Anatomía holística - PIP WALLER - E-Book

Anatomía holística E-Book

PIP WALLER

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Beschreibung

A medida que las limitaciones de los tratamientos convencionales se han ido haciendo más evidentes, las propuestas alternativas y complementarias a la salud y a la medicina se han ido extendiendo cada vez más. Anatomía holística presenta un estudio anatómico, fisiológico y patológico bien documentado del cuerpo humano, al tiempo que amplía el tema vinculando la ciencia del organismo con una variedad de modalidades alternativas a fin de examinar cómo los seres humanos existen e interactúan en su entorno y experimentan la existencia en términos emocionales y espirituales. En el libro, la terminología con base científica y las descripciones detalladas se entrelazan con múltiples observaciones, a veces humorísticas, así como hechos e ideas, todos ellos relacionados con la vida. En él se examinan los mecanismos, la estructura y las funciones del organismo, y se contempla cómo todo ello se relaciona con conceptos energéticos, emociones y principios ecológicos. La primera mitad está dedicada a la anatomía básica y a la fisiología, mientras que la segunda se centra en los modelos de salud y enfermedad, tanto tradicionales como holísticos, y aborda temas como la patología occidental, la salud emocional, la medicina de los cinco elementos y las causas espirituales de la enfermedad.

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Seitenzahl: 721

Veröffentlichungsjahr: 2017

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Pip Waller

Anatomía holística

Una guía integral del cuerpo humano

Si este libro le ha interesado y desea que le mantengamos informado de nuestras publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su interés (Astrología, Autoayuda, Ciencias Ocultas, Artes Marciales, Naturismo, Espiritualidad, Tradición...) y gustosamente le complaceremos.

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Los editores no han comprobado la eficacia ni el resultado de las recetas, productos, fórmulas técnicas, ejercicios o similares contenidos en este libro. Instan a los lectores a consultar al médico o especialista de la salud ante cualquier duda que surja. No asumen, por lo tanto, responsabilidad alguna en cuanto a su utilización ni realizan asesoramiento al respecto.

Colección Salud y Vida Natural

Anatomía holística

Pip Waller

1.ª edición en versión digital: noviembre de 2017

Título original: Holistic Anatomy

Traducción: Juan Carlos Ruiz Franco

Maquetación: Juan Bejarano

Corrección: M.ª Ángeles Olivera

Diseño de cubierta: Enrique Iborra

© 2010, Pip Waller

(Reservados todos los derechos)

© 2017, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-234-1

Maquetación ebook: [email protected]

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Este libro está dedicado, con todo mi amor, a Alex, la niña

de mis ojos, y a todos los estudiantes que, a lo largo de los años, me

enseñaron tanto y me dieron la inspiración para escribir este libro.

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Agradecimientos

Introducción

Sección 1

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Sección 2

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Apéndice A

Apéndice B

Recursos

Agradecimientos

En primer lugar, mi más sincero agradecimiento a aquellos cuyas palabras cito directamente:

Peter Breggin, Toxic Psychiatry: Drugs and Electroconvulsive Therapy – The Truth [«Psiquiatría tóxica: Fármacos y terapia electroconvulsiva – La verdad»].

Stephen H. Burner, por frases de The Lost Language of Plants: The Ecological Importance of Plant Medicines to Life on Earth y The Secret Teaching of Plants: The Heart as an Organ of Perception in the Direct Perception of Nature. Un agradecimiento especial para Stephen por permitirme reproducir su maravilloso poema «Semen», de The Secret Teaching of Plants.

Sara Hamo, The Golden Path to Natural Healing [«El camino dorado hacia la curación natural»].

Deane Juhan, Job’s Body: A Handbook for Bodywork.

Bruce H. Lipton, La biología de la creencia: La liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros.

Lynne McTaggart, El campo y El experimento de la intención.

Thomas Moore, El alma del sexo.

Deborah Sigrist, Journey’s End: A Guide to Understanding the Dying Process.

Eric Maddern y Paul Hess, Death in a Nut (no citado exactamente, pero muy próximo a la versión de Eric de esta historia).

Roland McCraty, Physiological Coherence.

Lucy Harmer, sobre cortafuegos, estrés geopático, feng shui y limpieza de espacios.

Doctor A. M. Carson, director de la Escuela de Salud, Servicios Sanitarios, Deporte y Ciencias del Deporte, Instituto North East Wales, Wrexham, por su búsqueda de discursos.

Lorraine Horton, de la Escuela de Masaje Meridian (Birmingham), por el masaje ondulante de la piel y por sus ánimos y apoyo.

Hilary Butler, de la Sociedad de Concienciación sobre la Inmunización, por su recopilación de referencias sobre la fiebre.

Walter Last, The New Medicine of Dr. Hammer, www.hbcicom/wenonah/new/hamer.htm

Manual Lymphatic Drainage UK, por sus palabras sobre el drenaje linfático manual, en www.mlduk.org.uk

Michael Cole, por su información sobre el leafu, concentrado de proteína de hierba y ortigas. (Véase [email protected]).

Después tenemos otros muchos que me han ayudado de muchísimas formas, y sin los cuales este libro no podía haber surgido:

Un enorme agradecimiento para mi querida amiga y maravillosa mujer Rachel Lloyd, cuyos bonitos dibujos han hecho que el libro sea un millón de veces mejor, y gracias a su adorable bebé Joseph, quien durmió lo suficiente para permitirle tener tiempo para hacerlo.

