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¿Por qué hay personas con las que te relacionas fácilmente y otras con las que no logras congeniar? ¿Tu pareja no te entiende? ¿Tu jefe no te escucha? ¿Sabes cuál es tu estilo comunicativo? La comunicación es esencial en nuestra relación con los demás. Pero las personas somos diferentes y, en consecuencia, nuestra forma de relacionarnos con los demás también lo es. La diferencia entre el éxito y el fracaso a todos los niveles puede estar propiciada por la adopción de un estilo comunicativo apropiado para nuestra forma de ser. Por eso, para que sea eficaz, es importante conocer el estilo comunicativo que mejor se adapta a nosotros y el de los demás. Este libro te ayudará a entender las claves de tu propia forma de comunicarte con los demás y a modular sus componentes para mejorar tus relaciones con otras personas en todos los ámbitos.
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Seitenzahl: 182
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Anatomía de la comunicación
Natalia Gironella y Sofía de la Maza
Prólogo de Mario Alonso Puig
Primera edición en esta colección: septiembre de 2021
© Natalia Gironella y Sofía de la Maza, 2021
© del prólogo, Mario Alonso Puig, 2021
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2021
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-18582-69-1
Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Prólogo, de Mario Alonso Puig
Presentación
Cómo completar este cuestionario
1. De los humores y lo listo que era Hipócrates
Estamos en el año 410 a. C., en la isla de Cos, Grecia
2. Aportaciones clave al «sentido del humor»
Año 157 d. C. (siglo
1764, Königsberg, entonces Prusia y hoy Rusia
Un siglo después, Gran Ducado de Baden (suroeste de la actual Alemania, casi en la frontera con Francia), 1895
Si continuamos hacia el sur, llegamos al cantón de Zúrich, Suiza, en 1913
1925, campus universitario femenino de Radcliffe, Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos
2021, Misuri con Claude Robert Cloninger
Nuestra perspectiva personal
3. Esto va de reptiles y neuronas
Estamos ahora en Madrid, 15 de febrero de 1995
Parada técnica
Anatomía cerebral del temperamento
4. Tipos de humores y genios
Madrid, 1 de mayo de 2021
Parada técnica
5. Características geniológicas: ¿quién soy?, ¿quién eres?
Rocío: la Resolución
Alba: aceptación por encima de todo
Carlos: la Calma
Kiko: el «Kiskilloso»
Parada técnica
Características diferenciadoras de los temperamentos
Datos y cifras (para los concienzudos…)
Comunicación no verbal de los temperamentos
6. En la rebotica
Esta vez… primero, los datos
Combinaciones frecuentes
Las mezclas explosivas
Las bombas de relojería
Los antídotos infalibles
7. El efecto «CRAK»
¿Cuál es ese estado de confort en cada temperamento?
¿Qué busca cada uno de los temperamentos?
¿ Y… qué es lo que «destruye» a cada temperamento?
¿Cómo utilizar cada temperamento al negociar?
Bibliografía
Cubierta
Portada
Créditos
Sumario
Dedicatoria
Anatomía de la comunicación
Bibliografía
Notas
Colofón
A nuestros alumnos, con los que tanto hemos aprendido sobre los estilos de comportamiento y, de forma muy especial, a nuestros cinco favoritos. Ellos saben quiénes son.
Pocas cosas tienen más importancia en la vida que entender la forma en la que percibimos las cosas y la manera en la que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás.
Genética, entorno y cultura tienen un peso indudable en nuestra forma de comunicar y de relacionarnos y, sin embargo, hay más factores que tienen una gran influencia en ello.
Los conocimientos en neurociencia, psicología y filosofía han aportado importantes pistas para entender algunas de nuestras respuestas frente a los desafíos. En Anatomía de la comunicación, sus autoras, Natalia Gironella y Sofía de la Maza, nos invitan a emprender un viaje apasionante que va desde el mundo de la Grecia Clásica hasta nuestros días. Es muy difícil entender el presente si no miramos al pasado. Por otra parte, comprender de qué manera el cerebro humano reacciona ante los distintos desafíos tiene sin duda una extraordinaria relevancia para quien quiere conocerse mejor, comprenderse más y superarse. Anatomía de la comunicación aporta en este sentido una información muy relevante y amena.
Si detrás de cualquier comportamiento siempre hay una forma particular de percibir, todo cambio de hábitos solo puede aspirar a ser duradero si se cambia no solo el comportamiento, sino, sobre todo y fundamentalmente, eso que se ve.
