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Allin Kawsay: El buen vivir andino es la primera entrega del autor, en la que relata su vínculo con las sabidurías milenarias y ancestrales de los Andes, el encuentro con Yachaj, un hamawta jujeño, a quien eligió como su maestro, y el recorrido en este khamino iniciático del despertar de consciencia y de creación de la realidad propia para una existencia con brillo. Para ello eligió el mito andino, conectándose con la cultura niciática, de resplandor y esplendor de los hermanos Inkas, aquellos que, con su elevado nivel de consciencia, pasaron por la puerta del sol. Es Inka aquel que en su existencia brilla como el sol. En este recorrido, encontrarás herramientas para despertar el guerrero y la guerrera interior, develar tu ego y comprender cómo este juega todos los días en tu vida a ganar, a quitarte el brillo, a detenerte en el encuentro con tus metas, tu crecimiento y tu elevación. El autor nos relata su contacto con el mundo ceremonial de los Andes y la Misha andina, una construcción metafísica, herramienta de cocreación de la realidad, para integrar el uso de ambos hemisferios de la mente con la lógica iniciática y el manejo del simbolismo sagrado andino. Además, revive el contacto con los hermanos Q'eros, último ayllu andino, guardián de las sabidurías ancestrales, quienes las conservaron vivas desde la etapa del resplandor de los maestros ascendidos hasta nuestros días. En este libro, encontrarás claves y códigos andinos develados para comprender el manejo de tu mente, los embates a los que te enfrentas en tu día a día y la simpleza de integrarte a la naturaleza y al universo, como aliados en este juego llamado vida.
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Seitenzahl: 126
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Zárate Molina, Nicolás Alejandro
Allin Kawsay : el buen vivir andino / Nicolás Alejandro Zárate Molina. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
114 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-640-6
1. Desarrollo Personal. 2. Autoayuda. 3. Espiritualidad. I. Título.
CDD 158.1
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Zárate Molina, Nicolás Alejandro
© 2023. Tinta Libre Ediciones
Allin Kawsay Mi buen vivir andino
Índice
Introducción Pág. 9
Kawsay: la existencia en los Andes Pág. 15
Esto es todo, ¿es todo? Pág. 15
¿Esto es todo? Pág. 17
Yachaj Runa: hombre que sabe Pág. 18
Mi vida no fue más la misma Pág. 18
El saludo Pág. 19
El Kawsay Pág. 25
La mejor respuesta Pág. 26
La existencia en los Andes Pág. 27
El ego Pág. 31
Conocer el ego Pág. 33
¿Cómo más puedo conocerlo? Pág. 38
¿De dónde nace? Pág. 42
La iniciación Pág. 46
El ego también es energía Pág. 50
Kawsay Runtu Pág. 53
La alétheia, la sombra y… Pág. 56
El cero Pág. 58
La nada, el vacío y la iniciación Pág. 59
De vaciarme Pág. 62
Las juch’as Pág. 65
El despertar del guerrero Pág. 68
La serpiente y el guerrero Pág. 71
La vida ceremonial Pág. 75
La dualidad andina Pág. 75
Mi primer ceremonial Pág. 78
¿Para qué son los ceremoniales? Pág. 81
El simbolismo en el mundo andino Pág. 88
La estructura textil y simbólica del altar sagrado Pág. 91
Yanantin Pág. 97
La práctica ceremonial y los hemisferios de la mente Pág. 102
Después del ego y con él: el khamino del pontífice Pág. 104
Bibliografía Pág. 111
Introducción
Allinta Yachay
Allinta Rimay
Allinta Munay
Allinta Llankay
Allinta Ayni.
Hoy es miércoles, un día de la semana que podría ser común, uno más de los últimos varios días en los que no ceso de no escribir1. No cesar de no ejecutar sueños, proyectos, metas, tunachas (para el mundo andino, representan esos objetivos conmensurables, medibles). No ceso de no hacer aquellas cosas que vengo pensando desde hace un tiempo hacer y que quedan ahí, en potencia, irrealizadas, idealizadas, no intencionadas, hasta las nombraría como poco queridas. Atrapado en lo imposible.
Me levanto con esfuerzo, sin muchas ganas de hacerlo, medio cansado, mas me levanto. Nada me termina de motivar, de enamorar, de seducir. Tampoco lo elijo y, si lo hago, siempre es a medias, con callejones de salidas inmediatas, escapes a mano, sin certezas. No hay trazo ni vertical.
