Andante con Tutti - Magdalena Amenábar - E-Book

Andante con Tutti E-Book

Magdalena Amenábar

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Beschreibung

Hablar de la historia de Radio Beethoven es hablar de la historia de nuestro país; de altos y bajos; de despedidas y reencuentros; de incertidumbres y convicciones claras. Las páginas de este libro recogen la valiosa cruzada por la música que iniciaron Fernando Rosas y Adolfo Flores en 1981, a través de los testimonios de sus artífices y también de aquellos que dejaron su huella en las más de cuatro décadas de existencia de esta aventura beethoveniana. Desde la obertura hasta el ritornello, Andante con tutti es un reflejo de cómo el modesto sueño de llegar a más personas que un concierto interpretado en una sala, se cumplió con creces, y transformó esa sala en una audiencia nacional.

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Seitenzahl: 246

Veröffentlichungsjahr: 2024

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

lea.uc.cl

ANDANTE CON TUTTI

La cruzada por la música de Radio Beethoven

Magdalena Amenábar Folch

© Inscripción N° 2024-A-10851

Derechos reservados

Octubre 2024

ISBN N° 978-956-14-3364-9

ISBN digital N° 978-956-14-3365-6

Redacción María Ester Roblero Cum

Entrevistas Gonzalo Saavedra V., Magdalena Amenábar F., Lucía Santibáñez G.

Ambientación histórica Claudio Rolle Cruz

Documentación Lucía Santibáñez Galleguillos

Diseño y diagramación María Soledad Hola, María Soledad Tirapegui, Francisca Castillo

Revisión de textos Rodrigo Andrade, Francisca Torres

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Nombres: Amenábar Folch, Ana Magdalena, editor.

Título: Andante con tutti : la cruzada por la música de Radio Beethoven / Magdalena Amenábar F., editora.

Descripción: Santiago, Chile : Ediciones UC

Materias: CCAB: Radio Beethoven (Chile)| Radioemisoras - Chile - Historia | Radio y música.

Clasificación: DDC 384.540983--dc23

Registro disponible en: https://buscador.bibliotecas.uc.cl/permalink/56PUC_INST/vk6o5v/alma997520084103396

Una iniciativa de la Prorrectoría y la Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley.

Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

[email protected]

Índice

Presentación

1

Obertura1970-1981

Marzo de 1981. Calle Marne 2925

¿Qué ocurrió?

Años sesenta. Pontificia Universidad Católica de Chile

1973. Chile. El derrumbe

1976. Iglesia de la Transfiguración del Señor, Las Condes

1978. Teatro Oriente, Providencia

1979. ¿Una radio? Re’buena idea

2

Crescendo1981-1991

Chile, siglo XX

Años ochenta: El nuevo ritmo de los tiempos

El “círculo del cojín”

Primer equipo

Primeras voces

Un folleto para Radio Beethoven

Programación

Música contemporánea

Música antigua, jazz y el gusto del auditorio

No solo de avisos vivía Radio Beethoven

Sorpresa y milagro en el año de Haydn

Primer CD, acuerdo entre karatecas

Los Prisioneros debutan en Radio Beethoven

Alianzas internacionales

Grabaciones en vivo

Radio Beethoven en Valparaíso

La voz de Patricio Bañados

Patrulla juvenil

Fin de los años ochenta

3

A tempo forte1991-2000

Estado de catástrofe

Tonus, una revista “hecha y derecha”

Fundación Beethoven y Radio Beethoven

Garibaldi 1620, Ñuñoa

Programas de fin de siglo

4

Andante sostenuto (96.5)2000-2019

Un mundo que desafina. Fines del siglo XX

Irrupción de los conglomerados radiales

Morir frente al micrófono

Transmitiendo online para Chile y el mundo

20 años en el dial

Futuro en jaque

Radio Beethoven, como parte de un conglomerado

Una avalancha: los últimos en caer

La última emisión

5

Ritornello (97.7)2020-2024

2019. Silencio

2019. Serendipidad

Un mensaje de paz a la sociedad

Una ventana al mundo

¡Volvieron! ¡Volvieron!