Gracias a Andy Garside, el fabuloso diseñador que, literalmente, llamó a mi puerta en el momento preciso e hizo que la primera versión de este libro (Corwen: The Dreaming Butterfly, 2008) pareciera adecuada (www.andygarside.com).

Todo mi amor y gratitud para mi querida hermana Lucy Harmer, por creer en mí, financiar mi proyecto y ayudarme de muchas maneras. No puedo imaginar qué podría haber hecho sin ella.

Gracias a mi adorable hijo Alex Whetstone, por trabajar con ahínco con el ordenador muy temprano por las mañanas, y por continuar con la tarea sin mí para permitirme escribir todo esto; gracias también a su padre, Miles Whetstone, y a mi madre y mi padre, Sheila y David Waller, por entretener a Ali mientras yo trabajaba.

Mucho amor y agradecimiento a mi madre política, Kate Harmer, por leer este libro en sus primeras fases y animarme, y por todo lo que me ha ayudado a lo largo de los años. Es para mí muy importante contar con Kate en mi vida.

No podía haberlo conseguido sin Patrick Mendes, mi divertido, guapo y muy especial lector de pruebas, quien ha aportado luz a mi vida y me ha enseñado todo tipo de cosas, no sólo sobre comas y puntos y comas.

Agradecimiento y amor para ti, Patch, y para Tatewari, por enviarte, además de bendecirme de innumerables formas.

Gracias al maravilloso Mark Jack, quien me ayudó a revisar errores e imprecisiones, y contribuyó con su amor y humor.

Gracias a Kath Antonis por señalar más imprecisiones, así como por ser tan bueno.

Gracias a Anja Saunders (Dashwood de soltera), que fundó la Academia de Salud Natural en Londres, y a Gillian Cleary, que creó el Centro Blarney de acupuntura y reflexología, en Cork (Irlanda). Las dos me permitieron comenzar a ejercer de profesora de anatomía y fisiología.

Gracias a Richard Ashley (Fash), por su fotografía del mar, y a Lynn Amanda Brown, por su estupenda foto de un fuego sagrado.

Gracias a la adorable e inteligente Anna Dowding por su ayuda con la lectura del borrador, y a su precioso hijo Joshua por permitírselo hacer.

Mi más sincero agradecimiento a la maravillosa Jessica Sevey, y a todo el equipo de North Atlantic Books, que han trabajado en este libro hasta conseguir que sea lo que ahora es.

Por último, pero no por ello menos importante, gracias a todos mis alumnos, quienes me han enseñado mucho a lo largo de los años, y a todos mis colegas y amigos que han echado un vistazo al libro en diversos momentos del proceso, y que han hecho comentarios y me han animado a continuar. Sin todo eso seguramente no habría podido llegar hasta el final.

Nota de la autora: éste no es un libro convencional: trata todo tipo de temas, relacionándolos con la anatomía, la fisiología y la patología. Si estás estudiando algún curso de cualquier tipo, seguirás necesitando la bibliografía recomendada. Este libro intenta ser, más que otra cosa, una forma de despertar las ganas de saber más.

Introducción

En todo un océano repleto de libros de anatomía y fisiología, ¿por qué escribir otro? Principalmente para contribuir a contradecir la idea de que la anatomía y la fisiología son áridas y aburridas, y para compartir y difundir mi peculiar estilo de presentar a los adultos el milagro del cuerpo, el espíritu hecho carne, con las numerosas oportunidades de filosofar, discutir, disfrutar sobre los aparentes dislates, y, además, ser conscientes de cómo vivir bien, todo lo cual ofrece el tema que tratamos.

Asumiré que el lector tiene muy pocos conocimientos sobre la materia y comenzaré con una sencilla introducción al organismo, para después basarme en ello y añadir nuevos conocimientos. El objetivo es hacer que el lector entienda cómo funciona el organismo, y no tratar todos los detalles de lo que actualmente se sabe sobre anatomía, fisiología y patología. Parece que mucha gente estudia anatomía y fisiología hasta una profundidad considerable –incluso llegando a aprobar difíciles exámenes sobre la materia– sin lograr una verdadera comprensión. Este libro se propone remediar eso.

Mi objetivo es efectuar una exposición de una anatomía y una fisiología holísticas, y en algunos momentos algo más que ligeramente heréticas; es decir, un estudio de los mecanismos de acción del organismo, combinado con ideas interesantes sobre la aparición de ciencias como la física cuántica y la nueva biología, la anatomía emocional humana, los principios ecológicos y los paradigmas espiritual y energético. El lector verá que el estudio de la biología humana puede ponerse en relación con consideraciones más amplias sobre cómo un ser humano existe dentro e interactúa con el entorno y experimenta la existencia en términos emocionales y espirituales, además de físicos. Parte de lo que exponemos consiste en hechos científicos aceptados, parte pone en cuestión esos hechos, y otra parte son mis propias ideas y filosofía, basadas en observaciones propias y otras asimiladas de otros autores. Concluiré con un breve repaso a diversos paradigmas sobre la salud y la enfermedad, a la vez que daré comienzo a una exposición sobre lo que puede suponer la curación total del cuerpo, la mente, el espíritu y la sociedad global. Estoy familiarizada con algunas formas de medicina natural; son las que suelo mencionar como ejemplos. La no mención de otros sistemas no es indicio de su carencia de valor, sino sólo de mi falta de conocimiento. Espero que los estudiantes de esas disciplinas perdonen esta carencia y sigan considerando este libro útil como ayuda para entender las ciencias médicas.

