Alma Blake 2: La Bahía Espectral - Victoria Álvarez - E-Book

Alma Blake 2: La Bahía Espectral E-Book

Victoria Álvarez

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Beschreibung

La primera saga infantil de Victoria Álvarez Cuando a la madre de Aruv le sale un trabajo en Puerto Muerto, sus amigas, la disparatada Violet y las fantasmales Alma y Shiniko, se suman al viaje de cabeza: Puerto Muerto está encantado, ¡es el lugar ideal para pasar Halloween! Sin embargo, no tardarán en descubrir que las leyendas sobre la capitana María Malamuerte y su tripulación pirata son mucho más terribles (y más reales) de lo que imaginaban.

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Seitenzahl: 86

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Para Ana Segarra,a quien era inevitable encontrar.

Índice

1. Una noche como cualquier otra

2. El kuartel jeneral

3. Un viaje a veinte grados bajo cero

4. La Mar y Morena

5. Una feria escalofriante

6. Hacia el acantilado

7. En la boca del lobo

8. ¡Espectracular!

9. La estatua

10. El terror de los siete charquitos

11. Ese viejo conocido

12. Escándalo en el faro

13. El enviado del averno

14. El trato

15. La verdad verdadera

16. La «M» marca el lugar

17. En la cueva

18. El combate final

19. La calma tras la tormenta

El experimento de Violet

Créditos

1

Una noche como cualquier otra

Para la mayoría de los niños, HALLOWEEN es una fecha alucinante.

Es la noche en la que los fantasmas, los vampiros y las brujas campan a sus anchas por el mundo, aunque solo durante unas horas: en cuanto vuelve a salir el sol, los disfraces regresan a sus armarios hasta el año que viene.

Una noche que para Aruv Khan, acostumbrado a vivir al lado de un cementerio y con el don de ver a los espíritus, prometía ser… normal.

Normal por no decir un rollo. Una fiestecita para aficionados.

—Solo digo que no tienes por qué hacerlo, cielo —repitió su madre por tercera o cuarta vez. Se llamaba Sita y tenía la piel tan morena como él—. Sé que te aburres como una ostra cada vez que te llevo a mis reuniones.

Acababan de sentarse a cenar en la cocina, envuelta en el olor del curri recién hecho, pero no estaban solos: el padre de Aruv también se encontraba allí. Tarareaba para sí, tan transparente como el humo, mirando la tele.

—Le pedí a mi jefe que lo dejara para otro día, pero insistió en que era un caso importante para el bufete. Si tu padre siguiera aquí…

—Si siguiera siendo visible, querrás decir —comentó su marido.

—… no me lo perdonaría. Halloween era su fiesta preferida. —La madre de Aruv se quedó tan callada que el niño dejó de masticar. De repente parecía triste—. Esa bahía Espectral debe de ser realmente deprimente.

Hacía mes y medio que el señor Khan (mejor dicho, su fantasma) había regresado a casa, pero la señora Khan no se había dado cuenta. Aruv, que le había ayudado a volver del Otro Lado, se moría de ganas de contárselo, pero su padre aún no le había permitido hacerlo: «No pienso dejar que me arruines ninguna broma».

—A tu madre se le olvida que era historiador —dijo. Por eso daba clase en la Escuela Fantasmagórica, el colegio en el que estudiaban Alma y Shiniko, dos de las nuevas amigas de Aruv—. Puerto Muerto es muy antiguo, pero tiene su encanto.

—¿Puerto Muerto? —dijo Aruv parpadeando.

—Ese es el sitio en el que tengo que reunirme con mis clientes —respondió la señora Khan con cara de sorpresa—. El pueblo más famoso de la bahía Espectral.

—Un puerto pirata —añadió su marido—. Por eso es interesante.

Aruv creyó ver cómo su gata Durga enderezaba las orejas.

—No pasa nada, mamá, de verdad. No tengo planes de Halloween.