El sello editorial UC

Los nuevos programas y los de siempre

Despedidas y sueños

Presentación

La música puede educar, acompañar, realzar el cuidado y fomento de la belleza y el desarrollo de los valores espirituales de la persona. Esta concepción de la música fue, sin duda, lo que motivó a los fundadores de Radio Beethoven a poner en marcha esta aventura el año 1981. Una mirada que compartimos al interior de nuestra universidad, la casa desde donde los fundadores iniciaron este proyecto cultural.

Este libro nos devela los altos y bajos, los desafíos y logros que ha tenido esta cruzada por la música que representa Radio Beethoven. Un proyecto que, si bien no surge propiamente tal o de manera oficial desde la Universidad Católica, sí lo hace de la mano de dos importantes integrantes de nuestra comunidad, como lo fueron Fernando Rosas, a la sazón director del Instituto de Música UC, y Adolfo Flores, su secretario académico. Ambos eran dos destacados profesores del Instituto de Música (IMUC). Buscando enriquecer el ambiente artístico y cultural de Chile, crearon primero la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica y luego la Agrupación Musical Beethoven, donde empezaría a germinar la idea de una radio que les permitiera llegar a una mayor audiencia. La idea era poder proyectar la buena música y la cultura.

No exenta de dificultades, la historia de Radio Beethoven está profundamente unida a la historia de nuestro país. Y si bien sus inicios estuvieron marcados por la transmisión de música clásica, con el tiempo se fue abriendo a expresiones artísticas musicales diferentes, incorporando en su programación música contemporánea, antigua, jazz, latinoamericana, infantil y rock clásico. El objetivo ha sido, desde su fundación, difundir la buena música, con énfasis preferente, por supuesto, en el cuidado y difusión de la música clásica.

En las páginas de este libro, y gracias al trabajo de su comité editorial y, en especial, de la periodista María Ester Roblero, conoceremos interesantes testimonios de sus artífices y también de aquellos que han formado parte de Radio Beethoven y que fueron animando e iluminando el camino. Un proyecto que, ciertamente, ha tenido, como se expresa en sus páginas, en el plano musical, distintos tempos y matices: obertura, crescendo, a tempo forte, andante sostenuto, y ritornello, y que han inspirado los diferentes capítulos del libro, haciendo una clara referencia a las variadas etapas de esta cruzada.

Desde hace cuatro años, la UC se propuso el desafío de retomar la trayectoria de Radio Beethoven, volviendo con la señal al aire para seguir difundiendo la música de calidad. Lo hicimos al inicio de una grave pandemia que afectó a todo el mundo. En Chile, la radio aportó compañía y buena música a nuestra audiencia, la que ha ido creciendo de manera progresiva, en conjunto con la llegada de nuestra señal a regiones. Por supuesto, hay que destacar que la dirección del reinicio de las transmisiones estuvo liderada nuevamente por Adolfo Flores, junto con el equipo de profesionales y técnicos que había sido parte de la radio en los últimos años. Esta fue una verdadera vuelta a casa. El crecimiento actual se debe tanto por las nuevas frecuencias como por el acuerdo con las radios de las universidades regionales que difunden parte de nuestra programación en forma diaria. Ha sido una travesía llena de logros y alegrías, lo que nos ha acercado de manera significativa a la comunidad y la expresión de la cultura.

Para recordar la historia volvemos la mirada y recogemos la opinión de uno de los fundadores. El Premio Nacional de Música del año 2006, Fernando Rosas, dice en su libro Entreacto: “América es una carrera de postas. Corre tu tramo; en el momento oportuno, quién sabe cuándo y en qué lugar, otro tomará el bastón y seguirá adelante”. Este libro describe que Radio Beethoven ha sido, sin lugar a dudas, una carrera de postas, en la que hoy la UC ha tomado el bastón. Con el apoyo de la comunidad nacional ha asumido el compromiso de seguir desarrollando este valioso proyecto, que representa un verdadero aporte al patrimonio cultural de nuestro país.