Puesto que este libro no tiene como objetivo ser una obra académica, ofrezco en casi todos los casos referencias secundarias, e intento, siempre que puedo, indicar al lector fuentes para que amplíe conocimientos. A veces repito información para contribuir al proceso de aprendizaje. (Después de todo, la forma en que los humanos aprenden es mediante repetición, repetición y repetición). El lector puede tomarse todo con una buena cantidad de sal (hay que destacar que nuestros cuerpos están bañados por agua salada), y disfrutar de la divagación mental, lo cual le ayudará a recordar los hechos tal como son. Por cierto, aconsejo que tengas cuidado con adoptar una posición fija: sigue pensando por ti mismo, y en lugar de aceptar una perspectiva determinada, mantén la mente abierta y estate preparado para adaptar el pensamiento a medida que surja nueva información. La medicina ortodoxa moderna ofrece numerosos ejemplos de lo que ocurre cuando no se hace esto. Pongamos como ejemplo los antidepresivos: a comienzos de marzo de 2008, los titulares llenaron los periódicos afirmando que sólo funcionan en el 30 % de las personas. Pero ¿sabía el lector que toda la premisa de que las personas deprimidas tienen bajos niveles de serotonina en sus cerebros, teoría expuesta por primera vez en 1967, nunca se ha demostrado, a pesar de los numerosos intentos por lograrlo? Muchos médicos han aceptado esta teoría, incluidos los que trabajan en el campo de la salud mental, y el público suele creerla, a pesar de que lo más probable es que sea errónea.1

La fisiología aquí expuesta tiene un nivel bastante básico, sin llegar a simplificarla en exceso. En algunos momentos es más técnica de lo que necesitaría el lego o profesional de la salud (o similar); estos lectores pueden saltarse los fragmentos excesivamente detallados y limitarse a los más jugosos. Los estudiantes que deben profundizar obtendrán un conocimiento práctico sobre cómo funciona el cuerpo, y después podrán volver a sus libros de texto más detallados con energías renovadas.

El ser humano, en cuerpo, mente y espíritu, es una entidad hermosa y compleja; siempre se puede aprender más. En este sentido, he incluido algunas ideas contradictorias que podrían ser ciertas. Me encantaría recibir de los lectores nuevas ideas e información que desacrediten mis propias ideas, así como cualquier otra información que pueda resultar útil para entender nuestros cuerpos, mentes y existencia de este modo.

Por favor, ponte en contacto conmigo en la página web del libro (www.holisticanatomy.com).

Este libro está pensado para:

› Cualquiera que estudie, o tenga interés, en la medicina holística, especialmente aquellos que tienen menos del cien por cien de entusiasmo por la forma en que ven las cosas la anatomía y la fisiología. ¡Este libro les servirá de estímulo!

› Personas que quieran saber más sobre cómo funciona su organismo, pero que no deseen leer un libro de texto convencional.

› Aquellos que disfrutan con la ciencia, pero creen que puede estar un poco desarticulada.

› Sanadores y trabajadores energéticos que necesitan ponerse al día en lo relativo al espíritu, cuando se une a la carne.

› Cualquiera que tenga un cuerpo y tenga sed de conocimiento sobre él, que le guste contemplar la vida de soslayo.

Por favor, ten total libertad para tomar citas de este libro, siempre que menciones la fuente.

1 Leo J. Lacasse, «Serotonin and Depression: A Disconnect between the Advertisements and the Scientific Literature», PLoS Med (2005; 2/12: e392). doi:10.1371/journal.pmed.0020392.

CAPÍTULO 1

Una visión general sobre el cuerpo humano

En primer lugar, un poco de lenguaje anatómico básico y una orientación general.

Del mismo modo que el universo es una enorme danza de estrellas y planetas, que giran y se desplazan por un misterioso espacio, también el cuerpo humano es una creación increíblemente hermosa y compleja, con millones de millones de células que funcionan de diversas maneras para componer un conjunto integrado. (Con sólo pensar en la palabra «célula» me doy cuenta de en qué forma trasciende el enfoque separatista y mecanicista sobre la vida de la ciencia newtoniana, que permitió el nacimiento de la medicina moderna, brillante en sus procedimientos, y, no obstante, carente de conexiones entre las distintas partes del cuerpo; entre el cuerpo, la mente y el espíritu; entre la persona y su entorno).

Grupos de células similares se unen para formar tejidos. Diversos tejidos juntos constituyen estructuras con funciones específicas, llamadas órganos. Los órganos se unen con diversos conductos y estructuras de soporte para dar lugar a cosas llamadas sistemas. Éstos realizan varios tipos de funciones en el organismo, como los distintos departamentos de una compañía, o las diferentes partes de una comunidad: comunicación, control, captación de energía, eliminación de desechos, transporte, producción, etcétera.

El cuerpo existe en un estado de cambio y movimiento constantes. Hay un equilibrio interno, conocido como homeostasis, que se controla y mantiene constantemente. Ésta es la forma en que Occidente explica lo que los chinos llaman el yin y el yang: los opuestos complementarios que, durante la vida, siempre están moviendo y danzando juntos, haciendo y deshaciendo el equilibrio. (En la fisiología occidental, la homeostasis sólo está relacionada con funciones físicas).

En la vida no hay estabilidad: todo se mueve y cambia continuamente. Las sustancias químicas del organismo se mantienen en niveles óptimos. Se mueven por encima y por debajo de estos niveles, y al hacerlo permiten que nuestros cuerpos funcionen bien.

