Amor y libertad - Joan Mingorance Pérez - E-Book

Amor y libertad E-Book

Joan Mingorance Pérez

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Beschreibung

Amor y libertad es un canto decidido a los ámbitos de la emoción, de la vida y del amor. Al amor como pasión, como fuerza poderosa, libre y salvaje en sus cielos de ternura, de belleza y de felicidad. Este libro defiende que el estado de enamoramiento, por su grado de felicidad, de creatividad y de intensidad vital, es la condición natural de la humanidad. Sin embargo, la urdimbre, como un tejido de hilos trenzados, se despliega, sobre los impulsos del amor pasión. No consigue doblegarlos del todo. Y, de esta forma, el AMOR aparece como el único elemento capaz de resquebrajar la compacta estructura moral, religiosa, filosófica y social de de la cultura occidental. El AMOR se consolida, así, como el mejor aliado de la libertad interna de cada ser personal.

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Seitenzahl: 516

Veröffentlichungsjahr: 2013

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Amor y libertades un canto decidido a losámbitosde la emoción, de la vida y del amor. Al amor como pasión, como fuerza poderosa, libre y salvaje en sus cielos de ternura, de belleza y de felicidad. Este libro defiende que el estado de enamoramiento, por su grado de felicidad, de creatividad y de intensidad vital, es la c ondición natural de la humanidad. Sin embargo, la urdimbre, como un tejido de hilos trenzados, se despliega sobre los impulsos del amor pasión. No consigue doblegarlos del todo. Y, de esta forma, el Amoraparece como el único elemento capaz de resquebrajar la compacta estructura moral, religiosa, filosófica y social de la cultura occidental y se consolida como el mejor aliado de la libertad interna de cada ser personal.

Joan Mingorance nació en la Alpujarra de la Sierra, Granada, donde permaneció hasta los dieciséis años. Estudió en Granada y en Madrid. Se doctoró en filosofía con la tesis “Michel Foucault: la pasión por encontrar una nueva forma de pensar”. És catedrático de filosofía y director del Centro de la UNED de La Seu d’Urgell desde 1984. Ha ejercido como profesor de filosofía y de literatura en el instituto Rey Pastor de Madrid, en el instituto español de bachillerato del Principado de Andorra, en el instituto de bachillerato de La Seu d’Urgell y en la UNED de La Seu d’Urgell. Ha impartido numerosas conferencias sobre los fundamentos filosóficos del amor y el amor a través de la historia. Dirige una tertulia literaria desde hace quince años en el Principado de Andorra.

© Joan Mingorance Pérez, 2011

© de la edición impresa: Editorial Milenio, 2011

Sant Salvador, 8 - 25005 Lleida (España)

[email protected]

www.edmilenio.com

Primera edición: diciembre 2011

DL L 1.283-2011

ISBN: 978-84-9743-471-3

Impreso en Arts Gràfiques Bobalà, SL

Printed in Spain

© de la edición digital: Milenio Publicaciones, SL, 2013

www.edmilenio.com

Primera edición digital (epub): abril de 2013

ISBN (epub): 978-84-9743-532-1 

Conversión digital: Arts Gràfiques Bobalà, SL

www.bobala.cat

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, <www.cedro.org>) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

CONTENIDOS

Prólogo

Primera parte. FENOMENOLOGÍA DEL AMOR*

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DEL AMOR

El amor es el sentimiento originario de la existencia

Es la fuerza primaria entrelazada al misterio de la vida

El amor une, enriquece y eleva

El amor y la felicidad son enormemente frágiles

El amor está clamando en la sala de espera del amor

El miedo es el enemigo capital del amor y de la felicidad

Fragmentos de un discurso amoroso

El amor es un delirio inefable que se vale de la palabra

AMOR PASIONAL

El amor pasional es una elección de vida

El amor pasional se engendra en el enamoramiento

En el amor pasión se da la plenitud

El amor es el lugar de las experiencias insondables

Enemigos declarados del amor

Al hilo de Octavio Paz

Se nos educa para no querer el querer

EROTISMO, PLACER, SEXUALIDAD, AMOR

Diferencias entre erotismo y sexualidad

El placer y la sexualidad

El deseo en la literatura: el Kama Sutra

AMOR PURO

¿Qué nos lleva al amor puro?

Diferencias entre amor y compasión

En el amor, la pasión es la pureza

El amor es la energía, la fuerza y la claridad de la existencia

AMOR Y REFLEXIÓN

Los dos componentes del amor: fuerza y ternura

No ha habido cambios de episteme en la vivencia del amor

¿Qué tipo de autoridad admite el corazón?

LA METAFÍSICA DEL AMOR

Una aproximación neokantiana al amor pasional

En todo amor pasional, carnal, se conectan forma y materia

¿Cómo es la estructura esquemática, a priori, del amor?

El amor realidad radical

Entre lo empírico y lo trascendental

Segunda parte. AMOR PASIONAL. UN RECORRIDO HISTÓRICO POR EL CONCEPTO

EL AMOR EN PLATÓN

Fedro

Pausianas

Erixímaco

Aristófanes

Agatón

Sócrates-Diotima

Epicuro

EL AMOR EN LA EDAD MEDIA

El amor en Roma. Ovidio

Los escritos medievales

El amor cortés

Andrés el Capellán: De Amore

Amor y sociedad medieval

EL AMOR ROMÁNTICO: AMORES REPRESENTATIVOS Y AMORES EFECTIVOS EN HÖLDERLIN

ALGUNAS TEORÍAS CONTEMPORÁNEAS SOBRE EL AMOR

Cristalización del amor

Sublimación y espiritualidad

Para Octavio Paz

Para Denis de Rougemont

Teoría triangular del amor

Alaien Badiou en Elogio del amor

Tercera parte. EL ACECHO A LA PASIÓN

LA URDIMBRE

La apariencia inofensiva del verdugo

Algunos enemigos del amor

A propósito de Michel Foucault

El placer sexual: la primera rebelión

Orden contra goce

¿Qué pasaría si no hubiera urdimbre?

La promesa

Solo el amor pasión revienta la urdimbre

Algunas objeciones

EPÍLOGO

BIBLIOGRAFÍA

PRÓLOGO

¿Yo —uno que se arrastra? Jamás me he arrastrado en mi vida ante los poderosos; y si alguna vez mentí, mentí por amor. Por ello estoy contento incluso en la cama de invierno.1

1.NIETZSCHE, F.,Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza Editorial, 1978, p. 245.

Estas palabras de Nietzsche se corresponden con la experiencia de infinidad de hombres y mujeres que por amor llegan a mentir sin aparente rubor. Son personas que por un correcto sentido moral son incapaces de engañar o mentir, por inmoral, y, sin embargo, en cuestiones de amor lo hacen sin ningún cargo de conciencia.

¿Qué es esa fuerza del amor que es capaz de desestabilizar la compacta moralidad del individuo, de la familia, de la sociedad, de la cultura? ¿Qué energía es esta que desbarata todos los órdenes preestablecidos? Desde hace décadas estas son algunas de las preguntas más acuciantes con las que convivo sin querer eludir, en ningún momento, el reto de intentar responderlas.

En esa búsqueda siempre se me impone como indiscutible una primera conclusión: el amor es el elemento más crucial, originario y radical de la naturaleza y, como tal, fundamenta lo humano. Al reflexionar sobre el amor no nos acercamos a un asunto trivial, banal o secundario sino esencial en la medida que ocupa la mayor parte de los desvelos, afanes, pasiones, inseguridades, tensiones y felicidades de la mayor parte de los seres humanos. Solo el amor, cuando no es un artificio de pura frivolidad, es el sentimiento que expresa, por excelencia, la realidad radical del ser.