Ignacio Sánchez D.Rector, Pontificia Universidad Católica de Chile

Marzo de 1981. Calle Marne 2925

El reloj marcó la medianoche. Desde la primera sede de Radio Beethoven en calle Marne resonó el Allegro con Brío de la “Sinfonía n.º 5” de Beethoven bajo la dirección del maestro Herbert von Karajan, con toda la fuerza de sus cuerdas y cornos.

“Sinfonía N.° 5” de Ludwig van Beethoven, primer movimiento, Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Herbert von Karajan

El sonido de las cuatro notas iniciales, anunciando el primer movimiento, erizó la piel de Adolfo Flores, Fernando Rosas y Erif Balut, quienes se abrazaron celebrando el esperado debut. Ni en sueños, o pesadillas, sospecharon que junto con salir al aire con toda la pasión beethoveniana, la nueva radio botaría en su totalidad a las demás señales del dial, provocando un apagón sonoro en la frecuencia modulada del gran Santiago. Por algunos minutos, Beethoven campeó en el aire en la medianoche del 12 de marzo, como si su irrupción en escena hubiera provocado la mudez reverencial que solo producen los maestros. Era un tiempo en que los hits radiales pertenecían a los Rolling Stones, seguidos por Queen, David Bowie o Phil Collins. Pero se hizo el silencio de todos y la vibración de la “Quinta sinfonía” se propagó sin competencia por el aire.

Tras el impacto, las otras radios comenzaron a llamar al Ministerio del Interior y a la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) para denunciar un presunto sabotaje.

Y mientras que desde los estudios de Marne 2925 seguían saliendo sones en tempo allegro vivace, sin advertir siquiera lo que estaba ocurriendo, las autoridades desplegaron sus equipos técnicos para identificar el lugar exacto desde donde se estaba generando el problema. Así, junto con el solo de oboe, los carabineros tocaron el timbre de la casa para terminar con las transmisiones. ¡Corten! ¡Fin! Von Karajan quedó congelado, con su batuta suspendida, mientras Balut, Rosas y Flores, llenos de incredulidad, acataron resignados este despegue frustrado.

¿Qué ocurrió?

Adolfo Flores y Fernando Rosas trabajaron durante enero y febrero de 1981 junto a dos jóvenes ingenieros, Erif Balut y Serguei Nishnikov, en la instalación y los enlaces de la nueva Radio Beethoven. La Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile les asignó la frecuencia 96.5, ubicada en la mitad del dial, y el Ministerio del Interior otorgó los permisos para transmitir a través de una antena instalada en Avda. Apoquindo con Tobalaba, que antes ocupaba Radio Minería.1

HEBERT VON KARAJAN

Portada revista Tonus, publicación mensual de Radio Beethoven, edición N.° 179, mayo de 1996

Erif Balut anunció a comienzos de marzo: “Estamos listos, saldremos al aire el día 12 de este mes, a las cero horas”. Carlos Wilson2 sería la voz ancla y el encargado de anunciar la obra escogida por Flores y Rosas para iniciar las transmisiones: la “Sinfonía n.º 5” de Ludwig van Beethoven, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Karajan. Qué mejor inicio que una obra llena de grandeza y locura,3 compuesta por el maestro que daba nombre a la naciente radio emisora y cuyas cuatro notas del primer movimiento eran las más famosas de la historia de la música clásica.

“No existían entonces los sistemas digitales para los enlaces de frecuencia o la transmisión de datos, no contábamos con estas cosas maravillosas que hay ahora, y se enlazaba a través de un sistema de microondas con una pieza chiquitita que era un cristal en ambos extremos”, dice Adolfo Flores.4 “En realidad es un sistema electrónico en miniatura, bastante complicado que había que mandarlo a hacer a Estados Unidos. Pero los cristales que nos mandaron venían equivocados: no tomaban una sola frecuencia, sino un abanico de frecuencias [...] Mirado desde el presente, ¡fue maravilloso!, porque no había ni una sola radio más que la Beethoven. Pero en concreto, tuvimos que postergar la salida al aire, encargar nuevamente los cristales y repetir todas las pruebas”. Y al fin, aquella segunda vez, Radio Beethoven comenzó sus transmisiones regulares, de un modo disciplinado y formal un día lunes: era el 16 de marzo de 1981.

