Y decidí... - Carmita Prieto - E-Book

Y decidí... E-Book

Carmita Prieto

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Beschreibung

Si en alguna ocasión has pensado «esto no me puede estar pasando a mí, ¿hasta cuándo voy a sufrir esta sensación de frustración y rabia?», déjame decirte que esos momentos pueden ser puntos de inflexión en tu vida, los que te empujen a salir de la incómoda zona de comodidad y a comenzar a crear las experiencias que muy dentro de ti quieres vivir. Yo he vivido muchos de esos momentos. Unas veces pensé que no tenía escapatoria, me sentí víctima de las circunstancias; otras, tomé decisiones desde la ira, la soledad o el miedo. Sin embargo, con la ayuda de guías para el crecimiento holístico y con un poco de guía divina, pude cambiar la actitud y ver con claridad lo que quería para mí y para mi vida, y tomar acción intencional para alcanzar eso que deseaba. ¿Y sabes qué ocurrió? Que cada vez que decidí tomar acción para cambiar, mis circunstancias cambiaron. Así he ido creando una vida plena. Al compartir con total honestidad mis experiencias, mis reflexiones y mis recursos de aprendizaje, lo que quiero es invitarte a que te veas desde otra percepción, a que realices el trabajo interior que te ayudará a salir de esa incómoda zona de confort en la que te sientes infeliz y comiences a crear las experiencias que quieres vivir. Tú eres el CEO y el Gerente General de tu vida, eres quien toma las decisiones para crear lo que tanto anhelas vivir.

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Seitenzahl: 176

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Y DECIDÍ...

Y DECIDÍ...

Una Historia de Amor, Perseverancia y Transformación

CARMITA PRIETO

TÍTULO: Y decidí...Una historia de Amor, Perseverancia y Transformación

AUTORA: Carmita Prieto©

COMPOSICIÓN: HakaBooks - Optima cuerpo 12

DISEÑO PORTADA: Óscar Colmenares©

FOTOGRAFÍAS: Vanessa Català©

EDICIÓN Y CORRECCIÓN: Eva Ramírez Miras - Tu voz en mi pluma

1º EDICIÓN: julio 2022

ISBN: 978-84-18575-93-8

HAKABOOKS

08201 Sabadell - Barcelona

+34 680 457 788

www.hakabooks.com

[email protected]

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Todos los derechos reservados.

AGRADECIMIENTOS

Hay tantas personas a las que agradecer, tantas que han dejado una huella en mí, que han dado un cincelado o pulido el diamante que soy y que sigue embelleciéndose cada día.

Comenzaré por el principio, agradeciendo a Dios por mi vida, y a aquellos que, proviniendo de varias razas, dejaron una huella en mi ADN. A mis padres y mis dos abuelas, por las enseñanzas, el amor y las exigencias, que fueron definiendo mi concepto de mí y de la vida, y que a ratos me ha tocado desaprender para ir aprendiendo a ser yo y ver la vida a través de mis ojos.

Agradezco a mi hija, Anahí, por enseñarme a amar y ser el motor que me llevó a ser mejor cada día y que aún es fuente de amor para mí, ahora multiplicado con la presencia de mis dos nietos. También a otras hijas que la vida me ha dado, como mi sobrina Leslye; Rocelia, una de mis mentees, y un par de clientas que siguen prendidas en mi corazón a pesar del tiempo.

Agradezco a los distintos personajes que han aparecido en la historia de mi vida y que fueron dándole forma y brillo a quien soy hoy; aunque a veces fuese doloroso, lo agradezco infinitamente.

Agradezco el proceso de escritura de este libro, que me permitió descubrir y sanar heridas que estaban escondidas, y tener una nueva perspectiva de mi historia y de mi vida.

Agradezco a mi mentor, Adrián G. Cottin B., que al pedirme una biografía que hablase de mis orígenes y de por qué soy quien soy y hago lo que hago me impulsó a hacer realidad un sueño que había acariciado por unas dos décadas. A María Gabriela Gaby Franco, que con su programa de escritura me ayudó a darle forma a la línea del tiempo, convertirla primero en escaleta y luego en el libro que tienes en tus manos; y a Eva Ramírez y su equipo de Tu Voz en Mi Pluma, que transformaron el manuscrito en libro.

Agradezco a mi prima María Francia Arteaga y a Sonia Pirona, por ayudarme a mejorar la gramática y la ortografía del borrador, y ponerle vida a lo que parecía un informe técnico más que una biografía.

