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A 200 años de la independencia de España, la mayor parte de los guatemaltecos todavía no tienen claros los elementos clave que constituyen la base de su guatemalidad, es decir, de su pertenencia a un país que, por coincidencias históricas y quizás también por azares del destino llegó a llamarse Guatemala. Existen múltiples causas que explican esta situación, pero sin duda la más importante es la falta de un Estado interesado en que todos sus ciudadanos, procedentes de cuatro pueblos distintos, conozcan su complejo pasado para comprender su difícil presente. Para conmemorar el Bicentenario, en esta publicación las autoras quisimos ir más allá de los hechos y circunstancias que afrontaba Guatemala a principios del siglo XIX. Este libro aspira a resolver preguntas como: ¿Por qué nuestro territorio fue parte de uno de los seis lugares del mundo en donde por primera vez surgió la civilización? ¿De dónde nacen nombres y categorías como maya, Guatemala y ladino? ¿Qué información recientemente publicada puede cambiar nuestra perspectiva sobre la invasión y conquista que realizaron españoles e indígenas mesoamericanos en el actual territorio guatemalteco? ¿En qué forma podemos valorar y comprender textos reconocidos mundialmente como obras maestras, como el Popol Wuj y el Memorial de Sololá? ¿Cuáles son los datos que nos permiten entender mejor la Independencia de Guatemala, así como sus efectos en los hechos históricos posteriores durante los siglos XIX y XX? ¿Es posible alcanzar una concordia ciudadana luego del sangriento Conflicto Armado Interno? Y finalmente, en medio de la profunda crisis que vivimos desde el 2020, ¿qué logros importantes alcanzados recientemente por guatemaltecos nos permiten conmemorar nuestro Bicentenario? Esperamos que nuestro aporte sea uno de los peldaños para que la anécdota de la quema de cohetillos en el atardecer de aquel 15 de septiembre de 1821, así como los acostumbrados 21 cañonazos a las seis de la tarde, sean sustituidos por un estallido de ideas y sobre todo de acciones concretas para que todos los guatemaltecos alcancemos una vida digna.
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Seitenzahl: 431
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Cuidado de la edición
Daniel Esteban Caciá
Matilde Ivic
Miriam Ramírez de Gálvez
Diseño de interiores
José Javier Pinto Gaitán
Diseño de portada
Raúl González y Matilde Ivic
Coordinación gráfica
Michelle Orozco
Gerente de producción editorial
Daniel Caciá
Dirección
Irene Piedrasanta
ISBN: 978-9929-562-52-3
© 2021 Matilde Ivic
© 2021 Miriam Ramírez de Gálvez
© 2021Editorial Piedrasanta
5.acalle 7-55 zona 1
Guatemala C. A.
PBX. 2422-7676
5966-2271
Explicación de la portada
El fondo negro alude al momento de la creación de un mundo nuevo, como aparece relatado en el Popol Wuj. En la sección superior se observa el Trono 1 de Piedras Negras, del 692 d.C. El gobernante K’inich Yo’nal Ahk III y otro miembro de su familia conversan sobre cómo era todo en el pasado. Debajo se encuentra la escena de la ba-talla de la conquista española en Quauhtemallá en 1526, que forma parte del Lienzo de Tlaxcala, en la versión de Alfredo Chavero. En la parte inferior del libro aparece la pintura alegórica de la firma de la Independencia de Guatemala en 1821 de Rafael Beltranena. Le sigue una fo-tografía del paro general del 27 de agosto de 2015.
Créditos de ilustraciones
Las autoras agradecen a:
Lionel Toriello, expresidente de la Fundación para la Cultura y el Desarrollo, por su amable permiso para la reproducción de algunas imágenes. Tomás Barrientos Quezada y Horacio Cabezas Carcache, por las fotogra-fias proporcionadas. Raúl González, por la creación de distintas reprografías y diseño de portada.
CIRMA
Interiores: Colección sobre el Ferrocarril Interoceánico de Guatemala, 1880-1908 (p. 156); Retrato de oficial de alto ran-go aparece de pie frente a una silla con espada en la mano. La Antigua Guatemala, 1900–1950. (p. 159); Templo Minerva, la Antigua Guatemala, 1900-1950. (p.161); Mujeres entre los es-combros, 1917-1918. (p. 162); Fila de Militares haciendo valla frente al Palacio Nacional durante la Revolución del 20 de octu-bre. Guatemala, 1944 (p. 167); General Javier Arana, Guillermo Toriello y Jacobo Arbenz Guzmán, Triunvirato de la Revolución del 20 de octubre de 1944, en el Palacio Nacional, también apa-rece Enrique Muñoz Meany Guatemala, 1944. (p. 168); Murales de Carlos Mérida en la entrada del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) Ciudad de Guatemala, 1950–1975. (p. 175); Palacio Arzobispal con bandera comunista. Guatemala, 1950. (p. 183); Archivo de la Misión de Verficiación de las Naciones Unidas en Guatemala -MINUGUA-, 1996-2004. (p. 184); Mujer caminando en una calle, 1917-1918. (p. 210); Carroza ale-górica durante la celebración del primer centenario de la in-dependencia de los países centroamericanos. Aparece Clara Matheu Durán como Reina de la Independencia. La Antigua Guatemala, 15 de septiembre de 1921. (p. 212).
www.piedrasanta.com
EditorialPiedraSanta
@editorialpiedrasanta
ÍNDICE
1
Pág. 10
¡Mucho más que geografía!
Capítulo
3
Pág.42
Mitos y realidades de la conquista de Guatemala: más allá de Tonatiw y Tekum
Capítulo
5
PáG. 76
¿Qué sabiduría encontramos en el Popol Wuj
y en el Memorial de Sololá?
Capítulo
2
Pág. 24
Origen y usos del término maya
Capítulo
4
Pág. 66
De Quauhtemallan a Guatemala
Capítulo
6
Pág. 96
¿Por qué ladinos no y mestizos sí?
Capítulo
7
9
11
8
10
12
Pág. 146
Pág. 120
Realidades de la Independencia de Guatemala
Cien años de gobiernos conservadores y liberales: 1840 a 1944
Pág. 186
Más frijoles y menos fusiles: el Conflicto
Armado Interno de 36 años
Pág.132
Y tuvimos República
Pág. 170
¿Por qué coincidimos en la Revolución de Octubre,
pero nos separamos con la caída de Arbenz?
Pág. 200
¿Por qué no estamos como soñamos?
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
La publicación de este libro se logró gracias a la colaboración de varios actores. En primer lugar, deseamos agradecer a la Editorial Piedrasanta y en especial a su directora, magíster Irene Piedrasanta, por creer y apoyar esta publica-ción. Editorial Piedrasanta cuenta con un sólido prestigio de muchos años en Guatemala y se di-rige especialmente a la formación de estudian-tes y ciudadanos, coincidiendo de esta manera con nuestra meta principal. Esperamos haber cumplido con sus expectativas.