Años sesenta. Pontificia Universidad Católica de Chile

Inicialmente, Radio Beethoven fue una aventura de Fernando Rosas y Adolfo Flores, con todo lo que este término implica. Ambos se habían conocido en la Universidad Católica en 1965, cuando Rosas creó la Orquesta de Cámara que alcanzó en los años sucesivos un gran nivel, convirtiéndose en un hito esencial en la historia de la interpretación musical en Chile. Fernando Rosas, director, junto al gran violinista Jaime de la Jara, seleccionaron a los músicos que la integrarían. Fue entonces que llegó Adolfo Flores, destacado intérprete de contrabajo, muy joven, casi diez años menor que Rosas.

“Mi candidato para contrabajista era otro, pero Jaime me convenció de que Adolfo era el indicado. Yo no lo conocía personalmente, pero ya lo había escuchado en la Sinfónica, donde su desempeño como primer contrabajo era excelente”.5 Nació así una amistad que duraría hasta la muerte de Rosas, quien más tarde señaló: “Adolfo fue siempre, junto con el amigo querido, el colaborador más desinteresado, tenaz y eficiente que he tenido en mi vida”.6

Fernando Rosas era el menor de una familia de diez hermanos, con mucha distancia con los mayores. En cierta forma, un hijo único, solitario e introvertido. “Vivía en Viña, donde ser músico era algo impensable. En una familia relativamente acomodada, en que todos los cuñados eran empleados, militares, marinos –mi padre era marino–, realmente ser músico era una inexistencia, un imposible”.7 En otra entrevista (1974)8 contaría que a los diez años era fanático del ajedrez, el aeromodelismo y el avance o retroceso de las tropas en la Segunda Guerra Mundial; a los once años asistió por primera vez a un concierto sinfónico y a los catorce vendió su colección de sellos postales para comprarse sus primeros discos: la “Quinta sinfonía” de Beethoven, por supuesto, y el Concierto para dos violines de Bach.

Tercer movimiento de la “Quinta sinfonía” de Ludwig van Beethoven

“Concierto para dos violines en re menor BWV 1043 I Vivace”, de Johann Sebastian Bach

De joven pensó, además, que su vocación era esencialmente religiosa y leyó muchos textos sagrados. Desechada esa idea, aspiró a hacer algo por los demás, a dar la vida por una causa. “Un día en 4º medio se me ocurrió formar un coro que sonaba bastante mal, lo que me impulsó a estudiar música para que el coro mejorara. Nunca pensé que eso se convertiría en una vocación realmente importante”, escribe en su libro autobiográfico Entreacto.

Estudió leyes “porque había que tener una profesión”, pero en la universidad también se sintió fuertemente atraído por la filosofía a través de largas charlas con el profesor Ernesto Gracci, alumno de Heidegger, y con Rodolfo Gandolfi y Godofredo Iommi: “Ambos fueron decisivos en mi formación y en mi futura dedicación a la música”. Durante su cuarto año en esa carrera fundó el Coro de la Universidad Católica de Valparaíso (1953),. “Éramos un grupo de amigos chiflados”, dice. Para dirigir mejor, estudió primero en Viña del Mar y luego en Santiago con Adolfo Allende Sarón y con Gerd Zacher, uno de los mejores organistas del mundo. Desde entonces, toda su vida fue por y para la música.

¿Qué significado tiene para usted la música? –le preguntaron en mayo de 1974.9 “Podría definirlo con una reflexión que me hacía a los 22 años, porque la vocación mía por la música fue tardía. ¿Cómo es posible que sintiéndome dotado para admirar la hermosura de las cosas, pudiendo gozar de la naturaleza, gozar de la hermosura de la vida, no tenga ninguna capacidad de transmitir este goce a otro? En esa época pensaba que estaba condenado a no poder expresar lo que sentía. Yo diría que la música ha sido para mí la gran satisfacción de poder comunicar algo”.