—Lo que me preocupa es que… —La señora Khan removió su curry con el tenedor—. No te gustan nada las cosas siniestras, cariño.

Eso había sido… antes. Antes de que Aruv se hiciera amigo de dos niñas muertas y de la hija de un streamer cazador de espíritus. Antes de descubrir que, a través de un espejo de su propia escuela, se accedía a otra idéntica solo que para fantasmas. Antes de que el plano de los vivos y el de los muertos hubieran estado a punto de mezclarse por su culpa.

Bueno, todo el mundo tiene un mal día de vez en cuando.

—Creo que podré soportarlo. —«Si papá viene con nosotros, será la monda», pensó Aruv. «Todo lo es con él»—. ¿Me dejas subir ya a mi cuarto, mamá? Estoy a punto de pasarme la última fase de Fort Night.

—Dichosos videojuegos —rezongó su madre—. Está bien, pero date una ducha antes. Y recuerda: quiero las luces apagadas en media hora.

«Seguro que exagera con ese sitio», se dijo Aruv mientras se metía en el cuarto de baño. Hacía tanto frío esa noche que, en cuanto abrió el grifo de agua caliente, la habitación empezó a llenarse de vaho. «Con las cosas que he visto desde que nos mudamos aquí…, incluida Shiniko después de que le pusieran un notable…, nada volverá a asustarme de verdad».

Cuando salió bostezando de la ducha, el vaho se había convertido en una niebla parecida a la de Londres. Aruv se puso el pijama de Spiderman a tientas, se acercó al lavabo para cepillarse los dientes y entonces, al mirar su reflejo, descubrió un mensaje en el espejo empañado.

Le faltó poco para atragantarse con la pasta.

—¿Al… Alma? —consiguió decir entre toses—. ¿Eres tú?

Era como si un dedo invisible acabara de escribirlo… Pero no podía ser el de un fantasma: si hubiera alguno cerca, Aruv se habría dado cuenta. Por algo era médium.

—¿Esto significa lo que creo? —Escupió los restos de pasta de dientes en el lavabo—. ¿Por fin has aprendido a embrujar objetos desde lejos?

El mensaje desapareció, pero solo para ser sustituido por otro.

NOS AN ENSEÑADO EN EL KOLE

—Genial: nunca más me atreveré a darme una ducha.

A KE ES LO MAS

—Lo sería si no estuviese llenito de faltas. —Aruv se secó la cara con una toalla—. Se nota que hace más de cien años que no abres un libro.

MEKACHIS

Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta.

—¿Es que te has dormido en la ducha, Aruv? —Oyó protestar a su madre—. Si no sales, te quedarás arrugado como una pasa.

—¡Medio minuto! —contestó mientras frotaba el espejo.

Tras borrar el último mensaje, abrió la puerta del baño, dio las buenas noches a su madre (a juzgar por su mal humor, debía de llevar un buen rato haciéndose pis) y corrió a su cuarto, aunque no para pasarse el videojuego.

En menos de lo que Durga tardó en decir «¿MARRAMAMIAU?», había abierto la ventana y, agarrándose a un canalón, se había deslizado hacia abajo.

2.

El kuartel jeneral

La primera vez que vio lo que había tras la tapia del jardín, Aruv se llevó tal susto que se cayó de culo sobre un arbusto florido.

Más tarde, cuando se atrevió a entrar con Alma, entendió que tampoco era para tanto: los cementerios no estaban mal… del todo.

Ahora, tras casi dos meses viviendo al lado de uno, entraba y salía como Pedro por su casa, incluso de noche. Ni siquiera necesitaba una linterna para orientarse: era capaz de recorrer el camino a oscuras.

Faltaba poco para la luna llena y el cementerio parecía pintado de plata. Un cuervo graznó desde un árbol mientras Aruv, avanzando de puntillas para que no le pillara el guarda, se encaminaba hacia la única fuente de luz que no procedía del cielo: un panteón situado entre unos ángeles de piedra.

