Volver a las fuentes - Juan Godoy - E-Book

Volver a las fuentes E-Book

Juan Godoy

0,0

Beschreibung

Esta obra, comprometida con nuestra época, rigurosa y profunda conceptualmente, aborda de manera simple cuestiones complejas. Recupera en forma de apuntes los conceptos y la trayectoria de los clásicos del pensamiento nacional: Jauretche, Hernández Arregui, Scalabrini, Cooke, Ugarte o Carpani. Interpela las políticas de la historia y debate la mistificación cultural de nuestro pasado, demostrando que fue realizada por los intelectuales de la oligarquía con la finalidad de justificar los asesinatos a los dirigentes, los robos de bienes y la imposición de un proyecto desigual de país. Demuele prejuicios y derriba zonceras y sentidos comunes instalados. Godoy describe las vidas y los legados de Artigas, la causa americanista de Bolívar o las luchas populares de las montoneras federales y de Felipe Varela contra el unitarismo oligárquico e imperialista. Recupera la trayectoria de figuras ocultadas de la historia sudamericana como Manuel Rodríguez, Alejandro Marín, Rufino Blanco Fombona o César Marcos. Volver a las fuentes retoma y analiza en clave nacional a las figuras constructoras de los dos grandes proyectos políticos y económicos del país: Julio A. Roca y Juan D. Perón. Aborda críticamente el debate sobre el método de elaboración de las ciencias y a partir de revisar textos y polémicas de Carlos Montenegro, Roberto Carri y Oscar Varsavsky, demuestra que las mentadas neutralidad y objetividad científica suelen ser la justificación ideológica de un saber dependiente al servicio de intereses extranjeros. Este excelente trabajo no es un libro sobre el pasado, sino una obra cargada de presente y futuro.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 345

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Sobre este libro

Profetizó Homero Manzi: “hay que optar por hacerse hombre de letras o hacer letras para los hombres”. Este dilema es ideológico, político y existencial e interpela a los intelectuales y artistas y a sus obras. Godoy, siguiendo el mandato ético e histórico de Manzi, de Galasso o de Hernández Arregui, decidió escribir para los pueblos, forjar ideas para la Nación y sembrar sueños para la emancipación de la Patria Grande.

Índice

Sobre este libro

Volver a las fuentes

Prólogo

Agradecimientos y dedicatorias

Introducción

Pensamiento nacional y dependencia

Capítulo 1

Los clásicos

Pensando en clave nacional con Arturo Jauretche

Breve biografía política de un criollo

El ideario nacional de don Arturo

El país semicolonial, la colonización pedagógica y la construcción de zonceras

Pensar en nacional, la posición nacional y su crítica a la izquierda abstracta

El camino del revisionismo histórico

Breves palabras finales

El papel de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional en el pensamiento de Juan José Hernández Arregui

La vieja tela de araña metálica y la soberanía nacional

La emancipación nacional y John William Cooke

La unidad latinoamericana y Manuel Ugarte

Ricardo Carpani, la construcción de un arte nacional, latinoamericano y popular

Capítulo 2

La política de la historia

Revisar la historia para una política nacional

La política de la historia. La falsificación

La política del pasado

La aparición de diferentes corrientes historiográficas

La historia del presente

Relaciones entre el relato histórico y la cultura nacional

José Gervasio Artigas, la revolución y la representación del federalismo, la Patria Grande y los sectores oprimidos

La transformación de Simón Bolívar: su paso de representante de los mantuanos a Libertador de la Patria Grande

El retumbar latinoamericano en la montonera de Felipe Varela

¿El padre de la historia o del país semicolonial?

Un “incómodo” modelo alternativo

Estalla la guerra y el grito de unidad

La historia de la montonera y la revolución de los colorados

Apuntes sobre la revisión de la historia de Julio A. Roca

Juan Perón y los trabajadores organizados en el frente nacional

Capítulo 3

La memoria del “olvido”

Aclaración

Roberto Carri y su crítica al imperialismo y la dependencia

De la sociología del medio pelo a la sociología nacional

Acerca de la polémica entre Carri y Delich

Introducción

De la sociología académica a la sociología colonial

De cómo se curan las zonceras

Cartuchos quemados

Apuntes finales

Objetivismo o cómo esconder el interés bajo los ropajes de la ciencia

La Patria todavía existe

La estirpe federal de un luchador olvidado:

Alejandro Marín

Bolivarianismo vs. liberalismo probritánico

El papel de las inversiones extranjeras en América Latina o la expoliación de Nuestra América en la pluma de Carlos Montenegro

El peronismo de la resistencia

El retumbar del Sapucay de Isidro Velázquez

A modo de conclusión

Bibliografía

Godoy, Juan

Volver a las fuentes : apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional / Juan Godoy. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Punto de Encuentro, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4465-47-4

1. Pensamiento Nacional. 2. Sociología Política. I. Título.

CDD 306.2

© Punto de Encuentro 2018

Av. de Mayo 1110

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina

(54-11) 4382-1630

www.puntoed.com.ar

Corrección de estilo: María Luisa Gómez Sierra

Ilustración de cubierta: mural del Colectivo Carpani

Conversión a ebook: Daniel Maldonado

Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723.

Libro de edición argentina.

No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de la editorial.

