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¿Puede una filosofía del siglo XX ser una guía en la actualidad? El pensamiento de Xavier Zubiri (1898-1983) lo es, porque nos presenta la filosofía desde la perspectiva necesaria para el hombre contemporáneo que busca una verdad que no sea postura dogmática sino el camino hacia una investigación sincera. Así, Zubiri construye una nueva metafísica a partir de la lectura de Husserl y Heidegger en la que la realidad y la inteligencia se piensan como congéneres, al tiempo en que examina los problemas fundamentales de la filosofía occidental. Este libro presenta la evolución del pensamiento de Zubiri organizado en dos etapas sucesivas. Una primera más fenomenológica y ontológico-hermenéutica y una segunda metafísica, en la que se aleja de sus predecesores y propone una antropología para el hombre de nuestro tiempo a través de una nueva mirada sobre lo real y la inteligencia. A través de la lectura de los textos zubirianos, Paolo Ponzio nos invita a descubrir los conceptos más importantes de su filosofía: lo real, la verdad, el hombre y la experiencia de Dios.
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Seitenzahl: 281
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Xavier Zubiri
Pensar la actualidad
Edición digital: José Toribio Barba
© 2022, Paolo Ponzio
© 2023, Herder Editorial, S.L., Barcelona
ISBNEPUB: 978-84-254-5026-6
1.ª edición digital, 2023
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)
PRÓLOGO
PREFACIO
INTRODUCCIÓN. DESDE ZUBIRI HASTA ZUBIRI. LAS ETAPAS DEL PENSAMIENTO DE XAVIER ZUBIRI
LA FILOSOFÍA Y SU REALIDAD
La filosofía como problema
Entre ontología y metafísica
Saber científico y saber histórico
LA ESENCIA DE LA REALIDAD
Realidad y esencia
El concepto de esencia
La esencia como momento estructural de lo real
INTELIGENCIA Y REALIDAD
La inteligencia sentiente y su acto primordial
Actualidad y verdad: en el origen de la intelección
El logos sentiente
La verdad dual
En busca de la razón: la intelección del pensar
Libertad y posibilidad: los caracteres de la razón sentiente
Conocimiento y verdad racional
PODER DE LO REAL, LIBERTAD Y DIOS
Dios como realidad-fundamento
El acceso a la realidad-fundamento desde Dios
El acceso desde el ser humano: religación y poder de lo real
Religación: un concepto, una historia personal
El poder de lo real y su conocimiento
Ateísmo y poder de lo real
CONCLUSIÓN
APÉNDICE 1. NOTA BIOGRÁFICA
APÉNDICE 2. BIBLIOGRAFÍA
Ricardo Espinoza Lolas
«¿No será que yo llego a encontrar a los otros en mi vida porque antes los demás se han metido en mi vida?... Me refiero a que los demás, antes de que vengan a mí en mi experiencia o de que yo vaya a ellos, están ya metidos en mi vida. Solo por eso puedo encontrarlos viniendo a mí o yendo yo a ellos».«Tomar cuerpo es un modo de presencialidad y de actualidad física… es constituir mi realidad en co-principio con otros; y en principio de presencialidad actual».
X. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano
El libro de Paolo Ponzio acerca de Zubiri es una necesaria puesta a punto con respecto al gran pensador español en la cual sus grandes conceptos filosóficos se vuelven decisivos para poder barruntar una salida a tanto laberinto nihilista que nos inunda en estos tiempos. Y para nosotros, por tanto, es un libro decisivo dentro de la colección de Rostros de la Filosofía Iberoamericana y el Caribe.
