Anastasio Quiroga. Pastor de cabras - Edgardo Miller - E-Book

Anastasio Quiroga. Pastor de cabras E-Book

Edgardo Miller

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"El trabajo que presenta Edgardo Miller es una compilación basada en su quehacer de periodista. Así, como un baqueano que conoce el sonido de los ripios y el polvo de los caminos, va trazando un itinerario que no tiene otra pretensión que la de recoger la vida narrada de Anastasio Quiroga para entregarla a sus lectores. No es ni más, ni menos su intención. Y por eso, desde el relato sencillo, afirmado en reportajes, citas, búsqueda de ciertos momentos singulares de la vida del creador andino que parece querer poco más que lo sientan en su andar sobre el mundo como quien monta una cabalgadura y lleva su memoria para compartirla, logra hacer sentir con hondura la significación de hombre que nos representa. No ya en el mestizaje americano en el que nos plantamos sino desde la América como totalidad histórica y vivencial. Miller logra traernos en Anastasio a la América viva que es nuestra madre tierra, la que nos hizo y nos rehízo a quienes llegamos desde nuestros ancestros de otros continentes. Y nos comunica que esa América nos hace suyos en la presencia única de ese hombre atravesado por los vientos y la música de los andes" (Alejandro Tarruella).

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Edgardo MillerCon la colaboración de Leda Valladares

Anastasio Quiroga

Pastor de Cabras

Tradiciones y Costumbres de la Quebrada de HumahuacaPrólogo Alejandro TarruellaFotos Ernesto Monteavaro

Miller, Edgardo

Anastasio Quiroga : pastor de cabras / Edgardo Miller. - 1a ed mejorada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tamara Herraiz ; Buenos Aires : Leda Valladares, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-88-0703-4

1. Periodismo de Investigación. 2. Biografías. 3. Acceso a la Cultura. I. Título.

CDD 070.449

Proyecto de Integración: “La Música y la Cultura del Hombre Americano”Fotografías: Ernesto Monteavaro / Daniela Haman - Victoria Bianchi - Andrea Fruttero Corrección: Andrea Melamud

Diseño de cubierta: Tamara Herraiz

Todos los derechos reservados

Publicado por Muiños de Vento Editorial

Soldado de la Independencia 864, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina

 

@muinosdevento

[email protected]

 

1era. edición: Febrero 2021

Edición en formato digital: Agosto 2021

ISBN 978-987-88-0703-4

Conversión a formato digital: Libresque

No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento o alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción es penada por las leyes 11.723 y25.446 de la República Argentina.

PRÓLOGO

Edgardo Miller y una revelación en su testimonio sobre Anastasio Quiroga

ALEJANDRO C. TARRUELLA

Jamás, a lo largo de su vida, el músico jujeño Anastasio Quiroga pretendió ser más que nadie. Tan plantado estaba en su existencia, que no precisaba de palabras estridentes, grandes discursos, academicismos. Era breve como esa brizna del viento que lo llevaba. Su saber era en parte ese sentimiento de estar estando, cantar para vivir, no echar al olvido lo que sus antepasados le dejaran por ahí estaba una de las claves de su existencia: el respeto por el otro, los otros, la naturaleza y la cultura que lo contenía.

Y sucede algo extraño en este libro, “Anastasio Quiroga. Pastor de Cabras”, que realizó con la colaboración de Leda Valladares. El autor parece haber percibido esos ríos profundos y sobre ellos trazó un reconocimiento que se sostiene en su propia experiencia de vida. Porque el trabajo que presenta Edgardo Miller es una compilación basada en su quehacer de periodista. Así, como un baqueano que conoce el sonido de los ripios y el polvo de los caminos, va trazando un itinerario que no tiene otra pretensión que la de recoger la vida narrada de Anastasio Quiroga para entregarla a sus lectores. No es ni más, ni menos su intención. Y por eso, desde el relato sencillo, afirmado en reportajes, citas, búsqueda de ciertos momentos singulares de la vida del creador andino que parece querer poco más que lo sientan en su andar sobre el mundo como quien monta una cabalgadura y lleva su memoria para compartirla, logra hacer sentir con hondura la significación de hombre que nos representa. No ya en el mestizaje americano en el que nos plantamos sino desde la América como totalidad histórica y vivencial. Miller logra traernos en Anastasio a la América viva que es nuestra madre tierra, la que nos hizo y nos rehízo a quienes llegamos desde nuestros ancestros de otros continentes. Y nos comunica que esa América nos hace suyos en la presencia única de ese hombre atravesado por los vientos y la música de andes.

