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Perdidos entre dietas y pastillas milagrosas, entre superalimentos y productos que prometen ser fuente de salud y bienestar, cada vez más personas sufren de obesidad, diabetes, cáncer, accidentes cardiovasculares, enfermedades autoinmunitarias, ansiedad o depresión; cada vez hay más personas desesperadas por largas y pesadas digestiones: acidez, reflujo, hinchazón, gases o estreñimiento, y cada vez más niños conviven con el asma y las alergias. Todas estas patologías tienen un nexo común: la alteración de la microbiota intestinal -los microbios que residen en nuestros intestinos-. Alimentación prebiótica es una guía inédita que proporcionalas claves para cuidar de nuestra microbiota intestinal a través de aquello que comemos. Un libro escrito en un lenguaje sencilloy con una perspectiva integrativa, basado en los últimos descubrimientos científicos y en la experiencia clínica, señas de identidad de Niños sanos, adultos sanos (Plataforma Editorial, 2016), su antecesor. Aquí no encontrarás milagros ni dietas ni superalimentos ni historias de ese estilo. A cambio te ofrecemos un libro lleno de recetas sencillas, deliciosas y accesibles para todo el mundo, especialmente ideadas para cuidar el aparato digestivo y alimentar la microbiota intestinal. Empezar una Alimentación prebiótica supondrá un antes y un después en la salud de muchas personas. ¿Serás una de ellas?
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Seitenzahl: 187
Veröffentlichungsjahr: 2017
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ALIMENTACIÓN PREBIÓTICA
Para una microbiotaintestinal sana
Xavi Cañellas, Jesús Sanchis,Xavier Aguado y Lucía Redondo
La información presentada en esta obra es simple material informativo y no pretende servir de diagnóstico, prescripción o tratamiento de cualquier tipo de dolencia. Esta información no sustituye la consulta con un médico, especialista o cualquier otro profesional competente del campo de la salud. El contenido de la obra debe considerarse un complemento a cualquier programa o tratamiento prescrito por un profesional competente de la medicina. Los autores y el editor están exentos de toda responsabilidad sobre daños y perjuicios, pérdidas o riesgos, personales o de cualquier otra índole, que pudieran producirse por el mal uso de la información aquí proporcionada.
Primera edición en esta colección: octubre de 2017
© Xavi Cañellas, Jesús Sanchis, Xavier Aguado y Lucía Redondo, 2017
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2017
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-17114-01-5
Fotografías de recetas e ingredientes: Àlex Colom y Anaïs Gordils de wa-studio.cat
Ilustración de portada y del interior: Mamen Díaz
Diseño de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
INTRODUCCIÓN
Intenciones
Prebiótica, ¿¡de qué va esto!?
¿Por qué alimentación y no dieta prebiótica?
¿Y por qué alimentación y no nutrición?
Prebióticos, probióticos y microbiota: ¿quién es quién?
MICROBIOTA INTESTINAL
Humanos y microbios: toda la vida juntos
Funciones de la microbiota intestinal
¿Y cómo lo hace la microbiota para realizar todas esas funciones?
Diversidad y ecosistema intestinal
¿Cómo lograr una gran diversidad intestinal?
¿Existe la microbiota intestinal «ideal»?
Microbiota alterada y enfermedad, ¿de verdad?
ALIMENTACIÓN
Alimentación disbiótica
Alimentación prebiótica
Fibras fermentables
Polifenoles
Las grasas buenas
Alimentos fermentados: un auténtico festín
LOS MEJORES ALIMENTOS PARA LA MICROBIOTA INTESTINAL
Manzana y zanahoria cocida
Patata y boniato
Alcachofas, cebollas, puerros y espárragos
Semillas de lino y semillas de chía
Avena integral
Cacao
Frutos rojos
Especias
Chucrut
Miel cruda
MANOS A LA OBRA: ¿QUÉ, CÓMO Y CUÁNDO LO COMO?
¿Cuántas veces como al día?
Lo que tengo que saber sobre los alimentos
Hortalizas
Tubérculos
Frutas
Huevos
Pescados
Mariscos
Carnes
Frutos secos y semillas oleaginosas
Algas marinas
Lácteos
Legumbres
Cereales
¿Para endulzar, beber y cocinar?
¿Con qué endulzo?
¿Qué bebo?
¿Con qué técnicas cocino?
¿Cómo me organizo?
