombia ; Editorial Universidad Nacional de Colombia, 2022.

1 CD-ROM (326 páginas) : ilustraciones a color, diagramas, mapas. -- (Obra selecta)

Incluye referencias bibliográficas e índice temático

ISBN 978-958-794-830-1 (e-pub)

1. Salud pública -- Aspectos sociales -- Bogotá -- Colombia -- 2016-2019 2. Neoliberalismo -- América Latina -- 2016-2019 3. Violencia urbana -- Estudio de casos -- San Bernardo -- Bogotá -- Colombia -- 2016-2019 4. Violencia urbana -- Estudio de casos -- Maré -- Rio de Janeiro -- Brasil -- 2016-2019 5. Inequidad social -- Prevención & control 6. Equidad en salud 7. Medicina social I. Título II. Serie

CDD-23    614.44098 / 2022       NLM- WA300DA15

Para Benício Baran, Amaro Isar y Luís,por todo

Contenido

Prefacio

Introducción

La violencia urbana en la salud pública

Lecturas sobre la violencia urbana en América Latina

Las miradas dominantes sobre la violencia urbana en América Latina

El caso colombiano como excepción y arquetipo

La violencia (urbana) como problema de salud pública

La perspectiva de la salud pública y sus límites

Lecturas alternativas desde la Medicina Social y la Salud Colectiva Latinoamericanas

Hacia una comprensión histórico-territorial de la determinación social de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas

La determinación social de la violencia urbana: una apuesta desde la Medicina Social y Salud Colectiva

La determinación social en cuestión: distanciamientos, complementaciones y aclaraciones necesarias

Los nombres y las manifestaciones del mal-estar

Aproximación teórica al concepto de violencia

Violencia de E/estado: E/estados necropolíticos y la muerte en las zonas del no-ser

Sobre luto y lucha: conflicto, resistencia, vida y muerte

Las territorialidades y temporalidades de la violencia urbana en América Latina

El territorio en la salud pública

Aproximación teórica a los conceptos de territorio y espacio

(Des)ordenamientos territoriales urbanos en el neoliberalismo realmente existente en el Sur global y violencia urbana en ciudades latinoamericanas

Territorios, territorialidades y territorialización de la violencia urbana

Abordaje histórico-territorial de la determinación social de la violencia urbana

Estudio comparativo de casos de conflicto territorial violento en Bogotá y Río de Janeiro

San Bernardo, Bogotá

Tendencias y escenarios de la violencia en Colombia y Bogotá

El caso de San Bernardo, Bogotá

Maré, Río de Janeiro

Tendencias y escenarios de la violencia en Brasil y Río de Janeiro

El caso de la Maré, Río de Janeiro

Síntesis comparativa a partir de los casos de Bogotá y Río de Janeiro

Consideraciones finales

Bibliografía

Índice temático

Lista de figuras

Figura 1. Tasas de homicidio por periodos presidenciales en Colombia

Figura 2. Representación gráfica de la concentración de homicidios por municipios y departamentos

Figura 3. Comparativa de tasas de homicidio en ciudades colombianas (2019-2021)

Figura 4. Distribución de homicidios en Bogotá, 2017-2018

Figura 5. Barrio San Bernardo, complejo hospitalario y zonas aledañas

Figura 6. Serie temporal de las tasas de homicidio por 100000 habitantes en la ciudad de Río de Janeiro

Figura 7. Barrio de la Maré y zonas aledañas

Figura 8. Número de homicidios por favela de la Maré

Figura 9. División de la Maré por presencia de grupos armados

Lista de tablas

Tabla 1. Estrategias comparativas y supuestos de causalidad en estudios urbanos

Tabla 2. Abordajes de las políticas de seguridad ciudadana en Bogotá desde 1995

Tabla 3. Violencia y sus impactos medibles en la Maré, Río de Janeiro

Prefacio

La violencia urbana suele ser reconocida como un problema social y, cada vez en mayor medida, también como un problema de salud pública. Este libro se desprende de una investigación doctoral desarrollada entre el 2016 y el 2019, donde exploramos la violencia urbana en ciudades latinoamericanas desde este reconocimiento: argumentamos que, además de reconocer su impacto como una de las principales causas de muerte, fundamentalmente constituye un problema de salud pública por configurar procesos salud-enfermedad-muerte y, dicho de otra forma, por su impacto en el malestar y el bienestar de los millones de personas que habitan las ciudades latinoamericanas.

La manera como suele comprenderse la violencia urbana, tanto en el campo de la salud pública como en otros campos disciplinares, deja muchos vacíos y preguntas que se analizarán en detalle en este libro. Además, se propone construir una perspectiva que permita captar los efectos de la violencia urbana en las vidas de las poblaciones, más allá de las lesiones superficiales, y aun permita contextualizar histórico-territorialmente lo que se expresa como violencia urbana en ciudades latinoamericanas. En este sentido, desarrollamos una nueva perspectiva de análisis: por un lado, desde una aproximación teórica, que se resume en la idea de la determinación histórico-territorial de las violencias urbanas y parte de un ejercicio de articulación entre el corpus teórico de la “determinación social de los procesos salud-enfermedad-muerte” de la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana y la tríada “territorioterritorialidad-territorialización” de la geografía crítica latinoamericana, así como de una revisión crítica de los estudios sobre violencia (urbana); por otro lado, desde una aproximación empírica y comparativa a partir del estudio de dos casos de conflicto territorial: el complejo de favelas de la Maré en Río de Janeiro y el barrio San Bernardo en Bogotá.

Los casos expresan las diferentes formas en las que se manifiesta un “cierre de espacios de la vida” para la gran mayoría de los citadinos latinoamericanos a partir de diversos (des)ordenamientos territoriales de las ciudades del neoliberalismo realmente existente. Asimismo, muestran cómo tales procesos muchas veces implican y producen la muerte y multiplican la violencia (homicida). Por un lado, se estudia San Bernardo en Bogotá, un barrio azotado por (des)ordenamientos territoriales vinculados al Plan Zonal del Centro, donde se ha venido configurando una “muerte lenta” de la infraestructura del barrio y, por último, de los residentes del barrio, que implican múltiples formas de violencia. Y, por otro lado, el complejo de favelas de la Maré en Río de Janeiro, donde macroprocesos de re/desordenamiento territorial urbano y estrategias de contención territorial militarizada han generado “territorios de sacrificio” donde confluyen violencias, se produce muerte, pero también se articulan resistencias.

La perspectiva analítica que desarrollamos a lo largo del libro y que define la discusión de los casos de Bogotá y Río de Janeiro parte del reconocimiento de que el territorio y el cuerpo son dos ámbitos donde el mundo y las relaciones sociales se materializan, se concretizan, toman forma y se revelan. En este sentido, las discusiones sobre los procesos que marcan estos territorios y cuerpos —que se expresan en malestares y en la propia muerte en las ciudades latinoamericanas— revelan algunas de las contradicciones más íntimas y trágicas del modelo dominante de ciudad y de la sociedad como un todo; un modelo que forma y deforma los cuerpos y los territorios en función de las dinámicas de acumulación de capital, que se impregnan e incorporan. Esto supone que nuestra discusión acerca de la salud y, finalmente, también sobre la vida y la muerte no se limita a parámetros fisiopatológicos, sino parte de una comprensión ampliada, donde el cuerpo no es solo un contenedor de enfermedades, malestares, de la muerte y de la salud o algo que es afectado por algunos procesos o “determinantes” sociales, sino un espacio de expresión e interacción con la sociedad en su dimensión territorial e histórica, un ámbito situado donde se materializan los procesos protectores y los procesos destructivos de la salud y de la vida.