Agradezco a Pier Santema, mi esposo, quien me mostró que al amarme a mí misma incondicionalmente aparecería quien me amase de la misma forma; un compañero maravilloso y un apoyo incondicional en todo lo que se me ocurre crear.

Agradezco estar viva y tener la oportunidad de compartir mis vivencias y que al decidir, al empoderarme, pude ver las cosas desde otra perspectiva y comenzar a crear la vida que deseo vivir. El proceso no termina, sigo evolucionando y agradeciendo cada día de mi vida.

PRÓLOGO

Carmita Prieto, una escritora valiente que desenreda los hilos de su mundo a la mirada de quien la lee. Empezando por su infancia, hace una madeja perfecta para poder tejer lo que fue y sigue siendo su vida —un constante decidir, a través de una mirada interior, sanando, creciendo—; y al final nos presenta un gran tejido con hilos dorados.

Me encuentro con un escrito lleno de profundo amor hacia los procesos de la vida personal de la autora, revisados desde la mirada madura de quien ha vivido muchos años; un recordatorio de que nunca es tarde para decidir en la vida y plantearse nuevos escenarios.

Un hermoso homenaje de la vida misma, bien vivida, incluidos todos los procesos de crecimiento, que nos hacen inspirarnos para superar los nuestros. Incluye un magnífico resumen de ideas de superación que, aunque no son limitantes ni por ningún motivo escrito como autoayuda, nos permite entender cómo la autora supera sus retos como ser humano y de alguna manera nos inspira a buscar, mirar, «decidir» caminar con los ojos y la mente abiertos, para encontrar nuestros caminos perfectos de decisión.

Nunca un título de libro tuvo tanto sentido para mí.

Me siento especialmente afortunada por ser de las primeras personas en leer este maravilloso libro.

Gracias, Carmita, por tan hermoso regalo a la humanidad, porque creo que cada uno que lo lea disfrutará de una lectura fluida, cautivante y con matices de realidad y surrealismo, como la vida misma a veces se nos presenta.

Gracias por tu honestidad al escribir, que tanta falta nos hace en la vida.

Mi admiración para ti.

Gabriela Franco B.

INTRODUCCIÓN

Soy exitosa, soy una mujer ordinaria y valiente. He enfrentado los problemas con la determinación de resolverlos y recién ahora he comenzado a aceptar que mi valor no está en lo que hago ni en la cantidad de dinero que produzco o gano, sino en mi ser, en mi esencia, en los dones que me hacen única.

Desde hace más de dos décadas había estado acariciando la idea de escribir un libro que recopilara mis vivencias en el camino de encontrarme a mí misma, limpiar mi casa mental de creencias limitantes y sanar las heridas que algunas experiencias de vida me han dejado.

Lo que originalmente fue un ejercicio de escribir algo de mi semblanza, de mis orígenes y los tránsitos que me han configurado para ser quien soy, para cumplir con una exigencia de mi formación como facilitadora de aprendizaje acelerado y que quizás les permitiría a mis nietos conocerme un poco más se convirtió en el compromiso de escribir este libro que tienes en tus manos en este momento, gracias a la confianza hermosamente dada y recibida de algunas personas que piensan que mi vida es inspiradora.

Rememorar el pasado y escribirlo no solo definió el objetivo del libro, sino que me ofreció una nueva perspectiva de mi vida. Fue un proceso vivo de atar cabos que no parecían relacionarse, de reconocer que tenía heridas sin sanar que incluso no había descubierto, y de comenzar el trabajo interior de reconciliarme conmigo y con mi historia.

Soy venezolana, país caribeño de América del Sur conquistado por la corona española, que importó la colonización, el patriarcado y el capitalismo a la región, y que desde entonces ha marcado a sus pobladores, incluso a mí y quizás a ti también, a través de conceptos básicos sobre la belleza, las aspiraciones, el valor propio, entre otros, en función del color de la piel, la textura del cabello, el género, las creencias espirituales y la productividad (definida en artículos o dinero). Siendo mujer y descendiente de blanco, negro y amerindio no pude evitar ver cómo esto ha impactado mi vida. Este tema me tomó por sorpresa y aún estoy en el proceso de definir mi verdadera identidad.

Este no es un libro de autoayuda, solo quiero ofrecer otra perspectiva a quienes se sienten atrapados por el sistema, llámese economía, matrimonio, desempleo o empleo agobiante, falta de valoración de lo que hacen personal o profesionalmente, etcétera. Porque de mis vivencias aprendí que siempre la decisión acertada o errada estuvo en mi mano y que he sido perfectamente tallada para transformarme en el diamante que soy ahora, y que sigue en evolución.