Pensando en su estudio (y siguiendo la tradición científica occidental, a la que le encanta separar para analizar y clasificar), dividimos el funcionamiento del organismo en sistemas y examinamos cada uno individualmente: la piel; el esqueleto; las articulaciones y los músculos; el corazón y la circulación; el compañero de la circulación, el sistema linfático; los pulmones; el sistema digestivo; el riñón y la vejiga urinaria; el sistema nervioso y los sentidos especiales; y el sistema reproductor.

No obstante, recordemos que las partes no pueden funcionar por separado: todas están conectadas en una complicada danza para mantener la homeostasis. Aunque cada célula tenga su vida individual y sus funciones, existe una cohesión general. Los sistemas endocrino y nervioso son claves en este sentido, pero no son el final de la historia; parece que hay una inteligencia que dirige el cuerpo y la mente, que conecta y de algún modo lo controla todo, que está más allá de lo que actualmente conoce la ciencia.1

Conectados los unos con los otros y con toda la vida…

Nosotros, los seres humanos, tampoco podemos funcionar por nosotros mismos. Nuestro mundo moderno nos lleva a tener la ilusión de la separación. Yo puedo vivir en mi casa, ir a trabajar en mi automóvil, sentarme en mi mesa y trabajar, comprar comida para cocinarla solo o con mi pequeña familia, con muy poco contacto con otros seres humanos. Tendencias políticas recientes en Gran Bretaña promocionaron positivamente esta idea, con la filosofía «no hay nada que sea la sociedad; sólo hay individuos».

La realidad es que no somos independientes. Dependemos los unos de los otros de modo absoluto y total (interdependientes) para nuestra supervivencia, tal como ha sido desde el comienzo de los tiempos, y tal como nuestras células dependen las unas de las otras para la supervivencia de nuestro cuerpo.

Hace mucho tiempo (alrededor de 3.500 millones de años), nuestros ancestros aún se encontraban en una forma química simple, flotando en la sopa primordial, cuando se dieron cuenta de que, si se unían, podían sobrevivir mejor. Así se formaron las primeras criaturas, quienes después vieron (hace 1.000 millones de años) que la unión de unas con otras generaba más oportunidades para multiplicarse. Aún llevamos mitocondrias dentro de nuestras células, que en su día fueron células más pequeñas (bacterias) que pasaron a formar parte de una célula mayor (fueron tragadas por ella o la invadieron). La relación tuvo éxito para ambas partes y sobrevivieron hasta llegar a ser el ladrillo constructor de nuestros cuerpos, la célula moderna.*

Por la mañana, un despertador fabricado en una industria situada al otro lado del mar me despierta. Me levanto y me visto con ropas confeccionadas en otro sitio. Como alimentos cultivados por personas de muchos países; empaquetados, transportados y vendidos para mí. Incluso antes de salir de casa por la mañana he tenido contacto con miles de otras vidas. Es imposible para un ser humano vivir aislado. Estamos conectados los unos con los otros, y con toda la vida, con la Tierra en la que vivimos, tan íntimamente como nuestras células forman parte de nosotros. Del mismo modo, al redactar este libro sobre anatomía, fisiología y patología, estoy tratando sobre el cuerpo, la cultura, la sociedad, la Tierra, la política, la curación y la espiritualidad.

Figura 1.1. El esqueleto humano

Hay bacterias antiguas que parecen similares a las mitocondrias, pero recordemos que esto sólo es una teoría. Debemos tener cuidado y no elegir las pruebas que deseemos para componer la historia que más nos gusta. Por el contrario, la historia debe crearse en torno a los hechos no sesgados, y debemos estar dispuestos a cambiarla si es necesario. Pensemos en los creacionistas: les gusta su historia, por lo que sólo hacen caso a las pruebas que la apoyan, y rechazan las que la contradicen.

Anatomía y fisiología: estructura y función

La palabra «anatomía», del griego «cortar», hace referencia al estudio de la estructura: ¿qué aspecto tiene?, ¿dónde está?, ¿cómo se combina todo? El término nació del procedimiento de las autopsias (cortar cuerpos muertos), de las cuales surge gran parte del conocimiento anatómico. Esto puede explicar parte de la debilidad de la medicina occidental: el estudio de los cuerpos muertos no puede ofrecernos una información totalmente fiable sobre la anatomía viva.

Echemos un vistazo a las imágenes del esqueleto de cualquier libro de anatomía (¡incluido éste!). Fijémonos en el hueco tan grande que hay entre la parte superior del ilion (hueso de la cadera) y la costilla inferior. Hazte una idea sobre tu propio cuerpo; mira cuánto espacio hay entre estos dos huesos. Descubrirás que es bastante menos. Esto se debe a la forma en que los músculos mantienen y mueven el esqueleto, por lo que es distinto en la vida en relación con la muerte. Esto no pretende ser una crítica del estudio tradicional de la anatomía; pero es importante ser conscientes de la base de gran parte de este conocimiento, puesto que deseamos hacer un estudio de la anatomía viva.

La fisiología es el estudio de la vida, o de la función: ¿qué hace y cómo lo hace? Gran parte del conocimiento obtenido por la fisiología moderna procede de innumerables experimentos con animales.

La anatomía y la fisiología van unidas de forma natural. Solemos decir que existe una complementariedad entre la estructura y la función; por ejemplo, la sangre fluye en una dirección; en las venas fluye hacia el corazón (fisiología) debido a las válvulas unidireccionales (anatomía).

