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¡Nadie muere de Amor, sólo se sucumbe al Amoricidio! Por primera vez, y demostrado con contundencia, Cristina Vásconez desafía al instalado paradigma sobre el Amor, aquel que se convirtió en la fuente de relaciones malsanas y generadoras de gran sufrimiento. Este libro nos hace un llamado urgente a diferenciar entre los vínculos nutritivos y de bienestar versus aquellos de tinte tóxico, que dejan huellas imborrables de efectos impensados. El primer paso que nos propone es el de distinguir estos últimos y darles un nombre particular. La autora lo ha llamado Amoricidio, un auto atentado contra el Amor de pareja. Sucede que, amparados en el eufemismo de que "el Amor todo lo puede", al día de hoy, y dada la escasa noción de cómo operan las relaciones, la manera de elegir y hasta qué esperar del otro, hombres y mujeres del mundo, se permiten confundir y aceptar, casi en forma imperceptible, relaciones de bienestar con esas otras marcadas por el dolor, y hasta el maltrato. La autora nos advierte con datos concretos de que la humanidad vive la cotidianeidad con algún grado de Amoricidio, ya sea leve o crónico. A través de sus páginas se van repasando ejemplos, no sólo de relaciones conflictivas con inicios equívocos, cargadas de idealizaciones engañosas o un desconocimiento de las leyes que rigen el Amor, sino que también se señalan los vínculos que, con la convivencia, van sucumbiendo o derivando en algo muy distinto de lo que fue el sueño inicial. Por lo mismo, su lectura está dirigida a un amplio grupo de personas, la casi totalidad del planeta. Amoricidio es una lectura Urgente, que insta a las personas a que, en la búsqueda legítima de un Amor, se continúen haciendo daño, confundidas, sin saber si lo que viven es sano o, principalmente, es destructivo. Es una invitación, muy bien documentada, para que la cuerda floja, propia de las relaciones dinámicas, pase de una potencial inestabilidad a un acto poético, bello y estimulante. Finalmente, el sólo hecho de identificar lo qué es el Amoricidio, en sí, ya representa la maravillosa oportunidad para darle alas a los sentimientos y disfrutar del sentirse amado.
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Seitenzahl: 450
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Departamento de derechos intelectuales.Registro de Propiedad de Obra Literaria N° 2023-A-3931. Santiago de Chile, al 11 de abril del 2023.
Vásconez, Cristina
AMORICIDIO. Un auto atentado contra el Amor de Pareja.
ISBN: 978-956-418-904-8
ISBN digital: 978-956-6230-23-6
1. Superación Personal.
CRISTINA VÁSCONEZ
www.cristinacoach.cl
Imagen editorial, diseño de portada y diagramación interior: Lorena González Vergara.
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso de la autora.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
A ti, Jaime, con quien vivo el Amor y quien me invita a empezarlo todos los días. Cada día. Ojalá por siempre.
Amoricidio:
Dícese del acto que, con un propósito amoroso, deriva en un auto atentado, una suerte de suicidio en nombre del Amor. Por su nivel de impacto y las huellas que deja, representa un verdadero homicidio del corazón.
CVG
Dedico este libro y vuelco mi experiencia en temas de Amor de pareja, a quienes, por ignorancia, desidia o romanticismo exacerbado, erosionan las posibilidades de construir una relación sólida y satisfactoria. A todos los que, inconscientemente, cometen Amoricidio, confío que en este libro encuentren las claves para combatir el sufrimiento en la pareja.
Ya ni recuerdo su nombre, pero podría decirse que fue mi primer Amor, aunque no podría afirmar por qué estaba segura de que lo era. No compartimos gran cosa, sólo que su presencia me traía una especie de calorcito al corazón, parecido a la dulzura, pero que también se contraponía con un dolor que apretaba la boca del estómago, quizás una forma de melancolía o el anticipo de una pérdida. Sin imaginarlo, esa persona se convertiría en el parámetro con el que por años mediría el Amor en mis relaciones, y así fue como se sucedieron las siguientes historias, una sumatoria de romances con personas que estaban lejos de mi órbita ya fuera porque atravesaban situaciones complicadas, por desconectados, o simplemente porque no me querían, o me querían de una forma en que no quería ser querida. Para mí, era imposible saber si aquello que sentía era genuino, y si valía la pena entregarme a esas relaciones que parecían no tener futuro, más aún cuando todo lo que veía a mi alrededor eran situaciones teñidas de sufrimiento, en donde la tónica común era el malestar y la angustia.
Pero ¿cómo saber si lo que uno vive es Amor, si existe una manera de diferenciar un capricho frente a algo verdadero? Todo indica que aquella avalancha de dudas suele invadirnos demasiado tarde, cuando ya estamos al medio de la tormenta. Allí, en el ojo del sufrimiento, entre desvelos y agotadores pensamientos llenos de ansiedad, es cuando recién nos cuestionamos de qué se trata aquel berenjenal que atravesamos, sin encontrar una respuesta tranquilizadora.
Hasta cierto punto, es plenamente comprensible que en el mundo amenazante que transitamos, que, entre calentamiento global, sistemas políticos colapsados y hasta la inminencia de una guerra nuclear, resulte lógico que nos cerremos a semejante ola apocalíptica y le hagamos el quite a las zonas espesas de nuestra vida sin reparar en el costo de semejante audacia. Me refiero a que los aspectos como la paternidad, la vejez o la amistad, hemos aprendido a ejercerlos bajo el aura de la espontaneidad y los buenos deseos.
Ocurre algo similar con el tema del Amor y, en tal desconocimiento, nos permitimos lanzarnos a una relación sin evaluar mínimamente lo que debiéramos saber sobre una experiencia tan trascendental, que marca nuestra existencia. Asuntos como la influencia de lo biológico o la química de nuestras emociones, la incidencia de las etapas de la vida en nuestras relaciones, las diferencias entre los géneros o el peso de la comunicación, es escandaloso el escaso o nulo conocimiento que tenemos sobre el proceso de nuestros vínculos.
Así y todo, no es lo peor. En un acto de silenciamiento interno que linda con lo insensato, inconscientemente, nos hemos permitido darle un mismo sinónimo de Amor a cualquier vínculo con tintes románticos, sin mediar sobre la calidad de éste, abrazando con ese mismo nombre todo tipo de relaciones, las enriquecedoras como las nefastas, las que nos hacen florecer como las que nos rasgan el alma.
Semejante adormecimiento ha contribuido en naturalizar la idea del corazón roto y que el tener mal de amores se haya convertido en una lógica perfectamente aceptada, de la que nadie se espante ni sorprenda. En tal desidia, nos hemos resignado a que el dolor sea una senda inevitable en las relaciones, admitiendo al calvario como un factor altamente probable en nuestra vida emocional, apoyados en la creencia de que “el que quiere celeste, que le cueste”. En un mundo en donde la depresión es la mayor causa de muchos problemas de salud y discapacidad, cuesta aceptar que los conflictos románticos y los desamores sean la causa que alimenta las cifras de infartos, cáncer, enfermedades respiratorias y digestivas, trastornos del sistema urinario y tantos otros padecimientos que no tienen nada de afectivos.
