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Este libro nos descubre los factores asociados al dolor, desde los fisiológicos hasta los psicológicos. Sus autores lo exponen de forma didáctica y clara, apoyándose en ejemplos, gráficos y múltiples experiencias personales. Asociados a las emociones, los pensamientos duelen y moldean nuestra experiencia del sufrimiento. Aprenderemos cómo reconocerlos para gestionarlos a nuestro favor. No se deje atrapar por el dolor. Redescubra la Intimidad, el autocuidado, el bienestar sexual y también cómo ajustar los vínculos con nuestros seres queridos. Conozca las diversas terapias, tanto las farmacológicas como las psicológicas más novedosas para lograr una vida más plena y feliz.
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Seitenzahl: 181
Veröffentlichungsjahr: 2022
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AFRONTAR EL
DOLOR
Rebeca Pardo y Rubén Nieto
Siglantana
© Editorial Siglantana S. L., 2021
© Rebeca Pardo y Rubén Nieto, 2021
www.siglantana.com
Ilustración de la cubierta: Anna Virgili
Maquetación y preimpresión: Alex Sánchez Méndez
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.
ISBN (Siglantana): 978-84-18556-62-3
Depósito legal: B-6330-2021
Impreso en España - Printed in Spain
SUMARIO
Agradecimientos
Presentación
PARTE I: COMPRENDIENDO EL DOLOR
¿Qué es el dolor y cómo funciona?
El dolor crónico en la población mundial
¿Por qué me duele? ¿Qué desencadena el dolor?
PARTE II: DÍA A DÍA CON EL DOLOR
Hábitos de vida y autocuidado
Vivir con el dolor: ¿se puede aprender?
¿Cómo es tu sexualidad cuando hay dolor?
Dolor y sociedad: la tiranía de la superación
PARTE III: TRATAMIENTOS ¿QUÉ SE PUEDE HACER?
El abordaje del dolor: un trabajo en equipo
¿Cómo intervenimos los profesionales de la psicología?
Fármacos y dolor
Qué no hacer: «terapias alternativas»
Recursos
Los autores quieren expresar su agradecimiento por las revisiones realizadas del documento a Almudena Mateos y Milena Gobbo. También a personas con dolor cuyas experiencias nos han permitido ilustrar algunos de los conceptos que presentamos.
Este libro se ha creado por parte de los autores con la finalidad de facilitar información básica, actualizada y basada en la evidencia sobre el dolor. Nos focalizamos más en la perspectiva psicológica, por la profesión de los autores y dadas las características de la obra y la colección en la que se enmarca, reconociendo e insistiendo en la necesidad de un abordaje global y multidisciplinario.
Queremos expresar que los contenidos aquí presentados se han trabajado por parte de los dos autores a partes iguales, a través de múltiples interacciones y revisiones conjuntas, por lo que representa una perspectiva común, y el orden de la autoría no es más que una convención, ya que ambos ocuparían la misma posición. Ha sido un proceso que sin duda alguna ha enriquecido la perspectiva de cada uno, dando lugar a un resultado extremadamente mejor de lo que podría haber sido si lo hubiéramos redactado uno de nosotros en solitario.
Los autores de esta obra están comprometidos con el avance de una sociedad inclusiva y diversa en relación con todas las identidades de género. No obstante, en aras de la brevedad del texto y la facilidad de lectura, se ha decidido emplear el masculino en la redacción, siguiendo las convenciones lingüísticas.
Queremos introducir tres principios que han guiado la elaboración de este libro. En primer lugar, no pretendemos que sustituya la intervención de los profesionales, no es un libro de autoayuda. El objetivo es más bien ofrecer una primera aproximación y animar a las personas con dolor a buscar maneras de vivir con su dolor, colaborando con los profesionales y siempre partiendo del análisis de su situación personal. Es el momento de que la persona con dolor y los profesionales trabajen en equipo. En segundo lugar, las ideas que se presentan se basan en la evidencia disponible, y al final del libro se pueden consultar las fuentes originales que los autores han empleado.
Esto es muy importante, dado que se ofrecen a las personas con dolor frecuentemente alternativas pseudocientíficas que pueden resultar perjudiciales. Pero, además, es importante que el lector tenga en consideración que la ciencia progresa. Con ello, las ideas que se presentan representan el conocimiento disponible hasta el momento. Esperamos que las investigaciones avancen, y tengamos la oportunidad de actualizar esta obra en un futuro próximo. Por último, hemos intentado presentar los contenidos de forma accesible pero sin dejar de lado la exactitud y el rigor que un tema como el que se trata requiere. Para facilitar la lectura, dentro de cada sección se han incluido ejemplos, gráficos, recursos y tablas, para intentar transmitir los contenidos de la manera más fácil posible.