Que estamos ante la raíz profunda de toda existencia personal y no ante un sentimiento menor lo demuestra, como veremos en las páginas que siguen, que el amor es un argumento recurrente en algunas de las mejores producciones culturales de la música, el arte o la literatura de cualquier época o cualquier cultura.

Conviene una primera precisión: ¿a qué tipo de amor se está refiriendo Nietzsche? Evidentemente no se trata del amor en su expresión filial, fraternal o caritativa, sino que se refiere al único amor por el que un ser humano es capaz de mentir: el amor pasional. Ese mismo sentimiento del que Francisco de Quevedo no admitía sucedáneos: “consentir que le aparte la camisa‚ hallarlo limpio y encajarlo justo: esto es amor y lo demás es risa”2 y del mismo tipo de amor del que para la literatura, ya desde el primer período de la poesía provenzal, solo existía si se consumaba en el goce carnal.3

2.QUEVEDO, F. de,Sonetos, Definición de amor, enAntología de la literatura erótica, edición de Gregorio Morales, Madrid, Espasa, 1998, p. 501.

3.PAZ,O.,La llama doble. Amor y erotismo, Barcelona, Seix Barral, 1993, p. 88.

De este tipo de amor va a tratar este libro: del amor que como una atracción excitante posee al individuo y le conduce, más allá del deseo, a la fusión sexual con el otro.

Establecido que el amor es el estado deseado para el ser humano, no es menos cierto que, a pesar de los evidentes progresos en este campo abanderados por el psicoanálisis, el anarquismo —eros y anarquía—, el feminismo, el existencialismo, la revolución sexual, etc., el amor como poderosa fuerza constructora de identidad aún no se desarrolla de manera natural. Sin duda, el amor está condicionado, dirigido y sublimado por objetivos y finalidades establecidas por fuerzas extrínsecas a sí mismo.

Otra consideración necesaria. Hay personas con capacidad de amar y otras que carecen de ella. Existen hombres y mujeres en los que “con ansias en amores” trascurre su vida en “dichosa ventura”; y otros seres que están incapacitados por completo para amar. Por esta razón, en lo relativo al amor solo “quien lo probó lo sabe”. A los que aman, el amor les persigue siempre como un deseo inacabado desde el principio de sus vidas. En el amor, como en el corazón de los seres humanos, hay campos áridos y estériles y hay campos ricos y fértiles. Lo cruel e inmoral es exigir que lo fértil y rico se comporte como lo pobre y necesitado.

Es posible llegar a vivir un amor enraizado, a la vez, en la experiencia del cuerpo y en la experiencia de la cultura. El amor, como elemento vivo más profundo, es el que está llamado a ocupar un lugar de síntesis entre lo empírico y lo trascendental. El espacio del amor es el espacio idóneo para experimentarse como ser en profundidad. En el amor, como intentaremos exponer en las páginas que siguen, se pueden vivir todas las experiencias posibles de contenido empírico y corporal, y en él se pueden gozar todas las formas posibles de sensación y placer. Pero también es el espacio más adecuado para ejercer la comunicación, la imaginación y la creatividad. Podría ser este lugar el tercer espacio que perfilaba Michel Foucault como el lugar inestable y difícil, atado a las espaldas de un tigre. Es el vértice virtual de un cono compuesto siempre por los constituyentes del ser humano: vida, lenguaje, trabajo. En el amor, como veremos, se entrecruzan la realidad radical, la belleza, la verdad del ser y la bondad.

Es nuestra intención contribuir a poner las bases de lo que habría de ser un tratado en el que se analicen las limitaciones y las posibilidades del corazón humano, en el que se estudiara el deseo como esquema trascendental del amor. Gracias al filósofo de Königsberg hemos tenido la suerte, en nuestra cultura, de contar con la Crítica de la razón pura en la que se deducen y establecen los límites y las posibilidades del conocimiento humano; pero no contamos con algo similar en el tema del corazón y del deseo.

Para facilitar la lectura se han dividido los contenidos en tres partes: en la primera se analizan, desde una perspectiva fenomenológica, las propiedades fundamentales del amor. En la segunda se repasan algunas formas y formulaciones del amor en la historia del pensamiento. Quieren ser ambas partes un canto a las excelencias del amor. En la tercera se describen los acechos, neutralizaciones, represiones y sublimaciones que como un telar generan una urdimbre que asfixia, anula y somete al amor.

Este texto surgió con la finalidad fundamental de ensalzar el amor-pasión y eliminar, dentro de lo posible, la mala conciencia de aquellos que, como Nietzsche, se han atrevido o se han visto obligados a mentir por amor, para poder realizar así el impulso más noble que el hombre ha engendrado jamás. En realidad, el amor, la actividad de amar, debería ser la forma moderna de experimentar y vivir para poder liberarse del agobio de la urdimbre.

Defiendo, además, que lo puro, lo inocente, lo casto, lo bello, lo bueno estriba en la pureza con que se realiza esta pasión, esta fuerza soberana que es el elemento fundamental de la vida y de la felicidad, y no en esa elevación espiritual de sobrevuelo de amor. Es decir, amor puro es la realización pasional del amor. “Guillermo, ¿se pueden llamar fantasmas a lo que nos hace felices?”4

4.GOETHE, J. W.,Penas del joven Werther, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 52.

¿Se puede llamar locura, idiotez, maldad, fealdad, falsedad a aquello que nos hace felices? ¿Por qué? ¿De dónde ha surgido esta desventura? ¿Quién la ha creado, quién la ha inventado? ¿No es mucho más locura ir detrás de los honores, riquezas, trabajos? Son mayores los fantasmas que nos envuelven buscando ocupaciones que llamamos nobles y solo son engaños para olvidar aquello que de verdad queremos. “Guillermo, sin el amor ¿qué sería el mundo para nuestro corazón? Lo que una linterna mágica sin luz. Jamás he sido tan feliz.”5

5. Ibídem, p. 52 y 53.

Las sabias habilidades de la Grecia Antigua, siglo VII a. de C., representaron el mundo de los instintos vitales mediante un símbolo llamado Dionisos. Dionisos es el dios de la alegría, de los impulsos, de la energía vital, del entusiasmo, de los afectos, de la vida. En el derroche de ese mundo energético y vital se encuentra aquello que venimos llamando amor, como la expresión activa de sentimientos poderosos hacia la realización y expresión de fuerzas creativas y constructivas de la vida.

Este impulso energético quedó relegado, desplazado y reprimido por una facultad sobrevenida que llamamos razón, equilibrio, inteligencia. Apolo es el Dios que lidera esta medida en las acciones razonables y equilibradas de la cultura y la vida. Con el culto a Apolo nació todo un diccionario lingüístico que se ha ido consolidando como un conjunto de valores indiscutibles, claros y evidentes. Bien y mal, razón y sinrazón, bello y feo, atractivo y repulsivo, verdadero y falso, auténtico y carente de realidad.

Todas las calificaciones positivas han recaído en Apolo y en sus directos sucesores. De esta manera, Dionisos ha quedado como el dios de las tinieblas, de la noche, de la oscuridad en la que no se sabe distinguir lo blanco de lo negro, lo bueno de lo malo. Desde entonces, predomina siempre el aspecto moral en todos los juicios y acciones. Aplicado al amor, en todo momento se impone el cuidado de distinguir entre amor controlado, verdadero, perenne, eterno y amor loco que lleva a la catástrofe, a la perdición y al delirio.

Desde entonces, el Dios del amor clama por recuperar el lugar que le corresponde como elemento creativo, primigenio y productor de vida, felicidad y placer. Encerrado en las mazmorras de la cultura es reclamado tibiamente por los instintos de la vida en su esplendor. A partir del momento en el que Apolo desplaza a Dionisos, este, y las fuerzas y sentimientos a él asociadas, han quedado envueltos en una atmósfera de rompimiento del ser, culpándole, al mismo tiempo, de falta de autenticidad, de perversión y de falsedad.