Agradecemos también a la doctora Beth Rubin, ocupante de la cátedra de Teoría de la Educación, Política y Administración de la Universidad de Rutgers, por valorar tan positi-vamente nuestro trabajo en el prólogo que es-cribió para el libro y por aportar fondos desti-nados a esta publicación, a la organización de las actividades para promoverlo y para com-prar ejemplares que serán donados a insti-tuciones educativas y académicas. Durante nuestra Maestría en Docencia Superior en la Universidad del Valle de Guatemala, fuimos sus estudiantes en el curso de Investigación Cualitativa y compartimos datos sobre los pro-blemas que afrontan los guatemaltecos en su formación como ciudadanos.
También recibimos fondos de una donante anó-nima, quien a pesar que su familia se vio afec-tada por la Reforma Agraria, luego de leer el ca-pítulo sobre este tema pudo constatar que pre-sentamos ambas caras de la moneda y por ello decidió a apoyarnos.
Asimismo, agradecemos a la Universidad del Valle de Guatemala por financiar durante seis meses la compilación de los datos que aparecen en los seis primeros capítulos. En especial deseamos agradecer al doctor Tomás Barrientos Quezada, director del departamento de Arqueología y del Centro de Investigaciones Arqueológicas y
Antropológicas de dicha universidad, por fa-cilitar el acceso a los libros de la Colección Edwin M. Shook y de la Colección Marion Popenoe de Hatch. Tomás revisó y editó los pri-meros seis capítulos y es coautor del segundo.
Muchas gracias también a los doctores Jorge Luján y Cristina Zilbermann de Luján1por la revisión y corrección de los capítulos 1 al 11. Siempre es un privilegio seguir aprendiendo de ellos. No obstante, la responsabilidad de los contenidos es completamente nuestra.
Respecto a las fotografías, agradecemos la generosidad del licenciado Horacio Cabezas Carcache por compartir fotografías de retra-tos del siglo XIX, que están incluidas en el capítulo sobre ladinos y mestizos. También agradecemos a los licenciados José Monzón Sierra, Daniel Núñez Robles, Lupita Dardón, Juan Vidal Luis y Raúl González por sus exce-lentes fotografías, que ilustran nuestros ca-pítulos. Raúl también es el artista responsa-ble de las reprografías y del diseño de la por-tada de nuestro libro. Asimismo, gracias al magíster Ramón Zamora de elPeriódico, por proveernos sin costo alguno fotografías de las manifestaciones multitudinarias del año 2015 contra el gobierno de Otto Pérez Molina y Rossana Baldetti, en especial una del fotope-riodista Hugo Guerra. A la vez agradecemos al ingeniero Lionel Toriello por permitirnos pu-blicar varias fotografías de la Historia General de Guatemala. También, muchas gracias a los doctores Tomás Barrientos, Iyaxel Cojtí y Alejandra Colom, quienes proveyeron gratui-tamente materiales de sus acervos fotográficos para ilustrar nuestros capítulos. Muchísimas gracias por su generosidad y apoyo.
Finalmente, presentamos disculpas anticipadas a cualquier persona que haya colaborado con nosotras en la publicación de nuestro libro y que involuntariamente escapa de nuestra memoria.
1 Lamentamos su fallecimiento acaecido el 21 de julio de 2021. Nos apoyó con sus comentarios y estaba muy entusiasmada con la publicación de nuestro libro.
Agradecimientos
presentación
Nuestra inspiración por escribir este libro nació de varias inquietudes que tenemos como ciudadanas y docentes. En el primer caso, nos alarma la confusión que existe en la conmemoración del Bicentenario. Si año con año el Estado ha fallado en marcar una senda clara sobre lo que significó nuestra Independencia de España, cómo no iba a su-ceder lo mismo 200 años después. Los profe-sores organizan mercaditos, altares patrios y visten a niños o se visten con los trajes de los distintos grupos etnolingüísticos del país. Los profesores carecen de herramientas para que sus estudiantes conozcan lo básico de los procesos y actores involucrados.
En nuestro papel de docentes vemos con preo-cupación la escasa formación en contenidos de Ciencias Sociales y de Ciudadanía en los estu-diantes de nivel medio, que inclusive alcanza a los universitarios. Hemos encontrado la misma situación en talleres dirigidos a los docentes. Asimismo, los pocos profesores de Ciencias Sociales que tienen una formación apropiada y el interés por formar a sus estudiantes con los conocimientos del pasado de Guatemala para comprender su presente, se enfrentan a la oposición de padres y a veces de la dirección de sus instituciones educativas, porque no hay un Estado que evalúe y exija los contenidos de Ciencias Sociales que un futuro ciudadano gua-temalteco debe aprender.
Por ello quisimos aprovechar la conmemora-ción del Bicentenario para dar respuestas a 12 temas de nuestra geografía y de nuestro pasa-do, que han sido poco tratados en publicacio-nes muchas veces ya obsoletas y sin el análisis ni la reflexión necesaria, ocasionando de esta
manera confusión entre los guatemaltecos. En este texto nos basamos en investigaciones re-cientes y no tan recientes que han sido publi-cadas por guatemaltecos y extranjeros, pero que la mayoría de la ciudadanía guatemalteca desconoce.
Aspiramos a que este libro llegue a los profe-sores, a los estudiantes, al público de la ciu-dad y del interior del país, a los migrantes y también a los funcionarios gubernamentales, especialmente del Ministerio de Educación y de Relaciones Exteriores. También esperamos que lo lean los embajadores de otras nacio-nes y los extranjeros que viven en Guatemala, para que nos comprendan mejor. Confiamos en que nuestro trabajo derive en conversato-rios, foros, debates, polémicas y acuerdos. Por supuesto, no tenemos la última palabra, pero queremos expresar nuestras ideas aquí y con ustedes.
Nuestro deseo es que el tradicional rela-to de la quema de cohetillos para celebrar la Independencia en 1821 y los 21 cañonazos a las 18:00 de cada 15 de septiembre sean sustituidos por otros estallidos, pero de ideas y, sobre todo, de acciones para fundar un verdadero país con bases sólidas, con justicia, libertad y con una democracia real, que son las condiciones bási-cas para una vida ciudadana digna.
matilde ivic y miriam ramírez
de gálvez
“Si algo nos llena de orgullo a los guatemaltecos es la belleza de nuestro país”.