Juan Godoy

Volver a las fuentes

Apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional

Solo lo que se piensa con fe nacional es pensamiento verdadero. No cuando solo se piensa lo que dicen los libros y esos libros del país colonial son extranjeros o escritos por argentinos colonizados. (Juan José Hernández Arregui)

El pensamiento colonial en muchos argentinos, es decir, una forma particular de ver el país y el mundo como ciudadanos de segunda clase, es un rasgo de la República emancipada a medias (…) El pensamiento colonial consiste en que no puede concebir una decisión importante adoptada por argentinos al margen de la influencia norteamericana, europea o rusa. (Jorge Abelardo Ramos)

Son las multitudes argentinas las que deciden en última instancia superando lo individual con una agudeza e intuición estupendas. Casi siempre han aventajado a sus gobernantes y quienes no las interroguen a diario, en vano intentarán ganar ascendiente en ella. (Raúl Scalabrini Ortiz)

Cada trabajador debe pensar que su futuro depende de lo que él haga y resuelva. Cuando los millones de obreros del país piensen así, se organicen y se unan, no habrá poder en la tierra que pueda hacer que sean engañados, defraudados y estafados en su voluntad. (Juan Domingo Perón)

Prólogo

El sociólogo Juan Godoy nos convoca en este libro a “volver a las fuentes” y para ello nos acerca “apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional”. Lo celebro con alborozo porque nada más oportuno que este ensayo en los momentos de honda crisis que sufrimos la mayoría de los argentinos y los latinoamericanos.

Para ayudarnos en la dura tarea que emprendemos recurre a los maestros del pensamiento nacional y nos lleva de la mano a encontrarnos con “la clave nacional” en Arturo Jauretche, con “la cultura nacional” que exaltó Juan José Hernández Arregui, con “la vieja tela de araña” del imperialismo que descubrió Raúl Scalabrini Ortiz, con la bandera de la “liberación nacional” que enarboló John William Cooke y el sentido profundamente latinoamericano que pregonó Manuel Ugarte. Los trae del pasado para que nos acompañen en la lucha del presente para forjar el futuro.

En estas páginas, el lector podrá introducirse en la verdadera historia argentina desembarazándose de la fábula mitrista, podrá liberarse de las mentiras de los economistas académicos, podrá recuperar la enjundia de los caudillos, como Gervasio Artigas y Felipe Varela, y se asombrará quizá de la casi desconocida “revolución de los colorados” que se oponían a la masacre de la Guerra de la Triple Alianza que arrasó con el Paraguay. Recorrerá asimismo el camino de la cultura nacional, obturada siempre por los intelectuales extranjerizantes. Valorará el arte de los murales, producto de la pasión creativa de Ricardo Carpani cultivada en el pueblo. Así como recuperará a Isidro Velázquez y su último Sapucay por los pobres y comprenderá cuál es la verdadera ciencia con los aportes de Oscar Varsavsky. Todo ello lo llevará a entender las razones por las cuales Godoy distingue entre nacionalismo (como chauvinismo y rechazo de lo extranjero) y lo nacional, como lo explica Jauretche: “Lo internacional visto por nosotros”, porque los mismos interrogantes que acucian a hombres y mujeres de distintos lugares y distintas épocas provocan distintas respuestas que se dan en cada caso, según las especificidades de tiempo y lugar en que se formulan. “Inventamos o erramos”, decía aquel maestro de Bolívar que tantos argentinos ignoran y que se llamó Simón Rodríguez.

Al llegar a la última página de esta obra, el lector podrá decir, quizá, que se trata de un polémico ensayo sobre nuestra historia que rebate las fábulas del mitrismo oligárquico o las exquisiteces de las clases ricas europeizadas. Y tendrá su parte de razón, pero este ensayo es mucho más, es herramienta fundamental para la emancipación, como lo anticipa el autor en el subtítulo. No va dirigido solamente a saldar cuentas con las mentiras del pasado difundidas por los entregadores de la patria, sino que se convierte en arma de lucha para los combates por venir. Por esta misma razón incluye a pensadores y luchadores latinoamericanos, como Blanco Fombona y Carlos Montenegro —y podríamos sumar muchos más como Martí, Sucre y tantos otros—, que nos ayudan a los grandes cambios hacia la Unión Latinoamericana.

Obra importante la de Godoy. Obra rigurosa y fundamentada. Pero también obra militante, obra para hacer futuro.

Ingrese el lector en este ensayo y saldrá fortalecida su fe para forjar la Nación Latinoamericana libre, unida e igualitaria. Se lo aseguro.

Norberto Galasso

Agradecimientos y dedicatorias

Dio, por compartir los días y las noches,

Dionela Guidi, por aportar innumerables ideas para el trabajo, revisarlo y corregirlo detalladamente;

Norberto Galasso, por honrarme nuevamente prologando este trabajo y por su incansable militancia y aporte a la historia revisionista y el pensamiento nacional-latinoamericano;

Aritz Recalde, por sus aportes y por engalanar el trabajo con sus palabras;

Los compañeros con quienes compartimos los cursos de historia y pensamiento nacional-latinoamericano y otras experiencias, que en intercambios de ideas y charlas aportaron sin dudas a este trabajo (muchas veces sin saberlo), entre ellos Francisco Pestanha, Carla Wainsztok, Elías Quinteros, Esteban Secondi, Miguel Ángel Barrios, Graciela Cohen, Enrique del Percio, Iciar Recalde, Mario Cafiero, Víctor Andreoli, Juan Carlos Jara, Marcelo Ghigliazza, Esteban Brizuela, Germán Ibáñez, Federico Díaz Isenrath, todos los integrantes del programa Malvinas Causa Central y del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA);

Mis viejos y hermanos;

Eva y Guille, que esperamos puedan conocer un mundo mejor;

Las universidades que aportaron a mi formación por las que transito muchos de mis días: Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de Lanús (UNLa), Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM), Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE). En ellas a la educación pública y gratuita;

Carlos Benítez y la editorial Punto de Encuentro por volver a confiar en la edición de un trabajo mío y su aporte a la mejor tradición editorial de nuestro país;

Los compañeros del Colectivo Político Ricardo Carpani que generosamente embellecieron este libro con su obra.