Si entendemos lo real como algo que, de suyo, constituye nuestra propia aprehensión, ya sea en nuestra animalidad, en nuestra piel o en nuestro cuerpo, lo real deja de ser algo etéreo, místico o algún tipo de significante maestro y da pie a algo que nos permite vernos en nuestro propio carácter desfondado por ser libres y, por lo mismo, en nuestra libertad de realizar una vida, la cual solo se realiza con el Otro que llevamos inscrito en esa perforación misma diferencial que nos constituye y mueve. Zubiri, con el pensamiento muy claro, desarrolla esta idea de la siguiente forma: «lo sentido se me presenta como algo que tiene una especie de fuero interno propio: es caliente, es frío, es pesado, etc., de suyo. No se trata de que el contenido sea propio de un sujeto que esté por debajo o por detrás de lo propiamente sentido, sino que de suyo significa que eso que es el contenido de la impresión tiene ese carácter formal propio. Pues bien, este carácter de suyo es lo que llamo realidad. Cada cosa es real, precisa y formalmente por ser de suyo aquello que ella es en impresión. Ser real significa pura y simplemente ser de por sí, ser de suyo aquello que nos presenta en la impresión. El de suyo es, pues, lo que constituye la realidad en cuanto tal».1 Ese «de suyo», eso real o físico que constituye nuestra vida y a nosotros mismos, desde nuestro modo de sentir las cosas, nos permite tener un punto de anclaje para poder vivir en medio del capitalismo actual, porque lo real se nos impone y nos constituye nuestra libertad y, con ello, nuestra apertura más radical; y, por lo mismo, no hay nada totalitario que nos pueda cerrar en lo que somos como seres reales en medio de otras cosas reales y de humanos, esto es, cualquier ideología siempre puede caer porque el carácter real nos abre y así, de alguna forma, vivimos ya en la verdad. Aunque no esté claro del todo en lo que esta consiste, estamos en lo real, y por ello en la verdad, y esa propia apertura libre que sentimos nos da fuerza para poder salir de cualquier laberinto.
Ser animales de realidad, como señala Zubiri a lo largo de su obra, implica, entre otras cosas, ser animales verdaderos, libres, articulados constitutivamente con el Otro y religados a lo real mismo, y de este modo podemos aspirar a un destino mejor para estos tiempos, a veces tan oscuros, pues somos animales que están religados al poder mismo de lo real, donde lo real indica no algo en y por sí mismo, sino que la cosa misma está abierta en ese «de suyo» que sentimos, lo cual hacemos en la propia apertura, esto es, lo sentimos asimismo en su caducidad y finitud. Lo real desde sí mismo no indica nada absoluto, sino solo apertura sentiente y de lo sentido; y en tal contingencia y finitud nos constituimos y así podemos vivir mejor los unos con los Otros. Zubiri lo dice de forma precisa: «Realidad es, ante todo, según venimos diciendo una y otra vez, una formalidad de alteridad de lo aprehendido sentientemente. Y este momento consiste en que lo aprehendido queda en la aprehensión como algo “en propio”, algo “de suyo”. Reidad o realidad es formalidad del “de suyo”».2 Pero ¿qué quiere decir este carácter «de suyo» tan propio de la realidad?3 En castellano alude a algo que se entiende a la primera, pero es difícil traducirlo a otras lenguas, pues se refiere a que lo real es algo sentido (así lo piensan Nietzsche o Deleuze, mientras que la misma Butler dice algo similar) y es sentido como algo Otro radical que desde sí mismo nos constituye (lo cual, de entrada, acaba con todo dualismo en el interior de la realidad, ya que la realidad no es una zona de cosas ni allende ni aquende la aprehensión). Eso real que nos constituye desde nuestro cuerpo, desde nuestras sensaciones, desde nuestro sentir, y que por tanto es intelectivo y no hay dicotomía alguna entre sentir e inteligir en el ser humano, es expresión de la libertad operativa de lo real en nosotros, de una inespecificidad de contenido, pero también apertura formal y constitutiva de todo lo Otro que nos perfora y, a la vez, nos constituye, de entrada, como una trama dinámica del ser humano entre sí y del ser humano con todas las cosas: una trama abierta y nunca cerrada, una lógica del no-todo, a saber: una «melodía dinámica», tal y como lo denomina Zubiri: «El Cosmos no es sino una especie de melodía dinámica que se va haciendo en sus notas».4 Así, con el libro de Ponzio el lector iberoamericano accederá, con claridad, a la filosofía zubiriana, escrita en un castellano formidable y ya por ello digna de estudio; contará con un pensador que se expresa en nuestra lengua, desde la que va esculpiendo sus grandes conceptos, los cuales ofrecen un asidero para fundar nuestra vida en su propia caducidad animal.