Este libro pretende fijar el lugar que corresponde al amor por su entidad física, moral y radicalmente metafísica en cuanto realidad garante de ser en su unidad, verdad, belleza y bondad, ya que el impulso energético y vital que infunde el amor es el que alimenta la unidad del ser en su consistencia, verdad, belleza y bondad.

La verdadera ruptura de la unidad del ser se produce siempre que se enfrenta entendimiento y vida en una oposición irreconciliable. Al intentar encerrar a Dionisos en el laberinto antropológico y cultural de la sociedad occidental como causante de maldades y desdichas, se ha producido una ruptura que ha significado la verdadera maldad.

En realidad, la verdad del ser salta por los aires cuando aparecen los criterios de verdad externos al amor y a la vida misma como modelos de autenticidad. Muchas culturas, sin embargo, han considerado y siguen considerando todavía que el juramento de amor es falso porque el amor está por encima de la verdad. El amor es la verdad. Él es el criterio de la verdad. Esto quiere decir que un juramento será válido mientras exista el amor; cuando se va, deja de haber obligación.

La bondad del ser queda desplazada de su originaria realidad cuando se cometen los verdaderos crímenes contra la vida amorosa, al considerarla peligrosa y pecaminosa para la pureza del alma y para la virtud del ser. La belleza metafísica queda destruida al envolver en un mundo de fealdad a todo lo que se refiere al amor y a la vida misma como su principal efecto de producción. El amor ha sido atado con una cuerda muy corta al árbol del bien y del mal para que no se sobrepase, para que no se desmadre. Y es así como se destruye la unidad, la verdad, la belleza y la bondad de la realidad metafísica del ser.

El presente ensayo no intenta ser solo una teoría filosófica sin más, sino que debería ser también un aldabonazo que pudiera, desde la visión dionisiaca del mundo, horadar la metafísica occidental establecida. Y sobre todo que pudiera liberar de culpa a aquellas personas que decidan amar sin cortapisas. No se trata de seguir el consejo agustiniano de: ama y haz lo que quieras, sino de: ama, y así podrás hacer lo que quieras. La libertad interior que se consigue, lo garantiza.

Hay tres tipos de libros: aquellos que describen lo establecido y lo desean fijar, solidificar y potenciar. Hay otros que reflexionan sobre las éticas y los principios y poetizan sobre ellos. Y después, hay otros que intentan romper reflexiones y principios para conseguir experimentar y vivir. Lo más difícil para escribir un libro como este viene determinado por el peso de la urdimbre. He debido soportar y vencer obstáculos, duras críticas, dudas y silencios para poder defender la tesis que defiendo. Su formulación explícita consiste en comprobar que la crueldad más atroz que se comete con un ser humano es la de impedirle que se pueda enamorar. En realidad, es la crueldad más atroz que comete la cultura occidental.

Tengo la absoluta certeza de que vivimos con menos felicidad y amor del que nos corresponde, en niveles inferiores de vitalidad de los que podemos conseguir con entusiasmo, energía y pasión.

Primera parte. FENOMENOLOGÍA DEL AMOR*

* Se utiliza aquí la palabra fenomenología en el sentido siguiente: descripción del acontecimiento para que aparezcan los rasgos esenciales del mismo acontecimiento. Descripción del amor para que afloren sus rasgos esenciales.

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DEL AMOR

Solo verdad en el compromiso con la acción y con el corazón;

solo belleza en la relación con la creatividad y el placer;

solo bondad en conexión con la autenticidad;

solo inocencia en relación al origen del ser.

¿Es el amor un juego de segundo orden? ¿Debe ser tratado como un tema menor? Responder a esa pregunta se convierte, desde el comienzo de nuestra reflexión, en el hilo conductor de estas páginas que siguen. Al desentrañar algunas descripciones, afirmaciones y reflexiones del concepto y la experiencia del amor, asistiremos al descubrimiento, contemplación y profundización de su esencia y características esenciales.

El amor es el sentimiento originario de la existencia

Sabrás, hónrete Dios, que el amor ejerce sobre las almas un efectivo poderío, un decisivo imperio, una autoridad irresistible, una fuerza contra la que no es posible rebelarse, una soberanía a la que no se puede escapar, y que impone una obediencia ineludible y una coacción a la que nadie puede hurtarse. Destruye lo más recio, desata lo más consistente, derriba lo más sólido, disloca lo más firme, se aposenta en lo más hondo del corazón y torna lícito lo vedado. (...)

Yo he visto mucha gente de discernimiento nada sospechoso y en quienes no era de temer ni falla en su entendimiento, ni trastorno en su buen juicio, ni deficiencia en su mente, que, sin embargo, pintaban a sus amados con ciertas cualidades no gustadas de los demás hombres ni ajustadas a belleza, pero que eran para ellos la perfección misma, el colmo de sus deseos y el ápice de sus gustos.1

1.IBN HAZM DE CÓRDOBA,El collar de la paloma, Madrid, Alianza Editorial, 1992, p. 132.

Si lo contemplamos desde la cúspide del precipicio, la inmensidad y grandeza del amor se percibe con el vértigo del abismo amenazante:

Sin duda debes de haber pensado mucho en nosotros, en todo lo que fundamos juntos, en el descuido con que destruimos su estructura y belleza, y sin embargo no destruimos el recuerdo de aquella belleza. Esto es lo que me ha obsesionado día y noche. Al mirar en retrospectiva nos veo en cien lugares y con cien sonrisas. Llego a una calle y allí te encuentro. De noche me deslizo en la cama y allí me esperas. ¿Qué hay en la vida además de la persona amada y la vida que puede fundarse con ella? Por primera vez comprendo el sentido del suicidio... ¡Dios! ¡Qué fútil y vacuo es el mundo! Días llenos de instantes despreciables y empañados se suceden, con amargo ritmo rutinario se siguen una tras otra las noches inquietas y asediadas: el sol brilla sin esplendor y la luna sale sin luz. Mi corazón sabe a ceniza y con el llanto y la fatiga se me anuda la garganta. ¿Qué es un alma perdida? Es la que se ha desviado de su verdadera senda y anda a tientas en la oscuridad de los caminos del recuerdo...2

2.LOWRY,M.,Bajo el volcán, Barcelona, Tusquets Editores, 1997, p. 384.

Entre estas dos citas hay más de mil años de distancia, pero de su lectura podemos afirmar que el amor es un sentimiento universal que afecta a todos los seres humanos sin excepción. No hay individuos ni clases sociales que queden inmunes de su fuerza. Analfabetos, cultos, intelectuales, científicos, pobres, ricos, religiosos, ateos, poetas, músicos, obreros, todos tienen la capacidad y la posibilidad de poderse enamorar.

Además de universal, el amor es un sentimiento total que envuelve al ser humano en su completa integridad. Se trata de una fuerza tan radical y enraizada que el enamorado percibe que ya no hay ni un solo aspecto del alma o del cuerpo que permanezca invariable ante el impulso amoroso. Los sentimientos, la voluntad, el entendimiento, el corazón, la vida misma se transforman cuando el amor emplaza. De igual manera, podemos afirmar que la ausencia del amor impide un desarrollo pleno de los seres humanos. Pues, lo mismo que le sucede a una planta, o a cualquier ser vivo, que sin agua languidece y muere, así las capacidades más elevadas de los hombres, si no se cuidan, mueren; sin amor, se empequeñecen y desaparecen para siempre. El amor es la esencia misma de los seres humanos.