Una de las implicaciones más importantes de esta comprensión es la desnaturalización de los procesos que marcan y, en suma, matan nuestros cuerpos, lo que no significa negar los procesos fisiopatológicos más moleculares, sino implica situarlos, desnaturalizarlos y relacionarlos con los contextos en los que están insertos. Algo parecido aplica a la discusión sobre el territorio y, en nuestro caso, los territorios de las ciudades latinoamericanas y las ciudades en sí, que son resultado de complejos procesos de configuración, de disputas territoriales explícitas e implícitas, que muchas veces implican, producen y reproducen violencias que asumen diferentes formas. La violencia urbana, por lo tanto, no puede entenderse como algo aislado, excepcional o esporádico, como expresión de desvíos individuales; tampoco es resultado de una suma de factores de riesgo. De igual forma, no podemos comprender sus impactos únicamente en un plano individual o a partir de las lesiones y muertes que causan. Lo que argumentaremos a lo largo de este libro es que la violencia urbana es una expresión o un síntoma de la conflictividad social estructural, que se da en territorios y tiempos específicos, refleja violencias estructuradas y estructurantes de la sociedad que “generan condiciones para la muerte” (Rodríguez Alzueta, 2014, p. 22), expresión de lo que se discutió como una acumulación social de la violencia (Misse, 2010) que ocurre en la ciudad. Pero mucho más que su escenario físico, la ciudad, las dinámicas territoriales y las territorialidades que marcan los espacios urbanos son su eje de articulación, “un vínculo complejo e interrelacionado de la violencia con la ciudad y [de] la ciudad con la violencia” (Schachter, 2014, p. 87). Allí, la fragmentación y polarización urbana se transforma en una referencia central para analizar los procesos saludenfermedad-muerte en las ciudades marcadas por lo que genéricamente se discute como violencia urbana.

Introducción

En el 2019 cerca del 80% de los latinoamericanos vivían en zonas urbanas caracterizadas por una profunda segregación territorial (Koonings y Kruijt, 2007); zonas que exhiben las huellas de la conflictividad social que, a lo largo de la historia, ha marcado a las sociedades latinoamericanas y definido las relaciones de poder. Aunque la heterogeneidad de estas zonas impida hacer grandes generalizaciones y los diferentes países y ciudades reflejen particularidades, en las grandes ciudades latinoamericanas se evidencia un “cierre de espacios de la vida” provocado por procesos de re/desconfiguración territorial y consolidación de ordenamientos o, siguiendo a los geógrafos brasileños Carlos-Walter Porto-Gonçalves y Rogério Haesbaert (2005), “desordenamientos” territoriales del “neoliberalismo realmente existente” (Brenner y Theodore, 2002a; Wacquant, 2012), que implican violencia y producen muerte.

Los (des)ordenamientos territoriales y la imposición de un “sistema social centrado en la búsqueda frenética de la ganancia y productividad de las grandes empresas” (Breilh, 2010a, p. 84), vinculados a emprendimientos tanto legales como ilegales, han configurado un “mal modo de vivir, un modo de vivir injusto, un modo de vivir malsano, culturalmente discriminador, un modo de vivir destructivo para la naturaleza” (p. 97). Tal dinámica ha desencadenado “procesos malsanos” que sistemáticamente cierran “espacios de la vida” en los que se podrían desarrollar materialidades, sociabilidades, relaciones y subjetividades promotoras de la vida, de la salud y del bienestar; espacios urbanos que fueran buenos para vivir y no apenas para sobrevivir.

El cierre de tales espacios de vida en las grandes ciudades latinoamericanas ha sido profundamente marcado por la violencia, que no solo se destaca como una de las principales causas de muerte entre las personas de 15 a 44 años, sino que también ha configurado miedo y desconfianza y determinado las posibilidades y formas de vida en las grandes urbes (Koonings y Kruijt, 2007; Wacquant, 2014a). Schachter (2015) señala en este sentido:

[La violencia] ha impuesto la ruptura de vínculos sociales y personales, reestructurando hábitos familiares, estratificando formas y territorios, cristalizando fronteras materiales y virtuales, dando un nuevo carácter a los históricos conflictos de clase, identitarios, de género y etarios. (p. 76)

La violencia se ha manifestado como motor y diseñador, pero asimismo como marcador de las diferentes calidades y estrategias de (des)ordenamiento del espacio urbano. Esto se refleja en la marcada segregación territorial y en la proliferación de territorios de enclave, que se han descrito como “arquitecturas del miedo” y que corresponden a territorialidades y territorios del miedo que consolidan “ciudades del miedo” o phobopolis1, tal como las denomina el geógrafo brasileño Marcelo Lopes de Souza (2008); así, se forjan procesos de militarización y paramilitarización de lo cotidiano y de la cuestión urbana. El miedo y la sensación de inseguridad son relativos y muchas veces no corresponden a los respectivos niveles de victimización; o, dicho de otra forma, mientras la victimización es profundamente desigual y refleja la conflictividad social de las sociedades, el miedo se distribuye de forma más igualitaria (Briceño-León, 2007a).

Según el Estudio mundial sobre el homicidio en 2019, de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2019), casi medio millón de personas (464000) perdieron la vida por el homicidio en todo el mundo en el 2017. En el mismo año, la tasa de homicidios masculinos, a nivel mundial, fue casi cuatro veces mayor que la de homicidios femeninos (9,9 frente a 2,3 por 100000) y la más alta se registró en las Américas (31,2 por 100000 hombres).

Aunque la población latinoamericana corresponde tan solo al 8% de la población mundial, la región concentra el 37% de los homicidios. En realidad, cuatro países de la región representan un cuarto de todos los homicidios en números absolutos del mundo: Brasil, Colombia, México y Venezuela. De acuerdo con Briceño-León (2012), se diferencian “cuatro grupos de países [en América Latina], desde unos con tasas bajas (Chile, Perú, Argentina, Uruguay) hasta otros con tasas altas (Brasil) y muy altas (Colombia, El Salvador, Venezuela)” (p. 3160).

Pero ni los números absolutos ni las tasas de homicidio hablan del perfil de las víctimas, algo que sí se revela en estudios como el Mapa de la violencia, una publicación anual dirigida por Julio Jacobo Waiselfisz (2012, 2014, 2016). Estos estudios permiten afirmar que, aunque todos los citadinos sufren, de una u otra forma, las consecuencias de la violencia, sus víctimas tienen raza/color de piel, clase social y código postal. La violencia, en particular la violencia homicida, no sucede al azar ni constituye un hecho aislado; en cambio, refleja la conflictividad social, histórica y territorialmente configurada que marca a las sociedades latinoamericanas. Por eso, es necesario reconocer y entrañar en los procesos de determinación social de la violencia urbana y problematizarla.

Las explicaciones enfocadas en la supuesta falta de “cultura ciudadana” de los citadinos latinoamericanos (Mockus et al., 2012), y aquellas enfocadas en el “fracaso del Estado” ante el creciente “desorden” urbano, han cobrado centralidad en los diagnósticos sobre la violencia urbana de las agencias multilaterales y partes de la academia (Moser y McIlwaine, 2006). Asimismo, se ha planteado abordar la violencia urbana como una enfermedad infecciosa que debe ser enfrentada desde lo que se propone como un “abordaje de la salud pública” (Slutkin et al., 2018a). Pero lejos de constituir una apuesta salubrista integradora y comprometida con la promoción del bienestar de la población, reproduce el abordaje de los factores de riesgo individuales y con predominancia comportamentales, que, cuando mucho, representa una corriente de pensamiento dentro del campo de la salud pública.