La patología es el estudio de lo que puede funcionar mal: la enfermedad. Hay muchos enfoques distintos. Este libro presentará un poco de patología occidental muy básica, que es extremadamente buena a la hora de describir lo que ocurre en los tejidos durante los procesos de enfermedad. También examinaremos diversos modelos holísticos de las causas de la enfermedad.

Una jerarquía de los niveles organizativos

Se dice que hay una jerarquía de niveles organizativos en el organismo. ¡Nos encanta formar una pirámide a partir de un círculo! Éstos son:

El nivel más simple es químico. Todo está hecho de átomos,* que se combinan para formar moléculas, que, a su vez, se unen para formar orgánulos… y así sucesivamente. Hay mucho más que está por venir: ¡prepárate!

A continuación viene la célula, limitada por una membrana semipermeable e inteligente; contiene un líquido llamado citoplasma. Todas las células tienen funciones comunes, pero hay una gran diferencia entre las células del cuerpo. Dentro del citoplasma existen orgánulos, que desempeñan las funciones básicas de la célula, entre los que están las mitocondrias, el núcleo, el cuerpo de Golgi y el retículo endoplasmático.

Las células y el material extracelular (material que hacen las células, que no son células y se encuentran en su exterior, como las fibras colágeno) se unen para formar tejidos. Hay cuatro tipos básicos: el tejido epitelial de recubrimiento; el tejido muscular, para moverse; el tejido nervioso, para comunicar y controlar; y el tejido conectivo, para… conectar. Los cuatro tipos de tejido están dispuestos de diversos modos en el cuerpo, formando sus órganos, conductos y estructuras de apoyo.

Los órganos son estructuras discretas que realizan funciones específicas. Hay muchos órganos en el cuerpo, entre ellos el corazón, los pulmones, el cerebro, el hígado, la vesícula biliar, el páncreas, los riñones, la vejiga urinaria y el útero. Están compuestos de los distintos tipos de tejidos. Los órganos huecos, como el corazón, tienen un revestimiento interno de tejido epitelial, una capa intermedia de músculo y una cobertura externa de tejido conectivo. Los conductos del cuerpo, como los vasos sanguíneos y linfáticos, los uréteres, las trompas de Falopio, la tráquea y el tracto gastrointestinal, tienen la misma estructura básica: un revestimiento interno de tejido epitelial, una capa intermedia de músculo liso y una cobertura externa de tejido conectivo.

Los órganos y las estructuras de apoyo, como los conductos del aparato digestivo y los vasos sanguíneos, se unen para realizar áreas completas de funcionamiento dentro del cuerpo, y se conocen como sistemas. Los sistemas efectúan las funciones necesarias para la vida; por ejemplo, el corazón y los vasos sanguíneos forman el sistema cardiovascular, responsable del transporte por todo el cuerpo. Todos los sistemas funcionan unidos.

Todo el conjunto se denomina organismo. Es adecuado recordar que, aunque lo dividimos en partes separadas para estudiarlo, en realidad el organismo (¡nosotros!) es un conjunto que funciona de forma armoniosa en todas sus partes. El mantenimiento de la armonía y el equilibrio dentro del organismo se conoce en la fisiología occidental como homeostasis (aunque esto tiene relación sólo con el cuerpo). De modo único entre todas las culturas del mundo, la moderna ciencia occidental no reconoce la existencia del espíritu, y apenas está empezando a entender la mente. ¿Te consideras parte de un mundo altamente ordenado –un universo–, con sus propios sistemas de control y mecanismos de equilibrio homeostático? Esto parece inverosímil a los occidentales actuales, regidos por una visión puramente mecanicista del mundo, impuesta sobre el paradigma judeo-cristiano de un mundo que está ahí para su uso por parte de los seres humanos; pero es evidente para muchos pueblos tribales que viven en íntima armonía con la Tierra. ¿Cómo cambiarían para ti las cosas si te consideraras relacionado con todo, recordaras a cada bacteria como tu familiar cercano, conocieras la idoneidad no sólo de tu existencia como un hijo amado del universo, sino de otro ser, sea humano, animal, planta o mineral? Así es como viven los pueblos tribales que aún quedan en la Tierra, guardianes de las viejas tradiciones.

Agua, agua por todas partes…

El cuerpo humano, igual que la superficie terrestre, está compuesto por agua entre un 60 y un 70 %. Esta agua se encuentra por todas partes. Dentro de las células (donde se llama líquido intracelular o citoplasma) y fuera de ellas (líquido extracelular). El líquido extracelular (exterior de las células) se encuentra tanto dentro como fuera de los espacios tisulares. Dentro de los espacios tisulares se llama líquido tisular o intersticial, y baña todas las células del organismo. Aquí hay un tipo de pegamento que mantiene unidas a las células y convierte al líquido tisular en una especie de gel, que se llama ácido hialurónico. También hay líquido extracelular que no se encuentra en los espacios tisulares: el plasma sanguíneo, la linfa y el fluido cerebroespinal.