Desayuno
Media mañana / merienda
Comidas y cenas
RECETAS
HORTALIZAS, TUBÉRCULOS Y OTROS
Alcachofas con salsa de menta y orégano
Arroz semiintegral con hortalizas
Berenjenas a la plancha con emulsión de rúcula, nueces y miel
Calabacines con emulsión de col
kale
y compota de manzana
Caldo de hortalizas con decocción de lino
Crema de boniato, zanahoria y puerro
Crema de chirivía y manzana
Crema de patata, puerro y col
kale
Creps de trigo sarraceno
Ensalada de patata, alcachofas y gambas
Ensalada de pepino con emulsión de anacardos y
curry
Ensalada de sandía, anchoas y queso feta
Ensalada oriental de amaranto
Escalivada al horno
Espárragos gratinados con bechamel de almendras
Falso cuscús de brócoli, hortalizas y alga
wakame
Humus de boniato al
curry
Judías verdes y patatas con emulsión de anacardos
Puré de berenjena y tahín
Sopa fría de pepino
Trinxat
de boniato y coliflor
PESCADOS Y MARISCOS
Arenques con especias y miel
Bacalao con costra de almendras y aceitunas
Caballas marinadas a la sal, eneldo y remolacha
Ceviche de caballa con vinagre de manzana
Dorada a la plancha con emulsión de manzana y albahaca
Ensaladilla de pulpo
Fishcakes
de boniato, gambas y champiñones
Sardinas a la plancha con guacamole de manzana
Sardinas marinadas con vinagre de manzana, limón e hinojo
Sepia a la plancha con
parmentier
e hinojo
HUEVOS
Ensaladilla rusa de tubérculos
Huevos al plato con salteado de setas y boniato
Huevos rellenos con aguacate, atún y mayonesa casera
Huevos rotos con patata y boniato
Tortilla de albahaca rellena de hortalizas
CARNES
Albóndigas de ternera con salsa de tomate y nueces
Conejo a la plancha con patatas al horno
Hamburguesa de ternera con
boletus
y
parmentier
de patata
Pinchos de pollo marinado
Rollitos de pato con paté de alcachofas
ACOMPAÑAMIENTOS
Chucrut casero
Chutney
de berenjena y manzana
Coca de trigo sarraceno con anís
Coliflor encurtida con vinagre de manzana
Crackers
caseros de trigo sarraceno
Zanahorias encurtidas con vinagre de manzana
DESAYUNOS, POSTRES Y
SNACKS
Barritas de plátano y chirivía
Bastones de plátano macho con semillas
Batido de remolacha, fresas y plátano
Bebida de almendras merengada con kéfir
Chocolate espeso de semillas de chía
Compota de manzana
Compota de manzana con frutas secas
Crujientes de plátano con avena y canela
Crujientes de plátano macho con puré de aguacate
Gachas de amaranto con manzana
Gelatina de frutas con agar-agar
Granizado de manzana y apio
Helado de boniato, plátano y remolacha
Helado de plátano y fresas
Natillas de huevo con bebida de avellanas
Panna cotta
de frambuesas
Porridge
de avena
Pudding
de chía
Pudding
de frutos rojos con frutos secos
Tortitas de almendra con compota de manzana
Zumo de mandarina, zanahoria y pera con jengibre
BIBLIOGRAFÍA MÁS RELEVANTE
Cubierta
Portada
Créditos
Índice
Introducción
Alimentación prebiótica
Bibliografía
Colofón
Varios son los motivos por los que este libro puede estar en tus manos: quizás te ha llamado la atención la ilustración de la portada, o te ha sonado bien esto de Alimentación prebiótica o, tal vez, has llegado a él a través de nuestro primer libro, Niños sanos, adultos sanos. Quizás eres una de esas personas que lleva tiempo queriendo hacer un cambio en su alimentación, en sus hábitos, en su vida. Una de esas personas que está cansada de convivir con una sensación de pesadez, de apatía, de falta de energía, de libido y de alegría. Quizás, ojalá que no, has llegado a un punto en el que te desesperan las largas digestiones, la hinchazón, los gases, el reflujo, la acidez o el estreñimiento. O quizás, ojalá que sí, es una fantástica noticia, como puede ser un embarazo, la que te ha hecho decidirte a mejorar tus hábitos de vida. Sea cual sea el motivo que te haya llevado a leer nuestro trabajo, estamos seguros de que en este libro encontrarás una ayuda con la que mejorar tanto tu salud y bienestar como la de aquellos que decidan seguir tus pasos y comer tus platos.
Alimentación prebiótica es una prolongación de Niños sanos, adultos sanos, un libro que expone cómo la salud se programa desde el embarazo, y cómo la microbiota intestinal –los microbios que residen en nuestros intestinos–, la alimentación y la gestión del estrés son tres pilares básicos que debemos conocer y cuidar para asegurar o recuperar la salud. Está escrito con un lenguaje sencillo y con una perspectiva integrativa, analizando el organismo como un todo, ofreciendo soluciones prácticas y alejadas de interés y manipulaciones, fácilmente aplicables por mamás, papás y profesionales de la salud.