Despierto a mi hija Oli; digamos que ahí sí comienza el baile y se pone entretenida y movidita la mañana. La cambio, la ropita, el delantal, le preparo su leche, la limpieza de dientes, una cepillada de pelo tranqui y salimos rumbo al jardincito. Esa cepillada de pelo siempre es tranqui, y lo notan las maestras y su mamá.
Es también, hoy miércoles, un día de la semana especial y diferente para mí. Me levanto con una actitud y un semblante diferentes. Decido, por fin, hacer el cruce, generar la magia, hacer un más uno con la situación, y comienzo a escribir. Hago de a pasos, uno más uno, de a poco, con amor, brillo y entusiasmo, estas primeras páginas de lo que es o será mi primer libro. Pienso y digo: “Chuuu —en jujeño—, o Guauuu —algo más internacional—, ¡estoy por escribir un libro!”. Algunos trazos ahora son verticales.
Hoy, por esos programas familiares, decidimos con Raquel, mi compañera de vida (porque así decido libremente llamarla), que yo llevaré a mi hija mayor al cole. Ella está en la primaria y su horario de ingreso es más temprano que el de Olivia, la pequeña.
Estoy sentado frente a la compu y, lo que es más lindo, en compañía de Juana. Le cuento con mucha felicidad que estoy comenzando a escribir este libro, y me pregunta con alegría si es sobre mi vida y si hablaré de ella en él. Le cuento que es la testigo de este día tan especial para mí, y me mira entre intrigada y desinteresada, mirando de reojo su celu. Ser padre de una hermosa mujercita de once años (los once de hoy), casi niña, casi joven, es todo un desafío, e interesarla en algo que podamos compartir, ni hablar. Le cuento que ella ya está en el libro, aunque seguramente ella quisiera estar más. Quisiera ella que contara de sus logros, de su música y de lo buena artista que es. No comprende del todo por qué le atribuyo esa responsabilidad, la de ser testigo de este nuevo comienzo en mi vida, mas ahora se muestra contenta.
Esta realidad cesa de no escribirse2. Ahora escribo y lo hago con munay (el amor andino) porque así lo elijo y porque el amor también así lo quiso. Lo hago con poder y con deseo. Me desperté con ganas de hacerlo, lo soñé, lo sentí en mi corazón, en mi mente, en mi piel, en todo mi ser. Lo escribo con brillo, porque es la palabra que también elijo para llenar de sentido mis pensamientos, mis palabras, mis emociones y mis quehaceres. Lo hago con poder porque también, desde la consciencia, elegí hacerlo sin apego, con la menor intervención posible de mi ego, que quiere que sea escritor, chamán, un referente, haga lo que haga y me dedique a lo que me dedique. Este ego construido y alimentado quiere eso: al gran Nico.
Pensamiento, palabras, emociones, acciones son códigos. Códigos andinos. Luego los comprenderemos y habitaremos. Y también el brillo, ese condimento que sazona con un toque especial esas comidas sabrosas que nos despiertan emociones y sensaciones únicas. Es la brillantina de mis primeras creaciones en las actividades prácticas del cole. Es eso que se refleja en mis ojos o, lo que es más lindo, en los de mis hijas cuando les cuento una linda sorpresa, una historia de magia antes de dormir, cuando bailamos y jugamos. Porque, con solo compartir ese momento de amor juntos, brillamos.
Quienes habitamos esta lectura vivimos, posiblemente, un gran amor, o varios, y sabemos qué es el brillo o lo imaginamos y también lo habitamos, lo queremos, lo añoramos. El brillo está en todos lados si así lo elegimos. Porque también es una elección así hacerlo, ponerle esa sazón a cada acto de mi vida, a cada palabra, idea o sentimiento. Se repiten estas palabras y ya resuenan. Son códigos. Códigos andinos.
El buen saber. El buen hablar. El buen amar. El buen hacer.
Y también, la reciprocidad. La identidad en lo que doy y en lo que recibo. El buen compartir, complementar, intercambiar en equilibrio, entregar y recibir. Eso que compartimos día a día, muchos hasta inconscientemente, con los abuelos árboles y las hermanas plantas. Es ese intercambio de oxígeno y dióxido de carbono que en reciprocidad nos brindamos miles de veces por días, sin esfuerzos, sin medias ni medidas, sin deudores o acreedores. Ese intercambio armónico, en los Andes, lo llamamos Ayni.
La buena reciprocidad, en equilibrio, en armonía…
¡Hampy! ¡Hampy! ¡Hampy! Ayni.