Este carácter de sentimiento total implica que el amor no puede ser tratado nunca como un medio para otra cosa. El amor es fin en sí mismo. Su finalidad es el amor mismo. Cualquier otra motivación para amar corre el riesgo de convertirse en una perversión del sentimiento. Cuando no se ama por el amor mismo, este se desvanece cuando se hace explícita la razón última que activaba el sentimiento. El amor es tan poderoso por sí mismo que no necesita de otras causas o finalidades que lo justifiquen. Solo vivido así el sentimiento amoroso, el amor es libertad y, si encuentra a su paso ataduras o finalidades poco transparentes, la fusión es imposible. La vivencia amorosa es un arte de actividades elevadas que se resiente a la mínima coacción por parte de intencionalidades no fundamentadas en el amor mismo. El amor es una atracción de voluntades que libremente deciden unir sus corazones.

Esta libertad del amor como condición viene exigida, paradójicamente, por su carácter irracional. Como pulsión humana, el amor es un sentimiento que nos arrastra poderosamente, cuando surge o desaparece, sin saber muy bien por qué. Arrastra de tal forma que llega a dominar a los seres que lo gozan o lo sufren. Los lleva a donde ellos, en otra situación, no hubieran ido jamás. Porque si el amor no es ciego del todo, sí que distorsiona las facultades de una “normal” racionalidad. Esta irracionalidad asociada al sentimiento amoroso elimina la simpleza de señalar mérito o culpa en el amor o el desamor. ¿Es, por tanto, el amor un sentimiento irracional? ¿Se basa, como advertía Pascal, en las “razones” del corazón que la mente, en general, no llega a interpretar?

Como sentimiento total que es, en el amor juega un papel sustancial la elección, la libertad, la persona en su totalidad, la entrega, el alma y el cuerpo, la afectividad y la relación personal en profundidad. Está asociado a todos los demás estados y sentimientos del psiquismo y de la voluntad personal y social. Sus manifestaciones son infinitas porque puede utilizar cualquier otro sentimiento para expresarse: tristeza, alegría, dolor, exaltación. Por esto, cada acto de amor es diferente a cualquier otro.

Es la fuerza primaria entrelazada al misterio de la vida

El ser humano, que es materia y es espíritu, se ve afectado por el amor. Cuando irrumpe en una existencia concreta ya no hay marcha atrás y se ha de dejar consumir toda la energía creadora que lo provoca. Cuando haya ardido hasta la extinción, entonces sobreviene súbitamente la necesidad de un nuevo amor que nos despierte con intensidad la pulsión por la vida y el placer. Las experiencias y las vivencias que proporciona, superan con creces a aquellas que aporta una vida carente de amor. Tan es así que, incluso, cabría preguntarse si existe una vida normal sin amor.

El amor exige entusiasmo y difícilmente se da si no hay una profunda ligazón con la vida. Es un impulso positivo de afirmación y de construcción de vida que se sitúa en el polo opuesto del impulso tanático o de negación de la vida. Por esta razón eleva y perfecciona a aquel que se enamora. El amor sigue un camino desconocido. Por este motivo, tiene tanto atractivo: fascina y aterra. En su vaivén nos lleva a la felicidad y al entusiasmo y, alguna vez, al desastre personal, en el peor de los casos; de ahí proviene el temor y el terror que en ocasiones existe. Es el estado en que la inteligencia y la cultura, como contrapunto de la naturaleza, quedan desplazadas por la fuerza de una caótica belleza.

Es, permítase la imagen, una fuerza que penetra como lluvia persistente. Por esta razón, para que surja el amor se necesita alegría de vivir y sensibilidad ante lo bello y ante la naturaleza. El espíritu tiene que estar lleno de plenitud de vida: “mi espíritu se reconocía en la plenitud de vida que le rodeaba y le asaltaba por todas partes”.3Si no hay fuerza, entusiasmo, no es posible el amor. Solamente cabría un amor melancólico, triste, sombrío, huidizo. No se pueden buscar “uvas en el desierto, ni flores en los ventisqueros” como nos explica Hiperión. Es verdad que con el amor, el entusiasmo aumenta, pero se necesita también un cierto entusiasmo para poder enamorarse.

3.HÖLDERLIN, F.,Hiperión, Madrid, Libros Hiperión, 1979, p. 40.

Por ello es también una cierta forma de esperanza, de ilusión, de ensueño, como impulso que libera de la decepción, del aburrimiento, de la apatía y de la desesperanza, ya que el amor es la fuerza que nos hace ir adelante. Porque, aunque es cierto que el amor es una actividad y un sentimiento, es, sobre todo, la fuerza primaria, originaria y potente de la vida. Por esta razón, en el momento que surge el amor, acaba “la insignificancia de la vida”. Aunque debemos de saber también que el amor es como un destino que se escapa. Existen altibajos y tristezas que no podemos controlar. Porque si el destino es como una fuerza de gigante, entonces “no se puede con la mano atrapar la luz de la luna” (Hölderlin). Por esta razón, el amor es entrañable y fugitivo. Es el único sentimiento capaz de hacernos sentir ilusión y de hacernos soñar, e incluso, de que se cumplan los sueños de los individuos y de la humanidad.

El amor une, enriquece y eleva

El amor es la unión de afinidades, de proyectos, de alegrías y tristezas, de ideales, preocupaciones e intereses. Puede llegar a fundir en unidad a dos seres diferentes, que libremente se aman, llevándoles incluso, por la fuerza del vínculo establecido, a que la muerte del uno lleve consigo la muerte del otro. El amor es, por tanto, una vivencia, un sentimiento, una forma de vida en la que la facultad de afecto encuentra a un ser humano que se amolda a sus anhelos en una integración de abrazo en la que la facultad amante y el objeto amado forman una unidad en que contenido y forma, forma y contenido se adecuan de modo perfecto. Si consideramos a la facultad de afecto como la forma pura del amor y al material que la colma como el contenido de ese amor, hemos de reconocer que forma y materia modifican sus estructuras convirtiéndose a veces la forma en materia y la materia en forma, creando entonces una unión tan estrecha que en ella solo cabe la felicidad. Por esa razón, el amor es como dos riachuelos que se juntan y siguen unidos su camino hacia el mar. “Cada cual vivía solo en los tonos fundamentales y eternos de su ser, y avanzábamos sobriamente, de una gran armonía a otra. Nuestra vida común estaba llena de rigor y una audacia magníficos.”4

4.HÖLDERLIN,op. cit.p. 51.

El amor es un sentimiento dual. Ha de tener siempre otro ser que le sirve como referente personal. Incluso cuando el amor es representativamente solitario, necesita un desdoblamiento imaginativo. El amor se manifiesta mediante una intencionalidad hacia el otro ser, causante, en principio, de la vivencia y del sentimiento propio del ser enamorado. Es verdad que todos los sentimientos tienen siempre un referente, pero el amor tiene que contar con un referente personal, que depende del resultado y de los componentes que se establecen al encontrarse ambos amantes. Este proceso es tan complejo y cuenta con tantas variables, que es imposible predecir el resultado, ya que, por esencia, el amor es completamente indeterminado. Es una aventura de destino desconocido. Aquí está su grandeza y atractivo. Se manipulan y se manejan muchas constantes y muchas variables, pero nunca se pueden dominar del todo: nunca se domina el corazón, ni el ajeno, ni el propio.

Recordemos el síndrome de Cleremont, que consiste en estar convencido de que una persona está enamorada de ti aunque, de hecho, no lo esté. Pero hay más aún: aunque se llegara a conocer todas las constantes y variables, la infinita producción de subjetividad que se va constituyendo y creando en el yo, al encontrarse con el otro, modificaría sustancialmente el imprevisible resultado de la interacción conjunta. Pareciera que aquí también actúa el principio de indeterminación de la física cuántica. Por esta razón, un sujeto amoroso no es nunca un objeto doblegado del todo. Esto es lo que más irrita a la urdimbre y, en consecuencia, al psicópata que acaba amenazando y matando a la otra persona que presuntamente amaba.