Prólogo
Beth Rubin
de distintas comunidades aprendían acerca de su complejo pasado y su polémico presente. A la vez me interesaba saber qué pensaban al respecto.2El resultado del análisis de la edu-cación cívica e histórica en Guatemala reveló perturbadoras lagunas en la comprensión de la historia distante como en la historia recien-te del país, que se manifestaron tanto entre maestros como en los estudiantes. No obs-tante, también desarrollé un profundo apre-cio por la manera en que los educadores y los jóvenes se involucraban creativamente en la reinterpretación de su intrincado pasado y cómo se esforzaban por forjar sus propias co-nexiones y diferencias con los poderes actua-les, con las luchas y conquistas históricas, así como con los retos que persisten.3
Este texto, que está organizado alrededor de los periodos más importantes y las con-fusiones de larga duración en la historia de
2 Rubin, B.C. (2016). We come to form ourselves bit by bit: Educating for citizenship in post-conflict Guatemala.American Educational Research Journal, 53: 639-672.
3 Rubin, B.C. (2016). They don’t tell it: Indigenous social studies tea-chers transforming curricula in post-conflict Guatemala. Journal of International Social Studies, 6: 114-127; Dougherty, D.M. & Rubin, B.C. (2016). Learning the colonial past in a colonial present: Students and teachers conflict the Spanish conquest in post-conflict Guatemala. Educational Studies, 52: 216-236.
De1esta manera empiezan Matilde Ivic y Mi-riam Ramírez de Gálvez su especial e invalua-ble jornada a través de la geografía, la historia, la cultura y la política de un país que, aunque pequeño, se expande inmensamente en ricos y complejos recursos naturales y humanos.
Este importante libro presenta relatos his-tóricamente precisos acerca del complicado pasado de Guatemala, el cual a menudo es tergiversado. Las autoras abordan confusio-nes largamente repetidas, desenmarañan conceptos complicados y aclaran malinterpre-taciones que obstaculizan que los jóvenes en-tiendan el pasado de su país. La comprensión clara de las construcciones históricas y políti-cas clave, son esenciales para el desarrollo de ciudadanos democráticos bien informados y así puedan empezar a abordar los retos nacio-nales que están por delante.
En 2013 llevé a cabo una investigación etno-gráfica en un amplio rango de instituciones educativas guatemaltecas, buscando entender cómo los jóvenes estudiantes y los educadores
1
1 Professor and Chair Educational Theory, Policy and Administration Graduate School of Education Rutgers, the State University of New Jersey.
Guatemala, será un recurso valioso para los es-tudiantes, profesores y académicos guatemal-tecos. Logrará hacer una diferencia espectacu-lar en la habilidad de los maestros guatemal-tecos para formar a sus estudiantes en el desa-rrollo cultural e histórico de Guatemala. De la misma manera, será de gran ayuda para que el público general aprenda y resuelva sus inquie-tudes sobre el pasado de su país. Ivic y Ramírez de Gálvez se involucran con honestidad y exac-titud en temas claves como por ejemplo la vida antes de la conquista, el colonialismo, la et-nicidad, la gobernanza, la Independencia, el Conflicto Armado Interno y otros. Esta inno-vadora publicación ofrece datos arqueológi-cos e históricos precisos y bien estructurados. Asimismo, presenta de manera atractiva la di-fícil y complicada historia del país. Se trata de una visión del pasado que ilumina los proble-mas actuales relacionados con la identidad, la inequidad y la gobernanza.
El libro ofrece claridad acerca de las cone-xiones entre las comunidades prehispánicas con los grupos indígenas contemporáneos. Dilucida el complejo tejido de la identidad, la etnicidad y la pertenencia en este país multi-facético. Coloca los acontecimientos locales y nacionales en una perspectiva geopolítica
e histórica más amplia. Así las cosas, esta pu-blicación aportará a los educadores un recur-so muy necesario para ayudar a que los estu-diantes se entiendan a sí mismos y a sus con-ciudadanos, lo cual constituye un importante elemento en la educación efectiva de la ciu-dadanía democrática. Guatemala, como mu-chos países, ha luchado por largo tiempo para alcanzar una sociedad justa y democrática; la historia de los hechos y la educación ciuda-dana son críticos para movilizar al país hacia esta meta.
El libro 12 Claves para construir nuestra guate-malidad. Más allá del Bicentenario, es una herra-mienta invaluable para que los maestros edu-quen a los nuevos ciudadanos guatemaltecos. También es un modelo para que los académicos y educadores de otros países busquen crear los recursos que lidien con los aspectos difíciles, poco estudiados y con serias consecuencias en su historia y vida cívica. Léanlo, úsenlo y com-pártanlo ampliamente, pues sólo cuando vea-mos claramente nuestro pasado, seremos capa-ces de pensar y actuar efectivamente en favor de nuestro futuro colectivo.4
4 Traducción libre al español por Matilde Ivic.
Capítulo 110
Si algo nos llena de orgullo a los guatemaltecos es la belleza de nuestro país. En un territorio pequeño, que se aproxima a los 109,000 km², el paisaje cambia rápidamente. (Figura 1.1)Desde las playas de arenas grises del océano Pacífico, pasamos a la bo-cacosta húmeda de suelos fértiles, cuya topografía se eleva mar-cadamente a partir de los 700 metros sobre el nivel del mar1 hasta dar paso al altiplano. Este alcanza miles de metros de altitud, pues está formado por las impresionantes cadenas de volcanes y montañas que atraviesan el país de oeste a este. En la parte norte de Guatemala, en Petén y la Franja Transversal del Norte, que corre desde la sección septentrional de Huehuetenango al occidente, hasta Izabal en el oriente, el terreno desciende nuevamente a 100 o 200 msnm, que en buena parte consiste en suelos calizos. La formación geológica de Guatemala y de Centroamérica, la variación en su topografía, tipos de suelos y el clima, han originado y acogido a una impresionante flora y fauna.
1 De aquí en adelante aparecerá abreviado como msnm.
Fig. 1.1 Mapa satelital en relieve de la ubicación geográfica Guatemala y regiones adyacentes de México, El Salvador, Honduras y Belice. Fuente/Crédito: Google maps.
capítulo 1
¡mucho más
que geografía!
matilde ivic
Capítulo 111
Capítulo 112
Al observar las características más llamati-vas de la geografía de Guatemala, hay que preguntarse:
¿Cómo nos beneficia y afecta la presencia de vol-canes y de fallas en nuestro territorio?
¿Por qué los suelos y la vegetación cambian entre las distintas regiones de Guatemala?
Es importante ir más allá de la mera descrip-ción geológica y geográfica para conocer cómo ambas han influido en el desarrollo de las po-blaciones humanas y a la vez cómo estas han tomado ventaja e incluso abusado de los recur-sos. Para ello es necesario empezar de abajo hacia arriba, desde las capas geológicas más profundas hasta los volcanes más elevados, y luego movilizarnos geográficamente de sur a norte. Así puede comprenderse la forma en que los grupos humanos (especialmente durante el periodo Prehispánico) aprovechaban las zonas ecológicamente distintas pero colindantes.