Lucio Aquilanti y la librería Aquilanti-Fernández Blanco que aportaron material inhallable en otras librerías;

Nuestra querida Argentina, parte de una Gran Nación inconclusa, la Patria Grande;

Todos los que lucharon y luchan por una Patria Libre, Justa y Soberana desde las ideas o la acción, en ellos especialmente a nuestros héroes de Malvinas.

Introducción

Pensamiento nacional y dependencia

El libro que usted tiene entre sus manos está pensado para animar a la reflexión, el debate, y ser un humilde aporte a la larga lucha del pueblo argentino, hoy por la segunda y definitiva emancipación. Está escrito en forma sencilla, sin “poses intelectuales” que lo único que hacen es gastar tinta y confundir con la intención de marcar una supuesta distinciónde quien escribe. Nada más alejado de nuestro propósito.

Pretende ser un libro nacional al alcance de todos, de lectura fluida, que lo acompañe en sus ratos libres, en alguna plaza, antes de dormir, los fines de semana, en la pausa diaria, en los locales partidarios, en nuestras aulas, y que mate en mano sirva para el diálogo fraterno en los que apuntamos a la liberación nacional y mejoramiento de la vida del conjunto del pueblo argentino. Busca incitar al despertar de la conciencia nacional-latinoamericana. Al final, usted tendrá la palabra y decidirá si cumplimos con los objetivos mencionados, y seguramente también realizará aportes para el debate.

Asistimos a un avance y penetración cada vez más profunda de los países imperialistas en la vida política, económica y cultural de los países dependientes. Un crecimiento inusitado y descontrolado del sector financiero; una gran presencia de las empresas a lo largo y ancho de todo el globo y el crecimiento enorme de su poder que se mide en miles de millones de dólares; una concentración impresionante de la riqueza en una cada vez más pequeña minoría y la expansión enorme de la pobreza en amplios sectores sociales; la generación de una importante parte de la población mundial sin medios ni recursos para poder sobrevivir y/o tener niveles mínimos de dignidad; deudas cada vez mayores para los pueblos; guerras imperialistas en cualquier rincón del planeta; crimen organizado, enormes represiones y matanzas; el poder enorme de los medios de comunicación concentrados que echan luces y sombras sobre hechos y personajes al mismo tiempo que desfiguran la realidad cotidiana en beneficio de su propio interés: el de las oligarquías locales y el imperialismo. En fin, un sistema de miseria planificada que se erige triunfante, se torna hegemónico y pone en serias dudas la preservación y continuidad del género humano.

Ante este desolador presente, muchas voces, algunas lamentablemente desde el “campo nacional”, aparecen pregonando que como el mundo cambió (con lo que coincidimos), que ya no sirven las categorías del pensamiento nacional ni el nacionalismo popular, las reivindicaciones nacionales, la apuesta al desarrollo industrial, el rompimiento del encadenamiento de la deuda externa, la ruptura de la dependencia; que el imperialismo no existe más, que repasar el pasado nacional en clave revisionista no es científico, como asimismo es “poco serio” el pensamiento surgido en Nuestra América. En síntesis, pregonan que el pensamiento nacional actúa a destiempo, está fuera de moda, y que hay que aggiornarse.

Las academias de nuestro país, sobre todo las tradicionales, hay que decirlo, siguen pensando en términos de civilización y barbarie, y a partir de ese esquema buscan construir un pensamiento que no puede ser otra cosa que un pensamiento enajenado de la realidad nacional. Se construye un pensamiento a contrapelo del país y sus necesidades.

Nosotros consideramos aquí que es al contrario, pues en ese mundo que describimos anteriormente en que al fin y al cabo lo que se pone en duda es la existencia misma de la nación, para avanzar fuertemente sobre los pueblos, es suicida concluir negando el imperialismo, la oligarquía y la necesidad de avanzar en la emancipación nacional. Así, desde nuestra perspectiva, las reivindicaciones nacionales y el levantamiento del nacionalismo popular aparecen como una cuestión central en el enfrentamiento a las potencias imperialistas en la actualidad.

En la historia del territorio que se extiende desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego, una y otra vez se han levantado los pueblos contra la opresión imperialista, y ante el avance de los nacionalismos de los países opresores han encontrado la forma de enfrentarse a ellos por medio del levantamiento de banderas nacionales.

Durante el siglo XX, la Argentina, con el peronismo, aparece como un caso emblemático de una Revolución Nacional que lleva adelante la nacionalización de la estructura económica (hasta entonces en manos británicas), la apropiación de la renta agraria diferencial, que antes era disfrutada sólo por la minoría oligárquica, el desarrollo de las fuerzas productivas y la industria nacional al mismo tiempo que el otorgamiento de un conjunto de derechos sociales y políticos, para lo cual constituyó su “columna vertebral”: el movimiento obrero organizado más importante de su época, organización imprescindible para emprender el camino de la emancipación nacional.