Algunas bacterias y virus fabrican una enzima llamada hialuronidasa, que descompone este pegamento para poder moverse con más libertad. La equinácea, una planta bien conocida, es «antihialuronidasa»: puede detener la difusión por el cuerpo de los organismos invasores, impidiéndoles que descompongan nuestro líquido tisular. Los estudios han descubierto que la equinácea (Purpurea y Angustfolia son las especies activas) también incrementa la fagocitosis de materia extraña por parte de los glóbulos blancos, aumenta las linfoquinas y citoquinas que estimulan la función inmunitaria, es antiviral al menos externamente (in vitro), es antiinflamatoria y mejora la curación de heridas, y tiene cierta actividad antimicrobiana.2

Las funciones necesarias para la vida

El mantenimiento de los límites lo realiza la piel, y a nivel celular la membrana de cada célula, permeable selectivamente. En la medicina china, existe el nivel Wei, una energía protectora que circula por los meridianos, al nivel más superficial. Todos los sistemas curativos tienen una manera de describir una energía protectora alrededor del organismo.

Movimiento. En los animales, el tejido muscular permite el movimiento del cuerpo, no sólo de todo el cuerpo mediante los músculos esqueléticos, sino también del tracto digestivo y los sistemas cardiovascular, urinario y reproductor. Es interesante que las plantas también se mueven, aunque mucho más lentamente que nosotros. Muchas crecen hacia la luz y se desplazan conforme lo hace la luz. Algunas atrapan insectos, y muchas disponen de métodos para desplazar sus semillas a distancias enormes. Incluso poblaciones completas pueden moverse en respuesta a las condiciones cambiantes. Por ejemplo, con el calentamiento global, que causa una sequía creciente en el sur de Inglaterra, los bosques de hayas están amenazados. Sin embargo, actualmente están creciendo más al norte que antes, por lo que, con el paso del tiempo, todo el bosque se habrá desplazado hacia el norte.3

El grado de reacción es la capacidad para detectar los cambios y reaccionar ante ellos. Todas las células reaccionan, pero especialmente las nerviosas, y esto es lo que les permite realizar sus funciones de comunicación y control de las actividades corporales. El grado de reacción también se llama «irritabilidad», así que resulta agradable saber que ser irritable es una función esencial.

La digestión es la descomposición de los alimentos en partes asimilables.

El metabolismo en realidad engloba todas las reacciones químicas que tienen lugar en el interior de las células: descomponer cosas (catabolismo) y construir cosas (anabolismo). Así es como obtenemos energía.

La excreción es el acto de eliminar los desechos, las toxinas y todo el material que no podemos utilizar.

Reproducción. ¡Algunos dicen que lo es todo! A nivel celular tiene lugar constantemente porque numerosas células se reproducen y se replican para sustituir a las antiguas, ya desgastadas. Después está la tarea más compleja a nivel orgánico, por la que obtenemos nuevos organismos.

El crecimiento hace referencia al aumento en tamaño, además de en número, de las células en el interior del organismo. Muchas células nacen siendo sencillas y después se convierten en más complejas, ya que cambian su configuración conforme se desarrollan. Por ejemplo, todas las células de la sangre proceden de un antepasado común que se divide y se diferencia para dar lugar a los glóbulos rojos y blancos y las plaquetas, que son muy diferentes. También hay crecimiento fuera de las células, ya que crecen estructuras como el pelo y las fibras (por ejemplo, en el tejido conectivo).

Cavidades corporales y localización de los órganos

El esqueleto forma zonas de protección ósea para proteger a los órganos internos más blandos. El cráneo protege al cerebro, y la columna vertebral protege a la espina dorsal a su paso por ese canal óseo. La cavidad torácica, o tórax, protege el corazón y los pulmones, y la cavidad pélvica protege la vejiga urinaria y las gónadas femeninas (glándulas sexuales), u ovarios, en las mujeres. (Las gónadas del varón, los testículos, como sin duda sabrá el lector, se encuentran fuera de la cavidad abdominal o pélvica). El tórax está separado del abdomen por el músculo diafragma, que forma una cúpula, en sentido descendente, desde la parte inferior de las costillas hasta un tendón central plano.

Figura 1.2. Localización de los órganos

Por debajo del diafragma, las costillas protegen la parte superior de la cavidad abdominal, y ahí están alojados los riñones, el hígado y el bazo. Los dos riñones se encuentran a cada lado de la espalda; si colocamos las manos en la espalda, sobre las costillas inferiores, estarán directamente sobre los riñones. El hígado ocupa el resto de la parte derecha, anterior y posterior, con la vesícula biliar unida a él por debajo. El bazo se encuentra en la parte izquierda, en la parte posterior. Los músculos del abdomen de la parte frontal y de los lados, y los músculos espinales y dorsales de la espalda, protegen la parte menos vulnerable del sistema digestivo, los intestinos. La parte inferior de la cavidad abdominal es la cavidad pélvica, que contiene los órganos reproductores y la vejiga urinaria.

Un repaso a los sistemas del cuerpo humano

Dediquemos un momento a ser conscientes de nuestro cuerpo: los huesos y los músculos que nos dan soporte, que nos mantienen erguidos, que nos permiten pasar las páginas y rascarnos la cabeza. Posiblemente haya algún dolor en algún sitio, que atrae nuestra atención hacia músculos específicos. De hecho, solemos tener el hábito de ser conscientes de nuestro cuerpo sobre todo cuando nos crea problemas.

Reúnete con un amigo y coloca tu cabeza sobre su pecho; podrás escuchar el «bum-bum» del latido del corazón. Tómale el pulso: pon un par de dedos en la parte interior de la muñeca, en la parte del pulgar, justo por fuera del gran tendón que podrás notar. Es el pulso radial: una oleada de movimiento de los vasos sanguíneos cuando se bombea la sangre por todo el cuerpo. Escucha el corazón y siente el pulso al mismo tiempo; escucharás el latido y justo después sentirás el pulso, ya que el corazón y los vasos sanguíneos funcionan en conexión. El sistema cardiovascular es el medio por el que se transportan cosas por todo el cuerpo. Nutrientes, productos de desecho, hormonas y, en la medicina tradicional china, la energía chi: todo ello depende de la circulación para desplazarse por el cuerpo.