Movida por mi historia personal, al dedicarme de lleno al tema de las relaciones de pareja se desarrolló en mí una gran sospecha sobre esa conjetura que afirma el carácter indisoluble entre el Amor y el Sufrimiento. En esa lógica, reniego tajantemente sobre la generalizada noción de que, para fines afectivos, Todo se Vale. Rechazo que el Amor haya terminado siendo la justificación, incluso, para aquello que nos avergüenza, como es la sumisión, el abuso o la ofensa, amparándose en que el tamaño del aura sublime de dicho sentimiento esté por encima de todo, que lo permite todo. ¡Qué tan legítimo puede ser un Amor así! ¿El dolor continuo vale la pena por unos minutos de magia? Y en última instancia ¿una experiencia así merece llamarse Amor?
La cantidad de casos lamentables por doquier me ha convencido que es urgente el colocar el tema sobre la mesa, de manera de establecer una explícita línea demarcatoria entre aquello que nos nutre, versus lo que nos destruye. Estoy segura de que es necesario hacer este énfasis para distinguir lo que No es Amor, dado que su efecto nefasto en el largo plazo se asemeja más a un accidente, a una enfermedad, al grado que requiere —se merece— un nombre propio y un diagnóstico para combatirlo de raíz. Lo llamo Amoricidio.
A pesar de que la mayoría estamos al tanto —y rechazamos tajantemente— las agresiones cometidas por otros, como son los casos de la violencia intrafamiliar y hasta el Femicidio, tendemos a obviar olímpicamente nuestra responsabilidad o a restarle importancia a las decisiones que tomamos de manera despreocupada y que suelen ser la raíz de nuestros fracasos de pareja. Sucede que, a diferencia del Asesinato que puede ser perpetrado por otro, el Amoricidioes un acto cometido por uno mismo. Ocurre en cada opción tomada de manera inconsciente, en donde no nos percatamos que éstas nos conducen a una especie de suicidio de nuestra vida amorosa. Tal irracionalidad se ve fomentada por la permisividad en que vivimos ya que, si el homicidio es un acto penado por la ley, el Amoricidio goza de impunidad, a pesar de los millones de víctimas que van quedando en el camino, de los profundos sufrimientos que millones se han auto inferido, a propósito de la búsqueda de la felicidad.
Hay que saber que no es una enfermedad congénita, y que el Amoricidio tiene tratamiento y mejoría para dejar paso a un Amor sano, alegre y pleno. Desgraciadamente, muchas y muchos eligen ese Amor insano en el entendido que sufrir es parte del Amor. Encubierto por el eufemismo de que el Amor todo lo puede, continuamos confundiendo a las relaciones de bienestar con esas otras marcadas por el dolor prolongado, poniendo en riesgo la integridad personal, socavando las oportunidades de sostener un vínculo realmente fecundo.
Es importante reiterar que al hablar de esto no quiero centrarme en esos casos propios de la crónica roja, sino que me refiero a todo tipo de vínculos cuya constante es el malestar que va secando el alma, tales como las relaciones desiguales, a las descomprometidas y abusivas; las historias dominadas por el miedo; los pseudos-romances que no son recíprocos; de los que no se sienten vistos y menos respetados. Desde mi práctica de Coaching detecto a quienes protagonizan tales tragedias, ignorantes e inconscientes de ser los artífices de sus propias desdichas. Les hablo:
A quienes entran en una relación como única forma de añadir color a sus vidas porque no encuentran ningún otro significado que los motive.
A quienes tienen pavor de estar solos.
A todos los que buscan saldar las cuentas de infancias nefastas, incapaces de cerrar capítulos dolorosos o de resignificar pasados tormentosos.
A quienes sólo les une el sexo, aterrados de avanzar hacia una mayor intimidad.
A parejas de años que, de tan cercanas y amigas, alejaron la pasión, resignadas al rol del hermano, partner, hija, todo menos parejas.
A quienes ni bien conquistan, parten tras una nueva victoria, ansiosos de probarse eternamente, sin reparar del círculo vicioso en que están metidos, cercenando sus posibilidades de una relación enriquecedora.
A aquellos que, inmediatamente de declarar su Amor, buscan imperiosamente cambiar al otro, con la vacía esperanza de que pueden alterar la naturaleza de su pareja.
A los que, intuyendo no ser suficientes, viven atormentados para hacerse merecedores de ser queridos, adaptándose a las expectativas ajenas, sin ponderar su propio valor, postergándose en silencio.
A los muchos y muchas que se esclavizan a una relación ni bien esta empieza, y en su búsqueda desenfrenada por ser reconocidos, se hacen dependientes de las redes sociales.
A quienes quemaron sus naves convencidos que el futuro no depara nada mejor, renunciando al Amor, viendo cómo sus días van palideciendo bajo un marasmo de indiferencia y soledad.
En conclusión, me dirijo a esa variedad de seres que, en un legítimo deseo de felicidad, sin información ni herramientas, asumen como cierta la idea literaria del Amor, sin aterrizarla ni madurarla. Pero también hay que admitir que no todo desamor es un signo de inicios deficientes, sino que también, elecciones correctas y de buena predisposición al compromiso, igual se tuercen a mitad de camino. ¿Por qué? Precisamente, debido a la impericia para deslizarse con suficiente gracia sobre esa cuerda floja en la que transcurren la relaciones diariamente. Al no tener consciencia de que cada día hay que jugársela por mantener ese equilibrio inestable, se corre el riesgo de precipitarse al vacío.
Independiente de los géneros, edades, razas o ideologías, se puede adivinar que los millones de ilusionados partimos en pos del Amor con una ingenuidad sorprendente, orientados únicamente por el deseo de ser queridos. Pero el estrepitoso choque con la realidad pone de manifiesto que no bastan los sueños a la hora de lograr una relación sana. Es suficiente entender que con la misma certeza que un edificio se vendría abajo sin las competencias de una correcta ingeniería, o un paciente perecerá sin la asistencia médica adecuada, es razonable deducir que el tema del Amor, quizás el más importante de la humanidad, demande de ciertos talentos para que florezca. Sobre algunas herramientas, hablé en mi libro anterior Por qué me va mal en el Amor (1), donde ofrecí unas pautas de lo clave a saber antes de tener una relación. Hoy, con mucha mayor experiencia en mis años de Coaching, constato cuán urgente resulta marcar la clara diferencia entre lo positivo y enriquecedor de un vínculo, frente a lo deplorable y lo tóxico. Es la razón de este libro, instar a las personas para que, de una vez por todas, establezcan una clara distinción sobre lo que es un buen Amor, ytomen consciencia de cómo algunas decisiones contribuyen a cometer Amoricidio, un auto atentado contra el Amor de Pareja.