Siguiendo con nuestro país, nuestra historia es similar a la del resto de la Patria Grande. La Argentina en particular ha tenido, luego del fracaso del proyecto de construir una gran nación latinoamericana, una inserción al mundo en forma dependiente, abastecedora de los productos necesarios para el desarrollo de los países centrales, en nuestro caso, claramente, el de Gran Bretaña. De esta forma, nuestra estructura económica se orientó hacia las necesidades extranjeras. El país fue organizado a partir de criterios externos contrapuestos a las necesidades nacionales.

El imperialismo, a lo largo de los años, fue penetrándola, de modo de garantizar el saqueo de nuestra economía, al tiempo que impedir todo germen de desarrollo. Nuestra independencia política no logró ser acompañada por la económica, por lo tanto caímos en un régimen de dominación semicolonial. Nuestra independencia fue sólo de forma, pues en la realidad pasamos a depender de Gran Bretaña, que también desde 1833 logra ocupar (hasta hoy, salvo el interregno lamentablemente breve de 1982) una parte de nuestro territorio, como sabemos, nuestras Islas Malvinas. Este mecanismo de relojería funcionó en forma “aceitada” a lo largo de más de un siglo hasta la Revolución Nacional peronista, como indicamos anteriormente.

No obstante, esta Revolución Nacional queda trunca por el golpe de Estado fuertemente clasista y revanchista de 1955, que no logra destruir profundamente —a pesar de intentarlo con todos los métodos posibles, prohibiciones, decretos, persecuciones, encarcelamientos, fusilamientos, etc.— el movimiento nacional peronista, que vuelve al poder tras 18 años. No obstante, a partir de la última dictadura militar que aplica el terrorismo de Estado más cruento para implantar, finalmente en los años 90, un plan económico de miseria planificada, que apunta a “atrasar” el reloj de la historia y construir una Argentina preperonista. Es el proyecto de “la fusiladora”, aunque profundizado, el que termina aplicándose en nuestro país con el realineamiento como semicolonia yanqui.

Pensamos aquí que si bien en los últimos años se avanzó en la redistribución de la riqueza, en la democratización del acceso a un conjunto de bienes y servicios, la recuperación de varias empresas y la ampliación de derechos, sin desdeñar y ponderar esos avances, destacamos que poco se avanzó sobre la estructura imperialista dependiente de nuestro país y, vale decir, poco avance también en la penetración cultural que se monta sobre esa estructura.

Consideramos entonces que para enfrentar la estructura oligárquico-imperialista que expolia a nuestro pueblo, es menester un volver a las fuentes, una vuelta a los clásicos y no tan clásicos del pensamiento nacional, al revisionismo histórico en clave popular, y a la reivindicación de los patriotas y crítica a los vendepatrias.

En los tiempos del bicentenario de nuestra emancipación local, parte de la lucha por la liberación y unificación de la gran nación latinoamericana, proyecto que se parte en veinte pedazos, es que planteamos esta vuelta a lo nacional. No pensamos que sea un planteo novedoso, varios lo han pensado y realizado a lo largo de todos estos años; nosotros venimos a hacer nuestro aporte en ese sentido y en esa línea. Discutir en estos doscientos años de nuestra independencia las problemáticas nodales aparece como una cuestión insoslayable.

En este sentido, tratamos en este trabajo varios temas centrales de nuestra patria. El pensamiento nacional discute la dependencia, y en esa disputa aparece la necesidad de revisar la historia en clave de los sectores populares, de modo de lograr reconstruir la conciencia nacionalavasallada por las potencias imperiales. La oligarquía aliada al imperialismo procura que no se conforme un pensamiento nacional, al tiempo que construye un relato de nuestro pasado que pretende ser excluyente, y silenciar los hechos y personajes que han discutido la opresión oligárquico-imperialista. Así, nuestras clases dominantes pretenden que no tengamos una conciencia nacional ni una historia propia, como así tampoco luchadores nacionales.

Consideramos en este punto que esas tres cuestiones se revelan fundamentales para la lucha nacional. Es por eso que nuestro trabajo está dividido en cuatro partes que se relacionan entre sí. La primera parte aborda a algunos pensadores nacionales que definimos como “clásicos” del pensamiento nacional. Cabe la aclaración de que el término “clásicos” no implica que no hayan sido o sean silenciados; no obstante, son algunos de los puntales en los que se asienta el pensamiento nacional. Recorremos entonces a estos pensadores (entre otros, abordamos a Arturo Jauretche, Hernández Arregui, Scalabrini Ortiz, Manuel Ugarte, etc.) y sus principales categorías de análisis, de modo de analizar y traer al presente un conjunto de herramientas que nos sirven para pensar el pasado tanto como la actualidad. Es la construcción de un conjunto de categorías pensadas desde y para un país semicolonial como es la Argentina. La conformación de una epistemología propia.

En segundo lugar, hacemos un abordaje del revisionismo histórico en relación con la orientación de una política nacional. Al análisis de la necesidad de revisar nuestro pasado, para qué hacerlo, le sigue el repaso por las corrientes historiográficas, la relación entre la lectura histórica y la sustentación de un proyecto político. A partir de aquí, y con varias de las herramientas que tratamos anteriormente, nos damos a la tarea de revisar algunos personajes y hechos históricos en clave nacional (varios silenciados y/o tergiversados), como Simón Bolívar, Felipe Varela, la “revolución de los colorados”, la relación y el lugar otorgado por Juan Perón a los trabajadores en el movimiento nacional y en la estructura del país, etcétera. A la política de historia diseminada por todo el tejido social por la clase dominante hemos de oponerle el revisionismo histórico con una mirada popular, latinoamericana y antiimperialista.