El pensamiento de Xavier Zubiri a veces resulta muy mal entendido e interpretado (incluso por los propios españoles), pues su gran riqueza conceptual, que lo sitúa como uno de los pensadores del siglo XX que atesoran más cantidad de conceptos muy ricos en sus desarrollos (realidad, actualidad, religación, inteligencia, sentir, estimulidad, verdad, sociedad, etc.), no es reflexionada con rigor en los temas que nos urgen y que demanda la sociedad en estos tiempos. De hecho, sucede todo lo contrario con muchos de sus comentadores e intérpretes en Iberoamérica (hay lecturas de Zubiri realmente envejecidas y poco dialogantes),5 esto es, sus conceptos son «momificados», como diría Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, y en un primer momento se entienden desde una pobre determinación filosófica a-histórica, ya de modo escolástico, ya de modo fenomenológico, y desconectados del contexto espaciotemporal en el que fueron creados y trabajados. De este modo, nos resulta imposible entenderlos como unos conceptos vivos y orgánicos («centauros», empleando un término mítico) que podrían dar mucho de sí en estos tiempos de penuria y de normalización naturalizada. Paolo Ponzio se hace cargo de ello y nos muestra tales conceptos en su operatividad misma, con la riqueza que eso exige para pensar el presente. El trabajo con lo real es una labor ardua y, a la vez, compleja. Zubiri es como un obrero: trabaja lo real por medio de los conceptos (al igual que Deleuze u otros grandes pensadores) y, dado que estamos en lo real, como señalan Lacan, Žižek, Butler, es menester, por lo mismo, trabajar con conceptos, poco a poco, para poder entender esto de estar sumergido en lo real, porque es ahí donde se desarrolla lo propiamente humano. Zubiri es muy explícito en el prólogo que realiza en 1980 a su Inteligencia sentiente, cuando señala que: «la verdad es que estamos instalados modestamente, pero irrefragablemente, en la realidad. Por esto es necesario hoy más que nunca llevar a cabo el esfuerzo de sumergirnos en lo real en que ya estamos, para arrancar con rigor a su realidad aunque no sean sino algunas pobres esquirlas de su intrínseca inteligibilidad».6 Ese rigor que nos trae «pobres esquirlas de su intrínseca inteligibilidad» se refiere a los conceptos, que Zubiri pule, como lo hacía Spinoza, con sus lentes y, a la vez, con sus conceptos (Zubiri amaba a Spinoza y siempre quiso ser como él tanto en su trabajo como en su libertad).
Un concepto de Zubiri muy estudiado y, a la vez, muy «reificado» (en el sentido de Lukács, esto es, cosificado) es el de «realidad», lo real (con sus múltiples variantes), desde el que más tarde surgirá, por ejemplo, el de «realidad social», un concepto muy importante para dar cuenta de aquello interconectado material y constitutivamente entre los humanos, lo cual, precisamente, se vuelve fundamental en estos tiempos de nuevos fascismos, segregación, racismo y odio al otro, al diferente, o sea, odio a todos. Por eso Zubiri es tan claro cuando, en 1973, comenta el exergo utilizado en el presente prólogo: «¿No será que yo llego a encontrar a los otros en mi vida porque antes los demás se han metido en mi vida?... Me refiero a que los demás, antes de que vengan a mí en mi experiencia o de que yo vaya a ellos, están ya metidos en mi vida. Solo por eso puedo encontrarlos viniendo a mí o yendo yo a ellos».7 El vínculo de lo social es constitutivo de lo humano e incluso anterior al rechazo que un humano puede causar a Otro; dicho rechazo presupone que ese Otro nos constituye, lo cual es así por el carácter mismo de lo real que se desarrolla en ese momento. Esto nos permite poder repensar en la actualidad todas las manifestaciones de odio al Otro que promueven los distintos fascismos contemporáneos. No olvidemos que Zubiri fue maestro y como un «padre» para Ignacio Ellacuría, y que esa impronta resulta muy evidente en el pensador y mártir vasco-salvadoreño.