Son códigos. Códigos para el buen vivir, para el Allin Kawsay, para la linda y buena existencia. Porque la existencia es mucho más que solo vivir; es habitar la vida con brillo, con munay, con conciencia, despiertos, ante el cosmos, ante el todo generador, creador y ordenador. Pachamama y Pachacamaq.
La buena existencia: ¡Allin Kawsay!
Estas palabras fueron escritas con munay, son la expresión de una mirada, una percepción y un estado de conciencia. De un tiempo-espacio que habito al momento de cada escritura, que es cíclico y experimental. Impregnadas de apegos y desapegos, en lucha constante. Llenas de un yo que pretende ser deshabitado, vacío y a la vez habitado, consciente. Con miedos, con vida, con humanidad. Son simplemente el relato existencial y experiencial de quien lo escribe, impregnado por la elección consciente de sabidurías aprehendidas de maestros, canalizados en libros, personas, egos y vivencias. Siempre en Munay, con amor, deseo y poder, trabajando el desapego al resultado.
Que vueles hasta las alturas del cóndor (Hanan Pacha) y que en el Kuntur Paway (el vuelo del cóndor) encuentres las sabidurías y las percepciones sagradas. Que el tiempo presente del Kay Pacha te dé el lugar, la cautela, la simpleza y la templanza del puma. Que la existencia primaria de Amaru (serpiente) te conecte con la humanidad de este plano, con la ancestralidad y con la virtualidad de cambiar tu piel (Ukhu Pacha).
Gracias a mi hermano y maestro Yachaj Runa por acercarme a la luz andina en este khamino de trascendencia. Gracias a mis ancestros, a este maravilloso lugar de existencia, a todos los hermanos y hermanas de la vida, a todos los egos con los que aprendo día a día y me desafían a crecer. ¡A todos mis amores! Gracias a la sagrada hoja de coca (Wilka Mama Coca), a la Tawachakana, a la nación Q´ero, protectora, guardiana y transmisora de esta sabiduría ancestral, milenaria y viva, a los Apus, a las montañas, a Pachamama y Pachacamaq, Hallpa Mama, Wayra Tayta, Inti Tayta, Yacu Mama: Urpillay Sonqollay. Gracias, Gracias, Gracias. Desde Jujuy, Collasuyu, en el sur del Tawntinsuyu, norte de Argentina, desde mi conciencia, es mi intención que disfrutes del khamino.
¡Jallalla!
Inti Raymi, 2023, Huacalera, Jujuy, Argentina. Fuente: imagen tomada y compartida por Caro Carrillo .
Kawsay: la existencia en los Andes
Esto es todo, ¿es todo?
Estoy cerca y estoy lejos. Día a día, percibo en mis más íntimas fibras que hay algo más que esta realidad tal cual se me presenta. Esto no es todo. No lo sé y me permito jugar a creer que algo mágico me tiene que ocurrir. Algo que me cale aún más hondo que esos estados sombríos de tristeza aguda o dolor, o sus contrapartidas de excelsa excitación y alegría. Algo que me anime a crear en mi mente y también en mi corazón, que no comprendo, mas que siento. Es profundo y se siente. Es desconocido e imperceptible, mas se siente.
Años de terapias, las tradicionales y las holísticas. Fueron todas herramientas para tratar de comprenderme, ya que no se trata, en mi caso, de entender el movimiento astral, el giro de la Tierra, la composición molecular del agua o al otro. Quiero de una vez por todas saber qué me pasa. Por qué actúo, pienso y siento unas veces tan bien y otras tan mal. A veces gano y otras veces pierdo por goleada o empato. Hablaríamos, quienes estudiamos los estados de la mente, de quien se encuentra atrapado en lo contingente.
Ah, ahora ya sé y hablo de los estados o cárceles de la mente. “¡Qué nivel, viejo!”, diría mi amada madre y aún lo dice cuando le cuento que fui a tal restó, que tomé tal vino o que hice un gran viaje. ¡Ja, ja, ja!, es un chiste familiar que denota una percepción en mi crianza, a veces abundante, a veces en escasez. No es su culpa ni la de mi padre, quienes mucho hicieron para que Niquito creciera, se desarrollara, se instruyera, fuera un buen hombre y un buen profesional. Y cuántas cosas más que quisieron de mí, en su afán de amarme, a su manera, con sus percepciones, juicios, creencias y educaciones.