En la tercera y última parte hacemos un abordaje de lo que se ha denominado como “malditos” en la historiografía argentina; no “malditos”, claro, porque sean personajes malos, sino en tanto son personajes silenciados por el aparato cultural dominante. La cultura oficial los silencia o tergiversa porque son pensadores o luchadores “peligrosos” que ponen en cuestión el orden semicolonial imperante. Así tratamos, entre otras, las figuras de Manuel Rodríguez, Rufino Blanco Fombona, Alejandro Marín, César Marcos, Isidro Velázquez, entre otros. Es rescatar a estas figuras como un acto de revisionismo histórico, resistencia, reivindicación y justicia1.

Estos escritos están redactados con el pulso de la historia presente, fueron hechos a lo largo de los últimos años (varios revisados, actualizados y profundizados), al tiempo que la participación con el pueblo argentino en sus luchas y anhelos. No nos escondemos pues bajo los “ropajes de la ciencia”, y no tenemos miedo en asumir nuestro discurso como político. El pensamiento nacional asume la primacía de la política. Nos alejamos así de la supuesta “neutralidad valorativa” del academicismo tilingo que busca el reconocimiento del aparato cultural y posgrados o estudios en Europa o Estados Unidos, esa intelligentzia de espaldas a las necesidades nacionales y de cara al Atlántico, y nos sumergimos en las corrientes profundas de nuestra patria. Va pues un humilde aporte, esperamos que se lo disfrute y sea útil a los fines enunciados.

1. Cabe la aclaración: hay pensadores que aparecen en el apartado “La memoria del ‘olvido’” y también en otro/s, la cuestión radica en que consideramos pertinente incluir ese texto en el apartado que se ha incluido. Incluso podemos aceptar que todos los personajes tratados aquí son en mayor o menor medida “malditos”. No obstante, hay algunos que, afortunadamente, han tenido cierta repercusión y difusión mayor con respecto a otros, por eso la idea de “los clásicos”, además de que en general han tenido una obra más prolífica con una mayor resonancia. Lo mismo vale para textos que quizá podrían incluirse en uno u otro apartado, las categorías que dividen los capítulos no son claramente excluyentes.

Capítulo 1

Los clásicos

Pensando en clave nacional con Arturo Jauretche

Jauretche es un pensador que se adelantó a su tiempo, y no se hizo un clásico universal porque no era europeo. Formuló una teoría del conocimiento antes que Paulo Freire difundiera su Pedagogía del Oprimido, antes que Franz Fanon hiciera su parte con Los condenados de la tierra, antes que Armand Mattelart y Ariel Dorfman, que Marshall McLuhan y Noam Chomsky le pusieran título a la manufactura de los consensos.Antes que Michael Foucault describiera la socialización por los recursos represivos del Estado, Jauretche ya había definido los mecanismos y la intelligentzia que constituyen la “superestructura cultural del coloniaje. (Arturo Peña Lillo)

En el orden de la cultura y de los valores seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y universidades con la misma profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podrá decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas generaciones argentinas. (Jorge Abelardo Ramos)

Breve biografía política de un criollo

Comenzamos este recorrido, que espero que le sea grato a usted, como entrada, con un texto sencillo sobre un clásico, puntal del pensamiento nacional: Arturo Jauretche. En este escrito, la intención no es establecer novedades acerca del pensamiento del autor, sino presentar sus principales ideas, ya que pensamos que estas ideas son las que sientan las bases, en tanto comienzan cierta sistematización, y es por eso que reaparecen continuamente a lo largo de nuestro trabajo y/o en otros de los pensadores que abordamos aquí.

Así, la idea de este breve apartado, para comenzar a delinear el pensamiento de don Arturo Jauretche, es esbozar algunos aspectos biográficos del pensador haciendo énfasis en su militancia política2, de modo que logremos comprender en forma más acabada sus ideas, y además porque Jauretche fue ante todo un militante político profundamente comprometido con las luchas nacionales que le tocó vivir, expresándose en ellas ya sea por medio de su participación en alguna agrupación política, en la pluma como periodista o como escritor (profundamente nacional), como funcionario, o en la tarea que la hora demandaba, desde cualquiera de estas trincheras pero siempre del lado de la nación… del pueblo.

Nuestro pensador nace con el siglo, en 1901, un 13 de noviembre3 en Lincoln, provincia de Buenos Aires, ese “pago chico” que había sido tierra ranquelina durante largos años. De familia numerosa, hijo de un empleado y una maestra, de joven aparece como una promesa política del conservadurismo, ya que milita en sus filas, y entre 1917 y 1918, cuando ya hacía uno o dos años que las mayorías populares se expresaban en el yrigoyenismo, preside el Comité de la Juventud Conservadora en su pueblo, asumiendo una posición aliadófila en la Primera Guerra Mundial, enfrentando el neutralismo pregonado por Yrigoyen. Por entonces abandona la carrera docente, y prueba suerte con abogacía, de la cual años más tarde se gradúa.