¿Qué sucede con el modo de hacer filosofía de Zubiri y, como parte de ello, con su gran concepto de «lo real» y varios de sus matices? El filósofo diría que no es un concepto, sino un momento «descriptivo del carácter físico» que articula ni más ni menos tanto lo humano como las cosas, quedando ambos momentos imbricados en eso que llamamos «lo real». Zubiri a veces lo expresa así: «Por esto es por lo que llamo a este momento formalidad. No se trata de un concepto metafísico como en la Edad Media, sino de algo absolutamente distinto, de un momento sentiente de carácter descriptivo».8 Sobre esto se ha escrito mucho, pero hoy en día cabría considerar que lo que Zubiri entiende como «real» se articula, en parte, con el psicoanálisis francés (Lacan), la teoría crítica eslovena (Žižek) y el feminismo queer estadounidense (Butler), porque eso real es lo que permite entender el propio carácter de lo libre que se expresa en la materialidad misma que nos constituye, que constituye todo sin más y que nunca se deja atrapar, lo cual es muy importante en una «logificación» (como diría Zubiri) o en una posible simbolización (Lacan y sus seguidores), mientras que, desde una perspectiva histórica, se puede contemplar en todo el despliegue diacrónico de la vida humana entretejida entre sí. Así Zubiri, como nos muestra Ponzio, cuando realiza el ejercicio mismo de lo filosófico, es un fenomenólogo totalmente diferente a todos los demás, incluso se podría decir que es un fenomenólogo de «izquierda», a saber: su fenomenología no es pura, ni pretende serlo, sino que está atravesada desde dentro por lo material mismo (lo mismo hace Hegel contra Kant y su Crítica de la razón pura: Hegel le contesta, de joven, con la Fenomenología del espíritu y, de adulto, con los tres volúmenes de la Ciencia de la lógica, tratándose en ambos casos de una razón totalmente impura, esto es, material e histórica). Zubiri no es un fenomenólogo al uso, sino un iconoclasta que toma distancia de la fenomenología alemana y de sus dos maestros, Husserl y Heidegger, y se acerca más a la fenomenología francesa de Merleau-Ponty; pero, a la larga, también se diferencia de ella, como le ocurre al mismo Deleuze con su maestro, y se dirige al carácter material del fenómeno, por lo que su fenomenología se denomina «noología», para corregir el idealismo, el conceptualismo, la simbolización misma en que había quedado anclado el fenómeno material en toda su brutalidad material, su carácter físico radical. En eso Zubiri siempre fue un radical nietzscheano, y por ello ha de salir de su ámbito de confort fenomenológico y se abre no solo a lo científico matemático, sino a las ciencias naturales en su conjunto (en especial a la física teórica), a la lingüística estructuralista francesa, a la teología griega y a múltiples ciencias que son muy relevantes en la primera mitad del siglo XX y que luego se afianzan en la segunda mitad (mecánica cuántica, teoría de conjuntos, química molecular, etc.). Ya no se puede hacer simplemente fenomenología a secas, sino que lo material mismo exige que un fenomenólogo trabaje en la cosa material, para lo cual las múltiples ciencias y saberes de la época ofrecen la posibilidad de dar cuenta con su objeto de estudio, esto es, lo real. Un «lo real» que acontece en la misma materialidad de las cosas, una materialidad dinámica, y entre ellas, la cosa real humana se expresa en el movimiento mismo de su historia de unos entretejida con la de otros. Luego, el modo en que Zubiri entiende la filosofía y lo que él hace como filósofo lo llevan radicalmente a lo real. Y no podría ser de otra forma.
Así pues, volvamos con la pregunta fundamental a través de la que Ponzio nos hace reflexionar una y otra vez en su libro: ¿qué es la realidad desde este movimiento mismo de ella y este movimiento abierto e inespecífico en que nosotros mismos como humanos estamos siendo articulados los unos con los otros de manera no-todo en la historia y así pensamos y vivimos? Zubiri, siempre preciso y lacónico (como un personaje del último Shakespeare), señala:
pienso que inteligir consiste formalmente en aprehender lo real como real, y que sentir es aprehender lo real en impresión. Aquí real significa que los caracteres que lo aprehendido tiene en la aprehensión misma los tiene «en propio», «de suyo», y no solo en función, por ejemplo, de una respuesta vital. No se trata de cosa real en la acepción de cosa allende la aprehensión, sino de lo aprehendido mismo en la aprehensión, pero en cuanto está aprehendido como algo que es «en propio». Es lo que llamo formalidad de realidad.9
A lo largo de su vida y de su extensa obra, Zubiri habla de realidad, de lo real, de formalidad, de realidad, de reidad, de actualidad, etc. Se trata de distintos nombres que implican matices o momentos de lo que llamaré simplemente «lo real», y que Zubiri va precisando en la medida en que repiensa lo real en diálogo histórico con la filosofía, las disciplinas y los saberes de su época, así como en su mismo devenir humano a lo largo del siglo XX, tanto biográfico como sociohistórico (un ser humano muy enfermizo nacido en 1898 en Donosti y muerto de cáncer en 1983 en Madrid). Lo más preciso sería entender lo real como una formalidad de realidad y así se evitarían tantos malentendidos con el filósofo español (en especial en otras lenguas), pero se pierde ese rasgo físico que el significante «real» tiene y se traslada la carga semántica de «real» a «formalidad», y eso tampoco es bueno. Y nosotros, los iberoamericanos, sabemos de entrada que lo real es un modo de estar implantado en medio de las cosas y ya con ello hemos salido del laberinto ideológico en el que estamos sumergidos hoy. Estar en lo real es la clave de bóveda de Zubiri y el pensador español se nos muestra como un gigante para estos tiempos.