Qué duda cabe que el Amor es una experiencia que, así como nos envuelve, también está repleta de incertidumbre. Tironeados entre sus polos, así como nos estremecen sus luces, tentados en sus sombras, el Acto de Amar se asemeja al tránsito sobre una cuerda floja, donde cada paso es una invitación, tanto como un peligro a la vez, y es por lo que este libro está dividido en tres partes. La Primera, en Caldo de Cultivo voy haciendo un repaso por los mitos y paradigmas que afectan las relaciones, exponiendo, además, el nivel de estrago que ejerce la Ignorancia en nuestros vínculos, convirtiéndose en el detonante del Amoricidio. En la Segunda Parte, en Síntomas voy mostrando la puesta en práctica de tales prejuicios en las relaciones, la visión experiencial del Amor en cuatro Estructuras de Personalidad distintas, y la particular manera que cada una tiene al transitar por el afecto. En la Tercera Parte, en Antídotos planteo mi propuesta para la obtención de un equilibrio, una serie de medidas que, desde mi experiencia, son claves para que dicho trayecto sea gentil y beneficioso. En definitiva, para que el recorrido sobre la cuerda floja, de peligro y enigma, pase a ser un acto de belleza y armonía.
Te reitero que, si has sufrido un miedo inexplicable a ser abandonada, si reconoces haber tolerado algún tipo de destrato por parte de una conquista o de tu pareja, si sueles equivocarte en la elección, si eres de quienes sienten no saber lo que buscas o qué necesitas, si te flaquean las fuerzas y te cuesta poner límites, en resumen, si sientes que tu terreno es propicio para una relación de cimientos endebles, este libro es para ti. ¿Por qué? Porque estás en riesgo de cometer Amoricidio. No olvides que el germen de éste se asienta en factores de apariencia inofensivo como el Autoestima baja, no saber qué se quiere, no saber qué se necesita, no saber cómo elegir bien. Al final de su lectura, te prometo que quedarán atrás esas ideas y sentimientos que asolan e invaden toda nuestra personalidad: No merezco; No valgo; No seré capaz. Sobre esto y más, es de lo que hablaremos en este libro.
Arriba de mis 61, lamento profundamente el no haber contado en mi juventud, con la información que hoy ilumina mi vida y la cual comparto en la consulta con quienes, tal como yo décadas atrás, viven encandilados por fuegos artificiales, desechando la voz interna de nuestras necesidades, muchas veces confundida con aquella idea romántica del sufrir por Amor. Es por lo mismo que estoy convencida que al profundizar en el tema del Amor, contribuimos a ascender en nuestro nivel de evolución, y que significa el primer paso con el que sembrar un mejor mañana, y con el que iniciar nuestro camino a la plenitud.
El propósito de este libro es el mostrar que la ignorancia, la desidia o el romanticismo exacerbado es la raíz del Amoricidio, un auto atentado contra el Amor de Pareja.
INDICE
PRIMERA PARTE. CALDO DE CULTIVO
LA MALDITA PRIMAVERA
SOLO SÉ QUE NADA SÉ
SEGUNDA PARTE: SINTOMAS
SOMETHING IN THE WAY SHE MOVES
EL DEBER SER
1) LA MUJER DEL DEBER SER
LA MUJER DISPONIBLE
1) LA MUJER MADRE.
2) LA MUJER VÍCTIMA
EL PODER COMO EJE DE VIDA
1) LA ALFASEXY:
2) LA ALFA ENRABIADA:
3) LA RENEGADORA DE LO FEMENINO
EL AMOR COMO PRODUCTO DE CONSUMO
1) LA MUJER COMPETITIVA
TERCERA PARTE. ANTIDOTOS
QUIÉN SERA MI RELEVO. QUIÉN, DIME DULCE MIEL
DESPACITO, QUIERO RESPIRAR TU CUELLO DESPACITO
¿WILL YOU STILL LOVE ME TOMORROW?
OH QUÉ SERÁ, QUE SERÁ
COLORÍN COLORADO
CITAS
PRIMERA PARTE
CALDO
DE
CULTIVO
LA
MALDITA
PRIMAVERA
Yuri
—¿Cuánto debo esperar a que me llame? —me preguntaba Javiera con la angustia viva. Salimos recién ayer, aunque estuvimos chateando toda la semana y sus ojos reflejaban toda la ansiedad acumulada de alguien que ha venido esperando desde hace mucho tiempo.
¿Quién puede culparnos de ilusionarnos por el Amor? Esa primera etapa suele estar marcada de ansiedad, un delicioso nervio que nos estremece hasta la última fibra y que pone de cabeza nuestra rutina, haciéndonos sentir más jóvenes, más livianos y hasta más felices. La perspectiva de despertar el interés de alguien nos vitaliza, regalándonos una especie de inyección de adrenalina, un gusto nuevo por las cosas, convirtiendo nuestros días en jornadas misteriosamente más brillantes. Sin embargo, esa repentina alegría también suele teñirse de angustia, la expectativa exagerada por una respuesta casi inmediata, y la necesidad imperiosa de sentir que somos aceptados.
La promesa de que este sentimiento universal es la llave para transformar positivamente nuestra vida ha cultivado en todos nuestro anhelo de ser parte de esa experiencia, de no querer perdérnosla por nada del mundo. Y ese mismo afán nos ha empujado a hacer cosas indecibles con tal de concursar en esa maratón, y no quedar al margen. Y es que, si la Felicidad es referida como la aspiración máxima, el Amor sería el aglutinante que asfalta el camino hacia ella, y en esa carrera nos abalanzamos absolutamente convencidos de no quedar fuera de tamaña vivencia que muchos afirman es lo único “Por lo que Vale la Pena Vivir”.
Así y todo, tal propuesta en nada ha incidido para que tomemos el peso de tamaño desafío, ni ha movido ni un milímetro la aguja de nuestro interés de capacitarnos para enfrentar un asunto tan vital, y solamente armados de las ganas, el instinto y un manojo de creencias, partimos al ruedo amoroso convencidos de que el empeño sea lo único requerido en las lides románticas. ¿Has visto que a alguien le ha sido suficiente?
Convencidos de que el Amor es lo máximo a lo que se puede aspirar, incluso nos permitimos experimentar sus efectos contrarios, pasar por penurias e infiernos, seguros que tal calvario es sólo el otro lado de una moneda que bien vale la pena pagar, un libreto dual en donde el Dolor es parte indisoluble del Placer. En dicha placenta es donde navegamos millones buscando esa Otra Mitad que nos devuelva la sensación de completitud con la que soñamos ni bien nacemos, con la amarga sorpresa que los resultados, en lugar de finales felices, nos enfrentan a una realidad nada ensoñadora.
Las cosas que mueren jamás resucitan,las cosas que mueren no tornan jamás.¡Se quiebran los vasos y el vidrio que quedaes polvo por siempre y por siempre será!
¡Adiós! Alfonsina Storni
No me cabe duda de que, a pesar de toda la parafernalia a la que Hollywood nos ha acostumbrado, de relatos apasionantes y bandas sonoras con arpas y violines, en nuestro personal metro cuadrado las realidades afectivas son diametralmente distintas, donde es habitual que los romances se vayan apagando ni bien han despegado, historias marchitas de relaciones menores y escaso idilio. Y para los muchos que emprenden el vuelo juntos, pareciera que el destino también se empeña en reírse en sus caras. Así, las monumentales cifras de divorcios en todos lados están ahí para recordarnos cuán vulnerables somos, y que, en esto del éxito en el Amor, nadie está verdaderamente a salvo.