El libro se divide en tres secciones, cada una de las cuales incluye diversos temas. En la primera, nos centramos en abordar el concepto de dolor, cómo se produce la experiencia, qué factores la modulan. En la segunda, hablamos de los estilos de vida, cómo cuidarse, la aceptación del dolor y uno de los aspectos habitualmente olvidados, las relaciones sexuales, todos ellos temas importantes en el día a día de cualquier persona con dolor. Enfatizamos en esta sección la importancia que tiene para la persona con dolor cuidarse a sí misma. En la tercera y última sección nos focalizamos en la intervención psicológica en los problemas de dolor. Enfatizamos la importancia de analizar la situación particular de cada persona, así como de valorar las diversas intervenciones con especial cuidado con las denominadas pseudoterapias. Acercamos algunas técnicas de intervención psicológica, con el único objetivo de hacer una aproximación sobre cómo puede ser el abordaje psicológico del dolor, sin pretender que sea un listado exhaustivo, ni mucho menos pretender su auto aplicación.
Con todo, el libro puede ser de interés para las personas con dolor, obviamente, pero también para sus allegados. Como explicamos en el libro ampliamente, el dolor se produce en un contexto que es indudablemente determinante, y las personas que nos rodean son piezas esenciales en este contexto. Si eres un profesional que trabaja atendiendo a personas con dolor, el libro también te puede ayudar a ver algunos conceptos básicos desde la perspectiva psicológica y a empezar a explorar más profundamente áreas concretas para enriquecer tu práctica. En cualquier caso, sea cual sea tu perfil, esperamos que este trabajo te pueda resultar de utilidad y que aporte un granito de arena a tu situación particular. Estaremos encantados de recibir cualquier opinión o comentario de mejora de cara a futuras ediciones.
El dolor es una experiencia subjetiva desagradable, cada persona la vive de una manera particular, y es producto de la interacción de variables de diferente naturaleza. En este apartado vamos a intentar explicarlo de manera detallada. Intentaremos contestar a preguntas que seguramente te has planteado en alguna ocasión, tales como: ¿qué tipos de dolor existen? ¿Cómo se produce el dolor?
DOLOR AGUDO VS. DOLOR CRÓNICO
El dolor, en sus orígenes, es una experiencia adaptativa que nos intenta ayudar a sobrevivir. Puede parecer extraño, pero el dolor que tiene una duración limitada (agudo) nos puede indicar que existe una situación peligrosa que debemos evitar, y gracias a él podemos aprender cosas muy importantes. Por ejemplo, a nivel muy básico, nos puede enseñar que no debemos tocar el fuego, dado que nos podemos quemar y nos hará daño. El dolor también nos puede indicar que debemos descansar para recuperarnos. Si padecemos un esguince, el dolor puede significar que aún no estamos curados del todo y debemos reposar más. También puede ser señal de que algo no va bien en nuestro organismo y requiere nuestra atención. Sería el caso de un dolor muy fuerte en la zona abdominal, que puede indicar la existencia de una apendicitis, por ejemplo.
El problema es cuando el dolor deja de ser agudo (limitado en cuanto a su duración) y persiste en el tiempo, o cuando van apareciendo episodios de forma recurrente, sin existir una causa aparente en muchos casos. Habitualmente se considera que existe un problema de dolor crónico cuando aparecen episodios durante un período de, como mínimo, tres meses, aunque no existe un acuerdo total en la comunidad científica en relación con el período mínimo para etiquetar el dolor como crónico. También, en ocasiones se define el dolor crónico como aquel cuya curación se extiende más del período esperable para la curación de una lesión tisular o está asociado a una afección médica crónica. En cualquier caso, nosotros consideramos que es importante actuar lo antes posible cuando existe un problema que se va repitiendo e interfiere en el funcionamiento de la persona, dado que la intervención temprana puede facilitar un manejo adecuado.