Asimismo, se han vislumbrado soluciones técnicas e innovaciones en la gobernanza para dar respuesta a los notorios problemas urbanos, en particular la violencia, buscando superar la supuesta ausencia o deficiencia de planeación, la falta de voluntad política de algunos actores, la falta de competencia técnica y lo que ha sido discutido como la “fragilidad urbana”. Se pretende así ganar “resiliencia” y responder a los problemas urbanos, que acaban siendo discutidos de forma bastante abstracta en la medida en que no se explicitan en qué contextos las “instituciones no son capaces o [no están] dispuestas a ejercer sus funciones”, que es lo que Robert Muggah (2016) discute en relación con la fragilidad. En gran parte, estas soluciones e innovaciones acaban revelándose como propuestas que buscan promover la adherencia a las recetas internacionales que se articulan a nociones del “desarrollo urbano”, algo que, en esencia, se corresponde con la inserción competitiva de las ciudades del Sur global en la economía globalizada (Acselrad, 2009a). Asimismo, y aunque diversos estudios apuntaron que la violencia no forma parte de la naturaleza masculina (Wilding, 2014; Taylor et al., 2016a) ni de la naturaleza humana (DeWaal, 2010; Minayo et al., 2017), han persistido abordajes enfocados en el papel del agresor y en su supuesta naturaleza violenta, muchas veces acompañados por narrativas racistas, sexistas, culturalistas y clasistas.

En este sentido, este libro parte del reconocimiento de la necesidad de buscar nuevas formas de abordar e indagar la violencia en ciudades latinoamericanas y busca proponer claves analíticas a partir de la exploración teórica de la articulación entre el corpus teórico de la “determinación social de los procesos salud-enfermedad-muerte”2 y la geografía crítica latinoamericana, así como una revisión crítica de los estudios sobre violencia urbana. Asimismo, el libro se plantea desde una exploración empírica y comparativa a partir del análisis de dos casos de conflicto en las ciudades de Bogotá y Río de Janeiro, que ayudan a ilustrar las formas en las que se manifiesta el “cierre de espacios de la vida” en determinados territorios y la configuración de procesos malsanos que muchas veces implican y producen la muerte y multiplican la violencia (homicida). Nuestra propuesta sigue a Silvio Schachter (2015) en relación con este planteamiento:

La violencia urbana no es producto de una causa natural, desviación moral o legal, es más que el hecho delictivo legalmente tipificado, tampoco es una suma de factores de riesgo, es básicamente una relación social, una forma particular y plural de expresar la conflictividad política y social, que se da en un territorio y en un tiempo específico, explicitando un vínculo complejo e interrelacionado, de la violencia con la ciudad y la ciudad con la violencia. (p. 78)

En particular, proponemos una relectura de la violencia urbana que, en estos términos, esté centrada en comprenderla como “una forma particular y plural de expresar la conflictividad política y social, que se da en un territorio y en un tiempo específico”, como lo propone Schachter (2015) al relacionar la violencia con la ciudad y la ciudad con la violencia. En esta lógica, la violencia urbana es comprendida como un proceso social y fundamentalmente histórico-territorial —como argumentaremos a lo largo de la publicación—. Esto implica que la violencia urbana no es natural de la ciudad, del hombre, del pobre, etc., y debe ser desnaturalizada y contextualizada, es decir, situada en el contexto de la conflictividad histórico-territorial.

Asimismo, proponemos reconocer la violencia urbana como un problema de salud pública no solo porque impacta los indicadores de salud, sino porque configura procesos salud-enfermedad-muerte. Es decir, la violencia urbana es un producto-productor de los procesos salud-enfermedad-muerte en las ciudades latinoamericanas y, de forma más amplia, de la vida en sí, por lo que se hace necesario desentrañar cómo la violencia desencadena procesos destructivos de la salud y de la vida, es decir, cómo se configuran malestares y enfermedad y cómo se impone muerte a partir de ella.

Esta doble comprensión requiere un desplazamiento ontológico, epistemológico y praxiológico. Para este desplazamiento, como hemos dicho, retomamos claves analíticas propuestas desde la Medicina Social y la Salud Colectiva Latinoamericanas acerca de la “determinación social de los procesos salud-enfermedad-muerte”, así como la tríada “territorio-territorialidad-territorialización” que surgió como clave analítica esencial del materialismo histórico-geográfico del Sur y, particularmente, de la geografía crítica latinoamericana, para desnaturalizar y complejizar el fenómeno de la violencia urbana, y para comprender a la muerte violenta como una de las materializaciones más íntimas y perversas del cierre de “espacios de vida” (Breilh, 2003; 2010a) que caracteriza a las ciudades latinoamericanas a raíz del avance de un modelo de sociedad y ciudad marcado por el neoliberalismo realmente existente.

Nuestra apuesta comparativa se debe, en gran parte, al reconocimiento de que el fenómeno de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas corresponde a dinámicas que se configuran de forma relativamente parecida en la región, relacionadas con las formas de inserción en el régimen de producción y acumulación capitalista globalizado y las formas que asume el “neoliberalismo realmente existente”. Asimismo, se relaciona con el patrón de urbanización latinoamericana acelerado y profundamente desigual, con determinadas tendencias en la formación de los Estados-naciones y con la historia de colonización y sus vestigios, que se expresan en la colonialidad del poder (Grosfoguel, 2006; Mignolo, 2007a) y en las intersecciones de clase, raza y género.

En consecuencia, se marcan las estructuras sociales y se define la vivencia de los procesos de dominación, marginalización y exclusión en América Latina (Viveros Vigoya, 2016). No obstante, estas generalidades no pueden ser homogeneizadas al punto de referir a “la” ciudad latinoamericana o “al” problema urbano latinoamericano. Semejante homogeneización no respondería a la complejidad de la región, a las diferentes expresiones que estas generalidades asumen en cada lugar ni respondería a su heterogeneidad dentro y entre los países. Nuestra propuesta implica, pues, analizar las generalidades y particularidades latinoamericanas en la configuración de la violencia urbana y problematizar sus abordajes homogeneizadores. En este sentido, discutiremos la particularidad de coyunturas como los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro y la coyuntura-permanencia del conflicto social armado en Colombia, sin perder de vista las generalidades que articulan a ambas realidades.

No se trata de equiparar las realidades sino de analizarlas desde una lente comparativa que permita identificar permanencias y rupturas, generalidades y particularidades, en función de contribuir a una comprensión más sensible del fenómeno de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas para identificar las diferentes expresiones de un cuadro general o, cuando menos, articulado. Se trata también de desentrañar posibles particularidades del fenómeno en América Latina.

Ante los abordajes dominantes sobre la violencia urbana en ciudades latinoamericanas, y en un intento de señalar algunos de los caminos de indagación que marcarán nuestros análisis, nos preguntamos, por ejemplo: ¿cómo se explica que el 61,9% de los encarcelados en Brasil sean negros?, ¿cómo podemos comprender el aumento dramático de la violencia armada en ciudades latinoamericanas durante los años noventa sin observar la urbanización acelerada y el despojo territorial en áreas rurales?, ¿cómo es posible no ver que los cuerpos sobre los que se impone la muerte violenta y sobre los que se inscribe la violencia en los cotidiano conjugan las opresiones, acumulan las inequidades y, en consecuencia, son lugar de inscripción de las relaciones de poder configuradas a lo largo del tiempo y en espacios concretos?, ¿es posible ignorar que según datos del Instituto de Investigación Económica Aplicada y del Ministerio de Defensa de Colombia, respectivamente, 76% de los homicidios que ocurrieron en Brasil en el año 2014 y 82% de los que ocurrieron en Colombia en el mismo año fueron con armas de fuego, y en ciudades como Cali alcanzaron el 90%?