El Amor es el anhelo de la mitad de nosotros mismos que hemos perdido.
La Insoportable Levedad del Ser. Milán Kundera
Entre esos primeros días deliciosos de la conquista y los menos luminosos de la convivencia, es de imaginarse que la banda sonora del Jazz sensual, de a poco, vaya mutando a melodía ambiental y de segundo plano. Al medio de las tareas domésticas, los problemas económicos y la falta de tiempo, son tantas las razones que van descolorando el panorama que nos había narrado Disney, haciendo que muchos romances terminen con sus expectativas hechas añicos, enfilando hacia salas de juzgados tras peleas por pensión alimenticia.
Es de las tantas razones por las que, majaderamente, insisto en tomar en cuenta algunos de los tópicos en los que solemos asentar nuestros sueños románticos, ciertos paradigmas de apariencia inocente, pero que más que ayudar, entorpecen y desvían diametralmente cualquier deseo genuino de establecer relaciones sanas y de buen pronóstico. ¿Te interesa saber?
EL PRELUDIO DEL AMOR
Antes de continuar, me parece fundamental ofrecer cierto contexto con el que explicarte la razón por la que nos encontramos en la situación actual. Creo sustancial señalar un asunto no menor que, sin duda, deja mucho para pensar, y es el hecho de que el Amor como la causa para emparejarse, es una Excusa prácticamente nueva. Sucede que no existe registro alguno, ni en la época de las cavernas, cuando éramos nómades o en las sociedades más civilizadas de siglos anteriores al nuestro, que el Amor haya sido un Justificativo para mantener una relación. Desde mi perspectiva, se trata de un dato crucial que transforma el entendimiento que hoy tenemos del Amor. ¿Qué te parece emparejarte por una razón distinta?
Hasta hace nada, las uniones eran arreglos marcados por un sentido práctico y de colaboración, en donde ellos ofrecían techo, protección y comida, mientras nosotras aportábamos con la atención al grupo. En el fondo, la construcción familiar obedecía a una forma de sumar mano de obra de mujeres y niños, resultando una mirada absolutamente distinta a la actual, desprovista del concepto amoroso que hoy le damos a la familia.
Fue la Revolución Industrial lo que disparó cambios excepcionales con la cuantiosa emigración del campo a la ciudad, y con ello, un trastorno sin precedentes en la manera de vivir y de relacionarse entre las personas. Recién en el siglo XX, una serie de movimientos sociales generaron cambios en las reglas, permitiendo que, por primera vez, se nos abrieran algunos espacios a las mujeres, significando el principio de una revolución inédita al interior de los hogares. Y, en esa disolución de la dependencia femenina fue cuando las parejas debieron de buscar un nuevo motivo para juntarse, ¿y qué crees? La razón llegó desde un lugar impensado, del mundo Emocional. Así, en menos de un siglo el Amor hizo su debut en el hogar, convirtiéndose en el fundamento para emparejarse, al punto que hoy nos resulta impensable otro motivo.
Pero eso no fue todo. El trastorno de las relaciones no se limitó a la pareja, sino que ese éxodo masivo conllevó a que las personas perdieran el apoyo grupal que contaban en sus comunidades, en donde se apuntalaban con el consejero, la curandera, el chamán, etc. De golpe y porrazo en las urbes, las novísimas parejas debían bastarse de su mutua compañía para reemplazar lo que otrora les proporcionara un amplio grupo de personas. Y así, sin advertirlo, aquellos ilusos y románticos tentados por un mundo pleno de oportunidades, también se vieron más solos y aislados que nunca. Un escenario dual, colmado de desafíos, pero angustiante a la vez. Y, se debió suponer que, al darse este cambio de prioridades en el emparejamiento, los tórtolos del Mundo Moderno, por default o por la habitualidad, iban a adquirir un mayor dominio de lo que significaba este asunto. Pero no sucedió así.
No sé si enamorarme o hacerme un sándwich. La idea es sentir algo en el estómago.
Mafalda.
Así y todo, cuesta imaginar cómo pudo gestarse un vuelco tan radical y eficaz en nuestras relaciones bastando sólo unas décadas para haber dado vuelta al sistema de creencias que mantuvimos por más de 5.000 años. Pensando en varias alternativas, sólo se me ocurre identificar aquel mecanismo que, desde siempre, ha colaborado en la instalación de un nuevo pensamiento y una nueva manera de vivir. Se trata de la Metáfora, aquella fórmula simple y eficiente de entendimiento universal con la que moldear el pensamiento global en tiempo récord.
LA METÁFORA Y EL AMOR
Ni especial ni complicado, simplemente la Metáfora es el mecanismo que forma parte de nuestro lenguaje, cuya virtud es la de sintetizar una idea mediante símbolos, facilitando la propagación de un concepto de manera global. Desde lo básico a lo complejo, ha sido la responsable de la eficiencia de nuestra comunicación allanando la difusión de juicios de toda índole. Es la explicación por la que las palabras han derivado en significados directos, y que hoy mundialmente entendamos que “arriba” sugiera un valor superior a lo de “abajo” y, por lo tanto, que la clase alta o las ventas bajas no exijan mayor explicación en ningún rincón del globo; un mañana luminoso y un oscuro futuro también sea entendido en donde quiera que sea. Ideas sintetizadas, repetidas hasta la saciedad, la Metáfora ha sido el artífice del entendimiento común, que no requieren ni explicación, y menos, fundamentos.
¡Y cómo no se iba a aprovechar este efecto con el Amor! De tan cotidiano, ni siquiera reparamos del fondo de ciertas frases:
Morir de Amor
Contigo pan y cebolla
Tu Media Naranja
Tu Alma Gemela
El Amor es locura
De tanto afirmarlas de manera infinita, estas frases se asentaron cuales sentencias irrebatibles para emparejarnos, y son muchos los estudiosos de la lingüística que han comprobado su influencia en nuestra cotidianeidad, tal como es el caso del Profesor de Lingüística Zoltán Kövecses en su libro Metaphor in Culture (1). Detrás del inocente palabreo como que el Amor es fuego, el Amor es una unidad, el Amor es una fuerza física, en su repetición automática, se contribuyó a que personas como tú o yo, andemos buscando nuestra Alma Gemela por todos lados, Morir de Amor si es necesario, o estemos dispuestas a comer sólo pan y cebolla… y por supuesto Amor.
Pero tampoco era suficiente. Algo más debió concursar para lograr el cometido que este nuevo modelo romántico que comandaría a las familias del mundo moderno, llegase a todos los rincones de planeta, y lo hiciera en tiempo récord y de la manera más eficiente. ¿Qué mejor que el cine?