El dolor agudo, en su calidad de señal de alarma, no es conveniente ni posible eliminarlo. No obstante, es importante remarcar que en muchas situaciones aparece dolor agudo y sería recomendable implementar acciones para afrontarlo de forma diferente, pese a que no siempre se haga. Hablamos de situaciones muy variadas, tales como cuando llevamos a nuestros hijos a las campañas de vacunación, cuando acudimos al dentista y, para curarnos, se emplean métodos que nos pueden resultar molestos, durante el parto o cuando padecemos una lesión cuyas curas nos producen un dolor limitado en el tiempo. En todas estas situaciones es conveniente, y posible, aplicar intervenciones dirigidas a reducir el malestar. Como veremos con detalle, las reacciones emocionales que suelen darse en las situaciones mencionadas, tales como un miedo muy intenso o estrés, pueden hacer que la experiencia en todas estas situaciones sea especialmente desagradable. Es inevitable que aparezcan el dolor y emociones asociadas, y el objetivo no es eliminarlas, sino más bien reducir su impacto.
¿Sabías qué?
Los pensamientos negativos sobre el dolor, tanto antes como durante el parto, se relacionan con mayores niveles de dolor, ansiedad e incluso complicaciones obstétricas. Y, por otra parte, se han encontrado muchas estrategias, adicionales a los fármacos, como: escuchar audios de auto-analgesia (descripciones guiadas en imaginación sobre cómo se reduce el dolor) o la aplicación de técnicas de relajación, que tienen un efecto directo en el dolor durante el parto, reduciéndolo o aumentando los niveles de tolerancia.
Aparte de en la duración, dolor agudo y crónico se suelen diferenciar en que para el caso del dolor agudo se encuentra una causa, mientras que en el dolor que persiste en el tiempo no siempre existe una disfunción clara a nivel corporal identificable. Diversas patologías como enfermedades reumáticas, lesiones crónicas de rodilla, espalda u otras ubicaciones, como el hombro, y ciertas enfermedades neurológicas, entre otras, pueden ser la causa de la cronificación del dolor. Un ejemplo de causa no claramente identificable sería una persona con fibromialgia. El dolor ocurre, aunque no exista una causa orgánica, porque el organismo ha aprendido, de alguna manera, a interpretar la interacción de determinadas señales sociales, psicológicas o biológicas como dolorosas, y en la mayoría de ocasiones es muy complicado identificar exactamente una única causa.
El dolor que sientes es real
A veces, el hecho de que no comprendamos exactamente bajo qué mecanismos funciona el dolor o qué lo causa (algo que es bastante complejo), nos puede hacer pensar que no es normal. Pero puedes estar convencido de que lo que sientes es perfectamente válido, y te ayudaremos a comprender por qué a lo largo de todo el libro.
Los profesionales de la salud, en nuestro empeño por clasificar los problemas de salud y etiquetarlos, hemos ido utilizando algunas palabras para referirnos al dolor para el que no se encuentra una disfunción orgánica clara. Algunos de estos términos, que puedes haber escuchado, son dolor funcional, dolor psicógeno y dolor psicológico. Bajo nuestro punto de vista, el uso de estos términos no es oportuno, pues muchos de ellos parten de concepciones anticuadas y alejadas de todos los avances que hoy en día la ciencia puede decir sobre cómo funciona el dolor. Como iremos exponiendo a lo largo del libro, no hay una división posible entre lo psicológico y lo físico, todo forma parte de una misma experiencia. Para muchas personas, escuchar que su dolor es «psicógeno», las puede llevar a pensar que su dolor no es real, o que no es tan real como otros, lo cual es falso. Por ello, verás que no haremos alusión a los mismos, y te animamos a ser cuidadoso al utilizar dichos términos y a ser escéptico si los escuchas por parte de profesionales de la salud.
¿Por qué no es oportuno utilizar etiquetas tipo «dolor psicógeno» para los problemas de dolor?
El dolor siempre es una experiencia multidimensional, dependiente de la interacción de factores de diferente naturaleza, sepamos o no su origen.
Pese a que pueda existir una disfunción, la experiencia de dolor no se tiene por qué corresponder con la magnitud de la disfunción.
Sea como sea, si sientes dolor, es una experiencia real.
En el caso del tratamiento psicológico, el uso de etiquetas no ayuda a diseñar un plan de intervención para cada persona, dado que para ello es necesario realizar un análisis funcional.
Este tipo de etiquetas pueden estigmatizar y hacer que la persona con dolor se sienta incomprendida e incluso culpable.