Barcelona, 18 de noviembre de 2022
1 X. Zubiri, Espacio. Tiempo. Materia, Madrid, Alianza, 2008, p. 153.
2Id., Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, Madrid, Alianza/Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1980, p. 191.
3 R. Espinoza, «Noología y técnica en Zubiri», Ideas y Valores, Vol. 66, 2017, pp. 243-260.
4 X. Zubiri, Espacio. Tiempo. Materia, op. cit., p. 599.
5 Me refiero a esas lecturas de carácter metafísicas y teológicas tanto aristotélicas como escolásticas que por décadas se han realizado de Zubiri en España. Y ahora añadiría también las lecturas fenomenológicas que se volvieron en una nueva escolástica interpretativa de Zubiri. Son lecturas que buscan con afán dar con una estructura trascendental de las cosas y, en ello, en el fondo se puede ver una ideología que no quiere mostrarse al leer a Zubiri. Una ideología bastante clásica y conservadora está detrás de esas lecturas del filósofo español.
6 X. Zubiri, Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, op. cit., p. 15.
7Id., Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica, op. cit., p. 43.
8Id., Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, op. cit., p. 35.
9Ibid., p. 12.
El pensamiento y la obra de Xavier Zubiri (1898-1983) son de una extrema importancia para la filosofía iberoamericana del siglo XX, además de haber posibilitado interesantes debates en la contemporaneidad. El lector debe considerar que cualquiera que se acerque a la obra del filósofo vasco por primera vez tendrá la percepción de encontrar un pensamiento estructurado de modo sistemático, casi una filosofía granítica resistente a cualquier impacto.
En realidad, su mirada filosófica siempre fue un diálogo continuo con los grandes intelectuales de todos los ámbitos del siglo XX: filósofos, físicos, matemáticos, biólogos, filólogos, políticos y teólogos. Sus interlocutores son, por supuesto, filósofos como Husserl, Heidegger y Ortega —entre otros—, pero también científicos de la talla de Albert Einstein, Erwin Schrödinger, Hans Spemann, el filólogo Werner Jaeger o el teólogo Karl Barth.
Es tarea propia de la filosofía ser dialogante y realizar preguntas al tiempo que se sitúa el pensamiento mismo. En Zubiri, estas preguntas tienen valor en el presente, para el ser humano del momento, por las incertidumbres, dudas y creencias que propone.
Así, la primera pregunta con la que queremos empezar este recorrido sobre el pensamiento de Xavier Zubiri —y que tendremos presente en todo el volumen— tiene que ver con uno de los conceptos más interesantes del filósofo vasco: la idea de «actualidad». ¿Qué significa pensar la actualidad?
Actualidad no es, como pensaban los latinos, el carácter de acto de algo. Ser perro en acto es ser la plenitud formal de aquello en que consiste ser perro. Por eso yo llamo más bien actuidad a este carácter. Actualidad, en cambio, no es carácter de algo en acto, sino de algo que es actual; dos cosas muy distintas. Los virus tenían actuidad hace millones de años, pero solo hoy han adquirido una actualidad que antes no tenían. Pero actualidad no es siempre, como en el caso de los virus, algo extrínseco a la actuidad de lo real. Puede ser algo intrínseco a las cosas reales.1
Ingresamos, por primera vez, en el laboratorio del filósofo. Sobre la diferencia entre actuidad y actualidad discurriremos a lo largo del capítulo acerca de la inteligencia sentiente. Ahora tenemos que pararnos en el sentido de actualidad, pues como hemos leído, Zubiri —que no experimentó nada similar a la pandemia de la COVID-19—, a colación de los virus, dice que siempre están con nosotros, si bien en algún momento se hacen presentes en la realidad de una época, en un preciso contexto histórico. El ser actual de algo constituye una pertenencia de la realidad: el ser humano es actual en aquello en lo que se hace presente. Actúa —por utilizar una palabra nueva sugerida por Zubiri— una «presentidad».