HOLLYWOOD AYUDA AL AMOR
¿A quién no le gusta un cuento romántico? Los sueños enrevesados que al final se logran, nos alimentan el alma, nos endulzan los días y nos alientan a creer que el Amor todo lo Puede. Claro, a veces se sufre por Amor, pero la mala contribución de Hollywood fue no poner freno a ese sufrimiento y, por el contrario, se les otorgó a semejantes pesares una especie de sentido épico, llevándonos a creer que luego de semejante vía crucis, nos esperaba la felicidad.
Ella, una chica de “clase alta”. El, un muchacho de “estrato bajo” quien gracias a una partida de póker logra escabullirse en el viaje inaugural de un barco nunca antes visto: el Titanic (2). Parecía el único punto de coincidencia de esta pareja tan desigual.
Quiso el destino jugarles una sorpresa y demostrarles —a ellos y al público— que “cuando el Amor llama, no hay murallas suficientemente altas que impidan saltarlas”. Y así es como Jack y Rose, una y otra vez, fueron esquivando todas las barreras imaginables, y ni siquiera la muerte de él, pudo diluir el gran afecto que ella atesoraría por siempre.
¿Recuerdas esta historia contada, nada más y nada menos, por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet?
Es imposible imaginar que el lenguaje, por sí solo, hubiera logrado la revolución de colocar al Amor al centro de las relaciones, especialmente sí se toma en cuenta que la masa poblacional de los años 50 ya era suficientemente importante, alcanzando a 2.500 millones de almas (3). ¿Qué te parece que justo haya coincidido con el auge de los medios de comunicación, el cine y la televisión? Sí, aunque no lo creas, se trata de una industria monumental que sólo en el 2021, facturó 328.2 billones de dólares (4). Qué mejor que la entretención para pegarnos el empujón que se requería y meternos a fuego el azucarado slogan del “Y fueron felices para siempre”. Hoy, nos resulta impensable determinar cuántas películas hemos devorado a lo largo de nuestras vidas, cuántas canciones hemos cantado, y la mayoría de ellas con el mismo tema de fondo. De dónde sino pudo haber surgido la idea de que “el Amor es para Siempre” o que “el Amor sólo sucede”. Obviamente, no tengo nada en contra de la dulzura, pero sí me parece que es importante reconocer en qué grado hemos permitido que ciertas ideas hayan tergiversado las expectativas que tenemos de las relaciones. Sólo revisando el efecto en los jóvenes, los resultados son impresionantes: ¿Crees tú que estoy exagerando? Mira:
Hoy el 90% de jóvenes indaga sobre el Amor en el cine y el 94% en la TV. ¡Casi todos! Sólo el 33% lo hace con su madre y el 17% con el padre (5)
Que “el Amor simplemente sucede” o que “las personas finalmente se casan”, son el tipo de creencias que los jóvenes creen fervientemente sobre el Amor (6) De verdad ¿Te parece responsable?
Sobre el cómo transcurren las relaciones, aparece la idea de que “las parejas se enamoran, se casan y viven felices para siempre”, o que las personas “se enamoran a primera vista”, según un estudio realizado por el mismísimo Disney (7)
También aparece fuertemente la idea del Destino que promete un “alma gemela predestinada ahí fuera” o que “la felicidad en la relación dependerá de si se localiza a esa persona especial” (8)
“Ser el uno para el otro, es cuando se da la total comprensión de los deseos mutuos sin ningún esfuerzo” —que te lean la mente— y que “el sexo debe ser perfecto y sin esfuerzo” (9).
Aunque parecieran frases inocentes, lamentablemente, explican el porqué de la nula involucración de las personas en sus romances al sentirse amparados de la magia, la espontaneidad o del destino en el funcionamiento de sus relaciones. “Total, si era para mí, no es necesario que me esfuerce, porque el Amor sólo sucede, y es para siempre”. No es de extrañar que el fenómeno de las telenovelas, un género cuantioso a nivel mundial, por décadas venga reiterándonos el mismo guion de Cenicienta donde la chica pobre sueña que el joven rico la “elija” entre miles, y sólo tras superar obstáculos descomunales llegan a ese final feliz. Así como en los 50 el epítome amoroso lo encarnaba Cary Grant, en mi infancia soñaba con un delicado príncipe que llegaba en un caballo blanco, y en los 80 el estereotipo lo marcaba un danzarín Travolta, hoy los príncipes mutaron a Súper-Héroes de mundos fabulosos y con infinitas propiedades mutantes, y en todo el tiempo el mensaje se ha mantenido intacto: el Amor todo lo Puede. Sin embargo, sabemos que la realidad es muy distinta ¡y que con el Amor no Basta!
En definitiva, a pesar del avance que hemos experimentado en tantísimas áreas, el Amor del mundo moderno pareciera continuar bajo un manto de confusión, y que encandilados por el tamaño de su luz continuamos sin la más mínima idea de qué se trata este asunto. Así lo demuestra la realidad, cuando ni las ideas del destino o la de espontaneidad en la relación logran salvarnos de un triste episodio de Amoricidio.
ESE ALGO LLAMADO AMOR
Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.
Jacques Lacan.
Me resulta imposible avanzar en las complicaciones del Amor sin abordar de qué va esta cuestión. Es un asunto nada fácil y que significa uno de los dolores de cabeza de muchos, especialmente cuando se hallan en la mitad de una tormenta romántica. ¿De qué se trata, cuáles son sus síntomas, o cuáles son sus resultados? Son las típicas preguntas que se realizan, y si bien, a lo largo de los tiempos, un cuantioso grupo de estudiosos nos han aportado luces en cuanto a formatos, componentes y hasta clasificaciones de este sentimiento, todo indica que continuamos sin encontrar un significado preciso sobre el Amor. ¿Por qué será?
La sensación de enigma indescifrable en que el concepto del Amor permanece, precisamente, se debe al hecho de que es imposible establecer una fórmula universal para una experiencia que es plenamente íntima. Si partimos aceptando que cada quien es un mundo particular, y que somos el producto único resultante entre herencias, historias y esencia, evidentemente todo ello confluye a que seamos distintos, con una manera individual de procesar las emociones, y por supuesto, de la manera de percibir el Amor. De tan íntimo como heterogéneo, termina siendo un concepto inasible, algo que llega a ser inabarcable, y hasta difuso.
En esta línea, se podría concluir que la falta de un significado general del Amor es porque responde a una naturaleza distinta de cualquier otra emoción y, más bien, se trate de la composición de una suma de emociones que son jerarquizadas o con diferente relevancia de manera individual. Así, algunos lo codifiquen como el producto que surge de la ternura y la protección, para otros sea el estímulo y la admiración, o del compañerismo y el respeto. Mezclas infinitas y absolutamente peculiares para un resultado de apariencia universal. El sinónimo del Amor para mí, seguramente, difiere del tuyo. ¿Por qué? Influyen nuestras historias, formas de ser y hasta nuestros contextos. En conclusión, cada quien posee su propia definición del Amor, y saberlo es crucial para que, en lugar de recurrir a pautas sociales, apelemos al Autoconocimiento para encontrar las claves de lo que necesitamos en una relación, de lo que individualmente valoramos y nos hace felices.