Estas preguntas nos permiten explorar la configuración histórico-territorial del espacio urbano latinoamericano y de las relaciones que producen y reproducen un determinado estado de violencia en las respectivas ciudades, al igual que explicar el devenir de lo que se manifiesta como “desorden” y asume formas dramáticas de muerte, mal-estar y sufrimiento. La falacia de considerar la violencia urbana como un problema intrínseco de “la ciudad”3 latinoamericana y desvincularlo de las relaciones sociales y de la conflictividad estructural en las sociedades (Angotti, 2013) naturaliza el fenómeno y dirige la indagación y las posibilidades de transformación hacia una supuesta “esencia” violenta en seres humanos y ciudades, que muchas veces no hace nada más que reproducir la violencia4 y, en definitiva, no permite encontrar soluciones a este importante problema social y de salud pública.

Buscaremos, por consiguiente, responder las siguientes preguntas a lo largo de este libro:

• ¿Cómo la violencia urbana en ciudades latinoamericanas refleja la conflictividad social, histórica y territorialmente configurada en la región y en los respectivos contextos nacionales?

• ¿De qué forma podemos entender la violencia urbana como un problema de salud pública?

• ¿De qué forma la violencia urbana es reflejo y motor del “cierre sistemático de espacios de la vida” en ciudades latinoamericanas? ¿Cómo se caracteriza el cierre sistemático de espacios de la vida en los casos de Bogotá y Río de Janeiro?

• ¿Cuáles son las relaciones entre la violencia urbana y los (des)ordenamientos territoriales de la ciudad latinoamericana, y cómo se configuran los procesos malsanos y, en específico, la violencia (homicida) en los territorios que dominan el paisaje urbano latinoamericano?

• ¿Cuáles son las posibilidades y estrategias de resistencia y (re)existencia ante el “cierre sistemático de espacios de la vida” por la imposición de territorialidades que implican y refuerzan violencia y muerte en las ciudades latinoamericanas?

Por último, caben algunas consideraciones sobre el porqué de estas reflexiones. La principal justificación radica en la nocividad del “cierre sistemático de espacios de la vida” que ha marcado a las ciudades latinoamericanas y, en concreto, los territorios del “neoliberalismo realmente existente” (Brenner y Theodore, 2002a), siendo incompatible con el desarrollo de la vida en sí o el “Buen Vivir” en todas sus expresiones. Asimismo, se justifican por la magnitud que tiene la violencia en la región, “los más de 1,6 millones de vidas perdidas cada año e innumerables más dañadas de manera no siempre evidente”, como afirmaba Gro Harlem Brundtland, exdirectora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el momento de la publicación del Informe sobre violencia y salud (OMS, 2003). También se justifican en la medida en que buena parte de la violencia urbana en América Latina está, de una u otra forma, atravesada por la (in)acción del Estado, refleja graves violaciones de derechos humanos y, en este sentido, demanda denuncia.

Estas (in)acciones del Estado —en algunos casos, necropolítico— incluyen las intervenciones militares en áreas urbanas, el financiamiento (indirecto) y la tolerancia de grupos paramilitares, la impunidad y las múltiples expresiones de la violencia estructural en la vivienda, el empleo, la educación y la salud. Por último, se justifican porque representan una aproximación transdisciplinar que se construye a partir de una comprensión ampliada de la salud que permite evidenciar de forma particularmente sensible y tangible las cuestiones que se discuten, en un nivel más abstracto, en relación con la violencia urbana. Esta aproximación busca superar la notoria separación entre las disciplinas que ha contribuido a una comprensión fragmentada del fenómeno de la violencia.

Esta sensibilidad y “tangibilidad” que implica una construcción desde una visión ampliada de la salud y, en específico, de los procesos salud-enfermedad-muerte permite, además, reconocer lo que termina siendo lo más esencial en el debate sobre violencia urbana: las calidades de vida, no en el sentido de lo que uno encuentra en las revistas de bienestar donde se propagan dietas y cambios en los estilos de vida, sino en el sentido mucho más amplio de la calidad o la forma que puede asumir la vida. Asimismo, nos hace repensar horizontes de transformación: ¿es prioritario luchar por el derecho a la ciudad en ciudades donde gran parte de la población se enfrenta a diario con la muerte y se ve obligada a luchar por el derecho a la vida? En este sentido, ¿cómo se relacionan sobrevivir y vivir?

Cabe cerrar esta introducción con una nota aclaratoria sobre la expresión violencia urbana, que tal vez sea la noción más usada en este libro, junto con las de territorio y ciudad. Seguimos a Lopes de Souza (2008) cuando alerta sobre las implicaciones del uso impreciso de la expresión, que relaciona a la despolitización de la problemática y a la desconsideración de la heterogeneidad de violencias y crímenes que se esconden detrás, y que ha llevado a algunos autores a rechazarla y denunciarla como “concepto-obstáculo”. Aunque reconozcamos estos problemas y estemos conscientes de la abstracción que implica usar la expresión, defendemos su uso y retomamos a Lopes de Souza (2008, p. 10) cuando afirma que resulta una expresión valiosa para quienes se concentran en los vínculos entre relaciones sociales y organización espacial —justamente uno de nuestros intereses—. En este sentido, no utilizamos el concepto de la violencia urbana para referirnos a hechos violentos que tienen como locación a la ciudad, sino más bien para hacer alusión a las violencias que se configuran y son configuradas en interacción (explícita e implícita) con el espacio urbano. En este sentido, es sugestivo que las expresiones que más aparecen en esta investigación sean violencia, territorio y ciudad.

El libro se construye en tres capítulos. Un primer capítulo que corresponde a un análisis crítico, donde ofrecemos un panorama de los principales abordajes de la violencia urbana en América Latina y de la discusión acerca de la violencia urbana en la salud pública y sus limitaciones. Un segundo capítulo donde desarrollamos nuestro abordaje en tres partes, que corresponden a los tres elementos constitutivos del abordaje: 1) la determinación social de la salud-enfermedad-muerte articulada por la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana5; 2) una aproximación teórica al concepto de violencia; y 3) un desarrollo de la dimensión histórico-territorial, específicamente abordando las territorialidades y temporalidades de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas. Y, para cerrar, un tercer capítulo en el que aplicamos nuestro abordaje de forma ejemplar a dos casos de conflicto territorial en Bogotá y Río de Janeiro.

En términos metodológicos, la investigación en la cual se basa este libro adoptó un diseño mixto compuesto por revisiones bibliográficas, análisis descriptivos de datos secundarios y un estudio comparativo de casos de conflicto territorial (cfr. Borde y Hernández, 2022). Se desarrolló a partir de entrevistas semiestructuradas con especialistas; 46 entrevistas a personas clave (habitantes de las áreas en conflicto y líderes sociales), 4 grupos focales y una observación no sistemática de campo entre el 2017 y el 2019.

El estudio de los casos se planteó desde una perspectiva comparativa, a partir del reconocimiento del conflicto como materialización específica de un patrón de conflictividad configurado en el espacio-tiempo. De esta forma, la apuesta comparativa del estudio permitió comprender los casos en su “particularidad situada”, es decir, en su particularidad respecto del otro caso y también respecto de la conflictividad que fue condición de su posibilidad, pero no necesariamente se evidencia en el mismo periodo histórico ni en la misma escala. Además, propuso un análisis “paradigmático” en la medida en que los casos fueron referentes de explicación e ilustración de la relectura propuesta de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas como un proceso de determinación social.