Miller trae a Rodolfo Kusch, el filósofo con quien podemos abordar una nueva dimensión de América, la que Amelia Podetti hace iluminar al expresar que es precisamente América, el lugar del mundo donde se confirma el universo. Kusch indagó al músico, poeta, caminador que bajó desde la Quebrada de Humahuaca, y dijo que “… don Anastasio es todo un pujllay, jovial, dicharachero y siempre correcto. Nunca pretende contestar las preguntas, sino que soslaya la respuesta directa y prefiere utilizar un aforismo, un proverbio o un cuento con el cual dice todo lo que realmente piensa…” Y halló que así no confronta, procura sencillamente eludir los muros, sortearlos y avistar los atajos por donde alcanzar un nuevo lugar donde esté el nosotros que hace la vida. Y recoge que Anastasio entiende que “el respeto sirve para ser disciplinados, organizados, sensatos, prudentes, buenos amigos, tener en cuenta el verdadero y único amor, y sabiendo distinguir entre el amor falso y el verdadero amor. Para mí el verdadero amor nace del respeto, después hay muchos amores.” “…hay muchos amores, pero ninguno es auténtico. El único auténtico es aquel que nace del respeto. Ese es el único que en realidad puede ser perdurable desde el principio hasta el fin porque nace de un elemento sumamente importante como es el respeto, por eso yo le diría a la humanidad, no solamente a los de mi pueblo, a los de mi país, como he dicho en otras partes: ¡Haced morir o desaparecer el respeto y la vida será un inmenso mar, sangre y lágrimas! Que lo analicen los estudiosos si no lo creen así.”

Cómo los antiguos poetas latinos, Catulo, Horacio o Marcial, Anastasio no pretende dejar en su andar una verdad revelada, acude a las palabras sencillas que traman los pueblos en su telar de ausencia. Recurre a un aforismo, un epigrama y a veces recuerda a Horacio cuando advertía: “Lo importante no es vivir sino navegar”, un modo de compartir que un viaje despojado, acaso llevado por los vientos y las palabras que se comparten, más llevadero que un vivir apesadumbrado por las certezas. Quizás su música, que llegó al mundo en sus viajes, que iluminó desde sus instrumentos andinos y tuvo compañeros de andaduras como la notable creadora y cantora que fue Leda Valladares, sea parte de ese decir sin otra pretensión que la convivir.

Y Kusch reconoce luego de escucharlo que ese respeto de origen ancestral es tradición en la América de nuestros mayores. Y esta noticia filosófica, que trae la alegría y la esperanza de encontrar una palabra para lograr un camino, surge de un libro periodístico, montado con el saber un escritor que conoce la trama de los sucesos que se siguen con un micrófono y una cámara donde no parece que uno pudiera llegar a encontrarse con una revelación semejante. Y ese logro, ese renovar para cambiar desde un trabajo al que uno puede acudir sin pensar jamás que lograra un saber sencillo, le pertenece. De ese modo, sus reportajes, su trajinar el país para encontrarse con los protagonistas de la obra, su hurgar en los archivos para encontrar aquellas notas periodísticas que de otro modo se perderían, hace a una pasión que no se da tregua y que encuentra en sí misma una suerte de misión secreta que hoy podemos descubrir. Del mismo modo cuando Miller, desde las pantallas, recorriendo el país o el mundo, en medio de la paz o de la guerra, avistaba un conflicto y hacia una narración cuidadosa de los hechos y los riesgos con los que convivía.