Apoya la Reforma de 19184, y hacia el año 1921 comienza a despertar del sueño conservador. Aquí cumple un rol importante el estudio de la Revolución Mexicana; allí el joven lee acerca de Emiliano Zapata, Pancho Villa y los revolucionarios mexicanos, pero lo fundamental es que observa la importancia del papel de las masas en la historia. Tiempo después abraza la causa yrigoyenista. Homero Manzi, a quien conoce en la Facultad de Derecho, ayuda al joven Jauretche en ese tránsito. Sirva como ejemplo lo que dice Manzi acerca de qué rescatan estos jóvenes del primer movimiento nacional-popular del siglo XX. Cuenta Homero que una vez, visitando a un Yrigoyen ya muy anciano, este les dijo:

Salgo de mi rancho a la edad en que los hombres se jubilan, en que solo se tiene serenidad para esperar la llegada de la muerte, y ello lo hago por mi ley del petróleo, para salvar de garras ajenas y propias los tesoros que Dios desparramó en esta tierra. Alguien deseoso de sorprender… su pensamiento, le preguntó: ¿y la tierra, doctor? Sonrió Yrigoyen con una paternal sonrisa, y le dijo: Amigo mío, del subsuelo al suelo hay un poquito así. (Ford, 1971: 19)

Cuando ocurrió el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, que agrupó a todo el espectro político de derecha a izquierda, Jauretche se encontraba en Mendoza, y no duda en desenfundar el arma para enfrentar a algunos “pitucos” que festejaban la caída del “Peludo”, y gritarles “Viva Hipólito Yrigoyen”. Por este hecho caerá preso (no sería la única vez). Ya en libertad participa de las conspiraciones cívico-militares del yrigoyenismo por la vuelta del “Peludo”. Por ello, en diciembre de 1933 lo encontramos “con las armas en la mano” en la sublevación de Paso de los Libres, que tenía ramificaciones en todo el territorio nacional, y en la que participaban Dellepiane, los hermanos Francisco y Roberto Bosch, Gregorio Pomar, Scalabrini Ortiz (quien actúa desde Buenos Aires), y otro puñado de patriotas. No obstante, el levantamiento fracasa, y son apresados varios de los revolucionarios, entre los que está Arturo Jauretche. Allí escribe un poema: “El paso de los libres, relato gaucho de la última revolución radical”, rescatando la gauchesca del Martín Fierro, y poniendo en la voz de un paisano, Julián Barrientos, el relato del levantamiento5.

Luego de estos hechos, tiempo más tarde, el 29 de junio de 1935, Jauretche es miembro fundador de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), donde participan Manzi, Dellepiane, Scalabrini Ortiz, Amable Gutiérrez Diez, Gabriel del Mazo, entre otros, que vienen a realizar una doble denuncia: por un lado, a los gobiernos entreguistas de la década infame, y por otro, es la primera denuncia profunda y sistemática del accionar del imperialismo británico (el que realmente tenía injerencia en nuestro país). Al mismo tiempo, los forjistas hacen una tarea titánica editando cuadernos, repartiendo volantes, haciendo unas 4 mil conferencias, y más, sin contar prácticamente con recursos económicos, pero sí con una profunda voluntad patriótica y militante. Dicen los forjistas:

Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre (…) el proceso histórico argentino en particular y latinoamericano en general revelan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de su soberanía popular, para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en su penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América.(Declaración FORJA 29/6/35. Jauretche, 1976: 87).

FORJA se desintegra poco tiempo después del 17 de octubre de 1945 (hecho al cual apoya), porque las banderas por las que lucharon durante 10 años en soledad las asume otro movimiento nacional y popular con posibilidades políticas de realización.

Jauretche entonces se integra, como la inmensa mayoría de los forjistas, al peronismo naciente, y lo hace en la provincia de Buenos Aires que gobierna Domingo Mercante, como presidente del Banco de esa provincia. En los años del peronismo Jauretche “se planta” en la defensa del movimiento nacional y popular, y pelea con los adulones porque le hacen mal al proyecto nacional de liberación. Son quienes destruyen, no informan, engañan, no ayudan, bloquean iniciativas, son los que una vez Evita les dijo: “Estos alcahuetes son los que nos van a joder”(Eva Perón, cit. Galasso, 2003: 546).

Luego de que la barbarie oligárquica arrojara bombas sobre la población civil en la Plaza de Mayo, y en septiembre diera un golpe de Estado que deja inconcluso el proceso de la Revolución Nacional peronista, y en junio del año siguiente, como parte del proceso revanchista, fusila a más de una veintena de patriotas, don Arturo (que tiene que exiliarse en Montevideo) está de nuevo en la trinchera, demostrando las falacias del plan económico de Prebisch, con un librito: El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje, luego con Los Profetas del Odio al cual le suma La Yapa, Ejército y política, y poco más tarde con el Manual de Zonceras Argentinas6, Política Nacional y Revisionismo histórico. También luego de la clausura del periódico El Líder funda El 45. Apoya por esos años la candidatura de Frondizi (está por entonces junto con Scalabrini Ortiz en la trinchera desde la revista Qué), pero ante la traición de éste se aleja7, diciendo que Frondizi tenía un problema con la letra “ll”, pues pasó de “un programa para veinte millones de argentinos a un programa para veinte millonarios”. (Galasso, 2011: 382)

Hacia 1962 edita el libro FORJA y la década infame, y más tarde, El medio pelo en la sociedad argentina. Luchador incansable, los últimos años lo encuentran cercano a la llamada “Tendencia”, a las juventudes revolucionarias peronistas (no obstante su oposición al camino de la lucha armada, el cual no creía conveniente en ese momento), dirige la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), vota la fórmula Perón-Perón pero a través de la boleta de la izquierda nacional (la del Frente de Izquierda Popular (FIP) que lidera Jorge Abelardo Ramos), que decía “vote a Perón desde la izquierda”, lo que lo lleva a decir, recordando sus comienzos políticos en el conservadurismo, que: “Al revés de tantos políticos, yo subí al caballo por la derecha y terminé bajándolo por la izquierda”. Este gran pensador argentino, profundamente patriota, se nos fue justamente el día de la patria, el 25 de mayo de 1974. No lo queremos abrumar más con los aspectos biográficos de don Arturo, con lo dicho basta para tener un panorama general de su vida. Dejemos de lado entonces estos, y entremos de lleno a su ideario, que nos sirve hoy para orientarnos en la lucha.