En 1960 Fernando Rosas fundó el Departamento de Música y la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica de Valparaíso. Se trataba más bien de un centro de extensión musical que funcionaba en una minúscula oficina que compartía con los asistentes sociales y los dentistas. A través de este nuevo centro, Fernando Rosas coordinó y dio brío a las actividades de un coro mixto que había creado la instrumentista, cantante y compositora Sylvia Soublette en 1945 y “una orquesta formada por músicos allegados, que en su mayoría viajaban desde la capital, quienes en la jerga musical instrumentistas hacían cancheos”, dice Adolfo Flores.

Fernando Rosas tuvo la oportunidad de trasladarse a Santiago en 1964, para asumir como director del departamento de música de la Pontificia Universidad Católica de Chile:

“La llegada a la Universidad Católica de Chile en calidad de director del departamento de música fue para mí todo un acontecimiento”, escribe Rosas.10 “Venía como sucesor de dos nombres ilustres, Juan Orrego Salas, quien había fundado este organismo, y Juan Pablo Izquierdo, que le había dado mucho nombre por la originalidad y calidad de los conciertos que había organizado”.

En medio de la precariedad – “el Departamento contaba con el Conjunto de Música Antigua (a cargo de Sylvia Soublette, un grupo de carácter amateur, o sea no rentado), el director y una secretaria”– , comenzó a desplegar su extraordinaria capacidad creativa y organizativa, la imaginación sin confines y la energía desbordante que caracterizó la obra de Fernando Rosas.

“En ese momento, no podía decirse que ese departamento de música tuviese una identidad ni metodologías propias, pero estaba la semilla”, señala Adolfo Flores y agrega que Fernando Rosas tomó esa semilla y la hizo germinar. “Como hombre de empresa y como organizador, es lo más destacado que yo he conocido”, agrega. Rosas, por su parte, escribió: “Todo estaba por hacer. Contando con la colaboración de monseñor Alfredo Silva Santiago, rector de esa época, surgieron año tras años proyectos nuevos. Remuneraciones para el Conjunto de Música Antigua, creación de la Orquesta de Cámara, Escuela de Pedagogía en Música, escuela de Instrumentistas, reorganización del Coro de la Universidad, giras nacionales e internacionales, ediciones de discos, programas de Televisión, Festivales de música Contemporánea, etc.”.11

Con el desarrollo de la reforma universitaria y su tendencia modernizadora se pudo contar con mayores recursos, con una nueva sede, instrumentos, una planta de profesores de jornada completa con remuneraciones equiparadas con las del resto de la universidad y se consolidaron muchos los logros de los años iniciales. Fernando Rosas señala “no cabe duda de que fue lo más importante de la actividad musical del país (naturalmente cualitativa, no cuantitativamente). Durante todos esos años [los de la reforma universitaria entre 1967 y 1973] la música estuvo centrada en la Universidad Católica, que a su vez fue un foco irradiador para el resto del país”.12

En efecto, en los años sesenta y setenta se encontraron en la Universidad Católica grandes músicos, con espíritu crítico y gran capacidad de trabajo de manera que “pese a que en esos años las convulsiones políticas eran muy intensas, existía un acuerdo expreso que cada persona anteponía por encima de sus normales preferencias ideológicas: el bien del grupo y, por sobre todo, el amor a la música”, explica Rosas. Colaborando con la actividad de la Vicerrectoría de Comunicaciones, él y su equipo abrieron vías para la música que años antes eran inimaginables. “Nunca la universidad tuvo tan estrecho y creativo contacto con la comunidad”, declara, y agrega: “Recordemos los festivales de teatro, las ediciones de libros, festivales de música contemporánea, programas experimentales de televisión, festivales de la nueva canción chilena, contacto de la universidad con ilustres personalidades de todo el mundo y tantos otros”.13

En julio de 1969, Rosas dio muestra de este espíritu abierto y voluntad de colaboración con la Universidad Católica al presidir el jurado del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, donde fueron premiadas La plegaria del labrador, de Víctor Jara, y La chilenera, de Richard Rojas. Rosas recordaría el espíritu de la época y los retos que planteaba, pues el clima del país presagiaba diversas formas de enfrentamiento. Así, después de destacar el acuerdo entre los miembros del Instituto de Música sobre la primacía del amor a la música y el bien del grupo, escribe: “Un rol importante tuvieron en todo este periodo los directores de conjuntos y de escuelas, Sylvia Soublette, Francisco Quezada, Florencia Pierret y Juanita Corbella.