“¡Qué nivel, Niquito o Nicazo!”, diría mi nuevo, amado y alto yo. “Aaah, pero qué ego tan grande logró desarrollar este chico”, dirían en voz baja y a mis espaldas quienes creen querer conocerme y se pierden de mi mejor versión. Esa que a veces está buena y me enorgullece. Esa que día a día cultivo, con amor, consciencia y atención al embate diario con quien me acompaña también a diario en este khamino, mi ego (esperá, ya falta poco, hay todo un capítulo dedicado a él).
En fin, ya di un paso en contarles algo sobre mi ego, sobre una de las cárceles donde este nos puede atrapar (lo contingente3) y sobre mi inquietud sobre la existencia.
¿Esto es todo?
¿Y la magia? ¿Y las percepciones extrasensoriales que experimento en algunos lugares, sobre todo en mi querida Quebrada de Humahuaca? ¿Y mi viaje a Machu Picchu? ¿Y lo que sentí y viví allí? ¿Y el poder que siento que tengo adentro y que no sé manejar, expresar? ¿Y el amor, tan simple y a la vez complejo, que brota en mí y que escondo y disfrazo de miedo? ¿Y la señales que recibo, la intuición y los caminos equivocados? ¿Qué hago con todo esto y mi lógica de hemisferio izquierdo occidental?
Okey, abandono mi dureza, mis cuestionamientos, el misticismo y me ablando de a poco, que también es importante hacerlo para vivir y contar toda esta experiencia.
Desde niño (cuán importante me es volver a esas esencias puras de niñez) siempre estuve muy ligado al mundo andino. Sin comprenderlo demasiado, amaba los paisajes, las casa, las personas, los colores, los olores que inundan este maravilloso mundo en la andinidad. Para ser gráfico, es un poco de olor a sahúmo de carbón y coa, o, como supo decirme un amigo, olor a puna. A lana de oveja o de llama y a nostalgia. A sol y frío; a veces, a verde y calor.
Colores vibrantes, encendidos, contrastantes. Cielos azules, tierras marrones y unos toquecitos dispersos de verdor. Seres amables y hoscos. Casas perdidas entre las quebradas, animales pastando y más colores. Mercados, orden y desorden. Una mezcolanza de misticismo energético, añoranzas, simpleza, dureza y templanza. Amor y misterio. Catolicismo ferviente y sabidurías ocultas. Ancestralidad y olvido.
Esa es mi imagen compuesta de dualidad de este mundo andino en la actualidad. La que, sin temor, afirmo que amo y sobre la que sigo insistiendo y amando sin comprender.
Pues bien, lo de sin comprender lo dejo suspendido.
Yachaj Runa: hombre que sabe
Años atrás, venía escuchando sobre el Inti Raymi. Es una celebración andina que representa el año nuevo en este lugar del planeta, el hemisferio sur. Cada 21 de junio, en el mundo andino se lleva a cabo la Fiesta del Sol. Buenísimo; esta es la excusa perfecta para, de una vez por todas, penetrar en este desconocido universo ceremonial o ritualista de mis hermanos coyas.
Como toda buena historia de despertar en estos tiempos, la mía se ubica temporalmente durante la inolvidable etapa de pandemia. Así fue como, con mucho tiempo disponible, la introspección a flor de piel, una búsqueda de sentido y más preguntas que respuestas, me invitaron a un Inti Raymi virtual. Y, bueno…, es lo que había en esos tiempos.
Sin excusas ni justificaciones, asistí a horario y con una atención poco usual en mí a las tres sesiones que nos brindó Yachaj Runa (Hamawta en estadios elevados de consciencia de la comunidad de los Sonqo Runa). Hoy y ayer, él es mi maestro en este khamino iniciático en las sabidurías milenarias andinas.
¡Apoteótica! ¡Inconmensurable! ¡Mágica!
Mi vida no fue más la misma
Paulatinamente, con valor, constancia y una imperiosa querencia por descubrir, con menos miedo y más amor (fórmula muy poderosa), me adentré en esto nuevo para mí: el despertar de consciencia, la generación de mi realidad, la creación de mi universo propio.
Ahora puedo hablarles, desde el fondo de mi corazón, de mi existencia.
Yachaj Runa y Nico Zárate, cerro Teta, Bárcena, Jujuy, Argentina. Fuente: elaboración propia.
El saludo
Allin Punchay Sumaj KawsayAllin Punchay Sumaj PunchayAllin Punchay Inti Tayta Allin Punchay HallpamamaAllin Punchay Wayra Tayta