El ideario nacional de don Arturo

El país semicolonial, la colonización pedagógica y la construcción de zonceras

Jauretche ocupa un lugar, podríamos decir privilegiado, en el “panteón de los pensadores nacionales”. Ha tenido en los últimos años, sobre todo en los posteriores al 2001, una constante revalorización, más aún en los ámbitos militantes, aunque también en otros ambientes “culturales”. No obstante, muchas veces su pensamiento es tergiversado, o bien reducido a un par de frases que, aunque interesantes, terminan disminuyendo un pensamiento profundo y complejo en algunos eslóganes que se utilizan no pocas veces fuera de contexto y quitándoles el sentido que les había dado el pensador. El comienzo de la revalorización de Jauretche lo podemos ubicar entonces entre los años 2001-2003 (de todas formas, anteriormente tenemos pensadores que lo rescatan, pero son grandes esfuerzos aislados).

Se revaloriza, pensamos aquí, en parte porque la sociedad argentina se está repensando. Tengamos en cuenta que por esos años se dispara también la venta de libros relacionados con la historia, fundamentalmente nacional (y sobre todo los relatos disonantes con la historiografía nacional). Consideramos que esta importancia que ha recobrado es muy merecida, aunque resaltamos que todavía la revalorización no se expresa en las academias tradicionales, más preocupadas por el último “grito de la moda” del pensamiento europeo y/o norteamericano. De esta forma, este pueblo argentino que se vuelve a pensar, vuelve a los clásicos del pensamiento nacional no como una mera tarea arqueológica, sino porque en ellos encuentra las respuestas necesarias para orientarse en la senda de lo nacional. Valorizamos de esta forma en este escrito la vigencia del pensamiento nacional en general y el de don Arturo en particular.

Desde esta perspectiva, sostenemos que pensar la política nacional del último siglo (sobre todo desde 1930 en adelante) sin realizar una profunda lectura de los pensadores nacionales (en contraposición a los enajenados), como lo fueron Hernández Arregui, Scalabrini Ortiz, John William Cooke, Arturo Jauretche, Juan Perón y tantos otros, es tarea imposible. Pues para que un pueblo se desarrolle como tal es necesario que realice una lectura de su pasado desde el punto de vista de los oprimidos, de los marginados, acallados, silenciados, para así poder abordar el presente en la elaboración de un proyecto común orientado por la utopía. Es necesario escuchar esas voces y esos silencios que están presentes en nuestro continente latinoamericano, al mismo tiempo que criticar las ideas dominantes (de los sectores dominantes) imperantes en nuestros países. Es aquí donde consideramos que don Arturo ha cumplido un papel implacable respecto de estas, una inmensa tarea de descolonización pedagógica.

Nuestro pensador va a impugnar, desde su prosa incisiva, la estructura económica y la superestructura cultural. Respecto a la prosa jauretcheana (la cual tiene una fuerte impronta del precursor de FORJA Manuel Ortiz Pereyra), incisiva, pareciera escrita con el pulso agitado por las circunstancias que exigen las luchas nacionales, una escritura profundamente sentimental, que puede lograrse a su vez porque don Arturo (según nos cuenta René Orsi en1985) no escribía sino que dictaba. Consideramos este punto relevante para la divulgación de sus ideas. Jauretche mismo desde su humildad sostiene en la revista Gente que: “Para mí, los libros son simplemente un medio (…) soy nada más que un divulgador. Creo haber logrado, y a esto atribuyo el relativo éxito de mis libros, hacerme entender (…) he tratado de lograr el arte de decir fácil las cosas difíciles. Generalmente, parece que los escritores se esmeraran en decir difícil las cosas fáciles”.(Jauretche, 2004:181-182)

Decíamos descolonización pedagógica, lo que nos obliga, para poder entender mejor desde donde realiza su crítica, a indagar en la noción de semicolonia y de colonización pedagógica. Jauretche concibe a nuestro país en una situación de semicolonia, parte de una gran nación latinoamericana frustrada, en el sentido en que lo expresó Ramos: “Somos un país porque no pudimos integrar una nación, y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos, aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá”. (Ramos, 1986: 15)

Desde donde está pensando Jauretche es entonces desde la noción de semicolonia, ¿qué quiere decir con esto? Que si bien la Argentina obtuvo su independencia formal al liberarse del yugo español y tiene su himno, su bandera, sus fechas patrias, la situación real, por dependencia del imperialismo (ya sea inglés o yanqui), por penetración de la estructura productiva, etcétera, dista mucho de ser de plena soberanía, por lo cual nuestro país es una suerte de colonia informal, en la cual tiene una importancia fundamental la colonización pedagógica (en detrimento de las armas como en las colonias) que va a asegurar la dominación. Por el contrario, en las colonias la garantía está dada por las armas y por la presencia del invasor extranjero, por lo que es estimulada la creación de una conciencia nacional, a diferencia de lo que sucede en dichas colonias.