“Mi amigo Adolfo Flores, que se desempeñó permanentemente como secretario general, junto a sus grandes dotes de intérprete y profesor, fue siempre mi colaborador más directo”, reconoce el maestro. “Su buen criterio y extraordinaria sangre fría en los momentos difíciles impidieron que yo, mucho más impulsivo y atolondrado, cometiera errores que nos hubieran perjudicado a todos”.14

Programa Música, música, TVN, Quinteto Hindemith, 2022

Los años de trabajo intenso en el Departamento y luego en el Instituto de Música de la Universidad Católica dieron oportunidades para que se exploraran posibilidades amplias de expresión, abiertas a lenguajes y experiencias de un tiempo que ampliaba su repertorio. Los Festivales de Música Contemporánea, que Rosas había organizado en Valparaíso bajo el influjo de Godofredo Iommi, se continuaron en la Universidad Católica de Santiago, como sucesores de los festivales de música chilena de la Universidad de Chile, con notable éxito. Se puede recordar los estrenos a cargo de Juan Pablo Izquierdo de la Orestiada de Xenakis, y las presentaciones en Chile del estadounidense Gunther Schuler, la primera venida de Astor Piazzolla y de Duke Ellington. Estos logros se explican, en parte, porque Rosas poseía energía, imaginación desbordante y un talento particular para conformar equipos en los que cada uno aportaba todo lo mejor de sí y los resultados eran notables.

Fue un tiempo en el que la Universidad Católica asumió un papel decisivo en el desenvolvimiento de un movimiento musical que venía gestándose desde los años cincuenta. Acogió y apoyó a personas y agrupaciones que enriquecieron notablemente el escenario artístico y cultural de Chile en los años sesenta e inicios de los setenta. Fernando Rosas, junto a ilustres colaboradores y compañeros de ruta, idearon un movimiento musical alternativo sobre la base de agrupaciones pequeñas de gran calidad, que fueron cosechando éxito: Quinteto Hindemith, Cuarteto Chile, Conjunto Pro Música, Conjunto de Música Antigua y, especialmente, la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica, que terminó por ser la consolidación del gran sueño de tener músicos propios en el seno de la universidad.

Rosas consiguió el apoyo de la rectoría e invitaba bajo la modalidad de cancheo a intérpretes de la Orquesta Sinfónica de Chile y de la Filarmónica de Santiago para realizar conciertos con repertorios desafiantes.

Adolfo Flores jamás ha olvidado ese día en que la naciente Orquesta de Cámara de la Universidad Católica sonó por primera vez. “Me es difícil decirlo, porque suena como a halago, pero debe haber sido la organización instrumental más perfecta que había habido en Chile hasta ese momento, ¡realmente impresionante! El día del primer ensayo, Fernando levantó las manos y la orquesta empezó a sonar sola, era extremadamente buena, y Fernando dijo: ‘Con esta orquesta vamos a recorrer el mundo’”. No se equivocó, porque la Orquesta de la Universidad Católica de Chile, con el nombre de Orquesta de Cámara de Chile, recorrió Europa, Estados Unidos y casi toda Latinoamérica, con un éxito impresionante.

Los afiches promocionales dan cuenta de las intensas giras anunciando en distintos idiomas –Chilean Chamber Orchesta, Chilijska Orkiestra Kameralna, Kammer-orchest der Katholishen Universität von Chile, Orchestra Universitant Din, A Chilei Kamarazenekar– estas exitosas presentaciones en que se interpretaba a Vivaldi, Mozart, Bach, Leng y Bartók, entre otros.

Flores también destaca en su relato que estuvieron en cartelera, con una semana de diferencia, con la Orquesta de Cámara Bolshoi, una de las más grandes de ese momento. Y las críticas siempre fueron mejores para la Orquesta de Cámara de Chile. “Este éxito permitió que la universidad pensara en grande. Se anexaron las carreras de instrumentistas. Es decir, la universidad ya contaba con un conservatorio con todas las de la ley”.