La perspectiva comparativa que tuvimos fue del tipo de una aproximación al análisis histórico-comparativo y, en este sentido, opuesta a versiones posmodernas para las que el mundo social no se considera cognoscible. El análisis histórico-comparativo permite examinar similitudes y diferencias entre procesos particulares y aspira a producir explicaciones generales a partir de la desparticularización y abstracción de los casos (Kocka, 2002; Henao-Kaffure, 2018). Los tiempos históricos de Fernand Braudel (1968) son centrales para análisis de este tipo, ya que comprenden las trayectorias históricas como una configuración de continuidades y discontinuidades de tiempos de larga, media y corta duración, y no como una sucesión cronológica o linear del tiempo. En nuestro caso se trató de una aproximación al análisis histórico-comparativo toda vez que, aunque reconocimos las diferentes duraciones del tiempo y buscamos comprender la configuración de los procesos, no hicimos, propiamente, historia de ellos.

Además del análisis histórico-comparativo en el que se basó nuestra propuesta de comparación, nos inspiramos en lo que se conoce como constant comparative method, o método de comparación constante, el cual propone realizar comparaciones constantes para refinar los análisis (Boeije, 2002). Argumenta Tesh (1990) sobre este tipo de análisis:

[Parte del reconocimiento de que] prácticamente todo ejercicio académico compara y contrasta en el marco del análisis: formar categorías, establecer los límites de las categorías, asignar los segmentos de las categorías, resumir el contenido de cada categoría, encontrar evidencia negativa, etc. El objetivo es encontrar similitudes, para refinar el poder discriminatorio de las categorías y descubrir patrones. (p. 96)

Aún sobre las comparaciones, Jennifer Robinson, geógrafa del University College London (UCL), argumenta, en su lúcido artículo titulado Cities in a World of Cities, que toda vez que las ciudades existen en un mundo de ciudades, estas invitan a la adopción de un “gesto comparativo” en teorizaciones sobre lo urbano, un campo que califica como “intrínsecamente comparativo” (Robinson, 2011, p. 1). No obstante, según afirma, los investigadores de las cuestiones urbanas se han mostrado de cierto modo renuentes a embarcarse en ejercicios de ese tipo. En un esfuerzo de hacer explícito lo que implicaría un “gesto comparativo”, Robinson (2011) propone una serie de preguntas que lo resumen y sustenta su defensa de los estudios urbanos comparativos con referencia a lo que Mbembe y Nuttall (2004) han discutido como “embeddedness in multiple elsewhere”, algo así como “arraigados en otros lugares múltiples”, y que refiere a las interconexiones de la globalización: ¿estos procesos son los mismos que he reconocido en la ciudad que estudio?, ¿son parecidos pero por razones diferentes? (Robinson, 2011, p. 1).

La geógrafa delinea una serie de estrategias para la investigación urbana comparativa que resultan importantes para el ejercicio que nosotros proponemos. Ella considera necesario, en primer lugar, rebatir las afirmaciones limitadoras acerca de la inconmensurabilidad entre las ciudades más pobres y las ciudades más ricas. Dichos planteamientos parten de un presupuesto de diferencia absoluta, negando las relaciones histórico-territoriales —que, en un mundo globalizado, son siempre transnacionales— que marcan la configuración de las ciudades. En este sentido, rechaza la idea de que solo deben ser comparados casos más o menos “semejantes”6 o, por el contrario, los casos más disímiles posibles, tal como sugiere (Pickvance, 1986).

Con base en el trabajo desarrollado por Charles Tilly (1984) sobre diferentes formas de investigación comparativa, y la discusión del trabajo de Tilly con referentes urbanos propuesta por Neil Brenner (2001), Robinson (2011) resume, en la tabla 1 que reproducimos, las estrategias comparativas y los supuestos de causalidad en los estudios urbanos.

Tabla 1. Estrategias comparativas y supuestos de causalidad en estudios urbanos

 

Estrategia de comparación / Base para la selección

Causalidad

No se puede comparar

Ninguna

Plural e inconmensurable

Individualización

Implícita Cualquier ciudad Estudios de casos no siempre comparativos o dirigidos hacia la construcción teórica

Histórica y específica

Universalización

Más similar o más diferente

Busca reglas generales (universales)

Abarcadora/encompassing

Inserción en procesos sistémicos; muchas veces asume convergencia como base de la comparación

Procesos universales pero potencialmente diferenciados en su inserción relativa

Hallazgo de variaciones

Más similar: explicar variaciones sistemáticas en contextos semejantes en relación con variables constantes o inconstantes

Universal

Más diferente

La búsqueda por causalidad universal en contextos diferentes con resultados parecidos o Causalidades plurales

Fuente: Robinson (2011; 2016).

Robinson (2011; 2016) también argumenta que la forma de investigación comparativa más común y valiosa en los estudios urbanos es la “individualizadora” (individualizing); esto es, un estudio de caso detallado en que el investigador o la investigadora explican la diferencia a partir de la comparación, implícita o explícita, con otros casos, que pueden confirmar las hipótesis sobre los procesos causales y los resultados de los respectivos estudios de caso. Según explica, muchas veces, en los estudios urbanos, vemos análisis que proponen una comparación con la literatura, o con afirmaciones, teorías u otras experiencias individuales; pero, en línea con los postulados de Lijphart (1971), debemos estar alertas porque esta estrategia comparativa puede llegar a ser poco productiva si no se propone un ejercicio de teorización alternativa o un aprendizaje teórico (theoretical learning), lo que, de cierta forma, corresponde a nuestra apuesta comparativa.

Respecto a las otras formas de investigación comparativa, la autora afirma que muchas veces la “búsqueda de variaciones” (variation-finding) corre el riesgo de establecer relaciones entre variables individuales e, incluso, puede negar la inserción histórica de los procesos. La forma de investigación comparativa que Tilly (1984) reconoce como “abarcadora” (encompassing) muchas veces expone resultados políticos y económicos como “dependientes de la trayectoria” (path dependent), que pueden generar una cierta inflexibilidad interpretativa y analítica, y obscurecer algunas dimensiones emergentes, en especial cuando parten de comprensiones o teorías muy rígidas. No obstante, permite un análisis de las instancias o unidades, aunque sistemáticamente diferenciadas, dentro de un sistema más amplio (Robinson, 2011). Esto último, de cierta forma, se refleja en el ejercicio comparativo que proponemos en esta investigación y se hace explícito en la matriz de comparación.

En este sentido, el estudio comparativo de nuestros dos casos de conflicto territorial resulta ser una estrategia analítica y una estrategia empírica que encaja en la forma de investigación comparativa individualizadora y tiene elementos de la forma abarcadora. De modo introductorio, aplicamos las claves analíticas desarrolladas en los capítulos teóricos y comparamos los casos con las lecturas dominantes y con las claves alternativas propuestas, en un esfuerzo de mejorar el ejercicio de teorización o, más bien, de hacer una rearticulación analítica de la determinación social de la violencia urbana en América Latina. En seguida, proponemos un análisis comparativo sobre cómo se ha expresado el cierre sistemático de espacios de vida y la determinación social o, como argumentaremos más adelante, la determinación histórico-territorial de la violencia urbana en ciudades latinoamericanas en los dos casos.

El conflicto es reconocido como una expresión privilegiada de las dinámicas y relaciones de dominación, marginalización y explotación que marcan la conflictividad estructural y estructurante de nuestras sociedades, pero también de alternativas, resistencias y posibilidades-otras en los espacios-tiempos. Por esto, el conflicto constituye el eje de análisis del estudio comparativo de los casos.