Es importante entender, cuando se habla de diferentes aspectos del dolor (como los perceptivos, emocionales y cognitivos), que son clasificaciones artificiales y arbitrarias que pueden facilitar su comprensión, pero que no significan que unas y otras tengan necesariamente una naturaleza diferente, ni que unas sean causa de las otras; más bien es un entramado más complejo, en el que las causas son multifactoriales.
La distinción entre dolor físico y dolor psicológico es una falsa dicotomía
¿A QUÉ SE DEBE EL DOLOR?
¿CÓMO SE PERCIBE EL DOLOR?
Tanto el dolor crónico como el dolor agudo son una experiencia producida por la interacción de factores de diferente naturaleza. El dolor es siempre una experiencia perceptiva compleja, determinada no solo por factores físicos o somáticos (relativos a una potencial lesión o disfunción), sino que también es consecuencia de la interacción de componentes relacionados con cómo nuestro organismo aprende a responder a ciertos estímulos, cómo pensamos, cómo nos emocionamos, qué significados tenemos asociados a experiencias dolorosas y a qué atendemos, entre otros factores.
Por ejemplo, si una persona que acude al dentista se pone muy nerviosa antes de ir, es probable que experimente un dolor más intenso y tenga una peor experiencia que una persona con niveles de ansiedad más bajos ante esa situación. Una mujer que viva en una cultura en la que el dolor en el parto es vivido como algo bueno, honroso, es probable que lo perciba de una manera muy diferente a otra en cuya cultura el valor del dolor en el parto esté asociado a miedo y a algo tremendamente negativo. Una persona con dolor lumbar recurrente, que pese al problema intente seguir con las actividades que le gustan (utilizando diversas estrategias de afrontamiento adaptadas) y piense de una manera que no le genere gran sufrimiento, pero realista, probablemente, tendrá una mejor calidad de vida que una persona con el mismo dolor pero que deje por completo sus actividades y tenga pensamientos que le generan mucho sufrimiento o que sean catastrofistas. Esa «mejor calidad de vida» se traducirá en un dolor diferente, quizá no siempre cambiará la magnitud, pero seguramente sea menos incapacitante, de menor impacto en su vida.
Lo que hoy en día se conoce en psicología sobre cómo funciona la percepción y la atención es fundamental para entender cómo sentimos el dolor. El dolor no se produce solo porque exista una lesión, igual que un paisaje no puede verse solo porque exista, sino que para llegar a sentir dolor y ver, tenemos que hacer referencia a la interacción del organismo con esa estimulación. Empecemos por el principio: ¿qué es percibir? La percepción no es un proceso pasivo. No recibimos un estímulo y como consecuencia lo sentimos, sino que, sin darnos cuenta, elaboramos o interpretamos eso que nos llega, elaboramos de forma subjetiva la información que nos llega de los sentidos. ¿De qué depende esa elaboración propia de cada uno? Pues esa elaboración que hacemos de la estimulación tiene que ver en gran medida con aspectos que nos vienen «de serie» como especie y con lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra historia vital. La propia historia y experiencia individual influye en que percibamos de una forma particular los diferentes estímulos. Cuando miramos un cuadro, un pintor y una persona sin formación artística no verán lo mismo. Podrán mirar hacia el mismo sitio, pero sobresaldrán unas formas, colores con magnitudes diferentes. ¿Te imaginas cómo se extrapolan estos ejemplos al caso del dolor crónico? Vamos poco a poco…
Para comprender la percepción del dolor es importante conocer también cómo funciona el sistema fisiológico de nuestro organismo, que nos permite que un estímulo potencialmente doloroso se acabe percibiendo como tal. En nuestro cuerpo existen receptores sensoriales de estímulos dolorosos que se activan cuando llega una estimulación de determinadas características. Estas señales que llegan se convierten en impulsos nerviosos y se conducen hasta la médula espinal y hasta el cerebro. En este recorrido hay varias «paradas» donde existen mecanismos que median en que esta señal llegue de forma más o menos completa hasta el cerebro, que es donde finalmente tiene lugar la percepción del dolor. Una vez dicha señal llegó al cerebro, devuelve la señal a los receptores para regular esa respuesta. En ese camino de vuelta, también se pueden poner en marcha mecanismos propios del organismo (que llamamos endógenos) para calmar la intensidad del dolor.