Guatemala se ubica en un territorio donde coinciden tres enormes placas continenta-les y oceánicas de roca sólida2, denominadas Norteamérica, Caribe y Cocos. (Figura 1.2).Esto provoca que vivamos en una región muy com-pleja en su geología y geografía. Dado que estas placas se mueven a través del tiempo, cuando chocan ocurren terremotos. El límite de las pla-cas de Norteamérica y del Caribe se encuen-tra a lo largo de las fallas de los ríos Polochic y Motagua. Hace millones de años ambas pla-cas colisionaron y hubo una enorme presión que dio como resultado la formación de rocas metamórficas como jade, serpentina, mármol y pizarra.
En la falla del Motagua se encuentran los úni-cos afloramientos de jade hasta ahora cono-cidos en Mesoamérica, un material que en la época Prehispánica y por miles de años se usó para producir objetos de prestigio. En el valle del río Motagua y zonas aledañas también hay
2 Llamada litósfera.
rocas sedimentarias como la arenisca, que fue utilizada para elaborar monumentos.3
Para producir esculturas también se usaba el basalto, una roca de origen ígneo que se en-cuentra abundantemente en los alrededores de la cadena volcánica. La obsidiana, un vidrio vol-cánico, se usaba para producir variedad de he-rramientas, objetos rituales y de adorno perso-nal. Las principales fuentes eran El Chayal (en El Progreso) y Jilotepeque en Chimaltenango. Por tanto, desde la época Prehispánica el alti-plano de Guatemala ha ofrecido recursos ex-plotados a través de la minería.
Otro aspecto geológico para resaltar es que Guatemala forma parte del istmo centroame-ricano que une a Norteamérica con América del Sur. A la vez es la franja de tierra más estrecha que separa los océanos Pacífico y Atlántico. En este puente natural, las especies del norte han migrado hacia el sur y en el sentido contrario. Así, América Central y Guatemala en particu-lar son uno de los lugares más ricos del mundo en flora y fauna. También desde su poblamien-to inicial alrededor de 10,000 a.C. el istmo ha funcionado como un punto de encuentro de las poblaciones procedentes del norte y del sur, lo cual se ve reflejado en los restos culturales descubiertos.4
Con relación al clima, dado que Guatemala está aproximadamente en la latitud de los 15⁰ entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, todo su territorio debería tener clima caliente. Sin em-bargo, factores como la variación en la altitud de la topografía, la temperatura de océanos ve-cinos y la dirección de vientos producen dife-rencias climáticas. Del mar hasta los 900 msnm el promedio anual de temperatura ha sido de 27º. En la tierra templada (hasta 1900 msnm) la temperatura se había mantenido alrededor de
3 G. Dengo 1999:60-67.
4 Varias puntas de lanza de istmo presentan la acanaladura de las puntas de Norteamérica y el mango en forma de cola de pescado procedente de Suramérica. C. N. Murdy 1999:131-137.
Capítulo 113
Fig. 1.2 Distribución de las placas tectónicas que afectan a Guatemala y América Central. Fuente/Crédito: Internet, libre acceso. Reprografía por Raúl González.
los 17º, mientras que en las regiones más altas, cuyas alturas sobrepasan los 3000 m las tem-peraturas podían llegar a los 0º.5No obstante, a causa del cambio climático en todo el plane-ta, las temperaturas se han elevado dos grados o más y el régimen de lluvias también se ha visto afectado. En el altiplano de Guatemala el cambio estacional está marcado por las lluvias (de mayo6a octubre), que alternan con la tem-porada seca (de noviembre a abril o mayo). En Petén y zonas de las Tierras Bajas, las lluvias se extienden de junio a febrero.
5 G. Dengo 1999:56.
6 Durante siglos, el inicio de la temporada lluviosa en Guatemala ocu-rría en los primeros días de mayo. De ahí que la festividad del Día de la Cruz (3 de mayo) ha tenido significados religiosos, pero también astronómicos pues las comunidades indígenas observan los cielos para determinar el momento propicio para sus siembras. Sin embar-go, el cambio climático está ocasionando que las primeras lluvias se presenten hasta junio.
Nuestro recorrido geográfico de sur a norte arranca con la costa sur de Guatemala. Forma parte de la planicie costera del Pacífico, que inicia en el istmo de Tehuantepec y llega hasta Nicaragua. Su topografía es bastante plana, con altitudes inferiores a los 200 m, bosques tropi-cales secos y húmedos, así como manglares en la mera orilla de la costa, donde los ríos se unen con el océano Pacífico. (Figura 1.3)En algunas zonas, dicha planicie se ve interrumpida por la cadena volcánica del Pacífico y por las cuencas de los ríos.7
Este terreno poco accidentado facilitó el paso de poblaciones humanas desde tiempos muy an-tiguos. Una ruta comercial cruzaba en la costa sur alrededor de los 600 msnm, conectando a
7 J. Luján Muñoz, Director y editor del Atlas Histórico de Guatemala2011:10.
Capítulo 114
México con el Salvador, al menos desde los ini-cios del periodo Preclásico (2000 a.C.). Hoy la carretera interamericana sigue un trayecto bas-tante cercano al antiguo.
En la época Prehispánica, a lo largo de la anti-gua ruta, en sitios como Tak’alik Ab’aj, Chocolá y Cotzumalguapa, hubo puntos de control para la entrada y salida de los productos que eran intercambiados entre el altiplano, la costa sur y la costa sur de Guatemala. Como ejemplos se puede mencionar la obsidiana de San Martín Jilotepeque (Chimaltenango) y de El Chayal (El Progreso), el jade de la falla del Motagua y la cerámica fina producida por importantes cen-tros como Kaminaljuyú.8A cambio, los coste-ños proveían cacao, algodón, sal, mariscos sa-litrados, frutas, plumas, tintes y otros que apa-recen en documentos coloniales del siglo XVI como los productos comerciados y tributados
8 M. Popenoe de Hatch y C. Alvarado Galindo 2010:11-25.
Fig. 1.3 Manglar de la costa sur de Guatemala. Fuente/Crédito: fotografía por José Monzón Sierra.
por la costa sur.9A la vez, los recursos y bienes producidos por las poblaciones de las distin-tas regiones de Guatemala viajaban a las capi-tales y centros de población del actual territo-rio de México, como Izapa y Chiapa de Corzo en Chiapas, La Venta en la costa del golfo y Teotihuacan en el altiplano central.
En la costa sur de Guatemala culmina una de las tres vertientes que existen en su territorio: la del Pacífico. Está formada por ríos que se originan en la cadena montañosa y desembo-can en el océano Pacífico, desde las costas de San Marcos en la frontera con México hasta las de Jutiapa en el límite con El Salvador. Son 18 cuencas que de oeste a este cubren el 22% de Guatemala e incluyen a ríos como el Suchiate, Naranjo, Samalá, Madre Vieja, Achiguate, Los Esclavos y Paz.