El énfasis en los conflictos, y no solo en el estudio de los casos de conflicto, es tal vez el elemento más característico de nuestra propuesta metodológica, que, lógicamente, tiene implicaciones ontológicas y epistemológicas. Este elemento señala la forma como entendemos y abordamos los objetos de nuestro estudio y el estudio en sí. El reconocimiento de los conflictos implica un posicionamiento en la medida en que pensar una realidad en esta clave obliga también a hacerlo en dialécticas abiertas de procesos instituyentes y en posibilidades de transformación (Porto-Gonçalves, 2006a). Asimismo, el reconocimiento de los conflictos y la conflictividad —ejercicio central para lo que proponemos en este libro— implica un rechazo a la naturalización de los problemas sociales. Esta, como sucede con la violencia homicida, es en sí esencialista y asume formas de culturalismo, biologicismo y psicologismo; pseudoconocimientos que se transforman con facilidad y resultan usados para fines políticos nefastos que vislumbran el exterminio de determinados grupos sociales. El caso de la política de seguridad pública propuesta por el recién elegido gobernador del estado de Río de Janeiro, Wilson Witzel, así como las propuestas e iniciativas del nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, que incluyen la liberación de armas, constituyen ejemplos trágicos de esta relación y serán discutidos con más detalle en el tercer capítulo.

El reconocimiento de los conflictos y la conflictividad también implica un reconocimiento de las resistencias, en la medida en que estos pueden exhibir contradicciones, actores y alternativas. Mientras que en las zonas rurales la fuerza de la naturaleza y de las identidades culturales de las poblaciones tradicionales y campesinas componen la resistencia a las presiones territoriales, en las ciudades las disputas son más diversificadas y hasta fragmentadas (Porto-Gonçalves, 2001, 2012; Betancourt et al., 2013). De ahí que deba adentrarse en lo que Raúl Zibechi (2008a), investigador social uruguayo, denomina “sistematicidad latente de la movilización social en espacios urbanos”. El concepto sitúa la resistencia tanto en la movilización social organizada como en los modos de vida, la “mera” existencia y los intentos de (re)existencia. Esto constituye un reto metodológico y, al tiempo, una apuesta epistemológica, por cuanto se busca visibilizar lo invisible o, en el sentido de James Scott (2000), el “discurso oculto”. Se trata de hacer un reconocimiento de las formas menos explícitas y organizadas de la resistencia, la “infrapolítica de los desposeídos”, en palabras de Scott. Discutimos este asunto en los capítulos 2 y 3.

La metodología de esta investigación está propuesta desde el reconocimiento de la necesidad de superar la contemplación del “drama urbano” y aquella de movernos hacia análisis para abrir caminos de indagación y acción que nos obliguen a salir de la posición del observador neutro, y a posicionarnos, interpelarnos y problematizarnos. Eso deriva en decisiones metodológicas y una praxis-otra de investigación, que podría denominarse “investigación implicada”. La investigación que estamos proponiendo no llega a ser una investigación-acción-participativa (IAP), como fue formulada por el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda (Borda, 2001; Herrera y López, 2014), pero retoma algunos de sus elementos: la problematización de los cánones positivistas sobre la “objetividad” y la “neutralidad” en la ciencia, por ejemplo. Asimismo, y contrario a la “investigación aplicada”, que busca la generación de conocimiento con aplicación directa a los problemas del sector productivo, la “investigación implicada”, como la IAP, se pone al servicio de los grupos subalternizados.

Mientras la IAP entiende la propia investigación como praxis emancipadora, en la medida en que incluye la reelaboración y la socialización de la propia historia de vida como base para la creación de una toma de conciencia colectiva y una transformación de la realidad, nuestra investigación se limita a la generación y rearticulación de conocimiento desde una sensibilidad social y desde las “Epistemologías del Sur”. Estas últimas, en la comprensión de Boaventura de Sousa Santos (Santos, 1995), son epistemologías sistemáticamente silenciadas en el marco del proceso de consolidación del sistema-mundo capitalista/colonial, que apuntan hacia alternativas en los planos ontológico, epistemológico y praxiológico, entre otros, a partir de la superación de dualismos reduccionistas7 y desde la recuperación y del reconocimiento del Sur8 en lo que el sociólogo portugués llama la “sociología de las ausencias”. Este tipo de sociología, que inspira este trabajo de investigación, se concentra en rearticular saberes subalternizados tanto en términos de las narrativas de los habitantes de las áreas en conflicto (analizadas en el capítulo 3), las narrativas silenciadas y las narrativas inscritas en los cuerpos y territorios como en términos de escuelas de pensamiento subalternizadas.

Así, asumimos un abordaje que combina y complementa el materialismo histórico-geográfico del Sur y la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana, que denominamos abordaje histórico-territorial de la determinación social de la violencia urbana. Esto se traduce en un abordaje relacional, contextual y procesual en el que se reconocen los “modos de vida” y la tríada “territorio-territorialidad-territorialización” como principales ejes de análisis. Buscamos hacer conciencia de las sociabilidades, materialidades, subjetividades y relaciones que (re)producen o anulan violencia en determinados grupos sociales y territorios, y de que la lesión y la muerte no solo aparecen en cuerpos de individuos, sino que se manifiestan en colectivos y “sujetos socio-históricos” que enferman y son agredidos y muertos en determinados territorios. Por último, buscamos dar cuenta de la sobreposición de determinados tipos de territorio y territorialidades por apropiación simbólica y material, muchas veces violenta, de tierra y territorio.

Está implicada una comprensión alternativa9 de lo que constituye la salud, la enfermedad y, en consecuencia, la muerte —como será debidamente discutido a lo largo de la tesis—. En su ya clásico artículo “La saludenfermedad como proceso social”, Asa Cristina Laurell (1982) resume muy bien esta comprensión y señala una serie de implicaciones que han venido marcando la agenda de investigación de quienes se inscriben en la tradición de la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana:

La primera tarea, entonces, es demostrar que la enfermedad efectivamente tiene carácter histórico y social. Para esto habría que distinguir dos problemas que subyacen a esta cuestión. Por una parte, tenemos el concepto de salud, que expresa cómo se conceptualiza y define socialmente a determinado fenómeno. Por la otra, se esconde atrás de la palabra “enfermedad” un proceso biológico que se da en la población independientemente de lo que se piensa respecto a él. Habría que comprobar, entonces, el carácter social de ambas. Una segunda tarea de la corriente médico social sería definir el objeto de estudio, que permite profundizar en la comprensión del proceso saludenfermedad. […] El último problema, que se necesita abordar para formular los planteamientos respecto a la enfermedad, se refiere al modo de conceptualizar la causalidad o, mejor dicho, la determinación. Esto resulta necesario porque plantearse el estudio del proceso de salud-enfermedad como un proceso social no se refiere solo a una exploración de su carácter, sino plantea de inmediato el problema de su articulación con otros procesos sociales, lo que nos remite inevitablemente al problema de sus determinaciones. (p. 1)

Asimismo, la investigación doctoral se construye a partir de un reconocimiento de las materialidades que incluyen expresiones territoriales concretas, pero también de lo que Nancy Krieger (2005) llamaría “in-corporaciones” o embodiment en inglés: lo que se vuelve cuerpo, lo que se expresa en fenotipos y genotipos, lo que deviene enfermedad y lo que define cómo y cuándo se presenta la muerte. Esta “materialidad corporal” es la que ha inspirado a los precursores de la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana, y sin duda además a otras escuelas de pensamiento y pensadores, y nos obliga a superar explicaciones que se basan únicamente en los discursos y significados de los fenómenos que estudiamos para abrazar la complejidad material-simbólica-discursiva. Es importante recordar que esto no implica un determinismo ciego y mecanicista. Laurell (1982) hace todavía otra aclaración necesaria:

La mejor forma de comprobar empíricamente el carácter histórico de la enfermedad no está dada por el estudio de su apariencia en los individuos sino en cuanto al proceso que se da en la colectividad humana. Es decir, la naturaleza social de la enfermedad no se verifica en el caso clínico sino en el modo característico de enfermar y morir de los grupos humanos. (p. 2)

En este sentido, el reconocimiento de los procesos salud-enfermedad-vida-muerte como procesos sociales no debe ser confundido con una comprensión unidireccional y determinista. En el caso de la violencia homicida, esto se manifiesta de forma muy clara: la muerte se puede imponer sobre cualquier cuerpo10 y, no obstante, cuando observamos los patrones de distribución, se impone principalmente sobre cuerpos subalternizados y marginalizados11, y en este sentido corresponde a procesos de determinación.