Con esas mismas señas de identidad surge Alimentación prebiótica, un libro lleno de conceptos, ideas y propuestas inéditas y en el que, para ponerte las cosas aún más fáciles, mejorar la creatividad, sumar conocimiento y hacerlo todavía más práctico, nos acompañan la dietista-nutricionista Lucía Redondo y el chef Xavier Aguado. Un equipo humano con una gran ilusión compartida: ayudarte a generar cambios en tu vida, en la de tus hijos, en la de un buen amigo, en la de tu paciente o en la de miles de ellos.
Si tú también crees que otra forma de gestionar la salud es posible y te comprometes a cambiar (pues nada cambia si no cambias nada) o afianzar tus buenos hábitos de vida, te invitamos a empezar (o continuar) apostando por una alimentación basada en alimentos de calidad, coherente con nuestra evolución, sencilla, deliciosa y accesible a todo el mundo, con la particularidad de ser rica en prebióticos. Hablemos, pues, de alimentación prebiótica.
Sí, lo sabemos, es más que probable que esto de prebiótica no te suene especialmente familiar, incluso somos conscientes de que muy probablemente te vengan a la cabeza preguntas del tipo: pero ¿de qué me hablan estos ahora? ¿otro tipo de dieta, alguna nueva promesa que todo lo cura, un nuevo elixir de la juventud, otro libro lleno de superalimentos?, ¿acaso quieren aprovecharse de una nueva y pasajera moda surgida de los nuevos estudios y la creciente preocupación por la salud intestinal? ¡No!, en Alimentación prebiótica no vas a encontrar milagros, ni dietas, ni superalimentos, ni milongas saca, cuartos del estilo, nuestra intención es aportar propuestas serias basadas en los últimos descubrimientos científicos, en lo que conocemos sobre lo que fuimos y lo mucho que perdimos al dejar de serlo y, cómo no, basadas en uno de los sentidos que más han caído en desuso con el paso de los años y la aparición de innumerables sociedades «científicas» y expertos de todo tipo: el sentido común.
Aunque etimológicamente la palabra dieta proviene del griego dayta, que significa «régimen de vida», y tiene diferentes acepciones como, por ejemplo, «conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento», es decir, que todos seguimos una dieta; es cierto que a nadie se le viene a la cabeza algo positivo al pensar en ello, más bien al contrario. Hablar de dieta es hablar de control, de privación, de aburrimiento, de peso, de báscula… O, en palabras de diccionario, es hacer referencia a un «régimen que se manda observar a los enfermos o convalecientes en el comer y beber», o es hablar de «privación completa de comer». En definitiva, hablar de dieta suele ser una enorme fuente de estrés. Y, si algo no queremos en este libro, es potenciar el estrés desmedido que, por desgracia, inunda cada vez más nuestras vidas, mermando, y de qué manera, nuestra salud.
Pues esto se debe a que una de las primeras lecciones que escuchas al estudiar algo relacionado con las cosas del comer es que la alimentación es voluntaria y consciente, mientras que la nutrición es involuntaria e inconsciente. O, dicho de otra forma, el proceso de alimentación termina cuando el alimento entra en la boca, instante en el que comienza el proceso fisiológico de la nutrición. Por lo tanto, para una correcta nutrición y, por ende, una buena salud, nuestro foco de atención debe estar centrado en la educación y la prevención, es decir, en llevar a cabo una buena alimentación.
Antes de seguir, centrémonos y dejemos claro de qué hablamos, cuáles son los que comen y cuáles son los que alimentan. Sin duda alguna, nos encontramos ante tres conceptos que hasta hace unos años eran desconocidos para la inmensa mayoría de la población. Pero, a día de hoy, están muy presentes en anuncios de los medios de comunicación, en farmacias y parafarmacias, en herboristerías, en multitud de suplementos y, cada vez más, también en productos comestibles.
La microbiota es el conjunto de microbios que habitan en nuestro cuerpo, mientras que al hablar de microbiota intestinal estamos haciendo referencia a los microbios que albergamos en nuestros intestinos. Mayoritariamente son bacterias, pero también arqueas, hongos, protozoos, virus, etcétera.Actualmente, gracias a los miles de trabajos de investigación que se han llevado, que se siguen y que se seguirán llevando a cabo centrados en el estudio del fascinante mundo microbiano que nosotros, sus huéspedes, albergamos en todas las superficies e invaginaciones de nuestro cuerpo, sabemos que no solo son importantes, sino trascendentales e insustituibles. Es más, sabemos que, si ellos enferman, nosotros también.