Tú también tienes el poder de crear y recrear tu vida. Puedes empezar a reconocer la joya en la que tus experiencias de vida te están transformando. Espero que las reflexiones y las historias que comparto contigo te ayuden a lograrlo.

El doctor Wayne Dyer1dice que al cambiar la forma en la que ves las cosas estas cambian. Con estas reflexiones quiero apoyarte para que comiences a ver las circunstancias desde otro ángulo, para que retomes la agencia de tu vida. Ya que, aunque suene redundante, para obtener resultados diferentes, tienes que hacer cosas diferentes o hacerlas de forma diferente.

Mis historias se van entrelazando con las lecciones que me dejaron, con lo que era «obvio» y no quise o no supe ver o escuchar. Con el paso de los años me di cuenta de que pude haberme evitado muchas de las vicisitudes que pasé si hubiese escuchado mi voz interior o, incluso, la voz de mi madre; por esto quiero invitarte a que subas el volumen de tu voz interior.

El libro está escrito siguiendo un cierto orden cronológico de mi vida, aunque los capítulos a veces se entrelazan con otros anteriores o posteriores. Ya sabes, la vida no es lineal. Al final de cada capítulo comparto mis reflexiones sobre cómo las experiencias de esa época de mi vida fueron tallando el diamante para convertirlo en la joya que soy hoy y que se embellece con cada experiencia, además de algunos ejercicios o propuestas que pueden ayudarte en tu proceso personal de crecimiento. En el último capítulo comparto los desafíos que enfrenté durante los meses en los que escribí el manuscrito, que no sé si fueron detonados por esas heridas sin sanar que había dentro de mí o si solo ocurrieron por pura casualidad.

Aunque originalmente lo llamé Mi vida en revisión, al leerlo me di cuenta de que la palabra decidí se repetía una y otra vez a lo largo del libro y que estaba asociada al proceso de tomar acciones para lograr lo que deseaba. Es decir, el decidir me empoderaba para hacer lo que fuese necesario para alcanzar mi meta, es como si me diera el empuje para hacer realidad la visión de lo que quería alcanzar.

Dicen que una visión sin acción es solo un sueño. Decidir hacerla realidad me dio la determinación para planear cómo llegaría y realizar las acciones para llegar a la meta. Te invito a definir la visión de lo que quieres para ti y para tu vida, y decidir comenzar a tomar acción intencional para crearla. Tú eres el Creador, eres el CEO y el Gerente General de tu vida; si no la creas a tu gusto, entonces ¿quién lo hará?

1 El doctor Wayne Dyer (10 de mayo de 1940 - 29 de agosto de 2015) fue un escritor y orador en las áreas del desarrollo personal y el crecimiento espiritual, reconocido a nivel internacional. Publicó más de 40 libros, incluidos 21 bestsellers de The New York Times.

1

COMENCEMOS POR EL PRINCIPIO: DE DÓNDE VENGO

La sociedad y las historias familiares nos modelan

Para empezar a desvelarte quién soy creo que lo mejor es ir al origen de donde vengo. Como tú, soy el resultado de una mezcla interesante de migraciones e historias.

Los orígenes son importantes porque, por un lado, están integrados a nuestro ADN y, por otro, modelan nuestros valores y creencias sobre nosotros, sobre nuestra valía y nuestra belleza, sobre la vida, el amor, los otros, Dios, el trabajo, el éxito. Es conveniente desentrañarlos para identificar nuestro valor individual, soltar creencias que nos invalidan y quedarnos con las que nos fortalecen, nos hacen únicos y nos ayudan a crear una vida con sentido, con propósito.

Nací en Venezuela, un país tropical al norte de América del Sur que ha sido colonizado varias veces. La primera, por los españoles, quienes a su vez fueron colonizados por los árabes, que ocuparon España por cerca de setecientos años, y estos a su vez por otros, y así desde el comienzo de nuestra civilización patriarcal guerrera. Y te preguntarás por qué traigo este tema a colación. Lo hago porque ahora sé que no importa tu nacionalidad, tu origen, tu género, tu religión, tu profesión, tu actividad económica, si eres del país que colonizó o del colonizado, si eres capitalista o comunista: todos hemos sido moldeados por filosofías dominantes de pueblos elegidos y pueblos subyugados, patriarcados superiores y matriarcados inferiores, por los que tienen a un Dios salvador contra quienes no lo tienen. En fin: unos contra otros, concentrados en las diferencias.