En días tan difíciles, de adversidades colectivas en un mundo atribulado por la pandemia, encontrarse con trabajos de este carácter que nos permiten conocer, acercarnos a una personalidad como la de Anastasio Quiroga, tiene una significación valiosa. Y eso sucede en un libro conformado en cierto modo como una pieza cinematográfica cuya estructura se integra con diferentes pasos, testimonios diversos, entre los que descolla el de Leda Valladares, la búsqueda de tramos del pensamiento de Rodolfo Kusch, y abordamos con ellos un sentido de la responsabilidad y el compromiso. Y, como dejó escrito el filósofo, “En una Argentina intelectualizada, caótica, empapelada con toda clase de teorías y posiciones políticas, (Anastasio) tiene el valor de todo un símbolo.”

Dirá Anastasio que fueron parte de su vida el rumor de los animales, los gorjeos de los pájaros, el temblor de la tierra que cruje, grita y susurra, los relámpagos y su música inquietante, que son parte de la vida de la naturaleza en la que estamos inmersos. Y proponía entonces el canto para vivir, respirar mejor, respetarnos, darnos salud para que cada amanecer fuese el anuncio de un renacer en el reconocimiento del universo y del otro, en la diaria convivencia. Vaya si con estos testimonios, Miller nos trae además, noticias de lo que podemos ser mejores si aspiramos, como lo hacemos al recoger el oxígeno que nos da la naturaleza. Así podremos ser parte de un mundo que nos precisa mejores. “Sin respeto, no hay justicia”, decía Anastasio con su música conmovedora, que es lo que nos comparte Miller. Anastasio, el artesano que hacía sus ollas, sus instrumentos, su rancho, el que pintaba y hacía música en la propuesta de utilizarla no como una certeza, sino como un don para vivir, nos ilumina. Otro jujeño, el poeta Ernesto Aguirre había escrito en palabras sencillas en su poema “El carpintero”: “Ese hombre tiene nostalgias de pájaro/ por eso trabaja silbando”. Un aforismo se diría, en un sentido semejante al que proponía Anastasio a quien hoy, en este libro por el que se prodigó Edgardo Miller, tenemos ocasión de saberlo. Saberlo, y me atrevo a sugerirlo, compartirlo. No tengo duda, que esa, fue su intención frente a las palabras con las que trazó este camino. Y lo celebro invitando a leer su obra.

INTRODUCCIÓN

Este es un proyecto largamente postergado por mí. La idea de escribir este libro nació en 1990, tiempo después de entrevistar a Anastasio Quiroga en la Feria Internacional del Libro. Leda Valladares fue quien me dio el empujón final para lanzarme a la aventura de escribir sobre la vida del “Pastor de cabras”.

Allí, en su departamento de Recoleta, Leda me fue contando la vida de Quiroga, sobre quien ella dedicó una buena parte de su tiempo. Valladares plasmó los relatos de Anastasio sobre las tradiciones y costumbres de la Quebrada en un serie de programas que se difundían por la vieja LRA Radio Nacional. Leda fue determinante para que él hiciera pie en Buenos Aires y pudiera desarrollar su arte silvestre.

Con arte y paciencia, Valladares fue recopilando capítulo a capítulo cada una de las fiestas, ritos, leyendas e historias del norte argentino. En su lenguaje sencillo, Quiroga describió cada uno de sus relatos en condición de protagonista de los hechos. Él vivió el carnaval, el entierro y desentierro del Diablo, la ceremonia de la “guagua de pan”, la aparición de las “ánimas”, el tan temido “familiar”, la “apacheta”, los viajes a la vera de los arroyos, las interminables caminatas por los cerros. A 55 años de haber grabado los programas con Leda Valladares (1965), su relato adquiere un valor incalculable de las tradiciones y costumbres que aún perduran.