A través de una serie de fascinantes historias, el lector de Anatomía de la comunicación irá conociendo a distintos personajes y, a base de familiarizarse con ellos, irá también entendiendo el porqué de sus comportamientos. Todo comportamiento se puede entender mucho mejor, aunque pueda no estarse de acuerdo con él, cuando se comprende la manera en la que alguien está viendo las cosas.
Anatomía de la comunicación muestra al lector no solo cómo puede mejorar su manera de comunicarse, sino que además le da claves para que, ampliando su percepción, pueda llevar su vida al siguiente nivel.
No ha de desanimarnos nunca el tiempo pasado o los años cumplidos para seguir creciendo, para seguir evolucionando como personas. En este sentido me gusta recordar las palabras del gran filósofo español José Ortega y Gasset: «No somos un participio sino un gerundio, no estamos hechos del todo, sino que poco a poco nos vamos haciendo».
MARIO ALONSO PUIG, médico, conferenciante y autor deReinventarse. Tu segunda oportunidad, entre otros libros
Hace muchos años, nuestros dos hijos jugaban un partido de tenis que se organizó en la escuela donde asistían todos los fines de semana y donde nos conocimos las dos autoras de este libro. Eran tan pequeños que los tantos duraban menos de un minuto porque no eran capaces de devolver la pelota recta y, a veces, ni siquiera de tocarla. Casi siempre, el que sacaba llevaba ventaja por esa misma razón. Nosotras los veíamos divertidas desde fuera; pero, dentro de la pista, ellos lo vivían como un acontecimiento importantísimo.
De pronto, uno de los dos comenzó a tomar ventaja y, cuando metió el tercer tanto seguido, el otro, que empezaba a perder la paciencia, le dijo a Isidoro, el profesor de tenis que actuaba de árbitro: «Oye, Isidoro, si vuelve a meter otra bola, me pongo a llorar, ¿eh?».
Aquello nos hizo mucha gracia, pero genialidades infantiles aparte, esa anécdota es mucho más significativa de lo que podemos imaginar.
Esa reacción nos dice mucho de cómo era Ignacio y de cómo percibía el mundo con tan solo cinco años. Nos muestra que no le gustaba perder, que no tenía mucha paciencia y, lo más importante, que no podía (ni puede ahora, con casi treinta años) controlar su necesidad de expresar lo que pensaba y lo que sentía. Su contrincante de pista, Gonzalo, se mantenía callado porque él jamás habría hecho una manifestación así.
Años después, otro de nuestros hijos explicaba de camino al colegio que no le gustaba nada su profesora Ángela. Cuando le pregunté por qué, me contó que el último día les había gritado mucho al final de la clase. Le dije que estaría enfadada y, entonces, él me contestó muy seguro: «No, no; no estaba enfadada… ES enfadona». Me hizo mucha gracia esa distinción entre «estar» y «ser» que él se encargó de matizar. Tenía la seguridad absoluta de que no se trataba de algo circunstancial, de que no era una reacción a una situación concreta, era un patrón de comportamiento que caracterizaba a la pobre señorita Ángela, que perdía los nervios con bastante facilidad.
Seguro que conocéis a personas que «son enfadonas», que tienen la «mecha corta» y saltan a las primeras de cambio, a personas que necesitan expresar lo que se les pasa por la cabeza sin pensar lo que va a suponer eso, y a otras que están más cómodas en el silencio.
La forma que tenemos de entender el mundo y cómo nos relacionamos con él tiene mucho que ver con nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestros actos y, en definitiva, con nuestro destino. Nosotras trabajamos en el mundo de la comunicación desde hace años y nos ha interesado siempre conocer qué procesos hay detrás de esos pensamientos, esas palabras y esos actos, y cómo propician o dificultan las relaciones.
¿Por qué podemos trabajar de forma fluida con unas personas y con otras nos resulta casi imposible?, ¿por qué hay gente con la que conectamos desde el minuto uno y gente que rechazamos sin apenas haber hablado con ellos?, ¿tiendes a reaccionar rápido?, ¿sueles no olvidar las ofensas…?
Vamos a intentar dar respuesta a estas y otras muchas preguntas relacionadas con nuestra forma de percibir el mundo y de relacionarnos con él, de comunicarnos. Queremos compartir contigo lo que hemos aprendido en los últimos años, formándonos y dando formación relacionada con la comunicación entre personas, con el apasionante mundo de los estilos de comportamiento o, como dirían los clásicos, del mundo de los temperamentos.