El sistema circulatorio tiene como apoyo al sistema linfático, una serie de conductos llamados vasos linfáticos que parten de los tejidos y que, igual que las venas, eliminan los productos de desecho y el líquido. Este fluido linfático lo filtran y limpian los nódulos linfáticos, y después vuelve a la sangre. El sistema linfático también está muy relacionado con la inmunidad, al proteger el cuerpo de organismos externos, limpiar toxinas y destruir células anormales.

Concéntrate en tu respiración durante unos instantes. ¿Puedes sentir el tórax (pecho) expandiéndose hacia delante y hacia atrás, a los lados, arriba y abajo? Coloca las manos a cada lado de la parte superior del pecho, con las yemas de los dedos tocando las clavículas, y los codos apoyados en los costados. Ésa es la localización de tus pulmones. ¿Son más pequeños de lo que creías? Están entre los órganos más delicados de nuestro organismo y forman parte del sistema respiratorio: una serie de tubos que terminan en diminutos sacos aéreos, los alvéolos, que están rodeados por una red de pequeñísimos vasos sanguíneos. El oxígeno pasa desde los alvéolos hacia la sangre, y el dióxido de carbono desde la sangre hacia los alvéolos, para expulsarlo mediante la espiración.

Las células utilizan el oxígeno para quemar azúcar y grasa a fin de producir energía. (Véase capítulo 2). Hemos visto que el sistema respiratorio es el procedimiento por el que introducimos oxígeno en el organismo. ¿Qué ocurre con el azúcar y las grasas? Coloca la cabeza sobre el abdomen de tu amigo y escucha. En pocos instantes oirás borboteos y pequeñas explosiones, indicios de que el sistema digestivo está trabajando para descomponer el alimento en partes pequeñas y asimilables. Cuando son suficientemente pequeñas, estas moléculas que forman los alimentos se absorben por el torrente sanguíneo. Lo que no necesitamos se queda en el tracto gastrointestinal y después se excreta.

Ve y bebe algo, un vaso grande de agua. ¿Qué le ocurrirá a esta agua? En primer lugar, cruzará la pared intestinal y entrará en la sangre. Si se permitiese que estuviera indefinidamente en la sangre, la presión arterial se elevaría y la sangre estaría demasiado diluida. Necesitamos mantener una cantidad adecuada de líquido en nuestro cuerpo en todo momento. Este proceso está controlado por hormonas –mensajeros químicos– y por el cerebro. Éste también controla la secreción de hormonas; por ejemplo, la hormona antidiurética la producen células neurosecretoras especiales. Hormonas procedentes del riñón, el corazón y el cerebro controlan el equilibrio hídrico, y el cerebro controla la sed. Podemos conservar el agua, mantenerla en el interior de nuestro cuerpo, o reducir su nivel cuando hay demasiada. Esto se consigue gracias a los riñones. Estos sorprendentes órganos filtran la sangre y generan cantidades variables de orina. Además de agua, ésta contiene el nitrógeno de las proteínas utilizadas, en forma de urea, junto con otros productos de desecho que nos sobran. Cada minuto, los riñones filtran 125 mililitros de sangre, lo que significa que toda la sangre que hay en el cuerpo pasa por los riñones en menos de una hora.

Las hormonas son un tipo de fármacos caseros, esenciales para la forma en que el cuerpo se comunica consigo mismo y controla sus actividades. Se fabrican en lugares especializados llamados glándulas endocrinas, que los anatomistas describieron en el siglo xix, además de en otros órganos, tejidos y células de todo el cuerpo. Se segregan directamente en el torrente sanguíneo, por lo que llegan a todas partes. Las glándulas endocrinas son la pineal y la pituitaria en el cerebro; la tiroides, situada en forma de pajarita alrededor del cuello; el timo, detrás del esternón; dos glándulas adrenales, cada una sobre cada uno de los riñones; las gónadas o glándulas sexuales; y los islotes de Langerhans en el páncreas, que sintetizan insulina. Los islotes de Langerhans no son una glándula endocrina en sentido estricto, pero sí se encuentran entre las diversas células y tejidos que fabrican hormonas; entre éstos se incluyen, entre muchos otros, el corazón, el hígado, los riñones, el estómago y los adipocitos.

El sistema endocrino no realiza toda la comunicación y el control. Le ayuda el sistema nervioso: el cerebro, la espina dorsal y los nervios. Este sistema despliega su cableado por todo el organismo. Cierra los ojos y mueve los dedos. ¿Qué estás haciendo? Tu cerebro está diciendo a tus dedos que se muevan: se trata del sistema nervioso motor. ¿Cómo sabes que lo estás haciendo? Gracias a tu sistema nervioso sensorial puedes sentirlo. Eso es todo, básicamente: los nervios sensoriales captan información y la transmiten al cerebro, quien decide qué hacer, y los nervios motores llevan a cabo esas decisiones ordenando a los músculos que se contraigan o a las glándulas que segreguen. ¡Es así de sencillo!