ALMA BLAKE, ponía sobre la puerta, 1890-1900.La reja estaba entreabierta y Aruv, tras echar un vistazo a su alrededor, la empujó en silencio.

—Ya ha llegado el pelmazo que faltaba —saludó alguien en cuanto se coló en el interior—. ¡Ahora sí está completo el cuartel general!

No había ninguna lámpara en el panteón: lo que lo iluminaba era el resplandor ectoplasmático de su amiga Alma.

Flotaba a más de un metro de altura con sus trenzas ondeando como si estuviera dentro del agua. Shiniko, su compañera de pupitre, desprendía el mismo brillo desde la pared en la que se había apoyado mientras Violet, que iba a clase con Aruv, yacía repantingada sobre una lápida.

—Qué pijama más mono. —Tenía la cabeza teñida de morado apoyada en su mochila—. Solo te falta el gorro de dormir.

—Estaba a punto de acostarme. ¿Qué haces tú vestida a estas horas?

—Los investigadores de lo paranormal no dormimos, solo esperamos a que aparezcan los fantasmas. Nunca se sabe cuándo van a salir de fiesta.

El padre de Violet, el doctor Westwood, era un streamer especializado en el mundo de los espíritus, además de un cretino total. Aruv no había vuelto a verlo desde que, a comienzos de curso, consiguieron sabotear su plan para atrapar a Alma, pero seguro que aún no se le había pasado el mosqueo.

—No pillo lo del mensaje en el espejo —dijo sentándose en una esquina de la lápida—. Vosotras podéis aparecer donde os dé la gana.

—En las pelis de miedo lo hacen —contestó Alma—. Tengo que aprender a asustar si no quiero pasarme la eternidad sacando ceros…

—En las pelis de miedo no hay una falta por palabra —dijo Violet.

—Eso es quedarte corta —aseguró Shiniko—. Diez faltas.

—Sois lo peor. —Alma hizo aparecer algo que inundó de luz el panteón: una pizarra de ectoplasma suspendida en el aire—. Bueno, vamos al lío —dijo mientras la señalaba—. Se acerca la noche más chachi del año.

Cuando sus ojos se acostumbraron al resplandor, Aruv reconoció unas calabazas, un par de murciélagos y un esqueleto.

—«Jalowen» —leyó Shiniko—. Esto empieza genial.

Había una lista debajo:

—¡Es nuestro primer Halloween juntos! —Las trenzas de Alma saltaron en el aire—. ¡La fiesta más importante para los fantasmas! Tenemos que hacer que sea inolvidable. Que en el Otro Lado se mueran de envidia.

—En el Otro Lado estamos todos muertos, Alma —suspiró Shiniko.

—Yo no estaré —contestó Aruv—. Me marcho con mi madre.

A Alma parecieron mustiársele las trenzas de la pena.

—Tiene una reunión de trabajo en un sitio llamado Puerto Tuerto…

—¿Puerto Muerto? —Violet se incorporó sobre la lápida como si la acabaran de pinchar—. ¿En la bahía Espectral?

—Sí… —¿Es que todo el mundo lo conocía menos Aruv?—. Será un rollo, pero prometí acompañarla. Mi padre también vendrá, pero mi madre no se dará cuenta, claro…

—De eso ni hablar —repuso Shiniko—. Tú no te vas a ningún lado.

Desde que se había enterado, un par de semanas antes, de que a Aruv le gustaba su anime favorito, Shiniko se le había pegado como una lapa…, lo cual resultaría menos incómodo si los yurei japoneses no fueran los espíritus más aterradores del mundo. Por muy amigos que se hubieran hecho, a Aruv aún seguía dándole escalofríos; tanto que apenas se atrevía a mirarla mientras veían una temporada tras otra de Robots demoníacos en el sofá.