José Antonio Marina tiene una frase demoledora en su libro La inteligencia fracasada: «Una persona muy inteligente puede usar su inteligencia estúpidamente». Y estamos de acuerdo con él, ya que, si nuestro cociente intelectual es alto, pero no somos capaces de usarlo de manera eficiente para relacionarnos con los demás, de poco nos servirá y estaremos usándolo de forma estúpida.
Daniel Goleman señala en su libro La inteligencia emocional que los elementos que mejor discriminan a las personas que tendrán más capacidad de liderazgo, dentro de un grupo con igual inteligencia, son las habilidades relacionadas con la inteligencia emocional. De hecho, hace referencia a estudios que demuestran que el cociente intelectual predice únicamente un 20 % del éxito en la vida de las personas. Esa inteligencia emocional a la que alude implica conocerse a uno mismo, saber controlar las propias emociones y comprender las de los demás, entender qué nos motiva y gestionar las relaciones con los otros; en definitiva, comunicarnos con nosotros mismos y con los demás usando de forma inteligente nuestra inteligencia.
Antes de empezar a trabajar los estilos de comunicación, vamos a hacer una referencia al origen de los temperamentos, que empezó, ni más ni menos, hace más de veinticinco siglos de la mano, cómo no, de esos griegos que tanto han aportado al conocimiento y al saber humanos. Para saciar nuestra curiosidad, y esperamos que la vuestra también, hemos hecho una pequeña recapitulación de las aportaciones que hemos considerado más interesantes, siglos después de los griegos, y hemos llegado hasta la actualidad, el siglo XXI.
Creemos que es muy importante que entendamos, sin profundizar en exceso, cuáles son los mecanismos cerebrales que actúan sobre nuestra conducta, y por eso hemos incluido un capítulo en el que explicamos, de forma rápida y simplificada, las estructuras y la química que hacen que seamos más o menos impulsivos, más o menos sociables, más o menos minuciosos… Hemos diseccionado la estructura, la manifestación no verbal y la integración de elementos que conforman nuestro comportamiento y el de los otros. Por eso, para nosotras, esto es una anatomía de la comunicación práctica, explicada con ejemplos reales, del día a día.
Conocer esto es clave porque nos va a permitir hacer o propiciar cambios en nuestra conducta, sabiendo qué cosas pueden modificarse, cuáles no y cómo provocar o impulsar esos cambios.
Vamos a presentaros a unos personajes que nos van a servir para entender las principales pautas de comportamiento; son algo así como unos ingredientes básicos que forman nuestra manera de actuar. Según se mezclen dichos principios activos en la rebotica, los productos finales serán diferentes. No creemos que exista un «producto mágico» o alguno mejor que otro, pero sí que cada situación requiere de un combinado concreto que pueda dar respuesta a las necesidades específicas del momento, de igual manera que cada cerradura necesita una llave concreta para abrirse.
Sí creemos, sin embargo, que hay una combinación «estrella», a la que hemos llamado el efecto CRAK. Es una mezcla proporcionada y adecuada de los ingredientes básicos que, si los conocemos, podremos modular y aplicar en aquellos momentos vitales que lo requieran, aunque nuestro componente innato sea distinto. Os ayudaremos a detectar si tenéis poco o mucho de algún compuesto y si conviene que subáis o bajéis alguno, según las demandas de las situaciones a las que tenéis que hacer frente.
A lo largo de los últimos años nos hemos ido especializando en cómo nuestro cuerpo y nuestra comunicación no verbal, incluyendo nuestra voz, están dando información sobre nuestra forma de actuar. La comunicación va mucho más allá de las palabras. Nuestro cuerpo, nuestros gestos, nuestra velocidad y volumen al hablar, los datos que usamos (en definitiva, toda nuestra comunicación no verbal) están diciendo a gritos cómo somos, lo que nos motiva, lo que nos aterroriza, lo que nos mantiene en guardia y lo que nos encanta.
Conocer esta información nos ayuda a saber cómo debemos actuar para conectar con otros seres humanos de forma efectiva. Por ello, hemos querido incluir un capítulo que sirva de ayuda para observar nuestro comportamiento, pero, más importante aún, también para diagnosticar y entender a los demás observando su comportamiento verbal y no verbal.
¿Quieres saber cuánto tienes de CRAK antes de adentrarte en la lectura del libro? Puedes empezar completando el cuestionario que te adjuntamos en la página siguiente; así verás si te identificas con lo que te vamos a ir contando.