Más sobre la homeostasis

Como dije antes, en la fisiología occidental, la palabra «homeostasis» se relaciona solo con funciones físicas, especialmente el control de la temperatura, el azúcar en sangre y los fluidos corporales. Los órganos internos necesitan una temperatura casi constante para su óptimo funcionamiento. Cuando el ambiente es frío, conservamos el calor contrayendo los vasos sanguíneos de la piel (por eso tenemos un aspecto pálido) y tiritando: gran parte del calor de nuestro cuerpo lo generan los músculos que se contraen, por lo que tiritar es una forma involuntaria de mantenernos en movimiento. El calor lo transporta la sangre por todo el cuerpo, a modo de calefacción central. Cuando tenemos calor, nuestra piel enrojece cuando los vasos sanguíneos que hay en ella se dilatan, lo que permite expulsar calor del cuerpo. También sudamos, lo cual nos enfría, porque parte de la energía calorífica de la piel se disipa, con lo que el sudor se evapora.

Para que todo funcione bien, necesitamos una cantidad adecuada de agua en nuestro cuerpo: una cantidad excesiva o muy escasa puede generar problemas y llegar a matarnos. El equilibrio hídrico lo mantienen los riñones, que filtran en la sangre los desechos procedentes del nitrógeno (tóxicos para nosotros, alimento para las plantas) y los excretan, junto con cantidades variables de líquido, a través de los conductos de los uréteres, hacia la vejiga urinaria, y después fuera del cuerpo a través de la uretra.

La mayor parte de la energía que necesitamos para el cuerpo procede del azúcar llamado glucosa; digerimos los alimentos y absorbemos sus moléculas en el interior de la sangre. Necesitamos distintas cantidades de glucosa dependiendo de nuestra actividad: menos en reposo, mucha más durante el ejercicio (o cuando se piensa intensamente, como el lector está haciendo ahora). El azúcar de la sangre entra en el fluido intersticial y las células toman lo que necesitan. Se mantiene una cantidad adecuada en sangre mediante un cuidadoso almacenamiento de la glucosa que sobra (en forma de glucógeno por parte del hígado, o como grasa), o liberando cierta cantidad de estas reservas. El proceso lo controlan los sistemas endocrino y nervioso utilizando un mecanismo de retroalimentación negativa. Esto significa que, cuando el nivel de algo se eleva en el cuerpo, el factor causante se reducirá. Por ejemplo, comer hace que se eleve la glucosa en sangre, lo cual también reducirá la sensación de hambre; aunque, por supuesto, por lo general disfrutamos del chocolate ignorando este mecanismo.

Más retroalimentación negativa

En el mundo de la fisiología, una retroalimentación negativa significa que, cuando los niveles en ascenso de determinada cosa (por ejemplo, calor o glucosa) los detecta el cuerpo (en concreto, mediante algún tipo de receptor nervioso), esa información se transmite a un centro de control (por lo general en el cerebro), que después envía una orden para poner en marcha algo que reduzca esa cosa. Si, por ejemplo, es calor, las órdenes serán ruborizar la piel y sudar para perder calor. Si es glucosa, puede tomarse de la sangre e introducir más en las células, así como transformar más en su forma de reserva, el glucógeno.

Es similar al termostato de una casa: si está programado a 18 °C, cuando la temperatura supera este nivel, la calefacción se desconecta automáticamente. Si la temperatura cae por debajo del nivel establecido, se conecta la calefacción, con lo cual se logra mantener una temperatura constante.

Hay pocos procesos corporales que funcionen por retroalimentación fisiológica positiva, que sobre todo significa que, cuanta más cantidad hay de algo, más se estimulará. El parto parece seguir este proceso, cuando la oxitocina (una hormona de la pituitaria) hace que el útero se contraiga, y esto después hace que se libere más oxitocina en forma de cascada, lo cual genera el parto. Otro ejemplo es la coagulación sanguínea, cuando un coágulo que empieza a formarse hace que se coagule más sangre. Tal vez también el amor funcione mediante un procedimiento de retroalimentación positiva: ¡cuánto más hay, más habrá!

1 Lynne McTaggart, The Field: The Quest for the Secret Force of the Universe.

2 Simon Mills and Kerry Bone, Principles and Practice of Phytotherapy: Modern Herbal Medicine.

3 Página web de la Royal Horticultural Society: www.rhs.org.uk/research/climatechange/trees, acceso feb. 2008.

* Parece que las bacterias suelen comportarse de un modo que trastoca el paradigma darwiniano de la «supervivencia de los más aptos». No sólo no compiten las unas con las otras, sino que las bacterias cooperan activamente e intercambian información importante sobre su entorno (por eso se vuelven con tanta rapidez inmunes a los antibióticos, incluso las que no se han expuesto a un antibiótico específico). Estas lejanas antepasadas nuestras son maestras en la labor de adaptarse a su ambiente. (Véase Stephen H. Buhner, El lenguaje perdido de las plantas). En realidad, cincuenta años antes de Darwin, el primer hombre que defendió la teoría de la evolución, Jean-Baptiste de Lamarck, insistía en la «instructiva» cooperación entre los organismos y su entorno. (Véase Bruce H. Lipton, La biología de la creencia).

* Los átomos están formados por «partículas subatómicas», que, según la física cuántica moderna, no son mucho más que algún tipo de misteriosa energía. Están compuestos de energía: vórtices de fotones y quarks que se mueven a gran velocidad y que, cuando los miramos detenidamente, desaparecen. (Véase Heinz R. Pagels, El código cósmico: La física cuántica como lenguaje de la naturaleza).