Estos aspectos metodológicos se reflejan en los instrumentos de investigación que utilizamos en el estudio de caso. Las guías de entrevistas fueron construidas para provocar narrativas sobre las vivencias, memorias y relaciones sociales que configuran tales vivencias. Diseñamos instrumentos que nos permitieron comprender diferenciaciones internas y homogeneidades, y trabajamos en un proceso de inclusión progresiva en el trabajo de campo, donde confrontamos las narrativas y las observaciones del trabajo de campo con las teorías y categorías de análisis.

En esta misma lógica, asumimos las entrevistas semiestructuradas como principal técnica de investigación para el trabajo de campo, entendiendo la entrevista como forma privilegiada de interacción social, sujeta a la misma dinámica de relaciones existentes en la sociedad, como plantea Minayo (2010a) en su libro O desafio do conhecimento: “Además de lo hablado, el investigador puede identificar relaciones, prácticas, complicidades, omisiones y embrollos que se encuentran en el cotidiano [traducción libre]” (p. 263). Así, las palabras y los silencios asumen un papel fundamental en la comprensión de los procesos que producen y reproducen la violencia en ciudades latinoamericanas. Esta perspectiva se distancia de la comprensión empirista del lenguaje en que la palabra simplemente describe la realidad, y se acerca a la comprensión que reconoce, en cabeza de pensadores como Habermas, Bourdieu, Bakhtin y Wittgenstein (Minayo, 2010a), el carácter histórico y social de las palabras, sin que ello signifique una abstracción absoluta en la que cualquier posibilidad de objetividad sea negada y todo se vuelva una expresión de la subjetividad histórico-social o incluso del inconsciente.

En una revisión de las contribuciones del análisis de discurso, donde emisor y receptor de las palabras son situados en la estructura social, Minayo (2010a) nos recuerda:

Así como la palabra, el silencio tiene sus condiciones de producción: es al mismo tiempo ambiguo y elocuente. El silencio construido por el opresor es una forma de exclusión; el silencio del oprimido es una forma de resistencia, […] así hay silencios que dicen mucho y discursos que silencian [traducción libre]. (p. 323)

La discusión acerca de las palabras y de los silencios nos remite a la cuestión de la representatividad de un grupo en el discurso de un individuo y, por tanto, al dimensionamiento de la cantidad de entrevistas y grupos focales necesarios para nuestro estudio de caso. En relación con el primer aspecto, asumimos el discurso de un individuo como parcialmente representativo de determinados grupos sociales en la medida en que concebimos el discurso, la palabra y los silencios como productos “imperfectos” de configuraciones histórico-territoriales, culturales y sociales (Minayo, 2010a). “Imperfectos” porque no entendemos este tipo de configuraciones como absolutamente determinantes, sino más bien como marcos de (im)posibilidad. Así, situamos los discursos en sus respectivos contextos y en sus relaciones sociales, pero también, a lo largo de la reflexión, problematizamos su representatividad en un esfuerzo de desprendernos de mecanicismos simplistas y limitadores, lo que corresponde a lo que Minayo (2010a) discute como un abordaje dialéctico-hermenéutico.

Las entrevistas fueron complementadas por grupos focales para captar narrativas colectivas sobre las temáticas en cuestión y a partir del reconocimiento de la capacidad humana de formar opiniones y actitudes en interacción con otros individuos (Minayo, 2010a). Las entrevistas fueron realizadas con un (1) líder social, dos (2) investigadores y tres (3) residentes de las áreas en conflicto, con el propósito de avanzar en la comprensión de los procesos de determinación social de la violencia urbana en las ciudades de Bogotá y Río de Janeiro, y más en concreto, en las áreas de conflicto seleccionadas con anterioridad a partir de una multiplicidad de voces —entre ellas, las voces sistemáticamente silenciadas—. Estas son, en esencia, las voces de “poblaciones y territorios sistemáticamente invisibilizados por una lógica colonial, económica y racista de dominación, en procesos que conjugan esferas simbólicas y epistemológicas” y, diríamos también, materiales/territoriales, “imponiendo tanto límites como potencialidades de transformación [traducción libre]” (Porto et al., 2016, p. 1748). Así, asumimos la participación de los residentes como eje central de la producción de conocimiento de esta investigación doctoral, donde los residentes son concebidos como principales sujetos de conocimiento y analizadas sus experiencias de vida por medio de sus relatos y memorias para desvendar, reordenar y analizar. Afirman Porto et al. (2016) en esta línea:

[Se trata de] un movimiento pendular y dialéctico, por un lado, entre la singularidad del individuo, la comunidad y su lugar y, por otro lado, entre los determinantes y condiciones que marcan el territorio y sus poblaciones, incluyendo la clase social y otros elementos que nos ayudan a comprender las diversas formas de opresión y luchas emancipatorias, que nos permiten ampliar y sensibilizar nuestras miradas [traducción libre]. (p. 1750)

Aunque en esta investigación no se tejió una IAP en su profundidad y complejidad, sobre todo por una cuestión de tiempo, construimos un camino investigativo a partir de una aproximación a lo que fue propuesto por el Laboratorio Territorial de Manguinhos, una iniciativa de algunos investigadores de la Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca (ENSP/FIOCRUZ), como Comunidad Ampliada de Investigación (CAP)12 (Porto et al., 2016). Se trata de un dispositivo para la producción de conocimiento que es a la vez compartido, implicado, contextualizado, reflexivo, sensible y transformador:

Es construido por el encuentro entre investigadores, trabajadores y residentes de los territorios en cuestión, y es concretizado por medio de foros, encuentros, talleres y trabajos de campo que permiten la confrontación y la integración de perspectivas analíticas y el desarrollo de soluciones para problemas socioambientales y de salud en los territorios [traducción libre]. (Porto et al., 2016, p. 1752)

En nuestro caso, este espacio se estableció sobre todo por la organización de grupos focales/encuentros y por la mediación del trabajo de campo por un(a) investigador(a) residente en cada territorio. En consecuencia, tuvo un alcance mucho más limitado que aquel que proponen la IAP (Borda, 2001; Herrera y López, 2014) y la CAP (Porto et al., 2016), pero podemos afirmar que se inspiró en ambos.

Para concluir la discusión de la metodología, caben algunos comentarios sobre el lugar de enunciación. En primer lugar, nos asumimos en plural y escribimos en primera persona plural a partir de un reconocimiento de la construcción colectiva que fundamenta este trabajo. No se trata necesariamente de construcciones colectivas formales, que se reconocen a partir de coautorías en otros trabajos, sino de diálogos, observaciones y aprendizajes que si bien tuvieron ciertos espacios formales —como, por ejemplo, los encuentros de grupos de investigación, seminarios internacionales, encuentros convocados por colectivos y clases en el marco de la formación académica—, son construcciones colectivas que se tejieron a partir de vivencias, palabras y silencios.

En segundo lugar, nos reconocemos en nuestro lugar de enunciación específico y lo asumimos como base de la propuesta metodológica que hemos detallado. Aquí tal vez sea más adecuado asumir la primera persona singular, porque en esencia se trata de trayectorias personales e identidades que ahondaron en una serie de decisiones y sensibilidades metodológicas y marcaron profundamente la forma como construimos esta investigación, las categorías analíticas, los autores y los marcos de interpretación, que si bien siempre se plantean desde la preocupación por la comprensión del fenómeno de la salud, de la enfermedad y de la muerte, transitan entre disciplinas, escuelas de pensamiento y países. La noción del pensamiento diaspórico, acuñado por el sociólogo jamaiquino-inglés Stuart Hall, ofrece un marco interesante para describir este “transitar”, o más que describir, para reconocer en este “transitar” la originalidad de esta investigación (Restrepo, 2014).