El sistema en el que vivimos y actuamos ha distorsionado la forma como nos vemos a nosotros y a la vida, creando, estimulando y reforzando una serie de patrones y conductas sociales que son y han sido dañinos para la sociedad como un todo. Una muestra de ello son los modelos de belleza que usamos para valorar la nuestra (en mi caso, me comparaba con parámetros que poco tenían que ver con mis rasgos). La belleza es y está en cada uno de nosotros, seamos caucásicos, africanos, asiáticos, amerindios o mestizos.

En Venezuela somos muy diversos físicamente por la mezcla de migraciones antes, durante y después de los procesos de colonización; sin embargo, por el aprendizaje cultural, al mirarnos en el espejo nuestra mente tiende a compararnos con la belleza caucásica: nariz perfilada, boca carnosa y en forma de corazón, cabellos lisos, piel blanca… Como resultado, podemos creer que somos feos o poco atractivos, y nuestra familia, los maestros, los amigos o las figuras influyentes pueden también creer que nuestras facciones, cabellos o formas no son bonitos, reforzando nuestra creencia cultural. Al menos esa es parte de mi historia.

Algo similar ocurre con lo que creemos que valemos de acuerdo con el sexo, el color de piel, la profesión, la productividad, etcétera, que también han sido definidos por siglos de colonización, patriarcado y capitalismo. Yo, en particular, enfrenté claramente discriminación por género en más de una ocasión.

Quizás es hora de escrudiñar lo que hemos aprendido sobre nosotros, nuestro valor como personas y cómo relacionarnos con los demás, para quedarnos con el ser único y maravilloso que somos cada uno, para comprender que nuestro aporte a la sociedad es clave para crear un mundo mejor.

Es muy poca la información que poseo acerca de quienes estuvieron antes que yo, incluso desconozco el nombre de mi abuelo materno. Mis padres tuvieron ambos una niñez particular. Mi mamá fue hija de una madre soltera analfabeta, con mucha valentía y coraje; mientras que mi papá quedó huérfano a los nueve años.

Antecedentes históricos

Lo que hoy conocemos como Iberoamérica es un grupo de regiones que una vez fueron colonizadas por los países europeos, utilizando su poderío militar y religioso como armas de dominación y adoctrinamiento, cuyo resultado es el proceso de colonización, transculturización y mezcla de al menos tres linajes.

¿Quiénes colonizaron Iberoamérica?

Cuenta la historia que en 1492 los marineros que acompañaron a Cristóbal Colón en su primer viaje en busca de una nueva ruta hacia la India, que los llevó a un continente desconocido para Europa, fueron presos comunes. Esto le permitía a la corona española resolver dos problemas a la vez: proveer tripulación para la aventura de Colón y deshacerse de un problema en sus cárceles.

¿Quiénes fueron estos hombres? En su mayoría eran individuos sin educación, quebrados moralmente por sus circunstancias de vida, quizás sin ninguna otra visión de futuro más que la de sobrevivir. Posteriormente, al enterarse de las riquezas que el continente americano tenía, los viajeros fueron hombres ambiciosos, muchas veces sin escrúpulos, como es el caso de Ambrosio Alfinger, fundador de la ciudad donde nací y llamado «Cruel entre los crueles». Estos hombres se embarcaron en la aventura de conquistar lo que llamaron «el nuevo mundo» en busca de riquezas y reconocimiento, a costa de lo que fuera.

¿Quiénes fueron los colonizados?

Los amerindios, habitantes originarios del norte, centro y sur de América. Sociedades con gran conocimiento de arquitectura, ingeniería, agricultura, astronomía, con una visión cosmogónica del universo, que, según su ubicación geográfica, tenían mayor o menor acceso a riquezas naturales tales como oro, plata, esmeraldas y perlas. Muchos de estos pueblos eran pacíficos; mientras que otros, como los de la etnia caribe, eran duchos guerreros.

El tercer componente

Los colonizadores, en su deseo de extraer al máximo las riquezas minerales y agrícolas del nuevo mundo, decidieron importar esclavos africanos. Hombres y mujeres con una visión cosmogónica del universo vendidos por sus coterráneos a los europeos para su explotación. La esclavitud era una práctica comercial común en aquella época que en cierta forma se mantiene hoy, aunque con metodologías diferentes.

Al igual que los amerindios, los africanos fueron vistos por los europeos como seres carentes de alma y, por lo tanto, inferiores al ser humano, a quienes había que adoctrinar a como diera lugar y cuyos conocimientos, visión del mundo y cultura debían ser exterminados por completo.