9 Sin embargo, por los problemas de conservación, las evidencias de los productos orgánicos desaparecen rápidamente.
Capítulo 115
Fig. 1.4 Costa del Pacífico, Guatemala. Fuente/Crédito: fotografía por Daniel Núñez.
Dado que atraviesan la cadena volcánica, llevan grandes cantidades de ceniza volcánica, enri-queciendo los suelos de la costa sur en una fran-ja que tiene entre 20 y 45 km de ancho. Allí se encuentra la región con la producción agríco-la más alta del país. Otros sedimentos han for-mado las playas de arenas grises. 10(Figura 1.4)
Los ríos de la vertiente del Pacífico no son na-vegables, por lo que sus corrientes no ofre-cen medios fluviales de comercio. Sin embar-go, sus cuencas sí fueron aprovechadas como rutas de comercio y también marcaban las fronteras entre los distintos grupos étnicos que las habitaban.
La mayor abundancia de recursos en la costa se ubica en los puntos donde los ríos se unen al océano Pacífico, donde se encuentran los esteros cubiertos por bosques de manglar. De
10 J. Luján Director y editor del Atlas Histórico de Guatemala2011:10.
hecho, fue en estos ecosistemas donde se es-tablecieron las primeras aldeas sedentarias de Guatemala, hace unos 5,000 años, apro-ximadamente mil años antes de la adopción de la agricultura como la principal forma de subsistencia.
En los esteros, pantanos, lagunetas y mangla-res, los grupos humanos recolectaban maris-cos, cazaban aves, animales pequeños y produ-cían sal. Fueron los responsables de las eviden-cias culturales más antiguas del Arcaico (alre-dedor del 3000 a.C.) y del Preclásico (2000 a.C. a 250 d.C.). Al Preclásico Temprano pertenecen los primeros ejemplos de cerámica, figurillas y objetos rituales, así como las primeras cons-trucciones públicas dedicadas a prácticas ce-remoniales y la administración comunitaria.
La costa sur originalmente estaba cubierta por árboles de bosque tropical húmedo, como caoba, cedro y chicle, que casi ya no subsisten
Capítulo 116
por la exagerada explotación y por los mono-cultivos, como el algodón, que se cultivaba hace varias décadas y la caña de azúcar que todavía hoy se cultiva. Hoy perduran los árboles de hoja ancha, que forman parte de los bosques tropi-cales. En la temporada seca se les caen las hojas y brotan floraciones espectaculares. 11(Figura 1.5)Estos árboles alcanzan hasta de 20 m de al-tura; entre ellos se encuentran el matilisguate, palo blanco, madrecacao y el flamboyán.
En la época prehispánica y colonial el cacao era uno de los productos más importantes de la costa sur. Igualmente lo era el jiquilite o añil, el famoso tinte azul de las épocas prehispánica y colonial, el cual, hasta la invención de los tin-tes químicos durante la Revolución Industrial del siglo XIX, fue ampliamente comerciado y codiciado en Europa.
11 Conocidos como bosques deciduos o caducifolios.
Fig. 1.5 Floración de palo blanco en Taxisco, Santa Rosa. Fuente/Crédito: fotografía por José Monzón Sierra.
En su viaje a América en 1803, el connotado geógrafo alemán Alexander von Humboldt y el botánico francés Aimé Bonpland escribieron que el añil de Guatemala era el más precioso de todos los conocidos y que lo comerciaban por el istmo de Tehuantepec hacia Veracruz y de allí viajaba por mar hacia Europa.12Su publicación llamó la atención de otros exploradores euro-peos y estadounidenses que empezaron a llegar a Guatemala para estudiar su geología, geogra-fía, botánica, restos arqueológicos, pueblos in-dígenas y otros.
La producción de cacao, añil y cochinilla o tinte de grana desaparecieron gradualmente de la costa sur. El cacao empezó cultivarse en América del Sur y en África; los tintes natu-rales cayeron en desuso por el descubrimien-to de los tintes colorantes sintéticos produci-dos industrialmente en Europa. Actualmente,
12 A. von Humboldt 1805, citado en F. Gall 1969, Tomo XLII: 412.
Capítulo 117
Fig. 1.6 altiplano de Guatemala. Fuente/Crédito: fotografía por Daniel Núñez.
muchos árboles frutales originarios también están desapareciendo por la expansión de cul-tivos como la caña de azúcar, el banano, el hule y la palma africana.
Cerca de los 900 msnm la topografía se eleva abruptamente con la cadena volcánica, en la que el volcán Tajumulco alcanza más de 4,200 m de altitud. (Figura. 1.6)La sección occidental del altiplano, en el departamento de Sololá, al-berga a uno de los lagos más bellos del mundo, el lago de Atitlán con 125 km² y 324 m de pro-fundidad.13La topografía de su lado sur la do-minan tres altos volcanes y otro en formación.14
La parte oriental del altiplano oscila entre 1000 y 2000 m, mientras que la parte occidental su-pera los 2000 m.15Arriba de los 700 msnm ya
13 G. Dengo, 1999:55.
14 Hasta hace poco, las aguas del lago de Atitlán fueron cristalinas, pero actualmente se encuentra en serio riesgo por la falta de control de los desagües de las comunidades indígenas que viven a su alrede-dor, los chalets y hoteles y por los ríos cuyas aguas desembocan en el lago, llevando agroquímicos usados en los cultivos, como el fósforo.
15 G. Dengo 1999:52.
aparecen los bosques de montaña de tierra templada, densos pero no tan altos como de las zonas bajas y cálidas y con menos cantidad de especies. Algunos permanecen rodeados por neblina y dan lugar a los bosques nubosos siempre verdes, como los que se encuentran en Chicabal (Quetzaltenango), en Chilascó (Baja Verapaz) y la reserva de la Sierra de Las Minas (Zacapa).16
En el altiplano, arriba de los 1000 msnm hay bosques de pino, ciprés, pinabete y otras coní-feras. (Figura 1.7).También hay encinos y otros árboles caducifolios. Sin embargo, estos tam-bién han desaparecido en buena parte en las áreas de tierras muy ricas usadas para cultivar principalmente maíz y hortalizas. No obstante, no todo el altiplano es cultivable puesto que hay zonas rocosas, de suelos arcillosos muy poco productivos y con mucha pendiente. Asimismo, en el altiplano se ubican las ciudades más po-bladas de Guatemala. La presión demográfica
16 C. Hall y H. Pérez Brignoli 2003:10.
Capítulo 118
ha afectado los bosques, suelos y fauna. El al-tiplano de Guatemala fue el hogar de venados, pumas, tacuacines, conejos, ardillas, búhos, águilas y otros. De esta fauna original, los ani-males más grandes han sido exterminados y sobreviven solo los más pequeños.