El amor es fundamentalmente una relación, una comprensión, una comunicación, que se va dando por niveles. No todas las personas siguen el mismo ritmo de profundización y por eso se producen desajustes. Incluso se puede decir que a ciertos niveles por parte de algún miembro de la relación es imposible la comprensión y el entendimiento. Es difícil entenderse una vez que se traspasa una cierta profundidad, y en esos abismos hay que respetar la solitud. En el amor aparecen siempre capas diferentes en cada uno de los enamorados. ¡Hay muchos yoes sucesivos! Por eso es tan fascinante su presencia.

En todo caso, el amor es un juego de existencias tan potente que siempre existe en nosotros de forma manifiesta o de forma virtual o latente. Y en caso de que el amor fuese un veneno, solo sería hierba venenosa cuando se vive como pérdida, nunca cuando se realiza como actividad creadora.

Cualquiera que sea la clase de amores de un hombre, nos equivocamos siempre en cuanto al número de personas con quienes tiene relaciones, porque equivocadamente interpretamos amistades como enredos, lo que es una equivocación por adición, pero también porque creemos que un enredo probado excluye otro, lo que es otro tipo de error.5

5.PROUST, M.,En busca deltiempo perdido. 7. El tiempo recobrado, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 22.

La riqueza poderosa del amor da mucho juego. No se aprecia de la misma forma a dos personas. Nunca amamos de la misma manera a hombres y mujeres diferentes. Las causas del amor son misteriosas. La literatura está llena de referencias a esta verdad del amor. “El sorprendente egoísmo del amor la había vaciado de todo, excepto de Henry.”6 “El más noble de los elementos del ser, el amor, ¿no debe ser también el más libre?”7

6.LESSING, D.,De nuevo, el amor, Barcelona, Destino, 1996, p. 373.

7.HÖLDERLIN,op. cit.,p. 185.

Es verdad que la imaginación representativa puede llenar el vacío estructural de alguna forma, pero el amor representativo es un amor mediato, pasado por el tamiz de la memoria y de la facultad representativa, mientras que el amor con intuiciones, con sensaciones presentes, es inmediato, poderoso, vivo e intenso. Por esta razón, los fenómenos amorosos, como visiones, charlas, sexualidad o erotismo, tienen que estar teñidos, dirigidos, determinados por la regla de apercepción del corazón: comunicación y placer, entrega e intimidad. Se puede dar, por esta razón, un fenómeno afectivo sin amor, un acto sexual sin amor, pero nunca un amor sin fenómeno afectivo. Cuando no existe esta comunicación de existencia y de realidad personal, entonces puede haber un aluvión de fenómenos amorosos, pero no hay amor. Por esta razón, también, cuando se vive con intensidad el amor, la apercepción amorosa de realidad es tan grande que se puede perder la propia y subjetiva realidad del ser enamorado. Sin embargo, si esto sucede, el enamorado se queda, entonces, con un vacío insoportable de experiencia de la pura nulidad. La nada más profunda aflora al exterior. Es el caso del Joven Werther, por ejemplo, que desplaza su propio interior al ocuparlo con la presencia y la imagen de Carlota, destruyendo así su propio ser.

¿Admite esta apercepción amorosa varios objetos a la vez? No con el mismo grado de realidad, pero sí en una escala de jerarquía o en grados combinados de experiencia. Para ciertas experiencias surge un sujeto, objeto, y para ciertas vivencias surge otro objeto, sujeto en primer lugar. Seguramente que lo que cuenta es el grado de comunicación. ¿Cómo se funde una única realidad de lo diverso en el amor? Por la afinidad y la asociación de comprensión, comunicación y atracción.

El amor y la felicidad son enormemente frágiles

El amor es lo más frágil, ya que no se apoya en la fortaleza de la mente. “Quien ama está desprovisto de toda razón.” Pero: “una hora de sincero amor vale una vida de aburrido vivir”.8 Es verdad que el amor y la felicidad son enormemente frágiles:

8.LESSING,op. cit., p. 325.

Cuanto más feliz eres, menos cuesta condenarte al abismo, y los días felices como los que vivimos Alabanda y yo son como una cima de rocas escarpadas donde basta que te roce tu compañero de viaje para que te precipites sobre las rocas cortantes en el abismo profundo.9

9.HÖLDERLIN,op. cit.,p. 52.

Sí, esto es verdad, pero también es verdad que el amor y la felicidad son los elementos más bellos y atractivos de nuestra pasajera existencia. El amor es un sentimiento puro, inocente, originario y verdadero, aunque en nuestra cultura nunca está exento de culpabilidad. Casi siempre hay que fingir las emociones y mucho más las emociones propias del amor.

En el proceso de amor, con mucha frecuencia, se produce un sentimiento de maldad y de deslealtad a todo lo cercano que se debe superar. Son los efectos secundarios del proceso de amor en nuestra sociedad. “Hay un sentimiento de debilidad o vergüenza.”10 Como consecuencia de todo ello, se amaga y se disimula el sentimiento.

10.ACKERMAN, D.,Una historia natural delamor,Barcelona, Anagrama, 2000, p. 38.

La experiencia amorosa se vive, en nuestros días, fundamentalmente como destino que es necesario aguantar; como una resignación carcelaria a la que hay que soportar. Así describe el amor Märta Tikkanen en La historia de amor delsiglo.11 Sin embargo, si existe una tendencia general, universal del amor, ha de haber también una entidad o facultad que la sustente y explique, y esta no puede ser otra que el ser mismo metafísicamente considerado. Por esta razón, sucede que, cuando la sociedad o la ética o la voluntad humana intentan controlar el amor en contra de su fuerza y energía natural, entonces, la naturaleza reacciona y destroza a los seres humanos de forma trágica y cruel: Ana Karenina, Ana Ozores, Fortunata, Leandro y el Novio en Bodas de sangre, y tantas y tantas personas víctimas de las venganzas de la naturaleza, a la que no se la puede traicionar. Freud ya denunció ampliamente esta situación.

11.TIKKANEN, M.,La historia de amor delsiglo, Madrid, poesía Hiperión, 1989.

La moral se aplica y se defiende, en nuestra sociedad, de manera contundente porque produce efectos muy beneficiosos para aquel que la defiende y la crea; y efectos muy perjudiciales para el que ha de seguirla y padecerla. La frustración, la represión o cualquier otro efecto doloroso producido por el freno en el amor, son perniciosos para el ser humano que los sufre, pero mientras estén adornados de honor, de fidelidad y de honradez, ya está más que justificada su actualidad; es lo que toca vivir. A la sociedad no le importa demasiado si se es más o menos desgraciado por esta misma sumisión. Siendo el amor la vivencia más importante de los seres humanos, no estamos preparados ni formados para vivir esta experiencia. Lo más terrible es ver cómo mucha gente se equivoca y deja pasar a su lado ríos de felicidad. No sabemos interpretar los signos del amor. El cónsul de Bajo el volcán ve pasar a su lado el amor que le salvaría de su propia destrucción sin darse cuenta. Permanece ciego por la obcecación de los celos e injustificados malos entendidos. El cónsul acaba en la autodestrucción más desoladora como muestra de lo que sucede, generalmente, a la humanidad. Sin amor no se puede vivir y todos los esfuerzos por sustituirlo o compensarlo por otras actividades u objetivos son inútiles para el desarrollo íntegro de la personalidad y de la humanidad.