Fernando Rosas fue reelegido dos veces como director y Adolfo Flores fue en ambos casos el secretario académico del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

GIRA MUNDIAL ORQUESTA DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Chilean Chamber Orchestra. Concerts publics du CERN. Registro libro Entreacto, Fernando Rosas, 1979.

GIRA MUNDIAL ORQUESTA DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Deutscher Akademischer Austauschdlenst in Verbindung mit dem Collegium Musicum der Universität Bonn. Kammer-orchester der Katholischen Universität von Chile.Registro libro Entreacto, Fernando Rosas, 1979.

GIRA MUNDIAL ORQUESTA DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Comitetul de Stat Pentru, Sala Mica.

Orchestra Universität Din.

Registro libro Entreacto, Fernando Rosas, 1979.

1973, Chile. El derrumbe

El contexto social y político a comienzos de los años setenta era muy complejo. En una entrevista Fernando Rosas le diría a la periodista María Teresa Diez:15 “He sido acusado de derechista camuflado…, de miembro de la Unidad Popular…, de equilibrista…”. Con respecto a su identidad religiosa respondió: “¿Si soy cristiano? Mi credo fundamental es la valorización esencial del quehacer de los demás y propio; creo que ser eso es cristiano. Soy pluralista por definición y respetuoso por manía”. En esa línea, el director insistía en que, pese a todas las diferencias ideológicas que pudiesen existir al interior del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile, estaban todos unidos en torno a ideales comunes: la música al alcance de todos, buscando la colaboración de empresas y embajadas; la difusión de la música, televisando muchos programas de la Temporada Internacional; el trabajo en equipo y la vocación pedagógica de todos sus miembros. “La música y el Instituto de Música han podido desarrollarse plenamente en esta universidad, que es la única que ha vivido en paz después de la reforma universitaria. Espero que se mantenga esta situación, estoy dispuesto a hacer cualquier sacrificio para que siga existiendo esta libertad de expresión”.16

María Teresa Diez describe que Fernando Rosas respondía a sus preguntas sin dejar de caminar de un lado a otro de la oficina, con zancadas más que con pasos. Que usaba su enorme vozarrón de megáfono, sin perder en ningún momento la amabilidad, ya fuera para excusarse por no atender un llamado telefónico, o para pedir un vaso de agua. Interrogado sobre qué era lo que más le gustaba de su trabajo, respondió que dirigir la orquesta, administrar y sobre todo enseñar: “Dar a los alumnos la posibilidad de no empezar de cero, como empezamos los de nuestra generación”.

Como prueba de la independencia política con que se trabajó en la Universidad Católica entre 1968 y 1973, está el registro de invitados internacionales que vinieron a participar en las temporadas musicales. Adolfo Flores explica que no hubo jamás una condicionante política para traer a alguien. “Al alero de la universidad trajimos artistas de distintos sectores. Vino Duke Ellington, una de las bandas más importantes de jazz; Astor Piazzolla; Juliette Grecó, que era un ícono en ese momento, la sucesora de Edith Piaf, y que entonces causó muchísimo revuelo”.

“Todo iba viento en popa”, recuerda Adolfo Flores, que ocupaba el cargo de secretario académico del Instituto de Música de la Universidad Católica. “Pero llegó septiembre de 1973”.

ENTREACTO

Carátula del libro de Fernando Rosas, Agrupación Musical Beethoven, 1979

Con la intervención de las universidades chilenas después del golpe de Estado del 11 de septiembre el panorama para las artes en Chile cambió radicalmente. En el caso de la Pontificia Universidad Católica, el almirante en retiro Jorge Swett fue nombrado rector delegado por la Junta de Gobierno el día 3 de octubre de 1973. Las disposiciones legales le conferían al nuevo rector facultades inusitadas: podía suprimir cuerpos colegiados, asumir sus atributos o delegarlos en personas designadas por él, nombrar o remover autoridades académicas, alterar normas internas de graduación o titulación, etc. De hecho, se declaró en receso el Consejo Superior de la institución y todas sus atribuciones y deberes. El mandato indicó textualmente que “las leyes, el Estatuto, Reglamento Orgánico de la Dirección Superior y demás cuerpos normativos de la Universidad señaladas como propias del Honorable Consejo Superior, corresponderán, durante el receso de éste, al Rector-Delegado de la Universidad Católica de Chile”. Esta situación se mantendría hasta 1982, con la creación intermedia de un Consejo Asesor del Rector Delegado en 1977”.17