Es importante resaltar la forma en que el alti-plano, bocacosta y la costa sur han sido apro-vechadas simultáneamente por los diferentes grupos humanos. Esto es especialmente evi-dente en la época Prehispánica. En el perio-do Posclásico Tardío (1200 a 1524 d.C.) varios grupos pertenecientes a la familia lingüística maya, como los mames, k’iche’s, kaqchikeles y tz’utujiles tenían tierras en las tres zonas al-titudinales. (Figura 1.8)De oeste a este esta-ban separadas por las cuencas de los ríos de la vertiente del Pacífico. Textos coloniales como el Popol Wujy el Memorial de Sololá describen cómo, desde el siglo XV, a través de alianzas o
Fig. 1.7 Bosque del altiplano de Guatemala. Fuente/Crédito: fotografía por Matilde Ivic.
invasiones consiguieron las tierras. Por ejem-plo, la cuenca del río Nahualate llegó a ser do-minada por los k’iche’s, mientras que el territo-rio entre el río Madre Vieja y el Achiguate cayó bajo el control de los kaqchikeles.17
De esta manera no solo contaban con gran va-riedad de productos sino que, si sufrían se-quía, temporales o algún fenómeno natural que provocara la pérdida de cosechas, podían subsistir con los productos de otras zonas alti-tudinales. Asimismo, tener tierras en la boca-costa les permitía contar con excedentes para pagar tributos a los mexicas o bien para adqui-rir otros productos. Este eficiente sistema de
17 Antes de la expansión de los k’iche’s y kaqchikeles, grupos de mames y otros de afiliación etnolingüística desconocida controlaban boca-costa y costa sur al oeste del río Nahualate. La bocacosta y costa sur entre los ríos Nahualate y Madre Vieja fue dominada por grupos de idioma tz’utujil. Poblaciones de habla nahua conocidos como pipi-les vivían en bocacosta y costa de Escuintla. Véase el Memorial de Sololá, transcripción al kaqchikel moderno y traducción al español por Simón Otzoy, 1999.
Capítulo 119
Fig. 1.8 Territorios de los mames, k’iche’s, tz’utujiles, kaqchikeles y poqomames alrededor de 1520. Fuente/Crédito: Jorge Luján Muñoz, Atlas Histórico de Guatemala. 2011. Reprografía por Raúl González.
organización territorial y política que iba de norte a sur, desde el altiplano hasta la costa, fue destruido por los españoles pues, aunque los Corregimientos de Sololá y de Atitlán in-cluían tierras del altiplano y de la bocacosta, el pago de tributos se hacía por separado a los en-comenderos. Luego de la Independencia y con la fundación de la república, dicha separación fue más marcada al crear los departamentos de Retalhuleu, Mazatenango y Suchitepéquez.18
Hacia el nororiente, la cuenca del río Motagua separa la Cordillera Central de Guatemala de otras sierras más bajas del oriente del país, que se extienden hacia Honduras. Entre las más co-nocidas se encuentran la Sierra de Chuacús, la Sierra de las Minas y la Montaña del Mico. En el valle de La Fragua, ubicado en la cuenca media del Motagua, domina el bosque tropical de variedades espinosas, entre ellas el cardón
18 M. Ivic de Monterroso et al. 2012:27-33.
y las plantas xerofíticas como los cactus, ár-boles, arbustos o matorrales adaptados a muy poca agua.19En esta zona se encuentra la ver-tiente del Atlántico, que recorre las zonas más secas de Centroamérica, con climas semiári-dos. Abarca el 31% del territorio nacional e in-cluye a los ríos Motagua y Polochic.20 Parte del curso de ambos ríos fue navegable y se usaron como vías para conectar con rutas terrestres. Por ejemplo, la cuenca media del río Motagua permitía que el jade, la obsidiana y otros pro-ductos se transportaran hacia el valle de San Jerónimo en Baja Verapaz, siguiendo el curso del río Salamá para llegar al río Negro que a su vez conectaba con el río Usumacinta y alcan-zaba al Petén.21
19 G. Dengo 1999:53-57.
20 J. Luján Muñoz, Director y Editor del Atlas Histórico de Guatemala, 2011:10.
21 M. Popenoe de Hatch y C. Alvarado Galindo 2010:11-25.
Capítulo 120
Hacia el noroccidente, en las zonas más al norte de los departamentos de Huehuetenango, Quiché y Alta Verapaz, así como el sur de Petén, existen bosques tropicales húmedos con ár-boles de hoja ancha. En el departamento de Izabal se encuentra el lago del mismo nombre y que es el más grande de Guatemala, con 509 km² y 20 m de profundidad. En esta región, los suelos de origen orgánico caracterizados por mal drenaje van cambiando hacia los calizos, con corrientes de agua subterránea, que son más característicos de Petén.22Allí está la ver-tiente más caudalosa y extensa de Guatemala, la del Golfo de México. Incluye a 10 ríos y el 44% del territorio de Guatemala, entre ellas las cuencas de los ríos Chixoy, La Pasión y Usumacinta, que cruzan la frontera con México y desembocan en el Golfo de México.23
Durante la época Prehispánica, estos tres ríos fueron importantes vías de comunicación y comercio. Es importante mencionar que en aquella época e incluso en los primeros dos
22 También de Yucatán, México.
23 Atlas Histórico de Guatemala, 2011:10.
Fig. 1.9a. Cerro kárstico de Petén Fuente/Crédito: fotografía por Tomás Barrientos Q.
siglos de la época Colonial, existían redes co-merciales entre Petén, Quiché, las Verapaces e Izabal. Asimismo, los itza’es del Petén Central estaban comunicados, a través de rutas co-merciales, con poblaciones de Yucatán, abas-teciéndolos de cacao, achiote, vainilla y otros productos de la selva.24Al igual que sucedió con el intercambio entre el altiplano, la bo-cacosta y costa sur de Guatemala, estas rutas comerciales fueron abandonadas por las auto-ridades coloniales y republicanas.
Las tierras de Petén son bajas, en su mayor parte oscilan entre los 100 y 300 msnm. Su formación geológica es la misma que la de la Península de Yucatán. Se trata de una enorme plataforma calcárea que emergió del mar hace millones de años. La caliza y otras rocas pro-pias de la región proporcionaron a los antiguos mayas materiales como el pedernal que se usó para elaborar herramientas. La piedra caliza se aprovechaba para elaborar bloques usados en las construcciones, a fin de preparar estuco de cal y para esculpir monumentos.
24 L. Caso Barrera 2002:232-233.
Capítulo 121
Fig. 1.9b. Selva petenera. Obsérvese como las raíces van sobre la superficie en busca de nutrientes y no penetran en la capa kárstica. Fuente/Crédito: fotografía por Tomás Barrientos Q.