El amor está clamando en la sala de espera del amor

“La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad.”12 Lo mismo ocurre con el amor. ¿Qué diferencia a un ser enamorado de uno que no lo está? Su forma de vivir es completamente diferente. La relación consigo mismo, la visión del mundo, los sentimientos, los entusiasmos y vivencias son muy característicos y diversos. El enamorado se halla, sin saberlo, en el umbral del anonadamiento creador.

12.PUNSET, E.,El viaje a lafelicidad, Barcelona, Ediciones Destino, 2006, p. 32.

“Proust y Stendhal, los dos combinan el enamoramiento romántico con una inteligencia muy fría.”13 No siempre, añado yo, con satisfactorios resultados. Aunque es verdad que, a veces, “la mayor felicidad se encuentra en la añoranza” que provoca el amor ya que es una forma romántica de profundizar en los fondos secretos y lejanos de la melancolía humana. ¿Cómo puede ser que esta persona tan corriente me provoque tanto sufrimiento? Sin duda, porque esta misma persona también puede provocar placeres difíciles de asimilar.

13.LESSING,op. cit.,p. 286.

En el fondo, el estado de anonadamiento al que se llega en el amor es similar al que se vive en el desamor. Aquí se muere por carencia, allí se desvanece el yo por sobreabundancia de amor. En ambos casos se tiene la seguridad de estar viviendo la más extrema realidad. En estos momentos, todo lo demás es pura nimiedad. Es la originaria realidad que se consolida como angustia o como extrema exaltación.

En el amor siempre se juega con el ser y el poder llegar a ser. Por esta razón el amor es un sentimiento abierto y creativo; en este estado se polarizan los sentimientos de alegría-tristeza de una manera más acusada. La sensibilidad es más intensa. Se potencia la facultad imaginativa y creativa y se contempla el futuro como ilusión y esperanza. Se tiende a formar una unidad con todo, con el todo natural y ello engendra rejuvenecimiento y vigor. La primavera se hace presente en el amor. Por esta razón, aumenta el entusiasmo y la vitalidad, ya que con el enamoramiento y el amor se acaba la insignificancia de las cosas y la insignificancia del corazón. Todo se potencia y se eleva a la máxima posibilidad. “Atrapándose uno al otro con la misma fuerza, unidos en una sola corriente majestuosa, comienza su peregrinaje hacia el inmenso mar.”14 Se experimenta una profunda y rica vida interior.

14.HÖLDERLIN,op. cit.,p. 47.

En el enamoramiento, el tiempo y el lugar dejan de ser estructuras envolventes. Es verdad que en un primer momento, solo existe el espacio y el tiempo referido al espacio y tiempo vivido en la conciencia. Pero más tarde, de tanta intensidad, de tanto concretar y de tanto reducir el envolvente espacio-tiempo a singular vivencia, se acaba desdibujando y la noción de espacio y tiempo, acaba desapareciendo. No importa ningún espacio, ningún tiempo; todo es pura experiencia de eternidad.

Toda esta aparente alienación no se vive como experiencia desdichada, sino más bien como un absoluto deleite y felicidad. Es la experiencia de la auténtica realidad. El disloque que se produce en el yo no se vive como una pérdida de autonomía angustiosa, sino como el encuentro, por fin, de la realidad deseada.

El enamorado, al hundirse en su estado anonadado y delirante, no puede sentir responsabilidad o mala conciencia en su permanente comportamiento destructivo y asocial. Su sentido de culpabilidad queda vencido, compensado, por su fuerza pasional. Gracias a esta dinamita de la pasión, el amor siempre vence a la moral, y solo sufre dolor cuando se le quiere vencer también utilizando el otro amor, muchas veces, convertido en compasión. La verdad es que el amor pasional es un torrente que no tiene parangón. Esto se sabe, y cuando no se le puede frenar con otro amor pasional, se juega con el amor-afecto y compasión como un antídoto paralizante de profundo espectro y extensión.

El enamorado deja de tener mala conciencia por su actuación, ya que percibe que su comportamiento es fruto de un impulso originario y radical que le conecta directamente con el impulso vital, y la vida está siempre por encima de todo tipo de moral. Claro que en esta situación debe enfrentarse a la urdimbre social.

De esta manera, fundido entonces un amado en otro amado, en unidad total de deseo y pensamiento, el cuerpo ya no es estorbo, sino contacto inmaculado de completa comunicación y acción, y entonces, vibra dulcemente en uno y otro abrazo real; o en profundo deseo virtual de aquello que se espera llegará. Porque,

¿qué vale todo lo que los hombres hacen y piensan durante milenios frente a un solo momento de amor? ¡Y es también lo más logrado, lo más hermosamente divino de la naturaleza! A él conducen todas las gradas desde el umbral de la vida. De él venimos, a él vamos.15

15.HÖLDERLIN,op. cit.,p. 83.

El enamorado no busca una finalidad porque no hay finalidad ni objetivo en el amor. El único objetivo es seguir amando, ya que este es su único valor. En sus momentos de locura el enamorado no utiliza la misma lógica del resto de los seres. No se plantea, ni es consciente del éxito o del fracaso de su amor, ni si durará o se acabará pronto: su única ocupación es vivir esta experiencia singular. Lo que importa es la tensión con la que se vive, el descubrimiento de la fuerza poderosa que se experimenta en uno mismo. De tal forma esto es así que el impulso poderoso que había aparecido como garante de libertad, acaba por convertirse en auténtica necesidad. Ya no se puede vivir sin él.

La vivencia del enamorado es intransferible, no se puede delegar en otro. La emoción aumenta en intensidad, no en extensión ni en pluralidad, ya que el enamoramiento se vive como una espiral en la que se selecciona lo acontecido y se repite con decidida elección. En el interior se siente un sí profundamente afirmativo a los aconteceres del amor.

El miedo es el enemigo capital del amor y de la felicidad

Según Punset, abunda en los seres humanos “el principio de desatención ciega por el que en realidad vemos lo que queremos ver”. Consiste fundamentalmente en actuar siempre con posturas y prejuicios previamente tomados. Es la memoria, las percepciones, como impresiones e ideas, las que dominan nuestro comportamiento y las que provocan un cierto pavor. Son estas impresiones e ideas los principios que rigen el psiquismo. Para la sociedad, parece que es mejor inventar y construir ideas que aprender de la realidad. La mente crea y se relaciona con el significado, no con la descripción de la realidad ni con la información, sino con significados que la construcción social aporta a nuestra realidad.

Pero, el objeto que se ama siempre es la causa ocasional de la producción del amor. La causa esencial del amor es la estructura biológica misma, que se puede reforzar o debilitar de forma voluntaria. Aquí está el tema: ¿Por qué la voluntad quiere querer? ¿Es la fuerza primaria, química, la que impone su ritmo o son más bien los modelos que admiramos los que nos arrastran hacia el amor? Parece que el modelo es solo causa ocasional, y si es así, entonces, la estructura biológica será la causa primaria y primera del amor. Ese impulso vital que no cesa y que se graba en nuestra memoria a través de la socialización con tanta fuerza, que se convierte en estructura propia de cada ser personal.

Señalo tres momentos, por tanto, en el proceso de enamoramiento: objeto físico, objeto representativo y objeto estructural. Así como de las raíces de algunos árboles brotan infinidad de tallos, así del árbol del amor brotan numerosos abanicos de variados sentimientos de pasión, afecto, entusiasmo, alegría, exaltación. “¡Sí!, el hombre cuando ama, es un sol que todo lo ve y todo lo transfigura; cuando no ama, es una morada sombría en la que se consume un humeante candil.”16 El amor es un sentimiento que surge a partir de una relación de un ser con otro ser, real o representativo, que modifica los comportamientos del uno, del otro o de ambos. Mientras dura esta relación, los avatares del corazón, los ascensos y descensos, los caminos rectos y tortuosos son innumerables. Por esta razón, esta parte, cuenta amores y desamores como relación que se sigue manteniendo entre dos seres que se aman o se han amado.