Lamentablemente, en ocasiones, muchas, y cada vez más y a más temprana edad (lo cual ni es una tontería ni una casualidad y debería hacernos reflexionar, y mucho), provocamos modificaciones no deseables de la microbiota intestinal que se traducen en problemas de salud para el huésped (el ser humano). A esta alteración perjudicial se la denomina disbiosis. Y, ante tal situación, quizás sería lógico buscar una forma de introducir en nuestro organismo microorganismos que sean beneficiosos para intentar reestablecer el equilibrio perdido. ¡Eureka!, acabamos de descubrir los probióticos: «microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio para la salud en el huésped».
Pero ¿cómo nos aseguramos de que esos probióticos tengan suficiente alimento para sobrevivir? ¿Y cómo es posible que tantos miles de millones de microorganismos vivan en nuestro interior? ¿Qué come la microbiota intestinal? ¡Prebióticos, come prebióticos! Un prebiótico se define como un sustrato que es utilizado selectivamente por microorganismos hospederos y que aporta un beneficio a la salud. Y de eso trata Alimentación prebiótica: de encontrar, seleccionar y cocinar aquellos alimentos que nos proveerán de excelentes prebióticos, un manjar para nuestros microbios saludables y, con ello, una fuente de salud y bienestar para nosotros.
Situémonos. Hace aproximadamente 3,4 billones de años o, lo que es lo mismo, 3,4 millones de millones de años, los microbios aparecieron en el planeta Tierra. Sin embargo, no fue hasta hace algo más de 2 millones de años que apareció el género Homo, al que pertenece nuestra especie, el Homo sapiens (los seres humanos actuales), con una historia de no más allá de 200.000 años. Es decir, cuando hablamos del proceso en el cual vamos adquiriendo microbios en nuestro organismo, lo que denominamos colonización, debemos tener presente que ellos ya estaban aquí cuando nosotros aparecimos. Y esto que acabamos de explicar es de vital importancia para comprender que desde el primer instante en que nosotros empezamos a desarrollarnos y evolucionar como especie, hemos compartido nuestro organismo con microbios. Con ellos hemos coexistido, cooperado y coevolucionado de forma exitosa, estableciendo desde el inicio un tipo de relación en la que todos salimos ganando (simbiosis mutualista), y si es salud lo que buscamos, así debería seguir siendo.
En las últimas dos décadas, el conocimiento sobre las múltiples e importantes funciones que los microbios llevan a cabo en nuestro cuerpo no para de crecer. Y cuanto más descubrimos, más claro tenemos que no solo podemos clasificar a la microbiota como un órgano más, sino que se trata de un órgano de vital importancia para nuestra salud. Poco a poco hemos ido descubriendo que la microbiota intestinal está implicada en alrededor de veinte mil funciones biológicas que suceden cada día, a cada instante, en nuestro cuerpo. La mayoría están relacionadas con la digestión, el mantenimiento de nuestro epitelio intestinal, la exclusión de potenciales patógenos, la transformación de xenobióticos –del griego xeno («extraño») y bio («vida»), una infinidad de compuestos sintéticos elaborados por el ser humano–, la maduración y el mantenimiento del sistema inmune y hasta en el control de nuestro comportamiento, el manejo de nuestras emociones y la gestión del estrés.
Un buen ejemplo del rápido avance que la ciencia ha experimentado en este ámbito son los descubrimientos del doctor John F. Cryan, de la Universidad de Cork (Irlanda), sobre la conexión que existe entre nuestro cerebro y nuestros intestinos, una conexión de doble sentido a la que se conoce como el eje intestino-cerebro o, si hilamos más fino, el eje microbiota-intestino-cerebro. Por un lado, sabemos que el estrés crónico puede alterar el epitelio intestinal (provocando una excesiva permeabilidad en los intestinos), con lo que se reduce la formación de mucina protectora, se altera nuestro tránsito intestinal y también causa disbiosis. Por otro lado, sabemos que la microbiota y el intestino son capaces de modular nuestro comportamiento y que, por ejemplo, pueden llegar a guiar nuestra preferencia por unos u otros alimentos, y a controlar nuestra sensación de hambre y saciedad.