Entonces, pensar la actualidad significa pensar lo actual, pensar los conceptos, ideas y temas como pertenecientes a lo real y que esto modifique algo de lo real mismo: toda inteligencia es actualización de lo real. En esto consiste la filosofía que nos propone Xavier Zubiri.
Este es el motivo, también, por el que este libro —que cuenta con una introducción histórica acerca de las etapas del camino filosófico de Zubiri— se organiza según las líneas temáticas del pensamiento zubiriano: (1) la filosofía y su realidad; (2) la esencia de la realidad; (3) inteligencia y realidad; y (4) Dios y el poder de la realidad. En todo este camino la «realidad» siempre será nuestro centro ideal, un punto de ingreso y de profundidad del pensamiento que nos guía para no cometer el error de salir del mundo, de ponernos fuera de la esfera de la realidad. Tenemos que estar en ella no como un esse reale, sino como realitas in essendo.
1 X. Zubiri, Inteligencia sentiente. Inteligencia y realidad, Madrid, Alianza, 1980, p. 13.
La idea de un pensamiento sistemático y casi «granítico» tiene que chocar con la abundante producción filosófica que nos hace ver signos claros y manifiestos del camino progresivo que la filosofía de Zubiri ha cumplido en el curso de los años, y no solo desde un punto de vista conceptual, sino también en la elaboración misma de las temáticas y del «sistema». Ninguna filosofía puede, por otra parte, ponerse fuera de contextos que indican motivos y contenidos.
Para sumergirnos en la impronta filosófica de Zubiri, la mejor manera es comenzar con un texto en el que el filósofo ha realizado el esfuerzo —poco habitual por su parte— de ofrecer un esbozo intelectual autobiográfico. Está claro que algunos de los estudiosos más importantes de su obra —Ignacio Ellacuría, Antonio Pintor-Ramos, Diego Gracia, entre otros— han propuesto, y de alguna manera codificado, una precisa subdivisión de las fases del pensamiento zubiriano, indicando cuatro etapas en el pensamiento del filósofo español: una primera fenomenológica, una segunda ontológica, una tercera metafísica y una cuarta noológica.1
Pero preguntémonos por qué Zubiri propone una versión diferente. ¿Cuál es la mirada que quiere expresar con su texto autobiográfico?
Estamos en 1980. Zubiri tiene más de ochenta años y quiere dejar un breve texto en el que orientar a sus próximos lectores e investigadores acerca de su obra, una guía preciosa para orientarse por dentro y por fuera de su pensamiento individuando las perspectivas históricas que resultan decisivas en la marcha del mismo.
Publicado como Prólogo a la edición inglesa de Naturaleza, historia, Dios (en adelante NHD), reimpreso repetidas veces en sucesivas ediciones en varios idiomas, estas páginas nos revelan la percepción que el filósofo tiene de su pensamiento en el tramo final de su vida.
Para Zubiri, cada etapa del recorrido intelectual es una respuesta a una inspiración común, una respuesta que, en un lapso de tiempo preciso, no coincide con él. La respuesta a una inspiración común, a la que denominará etapa, es «una cualidad de un lapso de aconteceres»,2 una unidad que califica de modo preciso —exhaustivo— el propio trecho característico.
La primera etapa intelectual es identificada en el intervalo que va de 1932 a 1944. Es una etapa caracterizada por la fenomenología, una «filosofía de las cosas». Antes de esta fecha la filosofía «era definida por el lema de la fenomenología husserliana: Zu den Sachen selbst, “A las cosas mismas”».3 La fenomenología asume, así, una importancia decisiva en el panorama cultural de los años treinta del siglo XX, abriendo un nuevo espacio para filosofar contra otras tendencias filosóficas que, a ojos de Zubiri, representaban una mezcla de positivismo, historicismo y pragmatismo.