En la mayoría de los capítulos, hemos hecho unas «paradas técnicas» en las que hemos querido reflejar información, curiosidades, descripciones y datos para quien quiera profundizar en aspectos algo más técnicos, pero sin ánimo de ser exhaustivas en las explicaciones porque hay infinidad de libros especializados que, con toda seguridad, lo exponen con mucho más detalle y profundidad.
Esperamos que si te animas a leer este libro te sirva de ayuda para conocerte y comunicarte contigo mismo y con los demás de forma más satisfactoria. No hemos querido hablar de comunicación eficaz, efectiva, productiva o de éxito porque no alcanza a definir lo que reflejamos aquí. Que cada cual le ponga el título que quiera y disfrute del apasionante mundo del que formamos parte los seres humanos.
A continuación, te mostramos un cuadro con veinticinco grupos de cuatro adjetivos.
1. Para cada grupo de cuatro adjetivos debes repartir cuatro puntos según cómo te identifiques con los adjetivos. Si crees que solo uno de ellos te define como persona pon un 4 a ese adjetivo y 0 a los demás. Si, por el contrario, te identificas más o menos con los cuatro por igual, pon un 1 a cada uno. En casos intermedios puedes puntuar 1, 1 y 2 o 1 y 3.
2. Suma el resultado de cada columna y comprueba que la suma total de las cuatro columnas da 100.
3. El resultado de cada columna te dirá el porcentaje que, de forma aproximada, tienes de cada uno de esos estilos de comportamiento.
Soy una persona…
1
Apacible
Rápida
Entusiasta
Lógica
2
Bondadosa
Decidida
Receptiva
Cautelosa
3
Moderada
Atrevida
Comunicativa
Concienzuda
4
Pausada
Franca
Ingeniosa
Investigadora
5
Sensible
Dominante
Expresiva
Controlada
6
Constante
Impaciente
Extrovertida
Precavida
7
Complaciente
Insistente
Encantadora
Discreta
8
Pacífica
Valerosa
Que anima a los demás
Perfeccionista
9
Atenta
Osada
Alegre
Reservada
10
Gentil
Independiente
Estimulante
Perceptiva
11
Obediente
De ideas firmes
Alentadora
Meticulosa
12
Calmada
Tenaz
Popular
Reflexiva
13
Leal
Audaz
Promotora
Analítica
14
Paciente
Autosuficiente
Amigable
Certera
15
Adaptable
Resuelta
Vivaz
Prevenida
16
Amistosa
Agresiva
Impetuosa
Discerniente
17
Compasiva
Que habla directo
De trato fácil
Cauta
18
Generosa
Persistente
Animada
Evaluadora
19
Tranquila
Enérgica
Impulsiva
Que cuida los detalles
20
Tolerante
Vigorosa
Sociable
Sistemática
21
Contenta
Exigente
Cautivadora
Que se apega a las normas
22
Comedida
A la que le agrada discutir
Desenvuelta
Metódica
23
Ecuánime
Directa
Jovial
Precisa
24
Amable
Competitiva
Elocuente
Sagaz
25
Colaboradora
Pionera
Espontánea
Prudente
SUMA C
SUMA R
SUMA A
SUMA K
SUMA CRAK
Hipócrates está sentado en su klismós, esa silla curva de la Antigua Grecia, en una postura poco habitual en él. Su tronco se vuelca literalmente sobre el rollo de papiro que parece absorberle de tal manera que, podría decirse, está intentando meterse dentro de él. Con cincuenta años, tiene el pelo casi blanco y una barba larga y poblada, como era costumbre entre los hombres de la época, que no se afeitaban jamás. A pesar de que a esa edad es casi considerado un anciano, su cuerpo es robusto, sus movimientos son rápidos y vigorosos, su mirada profunda y sagaz y su rostro noble y solemne. Nunca se precipita y tiende a dejar grandes silencios antes de responder a las preguntas que constantemente le formulan los hombres que suelen reunirse con él en el simposio que celebra todas las semanas en el andrón de su casa, ese comedor típico de las casas griegas que sirve como lugar de reunión para los hombres. Todas las semanas menos esta. Necesita todo el tiempo del que dispone para profundizar en un tema que empezó como una curiosidad y ahora se ha transformado en una obsesión: el equilibrio necesario de las cuatro sustancias o fluidos que cualquier ser humano tiene en su interior. Él los llama «los humores».
Hipócrates tiene pruebas recopiladas de que cada una de estas sustancias está asociada a una parte de la anatomía humana que, a su vez, él asocia a un patrón de comportamiento característico en los hombres. Así, habla de:
la sangre (
haíma
), asociada al corazón;
la pituita o flema (
phlégma
), asociada al cerebro y al pulmón;
las bilis amarillas (
xanthè kholé
), asociadas al hígado;
las bilis negras (
mélaina kholé
), asociadas al bazo.