Iba caminando por los estands de la Feria Internacional del Libro, (1989) en el Centro Municipal de Exposiciones —que está pegado a la Facultad de Derecho—, y detrás de una nutrida concurrencia de purretes y mayores, sentado con sus instrumentos, veo que estaba Quiroga firmando ejemplares de su libro Mi chuspa de recuerdos, cuentos del noroeste argentino. Se lo veía calmo, feliz de estar rodeado por tanta gente, sin embargo, su mirada denotaba cierta tristeza. A su lado, como un fiel vigilante, estaba la que fue su última esposa, gestora cultural durante los últimos años de su vida.

Él ejercía un gran magnetismo sobre el público, desde su figura atrapante, hasta su cansino hablar de las tradiciones y costumbres de la Quebrada, todo se conjugaba para hacer de sí un icono artesanal.

El encuentro fue casual, pasé, lo vi y le pedí la nota, fue una hermosa charla en la que lo fui descubriendo, lo conocí y lo reconocí. Me atrapó.

Decidí seguir en contacto con él, lo visité en su departamento de Recoleta, allí vivía con su esposa alemana, Hannelore. Ella ejercía un severo control sobre Anastasio, de alguna forma la mujer determinaba sobre los actos de él. Intervenía en las charlas, lo corregía y le daba indicaciones. Desde el primer momento sentí que Quiroga estaba preso de esa ruda mujer que en los últimos años de su vida había publicado dos de sus libros y los casetes de su música; el perfume a dinero era evidente.

La investigación me llevó por caminos impensados, si bien la mayor parte del material que aquí se publica me lo facilitó Leda Valladares. Supe que Anastasio Quiroga fue referente e inspirador de parte del libro La negación del pensamiento popular, de Rodolfo Kusch.

Que el afamado documentalista Jorge Prelorán trabajó con Quiroga en varios filmes; lo mismo que Nicolás Sarkis en la icónica película La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro; Leopoldo Torres Nilson lo convocó para el filme La mafia; que grabó música para la UNESCO en Venecia, Italia; que participó del Festival de Artes Tradicionales Mundiales, Rennes, Francia; que fue admirado por el general Juan Domingo Perón, quien lo envió como delegado del Ministerio de Relaciones y Culto para la Música Tradicional, durante el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania en 1974; en 1977, mi querido amigo Roberto Vacca dedicó un capítulo de su afamado programa Historias de Argentina Secreta; que actuó en Cosquín en 1983.

Sin duda Anastasio fue un talentoso mensajero de las tradiciones y costumbres de la Quebrada.

A propósito de Rodolfo Kusch1, en su obra La negación del pensamiento popular, analiza el pensamiento de Anastasio Quiroga:

“… No vale la pena discutir teóricamente el problema sin más bien examinar un ejemplo concreto del pensar popular. Nada mejor para esto que el pensamiento de Anastasio Quiroga. Este es un folklorista de vasta actuación, que conserva con una pureza notable su concepción del mundo popular y jujeña. Su larga permanencia en Buenos Aires no ha podido empañar su pensamiento, sino que al contrario, ha generado nuevas formas que resisten el embate de la gran urbe. Personalmente, don Anastasio es todo un pujllay, jovial, dicharachero y siempre correcto. Nunca pretende contestar las preguntas, sino que soslaya la respuesta directa y prefiere utilizar un aforismo, un proverbio o un cuento con el cual dice todo lo que realmente piensa. Por eso su personalidad tiene el valor de un emblema. En una Argentina intelectualizada, caótica, empapelada con toda clase de teorías y posiciones políticas, tiene el valor de todo un símbolo. Brinda solución y salida a muchos planteos contradictorios de los más estudiosos.