Junto con ello, y tomando en cuenta el hecho de que, en todo sentido, vamos variando en el tiempo, donde obviamente, también la manera de sentir se va afectando, explicaría que el Amor es un proceso más cercano a una Dinámica que a un estado perenne, que actúa de manera activa ajustándose al momento y las circunstancias que vamos transitando. ¿Ves cómo se estrella de frente el argumento de la eternidad romántica Hollywoodense?
Al desconocer todos estos principios, estableciendo relaciones sin descifrar los elementos necesarios para ser amados, las personas nos colocamos en un umbral peligroso, una especie de campo minado sin percibir los riesgos de salir heridos y vulnerables al Amoricidio. Es lo mismo que remarca Eric Fromm en su Best-Seller, El Arte de Amar(10) planteando al romance como un ejercicio personal que va perfeccionándose con el tiempo como cualquier otra práctica, señalando la importancia del conocimiento y del esfuerzo, algo diametralmente distinto a la pasividad que sutilmente nos ha sugerido el medio y Disney.
Lo más importante es partir aceptando que No todo Amor es Igual. Un principio que me parece fundamental es el distinguir que existen 2 tipos de Amores. El primero, es el que se sucede de manera espontánea, el afecto que se desenvuelve unilateralmente. Es el Amor Natural, que funciona de forma lineal, la experiencia que nos surge frente a la naturaleza, un bebé o una mascota, y cuyo efecto no contempla una respuesta. El segundo, ya es producto de una interacción, es el Amor Relacional. De una lógica distinta al anterior, es fruto de un intercambio y sí requiere una respuesta, donde su comportamiento bilateral sucede al compás entre lo que Se Recibe y lo que Se Entrega. Estoy plenamente convencida que el hacer esta diferenciación es el punto de partida, algo sustancial en nuestras relaciones y que desarrollaré más profundamente en la Tercera Parte.
JAQUE AL AMOR
Por años Clementina soñó con tener una relación, tras varios intentos fallidos, conoció a Federico, un joven entusiasta, surfista e intenso, con el que estaba feliz.
—¿Qué pasó? —le pregunté cuando la vi de vuelta en mi Consulta.
—No sé…no sé lo que pasa —contestó confundida y a punto de llorar.
Habiendo tenido un romance maravilloso que los llevó a vivir juntos, pareciera que la cotidianeidad estaba destiñéndole la ilusión a esta empeñosa mujer. Que él no movía un dedo en la casa, no compartían las cuentas y que más encima, ella debía encargarse de pasear al perro de él y estar pendiente de su comida, eran el tipo de razones que la tenían ahogada, y como respuesta, sólo obtenía de él, el epítome de bruja frente a sus reclamos. Sin señales de llegar a acuerdos, parecía que ambos confiaban en que el Amor les resolviera sus desavenencias.
Decepcionada, transparentó su duda, preguntándose ¿Esto era el Amor?
Si hay algo difícil de precisar, son las emociones. Preguntarnos qué estamos sintiendo nos asusta porque varías de esas emociones no encajan literalmente con nuestra creencia sobre el Amor. Si ya acordamos que el Amor es una composición de varias de ellas, resulta más complicado entender lo que me está pasando. Habituados a circunscribirlo entre ramas de laureles al son de arpas y violines, quienes se emparejaron con la ilusión de Eternidad, jamás imaginaron que las circunstancias tan cambiantes influirían en sus idílicas vidas amorosas. La competitividad salarial, la organización de las labores domésticas o la crianza de los hijos, parecieran hoy ser el aterrizaje forzoso del cuento de hadas. En un mundo que aún convive con prácticas antiguas y machistas, a las parejas les ha resultado imposible lidiar con las circunstancias ambiguas, repletas de deseos contradictorios.
La situación de Clementina no era otra que la radiografía del momento actual, el retrato de un tiempo poco definido, como si fuera de Transición, en que coloca a las parejas en una zona gris y confusa, luchando por retener los mejores lados del ayer y del ahora, con nosotras rechazando el machismo, pero exigiendo constantemente muestras de caballerosidad, y ellos, buscando la mujer independiente mientras defienden sus áreas de dominio. Lo lamentable es que no somos conscientes de esto y, por lo tanto, jamás hablamos de ello ni siquiera cuando internamente percibimos estar tironeados frente a esos deseos opuestos. Nos damos el lujo de iniciar un vínculo sin una clara noción de lo que esperamos del otro, de lo que estamos dispuestos a dar, cuáles son nuestras prioridades o cómo esperamos ser queridos. Al no estar nada de ello resuelto y compartido, el caminar al medio de esa cuerda floja, en lugar de un paseo agradable se convierte en un tránsito angustiante y dependiente de la voluntad del otro, y a la deriva de quien ronca más fuerte. Y así el inicio, qué decir cuando ya nos mudamos y empieza la convivencia.
Semejante confusión, obviamente, le hace un pésimo favor al romance. Aunque aún rendimos tributo al cuento con Final Feliz, todo indica que el Amor no estaría siendo capaz de lidiar con el exceso de concreción y abundancia de realismo. Y así, lejos de todo pronóstico, a pesar del fantasioso argumento novelesco, nada pudo prepararnos para una realidad tan contundente que es imposible evadir: ¡La Cotidianeidad le hizo un Jaque al Amor! Y si crees que estoy exagerando, mira los siguiente:
El divorcio se ha duplicado en el mundo en sólo 4 décadas. Su tasa saltó del 2,6 a 5,5 por cada 1.000 casados entre los ´70 al 2008 (11).
Las personas se comprometen más tarde, ellos se casan a los 30 años y nosotras de 28 (12).
El matrimonio sólo disminuye. En USA desde los 70, las tasas de matrimonios cayeron casi en un 50% (13). En la Unión Europea la tasa pasó del 7,8 al 4,4 por cada 1000 personas entre el 1965 al 2017 (14).
¿Y en Latinoamérica? Nada muy distinto. Por ejemplo, en México los matrimonios cayeron un 21% en el 2020 y los divorcios se triplicaron (15). En Perú, los divorcios han crecido en un 23% desde el 2014 (16). En Buenos Aires, la cantidad de divorcios se mantiene estable —8.217 en 2017— pero los matrimonios se redujeron a la mitad (17). En Chile, la curva de divorcios se mantuvo al alza en el 2019 con 61.465 causas y las tasas de matrimonios son un 38% menos que el año anterior (18).
Como otra posible explicación de esta crisis, podría alegarse que hasta el inmaculado mundo del romance ha sufrido los embates del tiempo, y entre ellos, los efectos mercantiles propios de la modernidad. Porque si otrora, el matrimonio obedecía a la lógica de la supervivencia, dicha conveniencia se ajustó a la dinámica de la Oferta y Demanda, al grado que la socióloga Eva Illouz lo denominaraMercado Matrimonial(19),alertando que las personas hoy se juntan en función de “mecanismos de acumulación de valor, de capital, que maximicen sus posibilidades en el Mercado Matrimonial”. Factores insospechados que confluyen al momento del Amor, y que pudieran incidir negativamente en sus resultados. Ese Amor Líquido descrito por el sociólogo Zygmunt Bauman (20) quien define a las relaciones como dinámicas de alta volatilidad, sujetas a la lógica del consumo, desechables e insustanciales, en donde lo que antes era para toda la vida, se haya convertido en un atributo del momento. Un comportamiento regido fuertemente por la conveniencia, aunque mantenga su toque utópico.