En esa época ya ha escrito y clasificado más de treinta historias clínicas con un rigor exhaustivo y una descripción precisa de cada tratamiento y de los pacientes que, hasta entonces, eran tratados desde una perspectiva casi mágica o sobrenatural.
Ha aprendido que observar la condición del paciente y realizar un interrogatorio para averiguar el pasado y el presente del enfermo es vital para ayudarle, y pone especial interés en la observación general y cuidadosa de cada detalle, sobre todo en las características de sus secreciones.
Utiliza sondas y espéculos para observar los orificios, pone el oído sobre el pecho y sobre la espalda para valorar la respiración especialmente y palpa el cuerpo para obtener información sobre las características de sus partes y la temperatura. El pulso, el gusto y el olfato son datos fundamentales para hacer una valoración clara del paciente.
Desde hace casi cinco años, administra un vomitivo muy enérgico que obliga al enfermo a devolver sucesivamente pituita, bilis amarilla, bilis negra o sangre y realiza un examen atento del proceso de la coagulación de la sangre, lo que le ha llevado a determinar la clasificación de las cuatro sustancias que le obsesionan.
Desde la madrugada está inmerso en estos asuntos y en algo que no deja de observar en los enfermos que visita: el «calor natural» de cada individuo, que él relaciona con la nutrición, y las transformaciones que sufre el aire inspirado por cada uno de los seres humanos a los que ayuda. Estos cuatro humores están en concordancia con los cuatro elementos de la naturaleza: agua, aire, fuego y tierra; y cuatro condiciones climáticas: humedad, sequedad, calor y frío, y su armonía es esencial para la salud. La enfermedad tiene como etiología causas internas y también externas, como las producidas por los cambios climáticos, la higiene personal, la dieta y el ejercicio físico. Se desarrolla en tres estados sucesivos: degeneración de los humores, proceso de cocción y crisis y eliminación de los malos humores. Entre humores anda el asunto…
Hablando para sí mismo, mientras dibuja, repite: «La sangre es, en potencia, un humor caliente y húmedo; del mismo modo, la bilis amarilla es caliente y seca… Pero aquello llamado flema…, ese es un humor frío y húmedo…».
Por último, al definir las bilis negras dice: «… es ese humor que los médicos sensatos y los filósofos han dicho que se da en exceso, de entre las estaciones del año en otoño… Es frío y seco».
Después de tanto estudio sobre los humores, y gracias a esa observación detallada que hace de sus pacientes, se ha dado cuenta de que esas sustancias o fluidos internos se relacionan directamente con el comportamiento que tienen los seres humanos. Así, ha podido observar que el exceso de bilis amarilla provoca mucha energía en las personas que trata. También ha podido percatarse de que, a veces, es mejor estar lejos de esos pacientes cuando tienen ese mal humor, porque se tornan agresivos, exigentes y conflictivos.
Le gusta tratar con aquellos pacientes a los que les sube la sangre al rostro cuando ríen o cuando cuentan anécdotas jocosas; son alegres, animados, ingeniosos y cálidos… Si no fuera porque, en ocasiones, se ponen histéricos y actúan de forma impulsiva y frívola, podría disfrutar de su compañía durante horas.
Los individuos que tienen exceso de flema en el organismo son los pacientes más tranquilos, obedientes, y son tan buenos que a Hipócrates no le supone esfuerzo alguno aceptar que sean algo sosos, pasivos y que, eventualmente, sean aburridos. ¿Sería bueno quitarles algo de flema y añadirles más flujo sanguíneo?
Está muy concentrado en las características que tienen unos cuantos pacientes que ha visitado últimamente, a los que considera peculiares. Todos se han comportado con frialdad ante él, han dado muestras de bastante pesimismo y, por otro lado, han mostrado una sagacidad y un nivel de análisis extraordinarios; ellos mismos han sido capaces de hacer un resumen metódico de sus síntomas. Hipócrates está intentando entender si existe alguna relación entre el comportamiento de estas personas y el hecho de que tengan un exceso de bilis negra. ¿Es la bilis negra la que les hace actuar de esta manera?, o ¿al actuar de esa manera propician que se genere ese humor negro en su cuerpo?
Le lloran los ojos; aunque todavía ve relativamente bien, tiene que forzarlos ayudado por una lámpara de aceite y un trozo de vidrio con una parte convexa que le permite agrandar el tamaño de los dibujos que realiza.