Lo cierto es que la estrecha relación que mantenemos con nuestros microbios, fruto de la cual tantos beneficios obtenemos, es posible gracias a específicos y complicados mecanismos de los que todavía conocemos poco. Por ejemplo, sabemos que los microbios pueden influir (positiva o negativamente) en nuestro organismo activando el sistema inmunitario, comunicándose directamente con el cerebro a través del nervio vago o formando un sinfín de compuestos (muchos aún por descubrir), tales como citoquinas, neurotransmisores o ácidos grasos de cadena corta. De estos últimos, los más numerosos son: butirato, propionato y acetato, que desempeñan funciones clave en nuestro organismo y, de los cuales, el butirato tiene una especial relevancia. Este es considerado el compuesto más prometedor, con el mayor potencial antitumoral, y se cree que tiene un papel clave para el mantenimiento del intestino. Lo obtenemos gracias a la metabolización por parte de nuestros microbios. Y la forma más fácil de potenciar su producción es ¡con una alimentación prebiótica!
Imagina un bosque con un ecosistema lleno de plantas, flores, árboles, insectos, pájaros y mamíferos de todo tipo. Una comunidad de seres vivos rica y diversa, cuyos procesos vitales se relacionan entre sí. ¿Qué te inspira pensar en ello: salud o enfermedad? Ahora, imagina un bosque en llamas, con escasez de árboles y animales y, además, con muy poca diversidad de colores y especies, ¿qué tal ahora?, ¿qué te inspira: salud o enfermedad? Pues bien, has de saber que en nuestro interior también albergamos un ecosistema: el ecosistema intestinal. Ahí, como en el bosque, encontramos (o deberíamos hacerlo) una enorme y diversa comunidad de seres vivos que se relacionan entre sí, y con nosotros. Y sabemos que el primer bosque, el rico y diverso, nos acerca a la salud, mientras que el segundo bosque, el quemado y con poca diversidad, nos aleja de la salud y nos acerca a la enfermedad.
Son múltiples los factores que influyen en la composición y función de la microbiota intestinal. Entre los más destacables podemos encontrar: alimentación, ejercicio físico, consumo de alcohol, hábitos tóxicos como el tabaquismo, lugar de nacimiento y residencia, contacto con la naturaleza y los animales, número de hermanos, hábitos higiénicos, enfermedades y trastornos de todo tipo (inmunitarios, metabólicos o neurológicos), estado de ánimo y niveles de ansiedad y estrés, ingesta de fármacos (especialmente de antibióticos) y también la edad, el sexo y la genética juegan su papel aquí. Aunque no debemos pasar por alto que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, somos nosotros los que, con nuestras decisiones y actuaciones, tenemos la última palabra.
Además, es necesario que padres y madres, y también profesionales de la salud, conozcan que los hábitos de vida que se llevan a cabo durante lo que denominamos la ventana de oportunidad, que engloba la gestación (e incluso antes), el parto, la lactancia y la introducción de alimentos hasta aproximadamente los tres años de vida, son definitorios en la composición y función de la microbiota intestinal de los pequeños y futuros adultos. Es lo que en el libro Niños sanos, adultos sanos describimos como la programación de la microbiota intestinal.
Sería muy osado por nuestra parte, quizás irresponsable con lo mucho que nos queda por descubrir, afirmar que ya sabemos cómo es la microbiota intestinal perfecta. No obstante, es bien cierto que, con el paso de los años y la realización de investigaciones científicas, se han ido definiendo cuáles serían los pasos que hay que seguir para la adquisición y el mantenimiento de una microbiota intestinal «ideal». Y, como comentábamos, todo empezaría por tener un estilo de vida saludable antes de la concepción y, por supuesto, mantenerlo durante la gestación (y, obviamente, el resto de la vida), un embarazo alejado de elevados niveles de estrés y caracterizado por un buen descanso y una buena alimentación, un parto natural alejado cuanto más mejor de todo tipo de medicación, lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, prolongándola (siempre que se pueda y así lo quieran madre e hijo) hasta, al menos, los dos años de vida y ausencia de medicación (especialmente antibióticos) a cualquier edad, aunque su ingesta es especialmente perjudicial durante la ventana de oportunidad. También se ha demostrado que vivir en el campo, rodeado de animales, o tener hermanos es especialmente beneficioso para nuestro sistema inmune, y hace disminuir espectacularmente el riesgo de alergias, asma y dermatitis atópica.
Con todo ello, se ha establecido que la seña de identidad más distintiva de una microbiota intestinal idóneamente establecida y mantenida sería poseer una gran diversidad. Y, claro, conociendo esto, a muchos se nos habrá ocurrido lo mismo: ¿por qué no buscamos quiénes son las personas que poseen una mayor diversidad en su ecosistema intestinal e intentamos imitarlas? Pues bien, tenemos una mala noticia, bueno, no, en realidad es una gran noticia: se nos han adelantado.