Tengo la impresión de que el mediático relato amoroso nunca contó con el porrazo de la cotidianeidad, de que el cuento de hadas iba a deslucirse con los primeros rayos de sol, ni que el Príncipe encantado se tornaría soso con los cantos del gallo. Ni a ti ni a mí nos advirtieron que una cosa era soñar con una noche pasional y la otra era ordenar el caos con resaca, delirar el rato de la conquista a quedar atragantadas con los modales en la mesa, el compartir los primeros besos y caricias al salto amargo cuando no se divide la cuenta del supermercado. Son las contradicciones de estos tiempos, que semejante trance en las relaciones se suceda, precisamente, al momento en que gozamos de libertades inéditas con pleno derecho en la elección, independencia económica femenina y hasta con total facultad para la exploración sexual. ¿No te parece asombroso? Conforme a lo advertido por Darwin de que, para efectos de la sobrevivencia, la adaptación se impondría a la fuerza, estos vientos contrarios parecieran medir nuestra capacidad de flexibilidad e ingenio para salir airosos en nuestra vida amorosa.
Daría la impresión de que surgió una especie de Seres Mutantes respondiendo a estímulos tan diversos, como opuestos. Porque si, por un lado, al emparejarnos priorizamos factores de orden práctico, ciertas decisiones las tomamos con impulsos emocionales, parámetros infantiles y hasta justificaciones absurdas. Lo vemos en la manera en que hoy se enfrentan los conflictos, que si en los ´50 las parejas los sobrellevaban hasta la tumba, en esta época del derecho a la felicidad, en las primeras dificultades, las personas se precipitan a salir corriendo seguras de haberse equivocado, convencidas que en la próxima vez sí le atinarán al hallar su Alma Gemela. Esta idea pueril está refrendada en varios estudios como lo expone el psicólogo Raymond Knee (21), demostrando la expectativa generalizada de encontrar a la persona Perfecta, y que, al generarse las desavenencias propias de la convivencia, se renuncia prontamente en espera de la Media Naranja correcta. En definitiva, si hasta nada, las relaciones acataban el juramento del “Hasta que la Muerte nos Separe”, la realidad actual muestra que las parejas prometen permanecer sólo “Hasta que el Desamor nos Separe”. Otro golpe más a la pretendida idea de eternidad que antaño nos ofrecía el Amor.
Aunque las personas no hemos abandonado ni nuestro ímpetu, ni toda la candidez romántica, lo que sí está claro es que hemos abierto el abanico de oportunidades para vivir esa experiencia, en vez de una, con varias personas.
Alvy era un pesimista empedernido, pero a pesar de ello se dedicaba a cómico de TV. Al conocer a la divertida y fresca Annie, hacen inmediatamente match al descubrir una misma inquietud intelectual y una mirada irónica de la vida. Se mudan juntos y el pronóstico de su relación, con Manhattan de fondo, no podría haber sido más alentador.
¿Qué pudo salir mal?
Al poco tiempo de convivir, fueron asomándose las discrepancias mutuas, repletas de nimiedades que socavaban el idilio otrora prefecto. Ya sea por la necesidad de ella de fumarse un porro antes de tener sexo o el aislamiento y negatividad insondables de él, las luchas cotidianas fueron poniendo en evidencia cuán impredecible se muestra el futuro de una relación, por magnífico que haya parecido al inicio.
Más allá de la autenticidad de Annie Hall(22) la virtud de Woody Allen fue el hacer evidente que las buenas intenciones no han bastado para sostener una relación, y que, insólitamente, aquello que las facilitaron en un inicio, se convierten en las razones de sus quiebres. Otro ejemplo de que el romance es una cosa, pero la puesta en escena de la convivencia es otra, que toda esa gloriosa pretensión nunca contempló engendrar su propia canibalización en la cotidianeidad. Un verdadero ¡Jaque al Amor!
Tenía 17 años cuando lo conoció. Una muchacha soñadora y simple que quedó absolutamente prendada de este hombre que le llevaba más del doble de edad. Durante los más de 10 años que estuvieron juntos, ella viviendo a su sombra y a los designios que él imponía, tuvo que tolerar una relación llena de indecisiones, de ausencias, además de una suma de infidelidades que él se daba el lujo de cometer. ¿Felicidad? Muy lejos de eso, al punto de llegar al menos a 2 intentos de suicidio mostrando la desesperación y necesidad de llamar su atención, sin el valor suficiente para cortar semejante calvario. Sólo al final parecería que él querría oficializar el vínculo, pero no fue así, sino sólo parte de una manipulación más para convencerla de acompañarlo al último viaje, ese que hicieron el 30 de abril de 1945 cuando Eva Braun tomó la ampolleta de arsénico junto a él, el genocida Adolf Hitler, a quien amó hasta el final (23).
Cercano a convertirse en un culebrón amoroso, la historia entre Frida Kahlo y Diego Rivera gozó de poco respiro desde su inicio. Con la oposición del padre de ella debido no sólo a que él la doblaba en edad, lo peor, lo precedía una divulgada fama de don Juan y fiestero, nada sería suficiente para convencer a la voluntariosa artista, ya acostumbrada a lidiar con causas difíciles desde que sufrió el trágico accidente que la encadenó por años a una cama. Como si dicha tragedia la hubiera preparado para lidiar con el dolor que encontraría en esa relación repleta de sinsabores, entre pérdidas de hijos, múltiples infidelidades, cambios imprevistos de país, el engaño con su propia hermana, divorcios, todo ese calvario no sería suficiente para separarlos, siendo la temprana muerte de ella a sus 47 años lo único que lo lograría, algo que él tampoco toleraría finalmente, acompañándola sólo 3 años después. Un caso de Amoricidio por partida doble (24).
Cuando se enamoraba, Picasso arrasaba con todo a su alrededor, pero con igual prontitud se le disolvía el amor. No tenía cómo saberlo Dora Maar a sus 29 cuando conoció a un ya célebre pintor de 55. Aquella que actuó como su musa, prontamente produjo tedio en el artista presto a reemplazarla por otra que le devolviera el impulso y la pasión. Desesperada, desolada, Dora tuvo una precipitosa caída al infierno derivando en un siquiátrico por el resto de su vida, un desenlace no tan distinto de otras que corrieron igual suerte como Jacqueline Roque, tan elevada a las nubes como lanzada al vacío, quien tampoco pudo lidiar con el desamor de su “señor”, destruida por el alcohol y los pleitos familiares, la muerte de él la sumió en una profunda depresión que sólo pudo calmar un disparo en la sien (25).