Fernando Rosas evocaría más tarde: “En mi primera entrevista con el nuevo rector de la Universidad, para la cual me había preparado cuidadosamente, me dijo: ‘Qué bueno que esté aquí; la gente, junto al pan, necesita también un poco de circo’”.18 Así muy temprano el director del Instituto de Música pudo dimensionar los alcances del derrumbe de un proyecto de una década de trabajo. Sin embargo, él y su equipo trataron de resistir con capacidad creativa y actividad artística dentro de la universidad intervenida. Así lo cuenta Fernando Rosas al inicio de su libro de 1979 titulado precisamente Entreacto: “Mi respuesta será la música y el silencio. En verdad, fue más bien el silencio y la acción”, añadiendo enseguida: “Conmigo aconteció lo que al cirujano que le quitaron el bisturí/pescador que le arrebataron los peces/pintor que le arrancaron los ojos/enamorado que lo separaron de su amada/místico que le escondieron a Dios./ El entreacto continúa, su prolongación podrá ser larga/ mantengámonos alerta en la espera”.

El ambiente en la universidad estaba enrarecido. “La polarización en ese momento era bastante grande y extrema –cuenta Adolfo Flores–. Cuando se quería perjudicar a alguien, se inventaba una cosa y quienes pertenecían al mundo del tipo que lo inventaba, lo creía y la guerra venía”. Fernando Rosas y Adolfo Flores –director y secretario académico del Instituto de Música de la Universidad Católica respectivamente– intentaron seguir trabajando. “En ese entonces en Chile se conocía a Beethoven y a Mozart, pero hasta ahí no más. Haydn, por ejemplo, era completamente ignorado. Nos dimos cuenta de que existía un público que valoraba mucho que trajéramos, para los conciertos internacionales del Instituto de Música, ‘la última chupá del mate’. Un ejemplo: la Orquesta I Musici era la gran muestra de la música barroca, más aún porque contaba con un violinista español, Félix Ayo, que grabó las Cuatro estaciones de Vivaldi y las convirtió en superventas, más incluso que Elvis Presley. Entonces con Fernando, a través del Instituto de Música, trajimos a I Musici, y a Félix Ayo, que tocó las Cuatro estaciones”, cuenta Flores. El año 1974 invitaron a la Orquesta Filarmónica de Hamburgo, al Ballet Nicolais, la Orquesta de Johann Strauss de Viena, y a dos artistas chilenos: Alfonso Montecinos y Lioinel Berthé, clavecinista, que vivían en el extranjero.

“Las 4 estaciones” de Antonio Vivaldi.Conjunto I Musici con Felix Ayo

Pese a todos sus esfuerzos, los afectaba y remecía la magnitud de los dramas y problemas de esa noche oscura chilena. El 16 de octubre de 1973, en la ciudad de La Serena, había sido fusilado Jorge Peña Hen, padre del Programa de Orquestas Juveniles en La Serena y eso sucedió un mes después del asesinato de Víctor Jara, a quien la Universidad Católica había premiado en 1969.

Pocos meses después del golpe de Estado, Rosas reconoció: “Hay problemas nuevos: la cantidad de artistas chilenos que están en el extranjero y que por una u otra razón no vienen a actuar a Chile. Otro, es el de las grandes figuras que no existen más, como es el caso de (Ernst) Uthoff, director del Ballet Nacional, que en su época tuvo un auge enorme; el coro de Medina, de la Universidad de Concepción; Marcos Ducci con el coro de la Universidad de Chile, de relieve continental...”.19