La hibridez que ha venido produciendo y reproduciendo mi “transitar” puede ser comprendida como el punto de partida de esta investigación y eventualmente confluye en lo que considero su mayor contribución: las articulaciones (entre países, ciudades, disciplinas, teorías y conceptos, etc.). Más que la hibridez, tal vez es lo que Hall (2003) refiere cuando dice que “en la situación de diáspora las identidades se multiplican” (p. 478); un estado multiplicado y no resumido. Si bien este lugar de enunciación es asumido en la construcción teórica y metodológica de este libro, en realidad es radicalmente confrontado en mi vivencia cotidiana como habitante de ciudades latinoamericanas y, lo que interesa más aquí, en el contexto del trabajo de campo en Bogotá y Río de Janeiro. Así, a pesar de este lugar de enunciación multifacético y por más que me reconozca como kurdo-alemana, berlinesa, inmigrante, emigrante, mujer, mamá, habitante de ciudades latinoamericanas, etc., y la propuesta teórica y metodológica de la investigación se inspira en estas condiciones y, como decía antes, en este “transitar” que ha sido mi vida, en la calle, en el bus y en el mototaxi, soy —más que cualquier otra cosa— una mujer blanca, europea, clase media, relativamente joven. Resulta importante destacar eso no para contestarlo sino para reconocerlo y, en este sentido, también evaluar las (im)posibilidades que esta condición implicó para el trabajo.

El estudio comparativo de casos de conflicto territorial fue realizado en dos áreas céntricas de las ciudades de Río de Janeiro y Bogotá, en el barrio13de la Maré (Río de Janeiro) y el barrio San Bernardo (Bogotá) entre el 2017 y el 2019. La selección de casos de ambas ciudades se justifica por tratarse de dos de las principales ciudades latinoamericanas, tanto en número de habitantes como en su importancia económica, política y social para la región. Asimismo, se justifica por reflejar trazos marcantes del “neoliberalismo realmente existente” en América Latina en sus proyectos urbanísticos de renovación, en su gestión política y en su inserción en el mercado mundial.

Mientras Río de Janeiro ha sido objeto de un gran volumen de investigaciones nacionales e internacionales sobre violencia urbana, Bogotá ha sido más bien negligente en comparación con la prioridad que se le ha dado a Medellín en las investigaciones sobre dicho fenómeno. En este sentido, investigadores colombianos afirman en un artículo sobre violencia homicida y estructuras criminales en Bogotá: “Lo cierto es que el caso de Bogotá no ha sido estudiado con suficiencia y prevalecen una serie de mitos en torno a las causas de la violencia en la ciudad que no han sido adecuadamente sustentados” (Llorente et al., 2002, p. 176).

Los casos de conflicto fueron identificados y seleccionados durante la preparación de la investigación y siguieron tres criterios formales: 1) que estuvieran en curso; 2) que tuvieran lugar en áreas urbanas relativamente céntricas de Bogotá y Río de Janeiro; y 3) que tuvieran una dimensión territorial. El estudio de los casos se planteó a partir del reconocimiento del conflicto como materialización específica de un patrón de conflictividad configurado en el espacio-tiempo. Aunque en un principio se propuso el análisis de conflictos delimitados, vinculados a planes de ordenamiento territorial y con actores bien definidos, nos encontramos con una realidad más confusa: territorios inmersos en diversos conflictos territoriales, en los que los residentes nunca habían escuchado del conflicto que creíamos omnipresente y resultaría artificial aislar un único conflicto. Cabe decir que no nos referimos a cualquier tipo de conflicto interpersonal por territorio, sino a conflictos que manifiestan la confrontación (abierta o encubierta) entre diferentes ordenamientos territoriales.

Ante esta situación, el análisis de los casos se concentró menos en los conflictos específicos y más en las conflictividades que se reflejan en ellos. En otras palabras, y de acuerdo con lo que afirmamos al inicio de esta sección, nos concentramos en entrañar las conflictividades que están implicadas en los (des)ordenamientos territoriales que marcan nuestras áreas en estudio y en avanzar en la comprensión del “cierre de espacios de la vida”, de los procesos protectores y destructores de la salud y de la vida, y de la configuración de la violencia, implicados en estos (des)ordenamientos.

 

1 Deriva de las palabras griegas phóbos (φόβος), que significa ‘miedo’, y polis (πόλις), que significa ‘ciudad’.

2 El corpus teórico de la determinación social de los procesos salud-enfermedad ha sido desarrollado por la Medicina Social y la Salud Colectiva Latinoamericanas desde los años setenta del siglo XX. En relación con la discusión sobre violencia urbana, nos parece útil complementar la referencia a los procesos salud-enfermedad por la referencia a la muerte, que de forma parecida a los procesos salud-enfermedad es mediada por procesos sociales. Esto se revela, por ejemplo, en su momento de imposición y en su calidad.

3 Muchas veces predomina una idea de un único tipo de ciudad latinoamericana que desconoce las diferencias entre las ciudades. Si bien coincidimos en que es necesario entender el fenómeno de la violencia urbana en la generalidad del desarrollo urbano capitalista en el Sur global, defendemos la importancia de análisis (comparados) que logren captar las particularidades en el marco de la generalidad.

4 Esto se refleja, por ejemplo, en la noción popularizada de “Bandido bom é bandido morto” —“Un buen bandido es un bandido muerto”—, que expresa la deshumanización y negación de la humanidad de parcelas de la población consideradas como amenaza. Peschanski y Moraes (2015) profundizan en este aspecto.

5 Decidimos hablar de la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana sin usar abreviaturas como MS-SC para facilitar el flujo de la lectura. Asimismo, cabe decir que decidimos hablar de la Medicina Social y Salud Colectiva Latinoamericana en singular para reflejar la unidad que tiene esta corriente de pensamiento a pesar de sus expresiones variadas (por ejemplo, medicina social, epidemiología crítica y salud colectiva).

6 Al respecto, nos preguntaríamos en qué, exactamente, serían semejantes, siendo que la idea de semejanza puede resultar algo subjetiva.

7 Boaventura de Sousa Santos discute el binarismo simplista capitalismo vs. comunismo, que ha impedido pensar en alternativas al capitalismo. Este argumento es detallado en uno de sus libros más recientes: A gramática do tempo (Santos, 2006a), que retoma un texto originalmente publicado en inglés (Santos, 1995).

8 El Sur como metáfora de exclusión y explotación social en el marco de la consolidación del sistema-mundo capitalista/colonial.

9 En relación con la producción científica dominante en el campo de la salud pública.

10 La economía política de la inseguridad moviliza este recurso y construye narrativas de miedo y amenazas generalizadas. Véase a este respecto: Carrión y Dammert (2009).

11 Esta cuestión está tan difundida que es abordada en el episodio “Sobrevivente” del programa humorístico brasileño Porta dos Fundos, disponible en https://youtu.be/oSzMg8chSJM

12 Sigla de acuerdo con el término en portugués comunidade ampliada de pesquisa(CAP), utilizado por Porto et al. (2016).

13 El “Complexo da Maré”, o solo la “Maré”, fue reconocido oficialmente como un “barrio” de la ciudad de Río de Janeiro por el Decreto 7980 del 12 de agosto de 1988. Existe una discusión acerca de las ventajas y desventajas políticas de ser un “barrio” y no una “favela”, algo que abordaremos más adelante con base en los testimonios de activistas sociales entrevistados en el marco de la investigación.