16.HÖLDERLIN,op. cit., p. 107.

Muchas veces no sabemos distinguir entre la realidad objetivamente acaecida y la realidad solo soñada o solo deseada. Navegamos entre dos orillas y nos impregnamos continuamente de realidad visible e invisible. El amor está siempre en ese espacio intenso en el que las corrientes de la realidad y las corrientes del deseo se entrecruzan de forma agitada y turbulenta. Otras veces, cuando pasa la turbulencia del deseo, el amor languidece hasta morir casi del todo, y aparece, entonces, la tarde triste como mar de invierno solitario en el que una cierta presencia de lo ausente alivia la languidez melancólica del recuerdo del pasado. Es tan fuerte, en este momento, el mundo de lo imaginario que la tormenta aparece en la desolación, la caída y el deseo y solo queda la esperanza de poder volver a empezar. Con lágrimas y dolor se sopesa, se duda y con un cierto martirio en la imaginación se calcula la posibilidad de poder continuar, al menos, una cierta amistad.

El amor se vive con inocencia primaria y la teoría de que la naturaleza es algo amoral, dominador, perverso, desaparece en la posición de amor. El amor estimula y despierta el espíritu, ya que revitaliza el ser en su totalidad. El amor es como un mar que no para de moverse por su propia y espacial densidad. Como un remolino de intensidad que se potencia o se evade según se comporte el entorno y según sea la naturaleza de su composición.

Fragmentos de un discurso amoroso

En todo caso, y dándole a Roland Barthes17 aquello que, en estas características comentadas, le corresponde, diré que:

17.BARTHES, R.,Fragmentos de un discurso amoroso, Madrid, Siglo XXI, 1997.

1.La experiencia del éxtasis es propia solo de momentos de amor. La propiedad más singular del amor es la capacidad de llegar a conseguir un estado tan profundo que para definirlo solo encontramos una palabra que se acerca a un posible dibujo de lo que es esta experiencia, es la palabraéxtasis,como el estado más elevado de la felicidad. Es un estado psicológico fascinante que atrae y, al mismo tiempo, produce vértigo. Aparece como un abismo indefinido al que es imposible resistir, porque ya poco importa que el enamorado quede anonadado en el mundo de amor en el que cae. Anonadamiento al que se llega por la vivencia en plenitud de uno mismo en ese amor, prescindiendo absolutamente de todo lo demás, ya que el anonadarse en el otro es la riqueza recuperada de uno mismo y de su propia realidad. La felicidad lo envuelve todo en este estado de placer inmenso. Por otra parte, el éxtasis es un estado que no tiene nada que ver con el orgasmo, aunque lo presupone y supera de sobra. Es una experiencia de una cierta duración y permanencia en la que la voluptuosidad inunda toda la existencia, desde la forma de respirar hasta el trabajo, la comunicación o la visión exultante del mundo. El tiempo se paraliza, la muerte queda vencida y da la sensación de no poder resistir más felicidad. En realidad, es una especie de abandono de los sentidos con la impresión de una inmensa libertad espiritual. ¿Es esta la manifestación más auténtica de la realidad ordenada, bella, verdadera y bondadosa del ser? Seguramente no hay otra vivencia en la que el ser se exprese con tanta riqueza ontológica como en esta situación.

2.La representación. Existe en el interior de los seres humanos una región fundamental en la que aparecen y desaparecen infinidad de imágenes, dibujos o representaciones. Pues bien, esta región se activa soberanamente por la fuerza del amor. Entonces aparece presente, real, físicamente deslumbrante aquella persona objeto de amor. No se aleja, y, abrazada a uno de mil maneras, la imagen del otro evita la existencia de cualquier otro deseo que no sea el que ya se ha alcanzado. Lo excelso, lo más elevado de los seres humanos aparece reluciente en la región representativa del amante como la idealización más depurada de lo perfecto. Es un juego de dibujos absolutamente delirante en el que la complicidad y felicidad del sujeto es desbordante. También es verdad que se generan, entonces, abrazos tranquilos que desplazan para siempre los deseos desbocados de los amores tensos. En estos casos, el objeto anhelado queda aquí alcanzado y suspendido. Pero hay otras veces en las que es el deseo el que queda suspendido en el delirio de una paz no conseguida.

3.El asentimiento, la seguridad y la certeza. La certeza es un estado mental de asentimiento a una verdad, a una creencia o a una imagen. En este caso, el enamorado vive con la firme seguridad de que su amado es lo más esplendoroso que pueda encontrarse y es el acontecimiento más singular al que un ser humano pueda aspirar. La certeza es el mecanismo que los amantes utilizan para reforzar las vivencias que les produce el amor. Es un mecanismo de afirmación que excluye cualquier tipo de duda en la exaltación de su elección.

4.La dulce paz de oro en aquello conseguido. Se tiene la sensación de haber alcanzado el estado de vida más deseable entre los seres humanos. Todo el entorno se convierte en un ámbito tranquilo, pacífico, armonioso.

A partir de entonces, nuestras dos almas vivieron una unión cada vez más libre y hermosa y todo en nosotros y en torno nuestro se conjugaba en una paz de oro. Parecía como si el viejo mundo hubiera muerto y empezara con nosotros uno nuevo, tan sutil, tan fuerte, tan amoroso, tan ligero se había vuelto todo, y nosotros, y con nosotros todos los seres, volábamos, espiritualmente unidos, como un coro de mil tonalidades inseparables, a través del Éter infinito.18

18.HÖLDERLIN,op. cit.,p. 107.

5.La falta de razón en los amores. No hay razones para justificar la entrega. En realidad, no se necesitan. La razón resulta inútil y, muchas veces, perjudicial y contradictoria a los sentimientos decididos del amor. En los enamorados predomina la vivencia por encima de cualquier explicación. Se cambia de manera de pensar. La lógica es diferente y los argumentos sociales dejan de tener valor. En el amor, la situación que se está viviendo es el máximo valor. No hay posibilidad de intercambio en la argumentación. No se acepta, por ejemplo, que un amor duradero pueda ser menos interesante que el fuego pasajero de un amor fugaz. Toda razón es irrelevante comparada con la felicidad que produce la experiencia del amor.

6.No hay urgencia que desplace a la urgencia del amor. La única urgencia en el amor es el amor mismo. Todo lo que no esté relacionado con la situación de amor pasa a un segundo plano de importancia muy inferior. Solo interesa el amor. Todos los deberes y obligaciones quedan supeditados al deber del amor.

7.La vida es intensidad. La vida aparece ante las personas enamoradas comoun manantial de placer.La vida cobra sentido y se aprovecha hasta el último minuto como si fuera el momento más importante que se pudiera vivir. En el enamorado no cabe aburrimiento o hastío vital.

8.La idealización del otro. Cuando adviertes al enamorado de los errores que comete al considerar al otro como un ser impecable, te contesta, con un cierto privilegio, “ya no son lo mismo: Antonio, Pepe, María, han cambiado tanto que no los conocerías”.La subjetividad zarandea a la verdad y la convierte en vivencia privativa de cada uno. Para el amante, el único modelo admisible es el ser amado. No hay comparación posible con el ser del que se está enamorado. “Ya he encontrado el hombre de mi vida.” ¡Cómo no sentir un enorme respeto por afirmaciones como estas! Uno conoce, sin embargo, la carga de ilusión que existe en tal atrevimiento. Todos sabemos que cualquier intento por hacer entrar en razones al enamorado es un intento inútil. No hay ciencia, ni sabiduría, ni verdad que le pueda descubrir al amante la personalidad del amado percibida y clasificada socialmente por los otros: familiares, amigos, compañeros. Para el enamorado, el fantasma de la imagen está en los otros y no en su mente apasionada.