Los suelos orgánicos y fértiles de Petén están sobre la base de caliza y son muy delgados. (Figura 1.9a y 1.9b)Por eso puede observarse que las raíces de grandes árboles como caoba, ramón, zapote y otros se encuentran muy su-perficiales, de tal manera que uno puede cami-nar con dificultad sobre ellas. A pesar que su bosque es del tipo tropical húmedo que siem-pre está verde, es decir que no pierde sus hojas durante el año, este ecosistema es muy frágil.25
25 Conocido como bosque perennifolio.
Por eso es de admirar la civilización que anti-guamente crearon los mayas.
Aunque en las tierras bajas existen ríos im-portantes como el Usumacinta, La Pasión, San Pedro y otros, en el interior de Petén el agua no es abundante. En la mayor parte del territorio petenero se encuentra en pequeñas depresiones conocidas como aguadas, que tienen agua de forma intermitente o perma-nente, así como algunos cenotes. Al centro de Petén existen unos lagos pequeños que se
Capítulo 122
Fig. 1.10 Pavo ocelado de Petén. Fuente/Crédito: fotografía por Daniel Núñez.
unen durante la época lluviosa.26Se encuen-tran en una falla de forma curva, creando una cadena de lagos y lagunas. Entre ellos destaca el Petén Itzá, el tercero de mayor tamaño en Guatemala, con 99 km² cuadrados y 140 m de profundidad.27En esta zona se construyeron capitales como Yaxhá. En el lago Petén Itzá se encontraba la capital posclásica de los it-za’es. Sin embargo, es de notar que las capi-tales principales se construyeron en lugares
26 L. Caso Barrera 2002:205-206
27 G. Dengo 1999:55.
sin agua permanente, pero que se ubicaban en puntos estratégicos de las rutas comer-ciales. Entre ellas se encuentran El Mirador, Tikal y Naranjo.
Para enfrentar la escasez de agua, los anti-guos mayas construyeron sistemas hidráuli-cos de drenaje que canalizaban el agua pluvial desde las plazas hacia calzadas y canales que alimentaban reservorios naturales y artificia-les como bajos, aguadas y chultunes28tallados
28 Depósitos cavados en la rocamadre.
Capítulo 123
en la roca madre, para captar agua durante la época lluviosa, almacenarla y contar con abas-tecimiento en la estación seca.
El hábitat de especies como el jaguar, tapir, venado de cola blanca, pecarí, pizote, pavo ocelado, ocelote y otros, está desaparecien-do. (Figura 1.10)En general, se calcula que de 1950 a 2010, Guatemala perdió el 50% de su cobertura forestal por actividades agrícolas y ganaderas.29
Sin duda los guatemaltecos vivimos en un lugar muy bello y especial por su historia geológi-ca, paisaje y recursos. Sin embargo, tenemos la gran responsabilidad de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para salvar lo que nos queda y restaurar lo que teníamos. Todavía estamos a tiempo para hacerlo.
Reflexiones finales sobre la problemática geográfica actual
Hoy las fuentes de jade están siendo depredadas por malos guatemaltecos para proveer a comer-ciantes ilegales, que trasladan el jade a Taiwán y China Continental.
Hemos perdido gran cantidad de bosque tropical lluvioso. Lo que queda está en constante peligro de extinción.
Infortunadamente, hoy grandes extensiones de Petén, Alta Verapaz y Quiché están siendo arrasa-das para crear potreros y sembrar palma africana.
El avance de las actividades agroindustriales y la quema del bosque para formar potreros está aca-bando con la rica fauna propia de Guatemala.
29 J. Luján Muñoz, Director y Editor del Atlas Histórico de Guatemala, 2011:10.
Bibliografía Recomendada
Caso, L. (2002). Caminos en la Selva. Migración, comercio y re-sistencia. Mayas yukatekos e itzaes, siglos XVII - XIX.México, D.F.: El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica.
Dengo, G. (1999). “El medio físico de Guatemala”. En Historia General de Guatemala (Tomo 1). Guatemala: Asociación de Amigos del País.
Hall, C., & Héctor P. (2003). Historical Atlas of Central America.Norman Oklahoma: University of Oklahoma Press.
Luján, J. (2011). Atlas Histórico de Guatemala. Guatemala: Academia de Geografía e Historia de Guatemala.
Capítulo 224
capítulo 2
Origen y usos del término maya
Matilde Ivic / Tomás Barrientos Quezada
Una de las campañas estatales más exitosas para promover el turismo en nuestro país fue la que anuncia “Guatemala, el co-razón del mundo maya”. En sus afiches aparecen fotografías de lugares turísticos como Tikal (Figura 2.1), el lago de Atitlán y Chichicastenango; así como mujeres vestidas con trajes regio-nales e imágenes de textiles y artesanías frecuentemente elabo-radas por indígenas. (Figura 2.2).
Puede observarse que en dicha campaña turística el Estado rela-cionó el término mayacon las evidencias arqueológicas de Tikal, el altiplano de Guatemala y sus poblaciones indígenas actuales. Sin embargo, en la segunda década del siglo XXI, la mayor parte de los miembros de alguno de los cuatro pueblos1de Guatemala no comprenden a cabalidad esta conexión.
1 Maya, xinka, ladino/mestizo y garífuna.
Fig. 2.1 Vista del Templo I de Tikal desde el sur. Fuente/Crédito: fotografía por José Monzón Sierra.
Fig. 2.2 Clarita y María Carrillo, niñas mames de la aldea Chiabal, Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango. Fuente/Crédito: fotografía por José Monzón Sierra.
Capítulo 225
Capítulo 226
La figura política del “guatemalteco” se hizo realidad a partir de la independencia de Centroamérica en 1821 y especialmente con la creación de la República de Guatemala en 1847. Sin embargo, el origen del término maya es muy complejo, ya que las formas en que se ha usado desde la conquista española y la época Colonial (1524-1821) ha provocado una falta de enlace y de continuidad histórica.
En el análisis de este fenómeno cabe preguntarse:
¿Cómo explicamos que los guatemaltecos no indí-genas y escolarizados en el sistema estatal, creen que las poblaciones autóctonas actuales no se re-lacionan con los creadores de la magnífica civili-zación a la que conocemos como maya?
¿Por qué sólo un pequeño número de indígenas, en especial los académicos, dirigentes y partici-pantes de movimientos políticos, se identifican como mayas?
Con el fin de resolver estas preguntas que son clave para nuestra guatemalidad, este capítu-lo tiene como objetivo aclarar el término mayay llevar a los lectores a que reflexionen sobre las distintas formas de identidad asociadas con el mismo.