En su tesis de doctorado, publicada en 1923 con el título Ensayo de una teoría fenomenológica del juicio, Zubiri informa abiertamente de cuáles han sido los dos motores de su tesis: las filosofías de Husserl y de Brentano. Lo que se propone con el Ensayo es contribuir al desarrollo de una filosofía de la objetividad pura, fundada sobre supuestos fenomenológicos. De este punto de vista, resulta claro cuáles son los adversarios culturales del pensamiento zubiriano en esta primera fase de su pensamiento: el idealismo y el subjetivismo moderno, que han interpretado el mundo a partir de sí mismos. El supuesto fundamental de esta fase —que representa el reverso de la visión de la filosofía y de la ciencia antigua— es pensar la esencia de una cosa sin separarla de la existencia. La filosofía antigua ha buscado la existencia de las cosas como realidad en cuanto tal. La filosofía y la ciencia moderna han considerado las cosas en cuanto realidad presente en el yo. Ambos, por tanto, resuelven el problema cognoscente con una explicación de la causación real de las cosas, pero este es precisamente el gran error de todo el pensamiento filosófico occidental. Por lo tanto, frente a una filosofía cosmológica antigua y frente a una filosofía psicologista moderna, es necesario abrir una tercera vía, la vía fenomenológica:
entre lo psicológico y lo cosmológico hay un término medio: lo objetivo. Entre la psicología y la cosmología hay una fenomenología. El edificio del siglo XIX ha sido demolido […]. Este movimiento objetivista es, bajo diferentes denominaciones, el fenómeno característico del pensamiento contemporáneo.4
El hilo conductor de este nuevo horizonte filosófico —como Zubiri mismo declarará en el curso del Ensayo— es la lectura de las Investigaciones lógicas de Edmund Husserl. En esta obra, según el filósofo español, se llega a un objetivismo puro a través de una teoría fenomenológica. La fenomenología constituye el terreno natural anterior e independiente de todo lo que esta sumido en la realidad en cuanto existente. Tanto el realismo antiguo como el psicologismo moderno han sometido el conocimiento de una cosa a partir de su existencia, estableciendo un horizonte filosófico que Zubiri denota como «no puro». El problema filosófico puro, la fenomenología, se preocupa de llegar a la realidad desde su esencia, su ser fenómeno, su objeto. Últimamente, la tarea de la fenomenología no es la de explicar la realidad, sino la de describirla, la de «dar cuenta de algo». Ante todo, la filosofía no tiene una pregunta sobre el porqué de la existencia de una cosa, sino sobre el porqué de su esencia. El conocimiento filosófico es un conocimiento esencial, a diferencia del científico: las cosas se presentan en la conciencia no como realidad, sino como fenómenos. Y esto es tan verdadero que cuando el objeto del filosofar ha estado en la realidad, la filosofía ha sido transformada en epistemología —Erkenntnistheorie—, y cuando, en cambio, el objeto ha estado en el fenómeno, el dato de la conciencia pura, la filosofía ha sido transformada en fenomenología —Phänomenologie.
Es evidente que la inspiración común de esta etapa de la vida intelectual de Zubiri es la filosofía fenomenológica, de matriz objetivista, que tiene en Husserl su interlocutor más importante. La fenomenología husserliana ha tenido el mérito, por una parte, de aprehender el contenido de las cosas y, por otra, de abrir un espacio nuevo al filosofar, contra todo dogmatismo psicologista y cientifista. La gran cuestión que propone entonces la fenomenología se resume en la siguiente pregunta: «¿Qué son las cosas sobre las que se filosofa?».5 Es esta una pregunta muy importante para cada lector en cada época, esto es, ¿cuál es la tarea de la filosofía de nuestro período histórico? ¿Por qué parece importante situar el problema de los temas en los que se filosofa?