9.La irrealidad y el tiempo. Se vive con una conciencia pasajera de estar experimentando una realidad que se teme se acabe pronto. ¡No puede durar tanta dicha; sería demasiado y no nos lo merecemos! En ciertos momentos se siente la suerte que el enamorado cree no merecer. ¡Es todo tan maravilloso que no puede ser real! El amor, que es una realidad imprescindible y natural, se convierte en una situación excepcional.

10.Los estorbos insoportables que son lo otro. Así se vuelve todo, estorbo insoportable: lugares, recuerdos, objetos si es que no colaboran en la experiencia del amor.

11.El amor es tan envolvente que no hay opuestos en él. Como el amor es un sentimiento tan intenso no deja espacios para otras vivencias porque“El amor es la aristocracia del corazón. Amor manda y desobedecerlo, para el alma noble, es imposible. El amor es exclusivo;la caridad no lo es: preferir a una persona entre otras es un pecado contra la caridad”.19Beatriz es amor y es caridad. “El amor es un combate entre pasiones opuestas. Amor: ese sentimiento extraño que es simultáneamente una atracción fatal y una elección”.20

19.PAZ,O., op. cit., p. 98.

20. Ibídem, p. 104.

12.El amor es una de las pasiones más importantes que han movido a Occidente. También, por desgracia, la guerra y el odio. El amor no solamente como estructura sustancial de cada individuo, sino también como elemento fundamental de la sociedad. Pasiones de Occidente: poder, riqueza, guerra, amor. “Ante tal variedad, puede concluirse que la historia de las literaturas europeas y americanas es la historia de las metamorfosis del amor.”21

21. Ibídem, p. 103.

El amor es un delirio inefable que se vale de la palabra

El amor es una fuerza muy digna que ennoblece a aquel que la desarrolla y la siente. En la literatura encontramos reflexiones y preguntas sobre el amor que no dejan de tener un gran ingrediente de importancia y valor. Pero “¿en qué dominio de los sueños se encuentra el amor?”.22“El amor es la luz blanca de la emoción.”

22. Ackerman, D.,Una historia natural del amor, Barcelona, Editorial Anagrama, 2000, p. 15.

Amor. Qué palabra tan pequeña para una idea tan inmensa y poderosa, que ha alterado el curso de la historia, apaciguado monstruos, inspirado obras de arte, alegrado tristezas, ablandado a los duros, consolado a los esclavos, enloquecido a las mujeres fuertes, glorificado a los humildes, alimentado escándalos nacionales, llevado a magnates deshonestos a la bancarrota y derribado monarquías. ¿Cómo puede confinarse la inmensidad del amor en el estrecho límite de un par de sílabas?23

23. Ibídem, p. 16.

“Por qué tendríamos que sentirnos avergonzados por una emoción tan hermosa y natural.”24El amor ejerce sobre nosotros “una feliz violencia. Dulce pena, como la punzada del hambre, el amor parece algo extraño e insignificante, siempre coge por sorpresa, y no puede ser enseñado. (...) El amor es una emoción primitiva que prospera con idéntico éxito en los establos y en los palacios”.25

24.Ibídem, p. 17.

25. Ibídem, p. 21.

¿Cuál es la característica principal del amor? ¿La pureza, el desinterés, la permanencia, la eternidad? ¿No será, más bien, la fuerza, la capacidad de sentir, la capacidad de excitación, la capacidad de placer? ¿No será la intensidad y no tanto el desinterés? Amor: ese sentimiento contradictorio, inocente o perverso que no se puede evitar.

Observa a los amantes,

nada más comenzar la confesión,

cuán pronto mienten.26

26.RILKE, R. M.,Sobre el amor, Madrid, Alianza Editorial, 2004, p. 63.

Todo es delicia para mí, las pecas

y la hebilla que cerraba la manga;

oh qué asombroso era, inagotable,

aquel dulzor, en él nada amargaba.

En éxtasis estaba, y aturdido

de la sobreabundancia del propio corazón,

en los pequeños dedos, mordisqueada,

una flor de convólvulo.27

27.RILKE,op. cit.,p. 62.

El amor es un sentimiento tan rico y variado que en estas tres estrofas de Rilke se expresan numerosas situaciones completamente distintas del corazón humano: mentira, exageración, delicia, asombro, dulzor, éxtasis, aturdimiento y sobreabundancia del propio corazón.

Por otra parte, el amor se vive como un hundimiento, como un sentimiento de atracción fascinante hacia lo terrible, hacia lo desconocido que resulta ser, al final, lo interno de la propia vivencia. Soledad, motivación, desatino, orientación, dudas, compasión, conflicto, respiración agitada, turbación, locos de felicidad. Ese es el amor carnal. También hay en el amor mucho de imaginación y de realidad virtual: “Más que arrastrado por el amor, se sentía excitado por la imaginación.”28 El amor en el mundo de la imaginación también da mucha creatividad y mucho fuego de artificio.

28.STENDHAL,Rojo y negro, Barcelona, Clásicos, 2003, p. 402.

En el amor también se experimentan deseos de superar el espacio y el tiempo, de sobrepasarlos prescindiendo de toda noción espacio-temporal, ya que, para el enamorado, el amor no ocupa ni espacio, ni tiempo en su vivencia prolongada de felicidad. El amor es la representación pura de lo bello en cuanto ser. ¿Es la eliminación del espacio y del tiempo o se trata más bien de eternizar espacios y momentos hasta no sentir su finitud?

Siguiendo con una especie de descripción fenomenológica del amor, recojo aquí las señales del amor que Ibn Hazm de Córdoba expone en El collar de la paloma:

La mirada. El enamorado modifica su mirada y su forma de mirar. Sigue siempre con la mirada al amado sin parpadear y dirige la palabra a la persona amada. El enamorado se calla, atolondrado, cuando habla el amado y encuentra muy bien todo lo que dice el amado. Siempre se dan la razón. El amante vuela presuroso a donde está el amado. Busca pretextos para sentarse a su lado. Quiere estar siempre a su lado y por él lo deja todo: trabajo, cónyuge, dinero. En la cara del enamorado se dibuja ansiedad y sorpresa cuando aparece el amado. El amante da con liberalidad lo suyo, sintiendo felicidad al hacerlo: Por el amor, los tacaños se hacen desprendidos; los huraños desfruncen el ceño; los cobardes se envalentonan; los ásperos se vuelven sensibles; los ignorantes se pulen; los desaliñados se atildan; los sucios se limpian; los viejos se las dan de jóvenes; los ascetas rompen sus votos, y los castos se tornan disolutos.29

29.IBN HAZM DE CÓRDOBA,op. cit.,p.110.

Por otro lado, para Ibn Hazm de Córdoba, cuando arde el amor solo existen ellos dos en medio de un juego de inocencia clara:

La animación excesiva y desmesurada; el estar muy juntos donde hay mucho espacio; el forcejear por cualquier cosa que haya cogido uno de los dos; el hacerse frecuentes guiños furtivos; la tendencia a apretarse el uno contra el otro; el cogerse intencionadamente la mano mientras hablan; el acariciarse los miembros visibles, donde sea hacedero, y el beber lo que quedó en el vaso del amado, escogiendo el lugar mismo donde posó sus labios.30

30. Ibídem, p. 111.

Como podemos comprobar, la emoción que produce el amor es tan excelsa que no hay comparación posible con ninguna otra. Ni estudiar el pasado en su producción cultural, ni la contemplación de una obra de arte, ni iglesias, ni paisajes. Todas estas vivencias no son nada comparable con la pasión amorosa; y, además, no son nada sin amor. El encaje entre dos seres se produce y deja huella como una dolencia, como un recuerdo o como un intenso deseo de volver.