Sirve ante todo para ver cómo y de qué manera el pueblo piensa, ya que él representa ese modo de pensar, apremiado por las constantes presiones que sufre como habitante de Buenos Aires y como provinciano ingresado a ella. Había un pastor de cabras, pelador de cañas, atador de garrotes, y siempre ‘un chango andariego’. ‘No me pregunten dónde me crié —dijo una vez—, si yo no tuve nunca un lugar dónde criarme. Les puedo decir dónde nací, pero dónde me crié no’. (Fragmento del libro La negación del pensamiento popular de Rodolfo Kusch).

Anastasio Quiroga ha sido un hombre fundamental dentro del pensamiento popular de los 70, esa década de efervescencia juvenil que marcó a sangre y fuego la historia de nuestro país, de un pueblo que luchó por sus derechos y dejó la vida en pos de la tan ansiada democracia. El valor de esta obra es no perderle el rastro a don Anastasio, que su pensamiento sea conocido por las nuevas generaciones. No quiero correr el riesgo de que este trabajo se pierda en el tiempo. Perder las raíces de nuestros antepasados, del país todo, y un pueblo sin identidad… ya sabemos qué pasa cuando los pueblos pierden su identidad, pierden su esencia misma.

Las fotografías —tal como se indican— de este libro pertenecen al gran fotógrafo Ernesto Monteavaro, a la fotógrafa Daniela Haman, y a la periodista Andrea Fruttero. Trabajaron también en la obra la escritora Alicia Martínez, mi productora Viviana del Río y en las correcciones, Andrea Melamud.

1 Günter Rodolfo Kusch (Buenos Aires, 25 de junio de 1922 - 30 de septiembre de 1979) fue un antropólogo y filósofo argentino.

ANASTASIO QUIROGA Pastor de cabras

Costumbrista, autodidacta y recopilador de las culturas del noroeste argentino, nació el 1 de agosto de 1916, en Barro Negro, provincia de Jujuy. En los inicios de su extensa trayectoria artística, vivió en San Francisco de Asís de Esmoraca (Bolivia), luego sucesivamente en La Quiaca, Santa Catalina, en el Barrio Roma de Glew y en el Barrio de la Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires. Dominaba a la perfección la lengua quichua, la que aprendió de su madre, de quien también heredó los secretos de la cerámica. Fue músico, poeta, cantor, actor, lutier, tallador de imágenes y pintor de láminas.

De la mano de Leda Valladares, se hizo popular, participó con ella de innumerables grabaciones del programa que ella conducía en LRA Radio Nacional. Con producción de la recopiladora grabó dos discos, Disco de un pastor de cabras y El arte silvestre de Anastasio Quiroga.

Artesano y lutier de sus instrumentos, representó a la Argentina como delegado del Ministerio de Relaciones y Culto para la Música Tradicional, durante el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania, en 1974. Y por invitación especial de la Casa de la Cultura en el Festival de Música Internacional de Royan, Francia, en marzo de 1974.

Se presentó en el X Festival de Artes Tradicionales Mundiales, organizado por la Casa de la Cultura de Rennes, Francia, en abril de 1975. Poeta y compositor de sus coplas, recorrió innumerables ciudades francesas, con un espectáculo auspiciado por el Ministerio de Educación de ese país. Actuó en televisión tanto en Francia como España. Grabó un larga duración en Venecia, Italia, para la UNESCO, otro para el College Beauregard de Burie, Francia. Actuó en el Festival de Folclore de Cosquín, provincia de Córdoba, en 1983. Participó de la película nacional La mafia, interpretada por Alfredo Alcón y Thelma Biral, y dirigida por Leopoldo Torre Nilson. Actuó en la película El señor presidente con libro del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel de Asturias.

Compuso e interpretó la música para: Casabindo, Chuzcalena, Fiesta en el volcán Higueras, La feria de Yavi y Hermógenes Cayo, todos documentales del cineasta Jorge Prelorán. Puso su voz en el documental Martín Choque, dirigido por Tristán Bauer y Silvia Chanvillard.

EN 1977, Roberto Vacca dedica un capítulo del programa Historias de la Argentina secreta al que llamó “La vida de Anastasio Quiroga”, que se emitió por ATC, (ahora la TV Pública).