Mi herencia paterna

Mi papá fue el menor de siete hermanos nacidos del matrimonio de mis abuelos. Mi abuelo era negro, como indica su apellido, que viene de preto (negro en portugués); mientras que la abuela era descendiente de españoles, de tez clara, cabellos lisos y ojos grises. Conocí a una de sus primas, que, por la única foto que he visto de mi abuela, se parecía mucho a ella.

De mis bisabuelos solo sé cómo se llamó la mamá de mi abuela, cuyo nombre también llevó mi abuela, de manera que las tres, bisabuela, abuela y yo, fuimos nombradas igual.

Alguien una vez me contó que a Venezuela llegaron desde Portugal tres hermanos Prieto, uno se fue hacia el oriente, otro hacia los llanos occidentales y el tercero hacia el occidente. Puede que esto sea cierto, ya que alguien, que presumo descendiente del Prieto de oriente, lanzó su candidatura a la presidencia del país y las fotografías mostraban tal semblanza con mi papá que mi hermanita menor creía que el hombre en las vallas publicitarias era papá.

Mi abuelo era bastante mayor que mi abuela y tenía una salud delicada, era supermetódico y nada lo hacía apresurarse. Una anécdota al respecto cuenta que una noche la abuela se despertó con dolores de parto y le pidió que fuese a buscar a la comadrona, y él le respondió preguntándole si podía esperar hasta la mañana siguiente.

Un buen día tuvo una trombosis y murió un año después, dejando a mi abuela con siete hijos. Presa del dolor, la tristeza y quizás también temerosa de no poder salir adelante sola, dejó de consumir alimentos y un buen día murió de inanición. Mi papá tenía nueve años en ese momento. A partir de allí, una prima de mi abuela se encargó de la protección de mi papá. Llegado el momento y tal como era la usanza, su padrino le dio una carrera al inscribirlo en la Escuela de la Marina Mercante. Aunque no le gustaba el agua, papá trabajó como marino hasta que nació el tercero de nosotros, cuando pasó a trabajar en el Lago de Maracaibo casi hasta que se jubiló.

Para papá, esa prima fue como su madre, siempre cuidó de ella, y para nosotros fue nuestra abuela. Como ella no tuvo hijos biológicos, papá fue su hijo amado, y nosotros, sus nietos consentidos. Hay muchas historias en la familia sobre su carácter fuerte, incluso cuentan cuando un día entró un ladrón a su casa y ella le dio tal paliza que los vecinos tuvieron que quitárselo para que no lo fuera a medio matar.

Aunque ausente con frecuencia por su trabajo, papá fue un hombre amoroso, nos mimaba tanto como podía. Solo una vez lo vi castigar a mis hermanos porque hicieron algo terrible: sin decir nada se fueron a «pescar» a una quebrada que estaba cerca de la casa y mi papá los buscó por todo el vecindario sin encontrarlos. Cuando al fin aparecieron, él, preso de un ataque de pánico, les pegó, jadeando y temblando del miedo que había sentido.

Mi papá adoraba a mi mamá, y si él regresaba a la casa y ella no estaba, se ponía como un león enjaulado, caminando una y otra vez hacia la entrada, esperando a que ella regresara. La gran debilidad de mi papá fue no saber decir no. Prefería evitar confrontaciones a defender su punto de vista, de manera que cuando mamá decía algo, eso se hacía, aunque él no estuviese de acuerdo. Quizás porque tampoco me gustan las confrontaciones, he dicho sí muchas veces cuando en el fondo de mi corazón quería decir no. Poco a poco he entendido que puedo decidir decir sí o no y no pasa nada, que cuanto más honesta conmigo soy, más digna puedo ser con los demás desde mi integridad y autenticidad. Al principio asusta, piensas que vas a perder el amor de los demás al decir no, pero no es así; al contrario, ganas el respeto de ti y de los demás.

Otra debilidad de papá eran los dulces. Al final de las comidas siempre tomaba postre, si no había uno, se comería una cucharadita de mermelada. Ese gusto por los postres lo heredé: si luego de la comida no tomo postre, siento que no he terminado de comer, por lo que en casa por lo general tenemos tres o cuatro postres para elegir. Y como tengo ciertas limitaciones alimentarias, usualmente son hechos por mí, lo que me ha llevado a experimentar con recetas y crear mi versión de algunas de ellas y otras de mi autoría.