Es importante dejar claro que en el actual te-rritorio de Guatemala no existen datos prehis-pánicos o coloniales que indiquen que la pala-bra maya se originó de la autodefinición o la autoidentificación de un grupo indígena. En otras palabras, la información disponible co-rrespondiente a los siglos y años anteriores a 1970, cuando en nuestro país se dio un movi-miento indígena reivindicativo fundamental,2 no apoya la existencia de poblaciones autonom-bradas mayas a través de su afiliación con de-terminados rasgos culturales en común, como idiomas, creencias religiosas, símbolos, formas
2 Su principal exponente fue el intelectual maya k’iche’ Adrián Inés Chávez.
de vida y otros.3
En el caso del actual territorio mexicano, a pesar que en documentos coloniales de Yucatán aparecen menciones como Maya uinic(hom-bres Mayas) para referirse a los itza’es, o ah Maya(señor Maya)4, la evidencia señala que los indígenas de la península no se identificaban como mayas ni se llamaban a sí mismos bajo este nombre. Tampoco se veían como miem-bros de un mismo grupo étnico.5
Esto no significa que el uso actual del término mayaentre las asociaciones y movimientos in-telectuales, sociales y políticos de poblaciones indígenas contemporáneas sea invalidado por su origen. Como explicaremos a continuación,
3 Estos elementos son los que se usan para definir a un grupo etnolingüístico.
4 D.G. Brinton, 1882:11.
5 M. Restall y W. Gabbert, 2017:91.
Capítulo 227
el Grupo K’iche’ano8se llamaba may.De acuer-do con Munro Edmonson, los kaqchikeles co-loniales tenían una cuenta de 400 días para re-gistrar su historia política y era conocida como may. Asimismo, John Justeson y Lyle Campbell se refieren a que algunos grupos del altiplano de Guatemala todavía llaman may a un perio-do de 20 años.9
La hipótesis de la relación entre mayay Mayapán es la que cuenta con más eviden-cias y recibe mayor apoyo entre los etnohis-toriadores y lingüistas, porque fue a partir de la invasión española a Yucatán, a principios del siglo XVI, que empezó a difundirse el tér-mino maya.
8 Incluyen a las poblaciones k’iche’s, kaqchikeles, tz’utujiles, poqoma-mes, q’eqchi’es y otras.
9 M. Edmonson 1988:134-135), J. Justeson y L. Campbell (1977) citados en T. J. Smith 2002:68-69.
sí existen nexos sólidos entre el origen prehis-pánico y las manifestaciones culturales de las actuales poblaciones indígenas que viven en lo que hoy conocemos como “área maya”.6
Hipótesis principales
Con respecto del origen y significado de la pa-labra maya hay dos ideas fundamentales. La primera establece una relación con el nombre y significado de la ciudad de Mayapán, locali-zada en el noroeste de la península de Yucatán (México), habitada durante la primera mitad del Posclásico Tardío (1200 a 1440 d.C.).7 (Figura 2.3) La segunda propone que maya se deriva del nombre de la cuenta de días o años que en
6 Territorio comprendido entre el sur de México (Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo), Guatemala, Belice y el oeste de Honduras y El Salvador.
7 M. Restall y W. Gabbert 2017.
Fig. 2.3 Vista sureste de Mayapán, Yucatán, México. Fuente/Crédito: fotografía por Tomás Barrientos Q.
Capítulo 228
La segunda, a pesar de la tentadora posibili-dad de establecer un nexo entre may, las cuen-tas de tiempo y las poblaciones del altiplano de Guatemala, se complica porque su evolu-ción hacia la palabra maya no se sostiene con evidencias lingüísticas ni por la existencia de una identidad regional bajo dicho nombre. Tampoco existe información sobre que du-rante la Colonia los españoles asentados en la Audiencia de Guatemala la hayan usado para referirse los indígenas locales.
Por tanto, en este capítulo daremos mayor én-fasis a la hipótesis que se origina a partir de la existencia de una provincia posclásica conoci-da como Maian en Yucatán, donde se localiza-ba la ciudad de Mayapán. No obstante, simul-táneamente presentaremos datos que aclaran a partir de cuándo y cómo se ha usado la palabra maya para referirse a las poblaciones indígenas del altiplano de Guatemala.
Raíces y significado del términomaya
De acuerdo con las evidencias históricas y lin-güísticas, maya se relaciona con el nombre de la capital de una provincia del noreste de la pe-nínsula de Yucatán que existió en el Posclásico Tardío y que permaneció en el imaginario de la población local. En 1582 Gaspar Antonio Chi Xiu10mencionó que los nativos llamaban Maya a una provincia de Yucatán que en tiempos antiguos había sido gobernada por un Señor Supremo llamado Tutul Xiu, el cual por su ape-llido debió haber sido su ancestro. Sin embar-go, a la llegada de los españoles ya no existía como una entidad sociopolítica real. En el siglo XVI la península de Yucatán estaba dividida en una serie de señoríos, pero ninguno con el nombre de Mayapán.(Figura 2.4)
En Europa, entre 1502 y 1504, los nombres Maian, Mayathan y Yucatán empezaron a usarse a partir del cuarto viaje de Cristóbal Colón. Aparecen por primera vez en cartas
10 Relación de Algunas Costumbres(1582). Véase M. Streckery Jorge Artieda1978:89-107.
e informes de su hermano Bartolomé y de su hijo Hernando, quienes cruzaron el océa-no Atlántico, entre las Antillas, las costas de América Central y Yucatán.
Hasta donde sabemos, la mención escrita más an-tigua del término mayaproviene de un informe que Bartolomé Colón envió a Génova (Italia) en los primeros años del siglo XVI. Relata que en la isla de Guanaja, frente a las costas de Honduras, encontraron una embarcación con indígenas que decían venir de “cierta provincia llamada Maian”. El documento original está escrito en italiano y, en algún momento cercano pero posterior a su redacción, alguien escribió sobre Maian las pala-bras en latín “vel Iuncatam” (“o Yucatán”).11
El religioso Pedro Mártir de Anglería menciona el nombre Maiaque en su relato del cuarto viaje de Cristóbal Colón, basado en documentación a la que tuvo acceso en la corte de los Reyes Católicos.12Por su parte fray Bartolomé de Las Casas describe con detalle este encuentro, con-firmando la participación de Bartolomé Colón y, aunque menciona a Yucatán, no se refiere a ninguna provincia de Maian.13
Ya a mediados del siglo XVI, estos nombres aparecen en más documentos. En 1566 fray Diego de Landa, un franciscano que ejerció en Yucatán el cargo de Inquisidor y quien fue el segundo obispo de la Arquidiócesis de Yucatán, refiere que “…llegaron a la costa de Yucatán, a una provincia que llaman de la Maya, de la cual la lengua de Yucatán se llama maya-than, que quiere decir lengua de maya”.14
11 “In questo loco pigliorono una Nave loro carica di mercantia et merce la quale dicevono veniva de una cierta provintia chiamata MAIAM…” (“En este lugar tomaron una nave cargada de mercancías y bienes que decían que venía de cierta provincia llamada MAIAM…”(Informatione di Bartolomeo Colombo. Citado en D. G. Brinton 1882:10, Nota a pie de página No. 1. El manuscrito original se encuentra en los fondos de la Biblioteca Magliabechiana en la Biblioteca Nacional Central de