Morir de Amor es una posibilidad para muchas personas más sensibles. Pero cuesta trabajo pensar que, si el Amor es sinónimo de vida, el acabarla pueda ser parte del juego. El pálpito acelerado, el sudor de manos, la ansiedad y la falta de sueño son ciertos efectos con los que deliramos en esos primeros momentos, pero al ser llevados de manera sostenida, es importante reconocer que esos signos corresponden a un mundo distinto, que eso No Es Amor, sino que pertenecen al Amoricidio. Por eso te invito a seguir leyendo, para que logres distinguir el camino que sí conecta con la belleza, y a reafirmarte sólo lo que te ayude a florecer.
AMOR VERDADERO O AMORICIDIO
Casi todos sabemos querer,Pero pocos sabemos amar.Es que amar y querer no es igual.Amar es sufrir querer es gozar.
El Amar y el Querer. José José
Al fallarnos el auto en la carretera, la lógica indica que nos detengamos a un costado para revisar qué pueda estarle sucediendo, y pedir ayuda de ser necesario. ¿A quién se le ocurriría continuar el camino en semejantes condiciones? Entonces, al momento en que el Amor comience a doler, es cuando debemos parar el mundo, un asunto de sobrevivencia y el llamado que hago a cada persona en mi consulta o en talleres. El permitirse vivir con el corazón roto, el sabor amargo en la boca del estómago de manera sostenida implica continuar por una ruta a pesar de haber averiado nuestro motor interno, y al menos, sospechar que tenemos un problema de brújula. ¿Cómo llegamos hasta aquí, cómo pudimos entreverar así el Amor, y hacer del malestar algo tan habitual?
Si no me amas, no importa, de todos modos, puedo amar por ambos.
Stendhal.
En la obstinación parejera, el mundo nos enseñó incluso a renegar de la reciprocidad, exaltándose la Entrega Desinteresada como un principio a valorar. Es de imaginar en qué grado semejante creencia permitió que emergiera un caudal de relaciones desiguales y se admitiera la Incondicionalidad como algo perfectamente normal. Y así, sutil y calladamente, se nos instruyó en el arte de sufrir mientras amamos, condenándosenos a gozar con el dolor. Un acto horroroso que nos llevó a conllevar lo bueno y lo terrorífico en una misma historia, incapaces de admitir que cuando algo es malo, es malo y punto.
Carmela había quedado muy triste por el fin de su relación con Bernardo. Más que esta pérdida, le pesaban esos finales en que la habían etiquetado de egoísta y poco empática. Al pedirle que describiera su sentimiento por él, dijo que la hacía sentir Protegida, que nadie la había querido tanto. Se notaba conmovida y hasta agradecida, y temía no encontrar a nadie que la amara igual. Sin embargo, no supo responder qué le había Entregado ella, algo que fuera tan significativo como lo que había Recibido.
Johanna se lamentaba que su relación con Patricio era muy inestable. Habiendo convivido de manera intermitente, él solía quejarse que “algo le faltaba”. Ella no entendía semejante vacilación ya que afirmaba amarlo mucho, que con él había encontrado un motivo para despertar cada día, y por ello, no le pedía nada a cambio.
La sentencia de que No todo es Amor es una afirmación que nos sirve para cuando estamos confundidos, y tengamos que responder la sola pregunta ¿qué me aporta esta relación? Algunos resultados suelen ubicarse más cerca de la terapia que del Amor:
Me hace compañía
Me da una ilusión de familia que nunca tuve
Me ofrece apoyo económico para mí y mis hijos
Soluciona mi día a día
Sin embargo, es en las parejas establecidas donde más se notan esas inesperadas grietas que surgen al medio de dos personas que se amaron tanto. Tal como lo abordaré más adelante, son las relaciones ya armadas las que más sufren con los efectos del tiempo, y al no contar con las herramientas necesarias ni la lucidez de prepararse, la tendencia es a abandonar la causa o a resignarse a la cruz que les tocó cargar. ¿Por qué? Dado que ya sabemos de nuestro nulo conocimiento en los temas del corazón, olvidamos que la convivencia pone a prueba nuestra voluntad y el grosor de nuestros sentimientos. Y es que ya sea por las resoluciones de orden práctico hechas sin mayor convicción: casa o departamento, los niños durmiendo con los padres o en sus camas, el aporte económico desigual o las responsabilidades domésticas; pero también están los asuntos que por más íntimos son más invisibles donde los temas no hablados van arruinando el lazo más fuerte: ya sea la insatisfacción sexual o la visión distinta del futuro, la sensación de ceder siempre, la influencia de la familia de origen, el desinterés o la etapa de aburrimiento, son de los múltiples asuntos que al no encontrar solución ni entendimiento, van engrosando el resentimiento o la indiferencia, e instalando un contundente alejamiento entre esos que juraron Amor eterno. Si alguien nos advirtiera que la vida de pareja estaría plagada más de incertidumbre y luchas diarias que de rosas y chocolate, es posible que nos tomásemos el asunto desde otra perspectiva y no con la liviandad —y hasta desidia— con la que se sigue abordando. En estas circunstancias, no es de extrañar que el trayecto amoroso, en lugar de fortalecerse, la mayor cantidad de las veces, el paraíso vaya derivando en Vía Crucis. Un territorio propio del Amoricidio, en donde el malestar y el deterioro de la relación es generado por nosotros mismos, el Auto Atentado a nuestro propio corazón. Y hay que considerar además que tal suicidio romántico, en lo que respecta al otro, a ese que decimos Amar, se constituye en un homicidio. Todo en nombre del Amor.
Quiero aclarar que no estoy en contra de llorar por Amor, ni que piense que las buenas relaciones transitan sólo entre praderas. Todo lo contrario, entiendo que una relación Sana es capaz de soportar los embates cotidianos, y que compartir las aflicciones mutuas también va fortaleciendo el vínculo. Y, precisamente, esa sería la medida para evaluar la calidad de una relación, al identificar si el dolor que se experimenta es fruto de una circunstancia o viene gestado por mano propia, por la incapacidad mutua de lograr acuerdos, o bien, que el bienestar de unos de sus integrantes esté por encima del de la pareja. Tal descuido, de manera sostenida, es un disparo al corazón, un acto de Amoricidio.
Conformarnos solamente con no ser parte de aquellas experiencias terribles de la violencia intrafamiliar, y con ello convencernos de estar teniendo una relación óptima, no es suficiente. La realidad es que muchas parejas —más de las imaginables— sostienen convivencias al límite de lo soportable o muy lejos del idilio que imaginaron en sus inicios. Por lo mismo, la única salida que nos queda es asumir la responsabilidad que nos compete, entendiendo que el fortalecimiento de un vínculo es un trabajo de consciencia queimplica Capacitarse y Conocerse. ¿Cómo hacerlo? Un asunto que profundizaré en la Tercera Parte del libro y que significa la diferencia entre un gran Amor frente a historias que, por alejarnos del bienestar, esperamos sean pasajeras, jamás definitivas.
Que a besos yo te levante al rayar el día,y que el idilio perdure siempre al llegar la noche.Y cuando venga la aurora llena de goce,se fundan en una sola tu alma y la mía.
Idilio. Willie Colón.