En la colonización pedagógica aparece el relato liberal de nuestro pasado, la falsificación de la historia, los medios de comunicación, la enseñanza enciclopedista y/o eurocéntrica, un relato que pondera positivamente a los entregadores de la patria y oculta y/o tergiversa a sus defensores (Ricardo Rojas habla de la “pedagogía de las estatuas”8). Lo expresa así:

La mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro. El hombre de nuestra cultura no ve los fenómenos directamente sino que intenta interpretarlos a través de su reflexión en un espejo ajeno, a diferencia del hombre común, que guiado por su propio sentido práctico, ve el hecho y trata de interpretarlo sin otros elementos que los de su propia realidad. (Jauretche, 2004; 112)

Con respecto a los diarios, radios y la televisión (claro que hoy con mucha más presencia que en la época que describe nuestro autor), Jauretche sostiene que “nada más engañoso que la prensa llamada ‘independiente’”. (Ibídem: 159)Así, califica la libertad de prensa como “libertad de empresa”, libertad de los dueños de los medios de comunicación.

A la vez, esta colonización pedagógica va a dar forma a una intelligentzia conformada por individuos que se autodefinen como intelectuales y que están profundamente penetrados por esa superestructura, que se reduce a la determinación de modos y de un instrumental que opera en su formación y difusión, al tiempo que no permite que se transforme en “inteligencia”, y forme una cultura nacional, vale decir, una conciencia nacional. Sobre la estructura económica dependiente para el saqueo de la misma por parte de las potencias imperialistas se monta el coloniaje cultural. Ambos coloniajes se refuerzan mutuamente. La colonización cultural hace invisible la dependencia, le sirve de apoyo y le permite seguir funcionando. Es por eso que debemos destruir y evitar la colonización cultural. Jorge Enea Spilimbergo afirma al respecto que la actitud de Jauretche era “estrictamente consecuente, a partir del hecho de que la Argentina semicolonial importaba ideologías (como capitales, mercancías, medios de producción), todas las cuales se convertían en factores de dependencia, en cuanto ideologías importadas”.(Spilimbergo, 1985: 68)

Cuenta Jauretche, por esto de la colonización pedagógica, en una suerte de memorias, aunque él no quería que se las llame así, porque memorias las escriben los hombres importantes, también diferenciándose de Victoria Ocampo que, por esos años, estamos hablando ya de la década de 1970, había escrito unas memorias… Bueno, Jauretche llama a estos escritos De memoria, pantalones cortos; es el primer tomo de una obra que quedaría inconclusa por su fallecimiento. En ese texto, Jauretche cuenta que en la escuela sabían más de un río de Asia o del Danubio, que del Salado, que nacía ahí cerca.

Dice también que en el pueblo, que como dijimos se llamaba Lincoln, sabían que era un prócer, pero nada sabían de los gauchos que habitaron la zona, o bien de los ranqueles que también habían estado allí. Lincoln es territorio ranquelino; reflexiona además que:

La escuela no continuaba la vida sino que abría en ella un paréntesis diario. La empiria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su entorno, todo eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico; todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella, aprender no era conocer más y mejor, sino seleccionar conocimientos, distinguiendo entre los que pertenecían a la ‘cultura’ que ella suministraba, y los que venían de un mundo primario que quedaba más allá de la puerta. (Jauretche, 2002: 170)

La colonización pedagógica nos presenta una educación que desprecia el sentido común, intenta obstaculizarlo, pero claro, no hay que perder de vista que ellos proponen una educación desvinculada del mundo real y en ese contexto es lógico que se tenga al sentido común como el peor de los sentidos. Jauretche, en cambio, proclama que el sentido común es el buen sentido y todos lo tenemos pero hay que buscarlo por debajo de la formación cultural a la que nos tienen acostumbrados desde pequeños. Es la búsqueda de lo original, de una “virginidad” en el pensamiento. Es desembarazarse de las enseñanzas del aparato cultural oficial. Descolonizarnos pedagógicamente.

Dicha intelligentzia identificó los valores universales con cultura despreciando toda otra cultura. De ese modo, identificó cultura con civilización, por lo cual se buscó un pensamiento extraviado, no propio, enajenado, que apuntaba a crear Europa en América. No se trató de enriquecer nuestra cultura con otra sino de suplantarla, eliminar una e imponer otra. Pero lo fructífero, creador, en realidad, es asimilar a la cultura nacional los valores universales, y no introducirlos como absolutos, ya que pertenecen a otros tiempos y a otras realidades. Jauretche pone de relevancia la actitud que dicha intelligentzia tiene respecto del hombre: “Considera al hombre una entelequia, una abstracción y no un hombre de carne y hueso que está a nuestro lado (…) sustituyen a ese hombre concreto por una idea: la humanidad, y para ella son sus amores y sus devociones”. (Jauretche, 2004: 79-80)

En esta colonización pedagógica que venimos comentando, adquieren suma importancia las zonceras con la que trabaja don Arturo Jauretche, y nos hace un llamado a liberarnos de ellas. Estas consisten en “principios introducidos en nuestra formación intelectual (y en dosis para adultos) con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la aplicación del buen sentido”. (Jauretche, 2004 [b]: 12) Las hay políticas, culturales, económicas, etcétera. Descubrir las zonceras aparece como un acto de liberación.