No olvidemos que conocer el funcionamiento de este sistema no es lo único relevante para entender la percepción. Decíamos que la percepción también tiene que ver con nuestra historia como individuos y con nuestro contexto, no se puede desligar. En este sentido, son muy importantes los factores culturales y sociales, que influirán tanto en cómo se viva el dolor como en la manera en que se perciba.Existen culturas y ritos en los que el dolor agudo es visto como parte de un proceso con un significado en concreto. Así, por nombrar un ejemplo claro de los efectos de la cultura, en la tribu Sateré-Mawé (Amazonia brasileña), existe un ritual que da paso a la edad adulta que consiste en obligar a los jóvenes a colocarse un guante repleto de hormigas bala (hormigas de la selva que producen picaduras muy dolorosas). Seguramente ninguno de nosotros estaría dispuesto a pasar por este rito, pero en su cultura lo ven como algo que, aunque produzca dolor, se debe pasar. Es más, no solo se debe «pasar» el dolor, sino que sufrirlo se asocia con algo valioso e importante sufrirlo. Y esto hace, irremediablemente, que la propia experiencia y percepción del dolor sea diferente.
El dolor siempre es una experiencia resultante de la interacción de factores de diferente naturaleza y del significado que le dé la persona
La percepción del dolor está enormemente influida por estos factores contextuales y sociales sobre el significado o valor que tiene el dolor. También es importante señalar que cuando decimos que le damos un significado al dolor, esto no es un proceso deliberado en el que una persona elige, como tal, el significado. Más bien es fruto de aspectos convencionales del lenguaje, de nuestras prácticas sociales, de cómo aprendemos a responder a las sensaciones que sentimos y de las experiencias vividas. Lo que sentimos en determinadas situaciones no está alejado de lo que hemos aprendido a sentir socialmente.
Veamos otro ejemplo sobre el papel que tiene el significado que aprendemos a darle al dolor:
El doctor Beecher, un anestesiólogo muy reconocido, en 1959 empezó a observar algunas reacciones frente al dolor que tenían sus pacientes y que le llamaron mucho la atención. Cuando el doctor atendía a soldados con heridas de guerra de una magnitud considerable en el campo de batalla, estos no se comportaban como esperaba.
Comprobó que los soldados se quejaban muy poco y que demandaban muchos menos analgésicos en comparación con civiles a los que atendía en el mismo hospital con heridas de gravedad similar, quienes demandaban con mayor frecuencia analgésicos e informaban de una mayor intensidad de dolor. ¿Qué factores psicológicos podrían explicar la diferencia entre la percepción del dolor en un caso y en otro? El doctor Beecher postuló que el dolor está determinado por más factores que el tamaño o la gravedad de una lesión, consideró que el significado que cada persona le daba a esa herida era elemental en la percepción del dolor. Para los soldados, tener una herida grave era un «regalo», significaba haber sobrevivido, haber salido del campo de batalla generaba emociones incluso positivas. Para los civiles, en cambio, la herida era una catástrofe, un acontecimiento absolutamente deprimente.
¿Quieres conocer un poco más sobre esta teoría? Te contamos...
La teoría de la compuerta
En cómo entendemos el dolor actualmente tuvo un papel crucial la teoría de la compuerta de Melzack y Wall en los años sesenta. Aunque ha evolucionado mucho, esta teoría supuso un gran avance en la comprensión del dolor, y además permite entender cómo se produce el dolor de forma muy sencilla a través de la analogía de la compuerta para explicar las vías nerviosas y la modulación del dolor.
Según esta teoría, existe un mecanismo de regulación de la percepción del dolor por el cual cómo sentimos el dolor estaría determinado por la influencia de elementos que se podrían agrupar en tres categorías, y, en función de la activación de los diferentes elementos, se abriría la «compuerta» de percepción del dolor.
Elementos motivacionales afectivos (por ejemplo, el estado de ánimo)
Elementos cognitivos evaluativos (por ejemplo, interpretar que el dolor es algo terrible)
Elementos fisiológicos (por ejemplo, la magnitud de la lesión)
De forma resumida, se plantearía que las vías nerviosas que transmiten la señal de dolor contienen «compuertas» que bloquean o amplifican las señales del dolor, no permitiendo, o permitiendo en exceso, que lleguen al cerebro a percibirse.
Algunas conclusiones
El dolor es una experiencia multidimensional: confluyen factores de diferente naturaleza para modular la experiencia, y cada persona construye su propio significado.
El dolor agudo puede ser una señal de alarma que indique que algo no va bien o requiere atención.