Para Zubiri, estas preguntas abren el paso a la cuestión de la estructura entitativa de las cosas —de la realidad profunda—, al interior de una búsqueda que venía denominada, indiferentemente, como metafísica u ontológica:
en esta etapa de mi reflexión filosófica la concreta inspiración común fue ontología o metafísica. Con ello la fenomenología quedó relegada a ser una inspiración pretérita. No se trata de una influencia —por lo demás, inevitable— de la fenomenología sobre mi reflexión, sino de la progresiva constitución de un ámbito filosófico del carácter ontológico o metafísico.6
No es casual que Zubiri hable de la superación de la perspectiva fenomenológica en esta primera etapa de su recorrido intelectual. En el mismo texto de NHD se encuentran, de hecho,escritos que hacen advertir el tránsito desde la fenomenología a una inspiración metafísico-ontológica.
Este trayecto se cumple de manera definitiva en la segunda etapa, y tiene como punto inicial de referencia no la filosofía de Husserl, sino la de Martin Heidegger. Esta etapa parece fundada sobre dos cuestiones que se entrelazan: ¿es lo mismo metafísica y ontología, realidad y ser? Este período, que va de 1928 a 1944, representa un intervalo muy fecundo en el recorrido intelectual de Zubiri. Tras su docencia en la Universidad Central de Madrid como profesor de Historia de la Filosofía, en 1926, cargo que solo duró dos años, siguió un tiempo de estudio en varias disciplinas y en distintas ciudades de Europa central. En Friburgo asistirá a los últimos cursos de Husserl y a los primeros cursos de Heidegger; en Múnich encontrará a quien sería el sucesor de Heisenberg en la dirección del Instituto de Física Teórica, Arnold Sommerfeld; en Berlín se relacionará con Einstein, Planck y Heisenberg y seguirá las lecciones de física de Schrödinger, las del biólogo Spemann y las del filólogo Jaeger.
Pero es sobre todo en Friburgo, al profundizar en la filosofía husserliana, donde se cumple el cambio estructural del programa filosófico de Zubiri. Se da cuenta de que el arco intelectual alcanzado por Husserl restringía el objeto de la filosofía a las objetividades conscientes, y así se volvía imposible el conocimiento de la estructura entitativa de las cosas. El encuentro con la filosofía heideggeriana, sobre todo con la lectura de Ser y tiempo y con los cursos frecuentados en el período de Friburgo, constituye una respuesta al deseo zubiriano de llegar a la verdadera «esencia» de las cosas. Zubiri abandona el programa filosófico de descripción de los objetos conscientes para sustituirlo por una búsqueda acerca de la estructura entitativa de las cosas como verdad de lo real, o, en términos heideggerianos, una búsqueda sobre el sentido de las cosas: la filosofía como búsqueda del fundamento de la realidad.
Se acentúa, así, esa marcha que desembocará en una nueva inspiración que a Zubiri lo conduce del momento fenomenológico a la «etapa ontológico-metafísica». Lo que resulta claro del filósofo español es la provisionalidad de la solución heideggeriana al problema de lo real. La ontología de Heidegger conquista un nuevo camino del filosofar a través de dos puntos temáticos que Zubiri parece privilegiar: el tema de la historicidad y, sobre todo, el tema de la verdad.7
Uno de los méritos que Zubiri adscribe de modo persistente a la filosofía heideggeriana no es tanto haber puesto de nuevo de relevancia el problema del ser —tan antiguo como la ontología misma—, como haber reconsiderado la cuestión ontológica del ser humano, haber considerado el ser desde su compresión. Esta es una conquista que Zubiri comentará en Sobre la esencia haciendo una gran exposición del pensamiento de Heidegger:
Heidegger sitúa el problema del estar en la línea de la compresión. […] Si Heidegger se contentara con decir que hay una compresión del ser y tratara de explicarla en su irreductible originalidad, no habría la menor objeción de principio que oponer. Pero esto no prejuzga nada acerca del ser mismo. Lo que con ello se habría logrado sería no una Ontología, sino una Teoría del conocimiento ontológico, para así decirlo.8
De este modo queda claro el intento zubiriano: juzgar muy positivamente la teoría del conocimiento heideggeriana a diferencia de la idea de ontología que Zubiri define parcial y unilateralmente. Por otra parte, y como veremos en capítulos sucesivos, el análisis zubiriano de la inteligencia puede fácilmente ser puesto en una línea de continuidad que, partiendo de la conciencia de matriz husserliana, pasa por la comprensión heideggeriana para llegar luego a la idea de la aprehensión primordial de la realidad propia de Zubiri.
El filósofo español no deja de lado la posición del Dasein
